Hola a todos. Espero que les guste este capítulo.


Capítulo 12.

Fleur no se sorprende por la ausencia de Hermione en el resto de las clases. Lo supuso desde el momento en que el profesor Snape llegó envuelto en un mar de tela negra. La rubia suspira por enésima vez mientras observa a los demás alumnos de séptimo grado pertenecientes a Gryffindor. En la última clase no ha podido cumplir con sus obligaciones de la mejor manera. Por más que lo intenta, su mente no puede permanecer mucho tiempo en los jóvenes de Hogwarts.

Se pregunta una y otra vez por qué abrió su corazón a la ojimel. Por qué compartió con ella el recuerdo más doloroso de toda su vida. Por qué le mostró el miedo más grande que la persigue día y noche. Le contó uno de los más grandes secretos de su especie. El poder de su canto. Quizá no se lo dijo todo pero dejó abierta la posibilidad de un nuevo encuentro. Respira profundamente una vez más y da gracias a Merlín por el fin de la clase.

La hora de la cena ha llegado y eso le ayuda a relajarse un poco aunque no tenga intención alguna de ir al gran comedor. Al menos los pasillos atestados de estudiantes le ayudarán a llegar a su dormitorio sin llamar demasiado la atención. Eso es lo que quiere conseguir pero debería saber que su herencia mágica le hace imposible pasar de forma inadvertida. Por ello Bill se le acerca con el intento de una sonrisa galante en el rostro. Le cierra el paso a la mitad de la escalera.

-Buenas noches, Fleur. ¿Me acompañas al gran comedor? – La voz del pelirrojo es seductora pero la ojiazul apenas evita rodar los ojos. Al final se obliga a sí misma a sonreír de forma falsa sin embargo eso sólo alienta el mayor de los Weasley.

-No lo creo, William. Ha sido un día largo y realmente deseo ir a mi dormitorio a descansar. – Intenta abrirse paso más allá del hombre pero el pelirrojo vuelve a bloquearle el camino. Bajo el brillo de sus ojos puede divisarse la furia que el rechazo le ha causado. Su rostro se tensa y de igual manera lo hace su sonrisa.

-Por eso mismo. Ha sido un día difícil para todos. Debes alimentarte bien para mantenerte fuerte. Los alumnos de Hogwarts pueden ser un tanto… irreverentes. – Fleur no dice palabra alguna. Bill abre la boca para hablar una vez más pero una voz diferente lo interrumpe. Una voz que la rubia se ha acostumbrado a escuchar continuamente.

-Bill, Molly te está buscando. Está en la entrada del gran comedor. Será mejor que no la hagas esperar o empezará a gritarle a medio mundo hasta que te encuentre. – El pelirrojo observa a la bruja francesa antes de observar el camino escaleras abajo. No sabe qué hacer hasta que escucha los gritos de su madre resonando en el castillo. Sin decir palabra alguna inicia el descenso con dirección al comedor. Hermione lo observa marcharse para después centrar su atención en la rubia. Le regala una pequeña sonrisa que va cargada de cansancio. Fleur la responde de igual manera.

Las clases de Oclumancia llevaron a las de Legilimancia. No pudo entrar una sola vez a la mente de su profesor de pociones. Finalmente regresaron al primer paso y en ese momento la barrera de Hermione no fue más fuerte o resistente que una hoja de papel. Con pocos intentos ya se encontraba agotada. Por supuesto que esos "pocos" intentos la habían mantenido en las mazmorras por más de un par de horas. Además ahora tiene un horrible dolor de cabeza.

-¿Vas a cenar? – Fleur niega elegantemente mientras suspira, sí, una vez más.

-No. No tengo hambre. ¿Y tú?

-Tampoco tengo mucha hambre. Además no me apetece estar en medio de la multitud. – La trigueña se toma el puente de la nariz y ese diminuto gesto advierte a su compañera sobre su estado físico actual.

-¿Dolor de cabeza? – La Gryffindor asiente. – Quizá un té pueda ayudarte.

Ambas saben lo que aquello implica. Una invitación a la habitación de Fleur para disfrutar de una taza caliente de té. Caminan en silencio y extrañamente no resulta uno incómodo. A pesar del poco tiempo que han compartido, estando juntas se sienten bien. Se han acostumbrado tanto la una a la otra que sencillamente compartir el silencio las hace felices. Llegan al séptimo piso y por primera vez, Hermione tiene la oportunidad de introducirse en el dormitorio de la Veela. Se sorprende al ver la forma que la sala multipropósito ha adquirido.

Es una habitación enorme. Lo suficiente para albergar una chimenea frente a una pequeña sala. Un reloj de piso, tallado en madera cuyos detalles resultan exquisitos. La cama se encuentra pegada a la pared contraria. Es de dos plazas y media cubierta en edredones dorados. De hecho todas las paredes parecen tener ese color con tintes azules y verdes esparcidos en lugares estratégicos para darle un poco más de color. Al otro lado se encuentra un escritorio cubierto de pergaminos e incluso algunos libros pertenecientes a la biblioteca de Hogwarts.

