DESAMOR EN DO MENOR
La frialdad de su cama contrastaba con el calor de su cuerpo. Las gélidas sábanas cubrían su piel que se sentía caliente al mero contacto. Solo sabía que estaba frustrado. Añoraba algo que no tenía, ansiaba algo que estaba lejos, anhelaba algo que le habían arrebatado. Su corazón y su cuerpo parecían estar haciéndole una petición desesperada, pero no terminaban de ponerse de acuerdo sobre qué era ese algo. El sonido de las manecillas del reloj lo distrajo y se obligó a levantarse.
– ¿Ya es hora de ir a trabajar?
Habían pasado casi diez días desde que su asistente dejó la ciudad, y para Souichi, todo había sido un calvario en adelante. En casa, repetía la misma rutina de siempre, con excepción de que no había podido dormir casi nada las noches anteriores. En la universidad, todo le salía mal, cometía errores tontos y después se desquitaba con los ayudantes. Su humor estaba peor que nunca, y no solo él se había dado cuenta. Los asistentes, profesores y alumnos en general notaban una especie de nube negra que arrastraba consigo a donde quiera que fuera.
– Necesito calmarme.
El punto de quiebre fue definitivamente lo que tenía que hacer a la hora de bañarse. Y es que evitaba a toda costa tocar las zonas sensibles de su cuerpo, que en su caso eran muchas. Si lo hacía, sabía que las ganas podrían hacerlo caer y por nada del mundo recurriría a la autosatisfacción de nuevo, no después de la traumática experiencia de varias noches atrás. Si le pasaba lo mismo, sería el fin. Sería como si su cuerpo ya no le perteneciese, como si ya no fuera el Tatsumi Souichi que conocía. Y eso le aterraba.
¿Qué era exactamente lo que le hacía falta?
Cuando el último día de esas martirizantes tres semanas por fin había llegado, como por inercia esa noche se sentó en el sofá a esperar la llegada del chico de ojos verdes. Se preguntaba cómo hacía este para atrapar el último tren del día lunes, en vez de esperar, como correspondía, el primer o segundo tren del martes y así llegar tranquilamente. De repente, el nombre de la persona que ocupaba su mente parpadeó en la pantalla de su celular.
– Morinaga, ¿ya estás en el…?
– ¡Senpai! – chilló con una voz dramática – Sumimasen, surgió algo en el trabajo y no podré llegar hasta el domingo en la mañana. Les supliqué que me dejaran ir, que era urgente que regresara hoy mismo, pero se negaron…
Souichi enmudeció. Sintió una opresión en el pecho y apretó los dientes con fuerza para no soltar una barbaridad por la bocina. ¿Qué sentido había tenido esperarlo como un estúpido entonces?
– B-Baka, nada es más importante que tu trabajo.
– Tú lo eres, Senpai, y me duele en el alma no poder estar contigo toda esta semana, pero definitivamente te compensaré en tu cumpleaños. Espérame por favor. ¿Lo harás?
– Es solo un estúpido día…
– ¡Chigaimasu! Tu cumpleaños es uno de los días más importantes del año. Bien, ya debo cortar. Por favor cuídate muchísimo, ¿sí?
– No soy un niño como para que me digas eso.
– Gomen nee… Ah, Senpai…
– ¿Qué pasa ahora?
– Te amo.
Souichi lo imaginó sonriendo dulcemente como de costumbre, pero con esa expresión de tristeza constante en sus ojos. Contuvo la respiración unos segundos y escuchó el clic que daba por finalizada la llamada. No supo quién había colgado primero, pero probablemente había sido él mismo. Dentro de su pecho, algo se rompió, mas prefirió ignorar esa sensación. Sus labios pronunciaron aquel nombre una última vez antes de abandonarse por completo a la soledad.
– Morinaga…
Y su corazón supo con certeza que le esperaba una semana mucho más miserable que las anteriores.
No estaba del todo consciente cuando distinguió aquella silueta subiendo y bajando en repetidos saltos y su cama brincando al compás. Solo al momento de sentir unos brazos alrededor de su fatigado cuerpo cortándole la circulación y una voz chillona gritando en su oído, fue que salió de su estado de letargo.
