No me pertence KHR
-Tsuna-kun. –una voz alegre se dejó escuchar.
-¡Kyoko-chan!
-Tsuna-kun ¿Cómo estás?, ¿me preguntaba si nos podíamos reunir en el restaurante que fuimos la última vez mañana?
-Claro Kyoko-chan, puedo a las dos de la tarde ¿Usted puede a esa hora?
-¡Claro!, entonces nos vemos mañana Tsuna-kun. –ellos se despidieron con la promesa de verse el día siguiente.
Tsuna se dejó caer en la cama que estaba ocupando los últimos días, un cuarto de hotel no era nada acogedor, por lo menos así lo sentía Tsuna. Rodando en la cama dejo caer su cabeza en el pie de la cama, la dejo colgar dicen que dejando la cabeza colgada por un minuto el cerebro se oxigena o algo así recordaba Tsuna; no estaba muy seguro.
Recordó la forma firme que Alaude se negó a firmar, se preguntó infinidades de veces el por qué, Alaude dice que lo ama pero lo engaño, él lo ama pero lo engaño, demasiados engaños hay en el camino. Quisiera que sus peleas fueron por quien se comió el ultimo chocolate, que no fuera por infidelidades, pero la realidad era esa nada más quedaba que aceptarla.
La última vez que hablo con Alaude fue hace tres días, pidiendo que firmara. Estaba a una semana que noviembre terminara, y decidió volver a Italia para la primera semana de diciembre, prácticamente diciembre le estaba pisando los talones, su terco esposo, no dejaba ir su mano. Sería una molestia seguir los tramites a larga distancia, muy molesto con solo pensarlo le daba jaqueca.
Dejo caer su antebrazo en sus ojos, cubriéndose de la luz que entraba violentamente en su habitación, cuando sintió el roce frió del metal, abrió sus ojos y vio su sortija, se rio entre dientes ¿Por qué aun la llevaba? ¿Acaso es un idiota?, está en proceso de divorcio tenia quitársela. Olvidarse que existe, lamentablemente no pudo, no quiere esa era la verdad no quiere, porque sabe que después que la sortija salga de su dedo habrá perdido un amor que creció cuando tenía dieseis.
Como quisiera tener dieseis otra vez, tal vez podría hacer las cosas mejor, no engaño, no divorcio pero es imposible hacer que el tiempo retroceda, con sus memorias de sus errores para no volverlos a cometer.
La única que sabía de su divorcio a parte de Enma que estaba cerca de él, era su madre ¡Oh, como rogó que no le dijera a su padre! Hablaría con su padre, cuando este regreso a Italia, conociendo lo irracional que puede ser su padre a veces estaba casi seguro que viajaría a Japón, para darle alguno golpes a su esposo, porque todavía seguía siendo hasta que firmara ya no lo seria.
Se lo merecía unos buenos golpes, y regañadientes también reconoció que él también necesita unas nalgadas por haberse portado mal. Debió ser más maduro, no dejarse cegar por la ira, por rencor y la venganza, era el momento de dejarse de lamentar por la leche derramada, lo hecho, hecho esta nada más queda resignación.
Suspirando, se acomodó en la cama encendió el televisor para distraerse, puso un canal a la azar con la esperanza de alejar todos esos pensamientos que corrían como una maratón en su cabeza.
Hibari Kyoya llego al apartamento de su primo, desde el incidente no lo ha visto no es como que admitiera que se preocupa por su primo, preocuparse por otra persona es de herbívoros, los carnívoros no importa la situación siempre siguen siendo fuerte como él aunque su relación con Dino estaba mal seguía fuerte, aunque el rubio Caballo idiota como de cariño le dice no estaba junto a él.
Toco el timbre espero que saliera, después de unos tres minutos molestos que parecieron una eternidad para Hibari salió su primo, tenía un poco ojeras, compresible pero no aceptable para Hibari, estaba mostrando su lado herbívoro.
-Kyoya ¿Qué quieres? –Alaude pregunta sin molestarse en invitar a pasar a su primo.
-Solo quería decirte que mañana a las tres de la tarde, tenemos una cita de negocio. –Kyoya dice.
-Yo no estoy interesado en el negocio familiar.
-No importa lo que pienses, el abuelo estará ahí para hablar con los dos. Me voy no tengo nada que decir, ve y duerme que tienes un aspecto de herbívoro.
-Gracias por su preocupación. –Alaude replico.
