Recordaba el columpio de la Academia más grande de lo que en realidad era, pero supuso que no era que la hamaca se había achicado sino que ella había crecido. Aunque no era que su cuerpo se había modificado enormemente, pero bueno, aumentar sus medidas aunque sea sólo par de centímetros a los trece años era algo importante para la mayoría de las chicas de su edad. Pero en realidad Hinata nunca pensaba en cosas como esa.
Pensaba en cosas como la decepción que era, en lo mal que se sentía cuando tenía que volver a su casa luego de un día de entrenamiento -dónde Hiashi la obligaría a sentarse en la mesa del comedor y la interrogaria para saber qué hizo, dónde estuvo y sobre todo cuanto había avanzado-, y en la inmensa felicidad que sentía cuando terminaba su desayuno y caminaba dando saltitos hasta el campo de entrenamientos número cinco, donde su bella sensei, su ruidoso compañero y su amable amigo la esperaban.
Pero hoy el entrenamiento sólo consistió en una reunión estratégica e informativa que había terminado demasiado pronto para su gusto, porque dentro de dos días volverían a salir de Konoha en su segunda misión de rango C (lo que la emocionaba y aterraba al mismo tiempo), y Kurenai quería que descanzaran lo más que puedan y que se tomaran las cosas con calma.
Porque en la primera misión de ese rango se habían puesto nerviosos y habían asustado al cliente que quiso quejarse con el Hokage y eso no podía volver a suceder.
Pero Hinata no quería volver a su casa, no quería tener que caminar hasta su Complejo donde su padre la esperaba para hacerle el interrogatorio diario, donde todos sus súbditos le sonreían pero en realidad la odiaban porque ella era de la rama principal.
Donde Neji…
Neji…
Se mordió los labios no permitiéndose pensar en él, y obligó a su mente a pensar en cosas menos dolorosas.
Como en cuando Kiba intentó de saltar desde una punta a la otra del campo de entrenamiento, fallando miserablemente y cayendo junto a Akamaru, provocando la risa de Chöji y una mueca de su parte que al instante escondió en un fuerte rubor porque no quería reírse del infortunio de su compañero.
O en Naruto.
Y tan sólo pensar en aquel rubio gritón hizo que se ruborizaran sus cachetes, contrastando totalmente con la palidez de sus ojos, e instintivamente junto sus dedos índices y comenzó a chocarlos entre sí, sonriendo levemente.
A veces se imaginaba no siendo tan tímida y teniendo la personalidad de alguna de sus compañeras de clase. Porque ella notaba como perseguían y vitoreaban y demostraban todo su amor por Sasuke y ella nada de nada, nothing, niente; pero es que Naruto era tan… diferente a ella.
Porque él prefería saltar y ella esconderse. Él prefería pelear y ella hablar. Él prefería caminar por Konoha y ella leer encerrada en su cuarto.
Y el muchacho estaba tan enamorado de otra mujer… Haruno Sakura.
Que era tan diferente a ella también.
Pero la pelirrosa no le daba ni la hora, de hecho todo lo contrario, porque cada vez que el Uzumaki se atrevía siquiera a dirigirle la palabra, la kunoichi lo estampaba contra alguna pared o reja con uno de sus puños (y el porqué de semejante reacción violenta estaba fuera del nivel de comprensión de la Hyüga). Y para empeorar el panorama, la muchacha era una de las más fieles admiradoras del último descendiente del clan Uchiha (del que su padre le había advertido alejarse) y… bueno debía admitir que el pelinegro era muy apetecible a la vista, pero Hinata vivía rodeada de gente con personalidades frías y lo último que necesitaba era agregar aún más seriedad a su vida.
Quizás si el chico del sharingan fuera algo más dulce, ella sentiria algo por él…
Naruto en cambio era la persona más alegre que vió en la vida, y esa actitud de él fue lo que llamó su atención cuando era pequeña. Y lo seguía para ver en qué problemas se metía o qué locuras planeaba, porque en el fondo la ojiperla soñaba con hacer cosas así; pero no se atrevía a contradecir a su padre.
Por eso vivía todo eso a través de él.
Y se preguntó si lo que sentía era amor o admiración o una mezcla de ambas. Quizás si ella en realidad fuera diferente y se aventurara más o no fuera tan sumisa, no sentiría nada por el chico de las marcas en el rostro. Quizás no sentiria nada por nadie y sólo se querría a ella misma, y eso un poco le gustaría. Le gustaría quererse a sí misma.
