No me pertenecen ni la historia ni los personajes, todo ello es de Stephenie Meyer y Haley Cullen. Yo sólo traduzco.
13. El dibujo
Entramos a la suite de Edward. Miré a todas las preciosas paredes pintadas de color azul. El color crema se veía en los muebles y en las pinturas que tenía colgadas en las paredes. Me adentré mientras Edward cerraba la puerta. Estudié las pinturas, "Picasso", reconocí. Edward vino hacia mí y me cogió la mano "¿Conoces sus pinturas?" sonó impresionado.
Asentí "Me encantan. El estilo diferente que usa al pintar, es como estar en un sueño o algo así" asintió. Me alejé y empecé a deambular por la habitación. Estudié todo con lo que me cruzaba. "¿Cuándo volverán tus padres?" pregunté.
Sonrió "No volverán. Esta es mi propia suite. No la comparto con Carlisle y Esme. Su suite está al cruzar el pasillo." Giré mi cabeza antes de que él pudiera ver mi cara. Me ruborizó el mero pensamiento de estar a solas con Edward, sin ninguna preocupación de que nos pillen, por una noche entera. Me fui hacia una pequeña mesa que tenía en el centro de la habitación. Un pequeño cuaderno descansaba sobre la mesa; arqueé mis cejas, curiosa.
Edward había ido a colgar los abrigos en el perchero y rápidamente cogí la carpeta, la abrí y jadeé. Había dibujos y bocetos. Los miré sobrecogida cuando los fui pasando. Eran dibujos de la vida normal, algunos catalogados y otros no. Había una mujer dándole el pecho a su hijo. Otro mostraba a un hombre sosteniendo a su hija en la barandilla del barco. Pasé a la siguiente página y me ruboricé de nuevo. Había dibujos de mujeres desnudas en diferentes poses.
Me mordía el labio cuando pasaba los nuevos dibujos. De repente sentí una presencia detrás de mí y cerré la carpeta rápidamente, y me giré. Edward estaba de pie detrás de mí con los brazos cruzados y sus cejas alzadas. Me sonrojé furiosamente. Él sonrió y caminó hacia mí.
Le di la carpeta "Son muy buenos" dije conteniendo una risa. Sus entrecerrados ojos miraron el cuaderno. Los ojeó por un momento antes de volverse a mí "Los viste ¿verdad?" preguntó despreocupadamente. Asentí un poco culpable y se rió. Abrió la carpeta de nuevo y fue pasando las páginas. Di la vuelta y miré por encima de su hombro.
Estaba mirando a diferentes imágenes "¿Quiénes eran esas mujeres?" pregunté. Mi pregunta salió con nada más que curiosidad. Sonrió "Estas son de Paris; sólo modelos" Podría decir que si fuera humano, estaría ruborizado.
"¿París? ¿Así se ganaban la vida?" pregunté. Él asintió. Admiré los grandes detalles de los bocetos. Un pensamiento me vino a la cabeza y me sonrojé. Él se dio cuenta y me miró de reojo "¿Debería apartarlos?" preguntó haciendo un gesto hacia los dibujos. Bajé la mirada y me miró confuso.
Comencé a alejarme, pero él cogió mi mano. Me giré para mirarlo y él me estudió el rostro, buscó la respuesta o lo que estuviera pasando por mi mente. Finalmente cerró la carpeta y puso sus brazos a mi alrededor antes de que pudiera incluso volver a inspirar. Me miró a los ojos seriamente. "¿he herido tus sentimientos?" preguntó. Bueno, para una mujer normal supongo que ver unos dibujos así podría herirlos o ponerla celosa. Pero yo lo veía simplemente como arte. Pero por eso no era por lo que estaba sonrojada.
"No" dije sinceramente, me mordí el labio y se rió. "Puedes decírmelo"
Suspiré "¿Crees que podrías dibujarme?" pregunté silenciosamente.
Arqueó una ceja y me miró incrédulo. Me sonrojé otra vez y se rió. Levanté la mirada con un gruñido, si se lo había dicho al menos podría ser un poco serio. Me sonrió, "si quieres" susurró. Me besó suavemente por unos momentos.
Sonreí y caminé hacia mi bolso. Edward caminó hacia una pequeña mesa y abrió el cajón. Sacó una cartera y la abrió en la mesa. Estaba llena de diferentes herramientas de dibujo, cuchillos y carbón.
Abrí mi bolso y saqué la bata que había traído. Me quité el abrigo y lo dejé en el perchero. Me puse el bolso en un hombro y cuando fui a salir, me acordé de algo. Alcancé el abrigo y cogí el collar. Lo descansé en mi mano y caminé hacia Edward que estaba esperándome en la mesa. Alcé la mano y le enseñé el collar; sus ojos se abrieron como platos.
Levantó la mirada por un momento para ver si quería que lo cogiera o dejarlo ver. Delicadamente lo cogió entre sus dedos y lo admiró "wow, es bonito ¿Qué es, un zafiro?"
Yo lo miré también "Un diamante, y uno muy raro" él aún estaba examinándolo y yo me mordí el labio "Edward, quiero que me dibujes igual que a una de tus chicas francesas. Llevando esto"
Asintió mientras seguía admirando el diamante "Bien" dijo silenciosamente.
