Lysandro no dejaba de estar alerta mientras que poco a poco iban bajando como medianamente podían de aquella estantería sobre la que habían aterrizado. Él mismo admitía que no sabía cómo aquel armatoste los había podido soportar a todos, aunque era cierto que se habían distribuido a lo largo de la misma mientras iban descendiendo de los conductos de ventilación, de modo que no se había acabado precipitando bajo sus pies. En su mente no dejaba de aparecer la sospecha de que había alguien más en aquel lugar, alguien que los observaba desde la penumbra que reinaba en el interior de aquella tienda. La luz que entraba por los pequeños agujeros acristalados del techo no era suficiente en absoluto para poder ver con nitidez, de modo que de nuevo dependían del ya famoso mechero de Eider para poder irse moviendo poco a poco.
Kentin había vuelto a tomar el mando, dirigiéndolos por el interior del lugar, que parecía conocer un poco. En uno de los primeros pasillos que exploraron, junto con unos cuantos botines y elementos para hacer yoga encontraron una especie de refrigerador que contenía numerosas botellas de bebidas isotónicas de diferentes sabores. Todos se abalanzaron sobre las bebidas, tomando la primera que encontraron y bebiendo aquel líquido casi con ansia. Lysandro tenía que admitir que el sabor de la bebida que le había tocado no era del todo de su agrado, pero notaba cómo la sed que había sentido a lo largo de la jornada se iba evaporando. No estaba fría como tal, pero al haberse encontrado en el interior no estaba tan recalentada como la botella de agua que conservaba en su mochila.
—¡Esto me sabe a gloria! —exclamó Armin cuando hubo dado buena cuenta de su botella. La lanzó hacia atrás con gesto despreocupado y tomó otra más —Sólo me faltan unas patatas fritas para aderezar y listo.
—Lo tuyo no es normal —Eider lo miró con el ceño levemente fruncido, pero su expresión era más bien divertida. Aún sostenía su mechero en alto, pareciendo una especie de faro que proporcionaba un poco de luz en aquel grupo —¿Cómo puedes pensar en unas patatas fritas en el fin del mundo?
—Primero, nadie ha dicho que esto sea el fin del mundo —respondió el chico, abriendo otra botella —Nos han reducido a cenizas que te convierten en un zombie raro —no se percató de la mueca de incredulidad de algunos ante sus palabras —pero nadie ha dicho que quizás un poco más lejos podamos encontrar un sitio que siga como si nada. No sabemos los motivos del ataque, el por qué nos tocó a nosotros o si ha sido a escala mundial, regional o vete tú a saber. La prueba de eso mismo es que, si bien cuando salimos a la ciudad desde el psiquiátrico nos encontramos con un panorama que parecía sacado de Resident Evil, hemos podido comprobar que las montañas, por el contrario, estaban completamente intactas. Mira el sitio este, tenemos bebida y puede que incluso comida.
Lysandro dejó de escuchar la conversación en esos momentos. La inquietud que había sentido desde un principio no se iba, sino que se hacía más fuerte. Le daba la impresión de que esa sospecha de otra persona más que se movía entre las estanterías y los diferentes artículos no era una paranoia suya, sino todo lo contrario. Si tan sólo le escucharan... le gustaría decir sus sospechas, pero le daba la impresión de que casi nadie de ellos le tomaba en serio, quizás porque ni siquiera tenía recuerdos de su pasado. ¿Cómo iba a tener peso la palabra de una persona que sólo tenía recuerdos desde hacía unas semanas? La única que medianamente parecía tenerle cierta "estima" era Weasel, pero su comportamiento se basaba en no quitarle ojo de encima para ver si la fastidiaba en algo, momento en el que ella intentaría ayudarle para luego volver a su mutismo habitual en la cabecera del grupo, seguramente ladrándole que la dejara sola. Era llamativo que esa psicópata fuera, curiosamente, la que más parecía preocuparse por él, aunque sus motivos fueran peculiares, cuanto menos.
Caminó un poco, alejándose del grupo mientras iba observando los distintos objetos que había a lo largo de aquel pasillo. No sabía si quizás en el pasado le había gustado hacer deporte, pero le daba la impresión de que ese tipo de actividad no era de las que más le agradaban. Si hubiera sido algo que practicaba habitualmente, debería haber sentido algo de emoción ante esos objetos, ¿no? ¿O tal vez su amnesia había provocado un cambio en sus gustos?
Giró la esquina del pasillo, entrando en uno nuevo. Sus ojos comenzaban a acostumbrarse a la escasa luz y pudo comprobar que estaba en una sección dedicada al tiro con arco. ¿También tenían material para ese deporte en esa tienda? Le daba la impresión de que si buscaba un poco más tal vez incluso encontrase un establo con caballos por si querías comprarte uno para montar.
Se detuvo de repente, afinando el oído. Había escuchado unos pasos, unos pasos que no eran los suyos, pues seguía percibiéndolos a pesar de haberse detenido. No era un sonido demasiado fuerte, pero él tenía el oído muy fino, siendo capaz de percibirlos. Seguían una cadencia calmada pero rítmica, cómo si el que los estuviera dando no tuviera prisa alguna, pero tenía un objetivo claro. Su cuerpo se tensó, notando que la sangre se le iba de la cabeza y la garganta se le secaba. No conseguía moverse, completamente superado, notando las pulsaciones de su corazón en sus oídos.
