R e s i l i e n c i a

Capitulo XIII: Circunspección.

Tell me you love me, come back and haunt me.


Ya llevaba casi diez minutos en el mismo lugar y al igual que sus movimientos, las ideas continuaron en un repetido orden monótono, casi tan seguido como contar las tablas de multiplicar. Videl no se dio cuenta de ello hasta que alguien tocó su hombro y le señaló con una sonrisa tímida que deseaba ocupar el teléfono. Parpadeó dos veces y bajó la mano, aún apoyada en el auricular colgado, con una sonrisa falsa en los labios, para retirarse de forma pacífica y pausada.

—Eh, disculpe.

La chica giró momentáneamente hacia atrás al escuchar las palabras, antes de bajar el primer escalón, un niño de unos diez años le señalaba con la mano la tarjeta de llamados que había usado momentos atrás.

—Se le cayó esto —continuó, entregando el objeto en las manos de Videl, quien pensó inmediatamente el mejor no haberla comprado nunca.

—Gracias.

Volvió a descender las escaleras sin volver la mirada, en realidad, no estuvo segura incluso si el niño había sido hombre o mujer. Desechó la idea de inmediato para recordar su recurrente falta de atención y no tropezar con alguna pequeñez.

Al llegar al nivel más bajo, se ajustó los guantes con el semblante parco. Nunca imaginó que la temperatura descendiera a niveles grotescos, y menos que bajo plena tarde incipiente, la helada le calara los huesos como no lo sentía hace años. Levantó el cuello del abrigo y caminó hacia el auto estacionado en las afueras del almacén y volvió a preguntarse por décima vez como era posible que el puesto de abastecimiento más cercano se encontrara a unos dieciséis kilómetros lejos de la casona de Lime, y lo que es más, que éste no tuviera buena mercancía ni para subsistir ellos mismos.

Entró al automóvil suspirando y se sentó en el asiento del copiloto con una soltura dura, el frió no dejaba ni siquiera moverse con fluidez. Intentó entibiar su cuerpo, al menos hasta que encendieran el motor y por consiguiente la calefacción. Su ex aún seguía comprando y dudaba que saliera de allí luego. El anciano que atendía insistía en repetir en voz alta cada palabra de lo que él le pedía; y si a ella le había costado minutos obtener solo una tarjeta de llamados, Gohan saldría de allí en un buen rato más.

Videl se hundió en el asiento para descansar la espalda, quedando frente al reloj que marcaba las seis de la tarde con diez. Ni si quiera le tomó la importancia debida y se resumió a esperar la llegada del saiyajín en silencio. Al lado del reloj, y en un intento de distracción, la billetera de Gohan parecía llamar su atención con suavidad. No un sentimiento de curiosidad, ni menos de investigar algo ajeno, pero le pareció extraño que estuviera allí simplemente, siendo que su acompañante había ido a comprar.

De seguro ha sacado el dinero antes...

Intentó alcanzarla con los dedos, pero solo logró que cayera al suelo sonoramente. Videl se incorporó y contempló como los documentos la saludaban desparramados en la alfombra del coche.

—Demonios...

Tomó la billetera y comenzó a guardar en un orden frenético todas las cosas que encontró, no escatimó en nombres ni colores, boletas de recibo, números de teléfono, mensajes y otros papeles los cuales no discriminó en doblar. Mientras veía su cédula de identidad, identificaciones universitarias y más cachivaches de la índole, se preguntó como la billetera podía contener tanta información pendiente. Todo iba bien hasta que sus dedos no pudieron doblar en partes cierto papel, lo intentó dos veces, hasta que decidida a saber que era, un par de fotos aparecieron frente a sus ojos extrañados y manos dubitativas.

Las giró tres veces hasta encontrar la verdadera posición, y mientras fruncía el ceño y giraba milimétricamente la cabeza a un lado, se realizó de lo que poseía. La primera fotografía era de su familia, al parecer perteneciente a la fiesta que se había hecho a fines de la batalla contra Majin Boo. Gokú y Chichi abrazados, Goten sobre los hombros del sonriente padre y Gohan al lado de su madre con las manos en los bolsillos.

Era un retrato hermoso, y aunque fuese una pose planificada, consistía en un recuerdo valioso. Videl volvió a sentir aquella sensación de felicidad ajena, esa de vislumbrar a su ex novio junto a su familia al fin reunida y completa luego de años de complicaciones y hechos ya olvidados. Sí, era un recuerdo hermoso.

La segunda foto se deslizó por sus dedos con timidez. Era como si ella misma la hubiera llamado a aparecer para dejarle los pensamientos indómitos más revueltos de lo habitual. Porque Videl la reconoció de inmediato. Su cuerpo dio cuenta de ello. El escalofrío que la recorrió, y las mismas pupilas que se dilataron frente a la fotografía.

Otoño del año pasado. Minutos después de una aburrida y tediosa charla universitaria. Ella y Gohan caminando. Frío desmesurado. Constantes abrazos y roces inquietos de palmas. Deseos incipientes de pasar una noche juntos. Palabras poco concretas. Ojeadas íntimamente idílicas. Ademanes de control. Una cabina de fotografía instantánea en serie. La primera, de morisquetas. La segunda, de risas. La tercera, de miradas silenciosas. Y la cuarta, un beso.

Videl levantó la cerviz. Los recuerdos pertinaces le llegaron tan claros como el agua. Ella ni siquiera los llamó. Y ahora estaba segura de que una línea rosada le cubría el rostro. Había algo distinto, eso sí. Las reflexiones inmediatas ya no la sorprendían. A estas alturas, —y en especial, las últimas horas junto al saiyajín— recordar sucesos como esos era más fácil que respirar.

Lo vio dirigirse hacia el auto con las manos ocupadas y un ademán apresurado. Videl guardó rápidamente la foto en su lugar, pasando su mano por el rostro para quitar los cabellos que caían sobre la frente, dejó la billetera en un lado despejado que encontró al azar. Vio como Gohan abría el compartimiento trasero guardando bolsas y cajas, y entraba al auto sobando sus manos seguramente congeladas.

Al cerrar la puerta y dejar un silencio hueco dentro del automóvil, la mujer notó como él procedía a descansar su cabeza en el respaldo con un suspiro que pareció provenir de su alma. Nadie dijo una palabra, el saiya se quitó el abrigo y procedió a encender el motor con una lentitud explícita. La muchacha supo inmediatamente su extenuación, pudo sentirlo como si fuera propio. Ya sabía hace muchos años que Gohan tendía a volverse más serio de lo habitual y más autocrítico al momento que el sueño o el cansancio lo alcanzaban, ahora si bien, no se lo preguntó, todo fue evidente al momento en que le vio volver a suspirar con los ojos cerrados y arrancar el auto sistematizadamente.

—¿Conseguiste lo que buscabas? —Videl se atrevió a hablar. A estas alturas no tenía idea de como enfrentarlo, ni menos paciencia para concluir una buena intromisión.