– Mori…
– ¡Senpai, Senpai! ¡Omedetou! ¡Otanjoubi omedetou!
La emoción desbordaba del cuerpo del muchachito y no encontraba mejor manera de manifestarla que con asfixiantes abrazos y traviesos besos que caían como lluvia sobre su rostro. Souichi no conseguía sacárselo de encima a causa del inmenso cansancio del que era víctima. Entonces se rindió.
– Lamento llegar recién, Senpai. Perdí el último tren y tuve que tomar el primero de la mañana.
– Matte… ¿Dónde es que…?
– Me quedé durmiendo en la estación, el guardia me dejó quedarme en su oficina toda la noche. Fue muy amable de su parte, ¿no crees? – contó sonriente.
Souichi abrió los ojos a más no poder y sintió cómo la indignación recorría sus venas. ¿Quién en su sano juicio se quedaría prácticamente en la calle esperando un condenado tren? ¿Se podía ser más idiota? Mientras la rabia se apoderaba de su cerebro, las manos de su kouhai se extendieron hacia él.
– Otanjoubi omedetou, Senpai. Por favor recibe este pequeño regalo de mi parte. – susurró sonrojado.
El mayor también se ruborizó enormemente y recibió con timidez el obsequio. Dentro de una caja gris, se apreciaba una especie de pulsera de la cual colgaban diversos dijes relacionados con la química. Un regalo bastante original y apropiado para un científico. Sabía que un hombre como Souichi jamás utilizaría este tipo de accesorios en la calle, pero al menos quería que la conservara. Por su parte, Souichi, estaba sumamente sorprendido. Nunca en su vida había recibido algo parecido, y a pesar de odiar esas cursilerías, en el fondo le gustó.
– D-Doumo, no debiste molestarte. – contestó avergonzado.
– No es gran cosa, pero me gustó mucho para ti. A-Ah, pero no es necesario que te la pongas para salir… Omedetou, Senpai… – susurró mientras lo estrechaba entre sus brazos.
– Me lo has dicho como diez veces ya…
– Es que estoy feliz de estar contigo en una fecha tan especial.
– Ya te dije que es un día cualquiera.
– Para mí no. Es el cumpleaños de la persona que más amo.
Permanecieron abrazados un rato, hasta que el recién llegado se apartó un poco y lo miró directamente a los ojos con ese brillo esmeralda tan característico. Se acercó lentamente y apresó sus labios sin aviso alguno. Souichi ni siquiera protestó. Un beso tan profundo después de casi cuatro semanas fue como si la bomba de tiempo que habitaba en su interior estallara en segundos. Su mano se aferró automáticamente a su camisa a medida que el beso se intensificaba. Casi un minuto después, sus rostros se separaron, pero sus respiraciones aún chocaban una contra la otra.
– Te-Tengo que bañarme…
– De acuerdo, te prepararé un delicioso desayuno de cumpleaños. Ah, ponte tu mejor ropa porque…
– ¿Por qué? ¿Acaso vamos a salir o va a venir alguien?
– Prefiero no arruinar la sorpresa… – rió en voz baja.
– O-Oi, Morinaga, ¿me estás ocultando algo?
– ¡Voy a la cocina! – dijo escabulléndose hacia la sala.
En el rostro de Souichi se dibujó un gran signo de interrogación y en su cerebro se sembró un mal presentimiento.
– ¡Morinaga, regresa aquí ahora mismo!
La invasión ocurrió exactamente a las 3 de la tarde. El timbre no dejaba de sonar y un irritado Souichi pateó a su kouhai para que fuera a abrir la puerta en vez de estar trepándose sobre él para llenarlo de besos y abrazos.
– ¡Otanjoubi omedetou! – exclamaron todos en coro.
– ¡Wow, esta sí que es una sorpresa! Han venido todos a celebrar el cumpleaños de Senpai, ¿eh?