No supo muy bien en qué momento comenzó a columpiarse, pero ahora que lo hacía podía sentir la brisa que le daba en la cara. El silencio que rodeaba el patio de la Academia le permitía pensar y tararear en voz baja sin ser interrumpida, aprovechando que todos los chicos seguían en clase por lo que no tenía que irse todavía. Alzó la vista para ver el sol, y por su posición en el cielo supuso que debía ser media tarde, lo que significaba que podía gastar unas cuantas horas más antes de tener que emprender el retorno a su complejo.
Sentía algo de calor bajo sus ropas pero podía soportarlo, su campera beige tapaba las gotitas de sudor que habían comenzado a descender por su pecho, torso y espalda. Pero a Hinata no le importaba estar sudando -de hecho mejor, porque así podría decirle a su padre que había estado entrenando sola, y no tendría que admitir que pasó toda la tarde hamacándose-. De hecho...
"Maldito infeliz…" escuchó una voz que gruñía por lo bajo pero no podía distinguir a quién le pertenecía o ver al dueño del chillido. El enojado murmullo la sacó de sus pensamientos al instante y dirigió una tímida mirada al lugar de donde el sonido parecía venir.
"Se cree muy gracioso," el quejido estaba cada vez más cerca del columpio y pudo notar que era demasiado aguda para pertenecer a un hombre.
Podría activar su byakugan y terminar con el misterio de una vez, pero la persona estaba demasiado cerca ya y sin dudas la atraparía con su doujutsu activado. No quería quedar como una chismosa.
"Ya va a ver, le voy a quemar su preciosa copia de Icha Icha a ver si sigue creyendo que es gracioso, oh sí, ¡Kyajajaja!" Sí, definitivamente una chica por la risa lunática.
La imagen de su antigua compañera de clase salió de entre los matorrales que rodeaban el edificio, agarrándose el estómago mientras reía cual enferma (con los ojos totalmente blancos, mirando hacia arriba y la mitad de la cara ocupada por su boca) por cualquiera sea la imagen que se estaba imaginando.
(Kakashi en llamas.)
Pero al encontrarse con la ojiperla, la risa frenó de golpe y el semblante se endureció. "Oh… Hinata."
"I-Ino-chan."
La rubia llevó sus manos a su nuca, elevando sus codos por encima de su cabeza al estilo Uzumaki y estuvo a punto de seguir de largo e ignorar una vez más a la peliazul pero de algún modo su boca empezó a formular palabras antes de que su mente pudiera reaccionar, "así que… ¿qué haces acá?"
"¡Oh! Uhm… anoo~ y-yo s-sólo me columpiaba Ino-chan…"
"¿Eh?" Respondió haciendo una mueca con el rostro, "¿En… en serio? ¿Te dejan columpiarte?"
Hinata se sonrojó, sabiendo que si bien la chica lo preguntaba con verdadera curiosidad, también tenía algo de veneno en la voz. "Uhm… s-sí," y de repente encontró de lo más interesante el pedazo de tierra a su pies.
"¡Pero mirá nada más!" Gritó de repente super ofendida, bajando sus brazos y apretando los puños, "Kakashi-sensei no me deja hacer nada salvo entrenar, el hijo de…"
"¡Ino-chan!"
"Okey, okey, tsk, ¡que puritana sos!" Ante eso la chica hundió más su quijada contra su pecho. La kunoichi de pelo largo dejó salir un largo suspiro, "bueno, no te pongas así, era sólo un chiste, dios…"
"Oh… lo, lo siento."
"¿Eh? ¿Por qué?" Pero la otra joven no contestó y sólo se sonrojó aún más, "wow… si que sos timida."
"S-supongo…"
"Gee, no sos de hablar mucho ¿eh?"
"Ah, ehm… n-no creo que no…"
"Como sea, ¿estuviste entrenando?" La interrumpió la rubia antes de que siga tartamudeando incoherencias con un gesto de la mano.
"S-sí, e-es decir no, Kurenai-sensei nos dió la tarde libre p-para que descansemos hasta la próxima misión."
"Eeehhh… como me gustaría estar con ella, ¡Chöji tiene tanta suerte!"
"E-estoy segura que tu sensei es muy bueno también, Ino-chan…"
"¿Kakashi bueno? Ahjaja" rió la kunoichi, "tenelo por una semana y después me contás."
"Oh…" resopló la peli azul formando una perfecta 'o' con la boca, "e- ¿estabas entrenando con él?"
"¡¿Con él?!" respondió mientras serruchaba sus dientes entre sí, "no…"
(Kakashi ardiendo y gritando de dolor.)
