-Sí.-respondió Kate elevando ligeramente la voz.
Rick la miraba confundido, sin saber muy bien qué hacer. Deslizó sus manos a lo largo de su cintura hasta dejarlas caer a ambos lados de su cuerpo. Ella lo imitó, pendiente de la parte alta de la escalera, a la espera de que apareciera la dueña de esa voz.
Él mismo había sacado esa conclusión al observar la agudeza del tono. Pensó en Lanie, pero sabían que no estaba en casa pues tenía pensado pasar la noche con Espósito, además, conocía la voz de la chica y esa no era la suya.
-¿No estábamos solos?-susurró ceñudo.
Kate lo miró unos segundos. Abrió y cerró la boca varias veces, queriendo decir algo, sin embargo no lograba hacerlo.
-Eso creía yo también.-respondió en voz baja.
Ella sabía que se trataba de su madre. No esperaba su regreso, había revisado varias veces su móvil esperando una llamada que nunca había llegado, por lo tanto supuso que el viaje se alargaría.
Rick alzó un tanto las cejas al ver aparecer a la mujer. El pelo castaño caía sobre sus hombros de una forma elegante y refinada, muy parecida a sus gestos. Era liso, no ondulado como el de Kate, un liso aburrido pero que a ella le favorecía.
La mujer se extraño al verle también. Un hombre bastante atractivo en su salón y curiosamente cerca de su hija la observaba con atención. Reparó en el azul de sus ojos, algo que destacaba bastante en contra de su piel blanquecina.
Entonces, miró a su hija. Conocía esa mirada cargada de precaución. La misma que le lanzaba cuando la sorprendía en medio de un lío como romper un jarrón caro, una escapada de casa por la noche estando castigada o el hecho de haberse hecho un tatuaje por su cuenta.
-Kate, cariño.-se acercó a ella, estrechándola entre sus brazos después de haber estado varios días fuera.
La chica sonrió incómoda al ver cómo Rick intentaba disimular una sonrisa divertida que escapaba entre las comisuras de sus labios.
-Estás preciosa, mi vida.-rió en voz baja cuando las manos de su madre apretujaron su cara, dejando varios besos sobre esta.
-Mamá, hace solo unos días que no nos vemos, estoy igual.-las mejillas le ardían más que nunca, podía sentir el calor irradiando de ellas.
Su madre era así, no le importaba quién estuviera delante, si quería achuchar a su hija lo haría aunque estuviese el mismísimo Presidente de los Estados Unidos esperando.
-Yo te veo diferente...-se alejó un poco para poder mirarla mejor.
Los ojos de Kate destellaban con un brillo distinto. Su instinto maternal le decía que algo había pasado mientras ella estaba fuera, sin embargo no quiso preguntar qué.
Rick se mordió el labio pensando en que él sí sabía que era eso tan diferente. El sexo cambiaba a las personas, les invertía el carácter y Kate resplandecía en esos momentos.
-Tenemos visita.-dijo finalmente la chica.
Necesitaba cambiar de tema, pues sabía que su madre era la mejor analizando sus emociones y cualquier cosa que sintiese en el instante que la mirara.
Rick sonrió. Una sonrisa amable y al mismo tiempo vergonzosa. Él había conocido a millones de personas durante su vida, personas de todo tipo, y sin embargo la madre de Kate le intimidaba. ¿Por qué? No lo sabía.
-Hola, cielo.-Kate se pasó las manos por la cara viendo como besaba con total naturalidad las mejillas de Rick.
Aunque le hizo mucha más gracia verle a él inmóvil ante el gesto de la mujer, ya que no lo esperaba.
-Eh, hola.-cruzó una mirada de ayuda con Kate. Ni siquiera sabía el nombre de su madre. Ella continuaba mirándolo, sonriendo. Una sonrisa idéntica a la de Kate, dulce y preciosa.-Soy Rick Castle.
-Oh, al escucharos pensaba que era Scott.-dijo inocentemente la mujer encogiéndose de hombros.
Kate quiso reír, y no por el fallo que acaba de cometer su madre, sino por el repentino cambio de expresión de Rick. Su sonrisa se había borrado en menos de un segundo, al escuchar el nombre de Scott.
