Dios, no saben lo que me pasó. Tenía ya escrito esta parte (y me había extendido mucho) y aplasté mal y se me fue a otra página, y aquí estoy, escribiendo esto otra vez :/ me siento mal porque me había quedado tan bien el anterior...en fin. MUCHAS GRACIAS por su apoyo, les he respondido sus reviews a todos, menos a MARION, porque tienes desabilitado en tu cuenta la opción de que te escriban,..cámbiala para así poder responderte vale? :)

Noticias: de ahora en adelante publicaré cada dos semanas. La razón: ocupaciones, y además, se me terminó lo que tenía adelantado del fic. es más, este capítulo ya es nuevo. Espero que comprendan, en realidad creo que es un tiempo prudencial, además, siempre les traigo capitulotes :) Otra noticia, es una que seguro las emocionará: calculo que entre el próximo capítulo, o el siguiente d ese, empezará todo lo "fuerte" entre Rose y Scorpius. Lo digo ahora porque quiero hacer una advertencia al público: si no les gusta leer escenas con connotaciones sexuales, o pero, denotaciones sexuales, y cosas muy explíctas, pues, les recomiendo que cambien de fic. En serio, no quiero tener problemas con personas ofendidas o cosas así, de modo que estoy advirtiendo desde ahora que lo que se viene se viene fuerte. Repito: MUY FUERTE. Recuerden la categoría del fic: M. no la puse así por nada...

Otra cosa: creo que todos estaban esperando que Navidad en casa de los Malfoy fuera en este capítulo jaja, pero no, Navidad es en el siguiente. Recuerden que antes de Navidad tenía que venir la segunda prueba y otras cosas más que verán en este capítulo. En el siguiente sí tendrán a la pobre de Rose en casa de los Malfoy (pobre mis polainas! yo quiero estar ahí!)

Cuando terminen de leer este capítulo, entren al blog www . rojoynegrofanfic . blogspot . com allí encontrarán videos de Merlín y Morgana. Véanlos, son geniales. Uno está hecho por fabiana :) pERO no hagan trampa! primero lean este capítulo porque sino no entenderán los videos.

Agradecimientos a lectores y lectoras sin cuenta: annmalfoy, elcart, alex, vale (BIENVENIDA!), maria, honey, cloria (BIENVENIDA!), carol, kaila, teredhs, arania :) muchas gracias.

Capítulo XIII

Redescubriendo la historia

1.-

- La solución salta a la vista, Weasley.- le dijo el rubio. – Pasarás una cáida navidad en la mansión Malfoy.

Por un momento, Rose creyó no haber escuchado bien y por eso se mantuvo en silencio, esperando a que Scorpius repitiera lo que acababa de decir, que definitivamente, no podía ser lo que ella había oído. Tras un par de segundos en los que la pelirroja se mantuvo estática y perpleja, finalmente, las palabras del slytherin hicieron eco en su cabeza de forma clara y contundente: "Pasarás una cálida navidad en la mansión Malfoy", y contuvo la respiración. Los ojos metálicos de Scorpius la miraban como si no comprendiera la repentina torpeza de Rose, quien parecía haber sido atacada por un petrificus totalus.

-¿Y ahora qué demonios te pasa?- le preguntó Scorpius.

-No puedes estar hablando en serio.- comentó Rose en un tono de voz bastante bajo, casi inaudible, incapaz de salir de su estupor.

Scorpius se cruzó de brazos y la miró de arriba abajo.

-¿Qué pasa, Weasley? ¿Mi mansión no es lo suficientemente acogedora para ti o es el prospecto de pasar una navidad conmigo lo que te pone tan nerviosa?

Instantáneamente, Rose sintió la sangre congregarse en sus mejillas y se mordió el labio inferior. Había olvidado que ahora el slytherin podía sentirla. "Genial, ahora ni siquiera puedo sentir con tranquilidad", pensó.

-No es nada de eso.- dijo ella, rápidamente.

-Qué bien.- dijo Scorpius, intimidándola con la mirada. – Porque vas a venir, lo he decidido.

-¿Quién te crees para decidir lo que voy a hacer o no?- le soltó Rose, irritada.

Scorpius se puso de pie y dio dos pasos hacia ella, acortando la distancia.

-No sé por qué insistes, siempre vamos a terminar haciendo lo que yo diga.- dijo Scorpius, con firmeza. – Porque por lo general, siempre tengo la razón.

-Tu ego está invadiendo mi espacio personal, Malfoy. Contrólalo.- dijo la pelirroja.

-No, tú estás invadiendo el espacio de mi ego. Pero volvamos al tema: no tienes opción, tienes que venir.

Rose se llevó, nerviosa, un rizo atrás de la oreja. Estaba nerviosa por la situación y nerviosa por estar nerviosa y que Scorpius pudiera sentir sus nervios. Hizo un intento por tranquilizarse y sostenerle la mirada al rubio con firmeza, sin embargo, Scorpius la miraba con los rasgos de lobo en sus ojos más acentuados que nunca, como si estuviera convencido de llevar la batuta de la discusión. Y lo cierto era que la llevaba.

-No veo la necesidad.- dijo Rose, colocando una mano en su cadera. – Es decir, tú puedes leer e informarme.

-Weasley, son solo tres días de vacaciones y luego tenemos que regresar al colegio. Esa antología tiene al menos unos diez tomos, los cuales están quién sabe en qué lugar de la biblioteca de mamá. Es imposible que pueda yo solo con eso teniendo en cuenta que es navidad y mis padres querrán que esté con ellos en las fiestas que seguro darán.

-Malfoy, escúchame bien.- dijo Rose, dando un paso más hacia el slytherin. – Yo no puedo, ni podré nunca, pasar una navidad en tu casa. Nunca.

Los ojos de Scorpius se ensombrecieron de forma peligrosa. A Rose se le erizaron los vellos de la nuca.

-¿Tanto te desagrada mi familia?- le preguntó en un tono duro.

-No se trata de eso.- dijo Rose, inmediatamente. – Yo no tengo ningún problema con tu familia, ni siquiera los conozco.- dijo la pelirroja con toda honestidad. Luego suspiró. – Es mi padre.

-¿Qué pasa con tu padre?- preguntó Scorpius, esta vez, volviendo a su tono natural.

-Es imposible que no sepas lo mal que se llevan tu padre y el mío.- dijo Rose, incrédula.

-Sí, lo sé.- dijo Scorpius. – No sé muy bien las razones, pero…

-¿No lo sabes?- preguntó Rose, y guardó silencio. ¿Era acaso posible que Scorpius no supiera lo mal que su padre, Draco Malfoy, había tratado a su madre, Hermione Granger, durante todos los años que compartieron en Hogwarts? ¿Era posible que no supiera que Draco Malfoy había estado presente cuando la torturaron sin piedad, y que no levantó un solo dedo para ayudarla? Rose conocía muy bien esa historia porque su padre se la había relatado varias veces tanto a ella como a Hugo. Si había algo que Ron Weasley jamás le perdonaría a Draco, era que no hubiese hecho nada por defender a Hermione aquella vez. Su madre parecía no guardarle rencor alguno, pero su padre, por el contrario, no superaba ese hecho.

Scorpius miró a Rose con curiosidad.

-¿Tú lo sabes?- le preguntó, con interés. – Siempre creí que simplemente se trataba de las ideas de mi padre en esa época, cuando fue mortífago. Supuse que nunca se llevaron bien por lo que pasó en esa época.

Rose se humedeció los labios.

-Sí, es por eso. A eso me refería.- dijo la pelirroja. Si Draco Malfoy no le había contado a su hijo esa parte de su pasado, ella no lo haría. No era, después de todo, su derecho hacerlo. – En todo caso, mi padre jamás me dejará pasar navidad en tu casa. Es imposible.

Scorpius esbozó una media sonrisa.

-Vamos Weasley, usa tu imaginación.- dijo el slytherin. – Di que pasarás navidad en la casa de una amiga.

-Yo no tengo amigas.- dijo Rose.

-Invéntate una mejor excusa, Weasley, no insultes mi inteligencia.

Rose resopló.

-Hablo en serio Malfoy. Mis primos son mis amigos cercanos. No me llevo muy bien con las chicas de mi edad, ni con las chicas menores a mí…ni con ninguna chica que no tenga apellido Weasley o Potter, en lo absoluto.

Scorpius le dedicó una mirada de incredulidad.

-No puedo creerte eso.- le dijo. – Quién diría que no eres tan popular como aparentas.

Rose entornó los ojos. Scorpius sintió de parte de ella una cierta tristeza.

-No me digas que te apena no tener amigas, Weasley.- le soltó. – Creí que tenías más carácter.

-¡Deja de percibir mis sentimientos!- exclamó Rose, molesta.

-No puedo evitarlo: eres demasiado sentimental.- dijo Scorpius. – Volviendo al tema: puedes decir que quieres pasar navidad en el colegio para poder prepararte para la competencia. Esa es la excusa perfecta.

Rose bajó la mirada. Scorpius la había derrotado: en verdad, no tenía ninguna objeción contra esa idea. Era, en realidad, una idea muy buena.

"Oh no." Pensó ella.

Scorpius sonrió.

-Entonces todo está listo.- dijo el slytherin. – Avísale a tus padres.

-Pero…- dijo Rose, con algo de timidez. - ¿No les molestará a tus padres que yo vaya?

-No.- dijo Scorpius. – La mansión es grande y hay tantos sirvientes que no causarás molestia alguna. Además, siempre me dejan llevar a quien yo quiera.

Rose pestañeó varias veces.

-¿Llevarás a otras personas?- preguntó ella.

-Claro que sí.- dijo Scorpius como si fuese evidente. – Alexander y Megara vendrán.

Rose sintió un agujero por dentro. ¿Qué mejor navidad que pasar en casa de los Malfoy con slytherins con los que a duras penas se hablaba? Sin contar con que tendría que ver una y otra vez los intentos de Scorpius por aproximarse a Megara. Algo se revolvió en su estómago.

-No tienes por qué sentirte incómoda.- dijo Scorpius, regresando a su mesa y sentándose frente a sus libros abiertos. – Serás mi invitada. Y a Alexander, inexplicablemente, le agradas.

Rose suspiró.

-¿En verdad me necesitas para todo esto?- le preguntó, esperando que algún milagro sucediera y Scorpius le dijera que olvidaran todo lo de pasar navidad en la mansión Malfoy.

Scorpius la miró con firmeza.

-Sí, te necesito allí Weasley.- le dijo. – Ahora, si no te importa, quiero seguir preparándome para la segunda prueba.

Rose, derrotada, dio media vuelta y regresó hacia su respectiva mesa. Scorpius la miró alejarse de reojo y sonrió. En realidad, no la necesitaba con urgencia. Ahora que Alexander sabía lo que estaba sucediendo podría haberle pedido que lo ayudara a buscar las antologías, pero le parecía mucho más entretenido atormentar a Rose y, tenía que admitirlo, se había acostumbrado a su constante presencia.

Además, quería tener el anillo de Rose cerca. Estaba seguro de que los anillos no eran gemelos en lo absoluto.

2.-

El sábado transcurrió rápidamente para Rose, quien no se movió de su mesa en la biblioteca hasta que el reloj marcó la hora de la cena. Incluso se saltó el almuerzo, todo por embarcarse en el análisis de lo que podría ser la segunda prueba. Sus conclusiones eran ambiguas pero tenía la sensación de que iba en sentido correcto. El mensaje de Merlín en el sobre hablaba sobre una palabra clave "futuro". "Ir en busca del futuro significa caídas, pero también revelaciones. Y detrás del dolor, la verdad. Siempre la verdad." En la biografía de Merlín se mencionaba vagamente a Morgana, solo en las partes básicas (sus ataques contra Camelot y, finalmente, el asesinato de Merlín), pero de lo poco que se decía había algo que logró captar la atención de Rose: Morgana era una bruja con el don de la premonición. Era una vidente, una auténtica vidente. Gaius, según la biografía, también tenía algo de este don, pero no estaba desarrollado y era débil. "Futuro" y "Verdad", esas eran las palabras claves. "Dolor", también esa era una palabra clave. ¿Acaso Merlín se refería a que conocer la verdad sobre el futuro puede ser doloroso para quien la conoce? ¿hablaba de Morgana?

"No, no puede ser", pensó Rose, "en la biografía casi no hay nada de Morgana. Hay algo que estoy pasando por alto"

Incluso cuando fue al gran comedor a cenar, su mente seguía sumergida en el misterio de la relación entre el mensaje de Merlín y la biografía. ¿De qué podría tratarse la prueba? Era evidente que tendría algo que ver con el futuro. ¿Sería una prueba en la que contaran sus habilidades adivinatorias? Si eso era así, Rose sabía que tenía ventaja. Firenze la consideraba su mejor alumna, aunque ella no entendía muy bien por qué siempre lograba acertar en la clase de adivinación. Por el contrario, había visto a Scorpius tener muchas dificultades en esa misma clase. Quizás las cosas estaban a su favor, esta vez.

Cenó junto a sus primos, quienes habían pasado turnándose en la enfermería junto a Lucy, y al acabar de comer fue directo a la enfermería. Lucy descansaba en una camilla ya con un mejor semblante. El color rosa había vuelto a sus mejillas y sus ojos no estaban tan desolados como antes. Al verla, su prima sonrió.

-Sabía que vendrías antes de irte a dormir.- dijo Lucy. – Pero no tienes que preocuparte, ya casi no tengo fiebre.

Rose colocó su mano sobre la frente de Lucy y corroboró que lo que decía era verdad. Justo al lado de su ceja tenía una pequeña gasa cubriendo la herida que se había hecho en el bosque.

-¿Cómo fue que te hiciste eso?- preguntó Rose.

Lucy miró hacia abajo, algo avergonzada.

-Yo estaba muy triste, Rose.- dijo la hufflepuff. – Sentía como si me ahogara. No pensé con claridad. Quería gritar como me enseñaste en el partido de quidditch…gritar hasta que se me rompiera la garganta. En el castillo no podía hacerlo, así que se me ocurrió entrar al bosque…

-¡Vaya idea!- dijo Rose, algo reprendiéndola.

