El cardenal:-Así lo hicimos. Rectificamos tu proeza y la fundamos sobre "el milagro, el misterio y la autoridad". Y los hombres se alegraron de que los condujéramos como un rebaño y de que les fuera quitado del corazón tan terrible don, que les había traído tantos pesares. ¿Teníamos razón al enseñar y obrar así? Dime ¿Es posible que no hallamos amado a la humanidad, cuando hemos reconocido tan humildemente su impotencia, aliviando su carga con amor y le hemos permitido a su frágil naturaleza al menos el pecado, pero con nuestro permiso?

El cardenal mira severamente al hombre de la túnica blanca. El hombre de la túnica blanca no dice absolutamente nada. El silencio se prolonga unos segundos.

El cardenal:-Eso es todo lo que tengo para decirte. ¿Y abre de ocultarte nuestro secreto? Quizás quieras escucharlo de mis labios, escucha: nosotros no estamos contigo, sino con ÉL (indica hacia abajo con el índice), ¡Ese es nuestro secreto! Hace tiempo que ya no estamos contigo, sino con ÉL, desde la creación del estado pontificio en el 753, cuando la iglesia asumió todo el poder terrenal. Tomamos de ÉL, lo que tú rechazaste indignado, aquello últimos que él te proponía, mostrándote todos los reinos de la tierra. Nosotros nos anunciamos como reyes de la tierra, ¡los únicos reyes! ¿¡Por qué rechazaste el último don!? De haber aceptado aquel último don, hubieras llenado todo lo que el hombre busca en la tierra, es decir: ¡ante quien inclinarse! ¡en manos de quien poner la conciencia y de qué modo unificarse finalmente!

El cardenal respira unos momentos calmándose y continúa en voz serena y tranquila.

El cardenal:-Pues la necesidad de una unificación universal es la tercera y última tortura de los hombres. Tú sabes que hubo muchos grandes pueblos con una larga historia. Egipto, Grecia, Roma, son solo algunos de los innumerables pueblos que siguieron a la historia. Pero cuanto más elevados eran estos pueblos, más desdichados eran, pues más intensamente reconocían la necesidad de unificación universal. Los grandes conquistadores, Timures, Napoleones, Gen gis Jan, etc. Tenían la ambición de conquistar el universo, ellos, quizás inconscientemente, expresaron esa misma gran necesidad de la humanidad de una unión universal. De haber aceptado el mundo, hubieras fundado el reino universal y dado la paz universal. Pues, quien va a dominar a los hombres sino aquellos que dominen su conciencia y en cuyas manos este su pan. Nosotros tomamos al mundo, y después de tomarla te rechazamos ya ti y fuimos tras ÉL. Ho pasaran siglos de desorden de la mente libre, por qué al empezar a elevar su torre de Babel sin nosotros ellos terminaran en la Antropofagia. Pero será entonces cuando la bestia se arrastrara hacia nosotros y va a lamer nuestros pies y los salpicara con lágrimas de sangre de sus ojos. Entonces, y solo entonces vendrá para los hombres el reino de la paz y la felicidad.

El cardenal mira con ira y en silencio unos segundos al hombre de la túnica blanca.

El cardenal:-Tú te enorgullecerás de tus elegidos, pero solo los tienes a ellos, en tanto nosotros los tranquilizaremos a todos y acaso más: cuando de tus elegidos, se han cansado finalmente de esperarte y han llevado y llevaran sus fuerzas de espíritu y sus corazones a otros campos. Con nosotros todos van a ser felices y no van a ser mas rebelarse, ni aniquilarse unos a otros por todas partes, como en tu libertad. Ho, los convenceremos de que solo entonces serán libres, cuando renieguen de nosotros su libertad y se nos subordinen.

El cardenal cambia su semblante a una de indiferencia y finalmente a una sonrisa sardónica.