Kyoya solo dio una mirada, de esas que lo caracteriza y se marchó. Era un fastidio ir a esa reunión, cuando él no está interesado. Los Hibari fueron un clan muy antiguo de yakuzas, que con el tiempo sus negocios oscuros cambiaron a dueños del hospital de Namimori, un elegante hospital que aunque sea el mejor de toda la región y sus alrededores permitía a cualquier persona que sea atendida. No importaba si no tenía suficiente dinero para pagar alguna cirugía o cualquier otra emergencia siempre seria atendidos.
Era como una contradicción al carácter de los Hibari, todos ellos eran matones de primera clase, haciendo respetar sus leyes y no importaba como hacerlas cumplir, así que ser tan blandos para ser caritativos era una ironía, tal vez esa era la razón porque todos alaban a los Hibari por ser condescendientes en permitir que los ciudadanos de Namimori tengan una buena calidad médica.
El cielo se ilumino para dar inicio a un nuevo día, dos hombres en diferentes lugares se despertaron, se quedaron viendo el color del techo por unos minutos hasta que reunieron la fuerza para levantarse. Vieron que el cielo tenía algunas nubes perezosas grises, con lentitud empezaron alejarse del cielo dejando ver un azul celeste. Parecía que las nubes grises por fin se alejarían, dejando la luz pasar.
Uno de los hombres tenía una cita en un restaurante etiqueta, con una amiga que le pidió que si se podían reunir. El otro hombre tenía una cita en mismo restaurante, molesto por ser obligado asistir. Ambos hombres no saben que el destino empezó a mover sus hilos una vez más, para unirlos una vez más.
Tsunayoshi salió del hotel con traje negro, su corbata de seda gris en su bolsillo del pantalón, se la pondría cuando este por entrar al restaurante, entro en su automóvil listo para ir al encuentro de su amiga.
No duro mucho en llegar, después de todo era un pueblo pequeño, se bajó del escarabajo encontró a su amiga vestida de un vestido color rosa pálido, sus ojos se clavaron en el ajuste del vestido, se abrieron ligeramente y su labios tiraron hacia arriba.
-¡Kyoko-chan, estas embarazada! –su amigo dio pasos ligeros para llegar donde su amiga, la mujer rio entre dientes ver la emoción de su amigo.
-Así es, tengo cuatro meses de embarazo. –la mujer informo a Tsunayoshi que la abrazo con fuerza.
La mujer no cabía de emoción contando lo emocionada que estuvo cuando el médico le informo, su mano constantemente acariciaba la pequeña panza que apenas se notaba. Kyoko le contó a Tsuna que quería contarle la buena noticia desde el primer día, pero ella quería verse con él para contarle todo en persona. Su marido que tenía un viaje negocio en Kokuyo le permitió viajar con él, y visitar a Namimori.
Feliz escucho la emocionada Kyoko, muy en el fondo de su corazón estuvo un poco celoso de ella, también quisiera tener un hijo, el problema es que no puede siendo hombre, aunque no le importa ese detalle puede adoptar o por madre de alquiler, el verdadero problema es quieres que su hijo creciera en ambiente familiar, o mejor dicho que creciera viéndolo a él y Alaude.
Después de un rato Kyoko pregunto cómo estaba con su esposo, la sonrisa desapareció por un momento en la cara Tsunayoshi.
-No estamos divorciando.
Dijo después de tomar un poco de un buen vino, Kyoko no supo que decir, ella estaba feliz contando su vida casi de color rosa mientras su amigo estaba pasando sobre las nubes grises, era muy triste. Tsuna agito la mano, afirmando que estaba bien.
Alaude y Kyoya llegaron al restaurante, una hora después que Tsuna y kyoko llegaron. El abuelo de ellos les había informado que estaba atrasado y llegaría un poco tarde. Gruñendo por la pérdida tiempo los dos Hibari entraron siendo recibidos por los empleados.
Kyoya dio una mirada de reojo a su primo, su cara estaba pálida no la normal, un pálido enfermizo resoplo, tanto drama solo por un divorcio. Vio una contracción el rostro de Alaude se preguntó si le dolía algo.
Los ojos de Tsuna se clavaron en la entrada y Kyoko se dio cuenta que no estaba siendo escuchada, siguiendo la mirada de Tsunayoshi vio la razón de su distracción. Alaude.
-Algo pasa con Alaude. –dijo agarrando con fuerza la servilleta.
-¿En serio?, yo lo miro normal. –contesto con sinceridad Kyoko, no vio nada fuera de lo normal en el hombre, le dio otra mirada tratando de ver la anomalía que encontró Tsuna pero no hubo resultado. Ella vio al hombre siempre con su actitud estoica.
Kyoko entonces sonrió, estiro su mano para sostener la mano de su amigo haciendo que su amigo dirija su atención en ella.
