Capítulo 13

Oficinas del FBI. Nueva York, 5 de abril de 2006

Patrick González permanecía sentado tras uno de los servidores de la sala de informática donde trabajaba desde hacía unos diez días. Tom estaba encantado de tener un ayudante de tanta valía y no sólo eso. Nada más verle, le dio una información que Patrick tomó en consideración, respirando aliviado. El número de serie del arma que Danny le había dado, no aparecía en ningún informe que indicara que hubiese sido usada y menos haberse cometido algún delito con ella. Estaba limpia.

Pero ahora, sabiendo que Danny pronto regresaría al trabajo, Patrick llevaba trabajando en algo por su cuenta, además de lo que Jack le había pedido. Lo primero que había hecho fue hacer un registro completo de la mesa de su jefe, había retirado el ordenador y había hecho instalar uno nuevo. Sin embargo, ponerlo en funcionamiento tal y como quería hacerlo era algo más complicado. No quería conectarlo como los demás, pretendía que pasara directamente por su servidor, donde cualquier intromisión sería detectada por él. No se fiaba, y esa desconfianza le hizo pensar de nuevo en aquel número de serie que Taylor le había dado. Le hizo pensar en todas las medidas de seguridad que habían resultado determinantes para su seguridad y le hizo dudar de lo que Tom había encontrado.

Así que, se había tomado ciertas libertades y, una vez más había puesto en marcha sus habilidades como hacker, y había conseguido entrar en ciertos archivos de la CIA. Poco le importaba que le descubrieran ahora, pero aun así, fue especialmente cuidadoso.

Ahora tenía una información que mostrar a su jefe y no podía quitársela de la cabeza.

Ver a Danny Taylor aparecer junto a su jefe Jack Malone y ver como sus compañeros le agasajaban, fue todo un espectáculo, una vez pasada la primera impresión. Él estaba acostumbrado a verle así, tan delgado y echo polvo, tanto que verle entrar por su propio pie, con su traje oscuro y sonreír ante la bienvenida, le daba un aspecto incluso más saludable que el que presentaba cuando le dejaron en el hospital.

Había dejado pasar unos días, hasta que la situación se fuera normalizando, aunque sabía que sus compañeros estaban preocupados por él. Había escuchado a Vivian hablar con Jack de su actitud al intentar hablar con él la noche anterior, al acompañarle a su casa. En cuanto a lo sucedido, Danny permanecía hermético y eso no parecía ser demasiado bueno.

Pero él tampoco hablaba del tema. Sólo pensaba. Y recordaba. ¿Cómo lo llevaría Alex? ¿Y Jason? Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras ponía la mano sobre la carpeta marrón que descansaba en su mesa, muda, expectante. Quizás Danny había tomado medidas para ello, también, quiso consolarse, pero no recordaba haber visto en sus manos aquella arma nunca más, no en Langley, no cuando ingresó en el Hospital. Y Jason tampoco la tenía.

A media mañana decidió que no podía esperar más y saliendo de su zona de trabajo, se dirigió directamente a la mesa donde Danny estaba trabajando junto a sus compañeros.

"Jefe, hay algo que debería ver," le dijo tendiéndole la carpeta. Su expresión seria y la forma en que se había dirigido a él, sorprendió a los otros tres que no pudieron evitar prestar atención a la escena.

"¿Qué es?" preguntó Danny, abriéndola.

"Es la información sobre el arma que había en la casa de Washington. Fue utilizada en un tiroteo, en Miami, hace cuatro meses. Dos agentes de la DEA murieron en aquel tiroteo y uno de ellos recibió un balazo de ese arma," le explicó Patrick mientras Danny leía un informe con algunos detalles más.

"¿Está registrada?" preguntó.

"Sí, está registrada a nombre de un agente de la DEA," le dijo Patrick. Danny le miró sin comprender. "Su nombre es Carlos Torres," añadió Patrick.

"¿Cómo? ¿Carlos Torres es de la DEA?" preguntó Danny sorprendido.

"Sí, pero supongo que tan corrupto como los demás. El caso es, jefe, que nada de esto figura en los informes oficiales. He tenido que hacer mi trabajo para conseguirlo. ¿Te suena de algo?" le dijo Patrick.

Danny asintió, mientras seguía leyendo aquella información. "Bien, he… he de llamar a Alex," concluyó.