—Al menos, lo que necesitaba. —Gohan encendió el aire acondicionado, casi ausente y distraído, a lo cual la mujer solo volvió a acomodarse humedeciendo sus labios, dando media vuelta hacia el vidrio con un sabor extraño. No sabía darle un nombre a lo que sentía ahora, solo sabía que el llanto de ayer había aliviado poco la tensión acumulada en el cuerpo. Ya hablarle de frente le producía un sentimiento inefable, y no deseaba verle directamente a los ojos, pues creía que se empequeñecía de pronto y que sus reflexiones más profundas podían ser arrebatadas.

"Dr Hisashi... ¿Está mi padre por ahí?"

El llamado al hospital hace unos minutos atrás tampoco había ayudado demasiado, con las baterías del celular descargadas, el cargador mismo en Satán City y un sueño de mal pronóstico, la ansiedad y los presentimientos solo se habían acentuado.

"Lo siento, ahora mismo está en sesión de hidroterapia, me es imposible comunicarle..."

No había podido dar con él. Menos con la oportunidad de expresarle su preocupación y estado. Era irónico. Tendía a evitar a hablar de sí misma con él, y cuando le necesitaba no podía encontrarle. Vaya lío.

"Pero... ¿Está bien?.¿Cómo ha resultado su tratamiento?"

"Progresando, de hecho, hoy ha recibido un par de visitas, algo extravagantes..."

"Oh... Ya veo... ¿Puede caminar?"

"La reconstrucción fisiológica ha ido muy bien, solo... Le he visto un poco cabizbajo. Pero no se preocupe, es propio de estos sucesos. Caminar es algo vital, y ya ve usted... Cuando uno pierde, aunque sea por momentos, algo que dio por hecho toda la vida, puede deprimirse..."

Ahora que lo pensaba bien, lo que en un principio hubiese evitado, ahora le pesaba enormemente. Era obvio que la última vez que le vio, no había dejado una buena impresión de recuerdo, pero eso no evitaba que ahora le preocupase de una forma constante. Cierta vez había escuchado por ahí que los problemas o líos de una persona ajena, pueden desembocar en una inquietud propia o lo que es curioso, continuar contagiando también a los demás.

Videl tocó su antebrazo y pudo sentir la esperada repercusión, aún le dolía, y aunque fuese en menos grado e hinchazón, no le pasaba desapercibido. La cabeza comenzó a dolerle, y la necesidad de ver a su padre frente a ella aumentó. Se sintió pesada, con las articulaciones adoloridas y los hombros fijamente tensos. No pudo evitarlo. Aunque fuesen pocos días, estaba hecha polvo. Tomó una posición distinta y sobó sus ojos buscando claritud. Vio un par de casas adornando el camino, unos niños corriendo tras un perro y un par de caballos. A simple vista, ninguno de ellos afectado por el frío. Todo lo que pudo experimentar en sí la llevó a saber que sencillamente se sentía angustiada y con poco que decir.

Volvió a contemplar a Gohan y a notar su cansancio efervescente en los ojos. Se abrazó a sí misma inclinando las cejas, con la sensación presente de un nudo en la garganta, del estómago vacío y la boca agridulce. ¿Qué le decía ahora?. ¿Preguntarle el porqué de su cansancio?. Ella lo sabía muy bien. Había cuidado a Lime sacrílegamente, preocupado por la hinchazón exacerbada de ciertas picaduras que podían derivar en una reacción alérgica.

Algo afloró en su mente con melancolía.

Se vio a sí misma en un mundo seguramente paralelo, en el mismo auto, tocándole la frente, cruzando dos palabras cortas, mirando sus ojos que pedían a simple vista unas palabras de cariño. Se lo imaginó así, sin más y con tristeza. Era incapaz de maquinar la intención en la realidad, por absurdo que sonara. Vergüenza, comodidad, dudas, recelos, ambivalencia. Como fuese. Se sintió muerta. Incapaz de darle un simple apoyo transparente. Además de la impotencia, aún una fuerza interior se negaba a claudicar y solo resultaba frustrante.

Todo se mantuvo igual hasta la llegada. Videl se resignó a la idea de su cobardía y de que Gohan ya estaba indiferente a la situación de ambos. Se quedó ansiosa, sin algún modismo o acción que presentar. Salió del auto a la par del primogénito Son quien sustrajo paquetes del compartimiento lentamente. La chica le esperó a sus espaldas con las manos estiradas y la piel encrespada por volver a sentir la helada.

—Videl.

La aludida levantó el semblante expectante, aguardando alguna oración, pero Gohan solo le entregó una bolsa ligera con las manos azuladas de frío. No cruzaron miradas. Era obvio. Luego de lo de ayer y mezclado con el día de hoy, la tensión e incomodidad habían crecido resumiendo el contacto en tan solo palabras sueltas. El semisaiyajín continuó.

—¿Puedes entregarle esto a Lime?. Ella ya sabrá que hacer... —la hija de Mr. Satán miró el contenido rogando un coloquio algo más explícito entre ambos, entonces Gohan volvió a hablarle— Siento no haberte preguntado antes. ¿Cómo están tus picaduras?. Ayer me quedé un poco preocupado.

No. Aún no se miraban. Ni tal vez lo harían hasta tiempo después. Videl maquinó una sonrisa forzada con la cabeza baja, mirando la bolsa detenidamente.

—No... No te preocupes... Estoy bien. Akemi me ha ayudado en la mañana a curarme, no es necesario que te molestes.

Gohan no respondió, respiraba pausadamente, ni siquiera anunció la retirada, dio la vuelta y comenzó a caminar.

—Gohan. —al fin habló; el chico giró despacio e ido. Parecía que no estuviera allí— Donde... ¿Dónde estarás?

Le interrogó por una preocupación transparente. Aunque no pudo materializar lo que sentía, era imposible no sensibilizar o mostrar una actitud ligera. El saiya se devolvió sobre sus pasos con una mano en los bolsillos y la otra cayendo a su lado.

—Sólo... Tomaré un poco de aire.

No insistió más, pues no supo que otra pregunta llenaría por completo su inquietud de mujer. Apretó los puños asintiendo, sintiendo la primera brisa de la noche que erizó su piel y movió sus cabellos. Le contempló irse, con un andar superficial, con los hombros tensos, dándole la sensación que desaparecería en cualquier momento.

La última vez que sintió la imposibilidad de reconocer qué ocurría más profundamente, fue luego de la batalla de Majin Boo... Hace siglos atrás, donde lo que fue una amistad fuera de lo común, pasó a ser su propia historia de enamoramiento. No lo detuvo, giró con la bolsa plástica en la mano, lamentando el no haberle visto los ojos ni haberle tocado siquiera la espalda.

