Había sido una mañana realmente agitada en el Tribunal del distrito. Muchas cosas habían sucedido en poco tiempo, no solo se descubrió que Lamiroir era ciega y no el acusado como pensaban todos, sino que Romein LeTouse, la víctima, resultó ser un agente encubierto de la Interpol. Pero cuando todos pensaban que ya nada podría sorprenderlos, Lamiroir acusó al inspector Daryan Crescend de ser el asesino. El revuelo que se armó fue tal que el Juez tuvo que suspender el juicio hasta el día siguiente con el fin de que se recolectaran más pruebas que pudieran esclarecer el caso. Pero nada de esto le importaba a Ema Skye, quien se dirigía a toda prisa a la oficina del fiscal Gavin. Había sido humillada y avergonzada frente a todos los que estaban presentes en la sala. Klavier Gavin se había burlado de ella, había pisoteado su orgullo sin importarle nada pero no se lo dejaría pasar, ahora mismo iría a recriminarle. Lo habría hecho al salir del juicio pero Klavier había salido de allí tan rápido que Ema no se había percatado.

Al llegar a la oficina del fiscal sintió un escalofrió, siempre le sucedía cuando iba. Todo se veía igual pero a la vez diferente, aquel lugar donde pasó gran parte de su adolescencia ahora le resultaba tan extraño, tan ajeno. No le gustaba estar allí, trataba de ir lo menos posible pero por su orgullo y dignidad debía hacerlo, debía enfrentar a ese cretino de Klavier Gavin.

—¡Señorita Skye! Que sorpresa verla por aquí —la saludó una mujer que caminaba por el edificio.

—Vengo a ver al fiscal Gavin —respondió secamente—. Estoy apurada, con su permiso.

