Título: La venganza del Mortífago y la Serpiente

Resumen: Nadie sabe qué ha pasado con él o cómo ha desaparecido. El mundo mágico está decidido a encontrarlo a cualquier costo… pero otros están también dispuestos a retenerlo por el mismo precio.

En el momento en el que Harry Potter abre sus ojos, no reconoce el lugar donde está, ni recuerda cómo ha llegado a ese sitio. Cuando escucha unos pasos acercarse, la voz que los acompaña le es inconfundible. Y entonces, por primera vez en su vida, le teme a él.

Clasificación: No menores de 18 años.

Género: Acción/Angustia/Drama/Misterio/Romance/Suspenso.

Advertencias: Lemon/Sadomasoquismo/Tortura/Violencia/Voyerismo/E WE

Disclaimer: Harry Potter, sus personajes y cualquier mención a su mundo pertenecen a J.K. Rowling y algunos más a los que les doy crédito pero que no recuerdo ahora. Este fanfiction es escrito por insana diversión, una pizca de maldad y ganas de hacer sufrir a quienes leen, pero fuera de eso, escribo sin fines de lucro, jajajaja. Aún sigo esperando mi carta de Hogwarts, donde además de nombrarme capitana de Quidditch, me regalen los derechos de Harry Potter.

Más advertencias: Éste es un relato que narra relaciones homosexuales y contiene escenas de alto contenido sexual o violento que podrían ser consideradas como ofensivas para algunas mentes. Si no te sientes a gusto con el tema, ruego abandones este fanfiction. Dicho está, sobre aviso no hay engaño.

"Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".


LA VENGANZA DEL MORTÍFAGO Y LA SERPIENTE

Por:

PukitChan

Capítulo 13. Saudade

23 de marzo del 2004

Martes

Lo primero que percibió fue un silencio que inundarlo por completo, donde sea que estuviera. Sus ojos se negaron a abrirse, pese a que podía sentir una especie de luz cayendo de alguna parte sobre él. ¿Sería todo real o sólo el producto de un mal sueño? Inhaló lentamente, como si temiese hacerse daño, aunque el sutil gemido que abandono sus labios fue ligeramente audible. Luego, el silencio comenzó a evaporarse y sus oídos comenzaron a distinguir los sonidos que emergían a su alrededor.

Aquello podía ser el rasgueo de una pluma. Tal vez lo otro eran unas pisadas. ¿Qué era el rítmico sonido que de alguna forma lo tranquilizaba? Era casi como un latido… ah… ¿aquello era una mano? ¿Dónde había sentido esa calidez antes…? Estaba seguro de que esas manos ya lo habían tocado…

—…está despertando… alguien avise…

Palabras. Vagas oraciones que escuchaba, pero no comprendía. ¿Qué… qué era todo eso? No quería moverse, era bastante desgastante. ¿No es así? Pero no podía, al parecer, eludir lo que fuera que estuviera viviendo por siempre, así que tosió ligeramente y entreabrió su mirada, intentando cerrarla de inmediato por el exceso de luz que cayó en sus ojos. Alguien, quien sea fuese, cubrió la luz con su cuerpo, incitándolo a que despertara. Segundos después, los ojos verdes de Harry Potter trataban de mirar a su alrededor aunque, sin entenderlo, se clavaron en la mirada gris que proyectaba la figura que cubría la luz.

—Los signos vitales son estables, pero es normal que esté desorientado… su magia, sin embargo, es muy inestable por ahora, tendremos que controlarla —modulaba esa figura, la que Harry intentaba desesperadamente reconocer. La mano de aquella sombra se colocó en su frente y el moreno intentó inútilmente mover su propio brazo para sentir mejor—. No te muevas. No quiero que eches a perder todo el trabajo de más de cuatro Sanadores y que los Aurores entren a la habitación como idiotas a amenazar todo.

Obedeció, no porque quisiera, sino porque simplemente no podía. Volvió a respirar profundamente y su vista se aclaró. Entonces, desconcertado, encontró a Draco Malfoy escribiendo sobre un pergamino mientras lo miraba y susurraba algo. Parpadeó antes de comenzar a ver algo más que a ese hombre rubio. Al parecer estaba en una habitación, rodeado de pócimas, equipo irreconocible para él y también algunos movimientos de personas que iban y venían, todas con el uniforme del Hospital San Mungo. Incluido a Malfoy.