"¿A Alex?" preguntó Patrick sin entender.

"Le di el arma a él, cuando salisteis. Espero que la tenga a buen recaudo porque habrá que borrar las huellas."

"Mejor se destruye. Es más seguro," convino Patrick.

Ambos se miraron nerviosos. La tensión que observaron Sam, Vivian y Martin les dio una idea sobre lo que aquellos dos hombres habían vivido, aunque desconocían qué era lo que había ocurrido.

"Me pregunto de quién fue la idea," murmuró Danny, mientras volvía a leer las notas que le había pasado Patrick.

"Supongo que del director de zona. Uhm… jefe… ¿sabemos algo que no deberíamos saber?" preguntó Patrick inquieto.

"A estas alturas tendrían que estar todos detenidos. Me pregunto qué papel está jugando Andrés Miranda en todo esto," dijo Danny pensativo.

"Es el segundo de Conrad, ahora. A Jason nunca le dio buena impresión ese tipo. Me dijo que creía que se había inventado lo de las palizas…"

"Eso es evidente, lo orquestó todo para engañar a Davis."

"Pero si Davis quería matarle, con dejarle allí habría sido suficiente," razonó Patrick arrepintiéndose en aquel mismo instante al notar como Danny hacía una mueca de desagrado.

"No. Quería controlar la situación. Asegurarse. Hay algo que desconocemos, Patrick. Qué ocurrió cuando dejasteis a Miranda en la base," comentó Danny preocupado.

"Conrad habría avisado a un contacto de confianza para tenderle una trampa a Davis, haciéndole creer que Miranda estaba muerto."

"¿Qué contacto, Patrick? Se supone que nos enviaron a nosotros porque no sabían con quién podían contar. Conrad sólo albergó sospechas sobre Davis cuando la operación ya estaba montada."

"Los militares que nos proporcionaron cobertura en la isla, los que iban en la furgoneta. Ellos entraron a Miranda en la base," objetó Patrick.

"No sé, no… no me cuadra," Danny apoyó los codos en la mesa y se cubrió la cara un momento. "El general Moore no tenía ni idea, estaba furioso. Igual que McAllister, ¿no crees que lo sabría si hubieran sido los militares quienes le sacaran? No, Conrad tenía o tiene a alguien allí de confianza y te voy a decir quién es, porque si Carlos Torres es un agente de la DEA, su hermana Clara no está allí por casualidad."

Patrick palideció, recordando la relación que había mantenido con la joven. Instantáneamente hizo un esfuerzo por recordar todo lo que ella podría saber.

"Clara Torres trabaja para la CIA," empezó muy despacio Patrick.

"Para Robert Conrad, encubierta. Es ella quien tiene toda la información, no Andrés Miranda," le corrigió Danny.

"¿Leíste el informe que pediste sobre ella? ¿qué decía?"

"Seguramente es irrelevante. Lo que me enviaron a la casa sobre ella, llegó tarde y seguramente manipulado. Davis ni se enteró. Y además yo la señalé como parte del apoyo en la isla a los agentes corruptos, lo cual le da aún más cobertura. Carlos Torres está aquí y le debe un enorme favor a Conrad."

"Su implicación en el tiroteo que no aparece en los informes oficiales," dijo Patrick.

Danny asintió.

"Entonces, no fue Davis quien puso el arma en la casa." Patrick se quedó sin voz, dándose cuenta de lo que aquello significaba.

"No," dijo Danny en voz tan baja que Patrick apenas le oyó.

Patrick no supo que decir cuando vio como Danny se llevaba las manos a la cara y ocultaba su expresión de los demás.

""Oye, no podías preverlo todo," fue lo único que se le ocurrió decir.

Danny negó con la cabeza y le miró un momento, sin fuerzas. Estaba agotado.

"¿Qué está pasando aquí?" Ninguno había visto a Jack aproximarse al grupo, pendiente de aquella conversación, pendientes ahora de Danny.

"Un cambio de fichas," dijo Patrick.

"Un momento," intervino Vivian. "Yo no sé exactamente en qué habéis estado metidos, pero visto desde fuera, entiendo que esto se resumen en que la CIA se ha metido solita en un pantanal."

"Algo así," accedió Patrick.