Podría parecer un exceso pero todo está en perfecta armonía. Fleur está muy lejos de su hogar y lo menos que merece es un lugar como ese. Un sitio donde pueda poseer un poco de privacidad. Hogwarts ofrece muchas cosas maravillosas y normalmente los alumnos no deben preocuparse por nada. Pero a veces puede resultar demasiado sofocante. Compartir siempre el espacio con los demás. Incluso los dormitorios son comunes y nunca puedes escuchar del todo tus pensamientos. Por eso Hermione aprecia tanto la biblioteca. El silencio le permite mantenerse en calma. Ha pasado horas entre libros sin pensar en nada simplemente disfrutando de un etéreo momento de sosiego.

Disfruta de su habitación individual como premio anual. Fleur merece el mismo espacio. Un lugar donde pueda tener los recuerdos de su hogar si así lo desea. Sin que haya miradas curiosas posadas sobre ella constantemente.

-Es increíble lo que esta sala puede hacer. – La castaña asiente mientras sigue admirando cada pequeño detalle que la sala de los menesteres ha replicado. – Le pedí a Dumbledore autorización para tener algo parecido a un departamento dentro de Hogwarts. Accedió de inmediato disculpándose por no tenerme preparada una habitación como al resto de los profesores. Además me recordó incorporar una cocina por si no deseo ir al gran comedor.

-Pensé que era una obligación para todos los profesores.

-Lo es pero técnicamente yo no lo soy. Eso me da ciertos privilegios. Dumbledore es un mago muy extraño.

-Ni que lo digas. – Fleur sonríe antes de observar directamente a la trigueña.

-Vamos por ese té. ¿Te parece?

Hermione asiente aunque su dolor de cabeza ha disminuido considerablemente con la simple presencia de la rubia. Pareciera que todas sus preocupaciones la abandonan cuando la hermosa bruja francesa está cerca.

Ambas caminan hasta una puerta perfectamente oculta en la pared contraria a la cama. La cocina es muy sencilla pero no por eso deja de ser funcional o pierde el aire de elegancia que tiene el resto de aquella habitación.

-¿Puedo preguntarte algo?- Ante el asentimiento de Hermione, Fleur prosigue mientras pone una tetera sobre la estufa. - ¿Por qué estabas en el lago? – La rubia la observa intensamente mientras espera una respuesta.

-Olvidas la hora que era. La cena ni siquiera había terminado aunque pudiese parecer lo contrario debido al clima. – Las mejillas de Fleur se tiñen de rosa. Además de la vergüenza la embarga la culpa.- Pero no quería tomar un poco de aire antes de ir a la cama. El verdadero motivo por el que estaba en los terrenos es porque tenía una clase extra. – La mayor levanta una ceja y se acerca a la mesa. Toma una silla y se sienta junto a su huésped. – La misma clase que tuve hoy.

-¿La clase con Snape fue la causante de tu dolor de cabeza?

-Sí. Las artes de la mente no son nada fáciles de dominar. – Hermione se percata de su error demasiado tarde.

-Oclumancia y Legilimancia. Son habilidades que usualmente no se enseñan en el séptimo grado. – La rubia le regala una sonrisa restándole importancia al asunto. – Es impresionante que tu nivel de aprendizaje sea tan avanzado. Hay muchos magos y brujas que no pueden proteger sus mentes y son experimentados aurores. Sin embargo, aunque resulta sorprendente que estés aprendiendo dos de las ramas de la magia más difíciles, tengo una duda. ¿Por qué, una excelente bruja como tú, necesita aprender las artes de la mente en medio de los terrenos?

-Yo…- Hermione medita por un segundo si debe ocultar la verdad pero prefiere no hacerlo aunque tampoco pueda revelar su historia completa. Al final opta por la salida práctica. – he tenido algunos problemas con el control de mi magia. Snape y Dumbledore creen que las artes de la mente me ayudarán a controlarme.

En ese instante la tetera pita y Fleur se apresura a retirarla del fuego. El té es servido y ambas mujeres lo beben en silencio. Hermione observa a su compañera mientras ésta tiene la mirada pérdida. Ocupa ese momento para observar el rostro de la Veela con mayor detenimiento. Hay algo diferente en él. Algo que no había notado antes y ni siquiera en este instante puede decir con exactitud de qué se trata. Es como la sombra vaga de un recuerdo.

Recorre entonces el resto de aquella mágica figura hasta detenerse en las delicadas manos que sostienen la taza de porcelana. Su mirada capta una pequeña cicatriz. Nunca la había visto, quizá porque no se había dado la oportunidad para admirar las manos de la francesa. Quizá porque jamás le había puesto demasiada atención.

No es la típica cicatriz que queda después de un golpe o una caída. Tampoco el resultado de una cortada. Hermione lo sabe bien porque ella misma tiene varias en su cuerpo. Reconocería ese patrón en cualquier sitio. En cualquier cuerpo. La línea delgada ligeramente curva para formar una media luna. Son casi imperceptibles en la piel pero jamás desaparecen. Son causadas únicamente por tres encantamientos. Maldiciones imperdonables.

