Capitulo 13

Esperanzas

Después de la hermosa noche que pasaron, Albert y Candy regresaron a la casa muy felices; delante de ellos se perfilaba un gran futuro. Decidieron enfrentar cualquier obstáculo y luchar por su amor.

El de ellos, fue desde el comienzo un extraño amor, ya que a pesar de la afirmación de él de que ella era la mujer destinada a compartir su vida, ella había huido de esa idea; no quería aceptar lo que era evidente, ya que sabía de antemano cuales serían las contras que aparecerían… claro que ella no contaba con que su padre, lejos de querer apartarla de Albert, los apoyaba.

Pero su felicidad no era completa, puesto que Elroy se negaba a aceptar que su hija fuera capaz de fijarse en alguien de clase social diferente a la que ella esperaba.

Sus prospectos franceses eran todos de buena cuna, según sus propias palabras, pero el hijo de Nany no cubría ni el mínimo de sus expectativas.

Para Elroy, era simplemente imposible aprobar esa pareja y buscaría la forma de separarlos y llevarse a Candy, como era su propósito.

A la mañana siguiente, se reunieron a desayunar en la cocina. Albert había solicitado hablar con el padre de Candy para que lo autorizara a cortejar a su hija.

-Buenos días- saludó Albert a su madre, que era la única que se encontraba allí.

-Buenos días hijo, como has amanecido?- agregó Nany

-Pues tú como crees madre?, estoy muy feliz!-decía mientras una sonrisa cruzaba su rostro- la mujer más bella del mundo a aceptado ser mi novia… tengo una gran madre… y un excelente empleo, que más puedo pedir?

-Supongo que nada más… pero vete con cuidado hijo, conozco a la señora y no permitirá que mi niña se roce con gente humilde- la tristeza con la que lo dijo puso en alerta a Albert

-No te preocupes madre, hoy hablaré con el señor White para pedir su autorización formal para ser el novio de su hija

-Espero que tengas suerte,…eres un excelente hombre y yo estoy muy orgullosa de ti

-Gracias, no te fallaré

-Buenos días!- se oyó de repente- estoy muy contenta hoy- dijo Candy mientras saludaba con un beso a su Nany

-Buenos días mi niña, se puede saber a que se debe tanta alegría?-fingía no saber Nany

Candy miraba a Albert de reojo, buscando su apoyo, mientras un color rojo subía hasta sus mejillas. El la encontraba francamente adorable y le sonreía mientras le guiñaba un ojo.

En ese momento, entraba el señor White a la cocina para desayunar y escuchó el comentario de su hija y se unió a la pregunta de Nany.

-Buenos días a todos- dijo y dirigió su mirada hacia ella- bueno hija, yo también estoy esperando la respuesta a la pregunta de Nany… dime a que se debe tanta alegría.

Aun más colorada que antes y súper nerviosa Candy no sabía donde meterse, y como siempre su príncipe salió en su ayuda.

-Permítame que sea yo quien le conteste- dijo Albert- pero antes me gustaría hablar con usted y creo que ya sabe con respecto a que tema-

-Pues me lo supongo hijo- habló James- y si es lo que yo sospecho creo que fui claro contigo sobre la única preocupación que tengo- agregó- ahora si me aseguras que todo está controlado, pues tienes mi autorización

-Gracias señor White, no faltaré a mi palabra y le prometo luchar hasta las últimas consecuencias- decía Albert, emocionado, estrechando la mano del padre de Candy

Ella no entendía muy bien que era todo lo que estaba ocurriendo; mientras los miraba a ambos trataba de hilvanar ideas pero su asombro iba más allá, no podía saber precisamente que parte de esa conversación que mantenían los dos hombres más importantes de su vida, era la que la incluía, pero estaba segura de que su padre no le negaba la posibilidad de estar con Albert.

-Bueno hija… me dirás o no cual es el motivo de tu felicidad- sonreía James mientras veía a su hija cambiar de color, del pálido al rojo.

-No entiendo… que es lo que esta pasando aquí?- dijo ella- alguien me podría explicar en que parte de la historia me quedé?.

-Jajaja, no te preocupes pequeña, luego te platico con calma donde fue que quedaste en la "historia"- reía Albert

-Por que será que siempre soy la última en enterarme de las cosas?

