Hacía frío. El exíguo kimono de entrenamiento no podía paliar los efectos de un frío intenso que calaba hasta lo más hondo de su ser, esa sensación no era normal.

¿Cómo he llegado aquí? Se preguntó Soki. Una habitación completamente blanca y un joven de espaldas al fondo de la misma mirando lo que parecía ser una pantalla, Soki se acercó con precaución. El muchacho parecía muy delgado, tenía el pelo negro y una coletilla, en ese mismo instante se giró, era él mismo.

- ¿Sorprendido? - Preguntó su clon.

Pero la cara de Soki no era de sorpresa, era más bien odio y rabia a punto de explotar.

- Maldito, tú otra vez. No creas que he olvidado el incidente de aquella vez en el mundo humano.

- Oh no no no, te estás equivocando. Yo soy tú y tú eres yo, ¿comprendes? - Dijo el joven.

- No, no comprendo cómo puede haber otro yo. Lo que es más, no recuerdo cómo llegué aquí.

- ¿No? Mira, te lo enseñaré. - Se apartó lo suficiente como para que Soki pudiera ver la pantalla que hace un momento miraba su otro yo. - Acércate más, si no no verás.

Soki receloso se acercó al final lo suficiente como para ver el monitor. Por él una imagen retrocedía a velocidad de vértigo hasta que se paró en el momento en el que empezaba el combate con su tutor. Vio el desarrollo de todo el combate y el fatídico desenlace.

Estuvo sin palabras un buen rato, finalmente logró articular algún sonido.

- ¿Estoy muerto... otra vez?

- No. ¿Sabías que incluso estando en coma, el cerebro no deja de funcionar? - Replicó intrigantemente su otro yo.

- No. ¿Qué hago aquí? - Continuó Soki.

- Mejorar. ¿Te suena esta escena? - La imagen de la pantalla retrocedió nuevamente desde el charco de sangre en el tatami del dojo hasta la avenida en el momento en que el otro joven que formaba parte del plan del kiwi.

- Vagamente. ¿Por qué me eligió ese hollow?

- Ni idea, recuerda que yo soy tú y no sé más de lo que puedas saber tú. ¿Recuerdas a este joven? - La pantalla enfocó al joven de melena más de cerca.

- Sí. ¿Qué quieres?

- Lo que tú quieras. ¿Sabes lo que ocurriría si por alguna circunstancia el cerebro parase?

- Según me has dicho, el cerebro no para nunca, así que supongo que sería la muerte, ¿no? - Respondió Soki sin otra pregunta, no estaba de humor para andarse con jueguecitos espirituales contra él mismo, quería ir al fondo de este asunto cuanto antes. No debía descuidarse, pues las recuperaciones estaban a la vuleta de la esquina.

- Exacto. Para ser del todo correctos, el cerebro cuando alguien está en coma, deja de procesar la información, igual que cuando sufres una experiencia traumática.

- ¿Qué me vienes a contar?

- Que tú fuiste capaz de recordar por culpa de alguien más. - La imagen que había vuelto a zumbar por momentos determinados de la vida del joven se detuvo nuevamente en el rostro del melenudo.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado?

- Ya van tres semanas desde el accidente, ya es momento de despertar. - Dijo su yo profundo.

Cuando acabó la frase, las paredes de la habitación empezaron a enconger, lentamente.

- ¡Espera! Aún tengo muchas preguntas por hacer.

- Tranquilo, tienes hasta que las baldosas del suelo formen un cuadrado de tres por tres. Luego despertarás y habrán pasado en total cinco semanas. Bien, ¿qué quieres saber?

- Recuérdame el nombre del joven.

- No es algo que yo pueda hacer, no obstante tú sí que puedes.

- Pero si tú eres yo y yo soy tú. Si no lo sabes tú, yo no lo sé. ¿No? - Preguntó confuso Soki.

- Cierto, pero yo no me puedo comunicar con la gente, tú sí. Averigua cosas. - Dijo a la vez que señalaba la curiosa gema de la empuñadura.

A medida que la habitación se iba haciendo más pequeña, la luz se iba haciendo más tenue.

- ¿Qué ocurre con la luz?

- La estabas manipulando, involuntariamente claro. - Respondió claramente complacido su yo interior.

- ¿Manipulando? ¿Cómo?

Nuevamente en el monitor la imagen del joven.

- Con ayuda.

La habitación estaba prácticamente a oscuras ya. Quedaba menos de una baldosa por lado y se preparó para volver a su vida.

- Bueno, ya es casi la hora. Te mostraré un último momento, para que veas qué mala puede llegar a ser la vida.

La pantalla volvió al dojo, allí estaba Miyano de pie cerca del cuerpo inerte de Soki, hablaba con voz de anciano a otro hombre que se mantenía oculto en las sombras.

- ¡Imbécil! - Le espetaba a su tutor el otro hombre. - Era demasiado pronto como para hacerle algo todavía.

- No era mi intención, todo fue un accidente. Márchate antes de que vengan los equipos médicos y te encuentren.

- ¡Jajajaja! No han detectado mi presencia en años, no sé porqué lo iban a hacer ahora. En fin, hasta luego.

Y desapareció entre las sombras. La imagen se cortó en ese preciso instante.

- Eso es todo, busca a...

La frase no llegó a terminar. Al abrir los ojos estaba en una habitación blanca, sólo que esta no era tan ofensiva a la vista como la anterior. El olor le era familiar, era la 4th division, estaba ingresado desde el día del accidente, según su propio yo, cinco semanas iban ya.

Intentó incorporárse en la cama, pero un dolor punzante en el abdomen se lo impedía. Algunas gotas de sangre mancharon la bata del hospital. Era raro que sangrara, cinco semanas habrían bastado para que no quedara ni rastro de la herida, algo más había pasado allí.

¿Qué pasa con mi tutor, qué esconde? Si el otro hombre dijo que era demasiado pronto, es que tiene algo que ver con el hollow. ¿Por qué hablaba con voz de viejo? No me digas que también puede cambiar su cara, no, es algo más, puede cambiar todo su aspecto incluso la voz. Pero tampoco le puedo preguntar.

Giró la cabeza en busca de alguien, allí mismo vio a su tutor, el hombre misterioso que cambiaba de aspecto a su antojo. Reposaba en el sillón de invitados, se le veía muy cansado, como si hubiera estado allí desde el momento en que ingresaran a Soki.

Poco después entró una enfermera.

- ¡Oh! Se ha despertado. Iré a avisar al doctor. - Las palabras despertaron a Miyano que después de que saliera la enfermera de la habitación se acercó a hablar con su pupilo.

Sollozando, su tutor dijo: - Lo siento. Lo... siento.