"Pe-pero entonces no e-estabas entrenando Ino-chan?" Hinata sabía que Ino debía entrenar no sólo con su equipo designado sino que también se juntaba una o dos veces por semana con los clanes Akimichi y Nara para practicar técnicas de la conocida formación Ino-Shika-Cho porque ella también tenía que juntarse con Shino y Kiba a practicar sus capacidades de rastreo, pero había descartado al instante esa posibilidad porque Chöji había estado con ella no hacía dos horas atrás, y era imposible que en ese período corto de tiempo se hubiese visto con la platinada.
"Sí. Sí estaba."
Y ahí la Hyüga levantó de nuevo su vista para apreciar a su ex-compañera: Cabello despeinado, suciedad en el rostro, brazos y piernas al igual que muchos rasguños poco profundos, las vendas de su torso totalmente rasgadas y su top y pollera hechos jirones. Mueca de furia en el rostro.
"Ah… y, uhm, c- ¿cómo e-estuvo?"
"Prefiero no hablar de eso." Sentenció arrugando los ojos a modo de advertencia para terminar ese tópico de conversación ahí mismo.
Hinata por supuesto obedeció. Porque ella siempre obedecía sin poder evitarlo.
(Flashback.)
"¿Pero a dónde vamos Kakashi-sensei?" Dijo la kunoichi arrastrando los pies entre las hojas, era temprano -demasiado temprano para su gusto- y sólo había tenido un día para descansar de la misión a Nami no kuni. Cualquiera creería que luego de estar tres semanas cuidando a los pueblerinos de la isla hasta que terminen el puente correspondería a mínimamente una maldita semana de descanso, pero el ninja que copia parecía regirse por otro calendario. Llevaban caminando una media hora y el jönin parecía no estarle prestando atención.
Ino reconoció que el camino que tomaban no estaba ni siquiera cerca de su campo de entrenamiento habitual, de ningún campo de entrenamiento que ella conociera en realidad, y el sendero se volvía cada vez más frondoso y lleno de vegetación y… oscuro. La joven Yamanaka tenía un mal presentimiento.
"¿Sensei?..." Nada, "sensei…" ni una onomatopeya por respuesta, "¡Kakashi-sensei!"
"Maa, ¿no crees que estas preguntando muchas cosas?"
"¡Es porque usted no me contestó nada de lo que le vengo preguntando! De hecho, es la primera vez que me dirige la palabra en toda la mañana!"
"Ah, ¿en serio?" Dijo llevándose un dedo al mentón, "Mmm...no, no lo creo. Definitivamente te hablé."
"No. No lo hizo."
"Sí lo hice, te saludé cuando llegaste."
"Querrá decir cuando usted se dignó a aparecer. Y no. Sólo me saludó con un gesto de la mano para decirme que lo siga."
"Mmm… no, no fue así."
"Sí."
"No."
"S- oh por el amor de Kami, no importa. ¿A dónde vamos?"
"¿Alguna vez te pusiste a pensar que tu voz es muy chillona para esta hora de la mañana?"
Ino pestañeó una, dos veces, ahora no sólo no respondía a sus preguntas sino que la insultaba. "¿Se dá cuenta que acaba de admitir que no me habló, verdad?" Dijo sonriendo maliciosa.
"..."
"..."
"... De cualquier modo, el lugar a dónde vamos es un campo de entrenamiento poco utilizado, en realidad lo cerraron hace unos años porque… digamos… algún Jönin lo destruyó durante una práctica."
"Fue usted, ¿o no?"
"¿Por qué relacionas toda la destrucción de Konoha conmigo?" Dijo fingiendo dolor, "¿acaso no pudo haber sido Gai esquivando algo que quizás le lancé?"
"Entonces sí lo hiciste."
"No. Fue Gai." Sonrió.
Ino suspiró, en serio conversar con este hombre era como tratar de enseñarle el abecedario a una puerta. "De todos modos, ¿por qué le lanzó algo?"
"Primero que nada, dije quizás, y segundo que todo, no es que lo hice a propósito" -sí lo hizo- "sólo practicaba el lanzamiento de mis räitons y bueno, ¿quién iba a saber que la dentadura de Gai atrajera rayos?"
"¿Así que fue todo un accidente y no tuvo nada que ver con que el hombre se la pase descubriendo los escondites que tiene, no?" Agregó haciendo una mueca. Kakashi le dirigió un segundo la mirada.
"Ah, mi gritoncita, eres demasiado chismosa para mí gusto." Dijo pasándole la mano por el cabello, despéinandolo con un poco de odio.