—Mírame —ordenó Draco, quien al tener de vuelta la atención de Harry, se inclinó hacía su rostro para hablarle lentamente—. ¿Sabes quién eres y dónde estás?

—Harry… Potter… —murmuró e inmediatamente trató de llevar sus manos a su garganta porque su voz se había vuelto un susurro desgarrado. Sin embargo, las manos de Malfoy retuvieron con suavidad sus movimientos, sin dejar de mirarle.

—No te inquietes por eso y trata de contestarme. ¿Sabes dónde estás?

—…San… Mu… Mungo.

Al ver que no pretendía moverse más, Draco le soltó e hizo una anotación en su pergamino antes de volver una vez más hacía Harry.

—Has estado internado durante las últimas dos semanas, en las que no diste muestra alguna de poder despertar en algún momento… estaban muy preocupados —relató con parsimonia—. ¿Recuerdas por qué estás aquí?

Draco aguardó, mordiéndose los labios, pendiente de cada reacción de Harry. El moreno abrió los ojos, como si estuviese impactado por algo y, tras mirar largamente al rubio, negó con la cabeza.

—…nada… no… no puedo…

—Tranquilízate —indicó una vez más, con un tono profesional que resultaba difícil de asociar a un Malfoy—. No lograrás nada por ahora. Necesitarás mucha paciencia y tiempo. Sé que quieres explicaciones, pero hasta que tu familia llegue no podemos hacer algo más.

Observó a Draco alejarse, permitiendo que otra mujer, tal vez una ayudante, se acercara a revisar los signos vitales de Harry.

—Trata de descansar, Potter —recomendó el sanador, antes de desaparecer tras una puerta, en la que Harry mantuvo la vista hasta que se vio obligado a parpadear.

¿Qué… qué había pasado…?


~∞•∞~

14 de Enero del 2004

Como bien era sabido, al inicio de su curiosa relación, Kreacher y Harry Potter nunca se lograron llevar de manera decente. El elfo porque no estaba dispuesto a servir a un inmundo mestizo y el humano porque sencillamente la criatura tenía demasiado resguardados los ideales retrogradas de los Black como para sentirse cómodo. Afortunadamente esto había cambiado luego de todo lo ocurrido durante la guerra, volviéndose Kreacher fiel a su amo. Por eso, en cuanto su nombre fue pronunciado por Harry, el elfo no demoró en aparecer, acudiendo de inmediato al llamado.

Sin embargo, ni siquiera el viejo elfo esperaba encontrar a su amo en esa situación. Potter estaba en el suelo, sangrando aún mientras su respiración se volvía más y más dificultosa. Apenas conseguía mantener su mirada en Kreacher, quien se acercó hacía él a paso rápido, casi como si curiosamente estuviese corriendo.

—El amo llamó a Kreacher…

Harry casi se suelta a reír del tono tranquilo de voz del elfo. Como si no lo estuviera viendo agonizar: mejor aún, como si en realidad no pasara nada.

—Necesito ayuda… Kreacher… —articuló con dificultad—. Y estamos…. cortos de tiempo.

Notó que el elfo aguardó, esperando sus instrucciones. Harry cerró los ojos un momento, intentando pensar. Sabía que sería demasiado arriesgado hacer una aparición junto con el elfo por lo lastimado que estaba. Si Kreacher los aparecía, probablemente el elfo solo llegaría a entregar su cadáver. Necesitaba sobrevivir y no sólo largarse de ahí para morir. No podía traer a alguien porque sencillamente sería una emboscada y no quería arriesgar a sus amigos a ese grupo de maniacos. Lo que necesitaba era tiempo.

—Díctamo… —susurró al fin—. Kreacher, necesito que consigas… lo más pronto posible díctamo. Hermione tiene en su casa, así que… roba si es necesario. ¡Vamos, deprisa!