Naturalmente al chico de ojos verdes se le borró la sonrisa al divisar entre la multitud a su supuesto rival. Como no quería hacer una escena, y mucho menos en el cumpleaños de su amado Senpai, decidió tragarse sus celos.
– Morinaga-kun, no sabes mentir. Es obvio que sabías que vendríamos, después de todo Kanako-chan te lo había comunicado semanas antes. En fin, me alegra mucho verte.
– Konbanwa, Isogai-san… – saludó a regañadientes.
– ¿Eh? Pensé que todo había quedado claro la última vez que hablamos.
– Nunca terminaré de confiar en ti. – sentenció dirigiéndose a la cocina para prepararle algo a sus invitados – Por favor, siéntense todos y esperen a que estén listos los bocadillos.
Souichi, que hasta ahora había observado la escena desde lejos con una incredulidad casi absurda, se aproximó hacia el salón donde ya todos se encontraban acomodándose en los sillones.
– ¿Q-Qué hacen todos ustedes aquí?
– Hasta la pregunta es necia, niisan. ¿Por qué otra razón habríamos venido desde Estados Unidos si no es para celebrar tu cumpleaños?
– ¿Y ese "todos juntos" tenía que incluir a estos? – reclamó señalando a Taichirou y a Mitsugu.
– Kurokawa-san es parte de la familia ahora, naturalmente iba a venir. Además tenía ganas de verte, ¿nee, Kurokawa-san?
– H-Hai, Souichi-kun, quería que pasáramos una velada agradable, p-por eso es que vinimos desde allá…
– Qué cuñado tan considerado tengo. ¿Tomoe, podrías dejarme asesinarlo hoy? Sería mi mejor regalo de cumpleaños.
– ¡Niisan!
– Sou-kun, sé que en el fondo te morías por vernos. Además, teníamos que aprovechar que los pasajes habían bajado de precio. – destacó Soujin.
– ¿Por qué no me sorprende? – contestó Souchi irónicamente – Oyaji, ¿cuándo llegaste exactamente?
– Anoche, pero me quedé en casa de Matsuda-san para darte hoy la sorpresa. Soy feliz de estar de nuevo junto a mis tres hijos. – afirmó sonriente envolviendo por unos segundos a los tres en un cálido abrazo.
– Niisan, hace mucho que no veníamos a tu casa, ¿nee? – comentó Kanako paseando por la sala – ¿Tienes juegos o algo interesante por aquí?
– Si quieres te presto un libro de biología.
– C-Creo que así estoy bien.
– Lo que nadie sabe es que yo, el gran Isogai Taichirou, ha traído consigo la fuente de la diversión.
– ¿Hontou, Isogai-san? ¡Muéstranos, muéstranos!
– Así que traías algo importante en ese maletín gigante que has estado cargando todo este tiempo, ¿eh? – comentó Mitsugu suspicaz.
– Espera y verás.
Los presentes miraban expectantes al chico mientras extraía una especie de aparato cuadrado parecido a un reproductor DVD con 3 micrófonos inalámbricos. Todos sonrieron asombrados, a excepción de Souichi, que sintió su cuerpo descomponerse ante lo que sería el recuerdo de aquella vergonzosa experiencia que ya había enterrado en lo más profundo de su cerebro.
– No me digas que eso es…
– Exactamente, mi estimado Kurokawa, ¡es un karaoke portátil! Lo compré hace unos meses y pues qué mejor que estrenarlo con ustedes.
– ¡Sugoi! – exclamó Tomoe.
– Y traje mi USB con un gran repertorio de canciones, incluyendo las de anime obviamente.
– ¡Yatta! – gritó Kanako – ¿Tienes las canciones de Doraemon, Free!, Meitantei Conan y Sakura Card Captors?
– Pero por supuesto, son las primeras que puse.
Tetsuhiro observó a su Senpai y descubrió que este se encontraba pálido y con una expresión de "¿qué hice para merecer esto?" imposible de ocultar. Se acercó a él disimuladamente y le puso una mano en el hombro para calmarlo.
– Vamos, Senpai, no puede ser tan malo, solo es cantar y pasar un rato agradable con tu familia. Además yo estoy aquí contigo, no temas.
