Summary: El vampiro Edward Cullen sabe que su destino es reclamar a Bella Swan como suya.

Bella es una Darklighter, mitad demonio, mitad ángel, y ha jurado destruir al hombre que casi la mata. Si tiene éxito, tendrá que asumir su lado demoníaco y transformarse al mal.

La única manera que Edward tiene de salvarla, es acostarse con ella y absorber sus poderes oscuros.

Pero aunque ella se siente tentada después de tener una visión erótica compartida con él, Bella se resiste a sus encantos.

Edward tendrá que utilizar todo su poder de seducción para lograr que Bella se rinda a su destino y... a su deseo. Porque si él falla, ella morirá.

Mordida por el vampiro

Advertencias

Este Libro pertenece a la Bonnie Vanak, solo lo adapto a los personajes de Twilight. Twilight pertenece a S. Meyer, por tanto el nombre de los personajes en esta adaptación también. NADA DE ESTO ME PERTENECE y cambiando el conducto regular, como podrán ver, esta vez es un libro algo un poco más largo a lo que he realizado alguna vez y hace parte de una serie de cinco libros llamada Serie Los Antiguos, no sé si los adaptaré todos… Haré lo que pueda.

(Si alguien más lleva o llevo la adaptación de este libro, le pido encarecidamente que no arme una trifulca y mejor me envíe un correo)

[Si no les gusta, no es mi problema no armen líos, me estreso fácil]

{Contenido adulto, ¡es M de por dios!, si no son lo suficiente maduras como para llevar algo así, no lean, no es de mi interés su madurez mental y no estoy para soportar dramas}

La cuenta de GN, las reglas de GN…

-Sean bienvenidas, espero hayan leído lo anterior-

¡Enjoy it!

- Empieza la historia -

Capítulo 13

Después de verificar que Bree estaba durmiendo en una de las habitaciones de invitados, Edward volvió al salón. Ya en la puerta, se detuvo a observar a Bella que estaba dormida en el sofá.
Bella era todo lo que él deseaba. Con su fuerza interior, atrevida y siempre dispuesta a disfrutar de la vida con intensidad. Ahora el corazón de Bella no estaba cerrado y frío, sino que golpeaba con fuerza en su pecho. Vio a Witherdale como una amenaza y trató de eliminarlo. Su inquebrantable determinación, era tan fuerte como el movimiento constante de las olas sobre la playa.
Lo era todo para él. El pensamiento de que casi la pierde, congelaba su sangre. No podía arriesgarse de nuevo. Vincularse totalmente a él en un acoplamiento de sangre, le daría a Bella la fuerza necesaria para derrotar a cualquiera.
Esa era la expresión más completa de compromiso, que un vampiro podía ofrecer. El corazón de Edward se encogió. Eso significaba abrirle por completo, a ella, tanto su corazón como su alma.
Bella tendría tanto poder sobre él, como Edward tendría sobre ella.
Bueno, no tanto poder como él tenía, pensó, sonriendo. Él era un Antiguo, después de todo.

Sentado a su lado, vigilaba su sueño. Era tan hermosa. Con su suave y pálida piel, sus labios llenos, un poco entreabiertos ahora, y sus largas pestañas enmarcando sus grandes ojos azules. Su cuerpo era esbelto y fuerte, y cada vez que sonreía, encendía un fuego dentro de él.
Su corazón latía ahora con vida. Había vivido como un fantasma durante años, sin esencia, igual que la niebla de las montañas cercanas. Ya era hora de dejar de llorar y empezar a vivir otra vez.
Edward le agarró suavemente la mano, tranquilizado por el ritmo constante de su pulso, en su delgada muñeca.

Ella abrió los ojos y sonrió con timidez.
— Bella, tengo que preguntarte algo importante.