Ante sus ojos vio deslizarse una sombra y, justo en ese mismo momento, algo pasó sobre su hombro derecho y fue a estrellarse contra el lugar que aquella aparición había ocupado segundos antes. Con la respiración alterada se giró para ver a Weasel, que le devolvió una mirada fría mientras que aún tenía alzado el brazo derecho.
—¿Tú también lo has visto? —inquirió el chico, mientras trataba de calmarse. Ella asintió con la cabeza, bajando el brazo y recuperando su habitual pose tensa.
—No he llegado a ver mucho, pero sí que pude notar que había alguien que no era del grupo por el simple hecho de que los demás se han quedado ahí atrás con las botellitas esas.
—Y tú me has seguido por si me tiraba algo encima; así me ayudabas a salir y te quedabas tranquila, ¿no? —el miedo le hizo sonar más borde de lo que hubiera querido, pero ella se limitó a reírse con cierta sorna.
—Esperaba haberle matado lanzándole un cuchillo, pero se me ha escapado el muy hijo de... —despotricó Weasel, mientras que avanzaba a buscar el cuchillo que había lanzado. Lysandro la observó, meditabundo, mientras que recordaba cómo la noche anterior ella había demostrado que, a pesar de estar más que dispuesta a matar y querer meterse en cualquier pelea, de fuerza física andaba más que corta. Sin embargo había tirado aquel cuchillo con bastante habilidad...
Miró hacia un lado, observando los arcos que reposaban en sus estantes, perfectamente ordenados. Tomó uno de ellos, el más liviano que encontró y, cuando la chica volvió, cuchillo en mano, se lo tendió. Weasel le lanzó una mirada entre desconcertada y burlona, sin dignarse a tomar el objeto que le tendía.
—¿Me ves cara de Katniss Everdeen? —le espetó la chica, frunciendo el ceño.
—¿De qué? —respondió el aludido. La pelirroja bufó con cierta exasperación, haciendo un gesto con la mano.
—Una tía de un libro, da igual —Weasel sonaba irritada —¿Para qué me das eso?
Ahora fue el turno de Lysandro de exasperarse. No pudo evitar soltar un bufido mientras intentaba que la chica tomase el arco.
—Te lo doy porque creo que, teniendo en cuenta lo mucho que te gusta meterte en cualquier fregado que hay, te va a venir bien. Tienes que admitir que no eres precisamente fuerte, y de agilidad tampoco vas sobrada —ni él mismo se reconocía hablando así, pero quizás la tensión previa junto con la irritación que a veces le provocaba esa chica estaban haciendo que dejase su compostura de lado —Pero antes has tirado bastante bien ese cuchillo tuyo, así que pensé que quizás te vendría mejor tomar un rol de atacar a distancia. A fin de cuentas te llamas comadreja, ¿no? Te va que ni pintado.
Esas últimas palabras parecieron agradarle, pues una sonrisa torcida se extendió por la cara de Weasel. La chica tomó el arco y comenzó a pelear con el cierre de plástico que aseguraba la cuerda. Finalmente, tras darle unos cuantos mordiscos, logró soltarlo para luego comenzar a pelearse contra un pack de flechas con cabeza de metal.
El chico sonrió levemente al verla pelearse con los diferentes cierres. Le estaba tomando cierto aprecio a aquella chica tan peculiar. La dejó rebuscar objetos para su nuevo "juguete" mientras avanzaba un poco hacia el sitio dónde había visto aquella sombra. Giró la esquina, entrando en otro pasillo, pero no logró dar muchos pasos más. Notó como unas manos se incrustaban en su rostro, impidiéndole gritar, ahogando su súplica de auxilio. Si bien intentó debatirse contra su agresor, se percató de que él era mucho más fuerte.
Nathaniel se encontraba sentado en el suelo, comprobando los vendajes de Karim, mientras que el resto del grupo se había ido situando no muy lejos, muchos de ellos pensando en descansar. Lysandro y Weasel eran los únicos que no se encontraban presentes, pero tampoco le dio demasiada importancia, pues quizás habían ido a curiosear por si encontraban algo.
—¡Hey! —justo en el momento en el que ellos dos pasaban por su mente, la voz de la pelirroja anunció que ella volvía con los demás. Todos se giraron hacia ella y Armin no pudo menos que soltar una risita al verla aparecer con un carcaj a la espalda y un arco que en su mano parecía más bien un objeto de adorno que un arma como tal.
—¡Legolas al rescate! —bromeó, pero al ver la cara de la chica se guardó cualquier otro chascarrillo que pudiera haber hecho. Weasel parecía alterada, expresión que sólo había visto en ella cuando la situación se ponía especialmente cruda; la última ocasión fue durante el ataque de los lobos —¿Qué ha pasado? —añadió.
—Hay alguien más aquí —respondió la chica —No sé quién puede ser o qué trama, pero una cosa está clara: no viene con buenas intenciones.
—¿Y cómo sabes eso? —inquirió Ella, observando a la pelirroja con cierta aprensión.
—Porque hace un momento creo que se ha llevado a Lysandro.
Tenía que pasarle a Lysandro, porque ya que no tiene nada que ir perdiendo, se pierde él (?)
OK,ya en serio, voy a liarla parda. Muy parda. Así que preparaos para lo que viene...
Y si queréis que venga antes, ¿por qué no dejar un review? Venga, que son gratis.