—Pero el señor Gavin no…

Ema ya se alejaba a toda prisa, no tenía tiempo de escuchar lo que decía esa mujer. Una de las razones por las que no le gustaba frecuentar la oficina del fiscal era por las personas que trabajaban en ella. Hace nueve años cuando todo sucedió, ninguno de aquellos que eran compañeros de Lana demostraron su apoyo en la causa, todos se alejaron de ellas como si tuvieran una enfermedad contagiosa. Y ahora, nueve años después cuando Lana ya había cumplido su condena, cuando ya gozaba de la libertad que merecía, todos se comportaban como si nada hubiera sucedido. Todos demostraron alegría cuando Ema volvió a la ciudad, le dieron la bienvenida y sus buenos deseos para esta nueva etapa. Tonterías, su apoyo llegaba demasiado tarde, y Ema no olvidaba. Cuando llegó a la oficina de Klavier entró sin golpear, no le daría tiempo a prepararse, pero cuando entró la oficina estaba vacía. No había nadie allí, sin embargo ingresó de todas formas cerrando la puerta detrás de ella. La única vez que había entrado en esa oficina no estuvo mucho tiempo como para analizarla detalladamente. Desde la oficina de Miles Edgeworth que no veía una habitación que demostrara tan bien la personalidad de aquel que la habitaba. El cuarto gritaba "Klavier Gavin" desde las cuatro paredes. La personalidad y la esencia estaban claramente representadas en esa enorme habitación. Ema caminó alrededor de ésta para observar cada elemento, cada detalle. Se demoró unos segundos en la gran cantidad de guitarras que eran exhibidas con orgullo detrás de un vidrio, pudo imaginar a Klavier tocando cada una de ellas. Acarició el delicado sillón que yacía en la mitad del salón donde el fiscal descansaba de vez en cuando, y admiró la vista desde el gran ventanal. Todo allí era majestuoso. Decidió que no tenía sentido quedarse a esperarlo ya que no tenía idea de a qué hora regresaría, tal vez lo hiciera en quince minutos como así también en dos horas, y ella tenía demasiadas cosas que hacer. Cuando enfiló hacia la puerta algo en el escritorio de Klavier hizo que se detuviera en seco. Allí, sobre el enorme parlante que oficiaba como escritorio, detrás de una gran cantidad de papeles, se encontraba un bonito portarretrato enmarcando una fotografía. Una fotografía de Klavier y Ema. Era la única que tenían juntos, la que había sido sacada durante la fiesta de la policía, la que Klavier pidió específicamente al fotógrafo que se la enviara. Con sus manos un poco temblorosas la tomó para observarla de cerca, en ella posaban los dos con una sonrisa que parecía sincera, totalmente relajados el uno con el otro. Klavier tomaba su cintura con naturalidad, como si fuera algo normal entre ellos. Casi que parecían una pareja, pensó Ema con una sonrisa que se obligó a borrar inmediatamente. Había olvidado lo elegante y sumamente atractivo que se veía Klavier esa noche. No es que el resto de los días no lo fuera, pero esa noche, como diría Trucy, parecía un príncipe. Rozó con sus dedos el vidrio que cubría la foto, recordando lo sucedido en esa fiesta. La manera en que Klavier la había tocado, con la dulzura que la había mirado, los olores, las sensaciones volvieron a ella en un torbellino de recuerdos. Su corazón volvió a latir con fuerza como lo había hecho mientras bailaban lentamente a la luz de la Luna, ¿Por qué Klavier causaba eso en ella? Era atractivo, de eso no había dudas pero aun así no le caía muy bien que digamos por ende no se sentía atraída hacia él ¿o sí? Sacudió la cabeza como si quisiera apartar ese pensamiento de su mente. Entonces, ¿por qué le temía? ¿Por qué quería alejarse de él? ¿Tenía miedo de sus propios sentimientos? No, tenía miedo de caer en sus redes y salir herida, no debía bajar la guardia con los hombres, había aprendido la lección. Le echó una última mirada a la fotografía y la volvió a dejar sobre el escritorio aunque boca abajo. Salió del edificio a toda prisa, no tenía ganas de enfrentarse a Klavier en ese momento si regresaba, ya tendría tiempo de echarle en cara todo lo que tenía para decirle. Cuando se había alejado unas cuadras aminoró el paso, necesitaba serenar sus pensamientos, relajarse un poco. Pero al pasar por un kiosco de revistas no pudo evitar la tentación de buscar aquella donde había salido publicada la fotografía. La encontró con éxito, pagó por ella y enojada consigo misma por ser tan débil se marchó una vez más a toda prisa.

Klavier llegó a su oficina horas después de finalizado el juicio. Necesitaba despejar su mente y descansar un poco después de todo lo sucedido, por lo que durmió una pequeña siesta y se dio una ducha reparadora antes de volver al trabajo. Había tomado una decisión con respecto a Daryan y tenía que comunicárselo.

—Señor Gavin —lo interceptaron cuando estaba llegando a su oficina—. La Inspectora Skye lo estuvo buscando.

—¿Ema? —preguntó extrañado—. ¿Qué quería?

—No lo sé, dijo que venía a verlo y se metió a su oficina sin decir palabra y minutos más tarde se fue. Tenía cara de pocos amigos al entrar, se la veía molesta.

—Está bien, gracias por avisar. Que tenga buenas tardes.

Seguramente Ema había ido a recriminarle lo sucedido en el tribunal, pero ahora no tenía tiempo para lidiar con eso, ahora tenía que esperar a Daryan. Al llegar lo primero que notó fue la foto que tenia de Ema junto a él puesta boca abajo sobre su escritorio, sin dudas había sido Ema la que la había dejado así. Debía de estar muy enojada, pensó con una sonrisa, pero se lo merecía. Klavier perdonaba pero no olvidaba, aun recordaba muy bien el hecho de que Ema le hubiera ocultado una prueba de vital importancia en el juicio anterior contra Apollo Justice. Tarde o temprano la Inspector Skye debía pagar por ello, y Klavier había aprovechado la oportunidad que se le presentaba. Escuchó que golpeaban la puerta por lo que guardó la fotografía.

—Adelante.

—Soy yo Klavier, ¿querías verme? —Daryan apareció tras la puerta.

