—¡Hola queridos lectores! He aquí el nuevo capítulo de esta historia ¡Estoy deseosa de saber vuestras opiniones!—Digo, al tiempo que doy un pequeño salto, fruto de la emoción.

Disclaimer:

Ni Wakfu ni sus personajes me pertenecen, estos son propiedad intelectual de la empresa francesa Ankama, yo tan solo los utilizo para llevar a cabo esta actividad sin ánimo de lucro.

Comentarios: (¡Por todos los dioses! ¡Qué bien sienta poner la s!)

Gasp 1808: Como siempre es un placer responder a tus comentarios, tú, seguidor fiel que has comentado des del principio.

Responderé tu duda, primero: me halaga que vayas a tener en cuenta mi opinión, segundo: He aquí la eterna duda del escritor de fanfics, es cierto que ya se comienza a venir sobre nosotros la larga sombra de la nueva temporada (la cual espero con ansias) y mi consejo es este: haz un AU, es el salvavidas de cualquier escritor temeroso de que el curso de la serie le chafe la trama, lo mejor de ellos es que cualquier idea es buena para hacer uno y hay un gran repertorio de temas que quedarán fabuloso (siempre que sepas usarlos). Prueba a ponerlos en el tiempo moderno, en la época medieval (pero sin poderes wakfu), en un mundo de sirenas y piratas o has una serie de one-shots o drables. Lo que te sea más comodo.

Lo mejor del AU es que mientras la serie avanza tu podrás ir incorporando a tu fic el material que te proporcione.

PD: ¡Amaría ser tu lectora beta!

Sxtan Trxsh: ¡Gracias! Es una alegría recibir el comentario del misterioso lector que le dio a favoritos y a seguir. ¡Al fin te dejas ver (o leer…) y eso me alegra!

Night dragon: Agradezco el que siguas comentando ¡Eso me pone a tope para seguir escribiendo! Espero que te guste este capítulo ¡Quiero cumplir las expectativas!

Palabras: 4124

Capítulo XIII: Bajo el sol y la tierra

Mientras el mal te enloquece, el bien te cura. Por ello la gente se agarra a lo perverso, aceptando que estando locos, se aguanta mucho más en el enfermizo mundo.

Valentina Amore

El viento sopló, meciéndoles a todos el cabello suavemente, no estando rodeados de árboles el aire tenía total libertad para jugar con cualquier mechón fuera de lugar en el pelo de los aventureros.

Sobre todo en cierta melena anaranjada, siempre alocada y voluminosa.

Tristepain bostezó por quinta vez des de que salió de la camioneta donde fue despertada, poniendo ambas manos en su cadera, allí donde reposaba una Rubilix impaciente y aburrida dentro de su funda incorporada en el cinturón de cuero negro de su guardiana y amiga.

A su lado Evole sostenía entre las manos su peluche, se lo habían devuelto una vez despertó y vio que la fab'hurito le había sido arrebatada, todo para evitar su clásico berrinche cuando no le dejaban sostener a la criatura demoniaca encerrada en la espada.

Flapén se sentó sobre el pasto, asegurándose de no manchar sus pantalones cortos blancos de tierra, se estaba empezando a cansar de esperar, cruzándose de piernas apoyó sus codos en sus rodillas para posteriormente descansar sus mejillas en las palmas de sus manos.

Evongel vio la actitud de su familia y no pudo reprimir el suspiro que se deslizó por sus labios, agarrándose la cabeza con la mano derecha se masajeó la sien, cambiando su peso de un pie a otro, haciendo crujir la hierba bajo sus botas grises.

—Está tardando mucho.

Todos asintieron ante las palabras preocupadas del rubio.

—No me digas, no lo había notado—Soltó con crudo sarcasmo Rubilix, sin molestarse en disimular su comentario.

La mirada filosa del ocra se clavó intensamente en la fab'hurito, con un claro mensaje escrito en sus ojos "Cállate".

La situación se tornó un tanto tensa y el aire parecía estar cargado de los sentimientos negativos que tanto Evongel como Rubilix se transmitían.

Tristepain no hizo otra cosa que tragar duro, un tanto nerviosa por observar los ojos esmeraldas de su marido cargados de desprecio.

Pero el sadida, ya harto de aquello, se hizo notar, agitando los brazos para llamar la atención de los presentes hacía su persona.