– ¿Y me lo dices tú? Kuso, en serio debo haber pecado mucho en mi vida pasada como para que me castiguen así en la actual.
– Ay, Senpai…
Tomoe y Mitsugu ayudaron a Taichirou a instalar el aparato de karaoke al televisor de la casa y probaron los micros que afortunadamente funcionaban a la perfección. Mientras, Souichi iba al balcón a fumar un cigarro, pues necesitaba uno más que nunca. Soujin se preocupó un poco por su hijo y lo siguió.
– Sou-kun, ¿te sucede algo?
– No me pasa nada, ¿por qué lo preguntas?
– No te veo muy a gusto con lo del karaoke.
– Tengo un trauma con eso…
– ¿Un trauma?
– Lo que quiero decir – explicó apagando el cigarro – es que no me gusta cantar y ni siquiera sé hacerlo.
– Vamos, hijo, será divertido. Son pocas las veces que podemos estar en familia.
– ¡Otousan, niisan, Isogai-san terminó de instalar todo, vengan que ya vamos a empezar!
Souichi vio que no tenía más remedio que ceder ante la insistencia de su clan, y solo esperaba que esa dichosa noche de karaoke no le trajera más problemas de los que ya tenía. En la primera ronda de canciones, cada uno escogió una canción bien individual o bien en dúos. Ya que Souichi se negaba rotundamente a elegir una, al final fue obligado por Taichirou a cantar aquella oh tan odiosa y oh tan odiada canción de Doraemon.
– Morinaga-san, aún no has cantado nada.
– Etto, déjenme ver… – dijo estudiando la lista de canciones del USB – Ah…
– ¿Sucede algo, Morinaga-kun? – interrogó Soujin con curiosidad.
– No, es solo que…
– ¿Eh? No me digas que te gusta esa canción. A mí también, pero es muy triste. Es dedicada a un amor no correspondido.
Todos enmudecieron ante el comentario de la pequeña Kanako. Tetsuhiro desvió la mirada rogando al cielo que nadie se hubiera dado cuenta de su reacción por más evidente que fuera. Souichi lo miró de reojo y también sintió cómo se le subían los colores al rostro, mientras suplicaba que alguien rompiera el hielo y terminara con ese incómodo momento.
– Por favor, no es nada del otro mundo, es solo una canción. – dijo Taichirou en tono despreocupado – Y si le gusta a Morinaga-kun, pues que la cante.
– P-Pero es que yo…
– Nada de peros, ¡a cantar! – ordenó Taichirou mientras preparaba la canción.
La música empezó a sonar y todos dirigieron la vista hacia Tetsuhiro, menos Souichi que miraba a cualquier otro punto que no fuera su roommate. El jovencito tomó aire y empezó a cantar sin necesidad de leer los kanjis, pues se la sabía casi de memoria. Siempre se había identificado con aquella canción, a pesar de que la cantara una chica.
NIEVE ETERNA
¿Desde hace cuánto tiempo ya que estoy enamorado de ti?
Mi amor no ha hecho más que ir creciendo
Me pregunto si te habrás dado cuenta de estos sentimientos
aunque nunca te los haya confesado con palabras
Solo siguen cayendo como nieve
y acumulándose en silencio
Abrázame fuerte
Si es así como se siente enamorarse de alguien,
habría preferido no saberlo
Te amo
Mis lágrimas no se detienen
Por eso sería mejor
no haberte conocido nunca
Los presentes quedaron boquiabiertos al escuchar cantar al chico. Ninguno habría imaginado jamás que este tuviera una voz tan preciosa. Su timbre era impecable, ni muy agudo ni muy grave, y su interpretación conmovía incluso hasta las lágrimas como fue el caso de Tomoe y Kanako que no pudieron evitar derramar unas cuantas. Los demás, aparte de asombro, sintieron un nudo en la garganta ante tal interpretación. La letra claramente hablaba de un muy doloroso amor no correspondido. La pregunta era ¿Tetsuhiro estaba viviendo un amor de ese tipo como para cantar con esa pasión y ternura?