Aquella cicatriz no fue dejada en su piel como recuerdo del torneo de los tres magos. Es probable que le hayan quedado varias marcas durante ese fatídico año porque después de todo se enfrentó a un poderoso dragón, a sirenas, demonios de agua y una infinidad de criaturas en medio de aquel enorme laberinto. Krum la dejó inconsciente en la prueba final pero nada de eso pudo haberle causado esa marca en específico. Tuvo que ser después.

Fleur reacciona en ese instante y nota la intensa mirada de Hermione sobre su muñeca. Observa en la misma dirección topándose de frente con la marca. Es demasiado tarde para intentar ocultarla. La trigueña simplemente frunce el ceño.

-¿Sucede algo? – No es la mejor estrategia que tiene pero es lo único en lo que puede pensar. Hermione no contesta inmediatamente. Toma la mano de la mayor para inspeccionar más de cerca la cicatriz. Acaricia la línea que forma una media luna y cualquier atisbo de duda desaparece cuando siente su textura bajo sus dedos. Observa los ojos cerúleos por un breve instante antes de formular su pregunta. Es un susurro cargado de completa preocupación y angustia.

-¿Cómo te hiciste esto? – Sabe que no es la pregunta adecuada porque no tiene que ver con algo sino con alguien.

-Fue un accidente. – La Veela desvía la mirada cuando la trigueña la observa con una expresión que dice claramente; "no puedes engañarme, Fleur Delacour". No puede engañar a alguien que ha cruzado una guerra desde el inicio.

-Tú no trabajas detrás de un escritorio en el ministerio de magia francés. Tampoco trabajas en el departamento de relaciones y cooperación mágica internacional. ¿Me equivoco?

-No. – Fleur suspira con aire derrotado. – Pertenezco al departamento de aurores. Me inscribí en la academia después de terminar mis estudios en Beauxbatons. Poco después entré al ministerio y fui enviada aquí por órdenes del ministro.

-¿Qué haces aquí, entonces? ¿No deberías estar ayudando a los aurores? – Hermione no está molesta. Siente una enorme curiosidad por descubrir los motivos de la ojiazul para estar en Hogwarts.

-No tendría caso alguno venir al Reino Unido para desempeñar las mismas funciones que hacía en Francia. Ustedes tienen grandes aurores después de todo. Vine a Hogwarts porque me querían fuera del campo de batalla y fuera de Francia. – Los ojos azules se llenan de un inmenso dolor al pronunciar esas palabras.

-¿Por qué? – La Veela sonríe melancólicamente.

-Es una larga historia. – Hermione se pregunta si será tan larga como la suya propia. - ¿Qué dices si te la cuento en compañía de otra taza de té cómodamente sentadas en el sillón?

Regresan a la habitación principal llevando el té con ellas. Se acomodan en el mullido sofá muy cerca la una de la otra. Fleur da un pequeño sorbo a su tasa antes de continuar. Se sume en sus pensamientos por un instante mientras busca en la historia el que sería el inicio adecuado. Observa el líquido caliente antes de observar los ojos mieles.

-Todo empezó hace un par de meses. Poco antes de que la batalla estallara en Inglaterra. Cuando aún se podía respirar con cierto aire de tranquilidad. Podrías pensar que todo se desarrolló aquí pero recuerda que Voldemort quería el poder del mundo mágico entero. – La castaña se sorprende al escuchar ese nombre salir de los labios de Fleur. – Si bien la batalla final tuvo lugar en este mismo castillo es porque aquí estaba la peor amenaza del señor oscuro, Harry. El mundo mágico se extiende más allá de Hogwarts, Beauxbatons y Durmstrang. Cada país tiene al menos una escuela de magia aunque por supuesto, las más grandes se encuentran en Europa. Depende del país, el tamaño de la escuela.

Hermione asiente intentando comprender a dónde va todo eso. Fleur, por su parte, mantiene la mirada fija en el fuego de la chimenea aunque no observa las llamas. Sus ojos se pierden en la distancia y en los recuerdos de un pasado no muy lejano. Por un instante se pierde en aquello que quiere dejar atrás pero cada vez que da un paso adelante su memoria la ata con más fuerza a un pasado lleno de sufrimiento del cual no puede escapar.

-Los mortífagos intentaron tomar nuestro ministerio. Nos mandaron a enfrentarlos. Luchamos por interminables minutos hasta que retrocedieron. Finalmente se retiraron pero jamás nos dejaron en paz. Los aurores que los confrontamos nos convertimos en sus objetivos. Ninguno olvido nuestros rostros o nuestros nombres. De todos fui yo quien quedó marcada como objetivo principal. Por el estatus de mi familia, por la fama que el torneo de los tres magos me había dado y por mi herencia genética. Mi sangre no es pura incluso si una parte pertenece a una criatura mágica. Para ellos soy un insulto, una aberración y como tal debo morir.