El resto de la Hermandad del Tofu se volteó en su dirección, viéndolo un tanto estresado y mal humorado, al parecer la gran cantidad de poción ingerida seguía alterándolo un poco.

La más anciana bufó molesta, acercándose al príncipe, primero con el pensamiento de burlarse de él, después llevada por la curiosidad al ver como el de pelo verde adquirió una expresión seria.

—Todos estamos preocupados ¡Pero ese no es motivo para empezar a pelearnos!

El inesperado grito vociferado por Amaël sorprendió a todos, incluso Flapén y Evole dieron un pequeño respingo.

Ante las palabras dichas por el sadida, Evongel se sintió algo avergonzado de que Amaël le hubiera llamado la atención de esa manera, sintiéndose regañado como si fuera un niño pequeño.

Se suponía que él era el maduro, pero claramente tenía sus momentos de debilidad.

—Es verdad, lo lamento—Se disculpó de forma solemne, viéndose obligado a reafirmar su postura.

El silencio volvió a instalarse en aquella llanura, donde el viento, travieso, siguió soplando, ajeno del estado en el que se encontraban los aventureros, todos preguntándose el porqué de la gran tardanza de la selatrop.

—Mamá…—Llamó con voz suave y algo dubitativa Flapén, conectando su mirada con la de la yopuka—¿Le habrá pasado algo?

Tristepain quiso responder, pero de su boca abierta no salió nada más que un poco de su aliento, agachó su cabeza y dejó a sus ojos pasear por el campo de brillo esmeralda que los circundaba.

Nadie quiso responder a la pregunta que había expresado la inquietud de todos.

Bueno, una persona si se atrevió, Evole, con actitud altiva miró con reproche a todos los adultos, quienes sorprendentemente se sintieron intimidados bajo la feroz mirada que les dirigía, sus ojos claros se tornaron opacos durante unos segundos y su mano derecha se aferró con rabia a la cola de su muñeco, sus dientes estaban apretados y su postura parecía la de un milubo que ansía lanzarse sobre su presa.

—¡Estamos hablando de Yugi! —Exclamó con potencia, haciendo que a su hermana diese un respingo—¡Ella salvó a mamá de los dragones! —Sin perder la convicción en su mirada señaló con su brazo completamente extendido a Tristepain, quien sintió con peso las palabras dichas por su hijo—Si hizo eso puede hacer cualquier cosa ¡Incluso liberó a Ograste de su maldición!

El silencio volvió a reinar en el prado, nadie atreviéndose a desmentir lo dicho por el yopuka, quien, con orgullo, colocó sus manos a ambos lados de su cadera, sintiéndose poderoso por razones que ni él mismo entendía.

Evongel iba a hablarle, a explicarle que nadie es invencible y que perfectamente podría haber tenido problemas, que Yugi, por muy fuerte y segura que la viera, en el fondo solo era una joven a la que le había tocado madurar demasiado rápido, con límites y debilidades. Que si hizo todo eso en el pasado fue porque recibió ayuda de los dofus pertenecientes a su pueblo y que sus poderes se habían resentido des de entonces.

Pero no le dio tiempo.

Un gran zumbido distrajo a todos, haciendo que volviesen a centrar sus miradas al frente, donde les era imposible vislumbrar el prado, pues un enorme y amplio portal se ubicaba justo al frente.

—¿Veis como tenía razón?

El corazón volvió a latirle a todos.

Intercambiaron miradas decididas y los mayores se dirigieron hacía la camioneta, seguidos de unos alegres Evole y Flapén, quienes decidieron hacer una carrera hasta el vehículo a modo de juego.

OOO

El automóvil salió por el portal, haciendo que este desapareciese una vez lo hubo cruzado.

Frente a los ojos de nuestros aventureros se descubrió un paisaje completamente distinto al tranquilo y bello prado anterior, pues, cuando todos se asomaron por las ventanas más cercanas a ellos, se encontraron con terreno seco, recubierto de polvo gris que identificaron como cenizas, la tierra que se extendía bajo las ruedas de la caravana estaba agrietada y ninguno de ellos pudo reprimir la sorpresa cuando vieron, a penas a un kametro de ellos, un geiser activándose.