Una sombra pasó por sus ojos azules. Edward nunca se había abierto totalmente a nadie. Él era un poderoso Antiguo. No temía a nada. Excepto a perder a esta mujer. Edward se sentía como si estuviera en la cima de un acantilado, con rocas afiladas esperándole abajo, mientras se preparaba para saltar.
— ¿Te unirías a mí en un acoplamiento de sangre? Quiero comprometerme contigo en sangre, cuerpo y espíritu.
Su corazón latía con fuerza cuando la somnolienta sonrisa de Bella se desvaneció.
— ¿Qué es eso?
Es la forma que tiene mi especie de comprometernos totalmente con alguien. Intercambiamos sangre y compartimos entre sí, nuestros recuerdos y poderes.
— ¿Me convertiré en un vampiro? — Bella frunció ligeramente el ceño. — Me encanta el ajo...
— No, pero puede que tengas una erupción severa, cuando camines durante el día sin protector solar. En cuanto al ajo... — Edward se encogió de hombros. — Dudo que te haga nada. Por si no lo recuerdas, yo soy italiano.
Sus labios llenos se separaron mientras ella se reía. Era un hermoso sonido para Edward.
— Intentaré recordarlo la próxima vez. Pero, ¿por qué, Edward?
— Porque te quiero, Bella, y quiero que estemos juntos para siempre. Aquí. — Edward hizo un gesto abarcando el salón. — O de nuevo en Florida. Quiero que vuelvas a la universidad y hagas realidad tus sueños.
— ¿Y tus sueños, Edward?
Bella lo agitó, al darse cuenta que tenía que admitir ante ella la desoladora verdad.
— No tenía ninguno, solo ver crecer segura a Bree, hasta que tú apareciste.
Bella miró sus manos unidas.
— Tuviste que quedarte destrozado cuando mataste a Tanya.

Infiernos. Edward respiró hondo.

— La oscuridad ya la había consumido, por eso fue tan fácil para Witherdale engañarme, haciéndome creer que había matado humanos. Tanya era una amante apasionada, pero estaba vacía por dentro, y a mí me hizo sentir vacío también.
— ¿Y yo? ¿Cómo te hago sentir?
Edward llevó su mano a la boca y besó sus nudillos.

— Amado.
Por favor, pensó Edward. Por favor, no me rechaces.
Cuando Bella levantó la vista, su rostro estaba radiante. Ella lo besó, su boca estaba llena de promesas y confianza. Edward se quedó fascinado por la dulzura de Bella, mientras se movía contra él. La alegría rompió completamente el hielo que envolvía su corazón.
— ¡Sí! — Murmuró Bella contra sus labios. — Si eso significa que pasaremos toda nuestra vida juntos, entonces sí.
Edward no necesitaba una cama suave, velas, o romance, pero Bella se merecía todas esas cosas. Cuando finalmente agarró su mano y la llevó a su habitación, ella soltó un pequeño suspiro de placer.
— Es igual que la visión que compartimos. — Exclamó Bella.

Sábanas de satén rojo resplandecían en la cama. Docenas de velas blancas brillaban, haciendo bailar las sombras de las paredes. Dos copas de cristal llenas de un oscuro y delicado vino, esperaban encima de una pequeña mesa. Edward besó profundamente la palma de la mano de Bella.
— Lo creé para nosotros. Para ti. Porque... — Edward se esforzaba para encontrar las palabras adecuadas. Al final dijo en un susurro ronco. — Porque esperaba que quisieses entrar en mi vida, y que fuese exactamente como lo soñé contigo.
Bella sujetó su rostro con las manos, su toque era tan suave como el terciopelo.
— Estoy aquí y esto no es un sueño, es real. — Entonces lo miró con sospecha.

— Edward, ¿fuiste tú el que plantó esa visión en mi cabeza?
Enseñando sus colmillos, Edward mostraba una sonrisa maliciosa.
— Puede ser. O puede que no. El futuro siempre está cambiando, y nunca se
sabe dónde nos llevará.
Bella pareció considerarlo. — Está bien. Pero deberíamos dejar de lado las velas. Esta noche ya hemos tenido suficiente fuego.
Edward dio una palmada y las velas se apagaron.

