Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Sólo la trama es mía.

Aquí les dejo lo sgte...me encantaria tener palabras lindas para agradecer los lindos rr recibidos pero en lo personal esta no ha sido una semana muy bueno... así que nada que decir.

Sólo darle las gracias a Eri por su animo, eficacia, paciencia y toooddoo eso GRATIS! :D Besotes para ti y gracias infinitas

.

Cancion para la 1° parte dreaming with a broken heart-John Mayer(A quien amooo) http:/ /www .youtube .com/ watch?v=2r8f9DnOvTI

.

Guardó su móvil y se puso de pie. Ya no disfrutaba del paisaje


.

*04 de Marzo de 2007: ¿Qué se supone que debo hacer ahora?*

.

Bella miró ausente una de las amplias paredes de vidrio del gran aeropuerto, pero por más que intentaba enfocar la vista no lograba ver si aún seguía lloviendo afuera, como tampoco el gran bullicio del lugar le permitía escuchar sí el agua seguía cayendo.

—Voy a chequear los boletos y ver lo del equipaje… vuelvo enseguida—dijo Jake mirando a Jasper y a Bella.

Ella le sonrió agradecida, entendiendo el regalo que su nuevo esposo le daba unos minutos de tranquilidad para despedirse de su hermano.

Jasper dejó salir un suspiro mientras observaba a su adorada hermana, le iba a costar tanto acostumbrarse a la distancia entre ellos.

—Aún no me lo creo… mi hermanita pequeña se va a vivir a extranjero… y más encima como una mujer casada—dijo sonriendo con tristeza.

—Siempre seguiré siendo tu hermanita pequeña Jazz, sólo que ahora con más responsabilidades y esas cosas—respondió ella intentando animar a su hermano.

Jasper se mordió el labio inferior dudando si preguntar o no, hasta que la curiosidad y preocupación pudieron más que él

—¿De verdad esto es lo que quieres, Peque? ¿Así es como imaginabas vivir tu vida? —susurró.

Bella lo miró en silencio. Para la primera pregunta no tenía respuesta, pero para la segunda era un "sí", ella siempre se imaginó con Jake, porque él siempre fue su camino natural… pero eso era en el pasado porque ahora Bella sentía que había perdido el derecho a soñar con cualquier tipo de futuro.

—Suenas como si estuviese yéndome a vivir a Pakistán, en medio de bombas y guerra—intentó bromear—¿No estás desacuerdo con mi decisión?

—No es eso… Jake es un gran hombre, es sólo que… no sé, se me hace raro. Tal vez sí me preguntabas hace un año, no dudaría en decir que era obvio que ustedes dos terminarían así, pero ahora… no sé. Me pregunto que si todo lo que les pasó este último tiempo tiene otro sentido, tal vez era una forma de cambiar este futuro en vez de reforzarlo—Dijo midiendo sus palabras para no asustar a su hermana.

Bella lo observó asombrada, con Jasper siempre tuvieron la capacidad de entenderse más allá de las palabras y esta vez no fue la excepción. A lo que Jazz se refería era a que una vez cometidó el gravísimo error de la infidelidad en vez de que la relación de Jake y Bella se "fortaleciera" al punto de casarse e irse lejos, debería haber tomado otro giro.

Jasper dudaba, tenía el presentimiento de que tanto Jacob, Bella y el mismísimo Edward, habían malinterpretado la lección de este error. Pero sobre todo Jasper tenía miedo de que su hermana hubiese tomado la decisión incorrecta.

Bella negó suavemente—No Jazz, las cosas tienen el sentido que debían tener, creé muchas heridas, lamentablemente dejé dolores imborrables, pero aprendí la lección de verdad… Y ahora, sólo me queda dejar de culparme e intentar seguir adelante. Jake y yo nos merecemos nuestro final feliz—eso era lo que Jake siempre le repetía, ahora ella cambiando algunas palabras, se las repetía a su hermano.

Bella sonrió con melancolía y avanzó dos pasos directo a los brazos de su hermano. Lo extrañaría tanto, le haría tanta falta… Porque ella sabía, que aunque no lo hubiesen hablado con Jake, tendría que poner un poco de distancia entre ella y todos a quienes dejaba en este país, era la única forma de empezar de cero, el único camino para que sus planes resultasen bien y sus heridas pudiesen cicatrizar.

Jasper la abrazó con toda la adoración que le tenía a su pequeña de ojos tristes. Si no fuese por Alice, él no se creía capaz de soportar esa soledad. Él era un hombre de pocos amigos ya que su carácter un tanto ermitaño no lo hacía muy sociable a veces, sumándole la gran diferencia de este con el de sus padres, Jasper sólo tenía a Bella como alguien constante en su vida… y ahora a Alice.

Jake observó la imagen mientras se acercaba y decidió darse otra vueltecilla para regalarle más tiempo al par de hermanos.

Ni él ni Bella querían que los viniesen a dejar al aeropuerto, las despedidas eran demasiado incómodas. Pero Jasper insistió tanto que a Jake no le quedó otra que ceder, era lo mínimo que podía hacer por su cuñado después de todo el apoyo que le brindó en la época más oscura de su vida.

—Necesito pedirte dos cosas—murmuró Bella cuando se alejó de su hermano. Jasper asintió con dudas, sabía que no podría negarse a nada que su pequeña le pidiese en estos momentos y eso era una arma de doble filo.

—Primero, necesito que prometas que cuidarás a Alice… y que estarás al pendiente de Rose—Jazz simplemente rodó los ojos. Obvio que las cuidaría, una era su novia, la mujer de su vida y la otra su amiga desde hace años, incluso antes de que Alice apareciera—Y lo segundo y tal vez lo más difícil, necesito que... Jasper tienes que prometerme que te portarás bien con Edward—Soltó rápido.