-Soy Johanna, la madre de Kate.-añadió seguido del pequeño descuido.
Rick se cruzó de brazos, esta vez forzando una nueva sonrisa. Parecía que su madre conocía al chico, por lo que le hacía pensar que en algún momento, Kate había tomado en serio su relación con él.
Deseó llevar puestas las gafas, pues de esa forma podía estar muriéndose de celos sin tener que aparentar algo que no quería. A raíz de pasar la muerte de Kyra decidió esconderse detrás de sus cristales ahumados, dónde podía ser él mismo, dónde nadie pudiera adivinar sus sentimientos. Ganarse su imagen como un frío agente del FBI le había costado lo suyo, aun así no se arrepentía de no haber vuelto a ser herido, guardaba su corazón solo para él, al menos los últimos años había sido así.
Sabía que era su culpa por no dar el maldito paso, pero prefería seguir así un poco más. Todos pensaban que quién realmente tenía algo con Kate era Scott y que él solo era alguien encargado de protegerla.
-Nosotros nos íbamos.-comenzó a decir. Al instante notó lo mucho que se parecía eso a un intento de huida.
-Acabáis de llegar...-inquirió su madre leyéndole la mente.
-Pero solo habíamos venido a por las llaves de mi apartamento.-se arrepintió al instante de haber dicho eso. Lo supo cuando su madre enarcó una ceja, en su habitual modo de sospecha.
-Lanie nos ha pedido que recojamos unos apuntes porque mañana tiene examen y bueno, hoy duerme fuera.-añadió Rick viendo que la situación escapaba del alcance de la chica.
Johanna alzó ambas cejas esta vez. Su boca formó una pequeña "o", pero todo quedó ahí.
-¿Dónde está papá?
Rick imitó a Kate. Se acercó al sofá y agarró su americana, en la cual se enfundó con una rapidez sorprendente.
-Ha ido a comprar cena. Hemos llegado hace una media hora y veo que tú tampoco te has molestado en llenar la nevera.
El tono de reprimenda hizo que Rick dejara de admirar el suelo para observar a las dos mujeres. Johanna miraba a su hija con los brazos en jarras y el ceño fruncido. El parecido era tan real que vio el reflejo de Kate en su madre.
-Mamá, he estado muy liada últimamente. Entre la Universidad, el-Rick negó efusivamente detrás de Johanna, impidiendo que dijera "FBI". No había necesidad de preocupar a nadie de ese modo, y menos a sus padres.-El...
-El novio, ¿no?-continuó su madre.-¿Sales con Scott?
Rick se dejó caer en la pared del fondo. Kate le lanzó una mirada significativa.
-El último examen parcial.-improvisó entre dientes.
Tenía unas ganas de salir corriendo por la puerta principal que ni siquiera ella sabía que existían.
-Eh, oh. ¿Fue bien?
-Sí, mamá.-le dio dos besos rápidos de nuevo antes de que pudiera atacarla con otro tema. Por suerte siempre llevaba las llaves de su apartamento consigo, nunca sabía cuando podía suceder una emergencia.-Dile a papá que mañana me pasaré a verlo.
-Buenas noches, Señora Beckett.-dijo Rick saliendo delante de Kate. No escuchó la protesta de la mujer pidiendo que la llamara por su nombre.
Kate se había ocupado de cerrar la puerta.
El apartamento de Kate estaba situado en la calle paralela a la Universidad de Nueva York. Ella y Lanie vivían juntas, lo que les permitía compartir los gastos y que así el precio fuese más considerable. No era un edificio muy lujoso, sencillo, más bien. La fachada estaba hecha de ladrillo y una escalera de incendios adornaba las paredes desnudas.
Rick aparcó el BMW justo en frente. Algo poco usual pues en esa calle nunca podías encontrar un buen sitio, por alguna extraña razón siempre llegaban otros coches antes.
Kate observó a través del retrovisor cómo otro coche patrulla se posicionaba detrás de ellos y apagaba sus luces. De ahora en adelante, estaría vigilada hasta que pudieran coger a su acosador.
-Podríamos haber ido a tu apartamento.