Bella hizo un gesto con la cabeza. — Vas a tener que enseñarme cómo lo haces. — Cuando quieras.
La luz de la luna se reflejaba a través de las altas ventanas, iluminando la alfombra oriental. Después de brindar y tomar un sorbo de vino, Edward la desnudó lentamente, adorando su hermoso cuerpo con la mirada.
Aunque viviese más de siete mil años, Edward nunca se cansaría de esta increíble mujer. Siempre desearía que estuviera en su vida, en su cama y en su corazón.
Edward levantó sus manos hasta la curva de sus hombros, disfrutando de la sensación de su caliente piel. Acariciándola, saboreó la delicadeza de sus huesos cubriendo su suave cuerpo, mientras Bella suspiraba entrecortadamente. Su frágil apariencia era engañosa, ya que Bella poseía un espíritu fuerte y una determinación feroz en su interior.
Tomándose su tiempo, la exploró con las manos, mientras ella jadeaba bajo su toque. Edward ahuecó sus pechos levantándolos con las manos, tirando de sus pezones y disfrutando de sus gemidos de placer, mientras observaba como se convertían en pequeños picos duros.

El almizclado olor de su excitación, apretaba su saco hasta el punto del dolor. Sentía su sedosa piel en sus dedos callosos. Su pene dolía, cuando pensaba en la húmeda seda de Bella, abrazándolo cuando él la llenara.
Pero todavía no.
Cuando él apartó su cabello rubio poniéndoselo en el hombro, Bella se estremeció bajo su tacto. Inclinó la cabeza hacia atrás, suspirando de placer cuando él acarició su cuerpo, deslizando la mano sobre su vientre plano, hasta llegar a los rizos que cubrían su feminidad. Ahuecó con una mano su sexo, mientras acariciaba su clítoris y metía un dedo en su húmeda abertura. Estaba mojada, pero no lo suficiente.
La quería mucho más húmeda.

Entonces, él agarró sus nalgas, apretándolas suavemente, y girándola hizo que apoyara las manos en la cama, dejando expuesta su rosada y húmeda hendidura para él.
— Tranquila. — Dijo Edward calmándola.
Doblando sus piernas, Edward tomó su sexo con la mano, y sujetó con una mano sus caderas, para guiar la cabeza de su pene hacia su abertura. Empujando suavemente, él hundió la punta de su miembro en su húmeda vagina. La erótica visión de su unión, estaba poniendo a prueba todo el control que Edward poseía. Deseaba empujar con fuerza, hacerle el amor con pasión y perderse en un satisfecho olvido.
Respirando profundamente, se introdujo un poco más en su apretado canal. Bella agarró las sábanas, gimiendo con frustración.
— Edward, por favor, ¡hazlo ya!
— Paciencia, dulzura. — Susurró él. — ¿No te he enseñado nada sobre el auto control?
Edward se hundió todavía más en ella. Su mano se deslizó por la suavidad de su espalda, hasta llegar a su trasero en forma de corazón. Le dio un ligero golpe y ella gritó.

Entonces Edward empujó con fuerza, embistiendo en su sexo hasta que estuvieron completamente unidos. Bella se movió contra él y la humedad que sintió rodeándole, provocó que un ronco gemido saliera de la garganta de Edward. Deslizándose dentro y fuera mientras la acariciaba, creaba una tensión dentro de ella, de tal forma que la podía sentir temblar bajo sus manos. Y entonces, utilizando sus poderes, se introdujo dentro de la mente de ella y comenzó su seducción.
Docenas de manos invisibles se deslizaban sobre su cuerpo. Había manos que tiraban de sus pezones, pellizcándolos hasta que se convirtieron en dos picos erguidos. Bella sentía una boca sobre su clítoris, moviendo una lengua en círculos, más y más rápido.
El sudor brillaba en su piel, como pequeños diamantes reflejando la luz de la luna.
Edward cerró los ojos, sin dejar de deslizarse dentro y fuera de Bella con movimientos leves y excitantes. Profunda y lentamente. Disfrutando de la sensación de estar rodeado por ella, y de sus pequeños gritos excitados de placer.