El céfiro volvió a caer. Videl cerró los ojos por un momento, percibiendo como ahora su pecho se oprimía ligeramente. Si bien, ya estaba segura que él seguía dentro de ella de forma sentimental, no sabía como llevarlo a la realidad. Mientras caminaba hacia la casona, se sintió débil e indecisa. Ridícula, por supuesto, y pastelosa. Tal vez la respuesta consistía en correr tras él y decírselo a la cara, tal vez la respuesta era evitar el contacto para no agravar la situación, o tal vez la respuesta era simplemente dejar que el adagio continuara y permitir morir todo esto de una vez. Tal vez...

Frente al dormitorio de Lime, tocó dos veces, aún sujetando la bolsa y con la imagen de Gohan irse de hace minutos atrás.

—Soy Videl.

—Entra.

Abrió la puerta con disimulo y pasividad. Tenía la impresión de haber irrumpido un sueño profundo o sencillamente molestar.

De pie y con una mueca extraña, Satán se quedó un buen rato mirándola. No supo porqué, pero al contemplar a aquella chica entre frazadas, con una manta de crochet a espaldas, una taza de te humeante entre manos, el cabello tomado en una simple cola, sentada en la cama sonriente y expectante, no supo con certeza que decir. Se mantuvo estupefacta, sintió como su mente traía en armonía un recuerdo. Una especie de imagen dulce, con aromas y sabores que pudo recordar con exactitud. Canela, lana, un ambiente quieto, fragancia femenina, vendas, una ventana reflejando un rayo de luz con polvo ambiental, colores tenues, una cama grande y una sonrisa acogedora de madre. Si. Videl creyó volver al pasado abruptamente, a ver a su progenitora en sus últimos días, y a ella misma, de cortísima edad, apoyada con su mano en el marco de la puerta, con los ojos curiosos de ver a una mujer en la cama que decían ser su propia madre, aquella de las manos suaves, la de la voz dulce, el cabello oscuro y largo cayendo en sus hombros, poseedora de esa fragancia a manzanilla que tan bien podía recordar.

Todo pasó en una fracción de segundo, en un pestañeo veloz donde la muchacha pudo ver y sentir aquel momento pasado tan claro como el agua y, al igual que en aquella situación anterior, continuaba de pie en la entrada, inestable emocionalmente.

"¿Qué ocurre, mamá?"

—Gracias por las medicinas, Videl... —Lime interrumpió en voz baja, dejando la taza de te a un lado, concentrándose en el vaivén de la bolsa plástica que una ensimismada Videl, estaba a punto de dejar caer.

"No es nada, mi niña... Solo que... No me he sentido muy bien..."

"Papá dijo que vas a morir... ¿Es cierto mamá?"

La heredera al trono Satán no pudo más que sonreír a la nada. Se acercó a Lime por inercia sin ver la realidad, solo recuerdos que luego de años, comenzaban a correr hacia ella con la libertad deseada desde hace mucho tiempo. Se acordó incluso de un abrazo cálido e íntimo, donde ella aún cabía en sus brazos maternos, y las manos lisas le acariciaban el rostro con un candor propio de una relación matriarcal.

"Mami... Lo he estado pensando de verdad... Y no quiero que te vayas y nos dejes solos a mí y a papá... Aún debemos comprar las cosas de la escuela y sabes que a él siempre se le olvidan mis lápices de color..."

Risas. Sí. Una risa hermosa recordaba. Una bata aterciopelada de color crema. También unos ojos negros y una nariz respingada.

"Hija... Yo jamás te dejaría, ni a ti, ni a tu papá..."

"Pero... Si te vas de veritas... ¿Dónde podré encontrarte?"

La melancolía comenzó con un vacío en el pecho. Todo se hizo difuso, y un nudo en la garganta le acortó la fluidez de la respiración.

"Donde siempre he estado, mi pequeña..."

Videl se sentó en la cama con las cejas inclinadas, se pasó la mano por el rostro, indiferente a la mirada de Lime, quien confundida no supo que decir y por último tragó saliva sintiendo su rostro enrojecer. Aquella mujer de sus recuerdos le había tocado su pecho mientras le hablaba, con una especie de amor que no lograba comprender ni comparar. Era tan distinto, tan distinto, que dolía solo pensarlo.

"... Aquí..."

Tacto, roce, caricias. Una presencia poderosa y tibia, distinta, lo más cercano a una felicidad veraz. También aquella mujer le había señalado su frente con los dedos finos, quitando cabellos y captando una atención ya arraigada.

"En tus sueños..."

Ese ser, ese aroma, esa silueta no eran de otra persona más que su madre. La había visto vivir y fallecer frente a sus ojos. Todo, todo era más nítido.

"En cualquier momento que cierres tus ojitos y desees verme, estaré..."

Videl sintió un profundo vestigio de tristeza. La recordaba. Estuvo con ella. ¡La recordaba!.

"¿Verdad?. Mamá... ¿Me lo prometes por Lin?"

"Así es, lo juro por tu muñeca..."

—¿Estás bien, Videl?

"Pero mamá... ¿Sabes?. Prefiero tenerte así..."

La hija de Mr Satán giró con un par de lágrimas en los ojos, simple designio de sus memorias traídas a la luz.

"Yo también, mi pequeña ojiazul... Yo también..."

—¿Te sientes bien? —Lime volvió a interrogar con una mano sobre los hombros de la joven. Ella asintió, sobando sus ojos con la manga del sweter.

—No es nada... Me pareció recordar algo que creía olvidado y erradicado de mí... —juntando las manos en el centro, Videl observó a su acompañante con una sonrisa verosímil— No te preocupes, ya estoy bien.

Lime curvó los labios haciendo que un pequeño hoyuelo apareciera en su mejilla. —Solo espero que yo no haya sido la causa, tan horrible no soy.

Soltando un bufido pequeño, Satán retrucó. —No, por dios... Solo, me ha intrigado mucho el verte así. Mal que mal, ha sido mi culpa.

—Videl... Que no es tanto, Akemi ya me ha ayudado con algunas picaduras que tengo, pero lo de la cama es solo mera pereza. Es un día ideal para quedarme así...

Videl iba a retrucar con frescura, cuando Lime la detuvo sacándose un cabello de la frente. —¿Dónde está Gohan?. Akemi me dijo que ambos habían ido al almacén...

Ojalá supiese donde verdaderamente está... —Supongo que en el establo, caminando.

—Vaya, hoy se levantó muy callado... Creo que no ha dormido bien.

¿A quién mentía?. Ella conocía al revés y al derecho la razón. Si no hubiese ocurrido lo de la noche anterior, todo hubiese continuado exactamente igual y distorsionado que antes. Ambas se quedaron mirando un buen rato, Satán volvió a centrar su mirada en el suelo inquieta, habían muchas cosas que podía hablar, pero nada le parecía conversable. Lime en tanto, puso una de sus manos sobre las de la chica y volvió a hablar pausado.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Videl no respondió, cerró sus ojos suspirando, para abrirlos nuevamente y girar su rostro, contemplando a aquella fémina de ojos ahora semi castaños.