El elfo desapareció en instantes. Harry trató de contener su dolor, preguntándose una vez más que había llevado a Draco Malfoy a revelarle aquella vital información. Pero más sorprendente era el hecho de que las protecciones que rodeaban ese lugar permitieran el paso a los elfos. ¿Acaso no habían aprendido nada de la guerra? Pensaba que cualquiera que supiera la historia de ésta no cometería el error de colocar las protecciones que permitieran la aparición de los elfos, porque fue de esa manera que, mucho tiempo atrás y con la ayuda de Dobby, Harry había logrado escapar de Malfoy Manor. ¿No era eso entonces un tanto ridículo? Gracias a Draco, una vez más, quizá conseguiría el escape a su libertad.

Giró la cabeza cuando escuchó una vez más a Kreacher llegar. El elfo traía en sus manos la planta que, Harry imaginaba, era el díctamo. Nunca la había visto en su estado natural pero decidió confiar en Kreacher, quien extendió el brazo para acercar la planta a la boca de su amo. Harry cerró los ojos, masticando las hojas y el tallo de la planta, que tenía un sabor de lo más asqueroso posible pero que, en cuanto tragó, sintió un alivio inmediato. Su garganta pareció relajarse y sus heridas, no todas pero si las más dolorosas, comenzaron a cerrarse. Si bien era claro que con eso no bastaría para sanar completamente ni aliviarse, le permitiría sobrevivir. Aunque aún estaba demasiado débil como aparecerse.

Escuchó unos murmullos lejanos, seguidos de unos pasos que a cada segundo sonaban más y más cerca. Miró al elfo y recordó la muerte de Dobby. Entonces, tomó una decisión.

—Vete Kreacher. Tú no sabes dónde estoy y no me has visto hasta ahora. Si alguien te pregunta, tú ignoras completamente mi paradero. Pero… Kreacher, te volveré a llamar… y gracias.

El elfo pareció estar a punto de decir de algo, pero la voz lejana se intensificó. Inesperadamente, alguien empezó a luchar con la puerta que estaba cerrada mágicamente, y unos golpes se escucharon. Maldita sea.

—¡Vete Kreacher! —apremió Harry en un grito. El elfo obedeció a su amo, desapareciendo justo en el momento en el que la puerta se abrió bruscamente, revelando al hombre que estaba detrás de ella. Sin embargo, Harry supo de inmediato por la manera en la que el hombre entrecerró sus ojos, que había logrado ver al elfo desaparecer.

El hombre miró furioso a Harry. El maldito auror quería huir. Estuvo a punto de escapar y arruinar por completo sus planes. Si acaso hubiese tardado un segundo más…

—¿Con que quieres pasarte de listo, Potter? —susurró aquella voz enferma.

Por primera vez, sin ninguna clase de hechizos de por medio, Harry logró ver a su secuestrador principal. El que lo había estado torturando últimamente y parecía disfrutar por cada quejido de dolor de su parte. Vio más allá de la imagen desquiciada del sujeto, de la mirada perdida, incluso más allá de la apariencia ridículamente elegante que poseía. Recordó momentos de la guerra, la pelea en el Ministerio por la profecía, e incluso trajo a su memoria a Bellatrix. Y cayó en cuenta de dónde había visto a ese hombre y quién era.

—Rodolphus Lestrange…

El esposo de la fallecida Bellatrix Black Lestrange.


~∞•∞~

Aburrida, Pansy levantó la mirada buscando una vez más que llegase aquel maldito Gryffindor. No podía creer el tiempo que llevaba haciéndola esperar el cretino. ¿Quién se creía ése qué era para tenerla parada en ese horrible callejón? Ciertamente estar de pie cerca de Borgin y Burkes no era el sitio más propicio para una dama. Maldiciendo, ella se cubrió un poco más con su túnica mientras sus dedos comenzaban a tamborilear contra su brazo a un ritmo impaciente. Más le valía a Dennis haber conseguido su objetivo porque de lo contrario…

Ella entrecerró los ojos cuando reconoció ese andar. Por mucho que Dennis se esforzara en lo contrario, era demasiado bueno como para estar en un sitio así: todo en él lo delataba, desde la manera en la que vacilaba al andar y esa manía de voltear hacía atrás como si alguien lo estuviera siguiendo. Sin duda era un novato en ese lugar y, muy a su pesar, Pansy tuvo que alegrarse cuando descubrió que nadie lo había atrapado, siendo una presa tan fácil.

