Hola gente linda del mio cuore! Cómo están? Yo muy bien, espero que ustedes también… :)

Aquí estoy de vuelta como cada lunes actualizando mi locurita con un nuevo cap… Esta vez no voy a adelantarles nada sobre lo que les traigo con este nuevo episodio porque se va a hacer demasiado extenso, así que simplemente lxs invito a leer el TRECE en paz y les pido que no dejen de decirme qué les pareció!

Bueno, sin más para agregar por ahora, lxs dejo leer!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Gracias totales a quienes me brindan su apoyo a través de su lectura y sus comentarios…

Se les quiereee!

Bell.-


:: Capítulo Trece ::

Después de la corta conversación que mantuvo por teléfono con Darien, Serena consiguió dormirse tan profunda y plácidamente como hacía mucho tiempo no lo hacía.

Al poder comenzar a dejar de lado tanto rencor y remordimiento por todo lo que había sucedido entre ellos durante los últimos años, podía al fin volver poco a poco a sentir la calma y la conciliación que hacía tanto no experimentaba.

Sin dudas el regreso de Darien y sus claras demostraciones de genuino interés y arrepentimiento estaban logrando conmoverla y ayudarla a recuperar aspectos de sí misma que creía perdidos para siempre. Como Rei se lo había dicho horas antes, él era el verdadero amor de su vida y lo necesitaba a su lado, para no volver a dejarlo ir nunca más.

Sin embargo su situación actual se lo impedía, pero ya había decidido hacer algo al respecto, quería hacer las cosas bien, no precipitarse ni actuar impulsivamente, sino enfrentarlo a Seiya para hablar con la mayor sinceridad y entereza posible, sin dudas era lo mejor para los dos.

Luego de algunas horas, comenzó a despertarse al notar que unos brazos masculinos rodeaban su cintura y la estrechaban con fuerza. Era Seiya, y ella no lo había oído llegar. —Hola, bombón —murmuró mientras acomodaba su rostro en su cuello—. Discúlpame, no quise despertarte.

Serena buscó su teléfono en la mesita de luz para fijarse qué hora era. —Seiya, es muy tarde —dijo al ver que eran pasadas las 2 de la madrugada—. ¿Por qué tardaste tanto?

—El clima en Osaka era terrible, todos los vuelos se demoraron más de 4 horas —le dio unos cortos besos en el hombro—. Siento llegar tarde, ¿me extrañabas? —ella no respondió—. Yo te extrañé mucho —dijo al volver a acomodar su rostro en su cuello y soltar un largo suspiro.

—¿Cómo te fue? —preguntó ella—. ¿No vas a contarme?

—Estoy exhausto —respondió él—, necesito dormir un poco. Mañana hablamos, ¿sí?

—Está bien —dijo ella resignada.

—Vuelve a dormir, bombón —susurró él—. Es tarde —Seiya enseguida se quedó dormido y Serena, sin poder evitarlo recordó el día que le propuso matrimonio semanas atrás.

.

.

.

Como todos los días, ambos estaban desayunando en el comedor de su departamento antes de ir a sus respectivos lugares de trabajo. Serena estaba afanada ordenando unos documentos en unas carpetas que se había llevado del hotel para adelantar trabajo atrasado y Seiya la observaba en silencio. —¿Puedo pedirte algo? —dijo él tras una larga pausa.

—Dime —respondió ella sin alzar la vista de los papeles.

—¿Podríamos compartir un instante juntos?

—Ahora estamos juntos.

—¿Lo estamos?

Ella lo miró confundida. —¿De qué hablas?

—Vamos, deja por un momento de ser tan obsesiva con tu trabajo y desayuna conmigo.

—No entiendo a qué te refieres, si estamos desayunando juntos, como todos los días.

—Que estemos sentados en la misma mesa bebiendo un café no es precisamente desayunar juntos, ni siquiera estamos hablando.

—Está bien —Serena guardó los papeles en las carpetas y las dejó a un lado—. ¿Quieres hablar? —miró la hora en su reloj—. Entonces hablemos, tenemos 15 minutos.

—Gracias por ser tan generosa —bromeó él—. Ven aquí, bombón —la tomó de la mano para atraerla hacia él y hacerla sentar en su regazo—. No te robaré más de 5 minutos. Hay algo que quiero decirte y aunque planeaba hacerlo durante el fin de semana, ya no puedo esperar más —le dio un tierno beso en los labios.

—Estás muy misterioso, me pregunto qué estarás tramando en esta cabecita loca —dijo ella al apoyar su dedo índice en su frente y ambos rieron.

—Pues ahora que tengo toda tu atención en mí, cosa que no puedo darme el lujo de desaprovechar —la besó de nuevo—. Quiero que escuches muy bien lo que tengo para decirte.

—Soy toda oídos —y se dispuso a escucharlo con atención.

—¿Recuerdas el día que empezamos nuestra relación? —ella asintió seria—. Yo estaba tan asustado, tan desesperado, porque habíamos tenido un millón de citas y tú jamás me permitías siquiera despedirte con un beso —suspiró nostálgico—. Y esa noche estuve a punto de darme por vencido, pero como habías aceptado acompañarme al concierto decidí que esa sería la última vez que lo intentaría. Y al final me ganaste de mano —sonrió de lado—. Cuando llegó el día del concierto ya eras oficialmente mi novia —y volvió a besarla con más intensidad.

—¿Por qué me dices todo esto ahora? —preguntó ella más confundida.