"Muérdeme." Insultó la infante.
"En unos años cuando seas mayor."
"¿Eh?"
"¿Eh?"
"¿Qué?"
"Ah, llegamos. ¿Qué te parece?"
Ino dejó de contemplar a su sensei y dirigió su mirada al frondoso y enorme lugar, los rayos del sol no encontraban ninguna resistencia porque el espacio estaba desprovisto de árboles, pero el pasto estaba increíblemente alto y aún más grandes eran las rocas que sobresalían de los matorrales. La kunoichi lo contempló en toda su gloria.
Era horrible.
"¿E-en serio?" Empezó temblorosa, "K-Kakashi-sensei no… no me gusta este lugar."
"Pero dijiste que querías mejorar…"
"Pe-pero no así, q-quiero a Naruto y a Sasuke. ¿D-dónde están?"
"Lamentablemente no van a entrenar con vos por un tiempo. Veras, estuve pensando lo que pasó en Nami no kuni y lo que dijo Zabuza y creo que tenía razón. Podrías probarte en kenjutsu."
"¿K-kenjutsu?"
"Sip. Lamentablemente yo no tengo ni idea de cómo entrenarte, por eso le pedí ayuda a la única persona capaz de hacerlo, Hayate Gekkö."
Y con estas palabras de presentación, la figura de Mitarashi Anko saltó desde una rama y apareció frente a ellos.
"Err… Kakashi-sensei, ella no es…"
"Desafortunadamente," la interrumpió su sensei, "Gekkö está en una misión y no vuelve hasta mañana, así que supuse que podríamos trabajar en tu fuerza física hoy. Tenés un estado lamentable y no vas a poder sostener ninguna espada con los fideos que tenes por brazos."
Ino decidió ignorar el insulto, "pero… no entiendo qué hace… qué hace ella…"
"Anko va a ser quien te entrene hoy."
La kunoichi empalideció, "¿Q-qu-qué? P-pero Kakashi-sensei, p-por qué usted no…"
"Tengo cosas muy, muy importantes de las que ocuparme hoy. Por eso le pedí a Anko que venga."
"¿Algún problema mocosa?…" Dijo por fin la adulta a modo de saludo.
"Io, Anko." La saludó Kakashi.
"Hatake," le respondió la mujer enarcando una de sus cejas, "supongo que ya sabes lo que quiero a cambio de ocuparme de tu molestia…" se cruzó de brazos.
"Tendrás tu caja de dangos en tu escritorio a primera- err, segunda o tercera hora en la mañana."
"No." Contestó la Jönin.
"¿No?" Preguntó el peliplata incrédulo.
"Quiero a Umino Iruka."
A Ino se le cayó la mandíbula al piso de la impresión, "¿I-Iruka-sensei?"
"Así es mocosa, quiero sacudirme a tu sensei." Ino abrió aún más los ojos ante semejante confesión.
"Anko, Anko, el lenguaje…" dijo sonriendo Kakashi y juntando las manos.
"Pero… pero creí que… ustedes dos…" continuó la rubia, señalando a uno y luego al otro.
"Eh, Kakashi esta bien supongo, pero es aburrido estar con alguien igual de loco que uno. Iruka por otra parte…" comenzó lamiéndose los labios, "es alguien a quien me gustaría corromper…"
"Kakashi-sensei, ¿a qué se refiere con…?"
"Habla de un juego de cartas, ¿verdad, Anko?"
"Eh, cómo quieras mocosa, lo que sea que te deje dormir."
"Kakashi-sensei, no quiero…"
"Oh, vamos Ino es sólo por un día, estarás bien. ¿No es así Mitarashi?"
"Meh, no quiero enseñarle de todos modos, así que supongo que le daré ejercicios simples."
La sonrisa de Kakashi se esfumó por un segundo (muy para la sorpresa de la Yamanaka) antes de volver falsamente a su rostro, "oh, claro, claro." Dijo girando para irse, "bueno, me voy. Después de todo no puedo llegar tarde a -err, ocuparme del tema tan importante que tengo. Buena suerte gritoncita, ah, y Anko…" dijo mirando a la Jönin con malicia en su único ojo, "quizás no deba decirte esto pero Ino odia los dangos."
Ino sintió cómo su estómago caía a sus pies. El rostro de Anko se ensombreció. Hatake se esfumó en el aire antes de que alguien pudiera agregar algo más.
"¿Así que odias los dangos eh?" Dijo de repente la mujer con parsimonia, sacando una kunai del bolsillo y jugando con el arma entre sus dedos.