Aclaré la garganta "Llevando sólo esto"
Eso llamó su atención y se giró para mirarme a los ojos. Pareció ligeramente asustado y me pregunté si había hecho mal al preguntarle. Finalmente respondió "¿Estás segura?" preguntó seriamente. Asentí con una ligera sonrisa en el rostro. Él dio un suspiró y asintió de nuevo "Vale" dijo "Puedes usar mi habitación si quieres"
Asentí y me dirigí hacia el dormitorio. Cerré la puerta tras de mí. Solté mi bolso y saqué el peine, y rápidamente lo pasé varias veces por mi pelo. Inspiré agitadamente antes de que me desvistiera.
Me puse la bata. Era transparente con lazos negros. Mis pechos y la zona entre las piernas estaban ocultos tras las flores que estaban cosidas en la bata. La cintura estaba atada con un cinturón blanco con unas flores rosas. Caía ligeramente sobre mis muslos. Me miré al espejo durante unos minutos. Estaba muy nerviosa, y sinceramente, estuve pensando en acobardarme. Finalmente cogí el collar y lo puse alrededor de mi cuello.
(N/T: La autora no pone nada, pero ahora pegaría según mi punto de vista, otra vez la BSO. ¡Que lo disfrutéis!)
Cerré los ojos y respiré hondo. Caminé lentamente hacia la puerta y giré el pomo con manos agitadas. Abrí la puerta y lo primero que vi fue a Edward. Estaba ocupado afilando un pequeño lápiz de carbón. Su cabeza se levantó para mirarme ante el sonido de la puerta. Escuché su respiración cuando cuidadosamente me acercaba.
Me sentía un poco más confidente ahora. Sonreí un poquito. Él me devolvió la sonrisa torcidamente. No la sonrisa que me encantaba, sino una nerviosa. Me pregunté si me sentiría yo tan valiente como él. Sonreí un poco más "Lo último que quiero, es otro dibujo de mí pareciendo una muñeca de porcelana. ¿Confío en que he puesto mi fe en un buen artista?" me sonrió.
Le sonreí "Espero obtener lo que quiero" di un paso atrás y desaté el cinturón que estaba alrededor de mi cintura. Dudosa me quité la bata y lo dejé caer al suelo alrededor de mis pies. Edward se movió nerviosamente e incómodo en su silla. Cuando me quité la bata, todo lo que hizo fue mirarme por unos momentos. De repente me preocupé ¿No le atraía mi apariencia?
Me mordí el labio. Edward finalmente respiró hondo y señaló al pequeño sofá que había arreglado "Vale" dijo nerviosamente "Tiéndete en la cama, digo, en el sofá"
Tragué saliva mientras me acercaba al sofá. Me tumbé lentamente y recosté mi cabeza contra los cojines. El diamante era muy pesado y parecía que me agachaba. Estaba frío apoyado contra mi pecho. Puse mis brazos en distintas posiciones "Dime cuándo-"
"Espera" me cortó "Pon tu brazo como lo tenías antes, por encima de tu cabeza" hice lo que me dijo y me mordí el labio por millonésima vez. Me estudió por un momento. "vale, pon tu otra mano debajo de tu cara" levanté la mano y la puse donde me dijo.
"Ahora" me dijo "baja la cabeza" la bajé y suspiró satisfecho "Bien, pon tus ojos en mí. Mantenlos en mí, e intenta no moverte" sonreí un poquito.
Edward dio otra profunda respiración antes de volver a estudiarme otra vez y comenzó a dibujar. Lo observé atentamente a su mano mientras él hacía movimientos sobre el papel. Estaba muy concentrado y me miraba cada pocos segundos "Qué serio" puse una mueca, intentando imitar su voz. Me sonrió por un momento antes de seguir dibujando.
Pasó un rato que en que sólo lo miraba dibujar. Él siempre me miraba para ver la posición de mis brazos o mirar mi cara. Pero después de un rato empezó a mirar y bajar por mi cuerpo y sabía que estaba empezando a dibujar mis pechos por la manera en que no me miraba demasiado tiempo. Me reí divertida "No es muy difícil de creer que se está sonrojando, señor Gran Artista" dije. Me gruñó y sonreí. "No puedo imaginarme al señor Monet sonrojándose"
Me volvió a gruñir ligeramente "Él pintaba paisajes. Estate quieta"
"Lo siento" dije respirando hondo para volver a quedarme quieta "No te rías" me recordó.
Continuó dibujándome y me concentré en sus ojos topacios. La confianza en mí misma volvió y volví a respirar normalmente otra vez. Mi corazón se ralentizó. Después de un rato, volvió a respirar profundamente, pareciendo contento. Me sonrió "Vale, ya te puedes mover"
Le devolví la sonrisa, un poco avergonzada y rápidamente cogí mi bata para cubrirme. Edward dio los últimos retoques al dibujo cuando caminé hacia él. Finalmente lo fechó '14 de abril, 1912' con las señas de EC. Cerró la carpeta y me la dio "Gracias" dije.
Me sonrió y se inclinó hacia mí. Me besó con exagerada pasión. Intenté apartar la carpeta, pero me sostuvo contra sí rechazando dejar que el beso terminara. Me reí contra sus labios.
Holaaa chicassssss!!!! uy uy...que romantico, verdad?? jejejeje el siguientee el lemon!!! jejejejejeej ¿impacientes? jajajajaaj creo que si verdad' jaajaja
Bueno bueno.....que mas decir...solo..graciass por todos los reviewss!!! ya hemos pasado los 200!!! jejejej
Y en especialll, quisiera dedicar este capitulo a todas las chicas de la mansión y que han podido ver ya la peli...suertuuudass!!!!!!!!!!!!! Un besitoooooooo os kiero!
Un besoooo
Yuliss