¿Cuánto tiempo más seguiré pensando en ti?
Mis suspiros han empañado el cristal de la ventana
¿La llama de una vela
podrá derretir ahora mi tembloroso corazón?
Abrázame fuerte
tan fuerte hasta el punto de quebrarme
para que incluso si llega un viento helado o una nevada
yo no sienta frío
Te extraño
No dejo de pensar en ti
Esta noche también estoy totalmente solo
abrazado a mi bufanda
Para ese momento, el corazón de Souichi golpeaba en su pecho con tal fuerza que sentía que se desvanecería. Cada verso cantado por la voz de Tetsuhiro estremecía su alma, pues su rostro expresaba un dolor tan profundo que sus ojos se humedecieron empañando sus anteojos. Quería huir de ese lugar, no podía soportar un segundo más. Aquella canción era la historia de su amor por él… un amor no correspondido. En el último coro, Tetsuhiro se atrevió a mirarlo fijamente y él mantuvo la mirada. Se miraron intensamente y se olvidaron de todos los demás.
Si la nieve siguiera cayendo eternamente,
¿podría esconder bajo ella mis sentimientos hacia ti?
Abrázame fuerte
Si es así como se siente enamorarse de alguien,
habría preferido no saberlo
Te amo
Los sentimientos se desbordan en mi pecho
Quiero gritarle al cielo invernal
que deseo verte ahora mismo
Abrázame fuerte…
Te amo…
Cuando terminó de cantar, ambos seguían mirándose, pero los aplausos de los presentes los hicieron reaccionar, y Tetsuhiro los vio ahora a ellos forzando una sonrisa de agradecimiento mientras hacía una pequeña reverencia.
– ¡Eso fue hermoso, Morinaga-san! – exclamó Tomoe.
– ¡Tu voz es tan bonita! – sollozaba Kanako aún conmovida.
– Arigatou, pero no es para tanto, es que me gusta mucho cantar y…
– Nada de eso, muchacho, eres excelente. – halagaba el mayor de los Tatsumi.
Taichirou miró de reojo a Souichi y vio cómo el otro secaba disimuladamente las lágrimas que no había podido contener. Unos segundos pasaron y Souichi volvió a salir al balcón sin decir una palabra.
– Mou, sé que a niisan no le gusta mucho la música, pero al menos pudo decir algo de la interpretación de Morinaga-san. ¡Niisan no baka!
– Descuida, Kanako-chan, lo que pasa es que a Senpai no le gustan las canciones románticas o cursis, no es su estilo.
– ¡Definitivamente es un ángel, ahora no hay duda, porque hasta canta como uno! – pensaban todos sorprendidos.
Mientras seguían halagando la voz del jovencito, el terco tirano se quedó en el balcón para terminar de secar su llanto y respirar un poco para que nadie se diera cuenta de su reacción. Pero esta vez lo había seguido el chico de Tokio.
– Souichi-kun, ¿te encuentras bien?
– ¿P-Por qué habría de estar mal? – contestó a la defensiva.
– Porque te ves mal. Realmente te afectó oír cantar a Morinaga-kun, ¿no es así?
– No seas imbécil. ¿No lo dijiste tú mismo? Es solo una estúpida canción.
– No me pareció que lo fuera. Sabía que él te quería mucho, pero no pensé que hasta ese punto. Te envidio, Souichi-kun.
– ¿Ahhh? ¿Qué tiene de envidiable que un homo te siga a todos lados y no te deje ni respirar?
– No estarás hablando en serio, ¿no? El chico te adora y…
– Es solo un idiota…
– ¿Sabes? – expresó Taichirou un tanto molesto – Creo que no te mereces el amor de ese chico.
Souichi por fin volteó a verlo con una expresión de asombro y furia al mismo tiempo. Taichirou le respondió ahora con una mirada de decepción y enojo.
– Y no deberías retenerlo si no eres capaz de corresponder a sus sentimientos.
– ¿Tú qué demonios sabes de…?