"N...no, nononono." Trató de defenderse la Gënin.
"Bueno, más te vale que te prepares mocosa de mierda, porque vas a estar sólo un día conmigo pero voy a hacerte sufrir tanto que vas a desear haber muerto," dijo lamiendo una kunai, "pero tranquila… vas a mejorar mucho tu fuerza física en los brazos, eso…" y se acercó a la muchacha antes de pasarle una lámida por el rostro, "eso sí todavía los conservas."
(Fin flashback.)
El cuerpo de la kunoichi de ojos turquesa tembló ante el recuerdo de la espantosa Jönin que no sólo se encargó de pasar su lengua por su armas antes de lanzarlas despiadadamente hacia ella, sino que además la hizo pasar por entrenamientos tortuosos que la ayudarían a 'aumentar' su masa muscular. Aunque Ino no estaba muy segura de querer aumentarla. Era una señorita después de todo y si quería ser encontrada atractiva por Sasuke-kun, no podía tener más músculos que él.
El temblor no pasó desapercibido por la increíble capacidad de visión de la Hyüga.
"M-muy malo, eh?" Dijo la ojiperla antes de poder contenerse.
"Sólo digamos que Konoha perderá la vida de uno de sus preciados Jönin. Hehehe."
Hinata parpadeó sin entender. Francamente los cambios de humor de la joven la estaban asustando.
"Uhm… s-si vos decís."
"Por supuesto que sí." Afirmó sin que le temblara la voz, y Hinata le creyó, "err… ¿no deberías volver a tu casa o algo así?"
"Y-yo, ehm, sí p-pero q-quise hamacarme un poco."
"Ah," dijo la rubia mirándola como si la loca fuera ella, "bueno… entonces, adiós, supongo…"
"N-nos vemos, Ino-chan."
La heredera Yamanaka comenzó a caminar hacia donde estaba la salida, sintiéndose incómoda de repente porque tenía que pasar frente a la ojiperla que fijó una vez más la mirada en el piso. Esa había sido sin dudas una de las conversaciones más forzadas y extrañas que habían tenido en su vida, sobre todo porque ninguna de las dos iba a admitir en voz alta que era la primera vez en mucho tiempo que hablaban con una chica de su edad.
Hinata no tenía amigas mujeres, punto. Por supuesto Chöji, Kiba y Shino eran muy queridos por ella y Kurenai-sensei la ayudaba a no volverse loca ante un grupo entero de hombres, pero no tenía una amiga de su edad y no estaba acostumbrada a hablar con nadie de su mismo género. No sabía qué tipo de conversaciones tenían los grupos de mujeres de su clase ni como iniciarlas.
Ino por su parte, si bien sabía cómo manejar conversaciones de ese tipo (y aún conservaba su séquito de seguidoras), luego de la catástrofe que había suponido perder a Sakura no se esforzó por volver a crear lazos con ninguna otra chica de la escuela. Hablaba de ropa, chismes y chicos con su madre, pero no podía indagar realmente como ella quería con su progenitora, era demasiado vergonzoso y nop, no gracias. Además siempre que se encontraba con la frentesota terminaba peleándose por Sasuke, así que cualquier esfuerzo por hablar con ella normalmente acababa por volverse una guerra de insultos. Y siendose sincera, necesitaba alguien con quien hablar para desligarse un poco de la constante testosterona a la que estaba expuesta, producto de los dos equipos a los que había sido asignada.
Pero Hinata no sabía iniciar conversaciones e Ino estaba muy temerosa de volverse a abrir con alguien.
"Uhm… err-" comenzó la rubia al pasar frente a ella y Hinata levantó la vista, "esto… ehm… pensaba ir a, a tomar un baño para distenderme y… bueno si no tienes que volver todavía…" Ino en realidad deseaba que Hinata dijera que no, que la rechazara, porque quién sabe por qué su boca se abrió y dijo esas cosas sin pensarlo detenidamente antes.
"Oh, uhm…" y la chica comenzó a juntar sus dedos índices y a sonrojarse. En su mente buscaba una forma de rechazar la invitación sin lastimar los sentimientos de la kunoichi, pero su corazón palpitaba a mil por hora porque, porque la había invitado a ir con ella y… y quizás podría tener una amiga después de todo y no estar tan sola. "E-está bien." Dijo antes de poder reaccionar.
Bueno eso ninguna de las dos se lo esperó.