El cardenal:-Y bien ¿Tendremos razón o mentiremos? Ellos mismos se convencerán de que tenemos razón, pues recordaran a que horrores de esclavitud y confusión los había conducido tu libertad. La libertad, la mente libre y la ciencia los conducirá a tales profundidades y los pondrá ante tales milagros y misterios irresolubles que alguno de ellos, se aniquilaran a sí mismos, otros se aniquilaran entre si y los terceros vendrán a nuestros pies y nos dirán: "Sí ustedes tenían razón, ustedes solo dominan su misterio, y nosotros regresamos a ustedes, sálvenos de nosotros mismos. ¡Demasiado, apreciaran lo que es someterse de una vez y para siempre! ¿Quién contribuyo más que nadie a hacer pedazos el rebaño y lo disperso por caminos desconocidos? Pero el rebaño se reunirá nuevamente y nuevamente se subordinara, y esta vez para siempre. Entonces les daremos una serena, humilde felicidad de los seres endebles, tal como ellos han sido creados. Los convenceremos de no enorgullecerse, pues tú los elevaste y con ellos le enseñaste a enorgullecerse. Ho les permitiremos el pecado, ¡pero acaso nunca lo notaste? (en un susurro): son débiles y endebles (continua en el mismo tono que antes) y nos van amar, como los niños, porque les permitimos pecar. Les diremos que cada pecado será redimido si se comete con nuestro permiso; les permitiremos pecar por que los amamos, y el castigo mismo por esos pecados los asumiremos nosotros. Y los asumiremos y nos van a adorar como benefactores que han de llevar anta si los pecados de ellos ante dios. Y no tendrán ningún secreto para nosotros. Los secretos más tortuosos de su conciencia, todo ¡todos nos lo traerán! y nosotros los resolveremos y ellos creerán con alegría, porque ellos los liberara de la gran preocupación y terribles torturas de la resolución personal y libre de ahora. Y todos serán felices, salvo un centenar de miles de sus conductores. Pues nosotros que guardamos el secreto, solamente nosotros seremos infelices. Habrá miles de millones de niñitos, pues solo son niñitos, felices y cien mil mártires que han asumido la maldición del bien y del mal. Y te diremos: "júzganos, si puedes y te atreves". Pues, nosotros que hemos asumido sus pecados para la felicidad de ellos, y te enseñare a los miles de millones de niñitos que no conocen el pecado. Dicen que tú vendrías y vencerás nuevamente con tus elegidos, pero ellos solamente se salvaron a sí mismos, en tanto nosotros lo salvamos a todos.

El cardenal se levanta rápidamente de su asiento golpeando fuertemente la mesa.

El cardenal: -¡No te temo!, así que "¡Júzgame, júzgame si puedes y te atreves!"

Un profundo silencio se hizo en el teatro luego de ese grito que petrifico a la audiencia. Todos, quedaron fijos mirando el escenario.

El hombre de túnica blanca lo miro y se levantó, acercándose al cardenal y lo beso en la frente y le susurro algo al oído. El cardenal quedo congelado en el lugar, lo miro con un rostro de asombro por un momento. Luego, empezó a gritar y a apuntar hacia la salida.

-¡Fuera, fuera, fuera de aquí y nunca regreses, no te atrevas a volver!

Él hombre, camino pasando entre los guardias, sin decir palabra y se cerró el telón.

Twilight ya había tomado toda la botella quedando, más bien, acostada que sentada en su asiento, quedo viendo la obra, casi como si de un sueño se tratase.

Después, se volvió a abrir el telón. En el escenario, se veía a un hombre de mediana edad, que tenía todavía los hilos atados en sus brazos y piernas, pero que la cruceta gigante de madera estaba tirada en el suelo del escenario. Estaba arrodillado, en unos peldaños, frente a una figura de un hombre en una cruz de madera. En un letrero de madera, ubicado a las espaldas de aquel actor, tenía escrito "Hodie" en letras rojas.

- Padre nuestro-comenzó el actor- de todos nosotros… de los pobres, de los sin techo, de los marginados y de los desprotegidos, de los desheredados y de los dueños de la miseria, de los que te siguen y de los que en ti, ya no creemos. Baja de los cielos, pues aquí está el infierno. Baja de tu trono, pues aquí hay guerras, hambres, injusticias. No hace falta que seas uno y trino, con uno solo que tengas ganas de ayudar, nos bastaría… ¿Cuál es tu reino? El vaticano, la banca, la alta política. Nuestro reino es Nigeria, etiopia, Colombia, Hiroshima. El pan nuestro de cada día son las violaciones, la violencia de género, la pederastia, las dictaduras, el cambio climático. En la tentación caigo a diario, no hay mañana en que este tentado a crear un dios humilde, justo, un dios que este en la tierra, en los valles, los ríos, un dios que viva la lluvia, que viaje a través del viento y acaricie nuestra alma. Un dios de los tristes, de los homosexuales, un dios más humano, un dios que no castigue, que enseñe. Que no amenace, que proteja. Que si me caigo, me levante, que si me pierdo, me tienda la mano, un dios que si yerro no me culpe, y que si dudo me entienda. Pues para eso me doto de inteligencia, para dudar de todo. Padre nuestro, de todos nosotros, porque nos has olvidado, padre nuestro, ciego sordo y desocupado…porque nos has abandonado.