Cuando el muchacho estuvo relativamente cerca, Pansy sujetó la tela de la túnica y tiró bruscamente de él para arrastrarlo por la calle sin escuchar quejas del castaño, aunque no es que éstas fueran realmente muchas. Dennis parecía haberse quejado más como un acto mecánico que por un sentimiento real. Incluso, mientras seguía el rápido andar de Parkinson, Dennis parecía distraído, una expresión que en realidad no solía alojarse en su rostro, al menos no en situaciones como ésas.

Cuando finalmente llegaron a un lugar en el que, al parecer de ella, sería seguro hablar, Pansy lo soltó, mirándole fijamente mientras se cruzaba de brazos, aguardando. No pronunció alguna palabra que revelara aquello que la tenía tan irritable y furiosa, sino que decidió que su mirada venenosa podría ser más clara que cualquier otra cosa.

Al parecer el mensaje fue captado correctamente porque Dennis regresó de sus cavilaciones al notar la mirada de la mujer y se encogió de hombros, extendiendo lentamente su mano, donde tenía atrapados dos pequeños y brillantes hilos de color rojo que se movían ligeramente, producto del viento que los tocaba.

—Aquí están, tal como habíamos quedado.

—¿Estás seguro que son los de ella? —preguntó, inclinándose hacía delante para observar con detenimiento aquella diminuta prueba de que su plan seguía avanzando.

—Totalmente —afirmó Dennis, asintiendo—. Entablé una plática con Ginny Weasley y durante ésta, alargué la mano y toqué su hombro, tratando de que ella pensara que era un gesto de apoyo. Gracias a eso, logré quitarle estos dos cabellos que estaban adheridos a su ropa.

Pansy nunca admitiría que el plan de Dennis había sido bueno: espectacularmente sencillo y eficaz. Quizá después de tantos meses rodeados de Slytherin, algo de inteligencia comenzaba a pasársele a ese chico. Sea como fuese, lo más importante es que ahora tenían lo que necesitaban; el método perfecto para lograr hundir a la familia Weasley y a Harry Potter incluido.

Después de todo, sus planes eran algo más allá que un simple deseo de venganza.


~∞•∞~

Hermione buscó con la mirada su reloj de pulso notando que la noche pronto llegaría. ¿Cómo ese día había pasado de manera tan rápida? No lo sabía. Y sinceramente no le interesaba mucho hacerlo porque estaba cansada. Demasiado. Habían pasado tantas cosas en el último mes, las acusaciones que iban de un lado a otro sin poder señalar a un verdadero culpable, la agonía, el acostarse y cerrar los ojos preguntándose si acaso al día siguiente despertaría con la noticia de que finalmente habían hallado a Harry Potter muerto.

Era horroroso. Por eso precisamente deseaba, Merlín, necesitaba hacer algo por mantener ocupada su mente brillante que trabajaba a mil por hora. Por eso también había accedido a ayudar a Ron a sus planes, aún a costa de los Aurores, que últimamente, parecían estar a punto de darse por vencidos con respecto al caso de su amigo. No podía culparlos y conocía de sobra la Ley Mágica para saber que si no se encontraba nada más dentro de muy poco se cerraría ese caso.

Pero incluso en esa situación no podía dejar de preguntarse a dónde la llevarían todas esas decisiones.

—Entonces, ¿tú y Ron están actuando por su cuenta? —cuestionó la voz masculina que permitió a Hermione distanciarse de sus pensamientos. Asintió vagamente y le sonrió.

—Lamento que te visite a esta hora, Neville. Sé que no debería hacerlo pero…

Neville Longbottom giró su rostro, para divisar la imagen de Hermione mirando al suelo, como si para ella fuese un mal hábito dar excusas de cada uno de sus movimientos. Alejó su varita de la puerta que pretendía abrir y negó varias veces.