La columna de agua hirviendo que se elevó a una rapidez inédita arrancó gritos de sorpresa de Rachel y miradas de admiración de los yopukas y Flapén.

Sin embargo, mientras Amaël alargaba todo lo que podía el cuello para poder mirar mejor el terreno que los rodeaba, Evongel no quitó sus analizadores orbes del geiser, que tras dos minutos de perpetua salida del caliente líquido, súbitamente paró y lo que en verdad llamó la atención y el desconcierto del rubio, fue que la tierra que circundaba la grieta por donde había salido el agua, no tenía ni el más mínimo rastro de humedad, ni siquiera con su experta vista logró vislumbrar una sola gota del fluido entre el polvo grisáceo que, como un tupido velo, cubría la superficie.

—Oye—Llamó el sadida, con un leve toque de alarma en su voz—, no veo a Yugi por ningún lado.

Todos le miraron con expresiones confusas y preocupadas, al darse cuenta de que lo que decía el de pelo verde era cierto.

—Voy a comprobar el terreno.

Y cogiendo a Rubilix de la funda en su cinturón, Tristepain se decidió a salir por la puerta, siendo detenido por Evole, quien, con una mirada decidida, le estiró de la capa.

—¡Yo quiero ir!

Pero antes de que la de piel morena pudiera responder, Evongel levantó a su hijo en brazos, haciendo que el yopuka primero demostrara desconcierto y después indignación, inflando de forma infantil sus mofletes.

—Es muy peligroso—Le dijo con voz autoritaria, sin dejarse doblegar por los pataleos del pequeño—, te quedarás aquí.

—¡Haz el favo-

La fab'hurito suspendió en el aire su frase al ver como Tristepain colocaba la mano de su prótesis sobre su ojo, impidiéndole ver, aunque claramente las primeras intenciones de la yopuka eran otras.

—No tengo boca que puedas tapar, idiota.

—Pero si un ojo que puedo apretar.

Y para demostrarle que sus palabras eran ciertas, Tristepain ejerció presión sobre la zona mencionada, sintiendo contra su palma los fuertes parpadeos que emitió, claramente no gustándole lo que le hacía.

Tras esa (algo patética) demostración de amistad y compañerismo, guardiana y fab'hurito salieron del vehículo, cerrando la puerta y dejando en el interior al resto de los intrigados miembros de la Hermandad del Tofu.

—No hemos ido muy lejos.

Las palabras de Amaël rompieron el silencio que se formó tras la salida de Tristepain, Rachel, saliendo de debajo del alfeizar que separaba la cabina del resto del interior de la caravana, donde había permanecido todo el tiempo, se acercó con paso lento a los demás, que se habían juntado alrededor de la ventana más grande, pues el sadida les había indicado que se acercasen.

—Mirad—Con su dedo extendido señaló la cordillera que se veía a través del cristal—, solo hemos pasado las montañas, detrás de ellas está el valle y el bosque del Reino Sadida.

—Es imposible—Exclamó perpleja la anutrof—. ¿Tanto rato para esto? —Su ceño se frunció, al tiempo que se cruzaba de brazos sobre su pecho, con un palpable mal humor—Aquí hay miaumiau encerrado.

—Entonces…—La voz suave y baja de Flapén hizo que todos dirigiesen sus miradas hacía ella, quien, sobre un taburete de madera donde se había puesto para observar mejor, mantenía una pose dubitativa, acompañada de una expresión preocupada—¿Tía Yugi está bien?

Antes de que alguien siquiera pensase en que responder, algo pareció captar la atención tanto de padre como de hija, sus orejas se irguieron y sus miradas se movieron inquietas por la estancia.

—¿Qué pasa, papá? —Preguntó Evole, aún en los brazos de Evongel.

El ocra pareció ignorar al pequeño, o quizás no lo escuchase, claramente centrando todos sus sentidos en captar aquello que el resto no podía percibir.

—Es Pan-Pin—Dijo, después de unos segundos de pleno silencio.

—Nos está llamando—Completó Flapén, bajando del banco con un salto y haciendo que los adornos en su cabello chocasen contra sus mejillas.

—Pondré en marcha la caravana.

—No.

—¿Por qué? —Quiso saber Amaël, claramente no gustándole la idea de tener que ir a pie por aquel paramo desolado.