-No quise adentrarme, solo, estar por los alrededores…por la superficie.- dijo Lucy, con las mejillas sonrojadas. – Quería poder gritar sin ser oída. Eso era todo. Empecé a gritar con todas mis fuerzas, y a la vez, empezó a llover. ¿Me creerías si te dijera que ni siquiera sentí el frío calando en mis huesos? Lo único que sentía era…un agujero. Nada más.

Rose acarició la mano de su prima en silencio, conmovida. Lucy elevó la mirada.

-Fue entonces cuando apareció Malfoy.

Rose se sorprendió. Había olvidado por completo que había sido Scorpius quien halló a su prima. De repente, su corazón empezó a latir de forma más acelerada.

Lucy empezó a jugar con las puntas de su cabello.

-Fue todo demasiado extraño.- dijo ella. – Pero en realidad, su aparición fue como una revelación. No habló mucho, pero me hizo darme cuenta de que lo que estaba haciendo no tenía sentido. Y ahora, aunque sigo sintiéndome dolida, sé que tengo que ser fuerte por el simple hecho de que no vale la pena dejarme abatir por Ben.

-No entiendo.- dijo Rose confundida. - ¿Scorpius te habló?

-Sí.- afirmó Lucy. – Me dijo algo así como "Tú, Weasley de cabello naranja", y yo me volteé, sorprendida por su presencia. Debió haberme escuchado gritar, no lo sé. Luego él me miró de una forma extraña…pienso que notó que estaba llorando a pesar de la lluvia, quizás por mis ojos, no lo sé. Me miró de esa forma extraña y luego entornó los ojos, como fastidiado, y dijo "¿Tienes idea del frío que hace acá afuera? ¿Qué intentas hacer, volver locos a todos tus primos y primas? Soy el prefecto de Slytherin y todos estan deambulando a esta hora de la noche como desquiciados buscándote."

Rose sonrió. Podía imaginarse perfectamente bien a Scorpius diciendo aquellas exactas palabras. La memoria de su prima era prodigiosa. Lucy también sonrió.

-¿Puedes creerlo?- dijo la hufflepuff. – Y yo no entendía nada. Me quedé callada, temblando, pero no por el frío sino por las lágrimas que no podía controlar y seguían saliendo. No sé qué aspecto lastímero he de haber tenido, pero Malfoy pareció ablandarse y fue entonces cuando dijo lo que me hizo abrir los ojos. Dijo: "Mira, Weasley, sea lo que sea que te esté pasando, no creo que valga tanto la pena como para que te hagas esto a ti misma y a tus primos. Además, seguramente es una gran estupidez; tienes cara de ser parecida a Rose, así que también deben afectarte estupideces. En lugar de estar aquí, sola, llorando como una mártir, deberías reunirte con la manada de familiares que tienes esparcida por Hogwarts olfateando tu rastro. Rose está preocupada por ti, lo ha estado todo el día. Si yo estuviera perdido a esta hora de la noche, solo tendría a dos personas buscándome. Tú tienes a un ejército. Lo que sea que te tenga así de triste, no vale la pena."

Rose se sonrojó levemente. ¿En verdad Scorpius había dicho eso?

Lucy sonrió.

-Luego volvió a ser un pesado y me forzó a regresar. Lo que pasa es que en el camino, me caí. Y supongo que fue por eso que me desmayé.

-Por eso y el frío.- dijo Rose. – Aunque no lo sentías, tu cuerpo sí que lo sentía.

Lucy apretó los labios, avergonzada.

-Tienes razón. El asunto es que Malfoy me hizo darme cuenta de que si en verdad voy a sufrir, que en futuro sea por personas que me quieran tanto como ustedes. No por Ben, a quien al final, no le importé tanto.- dijo la hufflepuff, con un dejo de tristeza. Sus ojos se humedecieron pero meneó la cabeza, recuperándose. Luego miró a Rose con una sonrisa.- Así que, Malfoy y tú, ¿eh?

Rose saltó de la cama y miró a su prima como si hubiese dicho una blasfemia.

-¡Lucy!-exclamó. – No sé de lo que hablas.

-Vamos, Rose.- dijo ella. – Scorpius habló con tanta propiedad de tus sentimientos…fue como si sintiera lo mismo que tú. No hay tal empatía entre dos extraños o enemigos; a veces, ni siquiera hay tal empatía entre dos amigos cercanos.

Rose se llevó nerviosamente un rizo atrás de la oreja.

-Lo que pasa es que Scorpius es….mi…confidente.

Tan pronto dijo eso, Rose se sintió la chica más estúpida del universo. Lucy la miró con aturdimiento.

-Malfoy…tu..¿confidente?

-Ajá. Sí. Eso.- insistió Rose, torpemente. – Bueno, yo le cuento mis cosas y él…me… escucha.

Lucy levantó una ceja.

-Malfoy no parece ser del tipo de chicos que haga eso.- comentó la hufflepuff.

Rose pestañeó varias veces.

-Es que él oculta su lado sensible.- dijo la pelirroja, sintiéndose cada vez más tonta. ¿Es que acaso no podía ser una mejor mentirosa?

Lucy se cruzó de brazos.

-A ver si te estoy entendiendo…- comentó. - ¿Dices que Scorpius Hyperion Malfoy es…tu confidente y que, además, tiene un lado sensible? No me estarás diciendo que….- Lucy abrió la boca como si estuviera a punto de comer un pastel. – Oh no…por Merlín…¿Malfoy es gay?

Rose abrió los ojos al máximo. ¿Cómo era posible que su prima hubiera llegado a esa descabellada conclusión solo por haber escuchado las palabras "confidente" y "sensible"? Estuvo a punto de replicar, pero Lucy no la dejó.

-Oh por Merlín, nunca lo hubiera imaginado.- dijo la hufflepuff. – Parece tan viril…y es tan apuesto. Qué pérdida, en verdad. Pero al menos eso explica por qué se preocupa por ti y es tu confidente y todo lo demás. Seguramente confía en ti porque eres la única que conoce su secreto.

Rose guardó silencio por unos segundos.

-Sí. Yo…guardo su secreto.- dijo finalmente. Era preferible que su prima creyera eso a que pensara que entre ella y Malfoy había algo, o peor, sospechara de la extraña conexión que había entre ellos. – Lucy, debes guardar este secreto.

-Por supuesto que lo haré.- dijo ella. – Él me ayudó: se lo debo.

Rose esbozó una sonrisa, entre culpable y avergonzada, pero Lucy no lo notó.

-Vaya.- dijo la hufflepuff, meneando la cabeza. – En verdad es una lástima.

3.-

Lily iba camino a su sala común acompañada por Hugo y Albus. Habían terminado de cenar y estaban algo hastiados; el sábado no había sido muy entretenido. Los Ravenclaw habían ocupado a cancha de quidditch casi todo el día y la mayor parte de la tarde la pasaron en la enfermería con Lucy. Estaban atravesando un pasillo cuando se encontraron con Lorcan y Lysander, quienes venían en sentido contrario.

-Los Scamanders por sectores ajenos a sus casas, ¿por qué no me sorprende?- dijo Albus sonriendo.

-¿Nos extrañaste Potter?- dijo Lorcan. – Vamos, admítelo.

-Nunca.- respondió el moreno mientras chocaban las manos.

-Estábamos planeando escaparnos mañana a Hogsmade, qué dicen, ¿se nos unen?- dijo Lysander, cruzándose de brazos.

-¡Cuenten con nosotros!- exclamó Hugo, entusiasmado de forma repentina. – Es una idea fe-no-me-mal.

-Hugo, tranquilízate.- dijo Albus. – Me asustas cuando te emocionas.

Hugo se rascó la cabeza.

-No puedes culparme. Este fin de semana ha estado muerto.

Lily dio un respingo.

-Bueno chicos, feliz viaje.- dijo la pelirroja, disponiéndose a continuar su camino hacia su sala común, pero entonces Lorcan la interceptó.

-No tan rápido, Lilith.- dijo el rubio.

Lily clavó sus ojos gatunos en el gemelo.

-¿Te puedo ayudar en algo, Scamander?

-Qué servicial.- dijo Lorcan, en son de burla. Lysander, Hugo y Albus no pudieron contenerse y rieron también.

Lily agudizó la mirada. Lorcan le sonrió.

-Vamos Lilith, no puedes en verdad querer quedarte el domingo en Hogwarts cuando podemos ir a Hogsmade.

-No se trata de si quiero o no.- dijo Lily, cruzándose de brazos. – No puedo dejar a Lucy, por ahora.

Hugo y Albus parecieron recordar la situación de su prima y bajaron la mirada, decepcionados.

-Por eso no hay problema.- dijo Lysander. – Hablé con Roxanne y ella le preguntó a Madame Pomfrey si Lucy estaría mucho tiempo en la enfermería. Ella le dijo que mañana en la mañana la darán de alta.

-¿Ves? Qué mejor para Lucy que un viaje a Hogsmade.- dijo Lorcan.

-¿Cuál es tu interés, Scamander, en que vaya?- preguntó Lily, audazmente.

Albus y Hugo se dieron dos codazos mutuamente, conteniendo la risa. "Tu hermana es un peligro", le susurró Hugo al moreno.

Lorcan, sin perder la sonrisa del rostro, mucho menos la confianza, le contestó acercándosele al oído:

-Lo sabrás a su tiempo, Lilith.- y luego continuó caminando. – Vamos, Lysander.

Lysander hizo una reverencia de despedida en son de burla y siguió a su hermano.

Albus sonrió mientras miraba a Lily.

-Me parece que le gustas a Lorcan.- dijo el moreno.

Lily le dedicó una mirada de indiferencia y continuó su camino hacia la sala común. Hugo rió.

-Pobre Lorcan.- le dijo a Albus. – No tiene idea de con quién se está metiendo.

Albus se cruzó de brazos.

-A mí me parece que esta vez será a la inversa.- dijo el moreno. – Tengo la impresión de que es Lily la que no sabe lo que está a punto de golpearla.

4.-

Solo cuando Rose entró a su habitación se dio cuenta de lo agotada que estaba. Tenía tanto sueño que a duras penas logró sacarse los zapatos, ponerse el anillo y caer rendida sobre la cama. Había pasado el día entero en la biblioteca, leyendo, apuntando, analizando, recordando, sin darse ni un solo respiro fuera de la hora de la cena. No tardó en quedar profundamente dormida.

Sueño # 4

Rose abrió los ojos y se vio en un salón del castillo. En el centro había una mesa larga y extensa en donde estaban sentados el rey Uther, Arturo, Morgana y Guivenere. Parecían estar cenando por la oscuridad del cielo que se apreciaba a través de los cristales de las ventanas. Scorpius se encontraba justo frente a ella al otro lado de la mesa. Un metro tras de él, estaba Merlín, de pie.

-Cuánto silencio.- dijo Uther mientras se levantaba. – Los dejo, no tengo mucha hambre y mañana será un día largo. Buen provecho.

Uther caminó hacia la salida. Los solados a ambos lados de la puerta se hicieron a un lado y lo dejaron salir.

Entonces, Guinevere estalló.

-¿Cómo puedes ser tan ruin?- le soltó a Arturo, mirándolo con profunda indignación.

Arturo le dedicó una mirada fría.

-No sé de qué hablas, Guinevere.- le respondió bebiendo vino de su copa con tranquilidad.

Morgana parecía abstraída y ajena a la conversación. Merlín tenía sus ojos azules clavados en ella.

-Haberte ofrecido para buscar a ese pobre niño, Mordred, sabiendo que tu padre lo único que quiere es condenarlo a la hoguera.- dijo la morena. Su cabello rizado y marrón estaba adornado con algunas flores y recogido. - ¿Cómo puedes dormir por las noches?

Arturo tomó despreocupadamente una manzana y la mordió mientras subía los pies sobre la mesa.

-Guinevere, tienes el genio de una señora de 50 años. Creo que, incluso, tienes arrugas a los lados de tus ojos.- le dijo.

Guinevere se puso de pie apoyándose con ambas manos en la mesa.

-Podré tener el genio de una señora de 50 años, pero también su sabiduría; la cual me permite distinguir entre lo que es correcto y lo que no. Al contrario de ti, que tienes el carácter y la madurez de un niño egoísta y consentido. Sinceramente, prefiero las arrugas.

Y con esto, la morena salió casi corriendo del salón. Arturo lanzó la manzana sobre la bandeja produciendo un sonido estruendoso.

-Es insufrible.- soltó en voz alta. – No hay forma de que me case con ella.

Merlín sonrió.

-¿Por qué no le dices la verdad? Que te ofreciste a buscar a Mordred para así asegurarte, precisamente, de que nunca sea hallado.- dijo el moreno.

-¿A ti quién te preguntó?- dijo Arturo, poniéndose de pie. – No tengo por qué darle explicaciones de ningún tipo a esa mujer.

-Creo que te olvidas que esa "mujer", será tu esposa.- dijo Merlín, astutamente.

Arturo volvió a tomar una manzana y se la arrojó al moreno, pero por suerte, éste logró esquivarla. Fue entonces cuando Morgana emergió de las profundidades de sus pensamientos.

-Permiso, tampoco tengo hambre y estoy cansada.- comentó, sonriendo con debilidad. – Buenas noches.

Morgana se puso de pie y se dirigió a la salida del salón. Arturo la siguió con la mirada.

-Está desmejorada, ¿no lo crees?- le preguntó el príncipe a Merlín.

-No lo he notado.- dijo Merlín, evitando mirar a Arturo a los ojos.

-La veo pálida.- comentó el rubio. - ¿Sigue teniendo esas pesadillas que no la dejan dormir?

Merlín tragó saliva.

-No, ya no.- le dijo. – Las infusiones de Gauis la han ayudado.

-Qué bien.- comentó Arturo.

En cuestión de un pestañeo Rose y Scorpius aparecieron en las afueras del castillo, inmersos en la pesada oscuridad de la noche. El silencio era interrumido de vez en cuando por el ulular de algunos búhos.