Quería que ella disfrutara intensamente. Hacer que durara.
Bella gritó y apretó su pene como un apretado guante, cuando llegó a su clímax. Su cuerpo tembló y mientras las convulsiones se sucedían, sus pulmones buscaban ansiosamente el aire.
Edward se retiró de su interior. Todavía estaba duro, su virilidad brillante con la humedad de su sexo. Se acercó a Bella y ella sorprendida, cayó hacia atrás en la cama, todavía temblando de placer. Sus ojos se ampliaron al observar a Edward.
— Edward, tú no...
— Aun no he terminado contigo. — Susurró con sus colmillos descendiendo, como si anticipase el momento de tomar su sangre. — Todavía no.
Deseaba besarla de la cabeza a los pies, llenarla de nuevo y ver la danza de alegría en sus ojos azules, cuando tensaba el rostro y la boca al llegar al orgasmo entre sus brazos. Sabiendo que sólo él podía ofrecerle ese increíble placer.
Sabiendo que ella era suya.
Con sus ojos oscuros como la noche, Edward la miraba con intensidad.
Apoyando los brazos a cada lado de ella, separó sus muslos con la mano y levantando una de sus piernas, arrastró su lengua por su tobillo.

Pasar su vida con ese hombre, este vampiro, prometía placeres increíbles. Bella se estremeció al pensar en ese futuro.
Edward se detuvo y la miró con una tierna expresión.
— ¿Qué pasa, cariño?
— Estaba pensando, que no me importa si no vuelvo a caminar bajo el sol de nuevo, porque si te tengo a ti, siempre habrá luz en mi vida. — Bella se mordió el labio para evitar que le temblase. La alegría se mostraba claramente en su rostro.

Edward se inclinó y le dio un suave beso en la boca. — Para mí, tú eres mi rayo de sol.

Cerrando los ojos, empujó de nuevo su miembro dentro de su suavidad, con una expresión de placer, saboreando cada sensación única. Su pecho rozaba sus sensibles pezones, mientras embestía dentro y fuera. Bella envolvió sus caderas con sus piernas, y los brazos alrededor de su cuello cuando sus golpes se intensificaron. Edward gimió, empujando más y más rápido, al mismo tiempo que Bella levantaba las caderas para darle la bienvenida. El cabecero de la cama golpeaba contra la pared. Ese sonido hacía eco y se mezclaba con los gemidos de los dos. Otro clímax empezaba a tensar el cuerpo de Bella. Ella clavó los talones en el colchón, arqueándose y sollozando mientras el placer la elevaba cada vez más alto.

— Sí, dulzura, ¡ven conmigo! — Exigió Edward.
Los espasmos explotaron dentro de ella cuando él se puso rígido y gritó, mientras su enorme cuerpo temblaba de placer. Su corazón aún latía con fuerza cuando vio a Edward observándola, feroz, con los ojos entrecerrados y vigilantes.
— ¡Ahora! — Dijo con voz ronca.
Su boca acarició su garganta, rozándola con su aliento. Lamiéndola lentamente, como si la estuviera preparando, soltó un salvaje gruñido y sus colmillos descendieron en su boca. Después Bella sintió una fuerte punzada de dolor, pero enseguida, las sensaciones eróticas se extendieron por todo su cuerpo. Bella gritó, aferrándose a él. Cada tirón de su boca lo sentía como una lengua entre sus muslos, elevándola cada vez más, hasta que otro intenso orgasmo la atravesó.
Edward retiró sus colmillos de la garganta de Bella y lamió las pequeñas heridas, levantando la cabeza con los ojos brillantes.