—Así es, tenemos que hablar por lo que sucedió hoy.

—No me digas que tú le crees a esa cantante delirante.

—No es importante lo que yo crea o no. Ahora eres sospechoso de asesinato Daryan, no en el grado que lo es Machi Tobaye, pero lo eres hasta que se demuestre lo contrario. Tienes suerte de que el Juez este convencido de que el niño lo hizo, sino también estarías detenido a la espera del juicio.

—¡Tonterías! Tengo la misma coartada que tú. Miles de personas me vieron sobre el escenario tocando en el momento del crimen. Es imposible que yo lo haya asesinado.

—Lo sé, pero aun así hasta que no se dicte la sentencia tu estarás bajo la mira también. Por lo tanto he decido apartarte del caso.

—¿¡Qué!? No estarás hablando en serio, ¿verdad? ¡No puedes apartarme del caso!

—Así es Daryan, es inaudito que un sospechoso de asesinato participe en la investigación del crimen. Debe ser así hasta que se aclare la sospecha.

—Eres tan conservador…

—Solo hago mi trabajo —respondió encogiéndose de hombros.

—No puedo creerlo. Te arrepentirás Klavier, ya lo veras.

Daryan salió dando un portazo, pero el fiscal no tenía tiempo para boberías infantiles. Las cosas debían ser así hasta que se resolviera el caso y si el guitarrista no podía entenderlo, era su problema, él tenía todavía mucho trabajo que hacer de cara al juicio. Había llamado a un analista para inspeccionar su guitarra y así poder definir que había causado su incendio, además lo habían llamado para avisarle que le enviarían una prueba relevante para el caso, por lo que solo quedaba esperar.

Ema se encontraba ya en la escena del crimen buscando más pruebas. Luego de pasar por la oficina del fiscal Gavin había ido a la estación de policía donde tanto su jefe como sus compañeros no perdieron la oportunidad de mofarse de ella, lo cual la había enfadado más aún. Al menos le habían regalado una bolsa de bocaditos, los cuales estaba saboreando en ese momento. Escuchó la puerta del camarín abrirse y tras esta aparecer a Apollo Justice junto a Trucy.

—¿Qué hacen aquí? —les preguntó malhumorada.

—Hola, Ema. Te veo tan enfadada como siempre —saludó Apollo con una sonrisa.

—Oh, ¿debería estar contenta? Me interrogas como a una criminal en el juicio y el fiscal se ríe de mi.

—¿Te refieres a la mancha de sangre que dejó el señor LeTouse?

—El jefe de mi departamento se lo pasó bomba con eso. "¡Incluso un ciego habría visto que el asesino era ciego!"—cambió el tono de voz para imitar a su jefe. De solo recordarlo le hervía la sangre—. Gracioso, ¿eh?

—¡Pero esa mancha de sangre ayudó a desvelar el mayor de los misterios! —la animó Trucy—. Ahora sabemos que el señor LeTouse estaba con la Interpol. ¡Eso no lo habríamos sabido sin ti!

—Bueno… Quizá por eso el jefe me dio estos bocaditos después de despacharse conmigo. Tal vez sean mi recompensa.

—Esperábamos poder volver a ver la escena del crimen.

—Adelante. No van a encontrar ninguna pista ahí adentro. Aunque yo si encontré algo extraño…

—¿Algo extraño? —preguntó Trucy desconcertada— ¿Qué has encontrado?

—Es tan pequeño que ayer debí de pasarlo por alto. Lo he encontrado debajo del sofá —dijo enseñándoles un pequeño artefacto.

—¿De qué se trata?

—Es parte de algún dispositivo, creo. No tengo idea de que. Lo que sobresale en el extremo me sonaba de algo, así que lo envié a examinar. Resultó ser una antena.

—Ohh —exclamó Trucy sorprendida—. ¿Cómo la de los insectos?

—Como la de los móviles —Ema la corrigió—. Este dispositivo usa algún tipo de señal electrónica.