-¿Por qué estamos aquí?- preguntó Rose, casi para sí misma.

Scorpius fijó la mirada unos metros atrás de la pelirroja.

-Por eso.- le dijo, indicándole el camino elevando el mentón.

Rose se volteó y vio, sorprendida, a Morgana. La bruja estaba cubierta por un sobretodo rojo y caminaba sigilosamente hacia la muralla de Camelot.

-Rápido, o la perderemos.- dijo Scorpius. Y tomó a Rose de la mano.

La pelirroja sintió una corriente eléctrica desde la punta de sus dedos hasta el centro de su pecho que la estremeció por completo. Sus mejillas se encendieron e hizo todo lo posible por controlar el ritmo de los latidos de su corazón y, en general, sus sentimientos. Si Scorpius llegaba a percibirla, sería fatal.

Scorpius la guió, casi corriendo tras los pasos de Morgana. En sus facciones nada pareció denotar que hubiese sentido el cambio en Rose, así que ella se tranquilizó.

Las mano de Scorpius era cálida, un poco más grande que la de ella y bastante suave para ser la de un chico.

Rose trató de alejar esos pensamientos de su mente.

Pronto, la alcanzaron y la vieron deslizarse por un pequeño túnel que estaba cubierto por enredaderas. Seguramente era un pasadizo oculto que daba al exterior de Camelot. Rose se preguntó si Morgana sería la única en la ciudad que lo conocía.

Scorpius ingresó por el túnel sin soltar la mano de Rose. Al principio no pudieron ver mucho. El camino era estrecho y daba a un abismo. El tránsito era difícil, pero Morgana lo hacía con rapidez y genuina habilidad.

-Pisa exactamente donde yo haya pisado antes, Rose- dijo Scorpius.

-¿Cómo sabes dónde es seguro?- preguntó la pelirroja.

-No lo sé.- admitió el slytherin. – Estoy arriesgándome.

Rose se detuvo bruscamente y Scorpius se tambaleó por el movimiento.

-¿Estás loco? ¿Y si caes?

-No es el momento para discutirlo.- le dijo Scorpius, halándola. – Y honestamente, prefiero no pensarlo demasiado.

Los dos continuaron el camino hasta que por fin vieron la luz de la luna. Morgana se adentró a un bosque espeso y húmedo. Rose se preguntó qué era lo que estaba haciendo la bruja, ¿por qué salía tan tarde de la ciudad, a escondidas y sola? Aquel lugar no parecía ser seguro en lo absoluto; podía haber bandidos e incluso criaturas mágicas. Rose se adelantó, corriendo, quería ver el rostro de Morgana. Una vez que estuvo unos metros delante de ella se volteó: la joven de cabello negro parecía asustada, pero resuelta a continuar. Sus ojos verdes denotaban temor. A Rose le inspiró compasión: su piel estaba pálida y descolorida. Era evidente que estaba agotada tanto emocional como psicológica y físicamente. A pesar de ello, su belleza no se veía mermada.

Scorpius y Rose siguieron a Morgana durante varios minutos, hasta que la bruja se detuvo bruscamente. Al principio, ninguno de los dos comprendió por qué ella había quedado estática, casi como si hubiese sido petrificada.

Pero entonces, lo vieron.

Un animal de armazón negro, con un aguijón gigante, estaba a penas a unos metros de la morena. Sus patas eran delgadas y se clavaban en la tierra como tenazas. Pronto, alrededor de ella surgieron otras de esas criaturas, amenazantes. Morgana cayó al suelo, derrotada, convencida de que no habría forma de escapar. Rose contuvo la respiración: por alguna extraña razón temía por la bruja. No quería que nada le pasara.

Las bestias trotaron hacia su presa.

-¡No!- gritó Rose.

De repente, un rayo espantó a las criaturas, obligándolas a retroceder. Morgana cayó desmayada sobre la tierra y la luz, de una intensidad abarcadora, cegó tanto al slytherin como a la gryffindor.

Lo siguiente que vieron, fue otra luz, pero esta vez no era una artificial, sino la del sol en todo su esplendor.

Rose se restregó los ojos, a su lado estaba Scorpius, también reajustándose a la luminosidad del día.

-Si me quedo ciego, Weasley, tendrás que ser mi guía.

-¿Tengo cara de ser tu lazarillo?- le preguntó Rose con sarcasmo.

Scorpius la miró con irritación.

-Estuve probando terreno peligroso para que tú cruzaras a salvo. Creo que al menos merezco que te conviertas en lazarillo por mí.- le dijo, reclamándole.

-Está bien, te pondré una correa.- dijo Rose, sonriendo.

-Supongo que sería lo mejor para ti, ya que te exaltas tanto cuando te agarro de la mano.- dijo el slytherin audazmente y esbozando una media sonrisa al ver cómo el rostro de la pelirroja se encendía de repente. – Porque si creíste que no te sentí, estás equivocada.

Rose iba a responder, pero entonces los ojos metálicos del rubio se clavaron en un hombre alto, de tez negra y túnica azul que caminaba hacia unas carpas rojizas. Rose observó al hombre y se decidió a seguirlo. Scorpius hizo lo mismo inmediatamente.

En el centro de las carpas jugaban algunos niños, y por los alrededores, hombres y mujeres preparaban comida, tendían prendas y encendían fuego. Rose se sorprendió cuando vio a uno de los niños jugar con una pequeña roca que se suspendía en el aire sola.

-¡Mira!- le señaló a Scorpius.

-Tienen magia…- dijo el slytherin.

El hombre de túnica azul llenó un vaso con agua y luego entró en una carpa. Durante unos segundos fugaces, cuando él levantó la tela para ingresar a la carpa, Rose y Scorpius vieron a Morgana, dormida encima de unos tapetes gruesos.

-Él la salvó.- murmuró Rose.

Scorpius caminó directo hacia la carpa, seguido por la pelirroja. Los dos entraron. El lugar olía a hierbas medicinales y flores. El hombre humedeció un paño en el agua y lo posó en la frente de Morgana. Ella, lentamente, abrió los ojos.

Al principio, la bruja pareció no entender lo que sucedía. Luego, bruscamente se sentó, mirando al hombre de túnica azul con auténtico miedo.

-No tienes nada qué temer.- dijo el hombre, sonriéndole con una expresión serena y madura en su rostro.

Morgana tragó saliva.

-¿En dónde estoy?- preguntó.

-En donde querías estar.- dijo el hombre, mirándola fijamente a los ojos. – Nos has encontrado.

Morgana lo miró con excepticismo y luego abrió los ojos con incredulidad.

-¿Estoy con los druidas?- preguntó la bruja.

El hombre sonrió y asintió. Morgana pareció inmensamente aliviada y contenta.

-No puedo creerlo…- dijo con voz suave. – Tengo tantas preguntas… ¿por qué puedo soñar con cosas que pasan? ¿por qué puedo crear fuego con mi mente?.- de repente se detuvo. Una sombra de excepticismo volvió a manchar su mirada. - ¿Cómo fue que me encontraron?

-Uno de los nuestros pudo percibir el peligro que corrías, y nos envió por ti.- dijo el hombre.

Morgana pareció confundida, entonces, la tela de la entrada de la carpa se movió y dio paso a un niño de piel blanca y ojos grandes y azules. Rose lo miró con asombro y Scorpius con curiosidad, pues era la primera vez que lo veía.

-Mordred…- dijo Morgana, sonriendo.

El niño esbozó una sonrisa y caminó hacia ella.

-No tienes de qué preocuparte.- le dijo. – Estás a salvo ahora. Voy a cuidarte.

El hombre de túnica azul tomó la mano de Morgana.

-Mi nombre es Enren, y voy a responder todas tus preguntas.- dijo el moreno. Mordred se sentó junto a Morgana, mirándola fija y profundamente; de una manera misteriosa. – Empezaremos por la primera de ellas. La respuesta es sí.

Morgana lo miró extrañada.

-¿Cómo sabes lo que quiero preguntar?

Enren sonrió.

-Morgana, la respuesta es sí. Tienes magia. Todos nosotros la tenemos.

La morena cerró los ojos, conteniendo las lágrimas. Enren soltó su mano con delicadeza.

-Toda mi vida…- dijo ella. – Toda mi vida me han enseñado que la magia es…malvada.- la morena hizo una pausa. Sus ojos estaban empapados. – Y que quienes la poseen también lo son.

Enren le dedicó una mirada llena de ternura casi paternal.

-Es así como piensan muchos, pero están equivocados.- sentenció el brujo. – La magia no es algo que se escoja; viene a nosotros como un don especial, sin que lo pidamos. Nacimos con esto. Y pronto entenderás que negar lo que en verdad eres, solo te causará infelicidad.

-Yo…

-Sé que tienes miedo.- dijo Enren. – Que te sientes sola y desprotegida; diferente a todos los demás. Pero quiero que salgas de esta carpa y mires a tu alrededor: lo que verás, es a muchos que se sienten igual de solos y desprotegidos. Verás a muchos igual de diferentes que tú.

Una lágrima corrió por la mejilla pálida de Morgana. Lentamente se puso de pie. Mordred continuaba mirándola con una intensidad que le erizaba los vellos a Rose. Los primeros pasos de Morgana fueron tímidos, cortos, vacilantes; pero luego fue tomando más seguridad y decisión, hasta que emergió de la carpa.

Rose y Scorpius vieron la luz del sol iluminando el exterior y escucharon las risas de los niños.

Inmediatamente, se vieron dentro de las gruesas paredes de piedra del castillo de Camelot.

Merlín los pasó corriendo y luego se chocó con Gaius. El pasillo, a excepción de ellos dos, estaba desierto.

-¡Tranquilo muchacho!- le dijo Gaius.

Merlín, agitado, se llevó una mano al cabello negro y espeso.

-Uther está como loco. Ha mandado a todos los caballeros en busca de Morgana.

-Y parece ser que no es el único a punto de enloquecer.- comentó Gaius aprehensivamente, pero Merlín no lo notó. Estaba demasiado ensimismado en sus propias preocupaciones.

-No entiendo cómo pudo desaparecer así, sin decirle nada a nadie.- dijo el moreno.

-Sin decirte nada a ti, quieres decir.- dijo Gaius, mirándolo nuevamente con aprehensión.

-Tengo que encontrarla.- dijo Merlín, resuelto. – Está sola y asustada…si algo llega a pasarle yo…

-Merlín.- dijo Gaius, con firmeza. – Tu responsabilidad es Arturo, no Lady Morgana.

-¡Ella también es mi responsabilidad!- exclamó Merlín. Un silencio tosco se creó entre los dos, y tras unos segundos, el moreno volvió a hablar: - Yo prometí vigilarla. Por lo de la profecía…

-Merlín, seamos realistas; no tenemos pista alguna de su paradero.

De repente, los ojos de Merlín se iluminaron. Gaius frunció el entrecejo.

-¿Qué te…?

-Sé a dónde fue.- aseveró Merlín, y luego miró a Gaius con entusiasmo. – Sé dónde encontrarla.

Antes de que Gaius pudiera decir algo Merlín se lanzó a correr nuevamente, desapareciendo por el pasillo. Rose y Scorpius estuvieron a punto de correr tras él, pero de inmediato todo lo que estaba a su alrededor se transformó y otra vez se vieron en el bosque, entre las carpas del asentamiento de los druidas. Morgana se encontraba sentada sobre una piedra viendo a los niños jugar y tomando lo que parecía ser agua. Su largo cabello negro estaba recogido en una rosca en su nuca. Mordred la observaba de lejos, silente, mientras que Enren caminó hacia la morena y se sentó junto a ella.

-Cada uno tiene facultades diferentes.- dijo Enren, mirando a los niños. – Algunos pueden hacer levitar cosas, otros hacen crecer plantas y cabello; otros incluso pueden ver cosas que están a punto de suceder antes de que sucedan.

Morgana clavó sus ojos verdes en los oscuros de Enren con repentino interés y recelo. Enren le sonrió.

-Morgana, el don que posees es único no por ser irrepetible, muchos experimentan premoniciones; sino por su fuerza.- dijo el druida. – Tu poder premonitorio es tan fuerte que no te permite dormir durante las noches. Tus visiones son tantas que te perturban durante el sueño. Cuando eduques tu poder, podrás comprenderlas todas. Por ahora, solo algunas se te revelarán.

Morgana tragó saliva y miró hacia abajo.

-Yo sí recuerdo mis pesadillas.- dijo la morena. – Recuerdo haberme visto en el calabozo de Camelot antes de que Uther me enviara allí; también haber visto a Mordred antes de conocerlo.- Morgana hizo una pausa, sus manos temblaban ligeramente. – Creí que estaba enloqueciendo.

-La magia es un don, no un castigo.- dijo Enren.

-¿Entonces por qué se siente como si lo fuera?- preguntó Morgana. Sus ojos se humedecieron, pero no soltó ni una lágrima. – Todas las noches veo cosas terribles. Fuego, gritos, sangre…- hizo una pausa en la que volvió a bajar la mirada. – Si el futuro es tan terrible, no quiero conocerlo.

Enren volvió a fijar sus ojos en los niños que jugaban a unos metros.

-¿Escuchas sus risas?- le preguntó. – Ese sonido alegre…gracias a que puedes ver el futuro, no estará condenado a extinguirse.

-¿A qué te refieres?- preguntó Morgana, sin comprender.

-A que aunque lo que veas sea terrible, cuando eduques tu poder y lo veas con claridad, podrás evitar esas cosas tan horribles que el futuro depara.- dijo Enren. – Tu don será tan magnífico como tú quieras que sea.

Morgana miró a los niños, quienes ahora intentaban trepar un árbol, y sonrió casi imperceptiblemente. Luego volvió a mirar a Enren.

-Hay un sueño que tengo….- dijo de forma pausada. – Que es recurrente.

Enren frunció el ceño, como si no se hubiese esperado aquella repentina confesión.

-¿Qué tan…recurrente?- le preguntó.