Los ojos de Jazz amenazaron con salirse de sus cuencas

—¿Cómo? —Preguntó irritado—¡Estás loca! ¿Cómo me pides que trate bien a ese pedazo de escoria luego de todo lo que te hizo?…

—Porque es lo justo—rebatió con carácter—Yo no soy mejor que Edward y tú me perdonaste…

—Eso es diferente ¡Tú eres mi hermana! —le increpó como si fuese un insultó

—¡Pues no! Edward es primo de Alice y para ella él es muy importante y quiero que lo siga siendo, por lo mismo ella ni nadie más puede enterarse de lo que pasó realmente. Supongo que te has dado cuenta que tendrás que verlo siempre ¿Verdad? Porque tu ahora eres parte de su familia…—Bella se quedó en silencio, paciente observando como el rostro de Jasper se crispaba molesto—De verdad Jazz, tanto él como Jake y yo ya hemos tenido suficiente y el precio de nuestro error lo cargaremos de por vida… No es necesario que terceros nos los recuerden—pidió en una clara alusión a él—No te pido que seas su amigo, ni siquiera tiene que caerte bien. Sólo te estoy pidiendo que no lo apliques tus juicios valóricos, ni tus reproches mordaces sobre él y sobre todo no quiero que disimules tu malestar, quiero que no lo sientas. Si no te enfadaste conmigo, tampoco debes estarlo con él "Ley pareja no es dura" y si tuviste esa condescendencia conmigo y me disculpaste incluso sin saber los detalles, creo que con Edward deberías actuar de igual modo... Por el bien de Alice y el resto de la familia…

—No, Bella. Él no es igual a ti… yo te vi, peque. Yo estuve allí todas esas noches, con tus pesadillas, con tu llanto y la culpa…vi como te arrepentías—Jasper sabía que se estaba dejando llevar por sus emociones, pero él también había enfocado su ira y resentimiento en Edward.

—¿Y cómo puedes estar tan seguro que él no esta arrepentido, Jazz? No lo conoces, ni yo lo conozco muy bien, pero creo… tengo el fuerte presentimiento de que por fin entendió y le tomó el peso al asunto…

Bella no alcanzó a hablar más, porque al percatarse de la colosal silueta de Jake acercándoseles, cayó en cuenta de que ahora si vendría el adiós definitivo.

—Todo listo—dijo Jake tranquilo al llegar junto a ellos.

Jasper y Jacob se fundieron en un gran y fuerte abrazo. Jake susurró palabras de agradecimientos y Jasper frases como "Cuídate y cuídala mucho"

Cuando fue el turno de los hermanos, se volvieron a fundir en un abrazo inolvidable y Bella volvió a dejar escapar lágrimas, pero esta vez menos cargadas de dolor como cuando habló con Edward.

—Te amo hermano… Promételo—Pidió ella usando su mirada más suplicante y Jasper no pudo más que asentir. —Cuida mucho a Renée y vigila el azúcar de Charlie. No los dejes muy solos…

Las despedidas siguieron hasta que la última y demandante llamada de la vocecita de los altoparlantes les obligó a distanciarse.

Bella apretó la mandíbula para no llorar más, mientras Jake le tomó la mano con dulzura y paciencia, y la guió hacía la zona de embarque.

Jake se sentía ansioso por partir y dejar toda la inseguridad atrás. Quería empezar de cero, quería conocer los entretelones de su beca y disfrutar de su recién estrenada nueva familia con ansias.

Pero sobre todo, Jake quería dejar de sentir el peligro, el miedo a que le robasen todo, pánico a quedar sin suelo nuevamente por culpa de Edward.

.

.

Edward siguió el lento avance de una gota de lluvia que se escurría por la ventana de su habitación. Apoyó el antebrazo en el cristal, sobre su cabeza, en forma horizontal y a su vez su frente se presionó en él mientras las luces de la noche se reflejaban en las gotas de lluvia.

Su alma estaba en absoluto silencio. No había dolor, ni sufrimiento, ni decepción, ni angustia, ni siquiera agonía; sólo estaba su mirada vacía a través del cristal de la ventana y unas enormes ganas de morir, junto a la esperanza de que todo acabase para siempre en ese preciso instante.

—¿Edward? —la precavida voz de Emmett interrumpió el cuidado silencio de la habitación de Edward.

—Ahora no, Emmett—Masculló sin siquiera mover un músculo de su posición sobre el vidrio.

—Vamos Edward, lo prometiste—le recordó sin esperanzas mientras seguía esperando una señal en el umbral de la habitación

—Ahora no—Volvió a repetir como una advertencia cansada.

—Cuando me pediste que te ayudara sin hacer preguntas y juraste que luego me explicarías todo, yo confié en ti y en tu palabra… Yo cumplí, ahora es tu turno—insistió conciente de la poca paciencia de su hermano.

Emmett permaneció en silencio, casi intentando no hacer ruido al respirar mientras observaba la espalda de su hermano.

Edward suspiró moviendo los hombros—¿Qué quieres que te diga? —musitó rendido.

Emmett, que estaba preparado para algún insulto o alguna muestra de ira se sorprendió y le costó un rato pensar que era lo que el quería saber realmente.

—¿Te rechazó? —preguntó con cautela.

Edward rió de manera amarga mientras se despegaba de la ventana y le miraba.

—¿Y quien no lo haría? —Cuestionó con ironía. Pero Emmett fue capaz de ver la herida tras esas palabras—¿No me ves Emmett? No soy nada, no tengo nada que ofrecer y menos para entregar… Era lógico—Los ojos de Edward estaban rotos y vacíos.

—¿Le hablaste de tus sentimientos hacía ella? —quiso indagar con tranquilidad.

A Edward ni siquiera le sorprendió que su hermano se hubiese dado cuenta, Emmett sabía leer en él mejor que él mismo.