– Solo sé que Morinaga-kun te ama más que a su vida y que, al parecer, solo recibe migajas de tu parte.
– ¡Eso no es verdad! Todo esto es su culpa… – murmuró apretando los ojos y respirando pesadamente – Por su culpa me estoy convirtiendo en alguien que no conozco y…
– Morinaga-san, no quiero entrometerme, pero ¿cantaste esa canción pensando en alguien?
Tetsuhiro se congeló al igual que los dos que estaban en el balcón, en especial el de cabello largo al escuchar aquella pregunta que provenía de la sala. Tomoe la había lanzado por aquella curiosidad y candidez que lo caracterizaban. Mitsugu se preguntó si su amado esposo realmente recordaba o no que ese muchachito estaba perdidamente enamorado de su hermano mayor, o si en su ingenuidad, nunca se había dado cuenta de este hecho tan obvio.
– Yo…
– O tal vez estás tan pendiente de mi hijo que no has podido declararte a esa chica y piensas que es algo no correspondido. Porque en serio, ¿quién no se enamoraría de un chico como tú? Dinos, ¿Sou-kun te ha causado inconvenientes? ¿Es por su culpa que estás en una situación dolorosa?
– No, la verdad es que Senpai…
No había forma. No había forma de que él confesara que… ¿o sí? Souichi tembló y se aferró a la baranda preparado para lanzarse sobre su kouhai si decía algo de más. Tetsuhiro levantó la mirada y se armó de valor. Esa oportunidad era única en un millón y no se le volvería a presentar, probablemente, nunca más.
– En realidad, con respecto a Senpai, yo…
– ¡Morinaga! – gritó Souichi histérico al borde del colapso rogando internamente para que su asistente no abriera la boca, y todos los miraron expectantes.
Tetsuhiro calló. Sí, calló. Calló cuando en realidad quería gritar con todas sus fuerzas la verdad a la familia de su Senpai. Pero la voz y la expresión de Souichi lo quebraron antes de que pudiera pronunciar una sola sílaba. Bajó la mirada y tragó en seco reprimiendo las lágrimas.
– Yo… yo aprecio mucho a Senpai. Es el mejor amigo que he tenido en toda mi vida y me importa mucho. Él tiene un poco de dificultad para relacionarse con los demás, y yo quiero ayudarlo en todo lo que me sea posible. Así que por favor, no lo culpen…
Mentira. Qué mentira tan grande y dolorosa era la que estaba diciendo. Mejor amigo. Mejor amigo cuando ni siquiera desde el primer segundo en que lo vio había pensado en la posibilidad de ser solo eso. Él siempre quiso más. Las alas de su esperanza siempre habían volado más alto que su miedo al rechazo. Pero ahora era tarde. Se había mentido a sí mismo y de paso a los Tatsumi.
– Sou-kun, sí que tienes suerte de haber encontrado a un amigo como Morinaga-kun. No todos estarían dispuestos a ayudarte a cambio del tiempo que podrían usar para salir a divertirse con chicas y eso. Incluso tal vez con su ayuda, puedas encontrar una novia adecuada, ¿nee? – expuso Soujin inocentemente.
Después de este comentario, Taichirou miró a Tetsuhiro y notó que le temblaban ligeramente los labios y que sus ojos expresaban un dolor mudo. Luego volteó la vista hacia Souichi y se sorprendió al descubrir que tampoco estaba muy tranquilo que digamos. Era como si esa mentira le hubiera dolido tanto como a Tetsuhiro.
– Etto, ¿por qué no empezamos a darle nuestros regalos a Souichi-kun? – dijo Taichirou tratando de cambiar el tema.
– ¡Hai! No puedo esperar a que niisan vea lo que tengo para él. – exclamó Kanako emocionada.
Souichi volvió al salón principal y se sentó para recibir sus obsequios de mala gana. Tetsuhiro permanecía en la cocina lavando los platos, sin siquiera hacer comentarios sobre la entrega de regalos. Al fin llegó el momento de cantarle el típico "Happy Birthday" al dueño del santo y se ubicaron todos alrededor de la mesa. Souichi, naturalmente, odiaba esas tonterías, pero su familia insistió tanto que tuvo que ceder.