—¿Crees que podrías echarle un vistazo a esto? —preguntó Apollo enseñándole un dispositivo.

—Um. Un pequeño dispositivo… parece un transmisor —dijo Ema mientras lo inspeccionaba con cuidado.

—¿Un transmisor?

—Se pulsa este interruptor y envía una señal.

—Una señal… ¿te refieres a una señal electrónica? —preguntó Apollo, parecía tener una idea—. Déjame probar a pulsar este interruptor…

Cuando Apollo lo pulsó una llama salió desde el artefacto que Ema había encontrado asustándolas tanto a ella como a Trucy.

—Bueno, ahora ya sabemos lo que es: un deflagrador —dijo la Inspectora después de haber golpeado a Apollo por el susto.

—¡Esta parte de aquí debe de funcionar como un encendedor! —exclamó Trucy.

—A mi casi me prende fuego, eso tenlo por seguro —agregó Ema molesta.

—Oye, no me mires así. ¡No lo hice queriendo! —se excusó el abogado.

—Supongo. Al menos estamos avanzando con el caso.

—¿Qué puedes decirnos sobre este interruptor?

—¿Qué intentas hacer? ¿¡Quemarme viva!?

—Vamos, no eran más que unas chispitas.

—¡Tu no lo tenías en la mano! En cualquier caso… Ahora ya sabemos que esto es un control remoto de un deflagrador. Déjame ver eso un momento —dijo mientras lo observaba con detenimiento.

—¿Y bien? —preguntó Apollo impaciente luego de unos segundos.

—Bueno, está claro que esto es un pequeño transmisor. La señal es débil. Alcanzará solo unos diez metros. Si consultamos el diagrama con corte transversal de la zona del escenario… —dijo desplegando un pequeño diagrama—. Veamos… Diez metros desde el camerino de Lamiroir… Cubre totalmente toda la zona de bastidores. Parece que también cubriría el escenario.

Los chicos se quedaron varios minutos analizando el diagrama, por lo que Ema decidió entregarles una copia.

—Supongo que será mejor que siga con mi investigación.

—Entonces, vamos a buscar pistas a otro lugar.

—Ahora que ya sé que es esto, me siento mucho mejor —exclamó Ema enseñándoles el deflagrador—. Tendré que investigar un poco sobre deflagradores.

—¡Buena suerte! —le deseó Trucy a modo de despedida.

Y así Ema quedó sola una vez más, comiendo sus bocaditos, preparándose para una ardua tarde de investigación.

Klavier se encontraba en su oficina observando con detenimiento un objeto raro que le habían dejado allí. Un contacto suyo se lo había enviado aduciendo que era una prueba importante para el caso, pero no tenía idea de lo que era así que lo llamaría para corroborarlo. Más temprano esa tarde, luego de hablar con Daryan, un especialista había pasado por allí para inspeccionar la guitarra. Dentro de la boca de ésta encontraron un objeto extraño que no pudieron definir que era, estaba bastante quemado y en mal estado. El analista prometió examinarlo con mayor detenimiento más tarde, ya que tenía mucho trabajo con las pruebas que le enviaron del caso. Mientras esperaba decidió llamar a su contacto para preguntarle que era la extraña bolita plástica que le habían enviado. Antes, había enviado una solicitud a la Interpol a través de sus contactos en Borginia, pero parecía que la información estaba bloqueada por algo que la Interpol no quería contar a Borginia, algo sobre ese extraño pedazo de plástico. Su contacto no le dio muchas explicaciones, simplemente le dijo que era una copia de algo que Romein LeTouse estaba buscando, por lo que tendría que investigar por su propia cuenta. Cuando colgó el teléfono se sorprendió de ver a Apollo y Trucy en la entrada de su oficina.

—Esto… ¡Hola! —saludó nervioso el abogado.

—Ji, ji… Imagine que acabamos de llegar. ¿No se habrá enfadado…? —Trucy le regaló una sonrisa radiante.

—¿Yo? ¿Por qué? EL mundo necesita más de esos "ji, ji". Siéntense —los invitó— Ahora que me acuerdo… ¿Han leído el periódico de hoy?