Hermione se mantiene en silencio pero coloca una mano en el hombro de la rubia quién deja salir un largo suspiro.

-Mi familia y yo nos escondimos en Paris alrededor de un mes. Vivimos al estilo muggle desapareciendo del radar de los mortífagos. Esperábamos que el resto de los aurores los encontrara antes de que ellos nos encontraran a nosotros. Todo iba muy bien…hasta esa noche. La noche más horrible de mi vida. Fría, cruel y fatídica.

Flash. Back.

Es una noche demasiado fría para pertenecer a Francia. El aire es casi gélido y rompe totalmente con la temporada veraniega. La lluvia cae con intensidad abrumadora que pronto se convierte en tormenta. Los relámpagos caen uno tras otro iluminando el firmamento con destellos violetas. Los feroces truenos cimbran el suelo. Las nubes cargadas de agua lucen como algodones ennegrecidos mientras su baja altura le causa claustrofobia a más de uno.

La mayoría de las casas y edificios mantienen todas las ventanas cerradas para evitar ser partícipes del clima deprimente. Las familias tampoco quieren observar las descargas eléctricas que unen el cielo con la Tierra. Sin embargo una de las tantas casas mantiene sus elegantes cortinas siempre cerradas. Ningún rayo de luz se cuela entre ellas.

En una de las habitaciones superiores puede apreciarse la única luz indicando que Fleur aún se mantiene despierta. Su mente la lleva a un lugar a orilla del mediterráneo. Súbitamente la puerta de su habitación se abre pero ella permanece en calma puesto que solamente hay una persona que podría buscarla en una noche como esa. Sonríe cuando observa la figura de su hermana. Sus mejillas están sonrosadas, le dan un aire de inocencia e ingenuidad que Fleur adora. No es difícil adivinar el motivo de tan repentina visita. Una razón por la que Gabrielle se encuentre despierta a media noche.

-Ven aquí. – La menor se introduce completamente en la habitación de su hermana. Corre y la abraza refugiándose en los cálidos brazos. Fleur la protege en el momento justo en que otro rayo cae de las alturas.

-Tengo miedo, Fleur. – Ella lo sabe y también tiene miedo aunque sus temores son muy diferentes. Gabrielle le teme a la tormenta mientras ella le teme al futuro. Salvó al ministerio pero puso en riesgo no sólo su vida sino también la de su familia. El peligro puede esconderse en cualquier lugar y adquirir cualquier forma.

-Todo va a estar bien. – Acaricia los rubios cabellos que son tan sedosos como los suyos propios mientras intenta creer en sus propias palabras. Ambas jóvenes se acomodan en la cama, se ocultan bajo las sábanas porque de esa manera todo parece estar bien. – Intenta dormir un poco. – La pequeña Delacour lo intenta pero el sonido de la lluvia repiqueteando en las ventanas la altera y con cada relámpago su diminuto cuerpo se estremece. Luego de media hora Gabrielle se rinde y observa a Fleur con ojos suplicantes. Es su única esperanza de conciliar el sueño.

-Canta algo para mí. Una canción de cuna. Como lo hacías antes. – La campeona de Beauxbatons lo duda pero jamás ha podido negarle algo a su hermana menor. Es su debilidad más grande. Suspira y asiente provocando una sonrisa en los labios de Gabrielle. La menor se acomoda de mejor manera para que el corazón de Fleur acompañe la melodía.

Empieza de forma suave, sutil y casi imperceptible. NI siquiera tiene letra, son sus sentimientos impregnados en el aire que sale de sus labios apenas abiertos. El cielo parece tranquilizarse. Los relámpagos cesan cuando su voz se eleva logrando traspasar las cortinas corridas y los grandes ventanales cerrados. Vuela libre porque Fleur quisiera serlo. La tranquilidad se esparce lentamente por las calles hasta caer completamente sobre ellas y el resto del país.

En un lugar no muy lejano. Apenas en las afueras de Paris alguien percibe el canto y una horrible sonrisa se dibuja en sus torcidos labios. Corre escondido entre las sombras y protegido por la lluvia. Se introduce en un bar de mala muerte donde sólo hay unas cuantas personas. Las que está buscando. Todas las conversaciones se detienen mientras el intruso es observado de forma expectante. Un segundo después más de una varita le apunta directo al pecho.

-¿Quién demonios eres y qué haces aquí?

-Mi nombre es Greyback. Fenrir Greyback. He sido sirviente del señor tenebroso desde hace varios años. Me ha honrado con su presencia más de una vez y soy quién puede entregarles a la Veela.

-¿Tú? ¡Eres un simple perro apestoso! – La sonrisa del hombre se congela pero no desaparece. Se encoge de hombros y con descaro toma una silla. Se sienta cruzando las piernas y su sonrisa regresa con aire burlón.

-Quizá tengas razón pero sé donde está la media sangre. Es una desgracia lo que ocurrió en el ministerio. Estuvieron a punto de tomar el control pero no pudieron vencerla. ¡A ella! Una impura. Resultó ser más fuerte e inteligente que ustedes. Deberían estar avergonzados. Ni siquiera puedo imaginar lo que él dirá ante su terrible fracaso.