Rick le miró de reojo. Aún en la oscuridad sus ojos brillaban. Se acarició la barbilla. Si era honesto no tenía muchas ganas de subir con ella, prefería quedarse abajo, solo, pensando en todo lo que estaba sucediendo últimamente. Estaba cambiando, ya ni él mismo se reconocía y su cambio se debía a la persona que lo estaba examinando en ese mismo momento.
-Los policías que hay detrás conocen mi casa, no puedo llevarte ahí.-Kate se mordió el labio inferior, comprendiendo lo que eso significaba.
-Vas a subir, pueden pensar lo mismo.
-Creo que voy a quedarme aquí.-respondió con más frialdad de la quería haber expresado.
Kate no tenía culpa de su dolor, ni de su indecisión, no quería hacerle sentir mal. Lo notó en sus ojos, en la forma que frunció el ceño o cuando abrió la boca para decir algo pero luego la cerró, igual que había hecho con su madre.
-¿Pasa algo?
-Quiero estar solo.-echó un vistazo a la calle. La mirada de Kate le estaba destrozando. Quería besarla, pasar la noche con ella y despertar a su lado. Pero había algo dentro de él que le gritaba que se quedase solo.
-Estaré arriba.-sentenció ella en voz baja.
Escuchó la puerta cerrarse y fue ahí cuando se dejó caer en el asiento. La vio entrar en el portal. Tan solo la tenue luz de una bombilla iluminaba el recinto. No alcanzó a ver más porque las escaleras estaban ocultas a su visión.
Tamborileó el volante con los dedos repetidas veces. Estaba perdido en un punto fijo al final de la calle dónde un giro a la derecha le impedía ver más. En cambio, merodeaba entre sus pensamientos, sus recuerdos.
"-Buenos días, preciosa.-dejó un par de besos por su cuello. La piel desnuda debajo de sus labios se sentía increíble.
-¿Y esto?
Ella rió al mismo tiempo que giraba. Cualquiera hubiera pensado que sus ojos marrones eran comunes, como los de la gran mayoría de la población, pero él no. Él veía lo que nadie veía, eso que la hacía tan especial.
-Tengo que cuidaros a las dos con mimos.-acarició su notable barriga de cinco meses provocando una sonrisa en los labios de la chica.
-Será una princesa muy preciosa.
Rick rió en voz alta. Los dos observaron la ecografía pegada en la parte superior de la nevera. En ella se veía un bebé perfectamente formado en posición fetal.
Habían descubierto su sexo hacía tan solo unos días, y la sensación de saber que en unos meses podrían verlo ellos mismos era la razón por la que sonreían.
-No veo la hora de que salgas de aquí.-refunfuñó la joven saboreando una cereza.
Los antojos eran parte de su día a día, y no eran nada normales. Rick se pasaba el día yendo a comprar comidas un tanto peculiares según el gusto de su novia. Tan pronto podía apetecerle una tarta de chocolate como un tarro de pepinillos en vinagre. Esos eran los gajes del embarazo, pero a él no le importaba.
-Yo tampoco.-besó repetidas veces sus labios, viéndose incapaz de parar.
Era la mujer de su vida y la madre de su futura hija, y por mucho que ella le repitiera lo "gorda" que se veía al mirar a su hinchada tripa, él no podía dejar de ver a la mujer más bonita del mundo y de la cual estaba completamente enamorado.
-Tengo que salir esta tarde.-susurró sin abrir los ojos.
Castle suspiró encima de su boca. Estando en estado no le hacía ninguna gracia que saliera sola.
-¿Dónde?
-Mi madre me ha pedido que vaya a verla, ya sabes. Con lo de la caída no puede moverse.
El agente del FBI se mordió el labio inferior. Él debía trabajar a esas horas, por lo tanto no podía acompañarla. Maldijo internamente el momento en que su suegra hubo resbalado bajando las escaleras y su escayola. El hecho de que Kyra condujera, le causaba escalofríos.
-¿Puede acompañarte alguien?
Sus ojos café brillaron cuando frunció el ceño. Esperó no tener que enfrentarse a una nueva revolución de hormonas en el mal sentido, pues era algo que conseguía irritarle o torcerle el día. Los cambios de humor eran constantes, sin embargo cuando su antojo era el sexo no tenía queja alguna.