—Le dije que la quería y que quería que estuviéramos juntos—murmuró con pesar mirando la alfombra bajo sus pies—No me creyó—dijo levantando la mirada, enganchándola a los melancolía ojos de su hermano—Ni una sola palabra... Yo fui allí y me humillé, le pedí… le supliqué que no se casara con él—No logró terminar de hablar y se volvió a perder en recordar su conversación y la angustia que sintió al ser sincero.

—¿Se lo pediste o se lo exigiste? —preguntó al conocer el fuerte carácter y la poca sutileza de Edward

—Ambas—respondió con una mueca. —¡Tú sabes! ¡Yo no sé como se hacen esas cosas! —se defendió levantando una mano al aire.

Emmett tuvo una alucinación, se imaginó a su hermano vestido de cavernícola arrastrando por el suelo a Bella del pelo, seguro esa era su manera más romántica de demostrar su amor por ella… Sí, Edward si que sabía ser dulce y sutil- Pensó sarcástico.

Pero las ganas de reír de Emmett se esfumaron cuando volvió a ver el rostro de su hermano. Nunca pensó que el desamor tuviese una cara tan cruel.

—Bueno… pero al menos lo intentaste—murmuró Emmett con un suspiro de derrota

—¡Ja! ¿Lo intenté? Sí, pero una hora y veinte minutos tarde—Respondió con sarcasmo ante su oscura suerte.

El silencio era su mejor compañero. Edward metió una mano al bolsillo de sus jeans y la otra la uso para refregar su cara, como si tratase de despabilarse, de despertar.

Emmett apretó los labios, pensando en como seguir con la conversación.

—Ella está molesta conmigo—comentó Emmett con un puchero infantil a la vez que mecía un pie de lado a lado como un niño regañado.

—Lo escuché… es mi culpa—dijo Edward arrepentido.

Por segunda vez Emmett se sorprendió y estuvo a punto de preguntarle al sujeto que tenía frente a sí ¿Quién eres y donde dejaste al idiota de mi hermano? Pero se contuvo.

—No, no es culpa tuya… yo decidí ayudarte… confié en ti y en tus intenciones cuando me lo pediste—dijo con una sonrisa amable que apenas fue correspondida.

—Gracias… Supongo que su enojo es válido. Ha de sentir que la traicionaste pasándote al bando enemigo—comentó con una débil carcajada.

Emmett se limitó a alzar ambas cejas. Edward no era el enemigo. Esto no era una guerra. Simplemente eran seres que habían tomado malas decisiones y que debían cargar con sus errores.

—¿Y que harás ahora?

Edward repitió la pregunta de su hermano en su mente por varios instantes.

—No lo sé… ¿Qué se supone que debo hacer?

Emmett lo observó con cara de "¿Cómo me preguntas eso a mí, idiota?" y Edward esbozó una mueca de "lo siento" mientras se volvían a quedar en silencio

Edward se volvió a girar y a dejar correr sus ganas de nada con la vista perdida en la ventana. Mientras que Emmett, rehusando dejar solo a su hermano, se sentó en una de las esquinas de la cama y contempló una mota en la alfombra sorprendiéndose del parecido de esta con la cara de "Garfield"

—Ella tiene razón ¿Qué diablos esperaba? Ella no tenía por qué creerme…—murmuró demasiado bajo como para que Emmett escuchara—¿Y si ella era "esa" ocasión en la vida que nadie antes me dio?… ¿Y si con ella se va toda certeza en mi existencia? —preguntó en voz más alta, pero Emmett entendió que su hermano hablaba consigo mismo.

—Yo pienso que todo esto tiene un porqué... Es como una motivación, una señal del destino para que entendieras, Edward—Dijo en tono distraído

—La gente suele hablar mucho de las señales, pero por lo general se dan cuenta de todas esas señales cuando el momento ya pasó y dicen "si me hubiera dado cuenta antes" "si hubiese estado más atento" "Si las hubiese sabido leer en su momento" pero ya pasó, ya es tarde. Lo mismo pasa conmigo, Emmett—dijo mirándolo con rostro serio—Tal vez tuve millones de señales frente a mi nariz y las vi demasiado tarde… ¿Entonces, ahora qué? —Terminó casi gritando, con la desesperación dibujada en el rostro.

Edward se refregó los ojos en un gesto de cansancio mientras intentaba dominar su dolor. —Ahora entiendo a papá—murmuró bajito, pero esta vez Emmett si lo escuchó con claridad

—¡¿Qué? —rugió indignado a la vez que se ponía de pie y Edward daba un paso atrás por la efímera intimidación.

Edward no se atrevió a contestar, sabiendo que había cometido un error al compartir aquel pensamiento. Pero de verdad, en estos instantes él era capaz de entender la desesperación de su padre cuando su madre lo abandonó por irse con otro hombre.

Edward sentía que le dolía todo el cuerpo y sobre todo el pecho como si lo hubiesen usado como pera de boxeo, sentía que en una semana, un día, incluso una hora más eran intrascendentes para alguien que había perdido todo como él.

Pero por primera vez en su existencia se sintió cercano a la desesperanza de su padre y creyó comprender sólo un poco los motivos que llevaron a este a acabar con su vida. Entendió lo abismante que es el vacío interior y la ilusión de acabar con aquel dolor.

Emmett sintió pánico al escuchar hablar a Edward, no podía permitir que su hermano se hundiese más, no luego de los destellos de esperanza, coraje, fuerza y determinación que había visto en él esta misma tarde cuando recurrió a él en busca de ayuda.

Emmett lamentaba que las cosas no hubiesen resultado, sintió como si fuese su corazón el roto cuando vio el rostro de Bella y luego encontró a su hermano en absolutamente ido con huellas de lágrimas ya secas en su rostro. ¡Edward llorando! Emmett estaba seguro que la última vez que vio una lágrima en su hermano fue para el funeral de su padre.