-Casi siempre lo tengo.- dijo la bruja. – Y despierto sintiendo miedo de todo, con el corazón muerto y unas incontrolables ganas de llorar y gritar…

Rose notó que la expresión de Enren pasó de serena a una de disfrazada alarma. Sin embargo, Morgana no pareció notarlo.

-¿De qué se trata ese sueño?- le preguntó el druida.

Morgana se humedeció los labios.

-Si pienso en describirlo me doy cuenta de que puesto en palabras no parece aterrador.- comenzó ella. – Sin embargo, cuando aparece en mi mente, siento que preferiría morir antes que volver a verlo una vez más…

Scorpius se mantenía quieto y sus ojos metálicos estaban clavados en Morgana. No podía creer que esa fuera la bruja que acabaría matando al mago más famoso de la historia. Que esa aparentemente ingenua, incluso tímida mujer, se fuera a transformar en la despiadada bruja que causó tantas muertes. Scorpius miraba esos ojos verdes y lo único que veía era miedo, soledad e inocencia. ¿Cómo podían ser esos los ojos de una asesina?

Morgana continuó:

-Mi sueño comienza con una neblina espesa, tan densa que al principio no puedo distinguir si es día o si es noche; solo veo nubosidades blancas, como gruesos algodones…pero poco a poco se van distendiendo…y puedo ver la negrura de la noche y la niebla cubriéndome el camino.- la voz de Morgana tembló un poco, pero se recompuso. – Entonces, distingo una silueta a unos metros hundida entre la niebla…es una silueta masculina, totalmente cubierta por la niebla. No puedo distinguir quién es…pero lo veo allí, de pie, con las piernas ligeramente separadas y ambos brazos colgándole a los lados del cuerpo…y la inclinación de su cabeza, un poco direccionada hacia el suelo, pero no lo suficiente, me da la impresión de una actitud de enfrentamiento…amenazante. Entonces, una sensación de peligro me invade de pies a cabeza y sé, muy dentro de mí sé, que esa persona entre la niebla quiere hacerme daño y que no va a descansar hasta lastimarme, derrotarme y acabarme.

Enren se mantuvo en silencio, pensativo, durante algunos segundos. Luego miró a Morgana con seriedad y cautela.

-Los sueños recurrentes en una vidente significan dos cosas.- dijo el druida. – Significan metáforas, y avisos.

-¿Metáforas?- preguntó Morgana.

-Este sueño es diferente a los demás. Los otros ocurren literalmente como los ves, pero, un sueño recurrente en realidad, tal y como lo ves, jamás ocurre.- dijo Enren, en posición explicativa. – Lo que ves en realidad es un aviso. No vas a estar, en realidad, en la niebla con ese hombre amenzante a unos pocos metros de ti. Lo que ese sueño significa, es que ese hombre es sin duda alguna tu enemigo…un enemigo que por lo visto, va a causarte mucho dolor. Seguramente, ese hombre es el enemigo de tu vida y del que tendrás que defenderte.

Morgana cerró los ojos y apretó las manos.

-Uther…- murmuró, y luego abrió los ojos nuevamente. – Sé que es él. Tiene que serlo.

-Esa niebla irá esparciéndose poco a poco hasta revelarte la identidad de tu enemigo, así que si en verdad es Uther, lo sabrás.- Enren se puso de pie. – Ahora, es tiempo de tocar un tema bastante delicado.

Morgana pareció adquirir una expresión entre curiosa y expectante. Enren la miró con solemnidad.

-Morgana, seguramente te preguntarás cómo es que sé tanto de ti y de tus poderes.- comenzó el druida. – Y la respuesta es que, lo sé porque conozco tu procedencia.

El rostro de Morgana empalideció y sus ojos se nublaron. Abrió ligeramente los labios, y éstos temblaron.

-¿Conociste a mis padres?- le preguntó en un tono de voz bajo, casi silencioso.

-A tu padre no, pero sí a tu madre.- dijo Enren. – Tengo entendido que tu padre fue un caballero de Camelot, uno de los mejores hombres de confianza del rey, y por eso Uther te adoptó en el castillo.

Morgana bajó la mirada.

-No sé nada de mi madre.- dijo la morena. – Uther dijo que mi padre no tuvo tiempo de casarse con ella, y que como vivía en otra aldea fuera de Camelot, él jamás llegó a conocerla.

Enren juntó las manos bajo la túnica.

-Tu madre se llamó Astrid, y era tan bella como tú.- dijo el druida, sonriéndole. – Astrid fue parte de nuestro grupo durante un par de años, y luego partió a una aldea en donde sé conoció a tu padre, y te dio a luz. Murió contigo en sus brazos, y te puso el nombre que ahora llevas.

-¿Por qué me dices esto?- preguntó Morgana, con los ojos humedecidos. – Hablar de una madre que nunca conocí es doloroso…

-Porque hay algo que debes saber, Morgana.- dijo Enren. – Y eso es que, antes de darte a luz, tu madre había estado casada anteriormente que uno de los nuestros que, lamentablemente, falleció en una contienda. Y en esa unión, tuvo una hija.

Rose se llevó ambas manos a la boca, incrédula, y luego miró a Morgana. La bruja estaba estupefacta, sus ojos más grandes que nunca parecían vibrar por la noticia. Colocó ambas manos en la roca en donde estaba sentada para apoyarse, como si en cualquier momento fuera a caer desmayada. Enren continuó:

-Morgana, tienes una media hermana mayor.- dijo Enren. – Y ya que estás aquí, con nosotros, creo que es tiempo de que la conozcas…

Morgana levantó la mirada y sus ojos se clavaron en la figura de una mujer alta, rubia, de ojos marrones y de túnica azul que caminaba hacia ellos.

-Morgana.- dijo Enren. – Te presento a tu hermana: Morgause.

Rose no podía salir de su asombro. Lo que estaba presenciando era algo que ningún libro había documentado antes. Jamás, ningún texto mencionaba por ninguna parte que Morgana tuviese una hermana. Aquello era algo totalmente inédito, y ella lo estaba viviendo. Aún sin salir de su estupefacción escuchó la voz de Scorpius dirigiéndose a ella:

-Mira. – le dijo el rubio, señalándole unos arbustos que se encontraban al fondo, a unos pocos metros de donde ellos estaban.

Rose clavó sus ojos azules en el rostro de Merlín, quien camuflado entre el follaje, observaba lo que ocurría con una expresión de incredulidad y asombro. ¿Desde hacía cuándo había llegado? ¿Cómo encontró con tanta facilidad a los druidas? Entonces Rose recordó que Merlín había dicho ya alguna vez que sabía cómo hallarlos, después de todo, era él quien había entregado a Mordred en las manos de aquella tribu. Seguramente sospechó que ese era el lugar a donde Morgana había decidido ir a buscar respuestas. Era lo más lógico.

Morgause fijó sus ojos pardos en los verdes de su hermana y esbozó una sonrisa de sincera alegría, pero que a Rose le pareció, sin embargo, un poco misteriosa.

-Por fin te conozco, hermana.- dijo la rubia.

Y entonces Rose abrió los ojos y soltó un pequeño quejido. El sol de la mañana penetraba por la ventana de su habitación en Hogwarts golpeándola con fuerza. Rápidamente se quitó el anillo que hervía en su mano, el cual rodó por el suelo hasta golpearse con la pata de una mesa.

En su dedo quedó una ligera marca roja que poco a poco fue desapareciendo.

5.-

- ¡Albus!- exclamó Fred mientras el moreno se sentaba en la mesa. – Hasta que apareciste.

Albus miró a su primo como si no comprendiera qué sucedía. Era domingo por la mañana y el comedor estaba atestado de hambrientos estudiantes, contrario al día anterior. El gryffindor notó que Fred no era el único que lo miraba de forma extraña, sino también Hugo, Louis, Roxanne y Dominique –quienes se habían instalado en la mesa de los leones-.

-¿Se puede saber qué les pasa?- preguntó Albus con cierto tono de burla, no tomándolos en serio.

-Al, sabemos lo cercano que eres a Rose y todo.- dijo Louis. – Pero no puedes mencionarle lo de nuestro pequeño viaje a Hogsmade el día de hoy.

Albus tomó la jarra de jugo de limón y empezó a servirse un vaso.

-¿Y por qué no puedo decirle?

Hugo bufó.

-¿Estás bromeando?- le preguntó el castaño. – Conoces a Rose, tiene esa particular manera de quitarle la diversión a las cosas prohibidas. Si le decimos, nos dirá…

-"Soy la prefecta de Gryffindor y no puedo permitirles hacer tal cosa. Está total y absolutamente prohibido. No pueden romper las reglas."- la imitó Fred.

Albus rió al ver a su primo imitando a Rose.

-Está bien, está bien.- dijo el moreno. – No le diré nada. Pero no será tan divertido sin ella.

-Todo lo contrario.- dijo Hugo.

-¿Y Lily?- preguntó Albus.

-Fue a buscar a Lucy. Quedamos con los Scamander en encontrarlos cerca del pasadizo.- dijo Louis, sonriendo.

-Yo si habría querido que Rose viniera.- dijo Dominique, cruzándose de brazos.

-De cualquier manera no iba a poder venir.- dijo Hugo. – Está demasiado ocupada con lo de la prueba de mañana. ¿Recuerdan?

Todos asintieron y se quedaron callados al ver a Rose entrar al comedor. La pelirroja se sentó junto a Albus y le sonrió a sus primos.

-Hace un muy buen día, ¿no creen?- comentó ella, inocentemente.

Hugo carraspeó y Dominique y Roxanne intercambiaron miradas culpables.

-Sí, genial, ¿me pasas la mantequilla?- le dijo Hugo a su hermana.

Rose le dedicó una mirada inquisitoria.

-Hugo, la tienes frente a ti.- le dijo, y luego miró a los demás. - ¿Les pasa algo?

En ese instante Rose sintió una especie de urgencia que la sobresaltó y la hizo levantar la mirada hacia la mesa de Slytherin. Allí encontró los ojos metálicos de Scorpius, mirándola fijamente. La pelirroja le dedicó una mirada de incomprensión, y el rubio hizo un ligero movimiento con la cabeza señalándole la salida del comedor. Acto seguido, se puso de pie y caminó hasta desaparecer por la puerta principal. Rose tragó saliva y se llevó un rizo rebelde atrás de la oreja. Clavó sus ojos azules unos segundos en la mesa, preguntándose qué era lo que podría querer Scorpius con ella tan temprano por la mañana. El solo pensarlo la agitaba y disgustaba a la vez. ¿Es que acaso no podía desayunar tranquila sin que Scorpius Malfoy interfiriera con eso también? Era de esperarse que hubiese desarrollado sentimientos hacia él, teniendo en cuenta de que lo veía hasta en la sopa.

"No tengo por qué hacerle caso", pensó la pelirroja, "tengo derecho a desayunar en paz". Scorpius siempre creía que debía hacerse lo que él quería, cuando él quería; como si su palabra fuera la ley y sus deseos órdenes.

-Engreído.- murmuró Rose mientras tomaba un pedazo de pan con queso derretido y jamón en su interior.

Entonces volvió a sentir ese golpe de urgencia con ímpetu en su interior. Tembló ligeramente. ¿Estaría Scorpius forzando sus sentimientos para que la molestaran más de lo normal? Rose mordió el pan con convicción. No se movería de su mesa hasta acabar de desayunar. Estaba harta de que Scorpius le ordenara hacer cosas. Harta.

"Lo que sea que quieras, tendrás que esperar, Malfoy", pensó Rose, algo sonrojada por la osadía que tenía al contradecirlo, "Tengo hambre".

Mientras tanto, en el pasillo, Scorpius comenzaba a impacientarse. No entendía por qué Rose no había salido ya; su señal había sido clara y contundente, no le cabía duda de que ella lo había entendido. Y sin embargo, allí estaba él, en el pasillo, esperándola.

Y ella no salía.

Scorpius lanzó una risa de incredulidad mientras se pasaba una mano por el cabello rubio. ¿En verdad Rose Weasley lo estaba haciendo esperar? El slytherin cerró los ojos y se concentró en incementar su necesidad de que ella pareciera en ese mismo instante, todo con la intención de que Rose lo sintiera. Luego abrió los ojos.

Ella aún no estaba.

¿Lo estaría ignorando? ¿Es que acaso era posible que estuviera ignorando su llamado? Scorpius se sintió inmensamente irritado. ¿Quién diablos se creía Rose Weasley? ¿Acaso no sabía que él también tenía cosas qué hacer? El slytherin soltó un pequeño gruñido.

-Muy bien, Rose.- dijo en voz alta. – Si no vienes, iré por ti.

Y caminó a paso decidido hacia la entrada del comedor.

Rose se servía jugo de calabaza cuando vio a Scorpius ingresar al comedor nuevamente. Sus mejillas se sonrojaron y su corazón se detuvo cuando lo vio mirarla con cierta dureza y avanzar directamente hacia ella.

"No, no puede ser.", pensó Rose, "no puede estar viniendo hacia acá"

Pero Scorpius seguía caminando a paso decidido en dirección a la mesa de Gryffindor. Ya muchos lo habían notado y lo miraban con asombro, sin comprender por qué se dirigía a una mesa ajena. Rose volvió a sentir su corazón, esta vez, latiéndole en la garganta. "No puede en verdad estar viniendo hacia acá", volvió a pensar, "Por Merlín, ¿ha enloquecido?"

Hugo clavó sus ojos castaños en la figura del slytherin.

-¿Es idea mía o esa serpiente está caminando hacia nosotros?- preguntó a sus primos, en voz alta.

Rose se puso de pie bruscamente, regando su vaso de jugo sobre la mesa.

-¿Rose?- preguntó Dominique, extrañada.

La pelirroja empezó a caminar directamente hacia Scorpius, quien no se detuvo en ningún momento. Las miradas de todo el comedor estaban clavadas en ellos y se hizo un silencio sepulcral, solo se escuchaban los pasos del rubio y los de la pelirroja avanzando el uno hacia el otro al mismo ritmo. Por unos instantes pareció que colisionarían, pero justo antes de chocar de frente el uno contra el otro se detuvieron.