—¿Hablaste con tu padre?

—Lo intenté, aunque no pude contactar con él...

—¿Y, cómo está? —Lime agregó con interés, al parecer, por el brillo de sus ojos, algo se traía entre manos.

—Me han dicho que bien, pero... —Videl se acarició el hombro en señal de preocupación— No lo sé...

Sacando un par de frazadas de encima, Lime salió despacio de la cama y se situó al lado de su acompañante mirando el cielo. Lo hizo sigilosamente, de hecho, en un abrir y cerrar de ojos estaba a su lado con la espalda erguida y la manta a crochet cubriendo sus piernas.

—Si me permites decirlo, Videl, desde que estás aquí, omitiendo otras cosas sin importancia —sonrió— siempre te he sentido ciertamente tensa... Y vaya, tengo que decirte que desde que estoy en este lugar, eres la primera a la cual nunca he logrado quitárselo.

En contra del pronóstico, ambas esbozaron una risa al unísono, pero Lime continuó junto con un suspiro, que pareció preparar lo siguiente.

—Y creo, que además de tu padre, una de las causas ha sido Gohan.

Videl giró su cabeza y no pudo sorprenderse. Y no por que ella ya supiese toda la maraña, más bien por su actitud sencilla y sin rodeos que ahora demostraba sutil.

—No soy quien para decirte que hacer, ni menos analizar la situación... Pero creo que es ahora el momento.

Frunciendo el ceño, la chica de ojos azules no insistió en preguntar el qué, Lime quitó una pelusa de su brazo e hiló las mismas palabras que había dejado pendientes.

—Tienes que aclarar de una vez todo lo que ocurre en tu cabeza, de otra manera acabarás rendida...

—Lime, yo ya lo he in...

—Debes dar vuelta la página, en otras palabras, decidir lo que haya que decidir.

Videl no volvió a retrucar y su acompañante tampoco moduló algo a continuación. Notó su corazón palpitar de una manera marcada y sus manos sudorosas. No había otro motivo, siempre llegaba a lo mismo, Ireza y su padre se lo habían intentado ya comunicar también, tan solo era ella el objeto pertinaz.

—Lime, no sabes cuantas veces yo...

—No importa lo que hayas hecho antes. Lo que importa es que vuelvas a estar serena. ¿No crees?

Sí. Por dios que lo creía. Todo evocaba a eso, encontrar una calma similar a ya no pelear contra lo mismo. Videl posó una de sus manos sobre la rodilla y la otra la pasó por el cabello, acabó colocando el dedo índice y pulgar en el entrecejo e imaginó la situación. Debía ser sincera y encontrar un modo de escape donde ya no le hiciese daño a nadie.

—Toma. —Lime abrió un cajón del velador sacando una llave del fondo, la tomó y la depositó en una mano de la joven.

—¿Eh?

—Segundo cajón a la derecha del lavaplatos. No sabes cuanto nos cuesta dejarlo a mí y a Akemi, pero que va, tal vez te suba el ánimo.

La aludida miró la llave con discreción para guardarla posteriormente dentro de su puño cerrado. No tuvo idea a que se refería, pero no quiso preguntar, al revés, se puso de pie e inspiró despacio.

—Gracias, Lime... yo...

—No te preocupes.

—No, no es eso... Cuando entré a esta habitación y te vi... Me recordaste a mi madre. —Videl juntó sus manos en el centro por segunda vez y bajó la mirada, por algún motivo, le era extraño y difícil hablar del asunto.

—¿Ah sí?. ¿Tan adulta parezco? —Lime sonrió, cruzando una pierna, su acompañante rió en respuesta.

—No, dios... Hay muy pocas cosas que me recuerdan a ella. Es más, tengo muy vagos recuerdos de mi niñez, y el acordarme hoy ha sido algo... Especial. —la chica de cabellos castaños iba a responder vehemente, cuando Satán le interrumpió— Lo único que quiero decirte es... Que agradezco mucho tu hospitalidad y lo que eso ha conllevado.

Lime esbozó una sonrisa amplia y luminosa, cruzando sus brazos y entregando un suspiro al ambiente. Al parecer, prefirió omitir la respuesta anterior para solo asentir moviendo una mano indefinidamente.

Al salir de la habitación y cerrar, Videl apoyó su espalda en la entrada. Inspiró profundamente y miró hacia el frente, caminando por el pasillo hasta llegar a la sala de estar donde no encontró a nadie. Se dirigió con las manos en los bolsillos a la cocina, buscando con la mirada aquel lugar que Lime le había señalado. Ahí estaba, un cajón medio escondido, casi desapercibido y pequeño, que solo sacaba a relucir una cerradura dorada antigua, que calzó perfectamente con la llave semi oxidada.

Al abrirla y hurgar en el interior, la muchacha se sorprendió al encontrar variadas golosinas a simple vista, de alto valor, chocolates para el té, bombones de licor, uno que otro paquete y finalmente, al fondo, un tarro medio vacío de café. Cuando lo tuvo en sus manos, simplemente no pudo creerlo y se quedó mirándolo al menos unos minutos con una risa pegada en los labios. ¡Era café!. Hirvió agua y colocó una taza en la mesa más cercana, abrió el tarro y no pudo resistir las ganas de meter un dedo en el interior y llevárselo a la boca. Era una delicia.

Recordó su primer café de angustia, en aquel lugar escondido en Satán City, donde había encontrado a Goten y a Marron juntos, disfrutando una tarde de lluvia otoñal. ¿Acaso habría pensado en ese momento todo lo que ocurriría después?. Seguramente no... Allí estaba preocupada de su depresión y el evitar a un Gohan que llegaría a su vida minutos después.

El agua hirvió sonoramente, Videl se incorporó de inmediato para apagar la tetera humeante y de paso, servir en su tazón ya preparado una buena cantidad de líquido. Cuando el aroma llenó la habitación, la chica soltó una carcajada ridícula que no pudo controlar, con una sensación idéntica al reencuentro culinario más exclusivo que algún día pudo consumir. Acercó su nariz e inspiró juntando las cejas, aún sonriente.

Gohan había llegado aquella vez sin más misterio que la propia aparición misma, de regreso luego de días de la ruptura, con la misma apariencia, pero esta vez con algo pendiente que la traería hasta acá. Tomó un sorbo apresurado que quemó levemente sus labios, lengua y garganta, pero que no dejó más que un sabor de deliciosa amargura.

—Son Gohan...

La muchacha apoyó su cabeza en la mano, tocó un ritmo indescriptible con el índice sobre la mesa e intentó visualizar al chico al frente, con su usual puesta, su presencia eternamente especial y aquellos ojos que la perseguirían siempre. Si bien sentía algo explícitamente idílico, aún habían cosas que no lograba comprender. Él le había dicho que había vuelto a recuperarla, que había estado confundido, pero aún no lograba unir aquellos sentires con el hecho mismo de la separación. Ese día ella había acudido a él con las ideas dolorosas emergentes, se las había planteado, pero Gohan no la había detenido.