Emmett no podía perderlo a él también, tenía que hacer entrar en razón a su hermano a como diese lugar.

—Puedes entender a papá, pero tienes que tener claro que ni tú ni yo somos como él, nosotros somos más fuertes, ¡Tú eres más fuerte que esto! —gritó con voz firme—Este es sólo el comienzo de lo nuevo, hermano. Tú no eres "Nadie", no eres malo… cometiste errores, eso es cierto; pero te has dado cuenta, más allá del amor de una mujer, Edward, te has reencontrado a ti mismo… y yo no permitiré que te olvides de eso y lo vuelvas a abandonar.

—¿Qué propones?

—Aún no lo sé, pero te ayudaré y buscaré refuerzos si es necesario—dijo poniendo una mano sobre el hombro de Edward, quien sólo se limitó a mostrar una cálida sonrisa sin despegar los labios.

.

.

Bella apretó los labios con fuerza cuando la adrenalina del despegue del avión se agolpó en su estómago.

El avión aceleraba por la pista y ella se concentró en la escasa vista del exterior que le brindaba la pequeña ventanilla a su izquierda. Se estaba yendo, de verdad se estaba alejando de todo.

Jacob a su derecha apretó su mano llamando su atención.

—Todo va a estar bien—dijo con su calida sonrisa—Estoy aquí... a tu lado.

—Lo sé— Bella le devolvió la sonrisa, pero volvió a girar la cabeza para observar por la ventanita. Estaba abandonando sus pesadillas e inseguridades. Estaba dejando en tierra sus errores y su corazón.

El avión despegaba llevando consigo a una mujer rota y desilusionada… una mujer que ya no esperaba ser feliz, sólo anhelaba poder vivir en paz consigo misma.

—Te odio—murmuró para sí misma, pero hablándole a él, siendo consciente de que ya no lo vería más—Te odio—repitió en el mismo tono, volviendo a usar aquel sentimiento como metáfora para ocultar del verdadero.

.

.

—Te odio—susurró Edward al mismo tiempo, su cuerpo tendido sobre la cama. Su mirada perdida en el techo y como música el repicar de la lluvia en la oscuridad de su ventana—Te odio—repitió para la mujer que había perdido. Para la mujer que jamás escucharía esa blasfemia, para la mujer que amaba como nunca pretendió hacerlo. Para la mujer que le impedía respirar en estos momentos—Te odio— repitió por última vez, preguntándose si la volvería a ver, intentando creerse que ella había estado con él entre esas cuatro paredes…

Convenciéndose de que ya sólo le quedaban sus recuerdos y los sueños de su corazón roto, porque ella… ella ya se había ido.

.

.

*19 de octubre de 2007: ¿Cómo está?*

.

Bella intentó abrir los ojos pero sus párpados aún le pesaban demasiado a causa de los sedantes. De manera inconsciente lo siguió intentando, mientras el resto de sus sentidos también despertaban.

Lo primero que logró ver fue que se encontraba en una habitación que no era la de su departamento y lo segundo, cuando giró la cabeza su derecha, fue el rostro de Jacob quien la observaba con el alivio dibujado en una sonrisa.

Jake arrastró la silla en que estaba sentado sonoramente y se acercó a la orilla de la cama de su mujer.

—No me vuelvas a hacer pasar por algo así, Bella—pidió con ojos cansados a la vez que le acariciaba la mejilla con el dorso de uno de sus dedos.

—¿Cómo está? —las palabras con voz rasposa mostraban sus nervios y el pánico a la respuesta que Jake pudiese dar.

Ella no lograba poner en orden los sucesos por más que lo intentaba. Sólo recordaba el estar bastante entretenida terminado de ordenar unas viejas fotografías y que se levantó a la cocina cuando le llegó un antojo enorme de leche con chocolate, en eso una fuerte punzada la hizo sostenerse del primer mueble que tuvo al alcance.

Entendió que algo iba mal porque las fuertes contracciones habían llegado demasiado pronto, casi un mes antes.

Ese día estaba sola en casa, Jake estaba en el hospital y Bella había rechazado la compañía de su nueva amiga, y vecina, Charlotte porque necesitaba un tiempo a solas.

Como pudo llegó al teléfono, incluso luego de sentir como había roto aguas y de memoria marcó el número de su marido, pero como él estaba en una reunión ella debió dejar le mensaje con una de las enfermeras luego de llamar a urgencias.

Cuando escuchó la alarmada voz de su amiga cruzar la puerta seguida de extraños hombres, que ella supuso serían los chicos de urgencia, todo se volvió confuso.

Sólo era capaz de recordar como su cuerpo era movido por algo o alguien y como los paramédicos susurraban palabras como "El bebé no esta en la posición correcta" "tiene problemas respiratorios" "Parece ser que viene con el cordón umbilical en el cuello" y para finalizar otra voz, ya en el hospital le comunicó un escueto "Señora Black, tendremos que hacerle una cesárea de urgencia".

Bella recordaba el miedo frío que le calaba los huesos en todo momento, pero no era un miedo por lo que pudiese pasarle a ella, ni por los dolores que estaba sufriendo… el miedo, la prioridad era su bebé. Nada importaba siempre y cuando ese pequeño pedacito de ella estuviese bien.

Desde hace meses su bebé había pasado de ser una duda a una certeza, desde aquella tarde en el consultorio del doctor que llevaba su embarazo en Londres, desde ese día en que ella y Jacob escucharon los latidos del corazón del pequeño bebé; Bella dejó cualquier duda o culpabilidad en el pasado e incluso se arrepintió de haber pensado en su hijo como un castigo divino.

Y ahora, como si el diablo se siguiese ensañando en meter la cola, ella estaba a punto de perder a su razón de vivir… a su hijo.