—No te disculpes —interrumpió el parloteo aparentemente interminable de la mujer. Al encontrarse con la mirada de ella, le dedicó una sonrisa y volvió a concentrarse en abrir la puerta del invernadero—. Si puedo ayudarlos, está bien.

—Lo sé, es sólo que estos días han sido… —Ella calló. No sabía exactamente cómo expresar su sentir respecto a todo. Es decir, tenía todo en su mente pero por alguna razón todo parecía quedarse atorado en su garganta, como si cualquier palabra se negara a salir. Sentía cómo si repentinamente se hubiera olvidado de cada palabra existente en el mundo.

—…complicados —completó Neville. El profesor de Hogwarts guió a Hermione a través del laberinto de plantas que conformaban el invernadero, hasta llegar a una esquina donde, sobre una mesa, se acumulaban varitas macetas y algunos guantes viejos y sucios por la tierra.

—Sí, así es —afirmó ella, sabiendo que necesitaba un cambio de tema—. ¿Cómo está Hannah?

—Mejor —aceptó el hombre, colocándose los guantes y empezando a mover macetas—. Aunque no puedo decir lo mismo del Caldero Chorreante. Ha estado pasando no sólo por revisiones mágicas sino que ahora está rodeado de reporteros. He pensado en pedir permiso para que Hannah esté en Hogwarts y no allá… necesita paz.

—Es una buena idea. Creo que la profesora McGonagall te daría el permiso y… —Enseguida la voz de Hermione se disolvió cuando vio a Neville quedarse quieto, con una expresión de preocupación. Ella siguió la línea de su mirada y entonces descubrió lo que veía Neville: una de sus plantas, una de las más difíciles de cultivar, y por lo tanto, de obtener, había sido bruscamente arrancada de su maceta como si el culpable de aquello tuviese mucha prisa y desesperación por hacerlo.

—Aquí estaba una de las plantas de díctamo que estaba cultivando —comentó Neville—. Al parecer me han robado —bufó, molesto. No tenía inconveniente alguno en ayudar a un estudiante si éste lo requería, no veía por qué la necesidad de robarle, aunque…

—¿Algún estudiante herido? —cuestionó Hermione, asustada—. ¿Tan malo debió ser lo que hizo para no acudir a la enfermería?

—No, no creo que se tratara de eso —dijo el profesor, después de un rato.

—¿Entonces?

—Por la cantidad y el tipo de plantas que tengo en este invernadero, está sellado con magia más fuerte que la que normalmente cierra a otros lugares. Es difícil que algún alumno entrara, incluso siendo de séptimo… y los profesores siempre me han pedido algo cuando lo necesitan.

—Eso reduce considerablemente la lista —opinó ella. Neville asintió y tomó otra planta en la que igual crecía díctamo y comenzó a cortar algunas hojas.

—Creo que fue un elfo doméstico.

—¡¿Qué?! —saltó de inmediato la mujer—. ¡Neville, no puedes acusar a los elfos de Hogwarts por eso!

—Son los únicos que tienen acceso aquí cuando está cerrado porque es necesario cuidar de algunas plantas por la noche —replicó, levantando sus cejas.

—Bueno, pero… ¿No deberías buscarlo? Quizá está herido ahora mismo.

En silencio, Neville terminó de cortar las hojas del díctamo y las guardó. Se quitó los guantes y al girarse una vez más hacía Hermione, negó con la cabeza y se encogió de hombros.

—No por ahora. Además, si tomó la planta, seguramente es porque sabía el uso curativo que esta tenía. Supongo que por sí mismo, el elfo responsable se delatará —explicó, y Hermione notó cuánto había cambiado aquel hombre. Decidió confiar en sus palabras y tomó entre sus manos las hojas de díctamo que Neville le extendía.

—De acuerdo —aceptó al fin—. Gracias por el díctamo. Hogwarts es uno de los pocos lugares donde puedo conseguir esta planta.

—No te preocupes, en serio… —Al notar que la expresión de la mujer vacilaba, Neville se inclinó un poco hacía ella—. ¿Qué pasa Hermione?