Era increíble que luego de todo aún quedaran cosas que plantear, especialmente el hecho de hablar con su padre cuantas vueltas le había dado a su relación con él. Con otro sorbo, Videl sintió la urgencia de plantear el tema o al menos darle una solución clara y temporal.

Aunque sus manos desnudas ardieron al tomar el tazón, la heredera Satán salió hacia afuera por la puerta principal para observar la noche que ya había caído hace unos momentos atrás. Todo lucía extremadamente quieto, con el constante ronroneo de grillos invisibles en la distancia, la brisa helada y el cielo cubierto de nubes translúcidas y estrellas. Cayó sentada en el sillón colgante y dejó la taza en la baranda. No tardo mucho en sentir frío, pero no tuvo ganas de regresar al interior. Toda la circundancia gozaba de una tranquilidad que nunca hallaría en la ciudad. Volvió a asemejar el ambiente con el del Distrito 439 del Este. Así, con esos matices oscuros y tímidos trazos de luz de luna, todo se parecía más a las noches en el hogar Son. Tomó el tazón y bebió otro sorbo mientras reclinaba la espalda. Si algún día le tocaba decidir un lugar para vivir toda su vida, sería algo como esto.

Un sonido hizo ascender la mirada de la muchacha en forma chispeante, al parecer alguien se acercaba desde el patio trasero sin deseos de ocultar su posición. Primero murmullos, luego palabras fielmente hiladas. Todo se hizo más claro al momento de vislumbrar dos personas y un caballo caminando hacia la entrada.

—Videl... —Akemi apareció entre las sombras, abrigada con un grueso sweter de lana que le llegaba hasta el cuello y las manos que permanecían de forma intransigente en los bolsillos. Gohan se hizo ver segundos después, sujetando con una mano las riendas del caballo, negro como el mismo cielo, casi inconfundible. A diferencia de la mujer, el saiya solo traía consigo un polerón y camisa, lo que no extrañó en nada a Videl. Hace muchos años había aprendido que el primogénito Son poseía un termostato envidiable, dotándolo de una capacidad de ir y regresar, si él lo desease, del mismísimo ártico con solo una camiseta puesta.

—Hey... —en respuesta, la muchacha se incorporó, dejando la taza en el barandal y bajó las escaleras con los brazos cruzados en el pecho— Ignoraba que estuvieran por aquí...

—Yo solo había salido a alimentar a los animales. —Akemi agregó, acariciando al caballo— Acabo de toparme con este muchacho en el camino... —miró a Gohan que seguía de pie con las manos en el pantalón y una mirada discreta.

Videl dejó caer su vista en el hombre, observándolo a los ojos por primera vez desde su último encuentro en la tarde. No supo explicarse, pero lucía algo diferente, al menos el cansancio no se describía en su aspecto, es más, hasta lucía más tranquilo. —¿Saldrán a cabalgar?

La mujer del delantal dejó caer un bufido sonriente y giró la cabeza a ambos lados. —No, dios... Con este frío no alcanzaría a llegar sin todo entumecido.

Asumiendo que Gohan sí lo haría, Videl habló a Akemi con una voz simple. —Ya veo... ¿Puedo ayudarte en algo adentro?

—Noo... No te preocupes —movió las manos, produciendo al mismo tiempo un vaho en su alrededor— Ahora me voy a la cama, es más, podrías dar una vuelta... La noche está muy bella. ¿Verdad, Gohan?

El chico ya había montado el caballo de manera silenciosa, ahora le acariciaba el lomo concentrado. Al escuchar las palabras de Akemi, frunció el ceño con una sonrisa en los labios y miró posteriormente a Videl que seguía de pie con los brazos cruzados. —Por supuesto, es una noche hermosa.

Satán contempló como ambos la miraban directamente, y no dudó en retrucar. —¿Montar?. ¿Ahora?... Yo... Hace mucho tiempo que no he cabalgado, de hecho, no sirvo para estas co...

—Será divertido, ya verás que lo más sencillo es subir. —Akemi se había movido ágilmente y ahora se encontraba detrás de Videl, con sus dos manos sobre los hombros de la joven, que se sintió pequeña frente al animal.

No era mentira. Si de algo no podía jactarse, era de su habilidad de montar caballos, tragó saliva y avanzó hacia el equino sudorosa y dubitativa.

—Pon el pie allí. —Akemi le señaló uno de los estribos de la montura con un dedo y Gohan ofreció su mano desde la altura, sonriente.

—Dame tu mano. —el semisaiyayín habló claramente. Videl olvidó acordarse si ya había accedido a hacerlo o qué. En un arranque de valentía inexplicable, aceptó el gesto y pegó un salto efervescente y desordenado al caballo, que ni se inmutó ante el movimiento.

—Eso es —Akemi dijo entre risas. La chica lucía arraigada a Gohan como un koala desesperado, media despeinada y asustada, aún un poco chueca y sin poder relajar las extremidades— ... Yo, ahora vuelvo a la casona, de seguro Lime ya me necesita. Cuídense.

Gohan asintió tomando las riendas con fuerza, girando el animal para comenzar a andar. Videl inspiró deprisa, sintiéndose literalmente ridícula y asustada a una cosa que según lo normal, debería ver como algo mínimo. Cuando sintió al caballo moverse entre sus piernas, no pudo más que respirar pausado, para no lucir como un payaso frente al chico y a la misma Akemi que los despedía para luego desaparecer tras la puerta.

—Tranquilo... —el muchacho habló al animal moderando el trote, carraspeó y procedió a tomar un sendero que se internaba en una planicie.

Ya más calmada, Videl se preguntó cuantos caminos y paisajes más tendría este lugar. Ahora mismo no tenía idea de donde se dirigían, ni menos como podrían regresar. Los sentimientos amainaron y pudo soltar a Gohan con más libertad, para contemplar el alrededor mejor, y de paso no continuar con las uñas casi incrustadas en su pecho.

Admiró un nuevo ambiente desconocido, supuso que su acompañante había tomado una ruta paralela, pues aún continuaba viendo el río a unos metros más allá. No había ninguna luz más que de la luna, y no se podía despreciar el efecto de las aguas corredizas y las sombras que producía sobre unos abetos.

El caballo relinchó despacio, Videl se ubicó más cómoda que momentos atrás y suspiró largo. Su ex había tenido razón, era una noche hermosa. Descansó su vista en el cuello desnudo del chico y volvió a concluir que de espaldas siempre luciría más misterioso y atractivo que nunca. Él no daba señas de nada, pero tal era el silencio, que la muchacha pudo adivinar por su respiración que seguía cansado a pesar de todo. Se cruzó de brazos, apostando por el equilibrio e intentando entibiarse a sí misma, no por algo ya estarían luego en invierno. Rozó con sus manos el lomo del animal y pudo sentir uno de sus músculos danzando bajo la piel suave y activa.