"A mí sólo me interesa la seguridad de Danny. No me malinterpretes, la tuya también," siguió con una sonrisa. "Pero si Danny era el jefe de operaciones, entiendo que si existiera algún peligro, recaería sobre él, ¿no es así?" continuó mientras apretaba afectuosamente el hombro de su amigo. "Danny, ¿estás en peligro?" le preguntó directamente.

"No… no lo sé, Viv. No sé en quien puedo confiar y en quien no, no sé qué es cierto y qué no lo es."

"En nosotros puedes confiar," objetó Martin. "Y me tragaré mi orgullo y hablaré con mi padre si es necesario para aclarar todo esto," continuó, consiguiendo sacar una sonrisa burlona de su compañero.

Patrick le miró sin entender. "Su padre es el Director Adjunto del FBI," le aclaró Sam.

"Oh, bueno, en mi opinión el FBI poco tiene que ver en este asunto. Yo me centraría en Robert Conrad," dijo Patrick. "Hablaría claro con él, Danny. Yo creo que Conrad te aprec…" Patrick se calló en el acto, al notar la expresión de Danny. Suspiró y poniendo sus manos sobre los hombros de su amigo, le miró directamente a los ojos. "Sé que puedo ser un poco ingenuo, Danny, pero sinceramente creo que ese hombre te aprecia y sabe exactamente por lo que te hizo pasar. Si su conexión con Clara Torres es la que es, siento decirte que lo sabe. Sinceramente, creo que no tuvo opción. Danny, ahora tenemos otros elementos de juicio, personas con las que no contábamos que probablemente han jugado algún papel en todo esto, para que las cosas sucedieran como sucedieron."

"¿Podría estar Conrad protegiendo otra operación mayor?" apuntó Jack.

"Y a sus agentes, a los que, como Clara Torres, nadie más conoce," respondió Patrick.

"Entonces, ¿para qué nos quería a nosotros?" preguntó Danny.

"Para cazar a Davis, para colocarse en una posición más cómoda para controlar la operación, no olvides que ahora es Director de Zona, para que Miranda confíe en él. Para mantener a sus agentes y asegurarlos aún más, para dar un zarpazo a alguna operación que se escapa a nuestra responsabilidad," Patrick continuó la idea que había apuntado Jack.

"Y de la que Miranda forma parte," concluyó Danny. "Entonces Carlos y Clara Torres trabajan para Robert Conrad. Y si sacó a Miranda de la isla fue porque, efectivamente sabía demasiado y podía poner en peligro esa otra operación, además de terminar delatando a los agentes que tiene allí encubiertos. ¿Es eso?"

"Posiblemente," dijo Patrick pestañeando significativamente.

"¿Y eso que tiene que ver vosotros?" preguntó entonces Sam.

"Miranda está convencido de que se ha ganado la confianza de Conrad, pero teme que nosotros podamos hacerle llegar alguna información a Conrad que le ponga en una situación comprometida. Mantener las dudas sobre nosotros, igual que pretendía Davis, le beneficia. Miranda puso el arma en la casa, a tu disposición. Recuerda que llevaba meses aquí cuando nosotros regresamos," dijo Patrick.

"Si como dice Patrick, ese Robert Conrad te aprecia y ha confiado en ti para esta misión, no permitirá que eso ocurra," dijo Martin.

Danny iba a contestar algo, pero cambió de opinión. Tenía serias dudas de lo que permitiría o no Conrad con tal de conseguir lo que se proponía.

"¿Llamarás a Conrad?" preguntó Patrick.

"No, no pienso llamar a Conrad. No quiero ver a ese tipo en mi vida," le respondió Danny con un tono de disgusto, mientras se levantaba.

"Vale, si tú lo dices. Llamaré a Alex," Patrick le siguió con la mirada mientras Danny se dirigía hacia una máquina de refrescos del pasillo. Negó con la cabeza. Jack le dio una palmada en la espalda. "Todo irá bien," le dijo con una sonrisa.

"Y una mierda," murmuró Patrick sin que Jack le escuchara. Se volvió hacia los demás un momento y consiguió que Martin entendiera aquella última parte, que no tenía nada que ver con la conversación que acababan de tener.

….

"Interesante historia," dijo, sentándose junto a su compañero con el vaso de café caliente que obtuvo de la máquina expendedora. "¿un suplemento vitamínico?" preguntó señalando el frasco de pastillas que Danny acababa de guardar en su bolsillo.

