Capítulo XIII

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Una vez más llegaba corriendo a la clase con el señor Baker. La última, me la había perdido, y no estaba dispuesta a perder esta también. Si me tocaba ser la mofa de los demás, por llegar tarde, pues lo sería y punto. Tenía que aprender a organizar mejor mi tiempo, y no estarlo perdiendo como acababa de hacer, ya que me había gastado los veinte minutos de descanso, en la biblioteca buscando información sobre Tokio Hotel.

Los primeros días, desde que Léana y yo comprendiéramos, quiénes eran el Bill y Tom que habíamos conocido, y más aún, lo cerca que al parecer los habíamos tenido. No era capaz de pensar en ellos sin marearme. Me negué a buscar información sobre el tema, pero día a día, hora tras hora, iba encontrándome con más preguntas, hasta que sucumbí, gastándome tres horas completas, revisando su sitio web, las biografías, aunque aquí debo decir, que mi interés obviamente descansaba en Bill. Supe que tenía veintidós años, como yo, aunque era tres meses mayor que él. Me enteré, igualmente, que era alemán, que componía sus propias canciones y que él y Tom habían fundado aquella banda hacía más de diez años. Y entre todos aquellos detalles de su vida, me enteré, que ahora vivía en Los Ángeles.

Llegando a ese punto tuve que detenerme y asumir esa información.

Estábamos viviendo en la misma ciudad.

Al menos podía servirme como bálsamo, que comenzaban tiempos de giras y por lo tanto pararía poco en su casa, y en segundo término estaba, el que yo no vivía precisamente en la zona de las estrellas.

Esperaba realmente, no encontrarlo haciendo la compra. Y por contradictorio que pareciera, me imaginé comprendo en el sitio al que solía ir, y chocar mi carrito con el suyo.

Suspiré. Yo también tenía mi punto romántico y soñador, pero sólo un punto.

Cuando llegué al aula, ésta ya estaba cerrada. Respiré hondamente infundiéndome fuerzas, antes de tirar de la puerta y entrar. En el interior la escena era la habitual, los estudiantes repartidos en sus asientos, que a su vez estaban organizados en forma de gradas, y el maestro, como 'estrella' de la función.

Comencé a bajar la escalera central con calma, intentando buscar un sitio que no estuviese demasiado alto, como para llamar perder audición, ni tan bajo, para llamar la atención con mi tardía llegada. Pero no resultó, cuando me iba a sentar, poco antes de llegar a la mitad de la escalera, escuché la voz clara y concisa del señor Baker.

- Bienvenida señorita Owens – yo cerré los ojos un segundo al oír mi apellido – esta clase no sería la misma sin su presencia.

Lo miré y le sonreí avergonzada, haciéndome cargo del sarcasmo evidente de sus palabras, para finalmente sentarme. Ser ridiculizada, era un riesgo por entrar tarde, pero ya lo había sorteado, ahora seguía la clase, y estaba empeñada en ponerle atención.

- Como les decía… - continuó el señor Baker - … Soñar es un proceso mental involuntario, en él se produce una reelaboración de informaciones almacenadas en la memoria, generalmente relacionadas con experiencias vividas por el soñante, mayormente influenciadas por el día anterior. El soñar nos sumerge en una realidad virtual…

Y ante sus palabras, me resultaba imposible no retroceder hasta ese sueño, que me había llevado a separarme de Bill, y porque no decirlo, retomar mis estudios de psicología.

El profesor seguí dando su explicación, y yo intentaba centrarme en ella con todas mis fuerzas.

- … el hombre se ha preguntado desde siempre sobre la esencia del intangible mundo de los sueños. Desde su aparición en la tierra, sus primeras manifestaciones han dejado entrever esta relación, presume con el mundo lúdico, tormentoso, desestructurado, fugaz, incoherente de sus sueños. No han hechos ni más ni menos que generar inquietud, sorpresas, incluso miedo y fundamentalmente deseos de conocer su origen, su desarrollo y sus significados…

Pero llegados a este punto de su explicación, fue inevitable sumergirme en aquel recuerdo. Lo había evitado, como se evita a una fiera en medio de la selva, pero ahora la fiera estaba hambrienta, y por más que había corrido, me había alcanzado. O al menos así me sentía.