Evongel volvió a erguir sus puntiagudos oídos, fijando su atención en sonidos que, esta vez, Flapén no pudo distinguir con claridad.

—Tristepain dice que no servirá—Entrecerró sus ojos e instintivamente se inclinó en dirección a la puerta, allí por donde mejor escuchaba llegar los muy alejados gritos de su esposa—, que… ¿Qué no cave? ¿Pero de qué demonios está hablando?

—No lo averiguaremos aquí parados.

Rachel se deslizó hacía la cabina del piloto y se sentó frente al volante, quitando el freno de mano para poder comenzar a conducir.

—¿Pero no hemos quedado en qué dejábamos la caravana? —Evongel sentía como el vehículo comenzaba a moverse y el ronroneo del motor se hizo audible para todos.

—Me niego a dejarlo aquí—Fueron las decididas palabras de la anutrof.

OOO

La silueta de la caravana fue haciéndose cada vez más próxima, pero ni Tristepain ni Rubilix se detuvieron a observarlo, sus ojos estaban fijos en aquello frente a ellas, que las tenía totalmente absortas y era el creador de las múltiples preguntas aparecidas en sus mentes.

—Es…—La yopuka se rascó la parte trasera de la cabeza, sin saber muy bien si era bueno exponer sus dudas—Es muy pequeño.

La fab'hurito rodó los ojos ante aquellas palabras, de nuevo su guardiana había expuesto lo evidente, pero no dijo nada.

—¿Cabremos todos?

—Si vamos de uno en uno sí.

Pasos se escucharon a sus espaldas y Tristepain se giró, encontrándose con toda la Hermandad del Tofu ya fuera de la caravana, dirigiéndose hacia ella y Rubilix, quien también desvió la vista de aquello que minutos antes captaba toda su atención.

—¿Qué has encontrado?—Preguntó Evongel, acercándose a su esposa y mirando a su alrededor, intentando hallar aquello de lo que hablaba la yopuka a gritos anteriormente.

Sin embargo la mujer ladeó la cabeza en confusión, haciendo que los mechones anaranjados que enmarcaban su rostro se balanceasen hacía la izquierda.

—¿No lo veis?—Se hizo a un lado y observó expectante las expresiones de sus amigos, esperando alguna reacción por su parte.

La Hermandad del Tofu entera dirigió su mirada a las espaldas de la de piel morena, no viendo nada más que el paraje desolado del que llevaban rodeados des de que llegaron, una corriente de aire sofocante les sopló en el rostro e hizo que a todos pequeñas gotas de sudor comenzasen a bajar por su frente.

Evole se inclinó hacía su hermana, quedando cerca de su oído, pero sin despegar sus ojos claros del terreno frente a él.

—¿Tú ves algo?—Le preguntó en un murmuro.

Como respuesta solo recibió una negación hecha con la cabeza.

—Sabía que este día iba a llegar—Dijo la anutrof con voz baja, pero lo suficientemente alta como para que Evongel y Amaël la escucharan—, ha perdido la cabeza.

Una gota de sudor frio resbaló por la nuca del ocra, que dio un paso al frente, con sus ojos esmeraldas clavados en los de su mujer.

—Tristepain—Llamó con voz calmada—. Aquí no hay nada.

La mencionada les miró, incrédula.

—Eso es imposible, si—Se volteó, con la ciega convicción de que detrás de ella volvería a encontrar aquello que tantas incógnitas la había creado. Pero al no hallarlo, no pudo más que cortar la frase en el aire, incrédula y asombrada—. Pero…—Su voz le falló, todavía sin creerlo del todo—¡Pero si estaba aquí!

Con desconcierto y sorpresa señaló el lugar vacío.

—Pan-Pin—Evongel se acercó y la tomó por los hombros, acariciándolos con los pulgares suavemente—¿Estás bien? Creo que te ha dado un golpe de calor.

La yopuka abrió los ojos desmesuradamente y fue su turno de tomar los hombros de su esposo, haciendo que él lo soltase pues comenzó a agitarlo fuertemente.

—¡Pero si estaba aquí!—Repitió, negándose a que sus amigos la tomasen por loca, aunque su actitud no ayudara en absoluto.