-¿Qué demonios crees que haces?- preguntó Rose, susurrando para que nadie escuchara.

Rose Weasley maldiciendo: creo que debería anotar esto en alguna parte pero no estoy de humor.- dijo Scorpius con sarcasmo, también susurrando y mirándola con rabia contenida.

-Estás loco, todos nos están viendo.- susurró la pelirroja, de vuelta, mirando a su alrededor con timidez.

-Deberías conocerme ya lo suficiente como para saber que no me importa.- dijo el slytherin. – Además, es tu culpa: si hubieras salido cuando te lo dije, te habrías ahorrado este problema.

-¿Problema? ¡Yo solo quería desayunar!- soltó Rose elevando un poco el tono de voz, sin percatarse de ello. Luego, avergonzada, apretó los labios. Su rostro estaba completamente rojo. – No tengo que obedecerte cada vez que a ti te da la gana de que haga algo.

-Así que a comienzas a rebelarte, muy bien.-dijo Scorpius, uniendo las manos como si estuviera a punto de rezar. – Por favor, Rose: ¿serías tan amable de concederme unos minutos y salir del maldito comedor?

Todos en el salón murmuraban e intercambiaban miradas de asombro. No podían entender bien lo que los dos campeones de Hogwarts decían, pero el solo hecho de que estuvieran hablando en frente de todos, un Malfoy y una Weasley, ya era un hecho sobrenatural.

Rose lo miró con notable irritación. No había forma alguna de contradecirlo: Scorpius siempre acababa forzándola a hacer lo que él quería que se hiciera, y aquello era realmente molesto. Una parte de ella quería dar media vuelta y regresar a su mesa, pero la otra le decía que si lo hacía, el slytherin era capaz de ir hasta allá y sentarse junto a sus primos, idea que aterraba a Rose.

Scorpius, quien pareció leerla, esbozó una media sonrisa.

-Tu hermano no parece de buen humor.- comentó el slytherin, mirando hacia la mesa de Gryffindor. – Creo que debemos ir hasta allá y hablar con él. ¿No te parece?

Rose soltó aire con rabia y colocó ambas manos en el pecho de Scorpius, empujándolo hacia la salida. El rubio se dejó empujar, victorioso, y levantó la mano para hacerle un saludo a Hugo, quien inmediatamente frunció el ceño.

Salieron del gran comedor así, hasta que Scorpius se pegó contra la pared del pasillo y Rose retiró sus manos de él.

-¿Qué es lo que no podía esperar unos cuantos minutos hasta que terminara de desayunar, Malfoy?- preguntó Rose, enojada.

Scorpius sonrió.

-¿Sabes? Tu rostro adquiere más carácter cuando estás furiosa.- le dijo, con toda la intención de irritarla aún más. – Tu timidez desaparece por completo. Y no es que no me guste que seas tímida, de hecho, es bastante entretenido.

Rose le dedicó una mirada asesina y guardó silencio. A Scorpius le pareció encantadora la forma en la que su rostro se tensaba.

-Sígueme.- dijo el rubio mientras daba media vuelta. – Te tomaría de la mano, pero no quiero que sufras una ataque cardiaco durante el camino.

Rose se sonrojó escandalosamente y sintió que estaba a punto de morir de la vergüenza. Definitivamente en cuanto supieran todo lo necesario de los anillos, buscaría la forma de revertir ese efecto secundario de poder sentirse con Scorpius. El ser un libro abierto no le gustaba para nada, mucho menos cuando Scorpius lo único que hacía era burlarse de ello.

Era domingo y se suponía que sería un día tranquilo, pero Rose tenía la sospecha de que sus días tranquilos habían terminado, por lo menos, durante los próximos 11 meses.

6.-

El tango de Roxanne

Cuando por fin, tras una larga caminata por el pasadizo secreto, los Weasley, los Potter y los Scamander llegaron al pueblo, Roxanne se volvió a sentir alegre e imperturbable. Supo que, sin importar los comentarios de nadie, ella disfrutaría ese día. El resto de alumnos en Hogwarts bien podían morirse. Su familia era lo único que le importaba, nadie más.

Por supuesto, ese razonamiento se debía a lo que había escuchado esa mañana al salir del gran comedor en busca de Lily y Lucy.

Unas voces que provenían del pasillo aledaño la hicieron detenerse camino a la enfermería. Eran dos chicas de misma casa, y hablaban de ella:

-Lysander no puede estar interesado en Roxanne.- dijo una. – No tiene sentido.

-Claro que no. Los Scamander pueden tener a quien quieran en este colegio, es de esperarse que se fijen en chicas como Lily Potter, que es misteriosa, o Dominique Weasley que tiene algo de veela en su sangre. Pero, ¿Roxanne Weasley? Es decir, no es fea pero, ¿qué tiene de especial frente a otras chicas en este colegio?.- dijo otra.

-Es verdad. Además, ¿es un año menor no es así? ¿Por qué Lysander se fijaría en ella cuando en su mismo año tiene a Emiliana Weiss? Ella es la chica más atractiva de Ravenclaw, incluso más que Dominique.

-Sí, porque Dominique es linda pero no se compara a su hermana Victoire. ¿Te acuerdas? Cuando aún estudiaba aquí, Victoire levantaba polvo.

-Lysander siempre se sienta con Emiliana Weiss a estudiar en la sala común. Y dicen que son buenos amigos.

-¿Buenos amigos? Déjame reír. Emiliana muere por Lysander. ¿Quién no muere por Lysander en Ravenclaw?

-Hacen una linda pareja.

-Ya lo creo. Con Roxanne, en cambio, qué dispares. Te aseguro que ese escándalo de Lysander esperando a Roxanne afuera de su habitación era solo una broma. Ya sabes como son los Scamander. No hay forma de que le interese Roxanne.

La morena las escuchó alejarse y luego fue por sus primas a la enfermería. Se mantuvo silenciosa todo el camino y cabizbaja. Nunca se había sentido tan humillada en toda su vida. ¿En verdad era eso lo que todas las chicas de Ravenclaw estaban comentando? ¿Creían que ella era poco para Lysander? De solo pensarlo se moría de la rabia. Tenía el orgullo herido y un sabor amargo en los labios. Roxanne era una chica segura de sus capacidades, de carácter fuerte y una personalidad bastante bien formada. Comentarios como esos no le hacían daño a su autoestima, pero sí la ofendían. Además, entre Lysander y ella no sucedía nada. Probablemente, como esas chicas lo habían dicho, Lysander bromeaba. Probablemente, le gustara Emiliana Weiss.

Y de repente, Roxanne sintió una pequeña molestia que no supo explicarse a sí misma.

Estuvo meditabunda hasta que por fin llegaron a Hogsmade y el aire fresco y festivo del pueblo le recordó su lugar en el mundo: era una estudiante con buenos prospectos, joven y que lo único que quería era divertirse junto a sus familiares y amigos ese día domingo. No permitiría que comentarios sonsos le arruinaran el viaje.

Pronto, mientras caminaban y reían, Lily se detuvo bruscamente. Roxanne fue la primera en notarlo.

-¡Esperen!- les gritó a los demás, señalándoles a Lily.

La pelirroja tenía sus ojos pardos fijos en la entrada de lo que parecía ser un bar. En la fachada había luces de colores y dibujos sobre los cristales de las ventanas.

-Sundance.- leyó Hugo, acercándose a Lily. - ¿No estaba aquí antes Berns & company? Me gustaban esos dulces.

-Parece que lo han reemplazado.- dijo Fred, cruzándose de brazos.

-Entremos.- dijo Lily, y se encaminó hacia el bar.

-¡Hey! ¿Quién la hizo la líder?- preguntó Hugo. – Esto debería someterse a votación.

-No sé por qué insistes, Hugo.- dijo Lucy, sonriendo y caminando también hacia el bar. – Lily ha hablado.

-Es verdad Hugo.- dijo Louis, dándole una palmada en la espalda. – Como si pudieras negarte a un capricho de Lily.

Hugo se recogió de hombros y siguió a sus primos. Lorcan y Lysander fueron los últimos en entrar.

En el interior unos instrumentos habían sido hechizados y tocaban jazz sobre un escenario. Las mesas tenían manteles de colores y velas que flotaban ligeramente dando al lugar un ambiente cálido. Los meseros corrieron a atenderlos y les ofrecieron un menú de cocteles bastante coloridos y con varias mezclas extrañas pero atractivas.

-Roxanne, estás algo apagada hoy.- dijo Dominique.

-¿Estás apagada, hermanita?- preguntó Fred en tono burlón.

Roxanne entornó los ojos.

-No me pasa nada, estoy tan feliz como todos ustedes.- dijo la morena, notando que Lysander había fijado sus ojos celestes en ella.

-Ya sé lo que podemos hacer.- dijo Lily tomando el menú. – Juguemos.

Todos la miraron con curiosidad.

-¿A qué?- preguntó Albus, sonriendo.

Lily esbozó una sonrisa llena de astucia.

-Voy a escoger el coctel más fuerte del menú.- dijo la pelirroja. – Todos debemos tomarnos un vaso del mismo, sin respirar, de un solo trago. Quienes fracasen, tendrán que someterse a una penitencia seleccionada por el grupo. ¿Se atreven?

Todos los hombres rieron, divertidos por la propuesta de la pelirroja, pero tanto Dominique como Roxanne y Lucy parecieron algo preocupadas y se mantuvieron en silencio, recelosas.

-¿Qué clase de penitencias?- preguntó Dominique, asustada.

-¡Vamos, no sean cobardes!- dijo Louis. – Además, somos familia. No vamos a poner de penitencia nada que sea demasiado grave.

-Lily, eres genial.- dijo Fred, mirando a la pelirroja con complicidad. Luego miró a Albus. - ¿Qué te parece si cambiamos de hermanas?

Roxanne le pegó a Fred una palmada en la cabeza y todos rieron.

-Por mí está bien.- dijo Albus. – Me encantaría que Roxanne fuera mi hermana.

Hugo bufó.

-Y es por eso que Albus es el favorito de las mujeres de nuestra familia.- dijo el castaño. – Porque es un dulce cubierto de crema chantillí.

Todos rieron y Lily elevó su mano llamando al mesero.

-Por favor.- le dijo la pelirroja al mesero. – Tráiganos a todos el coctel más fuerte que tengan.

-¡Ah! Quieren el coctel Fuego de Dragón.- dijo el mesero. La sonrisa en el rostro de todos se borró repentinamente. – Pero no vendemos copas enteras, este coctel se bebe solo en una pequeña tapa, y es más que suficiente.- el mesero se rió.- Hemos tenido a clientes gritando con tan solo beber de la tapa.

Lily sonrió y en sus ojos se reflejó más que nunca su entusiasmo.

-Excelente. Pero queremos copas. ¿Puede llenarnos una a cada uno de nosotros?

El mesero miró con incomprensión y recelo a Lily. Luego asintió tímidamente.

-Si es lo que desean…pero…

-Gracias.- dijo Lily, finalizando el pedido.

El mesero dio media vuelta y desapareció hacia el bar para susurrarle el pedido al mezclador, quien abrió los ojos con asombro y soltó un "!Por Merlín!", antes de ponerse a trabajar nuevamente.

-Eres una pésima influencia para tu familia, Lilith.- dijo Lorcan, dedicándole una mirada profunda y sonriendo.

-Sí, Lily, me asustas.- dijo Louis.

Lily guardó silencio y a lo largo de la espera, Lorcan no le quitó la mirada de encima.

Los cocteles no tardaron en llegar, y cuando lo hicieron, todos prendieron sus ojos en ellos; las copas estaban literalmente ardiendo y cubiertas de fuego. Un popote largo salía de ellas para que la persona pudiera tomar el coctel sin acercarse demasiado y quemarse. El líquido en el interior de las copas parecía lava.

-Bien, empiezo yo.- dijo Lily dando el primer paso al ver que todos los demás aún no salían del asombro.

Lorcan clavó sus ojos en Lily y la vio llevarse el popote a la boca. La pelirroja tomó aire, y luego, succionó.

Todos contuvieron la respiración.

El rostro de Lily fue tornándose de un rojo intenso y sus ojos se humedecieron, pero ella no se detuvo. Cerró los ojos y movió sus manos en el aire como si se estuviera quemando por dentro y siguió succionando. Lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la gryffindoriana y poco a poco, el fuego de su copa se fue extinguiendo. Unos segundos antes de que el coctel se acabara, Lily soltó el popote y se dejó caer rendida contra el espaldar de su silla, tosiendo y llevándose ambas manos a la garganta.

Había perdido.

Todos en la mesa rieron mientras la pelirroja se recuperaba. Su rostro estaba aún bañado en lágrimas y rojo.

-Por Merlín, eso es tener el infierno en la lengua.- dijo Lily, con dificultad. – No pensé que sería tan difícil.

-Bueno, bueno.- dijo Hugo, aplaudiendo y llamando la atención del grupo. – Es justo que quien decida la penitencia de Lily, sea el próximo en ganar.

-En ese caso, seré el próximo en participar.- dijo Lorcan, y antes de que nadie pudiera decir nada en contra de su voluntario ofrecimiento, se llevó el popote a la boca.

Todos volvieron a contener la respiración.

Lorcan comenzó a succionar y el fuego de la copa cobró fuerza mientras él bebía. Su rostro también se tornó rojo y el slytherin cerró los puños con fuerza sin parar de beber. En unos segundos el fuego fue decreciendo, y todos quedaron a la expectativa. El jazz seguía sonando con fuerza y justo cuando la canción terminó con la nota de un saxofón, Lorcan bebió la última gota del coctel y soltó el popote, convirtiéndose en el primer ganador del juego.

Todos en la mesa aplaudieron y rieron con algabaría, menos Lily, quien solo sonreía cruzada de brazos, en una actitud un tanto desafiante.

Lorcan tosió varias veces y tuvo que apoyarse en la mesa hasta recuperarse por completo. Luego, levantó la mirada hacia la pelirroja.

-Eres mía, Lilith.- le dijo, sonriéndole victoriosamente.