—Bella—murmuró Jake cuando vio una temerosa lágrima bajar por la mejilla de su mujer—Me diste un buen susto…— se inclinó y depositó un beso en la frente de ella.

—No, no—negó ella con la cabeza interpretando el beso cariñoso, como uno de pésame—No me lo digas—pidió angustiada

—Bells... —intentó comenzar a explicar acariciándole el cabello.

—¿El bebé...? —inquirió con miedo interrumpiéndolo, observando el demacrado rostro de su esposo quien llevaba largas horas sin dormir.

Jake tomó aliento para poder explicarse bien y a Bella se le creo un enorme nudo en la garganta

—Está bien… fue un parto difícil… Ahora esta en la Unidad de Cuidados Intensivos—Bella cerró los ojos ante el alivio que le brindaban las palabras de Jake. ¡Su bebé había sobrevivido! —Nació a destiempo, aún le faltaban un par de semanas de madurez, así que ha de estar un tiempito en la incubadora… me imagino que se adelantó porque es igual de impaciente que la madre—Bromeó con una tímida sonrisa en sus labios que Bella respondió con dulzura—Somos padres de una hermosísima niña—terminó de informar con una orgullosa sonrisa de padre consentido.

Ella sonrió enormemente complacida… una niñita

—¿Ya la has visto? —quiso saber.

—Sí, pude verla, pero ella está en la incubadora… así que no la pude cargar. Es tan pequeñita—dijo alucinado.

—¿Ella está bien? ¿Revistaste que todo estuviera en orden? —Insistió asustada.

Jake soltó una suave risa antes de asentir.

—Todo en orden—dijo él haciendo el gesto militar con la mano en su frente—Tiene diez deditos en los pies y diez deditos en las manos, cinco en cada uno… Tiene un par de orejas y dos ojitos hermosos, tiene su pequeña boquita y la nariz en su lugar, también tiene cuello y todas sus extremidades proporcionales, duerme y llora con fuerza… no hay jorobas, tercer ojo, ni nada por el estilo—intentó bromear—Es perfecta, Bella… nuestra niña es perfecta—concluyó.

—¿Pero?… Yo escuché al doctor. Jake… dime la verdad, escuché que se estaba asfixiando…—no logró terminar de hablar cuando ya otra una angustiosa lágrima escapaba de sus ojos. Jake se levantó y se sentó sobre la cama, la atrajo hacía sí y la estrechó entre sus brazos.

—Tranquilízate—murmuró mientras pasaba su mano de arriba a abajo por el brazo de ella, tomo su rostro y le obligó a mirarle—La bebé es pequeñita y sólo peso 2.505kg. Yo mismo revisé el historial, los análisis y pruebas, y aunque lo mío no es la neonatología te aseguro que sólo tenemos que tener paciencia para poder llevarnos a nuestra pequeña, la tendrán un par de semanas en observación hasta que sus pulmoncitos terminen de madurar y ella gane más peso. No hay razón para que te angusties, amor. —Acercó su rostro y le dio un suave beso en los labios—En un rato vendrán los médicos y te repetirán lo mismo. Tu parto no fue fácil y ahora sólo debes preocuparte de estar mejor y recuperarte pronto.

—Quiero verla—rogó

—Iremos a verla… en cuanto te sientas mejor—ella hizo ademán de protestar pero Jake rápidamente agregó—Aún tienes sensible el área de la operación. No puedes hacer mucho esfuerzo.

Bella asintió resignada, el sólo recuerdo de la incisión en su bajo vientre le envió un pinchazo de incómodo dolor que le hizo entender que no alcanzaría a ponerse en pie y avanzar sin delatar su dolor.

—¿Y Charlotte y Eleazar? —preguntó por el matrimonio amigo.

Bella había encontrado en ellos un gran apoyo en un país extraño. Dentro de la soledad del exilio y su propia falta de ánimo, ellos fueron un nuevo aire para su mundo

Eleazar de no más de 30 años era al igual que Jake médico, aunque su especialidad era la oncológica, en cambio ella, Charlotte una guapa mujer de cabellos salvajes era una exótica y casi hippie psiquiatra.

De forma natural y tal vez poco ética Bella y Charlotte habían mezclado amistad con profesionalismo.

Luego de una crisis de pánico a tiempo de ya estar instalados en Londres, Jake desesperado le exigió a Bella que aceptase que ella ya no podía sola con esto, que era necesaria ayuda profesional. Ella se rehusaba a contarle su vida a un desconocido, así que Jacob habló con Charlotte y le pidió aquel importante favor.

Desde ese entonces y de forma natural, Bella encontró en Charlotte algo más allá de una terapia de superación… reconoció en la desordenada morena a una nueva y confiable amiga.

—Le debo mucho a ese par, sabes—confesó él agradecido—Charlotte no se separó de ti en ningún instante desde el edificio al hospital. —Bella sonrió agradecida— Una enfermera le contó a Eleazar que tu estabas en trabajo de parto y que te traían hacía aquí y fue él quien interrumpió la reunión para avisarme… y para controlarme—admitió avergonzado—Él pobre tuvo que encerrarme en su oficina a la fuerza pues yo no dejaba de correr por todo el hospital. Incluso he de reconocer que fui bastante grosero con un par de enfermeras y con la chica encargada del despacho de ambulancias… Gracias a Dios no presentaran quejas—se echó a reír al recordar su locura momentánea—¡Tampoco me avisaron cuando llegaste y menos me dejaron entrar a la sala de partos! —Gritó aireado—dijeron que estaba demasiado fuera de mí—bufó molesto—¿Qué esperaban? Mi mujer y mi niña estaban allí adentro con un parto muy complicado... ¿Acaso querían que yo tomase una camarita y sonriera grabando? Era obvio que mis nervios estarían un poquito sensibles… —Bella no pudo evitar reír al imaginarse la desesperación de Jake.