Evongel era zarandeado cual muñeco de trapo, con sus extremidades balanceándose violentamente, su visión empezó a tornarse turbia y se le hacía difícil pensar o reaccionar, la cabeza le daba vueltas y fue cuando sintió un vuelco en el estómago que se separó de forma algo brusca de la de pelo anaranjado, teniendo que ponerse la mano frente a la boca para aguantar una ahorcada.

Su esposa a veces no controlaba su fuerza.

—¿Y qué más da?—Preguntó Amaël, impaciente, rabioso por estar perdiendo el tiempo que podrían aprovechar en buscar a la desaparecida selatrop—Fuera lo que fuera seguro que no era nada importante.

Tristepain pareció ofendida por aquellas palabras.

—¡Claro que era importante!

Todos la observaron con miradas nerviosas, sin saber que decirle a continuación, la yopuka estaba con la cara ligeramente roja por el coraje que ni ella sabía cómo la había embargado, sus brazos estaban firmemente puestos a ambos lados de su torso, oprimiendo sus costados mientras apretaba los puños.

Con sus iris no siendo más que meros puntos en el centro de sus ojos.

—Pan-Pin—Llamó el ocra una vez se hubo recompuesto, aún con los sentidos algo atontados—¿Por qué no nos dices lo que creíste ver?

La yopuka frunció el ceño, con rostro enfadado.

—No creí verlo, lo vi.

Todos rodaron los ojos, a excepción de los más pequeños, quienes intercambiaron miradas nerviosas, ellos querían creer a su madre, pero no habían visto nada y (por las historias que les habían contado) la de pelo anaranjado era propensa a las alucinaciones cuando permanecía demasiado tiempo bajo el sofocante sol sin nada que la protegiese de los penetrantes rayos.

El incómodo silencio que solo era ocupado por el silbido del viento deslizándose entre las grietas fue roto por un sonoro y pesado suspiro de Rubilix, quien al fin se dignó a hablar.

—Por una vez la imbécil tiene razón—Dijo, ignorando la queja que le dirigió Tristepain—. Yo también lo he visto. Y por si quedan dudas, los fab'huritos no podemos ver espejismos—Añadió una vez vio que Evongel estaba listo para cuestionar algo, sonriendo internamente al ver como el ocra cerraba la boca.

—¡Pero mamá!—Exclamó Evole antes que cualquier adulto le quitará la oportunidad de hablar—¿¡Qué es lo que habéis visto!?

—¡Eso!—Secundó Flapén, aunque después se sintió avergonzada por haber sido tan impulsiva.

Eres una ocra, no una yopuka.

Se recriminó internamente, utilizando aquella frase que ya consideraba más una mantra.

El rostro de Tristepain sufrió un brusco cambió, sus labios se convirtieron en una sonrisa entusiasta y su pecho se hinchó con orgullo, colocando ambas manos en su cadera se quedó durante unos segundos mirando a la nada, regocijándose de la agradable sensación que le creaba el tener la razón, algo que burdamente se le solía negar.

Un resoplido impaciente la hizo despertar de su ensoñación.

—¿Y bien?—Preguntó Amaël, con los brazos cruzados sobre el pecho por donde comenzaban a deslizarse gotas de sudor.

El clima era realmente sofocante.

—¿Eh?—Al principio no supo a lo que se refería—¡Ah, sí!

Evongel negó con la cabeza, intentando después quitarse el sudor de la frente con el dorso de la mano, su esposa siempre sería muy despistada, era algo que hacía tiempo había aceptado.

—Lo que vimos fue-

Un zumbido, un débil zumbido que resonó por sus oídos fue suficiente para que desviaran sus miradas hacia el lugar de donde había provenido el sonido. Los ojos de todos se abrieron de sobre manera por el asombro de la repentina aparición y Tristepain, la primera en reaccionar, levantó su brazo y señaló con ímpetu aquello que todos observaban.

—¡Eso!—Gritó con voz enérgica y algo nerviosa—¡Eso es lo que vimos!

Un portal con su característica aura celesta se vislumbraba allá donde el moreno dedo de la yopuka apuntaba.

OOO

Se movió nervioso por el pasillo, recorriéndolo de arriba abajo, con sus pesadas botas chocando contra la rocosa superficie de la gruta donde estaba.