-Dilo de una vez, Scamander.- dijo Lily aún cruzada de brazos. – Dime mi penitencia.

-Más te vale que sea algo bueno.- le dijo Fred al gemelo.

-Lorcan siempre tiene buenas ideas, por algo es mi hermano.- dijo Lysander.

Lorcan mantuvo su sonrisa.

-Tu penitencia es simple: tienes que salir conmigo.

Todos en la mesa guardaron un repentino silencio. Albus soltó una risa corta que se forzó a eliminar de inmediato y Hugo dejó caer su mandíbula completamente abierta. Pocos segundos después, todos volvieron a reír.

-Vaya Lily.- dijo Louis. – Parece que vas a tener que romper tu fama de jamás aceptar salir con ningún chico en Hogwarts.

Lily no dijo nada; tenía sus ojos pardos clavados en Lorcan y no los había despegado de él ni por un segundo. Lo miraba con algo que el slytherin no podía definir correctamente; no sabía si la penitencia le desagradaba, o si por el contrario, le gustaba. Lily era imposible de leer. Y eso solo hacía que su interés hacia ella creciera.

-Bien.- dijo Lily finalmente. – Lo haré.

-Suficiente, ¿quién sigue?- dijo Fred, impaciente.

-Como Lorcan fue el último ganador, él debe escoger quién sigue.- dijo Hugo.

-En ese caso.- dijo Lorcan, pensativo y mirando a cada uno de los miembros del grupo. – Escojo a…Roxanne.

Todos miraron a la mulata con expectativa. Ella entornó los ojos.

-Está bien, acabemos con esto.- dijo mientras llevaba su boca hacia el popote.

Y esa fue, sin duda alguna, la participación más corta que se hubiese dado en el grupo hasta el momento. Roxanne a penas bebió un poco y soltó el popote tosiendo incontrolablemente y llevándose ambas manos a la garganta. Lágrimas comenzaron a salir por sus ojos y todos rompieron en carcajadas.

-Eres una bebé, hermanita.- dijo Fred, riéndose aún.

-¡álate!- dijo Roxanne, con la lengua dormida e imposibilitada de hablar correctamente. - ¡me emé!...digo…!me quemé!

Todos continuaban riendo, y fuego Albus el primero en parar.

-Bien, Lorcan no puede escoger la penitencia de Roxanne porque ya lo hizo con Lily. Entonces, el siguiente en ganar pondrá su penitencia.

-¡Voy yo!- dijo Louis, y se llevó el popote a la boca.

La participación de Louis fue, también, la más corta del grupo; pero no por su fracaso, sino porque bebió con tal rapidez hasta acabar todo el coctel que, al final, se puso de pie con los brazos extendidos en el aire en señal de victoria, y todos en la mesa aplaudieron efusivamente.

-¡Louis, eres un bebedor profesional!- dijo Hugo, mirando a su primo con admiración.

-Sí, ese soy yo.- dijo Louis, levantando una ceja y caminando hacia la barra. Todos lo miraron con incomprensió.

-¿Qué está haciendo?- preguntó Fred.

Louis habló con un mesero y luego regresó a la mesa. El mesero corrió hacia los instrumentos que tocaban en el escenario y tras sacar su varita, la música se detuvo.

-¿Qué le dijiste al mesero?- preguntó Dominique a su hermano.

Louis sonrió.

-Le pedí que cambiara de género.- dijo el rubio con astucia.

Y entonces empezó a sonar un perfecto, suave y seductor tango. Louis clavó sus ojos casi amarillos en los de Roxanne.

-He aquí mi penitencia, Roxy.- dijo el rubio. – Tendrás que bailar ese tango.

Roxanne abrió los ojos como platos, incrédula.

-No puede ser.- dijo la mulata. Todos rieron.

-Oh sí, lo es.- dijo Louis, sonriendo. – Pero eso no es todo.

Louis levantó las manos y dio un solo aplauso. Uno de los meseros se acercó de inmediato a la mesa y con una leve inclinación le ofreció la mano a Roxanne. Ella lo miró impávida.

-Bailarás ese tango, con él.- dijo Louis, sonriendo con victoria. – Ahora.

Roxanne parecía no salir de su estupefacción. El mesero era alto y algo fornido, de cabello negro y desordenado y ojos marrones. Tenía una mirada agradable y algo seductora que solo logró poner más nerviosa a la mulata.

-Roxanne no va a hacerlo.- dijo Lysander, sonriendo. – Esta penitencia es demasiado para ella, Louis, debiste escoger algo menos estridente.

Y eso fue todo lo que Roxanne necesitó para decidirse. Bruscamente se puso de pie y le entregó su mano al mesero. Luego miró al grupo con sus ojos chocolates con algo de altanería y sonrió.

-De hecho, es una penitencia perfecta.- les dijo.

Y salió a la pista.

Todos en la mesa la siguieron con la mirada y vieron cuando el mesero colocó su mano en la cintura de Roxanne y con la otra, tomaba la mano de la Weasley. Lysander apretó las mandíbulas y su sonrisa desapareció por completo. El tango seguía sonando, y el mesero empezó a moverse lentamente, guiando a Roxanne. La morena al principio fue dubitativa en sus pasos, aún inexperta, pero pronto logró seguir el estilo del mesero y fusionar el ritmo del tango a sus movimientos. Había visto a mujeres bailar tango muchas veces en sus viajes al mundo muggle, y optó por imitar sus movimientos. Las vueltas, los giros, incluso el elevar de piernas; el mesero le facilitó las cosas porque también la guiaba sosteniéndola y a veces, incluso, cargándola. Roxanne estaba decidida a cumplir su penitencia: las palabras de Lysander la habían hecho cambiar de opinión. Estaba cansada de que la subestimaran. Ella no era poca cosa para Lysander ni para ningún chico. No importaba lo que las chicas de su casa pensaran.

-Wow.- dijo Louis, con la boca semiabierta. - ¿Roxanne sabe bailar tango? Se supone que este reto sería gracioso y por el contrario es…

-Deslumbrador.- dijo Lucy, completando la frase. – En verdad no sabía que era tan buena.

-Roxanne no sabe bailar tango.- dijo Fred. – Pero por lo visto, es muy buena fingiendo que sí sabe.

-Sí, todo muy interesante.- comentó Lysander, evidentemente incómodo. - ¿Cuándo se termina esa canción? Estoy empezando a aburrirme.

El mesero colocó su mano en la espalda de Roxanne y la inclinó en dirección al suelo. Su cabello negro y lacio cayó como una cortina y las puntas acariciaron la madera del piso.

-¿No crees que ese tipo está tocando mucho a tu hermana?- soltó Lysander, mirando brevemente a Fred.

-Tiene que tocarla, están bailando.- dijo el pelirrojo.

-Yo estoy de acuerdo con Lysander.- dijo Hugo, levantándose bruscamente. - ¡Hey, tú, bailarín profesional; suelta a mi prima!

El mesero soltó delicadamente a Roxanne y se inclinó para besar su mano, luego volvió atrás de la barra.

Roxanne regresó a la mesa convencida de que, sin duda, había logrado su objetivo de no permitir que nada le arruinara el viaje.

Y además, había aprendido a bailar tango.

7.-

Cuando por fin Scorpius detuvo su caminata, Rose miró a su alrededor con notable confusión: estaban en la lechucería, y miles de lechuzas de distintas tonalidades ululaban descansado sobre extensos tubos de madera que se intercalaban uno encima del otro hasta el techo. Scorpius se cruzó de brazos y se apoyó en el muro. La pelirroja lo miró con incomprensión.

-¿Por qué me traes a la lechucería?- preguntó Rose, de mal humor. Aún no se recuperaba de lo que el slytherin le había hecho durante el desayuno.

-Es obvio, ¿no crees?- dijo Scorpius en un tono neutral y desinteresado. – Me tomé la libertad de venir temprano por la mañana para revisar si la lechuza de tu hermano seguía aquí. Imagina cuán grande fue mi sorpresa al verla allí, durmiendo, cuando debería estar en pleno viaje hacia el hogar Weasley Granger llevando una carta tuya.- Scorpius le señaló a Pigmaleón, la lechuza de Hugo. Luego miró con severidad a Rose. – Creo haberte dicho que informaras a tus padres lo más pronto posible sobre tus planes para navidad. ¿O creíste que te dejaría escapar?

Rose soltó aire y algunos rizos cayeron a los lados de su rostro.

-Malfoy, sobre lo de navidad…yo…

-No, Rose. No voy a dejar que te vayas a pasar unas vacaciones con tu familia mientras yo paso las mías buscando información sobre algo que nos compete a los dos. – dijo Scorpius, interrumpiéndola. Defintivamente no había forma en que retrocediera sobre sus planes: ya se había hecho a la divertida idea de llevarla a su casa. Y aún más, a la divertida idea de hacerla pasar una navidad con su familia y amigos.

Rose bajó la mirada durante algunos segundos. ¿Cuánto más duraría la tortura de pasar tanto tiempo junto a Scorpius? Y ahora, una navidad en su mansión, ¿cómo se suponía que podría desenvolverse en tal ambiente? Todo sería mucho más fácil si sus sentimientos hacia el rubio fueran inexistentes. Lamentablemente, la realidad era muy distinta. Rose levantó la mirada y enfrentó a Scorpius con una renovada actitud.

-Bien.- le soltó, con firmeza. - ¿Cómo pretendes que escriba?

Scorpius esbozó una media sonrisa.

-Ya me encargué de eso, Weasley.- le dijo el slytherin, y luego le señaló uno de los ventanales. Allí, junto al marco, descansaba un frasco con tinta, una pluma y un pergamino. Rose suspiró.

-Lo preparaste todo muy bien ¿no?- dijo la pelirroja mientras caminaba de mala gana hacia el ventanal.

-Por supuesto.- dijo Scorpius. – No me gusta perder el tiempo.

Rose dio un respingo y se sentó en un pequeño banco que reposaba junto a la ventana. Tomó la pluma y la humedeció con la tinta. Empezó a escribir:

"Queridos mamá y papá:

Espero que estén bien. Los extraño y me sorprende no haber tenido más noticias de ustedes. Hugo dijo que recibió un pequeño howler de papá por haber tomado una de sus revistas de quidditch, pero no respondieron la carta que les enviamos anteriormente preguntándoles sobre el asunto de Exus…."

-No te traje aquí para que escribieras un testamento.- dijo Scorpius a sus espaldas, leyendo lo que ella escribía. Rose se sobresaltó y la pluma se le cayó al suelo. El rubio hundió sus manos en los bolsillos de su pantalón - ¿En verdad tienes que ser tan sentimental?

-Algunos tenemos una relación estrecha con nuestros padres, Malfoy.- dijo Rose, pero automáticamente se arrepintió al ver un destello opaco en los ojos metálicos del rubio, y también pudo sentir una especie de melancolía proveniente de él. Sin embargo, Scorpius lo disfrazó con una media sonrisa falsa. Rose guardó silencio y se sonrojó imperceptiblemente. Se sintió miserable al haber dicho algo tan horrible. Scorpius no tenía la culpa de la distancia que había entre sus padres y él. Honestamente, creyó que el comentario no le importaría. A veces olvidaba que tras la fachada de indiferencia y desinterés, Scorpius también sentía como los demás. Aún a pesar de su fortaleza.

Rose se humedeció los labios.

-Lo siento.- dijo suavemente.

Scorpius se agachó y tomó entre sus manos la pluma que la pelirroja había dejado caer al suelo.

-No importa, Weasley. Tienes razón: hay quienes tienen una relación estrecha con sus padres.- dijo Scorpius en un tono neutro, como si no le afectara en lo absoluto. En cuestión de segundos la melancolía que Rose había percibido en él desapareció, y ya no pudo percibir nada del slytherin. Scorpius levantó la mirada, desde el suelo, y sucedió algo extraño: Rose notó cómo, fugazmente, los ojos del slytherin recorrieron sus piernas con una expresión que jamás había visto en él.; sus ojos grises recorrieron desde el inicio de la pantorrilla de la gryffindoriana hasta la rodilla y un poco más arriba, de forma casi accidental, pues las piernas de Rose estaban justo frente a él y cuando levantó la mirada prácticamente se chocó con ellas. Fue algo de segundos, pero ella lo notó. Luego él volvió a levantarse y colocó la pluma sobre el marco del ventanal donde Rose escribía minutos antes. La gryffindoriana se sonrojó, esta vez, de forma notoria, y sintió un calor recorrerla de pies a cabeza. ¿Scorpius había mirado sus piernas?

-Weasley, no tengo todo el día.- dijo el rubio con una voz algo ronca, en un tono tajante.

Rose meneó ligeramente la cabeza y volvió a concentrarse en la carta:

"En fin, en realidad les escribo porque debo darles una pésima noticia: no podré viajar a casa esta navidad. La competencia de Merlín requiere de mi total y completa concentración, así que he decidido pasar las festividades en el castillo. Por favor, no traten de disuadirme; mejor, entiendan que todo mi esfuerzo se verá recompensado cuando obtenga la mayor distinción que existe en el mundo mágico. Lo único que les pido es que me apoyen y no me dificulten las cosas. Los extraño, escríbanme.

Besos, Rose."

-Perfecto.- dijo Scorpius arrebatándole la carta. La pelirroja dio un respingo al percatarse de que nuevamente el slytherin había estado atrás de ella leyendo lo que escribía. – Eres muy buena mintiendo por correspondencia.

Rose lo miró con severidad mientras él envolvía el pergamino y lo ataba con una cinta roja. Luego, el rubio caminó hacia Pigmaleón, la lechuza café de Hugo, para atarle la carta a una de sus patas. Rose lo observó hacerlo con maestría y sin recibir ningún picotazo de Pigi (así le decía ella de cariño) y en cuestión de segundos la lechuza levantó sus alas y salió volando de la lechucería hasta perderse en la inmensidad azul del cielo.

Después de esto, Scorpius abandonó el lugar sin pronunciar ni una palabra.