-¿Cómo puedes saber eso? – El hombre se ríe profundamente y su risa se parece más a un ladrido.

-Toda Francia lo sabe. – Greyback saca un periódico de su abrigo, lo desdobla y comienza a leer. – El ataque al ministerio de magia este pasado lunes se vio frustrado gracias al enorme trabajo del departamento de aurores. En especial de la recién integrada auror, Fleur Isabelle Delacour quién demostró su enorme valentía. A pesar de ser su primera misión no tuvo temor de enfrentar cara a cara a los mortífagos desarmando a más de la mitad. Su desempeño es la clara muestra de su determinación por ser la mejor. Esto nos habla de su gran entrenamiento y de cómo debe hacerse un trabajo perfecto. – El hombre lobo se guarda el ejemplar en el abrigo. – Esa noticia fue dada hace un mes. Han buscado calle por calle pero la Veela y su familia, parecen haberse evaporado en la nada. Es realmente una pena que la mitad de ustedes haya huido de una sangre sucia. Pero no se preocupen, estoy aquí para ayudarles a limpiar su error.

-¿Cómo sabemos que podemos confiar en ti?

-No lo sabes. No tienes garantía alguna de mi lealtad así como yo no la tengo de la tuya. ¿Lo tomas o lo dejas?

-¿Qué ganas tú con ello? – Fenrir se lame los labios de forma ansiosa.

-Su hermana pequeña. Quiero a la pobre e indefensa Gabrielle Delacour. Después de todo es el motivo por el que estoy aquí. Denme a la niña y tendrán a la mayor. No importa lo que le hagan sólo no toquen mi recompensa.

-Bien. Muéstranos el camino.

El hombre lobo asiente y sale por la puerta corriendo en cuatro patas. Se interna en Paris y olfatea el aire de vez en cuando para seguir una esencia que ha memorizado justamente para este momento. Se detiene frente a una casa de apariencia muggle pero está rodeada del aroma de las Veelas. Un olor inconfundible.

-Aquí es. – Los mortífagos arriban entre un denso humo negro.

-Bien, es hora de la venganza. – Los seguidores de Voldemort se dispersan para rodear el edificio. El líder asiente una vez y todos entran llegando a las diferentes habitaciones. Sólo Greyback se introduce por la ventana superior que conduce directamente a las dos jóvenes Delacour. El estruendo del cristal rompiéndose las pone en alerta.

Un segundo después Fleur ya está de pie. Su varita apunta directamente al hombre lobo mientras Gabrielle se esconde ocupando el cuerpo de su hermana como un escudo. Su valentía decae cuando observa la puerta de su dormitorio abrirse. Los mortífagos entran con el resto de su familia en desventaja. Las varitas están contra sus cuellos y manos enguantadas toman firmemente los cabellos, obligándolos a avanzar. Fenrir sonríe mientras se instala cómodamente en el centro de la habitación. Puede percibir el miedo que lo rodea y puede verlo en los ojos de Fleur.

-Buenas noches, Fleur. Es un placer verte de nuevo. A ti y a tu hermana, por supuesto. – La boca se le hace agua cuando observa a Gabrielle. La pequeña Delacour deja salir un grito ahogado y Fleur la cubre una vez más con su cuerpo. No es secreto que Fenrir Greyback disfruta de transformar a los niños pequeños. Gabrielle lo sigue siendo puesto que ni siquiera ha cumplido los quince años. – No tienes demasiadas opciones para salir de aquí con vida. Ahora piensa si quieres condenar a tus padres y a tu querida abuela a la muerte. – Fleur en verdad no tiene ninguna opción.

-¿Qué quieres de mí? – Greyback se ríe.

-Yo no quiero nada de ti. Quiero a tu hermana. Ellos… - Señala a los hombres cuyos rostros están cubiertos con máscaras plateadas. – quieren recuperar su orgullo. Sólo hay una forma de hacerlo. Acabando con tu vida.

-Tómame a mí pero deja en paz a Gabrielle y al resto de mi familia. – El licántropo niega con la cabeza.

-No, no, Fleur. La oferta no funciona así. Tu hermana y tú o toda tu familia. Tienes diez segundos para elegir. Uno…dos…

-¡Deja en paz a nuestra familia! – Apolline Delacour intenta detener a ese hombre e intenta defender a sus dos hijas. El hombre tras ella, le tapa la boca impidiéndole pronunciar cualquier otra palabra. La varita deja una marca sobre el cuello de la mujer. Fleur no soporta ver a su familia en ese estado. No puede defenderla incluso si es una Veela.

-Tres… cuatro… cinco.

-¡No voy a hacerlo! – Fleur lanza el primer hechizo y la batalla da inicio. Los rayos de diferentes colores cruzan la habitación. Los mortífagos parecen sorprendidos cuando los encantamientos se impactan contra las mujeres de rubios cabellos sin hacerles daño alguno. Su sangre las protege de morir y pronto les da la ventaja.