Me encontraba en el antejardín de la casa de Armand, esperándolo como hacía cada noche cuando en mi casa ya todos se habían ido a sus habitaciones. Pero hoy no había podido esperar, y por encima de lo que mi madre y mi hermano dijeron, había salido a su encuentro. Necesitaba tanto verlo, que cuando lo escuché avanzando a mi espalda, el corazón se me llenó tanto de alegría, como de la tristeza infinita que traía conmigo. Lo miré, como si mi mundo entero estuviese en sus ojos.

Me abrazó, y durante algunos minutos, todo lo que hicimos fue abrazarnos, cuando notó mis lágrimas y mi desesperación, me había llevado con él al banco que había ahí. Ese mismo que había sido testigo de tantas frases de amor, desde ese amor inocente y adulador, hasta la entrega más absoluta, que ahora mismo nos profesábamos.

Él era yo.

Me acomodó en su regazó, y yo anhelé sentirme así de protegida por siempre, no quería que todo lo que nos estaba rodeando fuese verdad, o al menso pedía simplemente, que se cerrara una burbuja en torno a nosotros ahora mismo, y nos convirtiera en invisibles e inexistente para el resto del mundo, para sí dejar florecer nuestro amor.

Me pidió que me fuese con él. Y sabía que lo haría, pero lo más doloroso, era saber que no podía hacerlo. En mi vida había demasiado que dependía de mí ahora mismo. Un corazón que ama con tanta fuerza, tiene por naturaleza que ser un corazón fuerte. Y el mío lo era.

Así que tuve que negarme.

Pero entonces recordé a mi hermano. Ese dulce y hermoso chico de ojos claros como los míos, y que se iría a la guerra como un hombre, pero a sufrir como un niño. Le conté aquel dolor, y también le conté el secreto más oculto que tenía, ese que mi hermano sólo me había confiado a mí, que ni siquiera mi madre sabía, porque tenía la esperanza que si Armand lo sabía, podía cuidar de mi hermano.

Y luego de eso, de aquella palabra que él me dio, y en la que confié. Por Dios que confié. Sacó ese hermoso anillo, que era simple, pero a la vez complejo, porque de alguna manera sabía que el brillante que se alzaba en su centro, en medio del azul de aquellos engarces, era yo, él me había representado como la luz de su existencia, y yo no podía más que amarlo por ello.

- ¿Qué dice?... – intenté leer en medio de las lagrimas que nublaban mis ojos.

- Te pertenezco… - lo miré, y quise llevarme conmigo esa mirada hermosa, profunda y sincera. Quería que se tallara en mi alma por toda la eternidad, para que si alguna vez revivíamos en la misma vida, como alguna de aquellas extrañas filosofías orientales decían. Pudiera reconocerlo.

- Y yo te pertenezco a ti… - le dije, entregándole el anillo, para que lo pusiera en mi mano.

No estaba segura de si alguna vez llegaríamos a casarnos. La guerra no permite más que sueños, muchas veces sólo sueñas con vivir una hora más. Así que cuando él puso ese anillo en mi dedo, decidí que con ese acto, él era mi esposo. Y dejé que sus caricias, sus besos y el enorme amor que nos teníamos, se desbordara en aquel rincón oculto del jardín, al que regresé muchas veces.

Al que sigo regresando.

El profesor continuaba hablando, y yo tomaba notas, a pesar de no estar completamente atenta a lo que decía, una parte de mí recordaba, la otra simplemente parecía ocupar un espacio físico, en un mundo irreal. Como su estuviese soñando despierta.

- …El comprender nuestros sueños tal vez, nos ayude a superar nuestros traumas. Si los sueños son un proceso psíquico - biológico, entonces son necesarios…

Esta era la parte del sueño, que me costaba tanto asimilar, ya que el escenario había cambiado, como si hubiese años en medio de una escena y otra. O quizás lo que había en medio, era simplemente esa guerra, que nos había destrozado.

- Yo te amaba… - le susurraba a Armand, que estaba metido en el río, con el agua hasta las rodillas, demacrado, sucio, y con la ropa avejentada. En mis manos un fusil, con el que estaba apuntando directamente hacía él.

Se me llenaban los ojos de lágrimas, y notaba como crecía en mi pecho el odio. Un odio tan intenso y profundo, como el amor que le había tenido.

Él avanzó un poco más hacía mí, insistiendo con el reproche en su boca, con su ojos hermoso cargados de una confusión que yo no quería interpretar.

- ¡Me mentiste!