8.-

Cuando los Weasley, los Potter y los Scamander abandonaron el bar, la tarde empezaba a caer y el cielo se había tornado rojo. Lucy fue la única chica que pudo con el reto, pero gracias a ello estaba algo mareada. Ya casi era hora de regresar al Hogwarts; nadie tenía ganas de hacerlo, así que decidieron pasear un poco más por el pueblo. El aire era fresco y festivo por la cercanía de la navidad. Todos se sentían regocijados y contentos.

-Lo que aún no entiendo, es lo que pasó en el desayuno entre Malfoy y Rose.- dijo Fred. - ¿Qué creen que habrá querido hablar con ella?

Hugo adquirió una expresión molesta.

-Seguramente quería fastidiarla.- dijo el castaño. - ¿O es que no vieron como Rose lo empujó fuera del comedor? Es obvio que estaba enojada.

-Sí, se veía molesta.- dijo Lysander. – Aún así no sé desde cuándo se tienen tanta confianza como para tratarse de esa manera.

El comentario pareció caerle pésimo a Hugo. Albus intervino de inmediato para arreglar la situación:

-No se trata de eso; los dos compiten juntos, es obvio que se ven forzados a hablarse.- dijo el moreno.

-Sí, pero ahora hablan mucho más que cuando empezaron a competir.- dijo Lorcan, sonriendo. – De hecho, antes a Scorpius no le agradaba Rose en lo absoluto.

Lily se cruzó de brazos.

-Así que a Malfoy no le agradaba mi prima.- comentó la pelirroja en un tono neutro. – Si yo fuera él tampoco me agradaría Rose Weasley, porque estaría consciente de que no tengo oportunidad contra ella en la competencia.

-Auch.- dijo Lysander. – Que no te escuche Malfoy.

-Yo apuesto por Scorpius.- dijo Lorcan sin mirar al grupo. – Es hora de que nuestra casa vuelva a obtener victorias.

En ese momento se escuchó un fuerte y rápido sonido, parecido a una detonación, que sobresaltó a todos. Por un momento guardaron silencio y miraron al frente, buscando de dónde había provenido aquel fugaz pero poderoso sonido. Luego, escucharon unos gritos.

-¿Qué está pasando?- murmuró Hugo.

Y entonces vio una marea de personas corriendo, evidentemente huyendo de algo.

-Mierda.- dijo Lorcan. - ¡Corran!

Lorcan tomó a Lily del brazo y empezó a correr, halándola lejos del lugar. Todos los demás hicieron lo mismo: Hugo tomó a Lucy, Louis y Fred a Dominique y Albus y Lysander a Roxanne. El grupo corrió en completa confusión hacia la entrada del pasadizo que los sacaría de Hogsmade. Todos corrían lo más rápido que podían, escuchando los gritos lejanos esparciéndose por doquier.

-¿¡Qué está ocurriendo?- gritó Dominique mientras seguía corriendo velozmente.

-¡No lo sé, pero no debemos quedarnos a averiguarlo!- gritó Louis, halando a su hermana para que avanzara con más rapidez.

Los primeros en ingresar al túnel fueron Lorcan y Lily; automáticamente llegaron los demás en su orden de partida. Con el corazón en el centro de sus gargantas, cerraron el pasadizo, y ya no se escuchó nada más.

9.-

Después de cenar, Rose fue directo a su habitación, agotada y a la vez ansiosa por volver a introducirse en el mundo de Merlín. Los descubrimientos que estaba presenciando eran únicos e irrepetibles. Aún así, parte de ella seguía pensando en la prueba del día siguiente; prueba de la cual no había logrado averiguar gran cosa a pesar de haber pasado el día entero en la biblioteca estableciendo relaciones entre las pistas otorgadas por Ásban.

"Me pregunto si Scorpius tendrá una idea clara de lo que podría ser la segunda prueba…", pensó la pelirroja.

Exhausta, se colocó el anillo y se acostó.

Tras unos breves instantes, se quedó profundamente dormida.

Sueño # 5

Antes de percatarse de que estaba en el campamento de los druidas y de que Morgana se encontraba charlando con Morgause junto a un árbol, Rose sintió un aliento cálido cerca de su oreja que la sobresaltó de tal manera que dio un pequeño brinco sobre su sitio.

-Vamos.- le susurró Scorpius en el oído, y luego, al verla dar un pequeño salto, sonrió. – Te pongo nerviosa, ¿no Weasley?

Rose se sonrojó y lo miró molesta.

-Últimamente te encanta irritarme, ¿verdad?- le respondió la pelirroja.

Scorpius no hizo nada por esconder su sonrisa.

-Tengo que admitir que se está convirtiendo en mi pasatiempo favorito.- dijo el slytherin mientras se encaminaba hacia Morgana y Morgause. – Lo entenderías si puedieras verte, Rose. Cuando te enojas te ves…no sé cómo describirte.

Rose lo miró con incredulidad. El rubio le dedicó una media sonrisa antes de voltearse completamente y seguir su camino hacia Morgana. Algo extraño se movió en el interior de Rose. Antes, Scorpius le hablaba solo lo necesario y siempre la miraba con indiferencia y una inexpresividad inigualable; ahora, no solo le hablaba, sino que la molestaba de una forma casi fraternal e incluso le sonreía. ¿Sería posible que Scorpius no la encontrara ya tan insoportable como antes? ¿Era acaso posible que se estuvieran empezando a llevar bien? "Claro que a costa de mi paciencia", pensó Rose, caminando tras el slytherin.

Pronto Scorpius se detuvo y la pelirroja también. Morgause miraba con calidez a Morgana mientras le entregaba en las manos una pulcera de oro con dibujos grabados de formas octogonales.

-Hermana, si usas esto todas las noches, podrás volver a dormir con tranquilidad.- le dijo la rubia. – Tus pesadillas no desaparecerán, pero lograrás conciliar el sueño y descansar lo que tu cuerpo necesita.

Morgana tomó la pulsera con curiosidad y timidez. Luego sonrió de forma sincera.

-Gracias, hermana.- dijo la morena.

Morgause extendió su mano y acarició la mejilla de la bruja.

-Ahora ve a descansar, debes estar exhausta.- dijo la rubia.

Morgana asintió y lentamente caminó de regreso hacia la carpa roja en donde había despertado algún tiempo atrás. Scorpius y Rose la siguieron.

-No entiendo cómo ningún libro de historia menciona la existencia de Morgause.- dijo Scorpius mientras ingresaban a la carpa. – Esto demuestra la ineptitud de los biógrafos.

Rose iba a decir que estaba de acuerdo cuando, mientras Morgana tomaba asiento en la pequeña cama improvisada que reposaba sobre la tierra, la figura de Merlín irrumpió en el interior de la carpa, sorprendiendo a la bruja y forzándola a llevarse una mano a la boca.

-Merlín…- murmuró Morgana, dejando caer su mano nuevamente y liberando sus labios. Sus ojos verdes lo miraban con confusión y asombro. - ¿Cómo…?

-Shhh.- le dijo él, llevándose un dedo a los labios. Luego caminó hacia ella y se arrodilló a su lado. Sus ojos azules la miraron con profundidad y algo de reclamo. – ¿Cómo pudiste irte así, sin decirle nada a nadie? Todos están preocupados por ti.

Los ojos de Morgana se llenaron de lágrimas.

-Eso no es cierto.- dijo la bruja. – En Camelot no le importo a nadie.

Merlín la miró ofendido y sus ojos también parecieron humedecerse levemente. Morgana se apresuró a rectificar:

-Tú eres el único amigo que tengo allí.- dijo la morena. Rose pudo notar el dolor y la sinceridad en las palabras de la bruja.

-Arturo y Guinevere también son tus amigos. Y Gaius.- dijo Merlín, mirándola con severidad. – Estás siendo injusta.

Morgana meneó la cabeza.

-Ellos no saben por lo que estoy pasando. Nadie lo sabe. Ni siquiera tú puedes imaginarlo del todo.- dijo la bruja. – Tuve que venir aquí; tuve que buscar respuestas.

Merlín guardó silencio durante algunos segundos.

-¿Las encontraste?- le preguntó.

Morgana asintió, y luego se humedeció los labios. Merlín la tomó de la mano.

-Bien, entonces es hora de irnos.- le dijo.

-No.- dijo Morgana, y su negativa paralizó a Merlín.

Scorpius tenía sus ojos metálicos fijos en el mago ancestral. Merlín quería a Morgana, eso le resultaba evidente; se sentía responsable de ella, y además, tenía toda la intención de regresarla a Camelot.

-Morgana…- dijo Merlín, pero ella lo interrumpió.

-Aquí, todos son como yo.- dijo la bruja, con los ojos inundados por las lágrimas. – Aquí, yo no me siento tan sola...

Aquellas palabras parecieron romper algo dentro de Merlín. Scorpius supo que el mago estaba debatiéndose en su interior, peleando contra las ganas que tenía de decirle a Morgana que en Camelot tampoco estaba sola, que él, al igual que ella, tenía magia. Pero no podía hacerlo porque, tal y como Rose se lo había contado, lo tenía prohibido por la profecía que marcaba a Morgana como un peligro inminente.

Merlín tragó saliva.

-Sé que piensas que nadie en Camelot puede entender por lo que estás pasando.- dijo el moreno. – Pero tienes algo más que alguien que te entienda: tienes a alguien que daría todo, y haría todo, por estar en tu lugar y soportar contigo el peso.- Merlín apretó ligeramente la mano de Morgana entre las suyas. – Te prometí que cuidaría de ti, y lo haré.

Morgana se lanzó a los brazos de Merlín y lo abrazó con todas sus fuerzas. Por unos instantes, Merlín no reaccionó, pero luego sus brazos también la envolvieron en un cálido abrazo que ambos compartieron durante varios segundos. Las mejillas de Morgana estaban encendidas, y Rose pudo percibir que su cuerpo temblaba ligeramente entre los brazos de Merlín. Bruscamente, a bruja cortó el abrazo separándose avergonzada del moreno. Merlín le sonrió a pesar de que ella tenía sus ojos verdes clavados en el suelo, y le dijo:

-Vamos, tenemos que regresar.

Morgana lo miró con docilidad.

-¿Por qué insistes tanto en que vuelva?- le preguntó ella. - ¿Por qué has venido a buscarme y por qué quieres llevarme contigo?

Esta vez, fue Merlín quien se sonrojó levemente. El mago desvió la mirada y se puso de pie.

-Yo…- comenzó, pero luego rectificó: - Lo hago por Arturo. Él está muy preocupado por ti.

-¿Ah así? ¿Solo él?- preguntó Morgana, poniéndose de pie y mirándolo inquisitivamente.

-Guinevere, ella también está muy preocupada.- dijo Merlín cruzándose de brazos.

-¿Quién más?- insistió la morena, dando un paso hacia él.

Merlín hesitó.

-Gaius.- soltó, con firmeza.

-¿Todos ellos quieren que yo regrese?- dijo Morgana, dando otro paso hacia el moreno.

-Harán lo que sea para regresarte al castillo.- dijo Merlín, clavando sus ojos azules en ella.

-¿Por qué?- preguntó la morena, dando otro paso hacia él. La distancia se había reducido a unos pocos centímetros.

-Porque te necesitan cerca.- dijo Merlín, sin despegar sus ojos de los verdes de la bruja. – Porque son egoístas y quieren que estés junto a ellos, siempre.

Morgana se detuvo ante aquellas palabras, y sus ojos brillaron de una forma especial. Por unos segundos ninguno de los dos dijo nada, solo permanecieron mirándose de una forma insondable e intensa. Luego, Morgana se cubrió con la capucha de su sobretodo rojo y le extendió su mano a Merlín.

-Llévame contigo.- le dijo.

Merlín sonrió y tomó con delicadeza la mano de la bruja. Scorpius y Rose vieron cómo el moreno acarició la mano de Morgana antes de guiarla hacia fuera de la carpa.

Los siguieron.

Afuera, lo que vieron los impactó tanto como a la pareja de magos ancestrales. Varios soldados de Camelot peleaban contra los druidas masculinos, mientras que otros escapaban con los niños y mujeres, corriendo despavoridos. Morgana se soltó inmediatamente de Merlín.

-¡Morgause!- gritó la bruja, buscando a su alrededor.- ¡Mordred!

Un caballero de Camelot tomó a Morgana por detrás y la subió a un caballo.

-¡Suéltame!- gritó Morgana.

-Por orden del rey la escoltaré de regreso a Camelot.- dijo el caballero, y salió velozmente cabalgando lejos del lugar.

Merlín se dirigió exaltado a los caballeros que luchaban en el campo. Estaba claro que lo habían seguido y así dado con el paradero de Morgana. Aquello era un desastre. Un verdadero desastre.

-¡Basta! ¡Déjenlos en paz!- gritaba, pero los caballeros continuaban atacando a los druidas.

Entonces una lanza cruzó muy cerca de Merlín y se clavó en el centro del pecho de uno de los caballeros.

Merlín no tuvo tiempo de recuperarse de la visión de la sangre y del cuerpo inerte cayendo sobre la tierra, porque inmediatamente después escuchó nuevos gritos, y al ver a su alrededor, vio a más caballeros de Camelot cayendo al suelo como insectos. Merlín no podía salir de su estupefacción, la sangre en el suelo lo hizo retroceder. Lentamente levantó la mirada, y sus ojos azules se llenaron de horror cuando se posaron en la pequeña figura de Mordred, quien envuelto en un sobretodo verde tenía sus ojos celestes fijos en él, sonriéndole de una forma fría y malvada. Rose sintió escalofríos; nunca antes había visto una mirada tan calculadora e insensible, mucho menos en los ojos de un niño. Merlín pareció experimentar lo mismo que la gryffindoriana y permaneció mudo, incrédulo. Mordred no abrió los labios, pero tanto Rose como Scorpius, y Merlín, lo escucharon:

-Nos volveremos a encontrar, pronto.

Y luego corrió lejos, dejando a Merlín rodeado de cadáveres.