"Es para el dolor de cabeza," respondió él.

"¿Vas a contarme alguna vez lo que ha pasado?" le preguntó Martin.

Danny negó con la cabeza. "No, creo que no."

"¿Te molesta que nos preocupemos por ti? ¿Te has mirado a un espejo, Danny?"

"No quiero ser una carga para nadie. Me las puedo ingeniar, Martin."

"No eres una carga, eres un amigo. Dime en qué quieres que te ayude, y ahí estaré. Pero si no quieres que te ayude, ahí estaré igualmente."

Danny sonrió. "Gracias," murmuró.

Ambos permanecieron callados un rato.

"Estoy en un momento, Martin, en que lucho por quitarme de encima la sensación de que he sido utilizado, de que aún lo estoy siendo," Danny casi hablaba más para sí mismo que para su compañero. "Tener a Patrick aquí implica jugar un doble papel, ¿sabes? No… no puedo bajar la guardia ante él, pero estoy realmente cansado."

"¿Por qué no te vas a casa? ¿Te tomas unos días libres? Es probable que te hayas precipitado en volver," le sugirió Martin.

Danny negó con la cabeza. "Estaría bien aquí, haciendo mi trabajo tranquilamente si Patrick no estuviera. Pero le sugerí esta salida a su situación. No podía regresar a su antiguo trabajo, y cuando pensé en enviar aquí los informes, imaginé que podría ser un buen lugar para él."

"Y así lo ha sido. Les has protegido y les has dado una salida. Danny, has de hacerlo contigo también. Y eso pasa porque te recuperes físicamente."

"¿Tan mal estoy?" sonrió Danny sin ganas.

"Bien no estás, eso salta a la vista, me temo. Viv te llevó ayer a casa y luego tuvo una conversación con Jack. Sam y yo hemos hablado también… de ti, pensando en como ayudarte…"

Danny negó con la cabeza. "No lo hagáis, no… no podéis ayudarme. Sólo hay una persona que podría hacerlo y no voy a pedírselo."

Martin se sorprendió, pero no dejó escapar esa oportunidad. "¿Quién?"

Pero no consiguió de Danny una respuesta.

"Danny, no nos dejes fuera de tu vida, formamos parte de ella, te guste o no. Pero de acuerdo, soy tu amigo y respetaré tu decisión," dijo finalmente, apesadumbrado por no poder dirigir la conversación hacia donde realmente quería.

"Lo sé Martin y te lo agradezco. No os dejo fuera, es que… aún tengo que poner en orden muchas cosas, muchos detalles que están aquí dentro," le dijo Danny apuntando con un dedo a su cabeza. "Necesito tiempo, siempre lo he necesitado, desde que Conrad se fijó en mi, maldito sea. Y ahora, que creía que todo había terminado, me voy encontrando con que resulta que no, que ni de lejos ha terminado nada, entran otros elementos con los que no contaba y…"

Martin le escuchaba mientras cogía el vaso vacío de Danny y junto con el suyo lo tiraba a una papelera.

"¿Sabes? Creo que voy a hacerte caso en una cosa," le dijo finalmente Danny levantándose y dirigiéndose hacia la oficina con él. "Voy a ir a casa, me voy a tomar ese tiempo, aquí no puedo hacerlo."

"Sí, creo que haces bien," accedió Martin dándole una palmada.

Era lo mejor que podía hacer, pensó, mientras se dirigía hacia su casa. Había tomado un taxi en lugar del metro, por precaución. Llevaba consigo el informe del arma que le había conseguido Patrick, así como una nueva copia que le proporcionó Tom de los informes que habían elaborado cada uno de ellos y el informe final que se había quedado Robert Conrad. Junto con los documentos que había encontrado en la casa de Washington y el informe, seguramente manipulado de Clara Torres tendría documentación suficiente para intentar poner en orden el torbellino de imágenes y acontecimientos que pasaban por su cabeza como verdades, falsas verdades, sospechas y miles de dudas. No podría seguir adelante, si no conseguía poner en orden todo aquello. Necesitaba tiempo y un lugar tranquilo para hacerlo. Sacando su móvil, buscó en su lista de contactos un nombre concreto, Mateo Sykes. ¿Quién había dicho que no tenía vida social? Sonrió, sabía que Mateo no estaba en ninguna lista de posibles. Le había dolido que le robara la novia entonces, aunque Danny no era la mejor persona del mundo en sus primeros años de universidad y tuvo que reconocer que Michelle había hecho bien en irse con Mateo, aunque no pudo evitar recordar que no lo habían pasado mal. Hoy, las cosas serían diferentes entre ellos… o no.