Hay un encantamiento en específico que impacta directamente a Fleur. Sus rodillas ceden lentamente y por un instante todo lo que puede escucharse son los gritos desgarradores de la mayor de las hijas Delacour. Gabrielle no soporta ver a su hermana mayor sufriendo ante la maldición cruciatus. Gabrielle se adelanta un par de metros abandonando la seguridad. Fleur la observa con terror en la mirada pero nada puede hacer cuando su cuerpo está siendo torturado.

-¡Detente, por favor! Iré contigo pero déjala en paz. – Las barreras de la auror no decayeron pero se enfrentó a una criatura que también tiene habilidades mágicas. En especial en las artes oscuras y por supuesto en las maldiciones imperdonables. Por eso el encantamiento la alcanzó tan plenamente provocándole un inmenso dolor en todo el cuerpo. – Te lo ruego. Ya no la lastimes. – Sus pequeños ojos azules ya están llenos de lágrimas.

-Bien, señorita Delacour. Veo que usted ha hecho una mejor elección que su hermana. – Fenrir deja de torturar a Fleur y ella se levanta muy lentamente. Su cuerpo ha quedado entumecido y apenas puede moverse para abrazar a su más grande adoración. Intenta protegerla con sus brazos pero un nuevo encantamiento se impacta contra su piel. Una gélida sensación se abre paso por su cuerpo empezando por la muñeca y se detiene al llegar a su cabeza. Escucha la voz del licántropo y no puede evitar obedecerle. Una lágrima plateada abandona sus ojos cerúleos. – Entrégamela.

Se deslinda de su hermana y la lleva hasta el hombre dejándole en sus brazos. Un segundo después es liberada del imperio e intenta recuperar a Gabrielle. Los mortífagos la atacan sin piedad y de la misma manera ella se defiende. El resto de la familia apenas logra defenderse pero al final consiguen ahuyentar a los intrusos pero no a Fenrir.

El licántropo espera pacientemente oculto en las sombras. Mantiene el cuerpo de Gabrielle pegado al suyo. Una de sus velludas manos cubre sus finos labios para evitar que grite o hable. Las Veelas no pueden verlo demasiado bien en la oscuridad pero pueden sentirlo, pueden olerlo. Cuatro varitas le apuntan directamente a la cabeza pero acomoda su cuerpo de tal manera que cualquier hechizo impacte contra la menor de las Delacour. Muestra sus colmillos que relucen como blancos diamantes a la luz de la Luna y amenaza con morder. El ambiente se vuelve tenso. Nadie respira.

-Aléjate de ella Greyback. Tu problema es conmigo así que déjala ir. Si la tacas no saldrás de aquí con vida.

-Mi problema no es contigo, princesita. Nunca lo ha sido. Te he buscado durante años porque sabía que tu hermana estaría contigo. Quizá no viva para contarlo pero piensa bien que ella jamás será la misma. Además he esperado demasiado tiempo. Tres míseros años para este momento así que… voy a correr el riesgo.

Fleur intenta correr hacia él, sacarlo de balance o al menos tener un mejor ángulo de disparo pero el hombre es inteligente y hace que todo intento sea insuficiente. Entierra ferozmente sus colmillos en la blanca piel del cuello de Gabrielle. La niña grita y las lágrimas abandonan sus ojos azules cuando el veneno recorre todo su cuerpo. Greyback nunca quiso asesinarla. Quería condenarla al mismo infierno en el que él ha vivido desde que era un niño.

El resto de la familia intenta matar al lobo pero es demasiado rápido y logra escapar por la ventana rota. Fleur toma a su hermana en brazos mientras la sangre sigue saliendo de su cuello manchando su camisón de dormir y deslizándose lentamente hasta cubrir una amplia superficie en el suelo. La desesperación la sobrepasa y comienza a llorar también.

-Necesitamos llevarla a un hospital. – Gabrielle niega con la cabeza.

-No va a funcionar, Fleur.

-Hay muchas personas que han vivido buenas vidas tomando dosis constantes de poción matalobos. Tú puedes ser una más pero tenemos que ir al hospital para eso. Para que cierren la herida. Para que te salven.

-No, no quiero eso. Somos Veelas. No podemos confiar en lo que les sucede a otros. Lo que sucede con los magos. La mezcla entre ambas criaturas va a convertirme en un monstruo. No quiero ser un monstruo, Fleur. ¿Lo comprendes, verdad? Yo sé que lo haces. Siempre me has entendido mejor que nadie. Espero que puedas perdonarme por esto pero nadie sabe lo que puede suceder si dejo que la transformación ocurra. – Fleur se abraza a su hermana negándose a dejarla ir. – No quiero lastimar a nadie. No quiero lastimar a mi familia.

-Entonces quédate conmigo. – Sabe que está siendo egoísta pero no puede evitarlo. Gabrielle Delacour siempre ha sido su motivación. Su impulso, su luz y su esperanza. Desde el momento en que nació cambió radicalmente su vida.