– Morinaga-san, ya que cantas tan bonito, por favor empieza tú.
– A-Ah, de acuerdo.
Tetsuhiro comenzó a cantar y los demás le siguieron. Todos parecían estar felices, a excepción del mismo cumpleañero y de su mejor amigo. Souichi odiaba también la parte de pedir un deseo, pero a insistencia de su hermanita, lo hizo a regañadientes. Tetsuhiro y Kanako repartieron la torta a los invitados y la conversación siguió amenamente. Al llegar la noche, todos habían planeado de antemano instalarse en el departamento de ambos científicos sin su permiso. Taichirou, sin embargo, argumentó que como el día siguiente caía lunes, les complicaría mucho a los dos porque debían ir a la universidad.
– Dejemos descansar a los chicos, mañana será un día duro para ellos. Además Kanako-chan tiene escuela, ¿nee?
– Bien, entonces regresemos a casa de Matsuda-san. – propuso Soujin, aunque era su única opción de todas formas.
– Gracias a todos por haber venido hoy. – agradeció Tetsuhiro haciendo una venia – Siempre son bienvenidos en esta casa.
– ¡Ahh, tan angelical! – pensaron todos.
– Niisan, ¿tú no dices nada?
– Sí, sí, gracias, gracias. Ahora váyanse para poder irme a dormir.
El joven se despidió de su familia y amistades con la promesa de reencontrarse pronto. Su padre regresaría a sus extrañas misiones el lunes a primera hora, y la pareja de esposos viajaría de regreso a los Estados Unidos en la tarde. Al día siguiente, todo volvería a la normalidad en sus vidas. O al menos eso era lo que pensaban. Taichirou, antes de marcharse, se dirigió una última vez a Souichi.
– Souichi-kun, por favor habla con él y arreglen esto.
– Ya te dije que…
– Por una vez en tu vida, abre los ojos, y mira de frente y sin miedo. Uno nunca sabe cuándo va a perder lo más valioso que tiene.
Souichi lo observó hasta que se retiró y cerró la puerta, pero su mente no pudo formular ningún contraataque coherente, porque sencillamente no podía refutarle nada al hombre de Tokio. Cuando en el departamento al fin quedaron los dos científicos solamente, se hizo presente un silencio cruel, pero necesario, doloroso pero vital. Pasaron varios minutos antes de que alguno pudiera romperlo.
– Morinaga…
El aludido ni siquiera lo miró, pero Souichi sabía que lo estaba escuchando perfectamente, por lo que decidió continuar.
– Morinaga, escúchame. No es posible, ¿de acuerdo? No quiero que mi familia se entere de algo semejante y mucho menos el maldito de Kurokawa. Simplemente no quiero y no lo querré nunca.
Tetsuhiro sentía que su corazón se destrozaba con cada palabra. Era muy consciente de lo que pensaba su Senpai respecto a la relación complicada que tenían, pero no dejaba de dolerle su actitud.
– Eso es porque tú no estás seguro de tus sentimientos.
– ¿De qué demonios estás hablando?
– Creo que he hecho todo para demostrarte que te amo y que quiero estar contigo por el resto de mi vida, pero tú no lo entiendes porque no sientes lo mismo, ¿verdad?
Souichi lo miró incrédulo. Parecía estar reflexionando una respuesta, pero esta no llegaba a su cerebro, mucho menos a sus labios. Tetsuhiro aprovechó para hacer otra pregunta.
– Es lo que siempre había creído, pero entonces, Senpai, ¿por qué? ¿Por qué cada vez que he intentado alejarme de ti, me has detenido con tanta desesperación?