—Porque quiero que sepas que desde que estoy contigo me siento el sujeto más afortunado del mundo, jamás en mi vida pensé que podría ser más feliz a tu lado. Y hoy quiero pedirte que me dejes seguir intentado hacerte sentir de la misma forma por el resto de mi vida —sacó una cajita de su bolsillo—. Durante todos estos días estuve pensando que sería muy importante elegir las palabras más adecuadas y el lugar y momento oportunos para hacer esto, pero… —sacó el anillo de la cajita y tomó la mano de Serena—. Sé que no te gustan los detalles cursis ni los clichés y…

—Seiya… —Serena no podía creer lo que estaba sucediendo.

—Además me estaba muriendo de impaciencia —siguió él—, no podría esperar hasta el fin de semana —dijo riendo—. Por eso quiero decirte ahora que te amo… —le colocó el anillo en el dedo—. Y que quiero casarme contigo…

—Oh, por dios… —Serena estaba completamente perpleja con la proposición. Y observaba a Seiya y al anillo en su mano alternadamente sin saber cómo reaccionar.

—¿Qué dices, bombón? —preguntó él temeroso mientras tomaba su rostro para que lo mire—. ¿Quieres ser mi esposa?

—Seiya, yo… —Serena no sabía qué decir, qué pensar. Desde que estaban juntos sostenían una relación muy seria y estable, la convivencia había sido un gran paso en su momento, y sabía que tarde o temprano este día llegaría pero, ¿era lo que realmente deseaba? ¿Podría alguna vez llegar a amar a Seiya como él la amaba? Hacía mucho tiempo que estaba esforzándose por conseguirlo y aunque sabía que con él podía sentirse contenida y segura, dudaba sobre cuál sería la mejor respuesta.

—No es necesario que nos casemos inmediatamente, ni siquiera que fijemos una fecha ahora —su silencio comenzaba a impacientarlo—. Pero yo quiero comprometerme contigo, bombón. Y que algún día, ya sea dentro de unos meses o unos años, quiero que te conviertas en mi esposa. Porque te amo, Serena… Y quiero compartir mi vida contigo —y se sintió peor al ver que ella empezaba a llorar —Por favor, dime algo, aunque sea que lo pensarás.

Serena lo abrazó con fuerza. —Acepto… —dijo entre sollozos—. Acepto casarme contigo, Seiya.

—Gracias… —dijo él también emocionado—. Gracias por volver a aceptarme, Serena —se separó un poco para mirarla de frente y limpiarle las lágrima—. Prometo amarte y cuidarte cada minuto de mi vida para siempre —y la besó.

.

.

.

A la mañana siguiente, Serena estaba en la cocina preparando café y pan tostado. Y no dejaba de pensar en aquel día que aceptó comprometerse con Seiya. Recordaba que horas después de haberle dicho que sí, había recibido el mensaje de Darien avisándole que regresaba a Tokio.

Se preguntaba qué habría pasado si Seiya le hacía la propuesta el fin de semana siguiente como tenía planeado. ¿Habría aceptado de igual forma? ¿O al saber que Darien estaba a días de volver lo habría rechazado? Como sea, finalmente se habían comprometido. Y después de mucho reflexionar al respecto y de reconocer que aún continuaba amando a Darien, estaba decidida a aclarar las cosas con Seiya y sincerarse con él.

Mientras seguía con los preparativos del desayuno, apareció Seiya en la puerta de la cocina. —Buenos días —le dijo al acercarse a ella y darle un tierno beso en la mejilla.

—Buenos días, Seiya, ¿descansaste? —dijo sin interrumpir su tarea.

Seiya se desperezó y bostezó largamente. —Sí, dormí como un bebé —probó un pedazo de pan tostado—. ¿Me estás preparando el desayuno, bombón? —ella asintió—. ¡Esto es toda una sorpresa, gracias! —y le dio otro beso.

Entre los dos terminaron de preparar todo y se sentaron en la mesa para desayunar. —Bueno, cuéntame —dijo Serena mientras le daba un sorbo a su café—. ¿Cómo les fue en Osaka? ¿Pudieron resolver el asunto de los patrocinadores?

—Sí, todo está arreglado al fin —respondió él—. Y lo mejor de todo es que pudimos confirmar a nuevos artistas. Verás, conocimos a unas chicas que hacen una fusión de jazz y música electrónica que suena realmente bien. Son bastante conocidas, se llaman Haruka Tenou y Michiru Kaioh.

—Ah, sí, creo que escuché de ellas —comentó Serena.

—Son muy profesionales —continuó Seiya—. Y por suerte aceptaron participar en el festival. Justo estaban de gira por Osaka y en unas semanas vendrán a Tokio a hacer algunas presentaciones. La verdad es que estamos logrando convocar a artistas increíbles, todo está marchando fantásticamente bien —comentó entusiasmado.

—Me alegra oírlo —dijo ella—. Valió la pena el esfuerzo.

—Pues sí, estoy muy satisfecho —quedaron en silencio por unos instantes—. ¿Y tú cómo has estado? Trabajando mucho supongo.

—Sí, bastante —respondió ella dejando su taza en la mesa.

—¿Y todo bien? —preguntó él —¿Alguna novedad?—. Notaba cierta tensión en Serena, pero como sabía que ella siempre se comportaba de manera muy reservada, optó por intentar averiguar qué sucedía con la mayor sutileza posible.

—Ayer hablé con mi papá —dijo Serena—, y me pidió que te propusiera colaborar con el evento de fin de año del hotel.

—¿En serio? —preguntó Seiya sorprendido.