—Es... Un caballo muy tranquilo —opinó a murmuros— ¿Es el mismo de la otra noche?

—Sí... Es el caballo predilecto de Lime. Se llama Aldebarán.

"Aldebarán" repitió Videl en sus adentros. Hace mucho que no escuchaba un nombre tan fuerte. Ahora que lo pensaba bien, no le había visto detalladamente aquella mancha blanca en la frente días atrás. Tal vez todo se debía a la misma oscuridad de la noche.

—¿A donde vamos? —Satán preguntó inspirando con fuerza, el aire era limpio y fresco.

—No lo sé... Solo estamos rodeando el lugar, todo está muy húmedo para bajar.

La muchacha asintió para sí, hace días esperaba una lluvia gruesa y ruidosa, pues todo conspiraba a ello. El clima parecía jugar entre estándares distintos, a veces frío, muchas veces caluroso, en fin. Nada de una vez decidido y que zanjara en definitiva el inicio de alguna estación.

—Quizás llueva esta noche... —Videl agregó mirando las nubes gruesas del cielo, quitó un cabello rebelde de su frente y contempló como Gohan también miraba en ascenso junto a ella, sobretodo en la curva de aquel cuello y hombro, dando la sensación de un espacio acogedor y sutil.

—Lime estaba muy sorprendida... Cuando estaba curando unas heridas de su cuello, me contó que en plena inconciencia sintió técnicamente que volaba por los cielos.

Videl alzó una ceja extrañada, pero en solo segundos captó la idea. —Oh vaya... De seguro se ha pegado un susto.

—Pues aún no parece creerlo del todo.

—¿Le dijiste algo?

—Noup. Pero de seguro ella sacará sus propias conclusiones al respecto... Yo ya he sacado las mías.

La joven giró la cabeza directamente a su acompañante con los ojos preguntones. —¿Eh?

—Has vuelto a volar. —Gohan dio vuelta de tal manera que pudo apreciarla de cuerpo entero— Esta vez soy yo el sorprendido.

Sonrojándose de improviso, Videl le enfrentó por un momento para luego apartar la mirada. —Yo... Ya sabes... Fue una emergencia.

El saiya rió despacio moviendo a ambos lados la cabeza. —No es eso... Me parece muy bueno que vuelvas a hacerlo, es un medio de distracción fantástico.

Pues de distracciones precisamente no andaba, la muchacha pensó. En aquel momento era la única vía de escape accesible y por sobretodo veloz. Estuvo a punto de responderle con una buena evasiva, pero no pudo lograrlo, el chico tomó la palabra.

—¿Recuerdas esos días antes del torneo de artes marciales?

La temperatura bajó aún más y Videl sintió sus dedos congelados, como el vaho salir hasta de sus narices. —... Sí.

—Estos paisajes se parecen mucho al lugar donde entrenamos. En verdad, hasta el día de hoy hay muchas cosas que permanecen igual... —ascendiendo la cabeza, la muchacha tomó con una mano el sweter de Gohan, comenzaban a bajar un camino bastante rocoso. No dijo nada y se mantuvo callada. El chico volvió a controlar la situación y a rodear una posa de agua, continuó— Pero creo que hemos cambiado bastante... ¿No crees?

Videl volvió a soltar las ropas del chico y cruzarse de brazos por segunda vez. Desde que habían roto su relación, eso era pensamiento de todos los días. Prefirió omitir ese detalle y ser más objetiva, incluso divertida al recordar personalidades de años atrás.

Inocentón adorable...

—¿Recuerdas el lío de las clases de vuelo? —Gohan volvió a hablar sonriente— Nunca pensé que pudiera llegar a enseñar esas cosas a alguien que no fueran mis conocidos...

—¿A una chica, dices? —agregando con voz burlona, la joven comenzó por primera vez a relajarse, él por su parte rió.

—No me subestimes, tal vez lo hubiese logrado más tarde... Solo hubiese necesitado algo de práctica.

Gohan bajó la mirada seguramente sonrosado, Videl no pudo asegurarlo, pero experimentó un sentimiento extraño, primero calma y luego...

—Ya ves... Ambos aprendimos muchas cosas.

... . La infaltable melancolía. Él tampoco parecía olvidar nada.

—Creo... Que luego de toda mi vida —la chica murmuró despacio para afirmar en voz alta— Yo ya he perdido mi capacidad de asombro con todo lo que me rodea.

—Nunca se debe perder la capacidad de asombro... Porque luego de ello, todas las pequeñas cosas pierden su encanto.

Videl se quedó por momentos incrédula. Era increíble pensar que un ser como Gohan aún podía sorprenderse a través de sucesos de la vida cotidiana. Él, mitad humano, mitad saiyajín, mitad hombre, mitad primate, capaz de destruir ciudades en un solo pestañeo, levantar urbes en los hombros o llevar la responsabilidad de cuidar el planeta tierra. Sí, era increíble.

—No entiendo muy bien...

Realmente no calzaba. Son Gohan había visto morir cruelmente a amigos y aún podía sonreír. Había visto fallecer a su padre frente a sus narices y aún podía esbozar un gesto amable. Había sentido el fracaso amoroso...

... y aún así, era capaz de volver.

Levemente sonrojada e ida ante las revelaciones de sus pensamientos, no pudo más que seguir escuchando las palabras pausadas, dulces, terapéuticas y consoladoras de su acompañante, quien tomó las riendas del caballo y cambió de rumbo.

—Tener por primera vez en mis brazos a Goten siendo un bebé; aquella instancia en las montañas mientras papá y Vegeta intentaban destruir a Boo, viendo ascender la energía de los humanos en dirección al planeta supremo; las tardes en los picos del sur, cuando Piccolo me dejó allí para aprender a valerme por mi mismo; el entrenamiento con mi padre en la habitación del tiempo... Son cosas que no olvidaría nunca y me hacen valorar aún más mi existencia.

Gohan omitió ciertos pensamientos íntimos que repasó en su mente con exquisitez y cierto sabor a felicidad que hizo que una sonrisa se cruzara por el rostro instantáneamente, como quien guarda algo con celo y conocimiento. Lo calló, pero como recordaba ciertas cosas...

Contemplar a Videl dormir.
Oler sus cabellos y deleitarse con el aroma de manzanilla.
Los momentos en Paozu Yamma cuando le enseñó a volar.
Sus ojos al momento de luchar por lo que desea.
Aquella risa furtiva, capaz de hacerlo entrar en un trance sereno.
Escucharla hablar de sus miedos más ocultos.
La entrega de ambos a un sentimiento nuevo.
Aquella tarde serena de Abril.
La primera vez que habían hecho el amor.
Su cuerpo frágil y desnudo bajo sus brazos.
Todo.