Ella elevó una mano y le acarició la mejilla—Ya esta todo bien, Cariño—le recordó. Jake frunció el ceño, ahora era ella quien lo calmaba—Cuéntame más sobre ella ¿Cómo tiene el pelo? ¿De que color es su piel? ¿Y sus ojos?

—No tiene cabello… la raparon por cosas prácticas—respondió escuetamente, no le pareció correcto detallar que tenía sensores en su cabecita—Su piel es casi transparente, como tú—ella sonrió—y sus ojos no se los pude ver porque estaba dormidita…

Bella no podía imaginársela, necesitaba verla para estar conciente de que su niña era real.

Jake siguió relatándole y poniendo al corriente a Bella de todo lo que se había perdido en las tres horas en que duró la cirugía y las restantes ocho que ella estuvo durmiendo. Él le comentó que ya había llamado a casa de sus padres y los de ella y que por ende, con lo del boca a boca todos sus cercanos y amigos ya estarían al día de la buena nueva.

El hecho de que la pequeña llegase con adelanto les daba otro punto a favor al joven matrimonio. Los chicos habían demorado casi dos meses en dar la noticia a distancia del embarazo de ella y con este imprevisto la mentira de que la pequeña había nacido prematura ya no era mentira. Podrían decir perfectamente que su niña era sietemesina y nadie dudaría porque al hacer cuentas y suma de meses, el viaje del nuevo matrimonio y la fecha en que ellos dieron la noticia, coincidían perfectamente, con lo de un parto adelantado… Nunca pensarían que la bebé solo se había adelantado unas cuantas semanas en vez de dos meses.

Al rato una radiante Charlotte seguida de un pasivo Eleazar entraron al pequeño cuarto llenándolo de globos, flores y distintos regalos. Bella sonreía más tranquila mientras bromeaban sobre el poco correcto comportar del respetable doctor Black, luego del susto anterior.

—¿Y bueno ya le tienen nombre al angelito? —inquirió Charlotte.

Jake miró a Bella. Él había pensado en varios nombres, pero había decidido darle ese derecho a ella.

—Sí—contestó Bella con una sonrisa de oreja a oreja—Se llamará… Elizabeth.

.

*19 de octubre del 2007:¿Cómo está?*

.

Edward paseaba admirando la impresiónate arquitectura de los rascacielos de Nueva York mientras degustaba un enorme vaso de moca late. No había tenido tiempo hasta ese día para darse el gusto de recorrer la ciudad a pie y aprovechando el tiempo y la distancia a donde se dirigía decidió darse el gusto.

Se frustró cuando su móvil comenzó a vibrar y del bolsillo de sus jeans la musiquita de "los Picapiedras" con la característica vocecilla de Pedro gritando "Vilmaaa!" le informaban que no podía ser otro más que su adorable hermano.

—¿En que idioma tengo que decirte que no alteres los tonos de mi móvil? ¡Me avergüenzas! —dijo a modo de regaño pero con una sonrisa bailándole en los labios.

—Hola, ¿Cómo estás?... Yo bien gracias por preocuparte—resopló sarcástico del otro lado—¿Cómo va todo en la gran naranja, Eddy? —Preguntó usando el diminutivo con malicia.

—No me digas Eddy—masculló con los dientes apretado— Y es manzana, idiota—corrigió divertido—Y sí, todo iría mejor si mi hermanito mayor dejase de llamarme cada media hora para comprobar que sigo por el buen camino. Estás peor que novia psicópata ¿sabes?—La relación entre ellos se había vuelto de más confianza y complicidad en estos últimos meses.

Edward había encontrado su mayor apoyo en su infantil hermano. Emmett lo había escuchado e intentado aconsejar… y hasta lo había abrazado en el par de ocasiones que Edward no había soportado más y había dejado fluir las aguas. Así que como mínimo, ahora en vuelta de mano, Edward le tenía más paciencia a las idioteces de su hermano e incluso entendía la paranoia

—Sólo quiero asegurarme de que no me estés engañando por allá… yo no soportaría que otra ocupase mi lugar en tu cama—bromeó haciendo que Edward se llevase envase de café a la frente en gesto de resignación ante tal idiotez. —No hermano, sólo quería ver como iba tu día ¿Qué tal esta el clima? ¿Qué tal te está yendo en el hospital? ¿Te ha tocado ver mucha gente desmembrada? y… ¿tu ánimo? ¿Qué tal lo llevas? ¿Has visto a algún famoso por las calles? ¿Conociste a alguien? ¿Sabes a cuanto está el euro hoy?—Edward se imaginó a su hermano mirando al cielo mientras silbaba fingiendo inocencia.

Edward suspiró, estos eran el tipo de detalles que le hacían entender que no estaba solo, que sí le importaba a alguien y que por lo mismo debía seguir adelante.

—Todo va… mejor—aún no podía usar la palabra "bien" y tampoco tuvo intención de responder el resto de las preguntas. No tenía caso hablar del clima ni explicarle a Emmett que era imposible ver cadáveres desmembrados si estabas haciendo su especialización en Pediatría. Edward sabía que todo aquello era un adorno, un volador de luces para ocultar el real motivo de la llamada — ¿Por qué no vas al grano de una maldita vez y me preguntas si voy a asistir a la ceremonia de Alice pasado mañana?

La línea se quedó en silencio unos instantes.

—¿Edward, vas a venir pasado mañana al matrimonio de Alice? —inquirió como si nada pasase.

Edward rodó los ojos—Te responderé lo mismo que te he repetido en las otras mil veces que has llamado para saber lo mismo: ¡Sí Emmett, voy a ir a esa bendita boda!

—¡Eddy no te enojes… sólo quería asegurarme! —Refunfuñó fingiendo estar ofendido—Es que pensé… que como Ali se casa con Jasper y ya sabes—titubeó.