—Sí —siguió ella—. Dijo que pensó que sería bueno hacer algo diferente a lo de siempre, un evento más informal, con música en vivo, y que quizás tú y los chicos podrían conseguir algún músico que quiera participar.

Seiya no podía salir de su asombro al escuchar la novedad. —Vaya, jamás me habría esperado algo como esto de parte de Kenji.

Serena sonrió de lado. —Lo sé, a mí también me sorprendió.

—¿Y qué le dijiste? —preguntó él.

—Que hablaría contigo —respondió—, para luego avisarle qué pensaste al respecto.

Él meditó un momento sobre el asunto. —Bueno, si te soy sincero creo que podría interesarme, tendría qué fijarme qué artistas están disponibles para esa fecha.

—No estás obligado a aceptar si no quieres o estás demasiado ocupado con lo del festival —agregó ella.

—Si es por lo de Osaka, no habría inconvenientes, después de todo lo que conseguimos avanzar esta semana eso ya está prácticamente marchando solo. Pero sí está el asunto de los preparativos de la boda, aún no hemos pensado en nada y son demasiadas cosas de las que tenemos que ocuparnos —Serena bajó la mirada tras esas últimas palabras y él notó que se tensionaba aún más—. ¿Qué? ¿Qué sucede? —le preguntó preocupado—. ¿Dije algo malo?

Serena suspiró largamente. —Seiya —lo miró con determinación—, tenemos que hablar.

Él comenzó a asustarse por su actitud. —¿De nuestra boda? —preguntó temeroso, ella asintió—. Claro que tenemos que hablar de nuestra boda, es en tan solo dos meses, al menos creo que eso fue lo que acordamos la última vez que hablamos del asunto, ¿verdad?

—Sí, eso es lo que acordamos —Serena inspiró hondo para tomar valor y poder decirle lo que pensaba—. Pero durante estos días sucedieron algunas cosas que me hicieron pensar mucho al respecto y… —lo miró seria—. Quiero que sepas que he cambiado de parecer.

Ahora Seiya empezaba a molestarse. —¿Sobre la fecha? —Serena negó con la cabeza—. ¿Sobre nuestro compromiso? —ella bajó la mirada y Seiya se contuvo para no exasperarse—. ¿Y en qué has cambiado de opinión? —creía poder adivinar lo que sucedía, pero necesitaba que ella se lo confirmara.

Serena siguió hablando con el mismo tono calmado y centrado de siempre. —La última vez que discutimos yo te prometí que no volvería a ocultarte nada ni a mentirte y que confiaría en ti, ¿lo recuerdas?

—Claro que sí, recuerdo todas y cada una de las palabras que nos dijimos aquel día.

—Bueno —carraspeó nerviosa, podía notar que él se estaba enojando y aunque temía su reacción, sabía que no podía echarse atrás y debía decirle con franqueza lo que pasaba—, lo que sucedió fue que después de aquella discusión que tuvimos y durante estos días que he estado sola he reflexionado sobre muchos asuntos. Me he cuestionado muchas cosas de mí misma, de la vida que llevo, de las decisiones que he tomado en los últimos años, de las cosas que he dejado de lado o a las cuales he renunciado. Y creo que deberíamos considerar qué es lo que realmente queremos hacer, si estamos completamente seguros de emprender juntos algo tan importante como un matrimonio, si no nos estamos precipitando en hacerlo tan pronto, si…

—¿De qué rayos estás hablando, Serena? —Seiya ya no pudo ocultar más su malestar—. Acabas de decir que cambiaste de parecer y ahora planteas todos estos disparates como si pensaras y te preocuparas por los dos —estaba realmente enojado y elevaba cada vez más el tono de su voz—. Porque yo no tengo que considerar nada de todo lo que dices, yo estoy plenamente seguro de que quiero casarme contigo. Aquí la que ha cambiado de idea eres tú, y por lo que veo no tienes el valor suficiente para decírmelo directamente.

—Seiya, por favor, no te alteres —ella intentó tranquilizarlo—. Hablemos con calma.

—¡Pues si no quieres que me altere deja de hablar con tantos rodeos y dime de una vez qué demonios te pasa! —exclamó furioso—. Porque estás extraña, Serena —intentó suavizar el tono de su voz—. Aunque ya estoy acostumbrado a que te comportes de manera fría y distante conmigo, esta mañana estás más indiferente que nunca. ¿Qué es lo que está sucediendo? —ella no respondía—. ¡Vamos, habla! ¿Qué te pasa? —le suplicó impaciente.

Serena soltó un pesado suspiro. —No es tan fácil para mí tener que decirte esto, yo… —por primera vez en mucho tiempo estaba anteponiendo sus verdaderos deseos a los de él y le estaba costando mucho más de lo que creía abrirse y sincerarse como quería.

—Serena… —la llamó él—. Serena, mírame —insistió y ella lo miró—. Yo también he estado pensando mucho en nosotros durante esta semana y hay algo que no deja de darme vueltas en la cabeza por más que lo hayamos aclarado en su momento. Y más ahora que de nuevo estamos discutiendo. Así que te voy a pedir que por favor me respondas con completa sinceridad lo que te voy a preguntar —suspiró con pesar—. ¿Aún sientes algo por Darien? —preguntó con voz entrecortada—. Porque en aquella discusión te lo pregunté pero la verdad es que no me quedó del todo claro.

—Eso es un asunto aparte —quiso evadirse.