- … te amaba… - no podía dejar de pronunciar, porque era lo que sentía, la opresión de un amor desgraciado y cruel, que había sido la causa de la muerte de mi hermano.

Él avanzó unos pasos más, sabía que no se detendría, así que lo detuve yo.

Aún sonaba nítido, el estrepito de ese disparo en mi cabeza.

Y del recuerdo del sueño, pase al recuerdo del despertar. Aunque me costó comprender que lo había hecho. El sueño permanecía tan vivido aún en mi mente, que cuando me di cuenta que era Tom quién había tirado de mí, despertándome, me sentí más confundida aún.

Se quedó observándome con aquella misma mirada de confusión, y el reproche en los labios. Como en el sueño.

- ¡Me mentiste! – me reclamó.

Y yo apretaba la sabana contra mi pecho, intentando calmar el dolor en mi corazón.

-… Te amaba… - le repetí tal como en mi sueño, porque por un instante reconocí a Armand en él, pero en mi sueño Armand era Bill - … te amaba… - comencé a negar con la cabeza, demasiado confundida.

- ¡¿Qué pasa aquí?

Levanté la mirada, y vi a Bill entrar y exigir una explicación. Fue como su me hubiesen partido en dos con una katana, en un corte certero, limpio, y a partes iguales. Y ya fue más de lo que podía procesar.

- Señorita Owens… ¿qué opina usted sobre esto? – se dirigió a mí el señor Baker.

No pude decir nada, me quedé mirándolo y sentí deseos de huir como lo había hecho aquella mañana del lado de Bill. Algo en mí, no funcionaba bien.

- Ya veo… - sonrió con fría amabilidad, para luego dirigirse a otro alumno, que le dio una clara visión de lo que había comprendido.

Yo me enfoqué en el cuaderno que ahora tenía sobre la mesa, y noté que junto con los apuntes, había escrito el nombre 'Armand', Bill y Tom.

Lo cerré.

- …Si los sueños son una revelación del inconsciente, entonces estos pueden ayudar en la solución de problemas cotidianos…

Continué escuchando la voz cancina del maestro, que por la hora que marcaba el reloj en la pared, estaba a punto de terminar su disertación.

Para mí, sería mejor hablar de pesadillas, que era lo que solía tener.

- Muy bien, espero que haya sido una clase clara y orientativa… – comenzó a despedirse el profesor, y al contrario de los demás alumnos, esperé antes de comenzar a ordenar mis cosas, no quería llamar la atención, también, por ser la primera en irme.

- Arien… - escuché una voz junto a mí.

Debía de reconocerla, la había escuchado varias veces estos últimos meses, pero aún así tuve que mirar para saber de quién se trataba.

- Jason… - hablé algo sorprendida, no porque él me saludara, más bien, por lo abstraída que yo misma me encontraba.

- Hola… - me saludó con esa seguridad que te da el ser atractivo.

- Hola… - mi ánimo no era el mismo, pero por otros motivos.

- Estoy con unos amigos, y como es viernes… - comenzó a explicarse – y vamos a ir a tomarnos algo… ¿te vienes?...

Lo miré.

Cómo podía decirle que no. Otra vez.

Más de la mitad de la clase, había abandonado ya el aula, me puse en pie y comencé a ordenar mis cosas.

- Verás Jason… - quise comenzar a disculparme, mientras me sostenía la correa del bolso en el hombro.

Pero entonces lo vi. Y las piernas se me ablandaron de tal forma, que tuve que apoyar una mano en la mesa para no caerme sentada.

- Hola Arien…

Su voz, hermosa, aterciopelada y completamente cautivante, entró por mis oídos igual que en aquel sueño, igual que hace siglos. Abriéndose paso hasta mi alma.

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"De noche, amado, amarra tu corazón al mío, y que ellos en sueños, derroten las tinieblas"

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Continuará…

MUAJAJAJAJAJAJA… esta vez lo pongo en grande, porque lo vale… jajajajjaa… lo siento, no me puedo quedar anclada a la silla escribiendo sin parar.

Espero que les haya gustado el capítulo, y que no haya estado demasiado enredado de leer, al unir el presente, el pasado y un pasado relativamente reciente. Creo que necesitaban una explicación sobre aquel encuentro tan violento con Tom, y me pareció que era el momento de explicarlo.

A ver qué pasa mañana con estos dos.

Besitos y espero sus comentarios.

Siempre en amor.

Anyara.