—¡Sí! Siempre leo la sección de televisión.

—Buena chica. ¿Y usted, señor Frente?

—Yo leo las tiras cómicas —respondió avergonzado.

—Entonces, ¡no habrá visto esto! —dijo enseñándoles una nota en el periódico.

—"Concierto de tragedia: ¡la canción mortal del fiscal!" —leyó Apollo en voz alta.

—¡Desde que volví del juicio, mi teléfono no ha parado de sonar! —se quejó el fiscal Gavin— "¿Cómo se siente al matar a un hombre con una canción?" "¿Ha llevado alguna vez a un hombre al corredor de la muerte cantando?". ¡Y así sin parar! Gracias a la gran labor hecha hoy por la defensa, claro.

—Um… ¿Eso de allí también es un periódico? —dijo el joven señalando la mesa.

—Ah, sí, el Diario de Borginia. Adelante, eche un vistazo.

—Gracias, pero no entiendo el borginiano.

—Oh, es cierto. Basta decir que todo esto es una gran noticia allí también. Aunque no se han atrevido a mencionar la letra de mi canción.

—Seguro que nadie en Borginia se lo creería —dijo Trucy.

—Probablemente lo vean como una "mera hipótesis" —estuvo de acuerdo Klavier—. Sus periodistas no habrán visto la necesidad de mencionarlo.

—Tiene sentido —asintió el abogado—. Yo tampoco tengo muy claro que pensar sobre todo esto.

—La declaración de Lamiroir seguro que sale en la edición nocturna. Por eso he apartado a Daryan de la investigación temporalmente.

—Sí, nos lo encontramos cabizbajo frente al Coliseo.

—Lamiroir era mi invitada, así que es una situación delicada… Entenderán las ganas que tengo de resolver este caso lo antes posible.

—Sobre la Serenata de la Guitarra… —comenzó Trucy— Me encanta esa canción. Tiene una atmósfera tan conseguida.

—La escribió con Lamiroir, si mal no recuerdo, ¿no?

—Así es. Había ido a estudiar el sistema legal de Borginia de hecho.

—¿Y fue entonces cuando oyó la voz de Lamiroir?

—Fue en un pequeño club de jazz… Esa noche lloré. Sabía que tenía que conocerla y hablar con ella. Así que usé mis influencias que no son pocas, para concertar una cita.

—Guau, los fiscales tienen mucha mano izquierda —se asombró Trucy.

—Creo que él es un caso especial, Trucy —comentó Apollo.

—Por suerte, le gustó mi trabajo y escribimos un tema allí mismo, entre bastidores. Machi al piano, esa dulce voz, y yo con una guitarra que me prestó Lamiroir.

—¡Y lo demás es historia de la música! Es una experiencia que no tendría un abogado cualquiera. Como Apollo, por ejemplo.

—Es un recuerdo muy grato. La canción que escribimos esa noche… es ésta. Y ésa de allí es la guitarra que utilizamos.

—Se refiere a… ¿ese bulto achicharrado? —preguntó Apollo incrédulo.

—¡No la llames bulto! ¡Es un trozo de historia! —exclamó la niña molesta— Y solo está tostada, no "achicharrada".

—Da igual. No volveré a cantar esa canción. Y tampoco volvería a usar esa guitarra… aunque pudiera —se lamentó el fiscal— Era un instrumento bellísimo. Fue tocado con amor durante muchos años. Una guitarra digna de una mujer como Lamiroir.

—¿Cómo terminó aquí?

—Me la regaló. Le mencioné cuánto había disfrutado aquella noche tocándola y me la regaló.

—¿Así que esta guitarra es de Borginia? —preguntó Trucy una vez más.

—Eso es. No pudimos llevarla en el avión, porque los cambios de presión estropean la madera. Así que la envasamos al vacío en el estudio de Lamiroir —explicó—. Usé un servicio de envío especial para transportar pruebas. Me la trajeron directamente hasta la oficina, perfecta e intacta.