Se cerró el telón, el salón quedo un momento en silencio, antes de que volviera a abrir, mostrando a todos los actores y sin los gigantes que estuvieron en la obra. El público se levantó de las butacas aplaudiendo frenéticamente, se escuchaban silbidos y gritos de "Hurra, Bravo, Magnifico,", se veía como tiraban flores a los pies de los artistas.

Twilight se quedó sentada en su butaca, mirando aquella confusión con una sonrisa de oreja a oreja pero sin entender absolutamente nada de la obra. En algún momento, ella empezó a reírse y aplaudir como una niña pequeña, mientras duraba aquel desconcierto.

Algunos, iban hasta el escenario para pedir el autógrafo de los actores. Ellos, cortésmente, le firmaban los papeles. Twilight solo se sentó en su butaca esperando que todo terminara, se recostó más sobre su asiento y puso su cabezo en él apoya brazos y cerró los ojos.

-¡Twilight, Twilight! despierta-escucho la voz de Spike.

-¿Qué, Que?- dijo levantando la cabeza y frotando su rostro con sus cascos.

Abrió los ojos, dándose cuenta que estaba acostada en su habitación del castillo, a su lado estaba Spike, observándola y meciéndola.

-Twilight- volvió a repetir Spike con una adorable voz- ya son las 10 de la mañana y todavía estas en la cama ¿Te sientes mal Twilight?

Ella quedo mirándolo un rato, miro a su alrededor viendo que todo estaba en orden. Sus libros, su cama y la iluminación del cuarto a través de la ventana daban un aire de calma y divina tranquilidad a la unicornio.

-Un sueño-comenzó a susurrar- fue solo un sueño, nada fue real.

-¿Qué?- pregunto Spike- ¿Qué dices Twilight? ¿Un sueño?

Twilight volvió a mirarlo.

-No me lo vas a creer Spike, pero tuve un sueño raro, ¡no! Muy, MUY raro.

-¡ho!… tuviste un sueño. Bueno ya me lo contaras más tarde. Pero vengo a avisarte que las chicas te están esperando para almorzar en el Sugar Cube Corner. Además un "amigo" quiere verte.

-¿Quién es?

-No lo sé, le dije que esperara. ¿Lo vas a atender?

Twilight salió de la cama y se dirigió a la puerta del castillo.

-Claro, veremos quién es luego de que me arregle.

-Está bien Twilight, te esperare abajo.

Twilight miro al pequeño dragón mientras cerraba la puerta de su cuarto. Con su magia deslizo las sabanas y bajo de la cama. se sentía extraña por un momento mirando hacia el piso de cristal que brillaba bajo sus cascos. Se acerco hasta el espejo y miro su reflejo con una melena despeinada. Con su magia, lentamente tomo su cepillo y comenzó a peinarse la melena. Por unos minutos miro fijo aquel reflejo: Su rostro equino, su melena, sus ojos, su cuerpo, sus alas y finalmente la habitación que estaba detrás. Retazos de recuerdos salían en lo más profundo de su memoria y la analizaban en su forma normal, como un sueño, como una pesadilla o como una maldición.

Se acerco hacia su cama y con su magia arreglo las sabanas y las almohadas. Luego miro hacia la ventana con una curiosidad casi infantil y un miedo religioso. Camino y miro hacia afuera de los cristales. Allí estaban los habitantes de Ponyville viviendo sus vidas, tal como antes del sueño. Estaba Applebloom jugando con SweetieBelle a las escondidas, el señor Cake estaba comprando manzanas a Big Mac y los pegasos estaban despejando el cielo de nubes. Un sentimiento de nostalgia invadió la conciencia de Twilight y una pequeña lagrima rodo por sus mejillas. Estaba en casa. Respirando profundamente salió de su habitación viendo como Spike esperaba alado de la puerta.

-Vamos Spike-dijo en tono determinado.