Bella podía oír el corazón de Edward latiendo con fuerza, ¿o era el de ella?
Con los colmillos todavía visibles, Edward mordió su muñeca, acercándola a la boca de Bella.

El sabor de Edward era picante, caliente y adictivo, deslizándose por su garganta. Bella gimió cuando su poder, sus recuerdos y su alma, la llenaron. Entonces Edward se apartó, sellando la herida con un golpe rápido de su lengua.
Ahora, su unión era más poderosa. El vínculo estaba forjado.

La pasión iluminaba el rostro de Edward., suavizando sus facciones.
Los dos habían cambiado. Ya no eran los mismos. Ahora estaban unidos en cuerpo y alma.
Bella acarició fascinada, la cara de Edward. Sentía su sangre corriendo por sus venas, bombeando en su corazón.
Él se movió en su interior. Sorprendida, notó que otra vez estaba duro. Edward le lanzó una pícara sonrisa.
— Esa es una de las ventajas de ser un Antiguo. Tengo mucha resistencia. Te prometo que esta va a ser una noche muy larga y muy, muy... agradable.
Sus sexos estaban tan firmemente unidos, que Bella no podía decir dónde terminaba ella y comenzaba él.

Edward se movió dentro de ella otra vez, lentamente primero y luego más rápido, con largas y profundas embestidas que hacían que Bella se aferrara a él gritando. Era algo primitivo y salvaje, una tormenta que apenas podía aguantar. Edward la abrazó fuertemente, ayudándola a soportar todo ese erótico placer. Le susurró palabras de amor y la sedujo murmurándole lo que sentía por ella. Las lágrimas corrían por el rostro de Bella mientras lo abrazaba, rodeándole las caderas con las piernas para intentar atraerlo más cerca. Sus pensamientos se entrelazaron, como hilos entretejidos, hablándose mentalmente.
Cuando estás dentro de mí, siento como si pudiera flotar.
Abre los ojos, Bella.
Bella los abrió, jadeando y clavándole las uñas en sus musculosos hombros, cuando se dio cuenta que la cama estaba muy por debajo de ellos. ¡Estaban flotando en el aire!
— ¡Edward, bájanos ahora mismo!
Él se echó a reír alegremente. — No soy yo el que está haciendo esto, dulzura. Eres tú.
— ¡Oh!

Empezaron a caer rápidamente y de repente desaceleraron cuando Edward tomó el control, posándose suavemente sobre la cama. Él le dedicó una cálida sonrisa, retirando hacia atrás su cabello humedecido.
— Veo que tendré que darte más lecciones, esta vez sobre el control de tus nuevos poderes.
— Tal vez no fueran los poderes de vampiro que me has podido pasar. Puede que sean mis alas de ángel.
— O al revés. Puede que hayas sacado al demonio de dentro de mí. — Bromeó Edward.
Bella sonrió, acariciando su rostro. — Es gracioso. Todo lo que siempre he deseado, era ser normal. Y ahora soy todo lo contrario.
Edward le dio un beso en la esquina de su boca. — Nunca has sido normal para mí.
Bella le acarició, disfrutando de la sensación de sus poderosos y fuertes músculos. Edward la fascinaba, pero sobre todo, lo que más le seducía de él, era la manera en que la hacía sentirse querida, amada...
Especial.

Hicieron el amor durante toda la noche, acariciándose y aprendiendo lo que le gustaba al otro, hasta que cayeron agotados en la cama. Bella se acurrucó en sus brazos, con una pierna enredada en la de Edward, y miró como entraba por la ventana la luz de la luna.
Edward había liberado al demonio de su alma y la había atrapado en una pasión ardiente. El tormento de su pasado se había disipado, como si se lo hubiera llevado una tormenta de viento. Sólo el futuro brillaba delante de ellos, asegurado por sus promesas de amor compartidas. Bella al final, se dio cuenta que el lugar donde siempre estaría a salvo, era en los brazos de Edward.
Y allí es donde ella permanecería para siempre.

FIN