Sus ojos se paseaban por las paredes, sin detenerse en ningún lugar en específico, observando las irregularidades y las sombras que proyectaban las rocas que sobresalían al ser alumbradas por las velas, setas y piedras luminosas que había repartidas por la zona.

Se mordía las uñas de forma impaciente, no sabiendo muy bien que estaba esperando.

—¿Por qué me pasa esto?

Su mirada se movió de forma inconsciente por todas las celdas que había en aquel lugar, posando su mirar en una en específico, reprochándose internamente aquello.

—Se duro, se duro, se duro…

Un pequeño grito de exasperación se escapó de su garganta al tiempo que comenzaba a estirarse de los oscuros mechones de su cabeza.

El ruido de la puerta abriéndose lo sorprendió lo suficiente como para parar sus acciones.

Frente a él se alzaba, orgullosa, una joven sram, quien lo observaba con burla y sorna. Dando un paso se acercó al de cabello negro y sonrió de forma maliciosa detrás de la negra tela que cubría sus labios.

—Pensé que tenías que despertar a la chica—Habló, contundente en sus palabras como era habitual.

Un bufido salió de la boca de su oyente, quien le dirigió una mirada entre aburrida y nerviosa.

La sram decidió que no sacaría nada más que eso del reservado chico, por lo que dirigió sus pasos a la segunda celda más próxima, observando a través de los barrotes un bulto recubierto de vistosos colores, medio oculto entre las sombras y situado en el centro del cubículo.

—No lo has hecho—Se giró, clavando sus ojos grises en los azules del chico—¿Por qué?

El de pelo oscuro solo chasqueó la lengua y desvió la mirada, sin querer colaborar en la conversación.

Muy pocos dirían que el joven que antes, histérico, se estiraba de los cabellos, era el mismo cuyo rostro en ese momento se mostraba impasible frente a la mayor.

—¿Acaso te da vergüenza?

El notable sonrojo que apareció en el pálido rostro fue todo lo que necesitó para confirmar su sospecha.

—S-su herida es-está en el muslo—Logró decir entre leves tartamudeos, al tiempo que intentaba ocultar de forma inútil su fuerte rubor.

Ante eso la sram no pudo evitar suspirar, su aliento calentando la tela que ocultaba su boca, cerró los ojos durante un segundo y se concentró, apareciendo en el interior de la celda cuando los hubo abierto.

Se permitió observar por sobre su hombro al chico, quien le dirigía una mirada confusa acompañada por una expresión de intriga que apenas lograba disimular.

Con paso decidido se acercó a la figura pequeña y femenina, medio comida por la penumbra, se agachó e hizo aparecer en una de sus manos una tosca daga, cuyo filo relució al ser tocado por la luz de una vela puesta fuera de la celda.

Jugueteó con el arma, haciéndola girar mientras levitaba sobre su mano, cubierta también por un guante negro que le llegaba hasta casi el hombro, divirtiéndose al ver la filosa hoja desprender pequeños brillos cuando era alumbrada.

De rodillas frente a la espalda de la chica no mostró ningún reparo al acercar la daga al pequeño cuerpo, que sufría espasmos cada cierto tiempo, donde se agitaba con gran malestar para después no ser más que algo inerte, que reposaba prácticamente muerto sobre el rocoso suelo.

El chico que permanecía fuera de la celda no pudo evitar cerrar los ojos y apartar la mirada cuando a sus oídos llegó el sonido de tela siendo rasgada.

Y solo cuando notó la presencia de la joven de nuevo a su lado se permitió levantar los parpados, revelando durante unos efímeros segundos unos ojos alarmados que rápidamente fueron sustituidos por otros fríos e inexpresivos.

—Ya está—Habló con simpleza la sram, cruzándose de brazos sobre su pecho, cubierto por el traje característico de su raza, este era negro y los huesos pintados en él lucían un macabro carmesí, idéntico al adorno en forma de calavera que portaba sobre la cabeza y recogía su voluptuosa melena en una coleta alta.

Al chico no le gustó aquella actitud.

—¿Qué has hecho?—Preguntó, agresivo.

La joven dio una sonrisa torcida por detrás de la negra tela y se hizo a un lado, dejando el camino a la puerta de la celda despejado.

—¿Por qué no entras y lo ves?—Formuló de forma maliciosa y con un claro toque de burla en su voz.