Caminaron por los conocidos y distintos cuartos y pasillos del castillo. Twilight observaba cada habitación, como si los viera por primera vez. Cada cosa, cada detalle perfecto e imperfecto de las habitaciones era mágico ante sus ojos.

-¿Estas bien Twilight?, te noto un poco rara.

Twilight miro a Spike con alegría.

-Si estoy bien. Es que tuve un sueño muy raro que, bueno, no lo creerías.

-Leí hace poco, que los sueños son la expresión de nuestro estado de ánimo y simboliza las circunstancias actuales.

Ella emitió una gran carcajada y miro a Spike.

-No recuerdo a verme sentido así Spike.

Con su magia levanto a Spike del suelo y la coloco arriba de su lomo.

-¡Es más! No recuerdo haber visto nada como lo que vi en ese sueño, nunca en mi vida.

Llegaron hasta la puerta. Twilight, uso su magia para abrir la puerta, dejando ves una intensa luz que entraba por la puerta que la obligo a cerrar los ojos y poner una pata frente a ella.

Lentamente la luz frente a ella se desvaneció dejando ver la imagen. Un camino que llegaba hasta una mesa de madera redonda, y continuaba con un paisaje nevado al anochecer, semejante al que había visto en sus sueños, con arboles desnudos movidos por el frio del invierno, las tablas de madera desquebrajadas y viejas y los faros que iluminaban débilmente la escena. Más allá, se veía como se alzaba las cenizas que elevaban el lamento de la guerra hacia un cielo inclemente y negro.

Twilight miro a su alrededor y vio que, ese paisaje estaba dividido perfectamente por una línea de nieve derretido. Volvió a ver su mundo, donde el sol del amanecer saludaba a los habitantes que estaban lejos del castillo, donde las flores elevaban el perfume de la alegría y la felicidad, donde los animales silvestres corrían jugando entre ellos y las aves brindaban la bendición del canto a todo el pueblo.

-Esto no puede ser cierto.

Miro a su alrededor viendo que Spike había desaparecido. Fijo su atención de nuevo a la imagen que estaba más allá de su realidad, viendo que una mesa estaba en medio de las dos realidades al final de un camino que se extendía desde la entrada de su castillo.

-Sea como sea, averiguare de que se trata.

Con paso firme y decidido camino hasta aquel lugar. A medida que avanzaba por el camino miraba a su propia realidad, con nostalgia y con duda vio a los ponis a la lejanía, a la naturaleza que la rodeaba y a su propio castillo de cristal que había dejado detrás. Se detuvo un momento, dando la espalda a el sueño y viendo su mundo. Sintió la brisa que acariciaba su rostro y hondeaba su melena de una manera cálida y gentil, respiro el perfume de las flores que flotaba en la brisa del amanecer, escucho el pequeño canto de las aves y el murmullo de la distancia que tantas veces había escuchado y finalmente sintió la tierra firme del camino y los latidos de su corazón que palpitaba en su pecho. Ella estaba viva en ese lugar, ella era esa tierra de magia, de belleza y felicidad imperfecta que debía proteger.

Volvió a su labor, emprendió nuevamente el viaje al límite de su realidad y el de sus pesadillas. A los pocos metros vio la figura de una criatura que solo había visto en su último sueño. Un hombre, con traje negro y sombrero, de una barba blanca y el rostro entrado en años que la miraba con los ojos vidriosos de un viejo amigo que vuelve a encontrarse con ella después de muchos años. Detrás, en lobo espectral de ojos rojos que la miraba con indiferencia y que le sonreía como un enemigo. El hombre comenzó a avanzar hacia la mesa, junto al lobo que se desvanecía como las cenizas en el viento y solo quedaba su cabeza que flotaba detrás del hombre. Llego a la mesa y tomo asiento en una de las sillas que estaba del lado de su realidad, es decir lo que Twilight consideraba parte de sus sueños.

Ella continúa caminando y se detuvo antes de sentarse. La mitad de la mesa estaba dividida por una línea que dividía a ambos mundos, el día y la noche, el sueño y la realidad. Sobre la mesa del lado del mundo de los sueños, una pequeña esfera de cristal que representaba el universo de Twilight, donde estaba su castillo, y el pequeño pueblo de Ponyville. Y una inscripción tallada en la mesa del lado de ella que profesaba:

"Por mi se llega a la ciudad doliente,

Por mi se llega al tormento severo,

Por mi se llega a la perdida gente

La justicia movió a mi alto ingeniero,

Me hizo la potestad que todo alcanza

El sumo saber y el amor primero

Antes de mi no hubo ninguna creanza,

Solo la eternal, y eterno es mi estado

¡Los que ingresan, dejen toda esperanza!"