Edward dio el último trago a su café antes de responder—Es mi prima… sabes que iré, no la dejaría en este día...—tragó fuerte—incluso si ella está allí…—Apretó los párpados y con odio arrojó el vasito de papel a un basurero cercano mientras seguía avanzando.

Tendría que verla, tendría que soportar su presencia por unas cuantas horas, pero estaba dispuesto a comerse su rencor y soportar el espectáculo de familia feliz cuando viese a Jake y Bella en la boda de Jasper y Alice.

Edward llevaba meses preparándose psicológicamente para ese encuentro. Pero sabía que nunca estaría listo para verlos juntos, felices y esperando a su primer retoño.

Edward agitó la cabeza con fuerza intentando borrar aquel recuerdo, intentando alejar las sórdidas imágenes de cuando y como se enteró del embarazo de Bella y de la alegría de los futuros padres.

—¿Edward? ¿Me estás escuchando? —rugió Emmett desde el otro lado

Edward parpadeó y volvió al presente—No—respondió sincero—repítelo—ordenó. Hay viejas costumbres que nunca se olvidan.

—Te estaba diciendo que no hay necesidad de preocuparte por… ella—dijo Emmett sabiendo del daño que le causaba a Edward escuchar el nombre de Bella—No van a venir—murmuró bajito esperando la reacción de su hermano.

Edward detuvo abruptamente su andar. Él estaba preparado para muchas situaciones distintas, incómodas y dolorosas, pero no para su ausencia.

—No va a estar…—dejó escapar su pensamiento en voz alta.

—No ella… de todos modos por el embarazo no era recomendable el viaje… pero—Emmett titubeó y pasó su mano secando su perlada frente, no quería ser él el portador de tal noticia, pero sabía que era mejor que su hermano se enterase por él que por terceros—Bella dio a luz anoche…

Edward cerró los ojos con fuerza ¿Es que esto no terminaría nunca? ¿No había sido ya suficiente con perderla? ¿Acaso ahora debía pagar de por vida?

Se sentó en una solitaria banca a la orilla del camino, aún con el auricular pegado al oído mientras intentaba tranquilizarse.

¿Hasta cuando?

Edward quería dejar de sentir, quería poder escuchar el nombre de ella sin sentir que algo se le removía dentro, quería poder ver las fotos que Alice le mostraba sin tener náuseas, poder observar aquellas imágenes que ella enviaba de su feliz vida en Londres.

No quería sentir ganas de salir corriendo cada vez que se hacía mención de lo linda que se veía ella con su pancita de siete meses o lo genial que le estaba yendo junto a Jake en el extranjero.

—¿Estás bien? —inquirió Emmett luego de unos minutos.

—¿Cómo está ella? —preguntó ignorando la preocupación de su hermano.

—Bien, Jasper me contó que tuvieron que practicarle una cesárea porque el parto se adelantó. Ella esta bien… tuvo una niña, la tienen en observación, me contaron que se llam…

—No quiero detalles—rugió Edward molesto

—Lo siento…

—Te tengo que dejar. Nos vemos en unos días—y sin más corto.

Guardó su móvil y se puso de pie. Ya no disfrutaba del paisaje, del día, ni de las edificaciones. Simplemente aceleró el paso para llegar lo más rápido a su departamento, meterse a su cuarto y dormir hasta mañana.

Podían haber pasado ocho meses desde la última vez que tuvo sus ojos frente a los de él, podían pasar años sin escuchar su voz, pero aunque pasasen siglos su corazón seguiría reclamando su presencia.

Edward no quería olvidarla, pero sí, al menos poder convivir con ese sentimiento.

Él se estaba esforzando por encontrar su camino y eran justo este tipo de noticias las que amenazaban con echar por tierra sus escasos avances.

Cuando Edward recibió la noticia de que gracias a haber obtenido tan alta calificación en su examen final, podría optar a uno de los escasos cupos y elegir su especialización en una de las mejores universidades de NY, se lo pensó demasiado y las dudas fueron tremendas.

Aparte, obviamente de la sorpresa inicial, pues él juraba que su tío lo había citado para regañarlo en vez de felicitarlo. Pero Edward aceptó porque, tal como Emmett le dijo, esta oportunidad no era más que otra señal frente a su narizota y en esta ocasión Edward no estaba dispuesto a dejarla pasar… ya no sería más un cobarde, ni un perdedor. Cumpliría sus metas, y no por demostrarle algo a alguien en particular, ni porque las palabras de Bella le hubiesen rasgado el alma, sino porque era algo que se debía a sí mismo.

Pero necesitaba más que pensamientos de superación y señales académicas, necesitaba un remezón, alguna especie de bálsamo para su alma y su corazón… sí, lo admitía; necesitaba a alguien que lo quisiese más allá del cariño familiar, necesitaba todas aquellas cosas de las cuales huyo por años. Quería alguien que lo abrasase y le hiciera mimos, que sonriera de alegría al verlo, alguien que estuviese al pendiente de él y que lo escuchase… alguien que le enseñase a amar. Y él sabía que ese puesto jamás sería de quien él realmente quería, pero de todos modos, ya no quería estar más solo.

Edward miró al cielo pensativo. —Bueno, Dios—pensó—Ya va siendo hora de que me des un tregua ¿No crees? —siguió hablando su mente—Sí, lo sé, soy un idiota y me merezco todo lo que me pasa… pero al menos, ya que le estoy poniendo el hombro al asunto, una ayudita no vendría nada mal. Digo, para motivar y hacer más llevadera la cosa. Si Bella ya hizo su vida y que por lo visto es una mujer casada… y una madre feliz ¿Por qué yo no puedo? ¿Acaso no tengo derecho a una segunda oportunidad?

