El tiempo pasaba y yo seguía en la mansión Riddle siendo educado para cumplir con mis obligaciones como heredero de Slytherin, como el hijo de Tom Riddle... Como el hijo de Voldemort.

Lo cierto es que cada vez comprendía más cosas de la guerra y, no sé si es por las conversaciones que oigo día a día, pero poco a poco me voy uniendo a la causa. Está claro que mi padre está considerado el malo de la película, pero es que se puede ver a kilometros que es un psicópata. Aún así no todo es negro o blanco, hay diferentes tonalidades de grises entre medio. Ni Voldemort es tan malo, ni Dumbledore es tan bueno. Por lo que voy aprendiendo, mi padre es alguien más transparente, mientras que el director esconde sus cartas para sacarlas cuando más le interesa... Viejo manipulador.

Por otro lado en una guerra, si lo piensas, no hay ni buenos ni malos. Todo depende en el bando que estés y de tus ideales.

He de decir que sigue sin parecerme bien esto de matar inocentes, pero desgraciadamente, es inevitable en un conflicto de tales dimensiones.

Por si tenia pocas cosas en las que pensar, además se ha despertado un odio dentro de mí que hasta la fecha desconocía. Un odio que se ha mantenido bajo llave en lo más profundo de mi ser. Un odio que desarrollé poco a poco en mi niñez, ¿A qué? Os preguntareis. Pues a la humanidad. Una humanidad que me dio la espalda cuando más la necesitaba. Que me ha tratado como si fuera un objeto. Personas que a pesar de ser un niño, han hecho lo que han querido conmigo, siempre de forma beneficiosa para ellos.

Pero ese odio que ha resurgido en mi interior ya no es el mismo, no. Éste ha cobrado un nuevo sentido desde que descubrí el mundo mágico, odio que va dirigido a nada más y nada menos que a los muggles. Al fin y al cabo ellos fueron los que me hicieron sufrir, y decir humanidad metería a magos que por el momento no me han hecho nada importante. Aún.

Mi niñez fue bastante problemática y solitaria, no os voy a engañar. Llegó un momento en el que me cansé de todo y cree este personaje despreocupado y divertido, Ryan Dannields, el favorito de todos. Un tio al que le sobra confianza en si mismo, alguien bueno y amable en el confiar y contar preocupaciones.

Tantos años escondido bajo esa fachada han hecho que me convierta en esa persona... O al menos que me lo creyera. Pero ahora, desde que estoy aquí, todo ha cambiado. Ya no siento la necesidad de sentirme integrado y a causa de eso, noto como vuelve mi yo sarcástico y sombrío. A ver, no me malinterpretéis, no estoy triste ni nada por el estilo, pero ya no tengo que ir por ahí sonriendo todo el tiempo como hacía antes, intentando aparentar un felicidad que aún desconocía.

Cuando pienso en estas cosas me emparanoio; ¿Y si me están lavando la cabeza sin que me de cuenta? ¿Y si se está cumpliendo esa profecia chunga que me nombra? Esas preguntas me rondan de tiempo en tiempo, aunque en el fondo sepa que yo siempre he sido así, a pesar de intentar esconderlo. Todas las veces que he dicho: '' Lucho para proteger a la gente, quiero a ayudar a hacer de este mundo algo mejor.'' Ahora lo pienso y me dan arcadas, literal.

¿Sabéis qué? Sinceramente, ya me da igual. Por la cuenta que me trae como si se acaba el mundo, aquí estaré yo disfrutando del sufrimiento de todos los gilipollas que hicieron de mi niñez un infierno.

Toc toc

- ¿Sí? - pregunté con tono aburrido.

La puerta se abrió lentamente, dejándose ver a Voldemort en todo su esplendor. Sin decir palabra entró, la túnica ondeando a sus espaldas con una gracia que aún no poseo. De momento.

- ¿Cómo llevas los estudios, hijo? - sus ojos rojos brillaban intensamente y me miraban de tal forma... Como si pudieran ver mi alma. Como si supiera en lo que pienso cada segundo.

- No me van mal, aunque me cuesta entender la teoría de los hechizos ácidos. - dije pasando páginas desinteresadamente.

-¿Ácidos? - preguntó levantando levemente una ceja.

- Oh sí, perdona, así llamo a los que derriten cosas. - cerré el libro y me giré para mirarle.- He de decir que mientras una parte de mí piensa en lo desagradable que debe ser verlos en acción, la otra está ansiosa por probarlos en alguien y ver de lo que son capaces. - Tom sonrió... ¿Orgulloso?

- Me recuerdas a mi en mi juventud. - ''Hace como 80 años.'' pensé. - A pesar del riesgo, no podía esperar al día siguiente. Siempre he sido una persona algo impaciente, pero siendo el mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos, ¿A quién le importa?