-No puedo. Por favor, Fleur. Siempre me has apoyado, te lo ruego, no me dejes sola en este momento.

-Ma petite-fille, ¿eso es lo que realmente quieres?

-Sí, abuela. – Sus padres se acercan a ella. La abrazan susurrando suaves palabras de amor en francés. Las manos de Fleur están llenas de sangre, aún así Gabrielle las toma entre las suyas. – Vas a estar bien, Fleur. Eres muy fuerte. Nunca te rindas porque tienes que vivir por mí. – Ella solloza sabiendo que va a perder a su hermana. – Yo voy a estar bien. Siempre estaré ahí para ti cuando me necesites. Espero que todos estén tranquilos con mi decisión.

Lentamente su familia siente sin importar las lágrimas que resbalan por sus rostros o los sollozos que rompen el silencio cada pocos segundos. Tal vez sus acciones parezcan insensibles pero comprenden que si las dos criaturas se mezclan de esa forma, lucharán constantemente por el dominio del cuerpo. Le causarán a Gabrielle una agonía eterna hasta que ambas criaturas desgarren su carne, invadan su mente y la pequeña niña se pierda por siempre en el interior de su propio cuerpo. No va a ser fácil enfrentar la muerte de una hija, una nieta o una hermana.

-Je t'aime, ma petite soeur.

-Je t'aime aussi, Fleur. – Gabrielle cierra los ojos y su familia la rodea esperando el momento temido.

Fin Flash Back.

-Existe un canto más por parte de las Veelas. Una canción que sólo puede ser interpretada una vez. El labio inferior de Fleur tiembla mientras las lágrimas siguen deslizándose por las mejillas de porcelana. – Esa última canción causa la muerte de una Veela cuando su vida pone en riesgo la de los demás. – La rubia cierra los ojos y se recarga en el sillón.

Hermione aguarda en silencio pues sabe que la historia aún no ha terminado.

Flash Back.

Gabrielle sonríe sintiendo el calor que su familia irradia. Una lágrima escapa de sus ojos cerrados mientras sus labios se abren para dejar que la música salga de ellos. Es una dulce melodía cantada en el antiguo idioma de las Veelas. Nadie fuera de ellas debe comprenderlo. En su canción pide a sus antepasados por el privilegio de unirse a ellas.

Les ruega por la oportunidad de elevarse hasta lo más alto de los cielos para unirse en sus cánticos eternos. Promete cuidar de sus padres como lo han hecho ellos. Promete proteger a su hermana como Fleur la ha protegido siempre. Y esperar el momento de estar en el mismo plano con su familia porque nunca los olvidará.

Sus antepasados llegan. La toman de las manos y la elevan junto con ellas. Dejan su cuerpo atrás, levitando apenas un par de centímetros por encima del suelo. Una intensa luz plateada la envuelve en un cálido abrazo. El brillo dura un par de segundos antes de desaparecer con lo que era el cuerpo de una Veela. De la joven Gabrielle Delacour.

Apolline se refugia en los brazos de su esposo. Ambos lloran desconsoladamente en medio de una habitación que rápidamente ha perdido el calor, el color y la vida. Fleur observa el espacio vacío frente a ella. Observa la sangre que cubre sus manos y sus ropas. La culpa la consume como el fuego a la madera. Su cuerpo entero tiembla descontroladamente pero las lágrimas se niegan a salir. Duelen, hacen que los ojos le ardan y el nudo en su garganta le impide respirar. Su abuela se acerca, se arrodilla junto a ella y retira sus rubios cabellos del fino rostro.

-Grand- mère. – Su abuela le sonríe con tristeza.

-Lo sé. – La abraza con fuerza y sus barreras caen. Su llanto les rompe el corazón a su abuela y a sus padres. Nadie puede consolarla porque todos sienten el mismo dolor así que simplemente la dejan llorar. Las lágrimas se convierten en sollozos y estos en gritos desgarradores al cielo pidiendo clemencia. La lluvia vuelve a caer de forma incesante y el viento sopla furioso compartiendo la rabia de la joven Delacour. Su abuela la aferra con más fuerza mientras observa con pesar como su nieta pierde el control de su Veela. Por primera vez Fleur la deja libre.

Su cuerpo se convulsiona violentamente. Sus huesos se rompen y vuelven a reacomodarse. Su piel sedosa se cubre de finas plumas. Sus ojos se vuelven del color del oro líquido mientras sus cabellos dorados parecen darle brillo a todo su cuerpo. Sus dedos largos y finos se convierten en garras. Se escucha el desgarre de la piel y lentamente se muestran un par de alas que han surgido de la espalda de la joven Veela. Sus lágrimas no han cesado debido al dolor no sólo interno sino también al físico que supone la transformación.

La luz del Sol se abre paso entre las casas y edificios. Es difícil verlo cuando la lluvia sigue cayendo pero finalmente se logra posar sobre esa casa que anteriormente mantenía siempre las cortinas cerradas. La luz le recuerda a Fleur que debe enfrentarse a un nuevo día sin la compañía de su hermana menor. Sin Gabrielle.