Sonriendo melancólica, la muchacha emanó cierta angustia por cada uno de sus poros, incluso al respirar. No podía ni siquiera recordar fielmente el rostro de su madre, menos detalles de su niñez que no fueran palabras, situaciones concretas, su padre, columpios y algún juego de palmas con una canción tarareada. El vaivén del animal la hipnotizó y se sintió intimidada y al descubierto. Sin poder estar verdaderamente conciente de lo que hacía, sus brazos rodearon al semisaiyajín por la espalda con sutileza, sin poder discernir si era un gesto de apoyo o algún sentimiento recóndito de su mente. No lo supo, pero lo hizo. Se encogió e intentó relajarse. ¿Qué era esa paz que sentía?. ¿La misma sensación que había optado por abandonar semanas atrás?

Gohan sonrió para sí y evitó girar la cabeza hacia la chica o sencillamente moverse. Temía que simplemente toda esa imagen desapareciera en dos tiempos como una realidad onírica, sin dejar rastro. Que esa tibieza se contrastara cruelmente, que la calidez del cuerpo de Videl recargado contra el suyo lo dejara, sin siquiera despedirse. En cambio, continuó las palabras anteriores con el mismo tono de voz.

—Recuerdo muy bien el viaje a Namekusein con Bulma y Krilin. Aquellas noches en que despertaba en medio de la penumbra y el ronroneo de máquinas cuidando nuestro sueño. La luz tenue y la vista al espacio que en conjunto me daban un cuadro que nunca erradicaré de mi memoria. Me pegaba al vidrio y me preguntaba el porqué de tanta belleza del ambiente, las estrellas, galaxias y nebulosas que no hacían nada más que embellecer el alrededor. Juré que algún día dedicaría mi vida a responder el qué de las cosas, a descifrar la hermosura, a codificar parámetros de lo imposible... Pero hay cosas... Hay cosas que nunca lograré conocer la razón. No hay ecuaciones. No hay fórmulas. Solo... Solo existe amor, Videl. Solo amor.

El primogénito Son llevó una de sus manos a tocar los dedos de su ex novia que torturaban amablemente su pecho. Ella estaba ahí. SU Videl. Y lo escuchaba alerta y perceptiva, tal vez era una oportunidad.

—Te extrañé mucho... —acabó diciendo sin rodeos y dejó que las palabras fueran tan claras como sus reflexiones. La chica levantó la cabeza que yacía descansando en la espalda del chico y habló con tranquilidad y simpleza.

—Mientes. Si lo hubieses sentido, aquella vez en tu departamento me habrías detenido.

—No pude hacerlo. En esa ocasión, tenías mucha razón.

Videl cerró los ojos y apoyó la frente nuevamente en Gohan, trayendo a su mente todos esos motivos que aquel día formaron sus oraciones y la decisión respectiva. El muchacho continuó.

—Perdí mi rumbo, Videl. Mis prioridades pasaron a ser otras. Estudios, responsabilidades ligadas y otros asuntos... Y sin quererlo, terminé arriesgando otras. No sabes lo difícil que se me hace decírtelo. Me costó mucho concretizar y descubrir verazmente tu motivo para dejarme. Al fin y al cabo, si lograba resolver todo eso, lo demás vendría solo. Tal vez me humanizaría más y dejaría de lado mis puntos de vista objetivos y competencia... —tomó una pausa suspirando— Siento hablártelo ahora, luego de todo lo que nos ha ocurrido.

La joven ojiazul creyó guardar una gran presión emocional en su garganta. Todo lo que había pensado hasta el cansancio, salía a boca de Gohan. Era como si abrieran su cuerpo y sacaran cada nudo de problema y comenzaran a desatarlo con una lentitud dolorosa.

—Gohan... —casi en un quejido, Videl pudo hablar, iba a quitar sus manos del pecho del saiyajín, cuando él le adelantó y tomó una de ellas apoyándola un poco más abajo de su cuello.

Aún está aquí... Aún está el Gohan del cual te enamoraste —volvió a enmudecer por instantes para luego seguir hablando— ¿Lo sientes?... Dímelo, por favor, Videl... Dímelo.

Sus párpados cayeron. A través de su espalda, con su tacto, el aura, el espíritu arrepentido o la voz acongojada. Videl pudo sentirlo. Como aquellas veces, luego de hacer el amor. Pudo sentir su alma transparente gritando por su atención, fundirse también con la suya, con la de el hombre bajo sus brazos, en las cuales ya no era un solamente un individuo, en donde su identidad pasaba a segundo plano y el ritmo de sus corazones y respiraciones galopaban al mismo paso. Si más no lo recordaba, hace mucho tiempo que había dejado de ser únicamente una persona. Y era por la trivial razón que seguía unida a él mentalmente, corporal o sensorial...

Al volver a abrir los ojos, Videl se dio cuenta que la cabaña ya estaba frente a ellos. No pudo hablar, volvió a bloquearse oralmente, ya respiraba agitada y su cuerpo temblaba de poca quietud. No le respondió a viva voz y solo pudo continuar con su frente apoyada en la espalda de su ex. Se mordió el labio y trató de focalizar su atención en otro punto que no fuera la mano de Gohan apoyada sobre la suya, sin ninguna caricia de por medio, solo el tacto tibio, la conexión más ineludible que pudo encontrar. Fue él quien luego de unos minutos dejó sus dedos ir, se separó inspirando largamente y bajó del equino con una lentitud bastante pausada.

Gohan le ofreció ambas manos en alto, acto similar al de una madre que espera que su hijo baje del balancín. Sus cejas estaban inclinadas, y aunque la oscuridad no dejaba ver mucho, la muchacha notó aquellos ojos de cansancio eternos que la contemplaron horas atrás en el automóvil. No pidió que la dejara bajar sola, pues eso era explícitamente imposible. Acentuó la mirada y procedió a levantar una pierna para quedar solo de un lado mirando al saiya, quien la tomó de la cintura aguardando el descenso.

Videl bajó despacio y todo iba bien hasta que un pie quedó atrapado en un estribo y cayó bruscamente a los brazos del muchacho que se mantuvo firme ante el recibimiento. La chica de cabellos oscuros pegó un respingo asustada y acabó abrazada a su acompañante como nunca esperó hacerlo. Sus manos rodeaban su cuello y su rostro permanecía oculto entre el pecho del guerrero quien solo se limitó a permanecer estático con sus extremidades superiores y palmas aprisionando entre sí la espalda de una Videl que no paraba de respirar galopadamente. Ella sintió sus venas conglomerarse y su corazón en la garganta palpitar con entusiasmo. Le pareció un tiempo infinito, su nariz podía captar cualquier aroma varonil y por sobretodo sentir el vaivén de la respiración del saiya. Percibió la mejilla de Gohan rozando su frente, y su cuerpo, ejercer una presencia poderosa. Volvió a sentirse pequeña, inhibida, cubierta por una sensación calurosa, en contraste con el ambiente. Tragó saliva y aspiró una bocanada de aire por la boca que no se pareció a ningún aliento de antes, solo se sentía incapaz de actuar.