- La personificación de la humildad. - murmuré mientras dejaba los ojos en blanco.- ¿Y cuál es el motivo por el que me has honrado con tu presencia, oooh poderoso Lord Voldemort?

- ¿Desde cuándo te has vuelto tan sarcástico? A veces hecho de menos tu yo anterior. - resopló.- Pues ya han pasado 4 meses desde que estás aquí, algo que me sigue sorprendiendo gratamente, por alguna razón que desconozco. - sonrió.- Por eso y otras razones que me guardaré para mí, he decidido darte tu regalo de cumpleaños adelantado.

- Y tan adelantado, faltan aún 5 meses.

- Cállate y sigueme. -le miré desafiante durante unos segundos y le hice una reverencia burlona indicando la puerta. - Estúpido. - se giró y salió de la habitación, su túnica acompañando el movimiento. ''Vale, ahora en serio, tengo que aprender a hacer eso.''

Salí y cerré la puerta. Voldemort atravesaba los pasillos con la cabeza bien alta, imponiendo respeto entre sus subordinados. Yo en cambio los miraba con mis grandes ojos azules, que los helaban en el mismo sitio. Alyssa decía que mi mirada intimidaba al mismo demonio, aunque por desgracia a ella no, que a pesar de darle mi peor mirada continuaba molestándome igual. O incluso más.

Mi padre paró en seco y me hizo señas para bajar por unas escaleras algo sospechosas. No me daban mucha confianza, las cosas como son, pero no iba a ser yo el tonto que le negara algo a este psicópata. ''En lo que te estás convirtiendo tú.'' dijo una voz dentro de mí, la cual decidí ignorar.

Los escalones eran muy antiguos, se podía apreciar el desgaste en la piedra además de las telarañas y polvo que las decoraban. ''Encantador.'' pensé.

Por fin, después de mil años, - para nada exagerado- llegamos abajo. Era una sala enorme rodeada de estanterías y una gran mesa redonda en el centro. Estaba decorada con muchas serpientes y papeles de color verde. En el suelo se podía apreciar un rastro de sangre seca que conducía hasta la mesa.

Mi padre me miró y lo único que se me ocurrió decir fue:

- Hmm, acogedor.

- Guárdate las tonterías para tí. - caminó hasta la mesa y pasó su dedo por la superfície , dejando un rastro entre el polvo.- Este era el despacho privado de Salazar Slytherin. - ante esta revelación, la sala se volvió mucho más interesante. Abrí la boca ligeramente y la volví a cerrar sin saber bien que decir.- Hoy hijo, te convertirás oficialmente en el heredero legítimo de Slytherin, más concretamente en Lord Slytherin.

Me giré y le miré sorprendido, notaba mi boca ligeramente abierta, pero tal era mi sorpresa, que no era capaz de cerrarla. No fui capaz de volver a la realidad sin la ayuda de ver a mi padre molestarse poco a poco. ''No quiero ver a un asesino de masas enfadado, oooh no gracias.''

- ¿Lo dices en serio? - dije con los ojos brillantes a causa de la emoción.

- ¿Acaso soy de los que bromean? - su tono era seco, como si quisiera quitarse esto de encima lo antes posible.

- ¿Qué tengo que hacer?¿Algún tipo de conjuro? - abrí los ojos alarmado- ¿No tendré que sacrificar una cabra en nombre de Merlin o algo así, verdad?

Me pareció ver una mueca en la cara de mi padre, se podía ver algo de humor en ella, algo que no me gustó nada de nada. ¿Que porqué? Pues porque esa es su expresión de torturar gente. A estas alturas la reconocía al instante.

- Haces bien en alarmarte. - dijo sonriendo. ''Espeluznante'' pensé.- Vas a querer que acabe lo antes posible, incluso desearás haber tenido que sacrificar una cabra. - se acercó y sacó una daga de su túnica.- ¿Ves esto? - asentí. - Es la daga de nuestro querido antepasado, ella decidirá si eres digno de ser el nuevo Lord.

Tenía miedo de preguntar que hacer, aunque no hacía falta, una parte de mí ya se imaginaba algo.

- ¿Qué tengo que hacer exactamente?- pregunté precavido. Su risa resonó por toda la habitación.

- Oh, Ryan, lo único que tienes que hacer es tumbarte encima de aquella mesa, yo me encargaré del resto.

Decidí quedarme callado, tragué saliva y me subí a la para nada sospechosa mesa redonda. ''¿Porque me he vuelto tan sarcástico?''