—¿Ves? Los fiscales tienen muchísima mano izquierda. Una guitarra tan valiosa… —el semblante de Trucy se mostró afligido— Qué pena que se quemara.

Tanto Trucy como Apollo se acercaron a la guitarra para inspeccionarla de cerca. Lo hacían con sumo cuidado, temían hacerle más daño y despertar la ira del fiscal.

—Lo que hizo esto fue un artefacto pirotécnico impresionante —observó el joven.

—Creí que alguien me estaba gastando una broma —comentó Klavier—. Nunca imagine que la cosa no terminaría ahí… Por cierto, hice que un especialista analizase la guitarra.

—¿Si? ¿Encontró algo?

—No tuvo mucho tiempo, así que no está muy claro. Pero a la conclusión a la que llegó es… desconcertante.

—¿Desconcertante? —preguntó Apollo.

—Bueno, saben que las guitarras tienen un agujero redondo en el centro, ¿verdad? Se llama "boca". Bien, pues encontraron algo pegado a la madera justo dentro de la boca. Un dispositivo de algún tipo… roto.

—¿Un dispositivo… roto? — preguntó Trucy extrañada.

—Sí, este de hecho —respondió Klavier enseñándoles lo que había encontrado—. Sin embargo, el analista está ocupado ahora mismo con las pruebas del caso. Así que no examinará esto hasta que haya terminado con todo lo demás.

—El "dispositivo" que hallaron en su guitarra… —Apollo parecía dudar mientras buscaba algo que quería enseñarle— Eche un vistazo a esto.

—¡Pero si parece la misma cosa! —el rostro del fiscal se puso serio— ¿Qué es…?

—Es un deflagrador —explicó—. Estaba en la escena del crimen… En el camarín de Lamiroir. En realidad lo encontró la inspectora Skye.

—¿En la escena del crimen? ¿Qué querrá decir eso? —dijo Klavier pensativo.

—¿Qué hay en esa bandeja de ahí? —preguntó la joven maga curiosa.

—¿Es un… chicle?

—¿Un chicle?

—Quizá estaba mascándolo cuando sonó el teléfono, y lo puso en la bandeja para seguir más tarde —dedujo Apollo.

—Creía que una estrella del rock podría permitirse un chicle nuevo —exclamó Trucy incrédula.

—No se equivoquen —intervino el fiscal —. Eso no es ningún chicle, fíjense bien… o mejor dicho, no lo hagan.

—Fiscal Gavin, ¿tiene esto algo que ver con el señor LeTouse? —preguntó el joven.

—¡Un segundo! Escucharon mi llamada telefónica, ¿¡verdad!? —los increpó molesto.

—¿Quiénes? ¿Nosotros? —Trucy se hizo la desentendida—. ¡T-traté de detenerlo, en serio! ¡Pero me obligó!

—¡Oye, la que estaba buscando un escándalo eras tú, doña reportera!

—A decir verdad… —dijo con una sonrisa. Le divertía la pequeña pelea entre los dos jóvenes— ni siquiera estoy seguro de lo que es. Pero, según parece, es un modelo de algo que el agente LeTouse estaba buscando.

—¿Le importaría decirnos que sabe sobre ella?

—Esto apareció en la bolsa del señor LeTouse. Parece ser una copia de algo.

—Una copia… —dijo Apollo pensativo.

—La hemos analizado, pero no hay mucho que decir, aparte que es de plástico. Quizá servía para identificar el original del cual se hizo la copia.

—¿Se refiere a lo que buscaba el señor LeTouse?

—Esa parece ser la explicación más lógica.

—Vaya, vaya. ¿Y qué es?

—No me preguntes, señorita.

—¡Puf! Si no quiere colaborar, dígalo —dijo Trucy molesta.

—He enviado una solicitud a Interpol a través de mis contactos en Borginia, pero parece que la información está bloqueada en algún lugar de la cadena.

—¿Y eso?