-Será mi niña porque siempre estás en las nubes- agregó Nany

-Jajaja, es muy posible hija, tú vives como un torbellino y no te detienes en los detalles- decía divertido James- por eso siempre estamos pendientes de ti cariño

-Es cierto Candy, pero eso es lo que te hace especial… y ahora puedo decirte a ti y a mi madre, que tu padre me autoriza a cortejarte, princesa.-decía seguro de si Albert

Candy no salía de su asombro… en que momento había sucedido todo esto?… realmente no lo sabía, pero el resultado era más que satisfactorio para ella, así que impulsivamente se colgó del cuello de Albert y lo besó. Cuando tomó conciencia de lo que hizo, se volvió avergonzada hacia su padre y pidió disculpas por su reacción, a lo que él muy divertido contestó:

-No te preocupes cariño, bien se yo como son tus reacciones, solo espero que sepan comportarse y confío en ambos.-concluyó

-Gracias papá- decía mientras lo abrazaba- no sabes lo feliz que soy, ahora si me siento realmente completa

-Lo se hija, te deseo lo mejor del mundo mi ángel, y si Albert es tu felicidad… pues que así sea

-Te quiero tanto papá- los ojos de Candy estaban nublados por las lágrimas

-No llores amor; tú sabes que eres y serás siempre mi vida- agregó James- y todo lo que te haga feliz también me hará feliz a mí- le dio un beso en la mejilla

De improviso ella giro hacia Nany y corrió a abrazarla y besarla, ante el asombro de esta.

-Nany! Estoy tan feliz, abrázame fuerte para saber que no estoy soñando, como cuando era niña y me hacías ver que algo era real-

-Es real mi niña- decía mientras la abrazaba con fuerza- no hay nada más real que esto y será para tu felicidad

-Nany… gracias por estar conmigo siempre… te quiero mucho

-Yo también hija-decía Nany- pero creo que será mejor que desayunemos de una vez por todas- y de esa manera evitaba que la vieran emocionada y a punto de llorar.

-Me parece una excelente idea Nany- se unió James- mi estómago necesita alimento, han sido demasiadas emociones juntas

-Definitivamente …si- agregaron al mismo tiempo Candy y Albert

Mientras ellos disfrutaban el desayuno, la señora Elroy que había escuchado todo, estaba planeando como lograr que Candy fuera a donde la esperaban varios pretendientes de la mejor alcurnia.

Por la tarde, el padre de Candy se dispuso a hablar con su esposa, y lograr así que ella desistiera de su empeño de llevar a Candy a Europa. Cuando entró a su habitación, la señora Elroy estaba sentada en su buró arreglándose el cabello, y a través del espejo vio a su esposo que se dirigía hacia ella…

-Qué sucede James?-preguntó sorpresivamente

-Necesito hablar contigo, querida-la voz de James era suave y tranquila

-Tú dirás, en que puedo serte útil?

-Mira Elroy, este es un tema muy delicado y creo que ya es hora de poner las cartas sobre la mesa… me refiero al futuro de nuestra hija

-Pues a como yo lo veo, el futuro de Candy es algo de lo que ya me encargué yo personalmente; he previsto presentarla en Paris frente a las mejores familias que tienen hijos en edad casadera.

-Ese es el problema Elroy; tú planeaste todo sin consultar a nuestra hija, sin siquiera pensar en su opinión, así que debemos plantearnos el hecho de que ella puede haber elegido desde su corazón

-No me hagas reír James, tú crees que una jovencita puede decidir que es lo mejor para ella?... yo seré quien decida.

-No lo harás- fue la orden terminante de James- no volverás a decidir nada sobre Candy; ella es dueña de sus actos y decisiones y te mantendrás al margen de todo.

-Quien te piensas que eres tú para darme ordenes?-decía indignada Elroy

-Yo querida, soy nada más ni nada menos que el jefe de este hogar, y ya me cansé que manipules las cosas a tu antojo… o acatas mis órdenes o te vas; este es un tema que no tiene discusión- la firmeza con la que habló, dejó a Elroy sin palabras.

-Yo…yo solo quiero el bienestar de nuestra hija

-Yo también querida, y eso solo lo lograremos si por una vez en la vida la apoyamos incondicionalmente… no lo crees?

-No sé que pensar, James… a mí me educaron de otra forma, nuestro matrimonio fue concertado por nuestros padres, yo… yo nunca pude elegir

-Lo sé Elroy; por eso mismo es que te pido que no intervengas. Nosotros sabemos lo que se siente casarse por conveniencia… si bien hemos hecho llevadera esta situación, creo que ambos hubiésemos querido un poco más de libertad… o me equivoco?

-Es verdad… hemos dejado tantas cosas por la sociedad. Creo que nuestra hija es lo único positivo que obtuvimos de todo esto… y estuve a punto de estropearlo, verdad?

-Elroy, eres una gran mujer, solo que ha vivido equivocada por la forma en la que fuiste educada… a pesar de todo querida, con los años aprendí a quererte y a entenderte y creo que tú a mí… pero nuestra hija se merece otra vida.

-Tienes razón… no puedo condenarla si es que ha encontrado el amor…por lo menos ella merece vivirlo en plenitud… por nosotros.

-Lo hará…lo hará-le decía mientras acariciaba sus manos- ahora es mejor que hables con ella; va a necesitar a su madre para ciertas cosas, no crees?

-Crees que me necesite?... siempre estuve ausente en todas las cosas importantes de su vida…-decía con pesar

-Aún así Elroy, eres su madre, y Nany supo disculpar tus ausencias mejor de lo que crees. Candy no te guarda rencor; dale una oportunidad de hablar contigo y te darás cuenta

-Lo haré James; solo espero que no sea tarde para tratar de acercarme a ella.