La luz se impacta contra su piel cubierta en plumas e intenta protegerse con las alas de la luz y de la realidad.

-¡No! – Deja salir un último y prolongado grito que cruza los restos de la noche para perderse en la inmensidad del día y su cuerpo cae inmóvil en los brazos de su abuela. Está agotada pero aún en sueños sufre. Su cuerpo regresa a la normalidad pero el proceso no es menos doloroso. Diminutos gemidos escapan de sus labios cuando sus huesos vuelven a romperse y a unirse. Cuando sus alas desaparecen regresando a su interior o cuando las plumas se desprenden lentamente. Después de tan larga noche y a pesar del dolor, está demasiado cansada para gritar.

Fin Flash Back.

El reloj marca la medianoche. Fleur abre los ojos y observa con temor a la trigueña. Entonces la súplica abandona sus labios. Hermione la observa intensamente mientras su corazón se estremece al escuchar esas palabras.

-No me dejes, Hermione. No te vayas todavía, por favor.

-No voy a ningún lado. No voy a dejarte sola. – La joven Gryffindor por fin se entrega al deseo de abrazar a la rubia.

Fleur se rinde una vez más ante sus recuerdos. Deja que Hermione observe en lo más profundo de su alma. Frente a la joven leona no teme ser vulnerable. Se siente bien quitarse las máscaras para ser ella misma. La Veela le grita el motivo por el cual Hermione es la única persona capaz de observar esa faceta suya. Se esfuerza en ignorar la verdad hasta que cae en un placentero sueño inhalando el aroma de la trigueña.

La joven Granger toma a la francesa en brazos y la lleva a la cama. Por segunda vez se encuentra en la necesidad de desnudarla. Examina su cuerpo bajo una nueva luz. Observa cada una de las cicatrices perfectamente disimuladas en la blanca piel. Cubre aquel cuerpo con las cobijas para empezar a desnudarse también. Al final se queda con la blusa blanca y la ropa interior. Suspira con cansancio y cierra los ojos. Fleur no tarda demasiado en encontrar su cuerpo y abrazarse a él. Hermione acaricia la piel desnuda imaginando la sensación de las plumas entre sus dedos.

Es entonces cuando le surge una nueva cuestión. ¿Qué tan grande es su poder? Dumbledore y Dobby le dijeron que su poder es tan grande como para revivir a todos los caídos en batalla a manos de los mortífagos. Pero la guerra no fue sólo la batalla final y no intervino únicamente Hogwarts o el Reino Unido. ¿Su poder podría haberse extendido por todo el mundo? De ser así le hubiese gustado salvar a Gabrielle pero su subconsciente le recuerda que los mortífagos no tuvieron nada que ver con su muerte. Ni siquiera Greyback estuvo involucrado del todo en ello.

Quisiera poder hacer algo para desaparecer la inmensa tristeza que oscurece los cerúleos ojos. Fleur la abraza con más fuerza mientras entierra el rostro en su cuello. Sonríe débilmente. Le gustaría estar siempre al lado de la Veela para protegerle de sus peores miedos. Alexander ruge en su interior con aprobación mientras el tatuaje va tomando forma sobre la tersa piel de su abdomen. Su segundo sentido se ha desarrollado completamente. Su oído le permitió escuchar el canto de una Veela y su vista le permitió leer en las cicatrices el oscuro pasado de un ser divino.


HarukaKirika: Muchas gracias por el apoyo a esta historia. Espero que este capítulo también te haya gustado. Pronto sabremos más de la historia de Hermione y su relación con Fleur avanzará.

utau-mizuki: Esa relación está a punto de consolidarse. Veremos de qué forma lo hace. Los sentimientos seguirán estando a flor de piel por algunos capítulos más. Ahora descubrimos lo que sucedió con Gabrielle. Veremos que sucede con la historia de Hermione y qué forma toma su tatuaje. Su aprendizaje tiene mucho que ver con Fleur. Ya entenderás por qué. Por extraño y aterrador que parezca esta historia apenas va iniciando. Creo que esta historia será enorme. Muchísimas gracias por el cumplido y por supuesto por seguir leyendo. Espero el capítulo te haya gustado.

Eclair Rozen: Me alegra que te haya gustado. El canto de una Veela seguirá apareciendo más adelante en diferentes formas. Espero que este capítulo también haya sido de tu agrado. Gracias por leer y comentar.

hamichi: Gracias por leer y comentar. Espero te haya gustado el capítulo.

Pleasure: It's ok. Thanks for read. I really appreciate your effort to say what you think about this. I'll keep writing till' the end of Draconis Cor. I love this story and I love your support. Thanks again.

aLe: Ya supimos que sucedió con Gabrielle aunque eso sólo es parte de la oscura historia de Fleur. Espero que te haya gustado el nuevo capítulo y muchísimas gracias por seguir leyendo.


Bien. Eso fue todo por hoy. Espero verlos pronto y gracias a todos los que leen, comentan, agregan a favoritos y siguen esta historia. Nos veremos luego.