—No, Serena, no lo es, dejemos de hacernos los distraídos y digamos las cosas como son —la miró con una dura expresión—. Jamás lo olvidaste y por años me hiciste creer que así era. Después de lo que pasó en esa bendita cena, después de que aceptaras que nos casemos dentro de dos meses, creí que estaba todo resuelto, que no tenía nada que temer. Pero ahora que me sales con que has cambiado de parecer, ¿qué quieres que te diga? Vuelvo a dudar de todo lo que me dijiste —hizo una pausa—. ¿Qué fue lo que sucedió en estos días, Serena? —preguntó de nuevo temeroso—. ¿Acaso lo viste? ¿Hablaste con él?

—Sí —respondió ella intentando retomar el tono calmado—. Lo vi el fin de semana pasado y hablamos mucho.

Seiya ya no podía disimular lo enojado y decepcionado que se sentía con lo que estaba escuchando, y se esperaba lo peor. —¿Se acostaron? —preguntó sin rodeos.

—¡¿Qué?! ¡No! —respondió ella con seguridad—. No me acosté con él.

Pero a él no le alcanzaba esa respuesta, estaba seguro de que algo había pasado entre ellos. —¿Se besaron? —insistió en preguntar. Ella no respondió y otra vez bajó la mirada avergonzada—. ¡Maldita sea! —Seiya golpeó la mesa con el puño y se levantó para dirigirse hacia el dormitorio.

Ella enseguida lo siguió y cuando llegó a la habitación vio que estaba guardando ropa y cosas en la maleta que aún no había terminado de desempacar. —¿Qué estás haciendo? —le preguntó preocupada.

—No tengo idea de lo que estoy haciendo —respondió él sin casi fijarse en lo que guardaba—. Pero ya no aguanto más, no puedo quedarme más aquí. Porque ya estoy harto de no ser más que un estorbo para ti, de insistir en algo que no funciona, de esperar que sientas algo por mí y que me elijas como yo te elijo.

Serena se acercó a él. —Seiya, por favor, tranquilízate.

—No puedo, Serena —se sentó en el borde de la cama y se llevó las manos a la cabeza—. No puedo estar tranquilo después de lo que acabo de confirmar. Me engañaste, Serena, me traicionaste.

Ella se sentó a su lado. —No lo hice, Seiya, jamás haría cosa semejante —tomó su rostro para que la mire—. Te habría engañado si te lo hubiera ocultado, pero no lo estoy haciendo. Quiero ser sincera contigo, quiero decirte que…

—¿Qué me quieres decir? —la interrumpió enojado—. ¿Qué cosa, Serena? Dilo de una vez, por favor —le suplicó.

—Yo… —ya no había vuelta atrás, por más doloroso que fuera para él, para los dos, debía decirle le verdad—. Yo no quiero casarme contigo.

—Lo sabía —dijo él al ponerse de pie, no soportaba tenerla cerca al escuchar tan duras palabras—. Sabía que todo esto era demasiado perfecto para ser real —caminaba nervioso de un lado a otro.

—Seiya… —ella se sentía fatal al verlo en ese estado.

—Hice hasta lo imposible durante todos estos años para lograr que esto funcione, que te enamores de mí —siguió él sin dejar de caminar—. Y jamás lo conseguí. Y ya no puedo más, Serena, estoy cansado de esto, de… —se detuvo y la miró con aflicción—. De sentir que no soy suficiente para ti, que no te importo, que nada de lo que te doy alcanza para que me aceptes, para que me ames —ella lo miraba con lástima y se sentía peor—. ¡Maldición, esto es tan humillante! —Dijo al llevarse de nuevo las manos a la cabeza.

Serena se puso de pie y se acercó a él. —Eso no es cierto, Seiya, tú sí me importas. Me importas mucho.

—Pero no me amas —dijo él con pesar.

—No, no te amo —admitió ella—. Y no es justo para ninguno de los dos seguir adelante con nuestro compromiso.

—¿Por qué, Serena? ¿Por qué me haces esto?

—Porque me importas, porque te quiero, porque no te mereces estar conmigo cuando yo no soy capaz de darte lo que tú necesitas —él bajó la mirada—. Yo también me esforcé mucho durante estos años para intentar corresponderte, en verdad lo hice, desde el primer día que estamos juntos. Y aunque no logré enamorarme de ti, igualmente llegué a quererte mucho, Seiya, muchísimo. Todo lo que me diste, todo lo que compartimos, ha sido muy valioso para mí. Me hiciste sentir acompañada, cuidada, amada. A pesar de no ser y comportarme como tú esperabas, siempre me aceptaste tal cual soy, con todo lo que tengo, lo bueno y lo no tan bueno. Y me siento eternamente agradecida contigo por todo eso —de nuevo tomó su rostro para que la mire—. Pero ya no puedo seguir adelante con este compromiso, porque ya no quiero continuar forzando algo que no funciona.

Seiya poco a poco podía calmarse. —¿Y entonces qué va a pasar con nosotros a partir de ahora?

—No lo sé con seguridad, creo que…

—Porque yo no quiero separarme de ti —aseguró él.

—Seiya… —suspiró con pesar—. Por favor, no insistas, no lo hagamos más difícil de lo que ya es.

Él la tomó de las manos. —Serena, aún en contra de lo que realmente quiero, acepto que cancelemos el compromiso, que dejemos de lado el asunto de la boda. Quizás tengas razón en que fue una decisión algo precipitada, que debimos estar más seguros al respecto. Pero no quiero que esto se termine tan abruptamente —acarició su rostro—. Llevamos años juntos y no quiero perderte.

—Yo tampoco quiero perderte, Seiya, pero esto no ya da para más, entiéndelo —se alejó de él—. Si seguimos juntos sólo conseguiremos lastimarnos y creo que ya nos hemos hecho mucho daño. Yo…

—Hagamos lo siguiente —la interrumpió—. Yo me iré.