Caminaron en silencio por el camino de tierra que se dirigía a las Aguas termales de su aldea, Ino con las manos en la nuca y mirando a las nubes (manierismos aprendidos de Naruto y Shikamaru y que no podía evitar encontrarse haciendo con frecuencia), y Hinata con la vista clavada al suelo, observando como su sombra se alargaba con el sol.
No estaban hablando y aunque eso las hacía sentirse algo incómodas, de alguna forma no estaba del todo mal.
No les quedaba mucho por recorrer, quizás un par de kilómetros más, y ninguna parecía querer iniciar ningún tipo de conversación. Hinata fue quien se animó a comentar algo primero, suponiendo que era lo que correspondía. Después de todo fue Ino quien la invitó a pasar la tarde con ella.
"K-Kurenai-sensei dijo que A-Asuma-sensei ama las Aguas Termales." Mencionó para iniciar alguna conversación, supuso que siendo Asuma el sensei de la Yamanaka, podrían comentar sobre eso.
"¿Oh?" Respondió Ino dirigiendole la mirada, "me pregunto cómo sabe eso." Río entre dientes.
Hinata quiso preguntarle qué era tan gracioso pero supuso que iba a ser rudo entrometerse en algo que no le correspondía, "n-no sé. P-pero s-sonaba algo molesta porque ella no podía ir."
"¿Eh? ¿Querés decir que Asuma-sensei está ahora mismo en los baños?" Enarcó una ceja, de pronto tomarse un baño caliente dejó de resultarle apetecible.
"Oh, s-sí. También m-mencionó algo sobre v-varios 'senseis' juntándose hoy ahí."
Ino se detuvo tan de repente que Hinata tuvo que frenar y mirar hacía atrás para verla, el rostro de su compañera estaba ensombrecido.
"¿Varios…" comenzó y la Hyüga sintió la furia de la muchacha palpable en el aire, "...senseis?"
"S-sí."
(El maldito.)
"Oh," empezó a temblar de bronca, "¡¿con qué asuntos muy, muy importantes, eh?! ¡¿Con qué era algo muy urgente como para entrenarme, no?!"
"¿I-Ino-chan?" Preguntó una muy pálida y asustada Hyüga.
"¡Hinata!" Gritó la chica, "¿recuerdas lo que te dije hoy? Sobre un Jönin que va a morir..."
"Err… s-sí."
"¡Excelente!" Gritó la Yamanaka, mientras tomaba de la muñeca a su compañera y caminaba todavía más rápido a su destino, escondiendo lo más que podía su chakra.
Las Aguas termales de Konohagure no sato eran uno de los lugares mejores construidos y más famosos de toda la aldea, el espacio no sólo proporcionaba las mejores piscinas de agua caliente de todo Hi no kuni sino que además agraciaba a sus visitantes con una panorama visual igual de relajante que sus estanques.
Como si ésto no bastara ya, los dueños se habían encargado de dividir el edificio en varias secciones, diferenciando primero y principal el sector femenino del masculino y luego los espacios interiores de los exteriores. En la zona interna se encontraban los saunas, construidos con el uso de maderas preciosas y piedras especialmente seleccionadas para el mayor goce del usuario que quiera desintoxicar su cuerpo a través de un baño de vapor, y las tiendas, donde vendían desde productos de bellezas (incluyendo batas y toallas) hasta souvenirs. En la zona externa, sin embargo, habían construido dos estanques de gran tamaño que separaban con un enorme muro de madera (para evitar miradas curiosas de ambos lados de la pared), que se llenaban naturalmente con el agua proveniente de uno de los lagos aledaños y que superaban los 40 grados centígrados de temperatura.
La conversación del lado del baño de los hombres era inusualmente fluida, la voz gruesa del jönin proveniente del clan Sarutobi se alzaba sobre las demás, haciendo chistes a sus compañeros y comentando sobre cuestiones que ni Ino, ni Hinata podían llegar a comprender. Sabían que del otro lado del muro debían haber por lo menos una decena de shinobis, pero por alguna razón era la voz de Asuma la única que se oía a la perfección, quizás porque fuera el único que hablara o porque los demás sonidos fueran tapados por el muro.
La primera opción parecía la más viable.
Ambas kunoichis se encontraban cubiertas por solo una toalla, con la oreja pegada a la pared, tratando de descubrir las identidades de quienes estaban allí. Pero por lo visto, dado que el sector femenino estaba desierto -salvo por ellas dos-, el encuentro había sido cosa de 'solo hombres' porque ninguna otra kunoichi se encontraba en el lugar. Ino se llevó el dedo índice izquierdo a los labios, haciéndole entender a Hinata que no emitiera sonido. No se había molestado en pedirle que esconda su chakra, a pesar de que ella había escondido el suyo porque, ¿quién sospecharía de que la tierna Hinata haría algo malo? Si Kakashi estaba, efectivamente, ahí y se enteraba de la presencia de Ino en ese lugar, supondría al instante que algo se traía entre manos.