-No lo es querida, ahora ve y date la oportunidad de disfrutar a tu hija sin prejuicios, con toda la naturalidad del mundo.

-Gracias James, sin ti mi vida hubiera sido en verdad muy difícil…por suerte, tú siempre me has apoyado y enseñado lo mejor de toda esta situación… soy sincera cuando te digo que yo también aprendí a quererte

-Fue una suerte para ambos el haber podido entendernos a pesar de la situación en la que empezamos, y lo mejor de todo fue ese rayito de sol que me diste por hija; te agradezco el hecho de que hayas estado allí para apoyarme en todo.

Elroy solo sollozaba al recordar como sus padres habían decidido su futuro, sin siquiera preguntarle que es lo que sentía. Su mente voló al día de su casamiento cuando por primera vez vio al que sería su esposo; sus sentimientos fueron sepultados, sus ilusiones y deseo igual… dejó de ser una mujer para ser un objeto decorativo, alguien que solo debía prepararse para enfrentar sus obligaciones en la sociedad, sin demostrar su sentir, llorar en silencio y aguantar todo y callar. En ese momento, su mente se despejó y se prometió a ella misma que no condenaría a su hija a un matrimonio sin amor, trataría de que Candy fuera feliz, y así poder compensar un poco el vacío de su vida y el de su hija.

Candy se encontraba en su habitación cuando la puerta se abrió y su madre pidió hablar con ella.

-Toc-toc- puedo pasar?- preguntó Elroy

-Por supuesto mamá, pasa-invitó ella

-Necesito hablar contigo hija- comenzó Elroy- solo que no se como empezar.

-No me asustes mamá, dime que es lo que quieres decirme?… es algo grave… le pasa algo a papá?

-No hija, no es nada grave… es …que … no sé como expresar esto que tengo que decirte… verás hija, primero que nada quería disculparme contigo por la forma en la que te he tratado… créeme que nos fácil para mi decirte esto…pero admito que estuve equivocada al querer decidir por tí sobre tus sentimientos… me avergüenzo de lo que hice y dije… además quería pedirte una oportunidad para tratarnos como lo que somos: madre e hija; se que he sido en tu vida una figura ausente, pero aun podemos recuperar el tiempo… no lo crees?

Candy no salía de su asombro… miraba la cara angustiada de su madre y sabía que era difícil para ella admitir lo que estaba haciendo, un sentimiento dulce y extraño la invadió al ver los ojos de su madre llenos de lágrimas; buscó en su mente los recuerdos de lo que Nany le había dicho de por que su mamá actuaba de esa forma; la forma en que la habían educado no la dejaba actuar de manera diferente. Sabía que era duro desafiar las reglas de la sociedad en la que fue preparada, así que suponía que esta conversación no era precisamente fácil para su madre, por lo que se lo agradeció mucho.

-Mamá, no se exactamente que es lo que sucedió para que cambiaras de opinión… pero el resultado es satisfactorio

-Hija, solo quiero que sepas que te apoyo en todo, que cuando necesites hablar yo estaré allí para escucharte… perdóname por mi ausencia, por favor

-No hay nada que perdonar mamá- decía mientras la abrazaba- me hace muy feliz el ver que por fin has comprendido que la vida es una sola, y que tus seres queridos están allí para darte amor, sin necesidad de que lo exijas, te quiero mamá

-Yo también hija- lloraba Elroy- y no sabes lo arrepentida que estoy de lo que he perdido todos estos años

-Ya no más mamá. Verás que todo cambiará cuando aceptes vivir, simplemente vivir sin tanta formalidad.

-Espero que me puedas ayudar a soltar todo lo que me hace dura… tu frescura es lo que necesito para aprender a disfrutar… nunca cambies hija

-No lo haré, pero tú si lo harás y yo te ayudaré.

Cuando James llegó a la puerta de la habitación de su hija, vio un cuadro muy tierno. Las dos personas más importantes de su vida habían limado sus diferencias y comenzaban una etapa nueva… lentamente entró y las abrazo a las dos y les dio un beso cargado de amor a ambas a lo que ellas respondieron de igual forma. Así, alegres y entusiasmados se dirigieron a la cocina donde Nany estaba preparando el almuerzo familiar. La sorpresa de esta al ver a la señora Elroy sonreír junto con su familia, la dejó por un momento en duda, pero allí estaban los tres sentados a la mesa de la cocina junto con su hijo y conversaban todos juntos de igual a igual.

Sin duda ese sería el día más feliz de la vida de esas personas, que habían dejado las formalidades y las caretas de la sociedad para disfrutar de la vida de manera natural y todo gracias al amor de dos personas que eran el punto común de todos los presentes. Un Amor que nació y se forjó en Candy y Albert, logrando pasar las barreras de la sociedad.