-Vesporg tenía razón…-murmuró Merlín, anonadado, incrédulo, y con las manos temblorosas. – Mordred no es un niño común y corriente…no lo es…

Rose a penas podía contener la respiración. Su cuerpo temblaba ante la visión de los cadáveres y la sangre. A su lado, Scorpius permanecía estático, con la mirada clavada en los caballeros muertos, incapaz de comprender cómo un niño había logrado hacer eso. No solo por el grado de violencia que la acción implicaba, sino por el nivel de magia que manejaba a tan corta edad; un nivel de magia que le permitía hacer levitar lanzas e impulsarlas con fuerza y con excelente puntería. Ni siquiera Scorpius lograba hacer levitar algo con tal maestría sin ayuda de una varita, mucho menos simultáneamente.

Rose se humedeció los labios.

-Vesporg le dijo a Merlín que será Mordred quien guie a Morgana a la oscuridad.- dijo ella, con una voz casi inaudible. – Lo recuerdo perfectamente. Esas fueron sus palabras…

Scorpius guardó silencio. Era un privilegio poder observar los hechos tal y como se dieron en la historia, pero a la vez, no podía evitar sentirse aturdido por la información extra oficial que estaba recibiendo. Todo ese cúmulo de sucesos lo único que hacías era incrementar su ansiedad respecto a los anillos, su interés en conocer su naturaleza y desentrañar la pregunta clave: ¿por qué habían sido colocados en el sobre de Rose?

Inmediatamente se vieron otra vez en Camelot, justo a la entrada del castillo. Uther esperaba ansioso en las escalinatas junto a Arturo, Guinevere, y otros caballeros. Unos metros más adelante apareció la figura de un solado cabalgando con Morgana. Uther respiró, aliviado.

-Gracias al cielo.- murmuró mientras corría hacia el caballo y sus jinetes.

Morgana bajó del corcel con la mirada ida y completamente silente. Uther la abrazó, pero ella no respondió.

-No sé qué habría hecho si no te encontrábamos.- dijo Uther, acariciándole la cabeza mientras la abrazaba.

Rose notó que más allá Arturo y Guinevere sonreían, contentos de ver a Morgana con vida. Seguramente habían temido lo peor. La morena y futura reina de Camelot caminó hacia Morgana justo cuando Uther la soltaba.

-Yo me encargaré de ella.- le dijo al rey, amablemente.

Rose notó que en el camino hacia el interior del castillo, Morgana introdujo la mano en el bolsillo de su túnica y sacó la pulsera que Morgause le había regalado. Se la colocó en la muñeca derecha, justo antes de desaparecer de vista.

Después de esto, Rose abrió los ojos con la mano ardiéndole como si estuviera nvuelta en brasas de fuego.

En las torres de Slytherin, Scorpius despertó e inmediatamente se sacó el anillo.

Tenía una pequeña marca, parecida a la de una quemadura, alrededor de su dedo.

10.-

La segunda prueba

Obertura

Esa mañana, todos hicieron apuestas.

Los Ravenclaws y los Hufflepuff se dividieron entre ellos; todos apoyaban a Rose Weasley, pero algunos, aún apoyándola, creían que Scorpius Malfoy ganaría la segunda prueba.

Así que las apuestas estaban balanceadas; pero no las actitudes.

La tensión entre los Slytherins y los Gryffindors estuvo más marcada que nunca; el comedor se convirtió en el campo de minas de una batalla de miradas entre las serpientes y los leones. Nadie, absolutamente nadie había olvidado anotar en su calendario qué día era aquel.

Era el día de la segunda prueba de la competencia más importante del mundo mágico.

Sin embargo, a pesar de la pesada rivalidad, todos los alumnos se vieron desconectados por unos cuantos minutos de la competencia cuando comenzaron a leer el diario El profeta.

En la mesa de Gryffindor, fue Albus el primero en leer en voz alta:

-"El día de ayer a las 18 horas hubo un ataque en Hogsmade donde resultaron fallecidas tres personas cuyos nombres no identificaremos a pedido de sus familiares. Se trató de un ataque con municiones muggles y el departamento criminalístico de magia está trabajando en las averiguaciones pertinentes…"

Lily apoyó ambos codos en la mesa.

-Hay dos opciones.- comenzó la pelirroja. – O unos magos desquiciados decidieron atacar sin sentido a transeúntes de Hogsmade con armas muggles, o..

-O fueron muggles.- dijo Hugo, completando la idea.

Todos guardaron silencio durante algunos segundos. Fred bufó.

-No puede ser, ¿verdad?- preguntó a sus primos. – No pueden ser muggles.

-No seas inocente, claro que pueden.- dijo Lily. – Estamos en medio del inicio de una crisis política y social. Los muggles saben de nosotros, y por lo visto, no a todos les agrada la idea de nuestra existencia.

-Pero, ¿por qué atacarnos?- preguntó Fred. - ¿Qué es lo que les hemos hecho?

Albus meneó la cabeza.

-Esos muggles que atacaron Hogsmade no representan a todos los muggles. Fue un ataque aislado.

Lily le dedicó una mirada aguda a su hermano.

-No me digas, Al, que en verdad crees que este va a ser el único ataque de los muggles hacia nosotros.

Albus guardó silencio.

-Lejos de allí, la puerta de la sala común de Gryffindor se abrió dejando salir a Rose, quien aún bostezaba. Tenía hambre y deseaba comer bien antes de la segunda prueba. Sin embargo, la pelirroja se detuvo en seco mientras el retrato de la señora gorda se cerraba a sus espaldas cuando vio la figura del profesor Malone, de pie, a unos metros de ella. El profesor la miró y luego dio la vuelta.

-Vamos Weasley, hay que ir por Malfoy.- dijo Malone mientras caminaba hacia el final del pasillo. – Comenzarán la segunda prueba inmediatamente.

Rose tragó saliva y pestañeó varias veces, inmóvil en su sitio, antes de salir corriendo tras el profesor Malone. En el camino intentó relajarse, pero los nervios empezaron a calar dentro de ella. ¿Y si perdía? No, no podía siquiera pensar en algo como eso. No podía perder; no podía permitir que Scorpius le arrebatara algo que era tan importante para ella: su carrera mágica. Ella quería ser parte de la Orden de Merlín, quería dedicar su vida a dicha institución que era el escudo del mundo mágico a los embates del exterior, e incluso del interior. Rose podía ser inexperta en muchas cosas, podía ser algo reservada, tímida, no muy sociable…pero si había algo en lo que siempre salía victoriosa era en el área académica, la gran mayoría de veces, sin tener que esforzarse demasiado. Rose sabía que todos tenían un don: algunos eran fuertes, otros graciosos, otros carismáticos…pues ella, Rose Weasley Granger, era inteligente. Y su inteligencia era lo único que la hacía sentirse orgullosa de sí misma. Por eso, debía siempre probarse que era la mejor. Por eso, no podía permitirse perder contra Scorpius.

Malone y Rose se detuvieron a unos pasos de la entrada de la sala común de Slytherin porque vieron que la puerta empezó a abrirse. De ella emergió Alexander Nott, riendo, y tras de él, Scorpius cargando en su espalda a Megara, quien también reía. Rose sintió un sabor amargo y volteó la mirada, como si ver aquella escena fuera como clavarse espinas en los ojos. Alexander se detuvo al ver a Malone y a Rose, y Megara, quien fue la segunda en verlos, dejó de reír repentinamente. Fue entonces cuando Scorpius levantó la mirada y encontró a Malone a unos pasos de él. Inmediatamente soltó a Megara. La morena cayó de pie y se peinó el cerquillo.

-Vamos, Malfoy. No hay tiempo qué perder.- dijo Malone mientras daba la vuelta y empezaba a caminar por un pasillo aledaño. Rose lo siguió inmediatamente. Scorpius intercambió miradas con sus amigos; Megara le sonrió elevando el pulgar de su mano en el aire y Alexander le dio una palmada en la espalda.

-Ve y haz lo que siempre haces: ganar.- dijo el castaño a su amigo, mientras le sonreía.

-Eso haré.- dijo Scorpius, esbozando una media sonrisa. – Hoy se termina el reinado de Rose Weasley.

Y con esto se encaminó tras Malone y Rose.

Megara suspiró.

-Ojalá gane esta vez.

Alexander sonrió.

-Yo también lo espero.- dijo el castaño. – Por el bien de todos nosotros en navidad, sobre todo el de Rose Weasley; porque ya sabes lo pesado que se puede poner Scorpius cuando no obtiene lo que quiere.

Megara frunció el ceño con incomprensión.

-¿El bien de Rose Weasley en navidad? ¿De qué hablas?- le preguntó la morena.

-¡Ah!, olvidé decírtelo, Scorpius me dijo que te informara: Rose va a pasar navidad con nosotros en la mansión Malfoy.

Megara abrió los ojos como platos y su mandíbula inferior cayó unos milímetros, dejando su boca ligeramente abierta.

-¡¿Qué?- soltó ella, y luego se llevó la mano a la frente. – ¿Por qué? ¿A qué está jugando Scorpius?

-A nada.- se apresuró a decir el slytherin. – Tuvo que invitarla, por asuntos de la competencia.

Megara levantó las cejas por un breve instante y luego sopló hacia arriba, haciendo que su cerquillo se moviera levemente.

-Vaya. Esta navidad no va a ser nada ordinaria, ¿no es así?- le preguntó a Alexander.

El castaño asintió, hundiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.

-Será tal y como a Scorpius le gusta: inusitadamente entretenida.

Primer acto

Rose y Scorpius caminaban tras los pasos de Malone en completo silencio. La pelirroja hacía todo lo posible por contener sus nervios con la intención de que el slytherin no los percibiera, pero tuvo la impresión de haber fracasado cuando, de reojo, vio a Scorpius sonreír casi imperceptiblemente, con confianza y cierta soberbia.

"¿Puede ser más narcisista?", pensó ella, pero en el fondo lo envidió. Quería tener el mismo nivel de confianza en sí misma, pero era evidente que cuando Scorpius estaba cerca, ella perdía todo tipo de seguridad en sus capacidades.

Pronto llegaron a las afueras de Hogwarts y los campos verdes irradiaron con el sol de la mañana el las pupilas de Rose. La gryffindoriana pudo ver, justo a unos pasos del bosque prohibido, la figura imponente de Ásban con su túnica azul. El mago se mantuvo inexpresivo y sereno, con sus ojos claros fijos en Scorpius. Rose sintió un pequeño escalofrío cuando notó que Ásban evitó mirarla y saltó de Scorpius a Malone, como si ella no fuera otra cosa que una mancha en el paisaje. Un error.

-Nos volvemos a encontrar, elegidos.- dijo el mago de túnica azul. – El profesor Malone se quedará aquí, esperándolos. Síganme.

Ásban dio media vuelta y caminó hacia las profundidades del bosque prohibido.

Scorpius sonrió, emocionado, y lo siguió.

Rose respiró profundo, como si estuviera a punto de lanzarse al agua, e hizo lo mismo.

Los tres caminaron en línea recta, internándose cada vez más y cruzando los límites permitidos por Hogwarts. Rose no podía evitar preguntarse qué tan difícil sería esa prueba, y en eso estaba cuando escuchó la voz de Scorpius.

-Tienes razón en estar tan nerviosa.- dijo el rubio, caminando a su lado, pero sin mirarla. – Hoy, voy a dar todo de mí en esta prueba. Lo mejor de mí. Y voy a ganar.

Rose lo miró por unos instantes. La convicción de aquellas palabras estaba tatuada en las facciones del slytherin. Tanta seguridad en sus ojos y en su piel solo aumentó la inseguridad de la pelirroja.

-Ya te dije que no debes subestimarme, Malfoy.- dijo la gryffindoriana, resuelta a no poner en bandeja de plata sus temores. – Tu mayor debilidad es no tomar en cuenta a tu contrincante.

Scorpius la miró brevemente.

-Te equivocas; no te estoy subestimando.- le dijo el rubio. – Sé lo que puedes hacer, y sé qué clase de competencia eres. – algo en los ojos metálicos de Scorpius centelleó de forma fugaz. – Pero es irrelevante, Rose. Hoy voy a pasar sobre ti.

Rose respiró profundo e intentó recobrar su confianza. Ella también debía dar lo mejor de sí misma en esa prueba y no dejarse intimidar ni por un instante.

De repente, Ásban se detuvo.

Rose y Scorpius vieron con la boca abierta cómo a un lado del mago descansaba una carpa roja idéntica a la que habían visto en el campamento de los druidas. Ásban se dio la vuelta y los miró directamente.

-Se les dio las herramientas, y ahora deben probar que saben cómo utilizarlas.- dijo el mago, y luego les señaló la carpa. – Los dos, emprenderán un viaje.

Rose y Scorpius permanecieron quietos, como dos estátuas. Ásban sacó del bolsillo de su túnica un sobre, y lo abrió, extrayendo un pergamino viejo:

-Las palabras de Merlín, para ustedes, son las siguientes: "Para llegar a la cueva de los cristales se deben cruzar 4 puentes custodiados por duendes en la tierra de fuego. Cada duende pedirá algo a cambio. Solo quien esté dispuesto a perderlo todo en nombre de otros, puede ser miembro de mi Orden. Suerte."- Ásban volvió a guardar el pergamino en el sobre. – Los dos entrarán en esta carpa y viajarán a la tierra de fuego con el fin de llegar a la cueva de los cristales. Allí, tomarán el futuro, y regresarán. Quien entregue lo pedido primero en manos del profesor Malone, será el ganador de la segunda prueba.

Rose y Scorpius permanecieron quietos y aturdidos. ¿Tomar el futuro? ¿De qué estaba hablando Ásban? ¿Perderlo todo? ¿Cueva de los cristales? ¿Por qué ese lugar les sonaba tan conocido? ¿Lo habrían mencionado brevemente en la biografía de Merlín?

Ásban tomó la tela roja de entrada de la carpa y la levantó, mostrándoles su interior oscuro.

"Bien. Sea lo que sea, no hay vuelta atrás", pensó Scorpius.

"Voy a poder con esto. Tengo que poder", pensó Rose.

Ásban esbozó una media sonrisa.

- Entren, campeones. Esto acaba de empezar.