Sin ganar en menos, el juego de la bajada solo había logrado una pose inesperada para Gohan y sus manos ahora tenían bajo de ellas a Videl, aquella chica de sus eternas reminiscencias y la misma que había optado por recobrar. Cerró los ojos y mordió su labio inferior tratando de tranquilizar sus sentimientos y no pensar en como su dedo meñique y anular se habían infiltrado para tener bajo sus yemas un pedazo de piel desnuda de la chica. No. Se imaginó un balde de agua que mojara cualquier confusión, incluso aquella fragancia de manzanilla que amenazaba con romper la cordura que desde niño lo había caracterizado.

La joven levantó su rostro con una franja roja en las mejillas para encontrarse de frente con el semisaiyajín, quien la contempló con los ojos apremiados. Éste movió una de sus manos directamente a la tez de Videl que sentía su cuerpo latir en un compás interminable, dando paso a la vez, a un murmuro dulcemente varonil.

—Hueles... a café.


Freetalk: Mm. Hay muchas escenas que me agradan de este capítulo en especial, partes que incluso, se desarrollaron con bastante soltura. La dubitación de Videl por acariciar a Gohan en el automóvil, la remembranza de la joven ante Lime, cuando nuestro semisaiyajín habla de su viaje a Namekusein en la niñez, los pensamientos silentes del chico mientras montaban, especialmente la tensión que existe entre ambos. Espero que no haya quedado, de cierta manera, muy pasteloso. Pues no apunto a ello. Uno de los objetivos que me planteé al escribir esta historia —que repito, no abandonaré— fue expresar la abundancia de imperfecciones que surgen ante las relaciones. No es coincidencia que Videl dude a cada momento de lo que realiza y trate de hacer lo que para ella es correcto —ése es otro tema importante, pero no los aburriré, he ahí el título—, pues no todo calza tan bien como muchas veces pensamos. Siento mucho actualizar tan tarde, pero este año —no sé si a ustedes— ha sido bastante agitado, y debo recurrir a separar las cosas de forma delicada, pues siempre preferiré escribir con la mente fresca. Tengo la historia casi acabada en mis libretas, pero pasarlas al ordenador y corregirlas es un verdadero trabajo. Debo agradecer también sus comentarios a ésta y mis otras historias que he publicado. Me hacen esforzarme aún más para lograr algo decente y, por qué no decirlo, hasta me levantan el ánimo. Debido a la situación vertiginosa en la cual he terminado este capítulo —vaya momento en que lo corté XD—, he decido publicar lo que continúa en un plazo de una semana más, sin falta ni atrasos, esperando vuestras opiniones para ver si he logrado algo que merezca o no una mejora.

Muchísimas gracias a los reviewers de mi capítulo anterior: Elena, gracias por tus ánimos, ya estoy mejorando bastante. Y vaya que tienes razón, tropezar con la misma piedra es lo más común que se puede encontrar. Espero que yo no lo haga y logre actualizar mas seguido. Sight; makaialexa, síi... Me encanta la personalidad de Gohan, tiende a mostrarse bastante despistado, pero es uno de los personajes más dulces que he encontrado, por no mencionar aquella seriedad repentina que le nace. Tienes razón, pero preferí dejarlo allí... Si continúo, la actualización anterior hubiese sido muy larga y pesada, más de lo que ya es. Ojalá te guste lo que he sacado ahora; Juanitaaa, así es... Las historias buenas que he encontrado de esta pareja en español son muy pocas, de hecho, lo que he leído, la mayoría está en inglés, (ya puedes ver algunos de mis favs), y fue una de mis inquietudes al comenzar esta historia, yo juraba que sería una fracaso rotundo XDD; Fairy-Li, oh vaya, me halagas, que te haya hecho sentir algo, para mí es un logro fantástico, principalmente que lo relacionemos con nuestra propia realidad… Eso es algo normal. Muchas veces también me he sentido así... Espero que tu situación haya mejorado y ya todo esté bien. Muchas gracias por tu comentario, me has sacado una gran sonrisa; Piamona, así es, y aún falta lo macro XD, pero ya iré tomando vuelo para cerrar la historia; InuSherry, XD, todos tenemos algo de trauma con las abejas, estoy segura!... Ya vieras, hay muchas cosas que puedo tejer desde aquella escena de la curación, desde un cariño mutuo a partir de gestos, hasta una tensión sexual explícita. Vaya situación en que los puse a prueba, pero me pareció bastante adecuado y disfruté un mundo imaginándome a Gohan y también en lo que debería estar pensando. La otra vez volví a pillar DBZ en la tele y recordé de inmediato el fic que escribiste..., sobretodo esa parte donde Goten llama 'hombre' a Goku, en vez de 'papá'. No sé si logré comentarte, pero el ver narrada la historia de Gohan a manos de su padre me resultó bastante conmovedor, me recordaste incluso ideas que había olvidado. Eso sí, me hubiera gustado ver de igual manera un pedacito dedicado a Chichi, pero de todas maneras me gustó como está... Espero que me mandes más escritos tuyos, mientras yo actualizo los míos XD. Gracias por tu comentario, nena; Patybra, gracias, wapísima... me honra bastante que me lo digas, ojalá pueda continuar entregando buenos capítulos y de una calidad decente, esa parte de 'vuelta a enamorarse' me encantó narrarla, me inspiré mucho justo cuando estaba escuchando la melodía de mi querida Yoko Kanno, 'Kawaisou na Faye (High Socks)' de Cowboy Bebop, es beeella. Cuídate y ya nos leeremos; Alma, que bien!... ahora espero que esta actualización haya logrado causarte lo mismo. Gracias por el comentario!; Sakuramsm, nooo, mujer, por dios, a mí lo que me llegue me viene bien, desde cualquier tomate a varios mails que me han visitado el correo. Pero en todo caso, tienes mucha razón, gracias por el aliento a seguir XDD; Noryale; Nor, no puedo creer que me hayas escrito... yo AMO tus historias, créeme que no me jacto de un inglés perfecto, pero en 'It doesn't change a thing' comprendí tan bien lo que intentaste decir. Muchas veces tendemos a idealizar momentos de intimidad, y no me refiero solo a la relación sexual per se, sino desde el casamiento entre parejas hasta un simple beso. No todo es perfecto. No todo es clave. Yo apuesto por la resolución de sentimientos. Gracias por tus comentarios y el mail, lamento enormemente el no haberlo respondido a la brevedad, pero mi conexión es una lástima... Y créeme que te he entendido perfectamente tu español. El portugués es una lengua hermosa. Por favor, no desprecies tus escritos, pues tal como tú me dijiste, yo también he disfrutado mucho de los tuyos. Ya buscaré un tiempo, espero que esta actualización te agrade. A todos: ¡Muchas gracias por leer y opinar!