*Caítulo editado*

Advertencia: Fluff


13. Patrimonio nacional

Martín, como era casi de suponerse, no se percató de ello al principio. Era claro que el argentino seguiría con su vida tal y como era, sin notar que había algo en su actitud que realmente estaba comenzando a frustrar terriblemente a Miguel. Y es que...

-Ahh, vamos, Manu, no seas tan aburrido... -decía Argentina mientras le picaba un cachete a Chile para molestarlo, con un brazo alrededor de los hombros de Manuel.

Julio pegó asustado un salto al sentir que alguien a su lado rechinaba los dientes peligrosamente. Ahm, sip, era Miguel el que hacía ese ruido y es que estaba algo molesto...

Sin más se puso de pie y se largó del lugar, sin importarle el hecho de haber sido algo (demasiado) obvio con sus celos, tanto así que hasta Argentina tuvo que notarlo. Martín miró sorprendido a Julio, quien solo se encogió de hombros y alzó las manos en un gesto de excusarse a sí mismo. Dando un suspiro, Martín se vio obligado a ir en busca de Miguel, quien ya estaba camino a su casa.

-Che, Migue, ¿pero por qué te vas tan rápido y sin despedirte de mí?

Miguel sólo soltó un bufido.

-Ándate, ¿qué quieres? Mejor regrésate con Chile y no me vengas a joder a mí...

-¿Eh? ¿Y ahora qué he hecho? Ah, vamos, si solo estábamos tonteando un poco, che -respondió Martín, sintiendo obviamente que tenía la completa razón, cosa que no hizo más que enojar aún más a Miguel.

-Entonces lárgate a seguir tonteando con él, gaucho estúpido -le espetó, dándole otra vez la espalda-. Y no me busques a mí si ya tienes al idiota de Manuel.

Pero Martín lo detuvo, restringiéndole el paso sin mucha dificultad.

-Vamos, ¿En serio crees que me interesa tener algo de Manuel? –preguntó de manera casi melosa y abrazándolo por detrás.

Miguel alzó una ceja.

-¿Preguntas en serio? –dijo con sarcasmo, tratando de herir a su pareja.

Argentina sin embargo tenía demasiado ego como para siquiera notar el intento de Perú.

-Oh, ya que va, Migue, sabés que no tengo interés en Manuel... si él es solo un gruñón y yo...

-Tú eres mío –completó Miguel con una gran sonrisa, cosa que por un momento dejó frío al argentino.

-¿Eh? –balbuceó y Perú sonrió aún más.

-Eso, como lo oyes –rió seguro de sí mismo-. A partir de hoy te declaro patrimonio nacional del Perú.

Tema zanjado.