Rió de sí mismo y sus estupideces mentales. ¿Con qué cara se burlaría de Emmett si él pretendía hablar mentalmente con Dios? ¡Demonios, la imbecilidad era genética!

La señal del hombrecito rojo le obligó a detenerse antes de cruzar la calle, se quedó quieto y movió la cabeza hacía la izquierda y luego a su derecha, haciendo que su cuello rechinara de forma bastante audible a causa de la repentina tensión.

—¡Huy! —escuchó tras de sí en respuesta a los crujidos.

Edward se giró levemente y se percató que el quejido provenía de una mujer tras él. La observó escasos segundos antes de volver su vista al frente. Sólo pudo notar un manchón rubio.

—Necesitas un masaje—volvió a susurrar la misma voz. Edward giró rápido y con el ceño fruncido miró a la chica.

—¿Perdón? —dijo con leves toques de indignación ante tal comentario tan personal.

—Tu cuello—explicó ella con calma mientras le señalaba con una mano—estás muy tenso, con un buen masaje se te pasaría

—Bueno, ese no es asunto tuyo… al menos de que seas masajista y estés desesperada por captar clientes—respondió con un sarcasmo seco y poco gentil. Edward volvió su vista al contador de segundos que restaban para cruzar.

¡Lo que le faltaba! Lo último que le interesaba en estos momentos eran consejos prácticos sobre su cuello.

La chica era guapa, eso debía de reconocerlo. La mujer era un poco más bajita que él y debía tener más menos su edad, obviamente no pasaba de los veintisiete. Su piel era color crema suave, pero sus grandes ojos celestes eran sin duda lo más llamativo en su rostro aparte de su roja boca. Incluso más que su larga y frondosa melena rubia ceniza. Tal vez en otra época—pensó Edward descartando cualquier interés de coqueteo de su parte.

—Yo te he visto en otra parte…—volvió a hablar la mujer. Edward apretó los puños.

¿Acaso esta chica era idiota e incapaz de entender la indirecta? Como no entendía que él no tenía ni la más mínima intención de entablar conversación alguna con una extraña mientras esperaba que cambiara el semáforo para cruzar la calle.

—Ah, ya lo recuerdo—siguió ella en su monólogo, Edward ni siquiera la miraba—Te he visto en la sala de espera de la Doctora Scott.

Edward miró a la chica como si esta tuviese dos cabezas o tres ojos. Lo último que se imaginó y lo último que necesitaba era que hicieran alusión alguna a su sicóloga. Para él todavía seguía siendo un gran tema aceptar que necesitaba ayuda profesional y que había recurrido a ella desde hace cuatro meses.

Decisión que fue más por tranquilizar a Emmett, aunque Edward no se arrepentía, gracias a eso había descubierto que todos estos años, cuando él creyó que estaba viviendo la vida que se merecía, no fue más que tiempo cegado por su enfermedad. Nunca pensó que la palabra "depresión" podía ser la respuesta a tantas acciones de su diario vivir.

—Me confundes—masculló entre dientes mirando con rudeza a la rubia frente a él, intentando intimidarla lo suficiente como para que ella desistiese.

—No—dijo ella segura mientras arrugaba la frente pensativa—Estoy segurísima de haberte visto allí.

Edward se tensó por completo. No entendía por qué le incomodaba tanto estar teniendo esa extraña conversación con ella, como tampoco entendía por qué simplemente no se giraba y comenzaba a caminar ahora que la luz daba el verde.

—Bueno… pues yo no te recuerdo—dijo encogiéndose de hombros, casi como un insulto al menospreciarla. La mujer sonrió enseñando su linda dentadura ante ese pequeño reconocimiento de parte de Edward.

—Lo sé, nunca miras a nadie —dijo con calma y naturalidad.

Edward alzó las cejas extrañado ante el comentario que no dejaba de ser cierto.

Sin más se enderezó y comenzó a avanzar, todavía caminaba preguntando que rayos acababa de pasar, cuando por el rabillo del ojo vio que la mujer rubia le seguía el paso.

—Te invito un café—dijo la chica, que más parecía que danzar a su lado que caminar.

—Ya me bebí el de la mañana—respondió él sin mirarla y sin agregarle el respetuoso "Gracias" a la oración, para luego simplemente acelerar un poco el paso. Se preguntaba como esta mujer no entendía el "No" que él gritaba claramente.

—¿Un helado? —insistió con voz inocente siguiéndole el ritmo.

Edward se frenó de pronto y la miró con una mezcla de asombro y confusión. La chica tuvo que retroceder dos pasos para volver a su altura.

—Lo siento pero no estoy interesado—intentó finiquitar el asunto de manera cordial. Pero aún así su voz no dejaba de sonar molesta

—Que bueno—dijo ella sin borrar una sonrisa, dio dos pasitos hacía él—Porque yo tampoco lo estoy— susurró bajito enfatizando en gesto poniendo el dorso de la mano a un costado de su boca. Dándole a la declaración la connotación de un secreto.

Edward pestañeó varias veces intentado entender el sentido de las palabras de la mujer. ¿Qué rayos pretendía? ¿Coquetear? ¿Ser su amiga? ¿Caridad?

Apretó los labios y se encogió de hombros, la chica no se veía peligrosa y si resultaba ser una psicópata obsesiva él sabría como sacársela de encima. Rascó su frente antes de retomar el paso pero desviando el camino hacía la heladería, al notar que la mujer no lo seguía se giró y le habló.

—Que conste que me gustan los helados triples y tú pagas porque dejé la billetera en casa—dijo sin emoción en la voz.

La mujer asintió y retomó el andar silencio al lado de Edward.

A veces nos encuentran personas que jamás pensamos conocer, a veces pasamos por situaciones que no pensamos pasar y de pronto una situación inesperada que te parecía absurda e incómoda… puede ser más agradable de lo que esperabas sin necesidad de significar algo más allá.