—Ron cree que Malfoy es el culpable del secuestro de Harry. No lo sé, Neville… todo se ha vuelto tan confuso en los últimos días…

—¿Malfoy? —cuestionó—. No creo que sea él… —murmuró ante la sorprendida mirada de la mujer, de modo que se encogió de hombros y continuó hablando—: Es decir, sé quién es y todo eso pero…

—¿Pero…?

—A veces mantengo correspondencia con él… meramente profesional —aclaró rápidamente—. Como dijiste, existen algunas plantas que sólo se encuentran aquí o en el Bosque Prohibido. Es normal el contacto entre San Mungo y Hogwarts. Y bueno… Malfoy a veces me ha preguntado algunas cosas, como ayuda, me parece que está buscando la solución para la maldición que dejó a Lucius en coma. También, a veces lo he visto en San Mungo… cuando visito a mis padres. No parece demasiado interesado en planear un secuestro con Harry.

Ella sonrió.

—Creo que sin proponérselo en realidad, Malfoy ha cambiado la opinión que muchas personas tenían sobre él.

—Excepto Ron —murmuró Neville.

—Sí —coincidió Hermione, con un brillo de tristeza en sus ojos—. Excepto Ron.


~∞•∞~

Era cerca de media noche cuando Draco regresó a ese lugar, no por voluntad sino arrastrado por un vociferador que explotó en la biblioteca de Malfoy Manor. El sanador agradeció que no hubiese nadie ese día en casa, pues eso habría implicado involucrarlas a ellas y no quería: Su madre estaba encargándose de unos asuntos bancarios mientras Astoria visitaba a su hermana mayor.

Draco no estaba acostumbrado a recibir órdenes de ese tipo, ya no. Sin embargo, recuerda y el peso de ello le obliga a ponerse de pie y andar. Detesta tener que hacerlo cuando finalmente había encontrado un poco de paz, pero en el fondo acepta que es algo que ya veía venir. Aunque el vociferador no explicaba las razones, esperaba que la causa del enfado fuese la que él imaginaba. ¿Acaso Potter finalmente lo había conseguido… otra vez?

Cuando la posibilidad cruzó por su mente, la sonrisa que sus labios dibujaron fue sincera, aunque trató de que ésta se desvaneciera cuando se dirigió con paso firme al lugar citado. Al inicio, pensó que escucharía un estallido, alguna clase de drama absurdo que tenía que presenciar; lo único que pudo hallar al llegar fue una tremenda paz, casi cómica si se consideraba que ahí tenían a un hombre al que le fueron aplicadas diversas formas de tortura.

Sólo fue capaz de comprender esa paz cuando, en el viejo y apenas limpio salón principal, encontró una chimenea ardiendo con suavidad, mientras que, dejando ver una imagen llena de ironía, estaba Rodolphus Lestrange, su tío, tomando té. A su lado, Pansy —que también parecía ser recién llegada— miraba con diversión la escena que se desarrollaba al otro lado de la habitación.

Draco giró su rostro y descubrió a Dennis enfadado, con el aspecto de querer matar a golpes a cualquiera que se interpusiera entre él y su mal humor.

—¿De qué me perdí? —cuestionó Draco, hundiendo a posta sus manos en los bolsillos de su abrigo para que nadie notara cómo cerraba sus puños. Fue Pansy la que tomó la palabra.

—Al parecer Potter trató de escapar esta tarde. —Los ojos de Malfoy se abrieron ligeramente, pero en general su expresión no cambió.

—¿Y qué? Las protecciones están activadas.

—Lo están y eso es lo que me preocupa —La voz de Rodolphus obligó a todos los presentes a buscar su mirada brillante—. Cuando puse las protecciones aquí —Y para acentuar sus palabras, golpeó con el pie el suelo—, no cometí el error de permitir que los elfos pudieran acceder a ellas. Sin embargo, hoy Harry logró que uno de ellos apareciera aquí y tiene que ser su sirviente, claro está. El maldito elfo logró escapar antes de que pudiera asesinarlo, pero no consiguió el objetivo de sacar a Potter.

—¿Se modificaron las protecciones? —cuestionó Dennis.

Malfoy apretó sus dedos bajo el abrigo. Maldito gryffindor. Malditos todos los de esa casa. ¿Acaso Potter por una vez en su vida no podría hacer las cosas como cualquier ser humano normal las haría?