—Algo que la Interpol no quiere contar a Borginia… algo acerca de este trocito de plástico —dijo con tono misterioso—. He enviado a alguien al Coliseo a buscar a Lamiroir, quizá sepa algo sobre ella al ser de Borginia. Creo que eso es todo lo que se me permite comentarles.

—Oh —se lamentó Apollo.

—Gracias por acercarse señor Frente.

—¿Gracias…?

—Claro, ¡me ha dado tanta información! Como lo de ese deflagrador por ejemplo —dijo con una sonrisa arrogante.

—Ah, eso.

—Nunca había visto a un abogado tan amable con la fiscalía. Es una gran ayuda. ¿O quizá es usted un tanto inocente…?

—Podría decir lo mismo de usted, fiscal Gavin —Klavier lo miró extrañado—. Gracias por la información, sobre la extraña bola de plástico. La que el señor LeTouse estaba investigando.

—Ey, es cierto… —dijo Trucy sorprendida.

—He estado pensando, señor Frente. Nos ocurren muchas cosas durante nuestras vidas, y no siempre son simples. Sobre todo aquellas en las que alguien mata según la letra de una canción. Por eso trato de permanecer tranquilo por dentro y perseguir un objetivo: descubrir la verdad. Por eso me gusta mantener unas relaciones civilizadas —explicó con una sonrisa—. Eso es todo.

—Me parece bien.

—Um… ¿señor fiscal? —preguntó la niña.

—¿Señorita?

—¿Puedo preguntarle por qué canta en un grupo?

—Ah —la pregunta lo descolocó, sin embargo le respondió sonriente—. Porque quiero que las mujeres se den vuelta para mirarme cuando paso.

A decir verdad, solo quería que una se diera vuelta pero era la única que no lo hacía. Todavía tenía mucho trabajo por hacer, por lo que los despidió esperando volver a verlos al día siguiente en el juicio. Una vez que se fueron, sacó la fotografía de donde la había guardado y se echó en su sillón a observarla unos minutos.

Ema se encontraba aun en el Coliseo investigando la escena del crimen cuando recibió un llamado en el cual solicitaban que llevase a Lamiroir a la oficina del fiscal Gavin. «Cretino engreído, ¿Quién se piensa que es? No soy escolta de nadie, y además estoy ocupada ¿acaso no podía venir a buscarla él?"» pensó ofuscada mientras recorría el lugar en su búsqueda. No la veía por ningún lado, lo cual era raro ya que Lamiroir, al ser ciega, no podía ir muy lejos sin compañía y ahora que lo pensaba hacia bastante que no la veía por allí. Se dirigió hacia la salida para ver si la cantante había ido a tomar un poco de aire fresco, pero tampoco estaba allí. Cuando iba a ingresar una vez más topó con Apollo Justice y Trucy Wright quienes la saludaron con alegría. Les preguntó si habían visto a Lamiroir pero respondieron que la habían visto tras bastidores horas atrás, y al comentarles que no la encontraba, amablemente se ofrecieron a ayudarla. Juntos ingresaron al Coliseo pero dentro se separaron para buscarla mejor. Ema se quedó tras bastidores mientras que los jóvenes fueron al escenario a investigar. Lo único que le faltaba a Ema para ser el hazmerreír (más aun) de todo el departamento de policía, era perder a Lamiroir. Sin dudas era el peor caso que le había tocado investigar, en el cual se había sentido totalmente humillada en más de una ocasión. Tenía que encontrarla cueste lo que cueste, por su honor, por su…

—¡INSPECTORA SKYE! —Trucy corría hacia ella totalmente pálida y desesperada.

—¿Trucy? ¿¡Qué sucedió!?

—¡Lamiroir! ¡E-ella…! —las palabras no le salían, estaba a punto de llorar—. ¡En el escenario!

Se encaminó hacia allí a toda prisa, con Trucy corriendo a sus espaldas. Allí, en el escenario, se encontró con Apollo quien estaba arrodillado en el suelo, al lado de una funda de contrabajo donde yacía el cuerpo inconsciente de Lamiroir.