Bueno, no es que la Hyüga iba a hacer algo malo, pero igual.
"...Hahaha, vamos Kakashi, Gai no se cansa de perseguirte, es obvio que siente algo por vos." La voz de Asuma volvió a alzarse por el muro para burlarse del peliplata, dándole a Ino la confirmación que necesitaba.
(Oh, vas a sufrir, vas a sufrir maldito.)
Las muchachas se adentraron de a poco al agua caliente, tratando de hacer el menor ruido posible para no levantar sospechas de su presencia. Las risas del otro lado del muro hicieron eco en todo el lugar ante una nueva broma del Sarutobi a expensas del peliplata y su extraña relación con ese tal Gai (que ninguna había visto en su vida pero del que habían escuchado hablar), por lo que la rubia tuvo que alzar mucho más la voz para hacerse escuchar.
"¡Oh no, Hinata!" Comenzó la muchacha con la cabeza ladeada hacia el muro, no observando el rostro estupefacto de su compañera que no entendía por qué le hablaba así, "¡no puede ser que los libros de Icha-Icha sean malos porque Kakashi-sensei dijo que me enseñaría personalmente a hacer todo lo que dice ahí en unos años!"
El silencio del otro lado del muro fue brutal.
(Hehehehe.)
"¡No!" Se escuchó el grito desesperado del peliplata.
"Hatake…" la oscura voz de Asuma retumbó como la misma muerte por las paredes de los baños.
Ruído de agua moviéndose. Pasos desesperados. Algo que parecía el contacto de piel contra piel. Madera rompiéndose. Gritos de furia que se alejaban del lugar…
"Jijiji." Rió la joven muchacha del clan Yamanaka una vez retornó el silencio al lugar.
"E-eso fue muy cruel, Ino-chan."
"Oh, él estará bien," dijo haciendo un gesto de la mano para no darle mayor importancia al asunto. "Puedo asegurarte Hinata, se lo merece."
"Uhm…"
"No importa. Hablemos de cosas más placenteras o menos muertas," y se rió de nuevo por su chiste, provocando que Hinata ruede los ojos, "oh vamos, no puedes negarme que fue gracioso."
"E-en realidad n-no."
"Bah, eso es porque no conoces a Kakashi-sensei. Sino estarías partiendote de la risa, te lo aseguro. Naruto-kun lo estaría, ¡jah! De hecho, hasta Sasuke-kun se reiría de ésto." No se dió cuenta que había agregado el diminutivo 'kun' junto al nombre del rubio o el brillo en los ojos de Hinata.
"¿N-Naruto-kun e-encontraría esto g-gracioso?" Dijo mientras tomaba el color de un tomate.
"Oh sí. Más que ninguno seguro." Dijo y entrecerró los ojos, "¿por qué?"
"N-nonono por nada."
"¿Segura?"
"S-sí, no es nada, no es nada."
Ino no le creyó ni por un segundo, como parte del clan Yamanaka le habían enseñado desde pequeña a no creer ni una palabra de lo que le dijeran y a siempre confiar en el lenguaje corporal. El cuerpo humano habla a gritos, mucho más claro y fuerte que cualquier voz, y mientras alguien busca distraerte con palabras melodiosas, un leve brillo en los ojos, una simple mueca de los labios o en los cachetes podía tirar todo eso por el suelo y revelarte la verdad.
Y el furioso rojo de Hinata más que gritar la verdad la estaba asesinando.
Pero Ino se permitió dudar, porque quizás el sonrojo se debía a la temperatura del agua más que a alguna sensación oculta, y no presionó más el tema.
"Y… err, ¿qué tal los entrenamientos con Chöji?"
"Oh… oh, ¡m-muy bien! Ch-Chöji es increíblemente fuerte y, y es una g-gran persona." ¡Por supuesto, Chöji! Podrían hablar de él que era el único tema en común que tenían.