—No, al parecer no —murmuró Rodolphus, chasqueando la lengua—. De cualquiera manera las he reforzado.

—¿Entonces cómo es posible que elfo de Potter apareciera aquí? —preguntó Draco.

—Fue la mansión —exclamó Rodolphus, enfadado. —No tomé en cuenta eso cuando escogí este lugar.

Draco miró largamente a su tío, preguntándose, y no por primera vez, cómo era posible que aquellos dos —Bellatrix y Rodolphus— hicieran un matrimonio funcional. Quizá, más que amarse entre ellos, tenía que ver con el amor lujurioso que le profesaban a las Artes Oscuras. Porque aún recordaba la siguiente vez que había visto a su tío, hablando entre susurros con su padre.

En esos meses atrás, Rodolphus parecía más cuerdo que ahora, aunque sus ojos destellaban la paranoia que solamente podía sentir alguien que llevaba demasiado tiempo escondiéndose de la muerte. No era la primera vez que sentía lastima de su tía. Cuando su madre solía hablar del matrimonio de Bellatrix, lo hacía con tanta indiferencia que a menudo Draco se cuestionaba si eso es lo que quería para su vida. Por eso no había escogido a Pansy. Por eso se dejó llevar por Astoria. Aunque últimamente, y con lo que estaba haciendo, ya no se sentía seguro con respecto a muchas cosas.

—¿…la mansión? ¿Qué tiene que ver con que Harry casi escapara? —cuestionó Dennis.

Pansy murmuró un desagradable «Sangre Sucia» mientras Rodolphus se reía de él. Draco, con el mejor tono de frialdad que pudo asumir su voz, explicó:

—Es lógico que tú no lo sepas —comenzó—. No eres un Sangre Pura. Pero, para aliviar tu ignorancia y debes agradecerme por ello, esta mansión se ha mantenido, no sólo por su estructura mágica que posee. Mientras la línea de sangre que la habitó permanezca viva, esta mansión se mantendrá en pie. —Al notar el silencio, continuó—. Esta mansión, aunque débil, está tratando de proteger al último descendiente de la familia que vivió en ella.

—Después de todo, antes del nacimiento de Harry —comentó casualmente Pansy, mirándose las uñas—, los Potter fueron Sangres Pura.

—Entonces…. —palideció Dennis.

—Así es… ésta es la vieja Mansión Potter, que cuida a su último descendiente vivo: Harry Potter.


~∞•∞~

Encerrado. Nuevamente. En esa habitación. Esa horrenda habitación. Le gustaría saber por qué Rodolphus sólo sonrió cuando vio que había sanado un poco. También deseaba descubrir por qué Malfoy lo había ayudado. No entendía nada, aunque últimamente así parecía ser su vida, llena de dudas que nunca acabaría de entender, como cuando era adolescente a mitad de una guerra que carecía de un verdadero sentido.

Alguien entró.

—Eres un idiota —exclamó en voz baja Draco, acercándose al lecho en el que estaba recostado Harry, quien giró el rostro para verlo: aún había rabia y dolor en su mirada, pero también podía ver una enorme confusión. Esos expresivos ojos suplicaban por una mínima explicación.

—¿Por qué…? —preguntó Harry mientras observaba a Draco jalar una silla para sentarse en ella, justo a un lado de la cama y comenzar a examinar las heridas.

—Tengo que sanarte —murmuró.

—¡¿Por qué?! —gruñó, sin gritar, pero con más dureza en su voz.

—Si no dejas de preguntar, te lanzaré un desmaius.

Harry suspiró.

—Te odio, Malfoy.

—Lo sé —musitó, tomando la mano donde estaba el corte que él mismo le había hecho. Lo revisó y lentamente comenzó a sanarlo, escuchando los quejidos por parte del auror.

—Se supone que tú también me odias —escuchó decir a Harry—, por eso estás haciendo esto.

—Siempre has sido un idiota —espetó Draco, mirándolo directamente. Sus dedos se enterraron en las heridas abiertas de Harry, lastimándolo. El moreno contrajo su cuerpo por las punzadas de dolor, más no apartó la vista—. Se supone que debiste haberte largado, regresado con tu familia y sobrevivir. Se supone que yo no tendría por qué estar haciendo esto.