- Esto no te va a gustar. - su rostro estaba muy serio.- La daga va a ir clavada en tu pecho, a partir de ahí habrá una lucha de poder. Si todo va bien, despertarás en un par de días.

- ¿Y si no? - ''Voy a morir en un sótano con olor a mierda.''

- ¿Para qué pensar en eso? - sin esperar respuesta, atravesó mi pecho con la daga llevándome a la inconsciencia. ''O a la muerte.''

· RD·

Mi cuerpo se sentía pesado y mis ojos, a pesar del dolor, empezaron a abrirse. Miré alrededor pero no se veía nada. Solo oscuridad.

- Te veo agitado muchacho. -giré la cabeza tan deprisa, que por un segundo creí haberme partido el cuello.

- ¿Quién eres? - el hombre en cuestión, se mantuvo callado. Acto seguido echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada algo ronca.

- ¿Tan pronto te olvidas de los rostros? - inclinó la cabeza hacia un lado.- ¿Incluso de uno tan bonito como el mío? - me ofreció media sonrisa.- Muchacho, te encuentras en el plano astral, entre la vida y la muerte. Estás hablando con el gran Salazar Slytherin.

- ¿Salazar? -asintió.- Te recordaba más viejo y borde. Créeme, tuve una conversación con tu cuadro.

- En el plano astral puedes mostrarte a los demás como uno más desee. Y respecto a lo de ser borde, no me culpes. Mi personalidad no es la más adecuada para estar en un cuadro siglos y siglos viendo mocosos pasar. - me miró fijamente.- Aunque no soy tan simpático con todo el mundo, tengo una reputación que mantener al fin y al cabo. - ''Ya sé de quien ha heredado mi padre esa expresión siniestra.''

- Pues me alegro de caerte bien, oh gran fundador, tu humilde descendiente te sonríe.- dije burlonamente.

- Parece que has heredado el humor de la familia, me alegro. - se acercó y me quitó la daga del pecho. ''Ni me acordaba de ella.''

- ¿No te parece preciosa? - le observé atento, algo en él había cambiado. Su expresión se había vuelto algo sombría y sus rasgos aristocráticos, típicos de sangre-pura, parecían más acentuados.- No te voy a engañar, lo que tu padre empezó no me acaba de gustar. Aprecio la determinación y el odio hacia esos malditos muggles y sangres sucias, pero se podría haber llevado de forma distinta, de una forma más... Slytherin. Sé que piensas igual muchacho. Lo puedo ver en tus ojos. - su tono de voz era hipnótico y esos ojos verdes me hacían imposible mirar hacia otro lado.- Pero ya es demasiado tarde, no hay vuelta atrás. Tú tendrás que acabar lo que empezó tu padre.- abrí la boca para protestar, pero no salió ni un sonido de ella.- Es tu deber como Lord Slytherin.- sus ojos verdes me seguían observando fijamente, verdes como el hechizo de la muerte. Avada Kedabra. - Hazme sentir orgulloso.- dicho esto se alejó. Cuando estaba a punto de desaparecer entre la oscuridad, se paró en seco.- Ah, por cierto, antes de despertar deberías esperar a alguien.- y se fue.

Cerré los ojos un momento y me pasé las manos por la cara angustiado.

- Ryan.- dijo un voz detrás de mí. Era una voz femenina, eso estaba claro, pero no podía reconocerla. Decidí darme la vuelta y miré de arriba a abajo la misteriosa mujer. Mi corazón empezó a latir muy rápido y por un momento pensé que se me saldría del pecho. Mi cabeza no acaba de saber bien bien quien era, pero algo dentro de mí me decía que la recordara.- No creo que me reconozcas, pero he decir que te has convertido en un hombre muy atractivo. -Por alguna razón, empezaron a caer lágrimas por mi mejilla. ''¿Qué me pasa?'' pensé. - Igualito a tu padre.

- Mamá.- susurré.

- Estoy tan orgullosa de ti, hijo.- sin pensarlo dos veces me lancé a sus brazos y le abracé. Las lágrimas caían libres por mi cara, sin nada que lo evitara.

- ¿Porqué tuviste que morir?- pregunté tembloroso.- Yo te necesitaba... te necesito. Me siento tan perdido ahora mismo, ya no me reconozco... No sé que es lo correcto. -noté como sonreía a pesar de no poder verla.

- Eso lo sabrás con el tiempo. Cuando llegue el momento sabrás que hacer. - le abracé aún más fuerte, si es posible.

- Mamá.- dije sin despegarme de ella. No dije nada durante unos segundos.- ¿Qué pasó la noche de mi nacimiento?- mi madre suspiró y se separó de mí para poder mirarme a los ojos.

- Es una larga historia.

- No tengo prisa.