Twilight finalmente se sentó y vio al hombre de traje, y al lobo que se recostó en el suelo.

El hombre, tomo la esfera de cristal y vio en su interior. Podía ver los pequeños ponis trabajar el campo, la granja de la familia Apple y sus árboles de manzanas, a los pegasos de Cloutsdale volar, a los animales que dormían todos juntos en la cabaña de Fluttershy y al resplandeciente castillo de cristal brillar con la desnuda alba.

-Veo que tu mundo de sueños es un lujo.

-¿Eres real o solo eres un mal sueño?

El hombre lo miro dejando el globo de cristal a un lado.

-Es curioso que lo preguntes, pero nunca te he dicho lo que en verdad soy Twilight. Digamos que soy un ser onírico, un sueño en la realidad.

-No lo entiendo.

-Yo tampoco Twilight, pero ¿Quién puede explicar quién es uno realmente? ¿Acaso simplemente no aceptamos lo que somos sin cuestionarnos quienes somos?

-Esto es muy irreal, se que te he visto en mis sueños.

-Estamos en uno ahora, por eso todo es tan irreal y es por eso que puedes verme en mi forma normal.

-Pero esto no es un sueño-reflexiono sobre eso ultimo-esto es real. Puedo sentir el viento en mi rostro, puedo oler el perfume de las flores, puedo sentir el suelo debajo mío, puedo escuchar el canto de las aves y ver mi castillo de cristal.

-Puedes soñar un lugar donde todos tus deseos se hacen realidad. Eso se llama "el sueño de los poetas". Quiméricos sueños de castillos en el aire, de consuelo y de sostén frente a un mundo que les es hostil a un alma cansada y virtuosa, de una imaginación pura y bella. Nunca me dijiste que eras poeta. Me pregunto ¿Cuántas veces has querido que este sueño sea realidad?

Twilight quedo muda en el lugar. Sobre su cabeza se replanteo el hecho de que ella verdaderamente viviera en Equestria, que verdaderamente hubiera conocido a sus amigas y allá vivido en este mundo que estaba bajo sus pies. Finalmente contesto.

-Creo que estás loco.

-Ha ja, ja, ja, ja,-rio alegremente y saco un pequeño libro de su traje y miro a Twilight-Existe una historia que narra cuando una niña llamada Alicia fue a un extraño país, un país de las maravillas. Es curioso, pero la niña viaja a ese mundo guiada por una simple curiosidad, una nimiedad: Un conejo blanco que habla diciendo que llegara tarde. Finalmente se pierde en medio de un bosque. En un momento, dentro de ese mundo fantástico y encontrándose totalmente perdido, se encuentra con un gato que le dice.

Le tiende el libro, atravesando el límite entre la realidad y el sueño. Su mano, que en el mundo de los sueños era una mano humana, en el mundo de Twilight es un casco. El libro de tapa dura que deposita el casco del ser onírico, muestra del lado de la página derecha el dibujo de una niña que mira a un gato en una rama y del lado izquierdo el siguiente fragmento:

"Minino de Chesiere" empezó Alicia tímidamente, pues no estaba del todo seguro si le gustaría este tratamiento: pero el gato no hizo más que ensanchar su sonrisa, por lo que Alicia decidió que si le gustaba.

"Minino de Chesiere ¿Podrías decirme, por favor, que camino debo tomar para salir de aquí?"

"Eso depende en gran parte del sitio al que quieres ir" Dijo el gat

"No me importa el sitio" Dijo Alicia.

"Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes" Dijo el gato.

"Siempre que llegue a alguna parte" Añadió Alicia como explicación.

"¡Ho, siempre llegaras a alguna parte" aseguro el gato "si estas en un camino" el gato indico con una pata uno de los caminos "en esa dirección está el sombrerero loco" Luego indico la otra dirección "en esa otra dirección vive la liebre de marzo" Luego miro nuevamente a Alicia "Visita al que quieras, los dos están locos"

"Pero es que a mi no me gusta tratar con gente loca" Protesto Alicia.