-Intentaré arreglarme, Rick."
Echó la cabeza hacia atrás, sabiendo que lo que estaba mojando su cara no eran las gotas de lluvia provenientes de la calle, sino sus lágrimas siendo liberadas después de mucho tiempo encerradas.
No hizo el mínimo esfuerzo por limpiarlas. Quiso sentirse él mismo, durante el tiempo que fuera, solo quería regresar. Nadie se hacía a la idea de lo que era perder no solo a su novia, sino a la hija que esperaban juntos. Era un dolor doble, ya que aunque sin haberla visto, la amaba igual que amaba a su madre. Todas las noches soñaba con el día de poder tenerla entre sus brazos, de poder ver sus ojos abiertos, de sentirla.
Después del accidente, él no dormía. Se pasaba horas observando una foto. Una única foto que lo hacía llorar cómo nada antes lo había hecho. Inspiró con fuerza, sintiendo la debilidad en su respiración y las ganas de toser. Alcanzó el papel semienterrado en las profundidades del bolsillo oculto que tenía pegado al pecho. El lugar era un motivo obvio, pues aunque ellas no estuvieran más, él seguiría llevándolas siempre en su corazón.
Abrirla fue una mala idea. Lo necesitaba, sí, pero eso solo hacía que las lágrimas fluyeran mucho más rápido, acompañadas de pequeños gemidos. La imagen era sencilla. Kyra reía, abrazada por Rick, quién también sonreía, mientras los dos acariciaban su tripa.
-¿Por qué no me hiciste caso, joder?-cerró los ojos con fuerza.
El siniestro coche aparecía grabado a fuego en su mente cada vez que lo hacía, y esa vez no fue diferente. Una vez llegado al lugar, no pudo ni siquiera acercarse a comprobar la matrícula. Con solo ver el color del coche y la marca, su instinto le decía que ella estaba dentro. Fue Espósito quién le ayudó a hacer un reconocimiento general, quién reconoció el cuerpo y quién estuvo a su lado día y noche.
Apoyó la cabeza en el cristal. El frío del vidrio le proporcionó un momento de tranquilidad y desahogo. Observó el vaivén de las gotas, cayendo aquí y allí con su armonioso repiqueteo. La foto cerca del pecho, la mirada en el oscuro cielo y el pensamiento en lo que una vez perdió y no pudo recuperar.
Sabía cómo abrir una simple puerta de apartamento, tenía las llaves colgando del bolsillo de su pantalón y sin embargo se le hacía difícil girar la cerradura y entrar.
Habían pasado unas dos horas. Para él, solo unos minutos. Llorar se hacía rápido, sobre todo cuando te desvanecías del mundo tangible al subconsciente. Siempre le había gustado la lluvia, y esa era una de las razones por las que había preferido quedarse en el coche. Pasaron unos minutos desde que Kate bajó del BMW hasta que empezó a llover cómo si no lo hubiera hecho nunca.
Después de todo, aceptó que lo único que necesitaba en ese momento, era sentirse querido. El pestillo se desplazó con un pequeño chasquido. Dentro, las luces estaban apagadas, algo que hizo que supusiera que dormía. El apartamento era desconocido, era la primera vez que pisaba ese suelo.
A primera vista no parecía tan grande. Una mini cocina, un salón y dos habitaciones separadas por una pared. Pudo sacar estas conclusiones una vez sus ojos se hubieron acostumbrado a la penumbra. Cerró la puerta en silencio, demasiado ocupado en averiguar cuál de las dos puertas pertenecerían a la habitación de Kate.
Se sorprendió a sí mismo al acertar a la primera. Con cuidado de no tropezar con nada, agarró el picaporte y lo giró. Solo le hizo falta empujar un poco y ya estaba dentro, contemplando la cama de Kate y a ella dormir.
Su cuarto olía a ella, a cerezas y frutas. Se preguntó si no se trataba de su champú, sino de la colonia que impregnaba su cuerpo. Eso tampoco lo sabía. Se tomó unos segundos para disfrutar de ese placer nuevo mientras la miraba.