-Sabes Tsuna-kun, si usted quiere ir con el ¿Por qué no vas? –ella sonrió con ternura –deja a un lado tu orgullo que no sirve para en el amor. Si amas a Alaude ¿entonces qué esperas para ir por él? No te preocupes por mí, estaré bien y más si mi amigo preciado esta junto a la persona que ama.
Las palabras se hundieron en el cerebro de Tsuna, su sonrisa de agradecimiento se dibujó en su rostro, con una disculpa se puso de pie, tenía que ir al lugar donde le corresponde junto a su esposo.
-¿Qué pasa? –pregunto Kyoya que vio a su primo, que empezaba a sudar frió, con una expresión de dolor.
Alaude tenía un dolor abdominal intenso, sentía que estaba siendo golpeado con un mazo de hierro, la nauseas era insoportables, le dolía pero no admitiría que le duele. Haciendo un gesto brusco en señal que estaba bien. Toda la noche se sintió un poco mal, pero ahora el dolor era insoportable, apretó la mandíbula para no dejar salir un gemido de dolor.
-Creo que es mejor que vayamos al hospital. –sugirió Kyoya. Alaude no contesto nada, tenías mejores cosas que hacer que ir al hospital solo por un dolor abdominal.
Manos pequeñas, cálidas fueron presionadas en su cara, entonces se dio cuenta que era las manos de la persona que más quiere. Tsunayoshi.
-Alaude ¿Pasa algo? ¿Dónde te duele? –obligando al hombre estoico sentarse en el piso, poco le importo que fuera un restaurante etiqueta, su esposo está sufriendo no era el momento de buenos modales. Acomodando en su regazo la cabeza de hombre, susurro palabras de consuelo, palabras de amor que iban desde francés, italiano y japonés.
Desde donde estaba Kyoko sonrió, alzo su copa con agua y dio un pequeño brindis por su amigo y por sus deseos de felicidad.
Kyoya suspiro un poco disgustado ver tal escena de herbívoros, marco el número para que estuvieran listos para ingresar a Alaude al hospital.
Cuando llegaron al hospital, de inmediato fue ingresado diagnosticado con un caso de apendicitis. Para Tsuna fueron unas largas horas dando guardia en la entrada de la sala de operaciones, la luz roja neón brillaba con más intensidad cada minuto que pasaba. No se movió hasta que la luz se apagó, precipitándose hacia el doctor exigiendo los resultados.
El doctor solo sonrió, diciendo que todo salió bien, un gran suspiro de alivio se escapó de los labios de Tsunayoshi. Paso la noche en una incómoda silla de hospital, hasta que fue capaz de entrar a ver a su esposo. En ese momento se olvidó de sus engaños, de su divorcio solo quería estar cerca del hombre que le robo la virginidad, el hombre que le hizo sentir protegido y amado, el hombre que juro que pasaría todo el resto de su vida.
Se sentía adolorido, con esfuerzo trato de abrir los ojos, sintió que algo sostenía su mano tan fuerte y entonces se dio cuenta de la mata castaña que estaba en una pésima posición dormida en la silla junto su cama, su cara esta enterrada en la sábanas blancas mientras que su mano derecha sostenía la mano de él.
-Tsunayoshi. –llamo.
Su mano paso por el salvaje y suave cabello castaño, los ojos color caramelos que estaban cubiertos por los párpados se dejaron ver. Todavía adormilados se irguió, sus ojos se encontraron con el azul hielo de su esposo, se quedaron viendo por un largo tiempo.
Hasta que Tsuna aparto la mirada de su esposo, dejo caer su mirada a las sábanas blancas como si fueran una nueva maravilla del mundo. El silencio los consumió, no era un silencio molesto, ni incomodo, era agradable como los que solían tener.
-Lo siento, fui un gran idiota. No quiero separarme de ti, Tsunayoshi perdóname. –se volvió a quedar en silencio la habitación, el murmullo de las personas que pasaban por los pasillo eran los únicos que los acompañaba. La fría brisa se hacia las cortinas volar, los minutos parecían horas en espera de la respuesta.
-Yo también pido perdón, no fuiste el único que erro. –dijo Tsuna –Kyoko me dijo que dejara el orgullo a un lado, y la verdad es que si quiero dejar el orgullo atrás porque yo todavía te amo.
-Yo también te amo. Tsunayoshi perdóname. –volvió a pedir.
-¿Dolió? -pregunto Tsuna.
-Sí, mucho.
¿Que dolió? el engaño que cometió Alaude eso es lo que pregunta Tsuna.
Gracias por leer.