"Ah, sí." Sonrió la Yamanaka recordando a su compañero, la relación entre la formación Ino-Shika-Chö era un poco extraña, no es que la muchacha los odiara ni nada por el estilo es sencillamente que… quizás no los estimaba lo suficiente. Durante su infancia (la que pasaron juntos debido a la amistad de sus padres) Shikamaru y Chöji eran como carne y uña y ella no encontraba ninguna de las actividades que hacían lo suficientemente interesantes como para participar; por lo que siempre se quedaba jugando con muñecas y flores mientras ellos corrían o dormían o comían o lo que fuera. Sin embargo, y ella no pensaba admitirlo, la relación que estaban generando gracias a la constante intervención de Sarutobi-sensei era cada vez mejor, lo suficiente como para provocar en la rubia la sensación de pertenencia, y no de inferioridad que sentía junto al equipo 7.
"Son geniales, en verdad."
Hinata notó cómo utilizó el plural en vez del singular pero decidió no comentar sobre eso. "S-sí."
"¿Sabes? Siempre creí que eras muy rara." Comentó de repente como si decir esas cosas fuera de lo más normal.
"¿A-ah?"
"Es decir, nunca hablabas durante las clases, y siempre que lo hacías tartamudeabas, nunca te juntaste a hablar con nosotras y jamás te interesaste por Sasuke-kun…" Agregó rápidamente. "O sea, ¿quién no se fija en Sasuke-kun?"
"N-no lo sé, y-yo…"
"Meh, no importa. La verdad es que no eres tan mala después de todo."
"¿N-no?"
"No. Es decir, casi no hablas y eso es algo molesto, pero me caes mejor que la mayoría de las chicas de la Academia." Trató de no pensar en Sakura.
"¿E-en serio?"
"Sí. Pero realmente tienes que hacer algo con tu tartamudeo."
"Oh. Lo siento…"
"Mh."
Estuvieron en silencio unos minutos, la usuaria del byakugan luchando contra el pensamiento que se había formado en su mente desde el momento en que la kunoichi rubia la invitó al lugar. "¿I-Ino-chan?" Preguntó tímidamente, sin mirarla a los ojos, "¿t-te g-gustaría que, que v-volviéramos a vernos?"
Ino pensó durante unos segundos. ¿Realmente quería? Por supuesto que la chica parecía buena, tímida y todo eso, pero también lo había hecho hace muchos años atrás Sakura, y todos sabemos cómo terminó eso una vez ella salió de caparazón ¿o no? Ino estaba lo suficientemente aterrada y dolida como para rechazar a la chica, pero decidió por lo contrario, se sentía sola, después de todo.
"Con una condición." Contestó.
"¿C-condición? ¿C-cuál?"
"Si alguna vez te peleas conmigo por un hombre te mato. Ya viste lo cruel que puedo llegar a ser cuando quiero vengarme de alguien," dijo tratando de sonar intimidante, pero relajando sus músculos al continuar, "así que… mi condición sería… que no, no me dejes por nadie." Finalizó ruborizándose y con algo de tristeza que no pasó desapercibida por la Hyüga.
La peliazul asintió, sonriendo muy, muy tímidamente al mirar el agua.
Hiruzen amaba la tranquilidad que las calles de Konoha transmitían luego de la graduación de Naruto a Gënin, amaba el modo en que los aldeanos conversaban en completa paz, sin temor a que un malcriado muchacho (y malcriado siendo el sinónimo de 'no críado en lo más mínimo por nadie') apareciera de la nada y pinte las mercancías o haga explotar mesadas sólo para alimentar su perversión.
Y lo que más disfrutaba de esa paz era que él podía, luego de un arduo día laboral, caminar por los senderos de tierra de su ciudad con su pipa cargada en sus labios y un canturreo en la garganta.
Podía respirar el aroma a pinos de Konoha. El aire puro de Konoha. Y cerró sus ojos y abrió sus fosas para inhalar aún más del embriagante olor mezclado con tabaco.
Una sensación de humedad y calidez en su cara lo despertó de su ensoñación.
¿Una toalla?
Y la imagen de un desnudo Kakashi corriendo despavorido por las hasta entonces pacíficas calles de tierra de Konoha quemó sus córneas e hizo que se sintiera más heterosexual que nunca. En serio, si su padre lo viera así se revolcaria en su tumba, e Hiruzen sólo podía imaginar la vergüenza que sentiría Sakumo de ver a su hijo en semejante posición.
Oh, tachen eso.
Porque persiguiendo a Kakashi, en igual condición de desnudez, estaba su hijo, su propio hijo, luciendo para que todo el mundo lo vea el famoso trasero Sarutobi en toda su gloria.
Oh, Sakumo, ¿qué hicimos para merecer esto? Pensó mientras miraba al cielo y exhalaba el humo de su pipa.