—¿Querías liberarme para… salvarte?

Draco recordó. Recordó el sabor de esos labios, el intoxicante aliento de Harry. Entonces dejó de presionar sus heridas y volvió a intentar curarlas.

—Mientras más rápido me consideres tu enemigo, Potter… mejor.

Para su sorpresa, Harry desvió su mirada hacia la ventana.

—Lo he intentando. Y siento toda esta maldita tradición… este dolor. Y es más fuerte, tanto, como no me hubiera imaginado posible que pudiera sentirlo. Me dan ganas de golpearte nuevamente hasta matarte.

—¿Y por qué no lo haces? —cuestionó Draco, dejando de lado sus heridas, pero sin alejar su mano del brazo de Potter. Al otro pareció no molestarte aquello.

—Porque entonces lo recuerdo. Al pasado y a Dumbledore.

—No te preocupes, Potter —dijo el rubio—. Pronto te reunirás con él.

Harry rió sin alegría.

—No lo creo.

Y aquella natural y fría certeza, hizo sentir a Draco, un enterrado y olvidado sentimiento de temor.


~∞•∞~

Autora al habla:

¿Cómo están? Ufff, este es el capítulo que más trabajo me ha costado redactar de los trece que llevamos hasta ahora. No sólo por la cantidad de tiempo que me tomé con él, sino por toda la información que soltó de un solo puñetazo XD.

Tengo un mal hábito con las historias de este tipo y es el siguiente: Empiezo a contarlas por la mitad, llego casi al climax, adelanto un poco el futuro (como en el inicio de éste capítulo) y de repente digo: ¡Ah, sí! ¡Que tengo que contar cómo diablos empezó todo xDDDDDD! Básicamente es así como va esta historia.

Sobre lo que pasó hoy:

La mansión Potter será uno de los pocos lugares que tendremos en esta historia que no hubo ni en el libro ni en las películas. Más que inventármelo, supongo que existió: es decir, los Potter era una familia acomodada y de Sangre Pura, así que me imagino unn Mansión elegante y hermosa, cálida, pero sin llegar a ser ostentosa como la Mansión Malfoy. En capítulos pasados, hacía muy pequeñas alusiones a dónde estaban ubicados: En un capítulo mencioné que Harry recordaba el techo, lo que cual era una pequeña ironía imaginándome que quizá alguna vez Lily y James estuvieron ahí cuando Harry era un bebé. Otra mención que hice con respecto a ello, fue cuando Harry intentó romper el vidrio para escapar: sujetó un retrato vacio con las iniciales inscritas de «C.P.». Estas inciales le pertenecen a Charlus Potter, esposo de Dorea Black, la pareja sólo tuvo un hijo. Especulaciones dicen que esta pareja fueron los padres de James Potter. Como nada está confirmado, al menos puedo afirmar que son parte, a fin de cuentas, de la familia de Harry. xD

Sobre Rodolphus, nuestro maestro en el secuestro. Siempre me pareció curiosa esta pareja. Bellatrix estaba enamorada de Voldy, así que realmente no sentía nada por Rodolphus. ¿Pero qué hay de él? ¿También se casó por mantener un respetable matrimonio? Como no se sabe si murió durante la guerra o escapó, o fue encarcelado o qué… bueno, me aprovecho un poco de los pequeños detalles no especificados de J.K. Rowling. XD

No sé… me gusta Rodolphus. MUAJAJA. Es más, les daré una pista pequeña: ¿Quién mató a su esposa…? Nos acercamos más y más al por qué de toda esta historia…

¡Gracias a Goanago, Acantha-27, Xonyaa-11, Violet Stwy, IwouldratherbeaDreamer, Siosek Mayfair, Kasandra Potter, Tannia y a Kawaiigirl por cada uno de sus reviews!

¡Saludos y bonita semana para todos!

¡Por cierto! El nombre de este capítulo "Saudade" es una palabra de origen portugués que "…da nombre a una emoción difícil de precisar, próxima a la melancolía, estimulada por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia." Me gusta.