—¿Adónde irás? —preguntó preocupada.

—No lo sé, a lo de Taiki o Yaten, eso no tiene importancia —volvió a su maleta—. Esperaremos a que pase algo de tiempo para calmarnos, para pensar en todo esto y decidir cómo seguimos adelante.

—Pero Seiya, yo ya lo pensé, ya lo decidí.

—Lo sé, tú ya lo decidiste, pero yo no —dijo con un duro tono de voz—. Al menos ten algo de consideración y permíteme tomar mi propia decisión —guardó las últimas cosas en la maleta y la puso en el suelo—. Porque esto que nos está pasando no sólo te compete a ti, yo también soy parte y necesito elegir qué hacer —suspiró otra vez y la miró—. Entiéndeme tú a mí, por favor, no me dejes de lado tan drásticamente, al menos dame la oportunidad para pensar y tomar una decisión.

Ella demoró en volver a hablar. —Está bien —aceptó finalmente—. Si necesitas pensar, hazlo. Respetaré tus tiempos si eso es lo que quieres, pero no olvides que yo ya elegí, que no quiero casarme contigo ni continuar con nuestra relación.

—Yo también quiero elegir —insistió él—. Tengo derecho a hacerlo. Aquí no eres tú sola, Serena, somos los dos.

—Sí, tienes razón —reconoció ella—. Y estoy de acuerdo contigo, tómate el tiempo que necesites.

Seiya tomó la maleta y se encaminó hacia la puerta de la habitación. Pero antes de salir, se detuvo y volvió a hablar dándole la espalda a Serena. —Dile a tu papá que acepto su propuesta. Lo llamaré la semana que viene para acordar una cita con él.

Serena se sorprendió al escucharlo, pero decidió aceptar su decisión. —Está bien, le diré —dijo con frialdad.

—Adiós, Serena —dijo él.

—Adiós, Seiya —dijo ella y lo vio irse.

Apenas escuchó la puerta cerrarse, Serena se sentó en la cama y no pudo evitar comenzar a llorar. Se había esforzado mucho para mantenerse firme y entera mientras hablaba con Seiya, pero por dentro se sentía muy movilizada con lo que estaba haciendo. Estaba completamente segura de todo lo que le dijo, pero no podía negar que también era doloroso para ella.

Porque aunque sabía que era la mejor decisión que podía haber tomado con respecto a él y su relación, en el fondo lo quería mucho y le dolía saber que lo estaba lastimando. Pero definitivamente lo mejor para los dos era separarse.

Y aunque él le había pedido tiempo para pensar y ella había aceptado respetarlo, estaba convencida de lo que elegía y confiaba en que con el paso del tiempo lograría sentirse más aliviada y tranquila por la decisión que había tomado. Porque después de muchos años sin hacerlo estaba dejando de resistirse y pelearse con sus verdaderos deseos y permitiéndose elegir algo sin hacerlo por obligación, sino porque realmente así lo quería.

Cuando logró tranquilizarse un poco y dejar de llorar, observó el anillo que tenía en su mano. Y tras recordar lo que acababa de pasar, se lo quitó y lo guardó en el cajón de su mesita de luz. Se puso de pie, inspiró profundamente para terminar de reponerse y salió de la habitación.

.

.

.

Algunas semanas después, era un viernes al atardecer cuando Darien regresaba a su departamento después de una agitada jornada laboral.

Si bien estaba conforme con el trabajo en el centro de rehabilitación, después de mucho insistir con la ayuda y los contactos de Andrew había logrado concertar una entrevista con el director del hospital general donde su amigo trabajaba. Existían grandes posibilidades de quedar efectivo en un cargo en el servicio de traumatología, quizás no como cirujano desde un principio, pero sí en un puesto que lo acercara de nuevo a su especialidad.

Eso le daba mucha satisfacción, ya que después de mucho tiempo estaba logrando reconciliarse con su vocación, y al mismo tiempo todo lo que estaba haciendo le servía para mantener su mente y su tiempo ocupados en algo productivo. Y que además le sirviera para soportar la eterna espera a la que Serena lo sometía.

Si bien se mantenían en contacto casi permanentemente, no habían vuelto a verse en mucho tiempo. Y al estar al tanto de la 'separación' con Seiya se sentía cada vez más ansioso con la incierta situación. Ella insistía en que aún las cosas no estaban definitivamente cerradas y concluidas con su ex prometido, y que necesitaba tiempo para lograr que todo acabara de una buena vez en los mejores términos posibles.

Y muy en contra de lo que realmente quería, Darien había aceptado respetarla y continuar esperando con paciencia, pero cada vez le resultaba más difícil.

Apenas entró al departamento se encontró con Andrew y Lita que estaban muy acaramelados en el sofá. —Disculpen —dijo mientras cerraba la puerta ignorándolos—. Continúen, hagan de cuenta que no estoy —y se dirigió a la cocina.

Mientras se servía algo para beber, llegó Andrew a su encuentro y se acercó a él. —¿Cómo te fue? —le preguntaba sobre la entrevista en el hospital—. ¿Por qué llegas tan tarde?

Darien suspiró algo molesto ante la eterna actitud paternal de su amigo. —Me fue muy bien —respondió—. El lunes me llamarán para avisarme si quedé o no seleccionado.

—Estoy seguro de que quedarás, amigo —dijo Andrew contento mientras le daba una palmada en el hombro.