"¡Taylor!" escuchó al otro lado del móvil, antes de abrir la boca. Mateo tenía registrado su número. "El mismo, ¿qué tal Mat?"

"¡Bien, bien! Saliendo de Rikers, de ver a uno de mis chicos," dijo el abogado. "¿qué se te ofrece? ¿El FBI necesita de mis gentiles servicios? Por cierto, me debes unas entradas para los Mets, te recuerdo. Oye, hace siglos que no nos vemos, ven por casa un día, tomaremos unas cervezas. Michelle se alegrará de verte."

"Seguro," gruñó Danny. "Oye, ¿puedo pedirte un favor?"

"Por supuesto, ¿de qué se trata?"

"¿Tienes aún la cabaña en Catskills?"

"Sí, claro, ¿por?"

"¿Me la podrías prestar? Serían unos días, 4 ó 5 lo más."

"¿Te has peleado con tu novia?" preguntó Mateo en un tono burlón. "Claro, puedes cogerla, aunque no sé cómo la vas a encontrar, hace tiempo que no vamos, se nos ha quedado pequeña con tanto chiquillo."

"No me he peleado con nadie. Es sólo que necesito un lugar tranquilo para hacer algo. Recordé tu cabaña… es todo."

"Claro. Lleva provisiones y ropa de abrigo. Ha estado cerrada todo el invierno. La llave la encontrarás donde siempre. Oye, ¿va todo bien?" Mateo notó que Danny no era tan hablador como solía serlo.

"Sí, sí, es que estoy en medio de algo. Oye, tengo que dejarte, gracias por la cabaña. Eh, no me he olvidado de tus entradas. Te llamo y quedamos un día."

"Cuando quieras, el que está siempre ocupado eres tú," Mateo se echó a reír. "Venga hermano, me alegro de que hayas llamado."

Danny cortó la comunicación satisfecho. Era un buen lugar para trabajar, aunque las imágenes que evocaba la cabaña de Catskill de Mateo Sykes eran otras bien diferentes. No quiso pensar en lo que recordaría Michelle.

Unos minutos después, bajaba del taxi y se dirigía a la entrada de su edificio. Abrió su buzón y recogió la correspondencia que ya iba retrasada. No recibía mucha y tenía que reconocer que era algo descuidado con ello.

Que el ascensor estuviera averiado no era nada nuevo en aquel viejo edificio y casi todo el mundo estaba acostumbrado a usar el montacargas del final del pasillo. No le iba mal, pues estaba más cerca de la puerta de su apartamento, en la quinta planta. Según avanzaba por el pasillo hacia el montacargas, se peguntó si podría permitirse un cambio. No era lo que pagaba por aquella casa, le había tomado cariño con los años, habían supuesto su independencia, su vida fuera del sistema, y la mayoría de los vecinos era gente con la que se llevaba razonablemente bien. Aunque no lo había pedido, la CIA había sido bien generosa con él, aumentando sus ingresos mensuales de forma considerable. Eso, dando por descontado que aun teniendo el mismo trabajo de siempre, su rango en el FBI era superior, estando ahora a la altura de un supervisor, y con ello, su sueldo. Sí, quizás era el momento de cambiar, pensó, buscando las llaves en sus bolsillos.

Las encontró pero lo que tuvo que sacar a continuación fue su arma, y soltando el seguro con cuidado, permaneció un momento atento, conteniendo la respiración. En el interior, ahora no escuchaba nada, pero el sonido que había escuchado un momento antes le había alertado. Mirando a su alrededor, observó que no había nadie, y mirando la cerradura de la puerta con atención, no observó nada extraño.

Con cuidado, y sin soltar su arma, introdujo la llave y la giró. Definitivamente, alguien había entrado porque no necesitó más de un giro para que se abriera. Había claridad dentro y la figura que vio mirándole frente a la puerta, le relajó en exceso. "Rafie, ¿qué haces aquí?" preguntó a su hermano, abriendo totalmente la puerta, y sin darse cuenta del gesto que aquel le hacía.

….