Epílogo

El rey de Swan no escatimó en amenazas e intimidaciones, pero al final fue sorprendentemente fácil convencerlo para que aceptara el matrimonio de Bella con Edward. El apoyo incondicional de los tíos de Bella fue de gran ayuda, como también su nacionalidad estadounidense.

El rey no estaba nada contento con la decisión de su hija, pero no era estúpido y sabía que se encontraría en una situación muy embarazosa ante su pueblo y ante el mundo si aquel compromiso se hacía público. Y eso sería lo que ocurriera si persistía en oponerse a la unión de Bella y Edward.

El tío de Bella así se lo había hecho saber, por si acaso a su cuñado le costaba entenderlo. Bella se había limitado a exponer su caso y luego había mantenido la boca cerrada, dando a entender con su expresión que nada podría hacerla cambiar de idea. Su hermano pareció reconocer aquella obstinación, porque también le aconsejó a su padre que lo dejara estar.

Edward y el heredero al trono de Swan acabaron siendo muy buenos amigos. Y, al ver cómo esa amistad complacía a su esposa, decidió que la complacería en todo lo posible. Al fin y al cabo, era lo que un hombre debía hacer por la mujer a la que amaría durante toda su vida.


N.A: Ahora si es el final.