Ella continuaba ajena a todo lo que sucediera fuera de sus sueños. Sus comisuras se curvaron al verla tan adorable e indefensa al mismo tiempo. ¿En qué momento se había enamorado de ella? ¿Tal vez fuera cuando sus miradas se cruzaron por primera vez?
Si algo sabía era que la quería, y que quería que fuera exclusivamente suya.
Se desprendió de la americana y su cinturón. Dudó entre quedarse en bóxers o dormir vestido. Porque eso iba a hacer, dormir con ella. Prefirió mantener la camisa y los pantalones, por si las moscas. Dejó los zapatos, los calcetines y demás bien colocados en el armario de ella, así podría cogerlos por la mañana con facilidad.
Kate se removió entre las sábanas, atraída hacia su cuerpo una vez se hubo metido dentro. Intentó no reír en voz alta, pues el gesto había sido gracioso. Y de nuevo comprendió que realmente la amaba, sino no hubiera sido capaz de hacerle sonreír.
-¿Rick?-musitó abrazada a su torso.
Él acariciaba su pelo castaño. Sus ojos estaban clavados en el techo.
-Sí.-respondió en su mismo tono de voz.
-Has venido.
-Siempre.
Deslizó su cuerpo hacia abajo, quedando a su misma altura. Ella abrió los ojos con torpeza, algo que se le antojó como muy adorable.
-No me gusta dormir sola.
Rick suspiró bajito. Acarició su labio inferior con el suyo y después lo mordió tiernamente.
-Podemos dormir juntos.-esa vez fue ella quién lo besó.
Dulce y lento. Saboreó su boca, su lengua juguetona intentando enzarzarse de nuevo en una batalla con la suya. No pensaba que fuera a volver y mucho menos a dormir con ella. El tiempo que había estado sola lo había pasado pensando en qué había hecho para que se comportara así. Pero ahora que estaba ahí, por ella, pensó en que no tenía por qué ser una razón de su comportamiento. Rick tenía algo clavado en el corazón que no sabía.
La giró una vez hubo acabado de besarla. De esa forma él podía rodearla con sus brazos por la espalda, y así pudo dejar caer la cabeza en el hueco de su cuello.
-¿Cuánto hacía que no tomabas café?
Rick bajó la mirada hacia el vaso de papel con la marca de Starbucks dibujada en la parte trasera de éste.
Espósito alzó una ceja de forma burlona. Sentado en su silla de trabajo, de un solo impulso había conseguido girarse para mirarle.
-Bastante.-respondió volviendo a dar otro trago.
-La última vez que te vi con uno de esos vasos fue...-cerró la boca al recordar lo que eso significaba.
El agente del FBI miró al suelo. Su ceño estaba más que fruncido. La última vez que había comprado un café allí había sido unas horas previas a la muerte de su novia. El accidente arrancó de su vida todo lo que tenía que ver con Kyra. Nunca quiso olvidarla, simplemente cada detalle le hacía daño, mucho daño.
A la hora de trabajar, él siempre compraba un café antes de llegar. Y sabiendo lo mucho que la echaría de menos durante el día, le pedía a la camarera que escribiera su nombre en permanente, al que después se unió el de su hija. Seguía teniendo ese último vaso de papel guardado en el loft junto los demás recuerdos.
-¿Hay novedades?-su voz sonó ronca.
-En realidad sí.-los dos se giraron hacia la nueva voz que entraba en la conversación.
Kevin Ryan sostenía un DVD sobre su dedo índice. Éste estaba metido en el círculo del disco.
-Adivinad quién visitó a Giorgio unas horas después de que lo arrestaran.-fue diciendo a medida que preparaba el lector en el ordenador de Espósito.
Rick se inclinó hacia delante. Las ganas que tenía de cerrar todo y saber que Kate estaba sana y salva eran reales. Su intento de asesinato había abierto una vieja herida, la de Kyra. Si también la perdiera a ella no se lo perdonaría nunca.
Abrió mucho los ojos al verlo en la pantalla. No necesitó que Ryan dijese su nombre, sabía perfectamente quién era.
Él y todos.