Tetsuhiro lo miró a los ojos con cautela, esperando no haber despertado a la fiera que lanza fuego y cuchillos por la boca cuando se enoja, lo cual sucedía casi todo el tiempo. Souichi bajó la mirada, volvió a subirla y luego, miró a todos lados menos a su kouhai. Ciertamente nunca había dejado a su cerebro formular esta pregunta tan clave, porque le temía a la respuesta. Había preferido mantener el status quo, llenarse de excusas cada vez que se iba a la cama con Tetsuhiro y pedirle que se quedara a su lado, mas nunca había dado una razón valedera para todo esto. Un círculo vicioso que se repetía día tras día, pero que le ayudaba a no hacerse más líos en la cabeza y en el corazón. Había pensado que para Tetsuhiro era bastante ya haberle dicho que no huiría más, pero sus grandes esfuerzos, en su opinión, no contaban para su terco asistente. Para él, nada era suficiente y Souichi no sabía qué más darle que no le hubiera dado ya.
– No lo sé.
No lo sé. Tetsuhiro conocía perfectamente la etapa de negación de su Senpai. Estaba ahí todo el tiempo y eso les impedía avanzar.
– Nunca estás conforme con nada. Te digo algo con toda la resolución del mundo y ni siquiera te importa.
– ¡Eso no es cierto! – exclamó levantándose de un salto – Estoy muy feliz y agradecido porque me pediste que me quedara, pero me duele, Senpai, me duele que me pongas la etiqueta de amigo todo el tiempo.
– ¡¿Y acaso no es eso lo que somos?!
– ¡Claro que no, Senpai! ¿Dónde has visto que los amigos se acuesten?
– ¡Es porque tú quieres hacer eso todo el tiempo!
– ¿Por qué siempre insinúas que soy solo yo?
– Porque es así, yo solo cedo porque eres tú y te lo he dicho miles de veces. Además eso ya lo habíamos hablado y estábamos de acuerdo ambos, ¿o no? ¡Y por último, esto no tiene nada que ver con la estupidez que estuviste a punto de cometer!
El joven asistente suspiró amargamente. Otra vez retrocedían en su relación. Cuando él pensaba que todo estaba bien y que su Senpai pronto cedería a catalogarlos a ambos como una "pareja", resultaba que para Souichi esto era inconcebible, ya sea que estuvieran en Nihon, Perú, Júpiter o la luna.
– Es que ya no puedo más, Senpai, ¿por qué es tan malo que la gente sepa de nosotros?
– Lo que pase entre nosotros quedará entre nosotros… siempre, ¿cuándo demonios vas a entenderlo?
– Entonces sí somos sefure después de todo…
El chico abrió los ojos con dificultad cuando ya se encontraba en el pavimento. Souichi le había propinado un puñetazo con tal fuerza que lo mandó a una esquina y lo dejó bastante mareado.
– ¡No vuelvas a decir semejante atrocidad! – chilló furioso.
Tetsuhiro cerró los ojos con fuerza y las lágrimas brotaron súbitamente. El puñetazo ciertamente no dolía tanto como su corazón.
– Me voy a la cama. No quiero seguir hablando de esto. Tal vez mañana cuando no me esté reventando la cabeza.
Dicho esto, se dirigió a su habitación cuando de repente sintió que unas manos lo sostenían de los hombros. Se giró para encontrarse con los ojos verdes sin brillo de su asistente y un semblante sombrío que jamás le había visto.
– Senpai… ¿qué tan importante soy para ti?
– ¿E-Eh? ¿A qué viene esa pregunta justo ahora? – interrogó irritado.
Tetsuhiro cerró los ojos y cayeron más lágrimas. Souichi abrió los suyos más que nunca y su corazón se aceleró, pero a continuación se detuvo por un instante cuando escuchó la nefasta pregunta.
– Senpai, si yo muriera… ¿llorarías?
Hay que ver que Senpai es hard to handle. Y qué me dicen de Tetsu con esa dramática pregunta? Nuestros chicos han tocado fondo y lamentablemente tendrán que reflexionar sobre su situación y buscar una solución si en verdad quieren seguir juntos. No teman, ficreaders, no pasará nada (demasiado) trágico… ¿o sí?
Nos vemos pronto!
Para el cap 14:
Pista: Dolor
Pregunta: ¿Cómo reaccionará Souichi ante la pregunta de su kouhai?
Ja nee!
**Jane Ko**