Darien rió. —Eso espero —dijo mientras se sentaba en una banqueta junto al desayunador—. Y demoré en regresar porque fui a caminar al parque —continuó—. Necesitaba despejar un poco mi mente, tuve una semana muy agotadora y estaba algo estresado.

—Supongo que no sólo hablas de trabajo, porque en ese sentido las cosas están marchando bastante bien —comentó Andrew, Darien asintió—. ¿Qué es entonces lo que te tiene tan 'estresado'?

—¿Tú qué crees?

—Lo mismo de siempre —respondió con cierto fastidio—, Serena.

Darien suspiró molesto. —Me estoy muriendo de la ansiedad, ya no sé qué hacer, qué pensar. Cada vez que hablamos pareciera que todo está bien, que ella no me rechaza, que nos entendemos y queremos lo mismo. Pero después me sale con que le dé tiempo para terminar de resolver sus asuntos, que aún no está lista, que tiene que ocuparse de muchas cosas. Y pasan los días, las semanas, y todo sigue igual y yo estoy… ¡Volviéndome loco! —y bebió apurado de su vaso.

Andrew echó a reír al verlo tan desesperado. —No estás atravesando una situación muy sencilla que digamos, no vamos a negarlo —se sentó frente a él—. Pero las cosas son así ahora, quizás ella todavía no se sienta del todo segura o tal vez sí. Pero creo que está siendo sincera contigo y no quiere aventurarse a hacer nada hasta no cerrar definitivamente su historia con Seiya —Darien lo miró enojado—. Y acéptalo, ella debe haber sufrido mucho por tu ausencia durante tantos años, y ahora te toca a ti ser paciente y esperarla.

—Te digo que me estoy ahogando y tú sólo describes el agua —le reprochó Darien.

—Ofenderme no te servirá de nada —refutó Andrew.

Darien volvió a suspirar. —Entonces estoy en un buen lío…

—Sí lo estás, sin embargo no dejas de ser afortunado, Darien —dijo Lita desde la puerta de la cocina y los dos la miraron sorprendidos al escucharla—. Porque sabes a quién quieres —agregó mientras se acercaba a su novio y lo abrazaba por la cintura—. Y aunque en un punto estoy de acuerdo con Andrew en que debes tener paciencia, también creo que no siempre hay que dejar que las cosas se enfríen o se calmen demasiado. Porque al fin de cuentas ustedes dos han tenido infinidad de impedimentos para estar juntos como querían por más de 8 años —Darien bajó la mirada—. ¿No crees que ya pasó demasiado tiempo? Tú la quieres y ella también te quiere, estoy segura de que es así. ¿Qué más motivos que esos necesitas para animarte a hacer algo al respecto y recuperarla definitivamente?

—Pero ella aún se resiste —dijo Andrew—, ni siquiera lo deja verla —y los tres se quedaron callados por unos instantes.

Darien reflexionaba sobre todo lo que sus amigos le acababan de decir y se dio cuenta de que ya no soportaba más seguir sosteniendo tanta incertidumbre. —Es cierto —dijo tras una larga pausa—, ambos hemos esperado demasiado —se puso de pie—. Hablaré con ella y aclararemos esta situación de una buena vez —y salió de la cocina en dirección a su habitación.

.

.

.

Serena estaba en la antesala de un baño frente a un enorme espejo retocando su maquillaje y su peinado. Tenía el cabello recogido y llevaba puesto un delicado vestido de gasa y satén color violeta con corte debajo del busto y finos breteles que dejaban sus hombros casi completamente al descubierto. Esa noche finalmente había llegado el día del evento de fin de año del hotel y estaba por empezar en los próximos minutos.

Mientras repasaba cuidadosamente el reflejo de su imagen, sonó su celular. Lo buscó en su sobre negro, que hacía juego con los altos zapatos que estaba usando, y se sorprendió al ver que se trataba de Darien.

Hacía varios días que no hablaban, desde que le había comunicado que Seiya se había ido del departamento y que su compromiso finalmente se había cancelado, las cosas entre ellos dos aún continuaban siendo algo inciertas. Ya que ella le había pedido que esperara a que su situación con Seiya tuviera un cierre claro y definitivo, pero sabía que para él no estaba resultando muy fácil continuar así, incluso para ella misma tampoco lo era. Porque los días pasaban y Seiya seguía evitando volver a hablar con ella.

Inspiró hondo y decidió atender. —Hola, Darien —dijo con calma.

—Hola, Serena, ¿cómo estás? —dijo él enseguida.

Serena se asombró aún más al notar cierta tensión en su voz. —Bien —respondió ella—. ¿Tú estás bien? Te noto algo nervioso.

—Serena, necesito hablar contigo —soltó Darien sin rodeos.

—Ahora no puedo, Darien, estoy en el hotel —se excusó ella—. Hoy es el evento de fin de año, ya te lo había dicho.

—Lo sé, pero tengo que hablar contigo, en persona —Serena no supo qué responder—. Ya sé que te dije infinidad de veces que no quiero presionarte y que respeto tu necesidad de ir despacio, de esperar a que puedas poner en orden tus asuntos. Pero hace un mes que no te veo y necesito hacerlo, quiero hablar contigo, Serena —insistió Darien.

Serena estaba completamente sorprendida por su repentina actitud. —Bueno, si quieres mañana…

—Mañana no —la interrumpió él impaciente—. Tiene que ser hoy, esta misma noche.

—Pero…

—Nos encontremos en el mirador de la bahía donde nos reuníamos de chicos. ¿Sabes a cuál me refiero?

—Sí.