El chico sacó de uno de sus bolsillos la llave del cubículo, metiéndola en la cerradura con mano temblorosa y sin atreverse del todo a mirar el interior del habitáculo, prefiriendo mantener su vista fija en sus manos, actitud que complació de sobre manera a la sram.

La puerta se abrió con un pequeño chirrido y con andar pesado el de cabello oscuro se adentró, dubitativo, en la celda.

Llegó hasta el cuerpo de la chica, cuyo pecho subía y bajaba muy débilmente, con una respiración irregular.

El joven se arrodilló, recriminándose a sí mismo el actuar como un niño asustadizo.

Sus ojos llegaron hasta el muslo, allá donde antes la tela azul de los pantalones de la chica cubría toda la morena piel, pero en parte de esa tela había desaparecido, dejando un cuadrado recortado en un extremo de la prenda, revelando la herida ocasionada por la incisión de una flecha.

Su mirada se volvió suave al observar la sangre que manchaba la piel y que comenzaba a secarse, los extremos de lo que quedaba del pantalón siendo rojizos en lugar de celestes.

Paseó sus dedos por el muslo, ocasionando que una corriente eléctrica recorriera su cuerpo al notar la suavidad de la piel.

Se abofeteó mentalmente, debía dejar de ser un blanco.

Volvió a examinar la herida, lo primero sería limpiarla.

—Dame el cubo con agua.

No recibió respuesta.

Se giró, no encontrando a la sram por ningún lado.

OOO

—No… Se… Si podré aguantar…

—No te fuerces, si sientes que llegas a tu limite dímelo y yo seguiré.

—No… Tú ya has… Hecho mucho.

—Me da igual, haré lo que sea necesario para que lleguen junto a la Reina-Diosa.

OOO

—Deberíamos ir a ayudarles.

—Hemos tenido demasiadas veces esta conversación.

—Y la seguiremos teniendo hasta que accedas.

—¿A qué? ¿A tus caprichos infantiles de dios mimado?

—¡No son caprichos! ¡Es preocupación por mí… nuestra hija!

—Saldrá bien de esta, igual que de todas las demás, te preocupas demasiado.

—Y tú demasiado poco.

000

Apuntes:

Lo que la sram hace para meterse en la celda es un poder sram que le permite fundirse con las sombras y así moverse a su antojo por ellas.

No he mencionado la especie del chico de cabello oscuro, os toca averiguarla (por muy obvio que sea) ;)

Comienzo a hacer un baile ridículo.

—Al fin lo he subido. Al fin lo he subido. Al fin lo he-

—¿Qué haces?

Paró de forma súbita al ver como sus ojos me examinan. Comienzo a sudar.

—¿¡Qué pa-pasa!?—Medio pregunto a gritos, abochornada—¿Nunca has visto a nadie haciendo el baile de la alegría?

Él entrecierra los ojos.

—Me das vergüenza.

Por cierto lectores ¡Tengo algo de pánico! Hasta ahora siempre había tenido escritos varios capítulos antes de publicar pero… ¡Ahora no tengo nada! ¡Está todo blanco!

Pero mirémoslo por la parte positiva (si, hay una), esto os da la oportunidad de interactuar más y poder tener un poco de voz y voto en el transcurso y avance de este fic.

Yo ya sé cómo quiero que acabe este "pequeño" bache que les he puesto, pero hay un par de cabos sueltos que me gustaría que me ayudaseis a atar. (Siempre que queráis, claro)

1-¿Queréis que se alargue o que en el siguiente cap ya vuelvan a estar de camino a Bonta?

2-¿Cuáles creéis que podrían ser los nombres de los personajes que tienen encarcelada a Yugi? (Porque, no me voy a engañar, todos sabéis que la chica de la celda es ella)

3-En principio estos dos "carceleros" son personajes secundarios que poco pintarán en la trama original ¿Queréis cambiar eso?

Curiosidades:

¿Sabíais que el nombre de Ebaraj (aniripsa que se utiliza en el chapter once para poner celoso a Amaël) al revés es jarabe? (Sinónimo de medicina)

El nombre de uno de los jinetes que emboscaron a Yugi es Ca-Zurro, si le quitáis el – y lo juntáis os queda cazurro, que en mi lengua es un insulto (Sinónimo de imbécil e idiota).

¡Hasta la próxima publicación!