"Ho, eso no lo puedes evitar todos estamos locos aquí: Yo estoy loco, tú estás loca"

"Pero yo no estoy loca" Protesto la niña "¿Cómo sabes tú que estoy loca?"

"¿Qué como lo sé? Porque si no lo estuvieras, no estarías aquí"

-Todos estamos locos Twilight. Yo estoy loco. Tú estás loca.

Twilight miro al hombre.

-Es solo un cuento para niños; no creo que este loca.

Devolvió el libro abierto a su interlocutor, extendiéndolo a través del límite entre la realidad y el sueño, viendo como su casco se transformaba en una mano humana. El hombre tomo el libro y lo guardo en uno de los bolsillos internos de su traje.

-¿Por qué te resistes tanto a la locura?

-Porque, yo quiero que este mundo-indico a su espalda con una voz que dejaba escapar los sollozos-sea real, no quiero imaginar que siempre he soñado-unas lagrimas cruzan sus mejillas- con el mundo donde yo nací, donde yo tengo a mis amigas, donde yo soy feliz sea solo un sueño. No quiero vivir en ese mundo fantástico donde estaba buscando a un ser que me prometió volver, un mundo lleno de sufrimiento donde vivi en esa pesadilla.

Un silencio se prolongo, mientras Twilight trataba de calmar sus sollosos.

-Me temo que nuestro tiempo junto se termina Twilight-tomo el pequeño globo de cristal y lo miro melancólicamente- Yo volveré a ser una máscara en busca de otro huésped y volveré al cuarto de Isis y del azar. Tú volverás a perseguir a tu conejo blanco en medio del caos de este universo. Me alegro que me hayas mostrado tu pequeño mundo, pero me temo, mi querida Alicia, que es momento de despertar.

-¿Cómo sabes que volverás a la habitación de Isis?

-Porque yo soy una de las 5 llaves que llevan a su habitación.

-Lo recordare, y muchas gracias por cuidarme-sonrió Twilight.

-Un placer haberte servido.

El hombre dejo caer la pequeña esfera de cristal de sus manos, mientras Twilight miraba como esta caía y se hacía añicos en el suelo. Lo último que recordó fue el ruido del cristal rompiéndose y una luz que la cegaba por completo que provenía del mismo lugar donde el pequeño mundo se rompió.

-oiga, ya vamos a cerrar.

Se despertó, miro al que le dirigió aquellas palabras. Era el mismo sujeto que atendía en la boletería, que la iluminaba con una linterna en la mano derecha.

Ella se dio cuenta, de que se había quedado dormida hasta que a todos ellos habían salido del teatro.

Se levantó, llevando sus manos a sus sienes, con un dolor de cabeza y muy mareada, vio a su alrededor. No había ninguna alma que los acompañara, y la sala estaba iluminada a media luz.

Miro nuevamente al boletero y vio que en la otra mano llevaba la máscara del lobo estepario.

-Perdone, pero… debo… llegar… al barco que esta…-dijo Twilight arrastrando cada palabra.

-Solo siga hasta aquella escalera del escenario y llegara donde los cocheros, pero necesito que salga…señorita-Dijo el chico apuntando hacia una escalera que estaba efectivamente en el escenario.

Miro, al escenario, y luego miro al joven.

-Gracias, muy amable.

Por un minuto, Twilight recordó a Adan.

- ¿Puedesss hacerme un favor?

-Seguro ¿Quiere que la lleve hasta la escalera?

-Nooo… quiero que le desss… esta mascara a un hombreee…llamado Adán que está en las afuerassss…de las casas que conducen al cuarto de Isissss…

-Lo hare. De todas formas tenía que llevarle la máscara a Isis, me lo ordeno el escritor.

Aquel ser sonrió, mientras su cuerpo entero se desvanecía quedando solamente su sonrisa por unos segundos antes de desaparecer completamente.

Twilight, se dirigió hacia el escenario, con un extraño mareo, sosteniéndose por la pared de vez en cuando, cuando parecía que perdía el equilibrio. Llego hasta el escenario que estaba con el telón levantado dejando ver el escenario y miro hacia atrás, viendo que el joven ya se había ido; estaba sola en el oscuro teatro. Subió rápidamente al escenario, por una pequeña escalera que conectaba el escenario con la sala, y continúo hasta la escalera. La escalera era de madera, al igual que el escenario. Subió lentamente, por cada peldaño, hasta llegar a una puerta al final de la escalera.