—Estaré allí a las 10 —ella miró su reloj, faltaba poco más de una hora—. Y si no te presentas, lo entenderé y no volveré a molestarte —dijo con determinación.

—Pero Darien…

—Te estaré esperando Serena, adiós —y cortó la llamada.

Serena se quedó atónita mirando el teléfono intentando comprender la tan breve y contundente conversación que acababan de tener.

Hasta que apareció Rei y la hizo regresar a la realidad. —¡Aquí estás, Serena lenta! —bromeó al verla—. Estaba buscándote por todos lados, ¿estás bien? —le preguntó mientras se acercaba a ella.

Serena sonrió con soltura. —Sí, amiga, todo está bien. Sólo vine a retocar un poco mi maquillaje —y guardó el celular y las pinturas en su sobre.

—Estás preciosa, amiga —la piropeó Rei mientras la miraba de arriba abajo—. Bueno —la tomó del brazo—, Seiya y los chicos me avisaron que ya están por presentar al dúo para que empiecen a tocar. ¿Vamos?

—Vamos —respondió Serena y juntas se dirigieron hacia el salón principal del hotel donde tendría lugar el evento.

.

.

.

En el lugar ya estaban presentes todos los invitados, muchos de los empleados y algunos huéspedes. Estaban distribuidos en grupos o parejas por todo el salón mientras algunos meseros servían cocteles y bocadillos. Era un ambiente elegante pero informal, tal y como Kenji había pedido que fuera.

De repente algunas luces se atenuaron y la música ambiental dejó de sonar. Y Seiya apareció en el pequeño escenario que había al fondo del salón para presentar a Haruka y Michiru como las invitadas especiales de la noche, sin antes dejar de hacer los agradecimientos pertinentes a los dueños del hotel quienes le habían dado la oportunidad de participar en tan importante ocasión.

Durante la primera parte de su presentación, las artistas hicieron una larga interpretación en piano y violín en la que repasaban algunas obras propias y de otros autores reconocidos. Y tras un breve receso dieron inicio a la segunda parte del show donde alternaban canciones en las que Michiru también cantaba. Como Seiya había dicho, las dos eran unas excelentes profesionales y todos los asistentes estaban muy a gusto.

Mientras las músicas continuaban tocando, Kenji se acercó a Serena que, como buena obsesiva y perfeccionista que era, estaba a un costado del escenario observando y evaluando todo lo que sucedía. Esta era la primera vez que ella también participaba en la organización de este evento y no quería que se le escapara ningún detalle. —Te felicito, hija —le dijo su papá al llegar a su lado—. Todo está saliendo espléndidamente bien.

—Gracias, papá —respondió ella satisfecha—. Me alegra que te hayas animado a probar hacer algo diferente, todos parecen estar disfrutando mucho de la velada.

—Es cierto, está teniendo una excelente recepción, al menos con los pocos que he conversado he notado que están realmente conformes y cómodos —y observó por unos instantes a la pareja de músicas que estaban interpretando unas piezas de jazz—. Y Seiya se lució con la elección de este dúo. Es una lástima que justo cuando empezaba a caerme mejor las cosas estén mal entre ustedes —dijo con un duro tono de voz.

—No están mal las cosas —explicó Serena y se maldijo a sí misma por haberle contado a su papá lo que sucedía, ya que una vez más se mostraba despreciativo con ella—. Sólo estamos distanciados.

—Pero según entiendo cancelaron el compromiso y ya no viven más juntos —siguió él en actitud descalificativa.

—Sí, es cierto, pero eso no significa que nos estemos llevando mal. Sólo nos tomamos un tiempo para poder decidir qué vamos a hacer —en realidad quien se estaba tomando el tiempo para pensar era Seiya y de hecho a Serena ya comenzaba a impacientarle tanta espera, siendo que ella ya tenía una decisión tomada hacía rato.

—Tu generación es tan cínica —dijo Kenji en tono despectivo—, no entiendo cómo funcionan las relaciones entre los jóvenes de hoy. En mis épocas era blanco o negro, o te casabas o no lo hacías. Pero esto de andar probando con la convivencia, separarse, volver a reconciliarse, no es nada más y nada menos que una pérdida de tiempo absoluta y un inútil intento de no querer madurar y comportarse como adultos —Serena optó por no decirle nada, su papá siempre había sido demasiado rígido y conservador sobre estos temas—. En fin, sólo espero que tú te sientas bien, tomes la decisión que tomes.

—Gracias, papá, es muy considerado de tu parte —dijo ella con sarcasmo, pero aparentemente Kenji ni se dio por aludido.

—Cambiando un poco de tema —él volvió a hablar—, ¿sabes algo de Darien?

—No —respondió Serena, no tenía la más mínima intención de hablar con él al respecto—. Hace varias semanas que no lo veo.

—Pues creo que debimos haberlo invitado —siguió Kenji—. Es un gran muchacho y está muy solo, quizás podríamos haberle presentado a alguna de tus amigas o…

—¿De qué estás hablando? —Serena lo miró molesta. Si bien sabía que su papá jamás se había enterado de lo que pasó entre ella y Darien, gracias en gran parte a la complicidad de Ikuko, estaba realmente sorprendida con lo que le estaba diciendo.

—¿Por qué me miras así? —preguntó riendo—. Sólo estoy diciendo que sería bueno para él encontrar a una buena muchacha con quien sentar cabeza, casarse, formar una familia. Él es profesional, bien parecido, además ya tiene 30 años, me parece que ya es hora de que deje de estar solo, ¿no crees?

Y cuando Serena estuvo a punto de responderle, aparecieron sus amigas, Rei, Mina y Ami, y la conversación se interrumpió. —Disculpe, señor Tsukino —dijo Rei mientras tomaba a Serena del brazo—. Necesitamos hablar con ella un momento —y las cuatro chicas se alejaron juntas lo más rápido que pudieron.

—¡Oigan, ¿qué les pasa?! —protestó Serena mientras se soltaba de Rei.

—Amiga —dijo Mina impaciente—, nosotras estamos al tanto de todo lo que te está pasando últimamente —explicó—. Que ya no quieres estar con Seiya, que te mueres por regresar a los brazos de tu amado Darien, pero…

—¿De qué estás hablando? —la interrumpió Serena confundida—. ¿Por qué me dices esto, Mina?

Y Rei tomó la palabra. —Serena, sólo queremos decirte que estamos preocupadas por ti.

—¿Por qué?

—Porque si bien entendemos que tú estás teniendo consideración con Seiya al darle tiempo para procesar lo del compromiso y el regreso de Darien —continuó Ami—, creemos que ya ha sido suficiente, que debes dejar de querer cuidar a todo el mundo como siempre lo haces y que comiences a ocuparte de ti de una buena vez, de tu verdadera felicidad, de Darien.

—Eso intento —dijo Serena—. En verdad lo intento pero, por favor, entiéndanme, no puedo mandar todo al diablo de un día para el otro, estas cosas llevan tiempo, no es fácil separarse y terminar una relación de tantos años. Además…

—Ay, Serena, ya cállate y mira —Mina la tomó de los hombros y la hizo voltear a que viera del otro lado del salón. Serena reconoció a Seiya sentado junto a la barra conversando y riendo distendidamente con una chica, que finalmente pudo darse cuenta que se trataba de Ann—. ¿Ahora entiendes lo que te estamos diciendo?

Serena usó todo su autocontrol al máximo exponente para no estallar de rabia. —Sólo están platicando —dijo sin poder disimular su decepción.

—Ay, amiga —protestó Rei—. ¡Están coqueteando! ¿No lo ves? —Rei tenía razón, claramente se trataba de una evidente escena de coqueteo—. Aunque esta vez puedo dar fe de que no fue Ann la que se acercó a él.

—No puedo creer que sean tan chismosas —les reprochó Serena a las tres.

—¡Y yo no puedo creer que seas tan cabeza dura! —exclamó Mina molesta—. Ya deja de hacerte la superada y condescendiente con él, lo de ustedes se acabó el día que se fue de tu departamento, admítelo de una vez y recupera tu vida.

—Yo estoy de acuerdo con Mina —continuó Ami—. Serena, durante años no has hecho más que preocuparte por el bienestar de los demás a costa de renunciar a tus propios deseos. Lo hiciste con tu papá, con tu trabajo y ahora lo haces con Seiya. ¿No estás cansada de todo esto? ¿No crees que ya es hora de rehacer tu vida? ¿De tomar tus propias elecciones?

—Claro, Serena —siguió Rei—. Ya deja de ser tan indulgente y comprensiva con él, es un grandote importante, que se ocupe él solito de sus dudas o lo que sea que le pase, eso ya no es asunto tuyo.

—Tienen razón, chicas —admitió Serena al fin y todas suspiraron aliviadas al escucharla—. Todo tiene un límite y mi nivel de tolerancia también —dijo con determinación—. Se acabó, definitivamente esto se acabó —y comenzó a caminar a paso firme hacia donde se encontraba Seiya.

.

.

.

Momentos más tarde, Darien estaba en el mirador donde le había pedido a Serena que se encontraran para hablar. Mientras contemplaba la bonita vista que tenía enfrente apoyado en la baranda, repasaba en su mente todo lo que horas antes había hablado con Andrew y Lita, y todo lo acontecido en los últimos días, en los últimos años, en toda su vida.

Y se sentía cada vez más convencido de que necesitaba darle un nuevo rumbo a su incierta relación con Serena. Y una vez más se replanteaba todas las decisiones que había tomado, todos los errores que había cometido, y se preguntaba qué iba a ser de ellos a partir de ahora. No quería dar todo por perdido ni ceder en su determinación de intentar recuperarla, pero tampoco podía negar que las cosas cada vez eran más difusas e indefinidas entre ellos, a pesar de que Serena no lo rechazaba del todo.

Pero necesitaba hablar con ella, poner una vez más todas la cartas sobre la mesa y apostar nuevamente a poner lo mejor de sí para reparar sus errores y recuperar el tiempo perdido.

Estaba completamente decidido, se sentía totalmente seguro de lo que estaba por hacer, pero a medida que los minutos transcurrían comenzaba a preocuparse, ya que Serena no aparecía, ni tampoco se había vuelto a comunicar con él. Y aún en contra de sus verdaderos deseos, cuando la llamó él le había advertido que si no se presentaba no volvería a molestarla.

Y al mirar la hora en su teléfono y percatarse de que ya eran casi las 11 de la noche, siendo que habían acordado reunirse a las 10, temió que ella ya no llegara.

Suspiró con resignación y decidió irse de allí para regresar a su departamento y continuar con su vida sin ella, asumiendo que ya no valía la pena seguir esperándola. Guardó su celular en el bolsillo y se acercó a su motocicleta que estaba aparcada junto a una banca.

Y cuando estaba colocándose el casco para disponerse finalmente a partir, se dio cuenta de que alguien se estaba acercando a él. Y antes de poder reaccionar y voltear a ver de quién se trataba, escuchó que lo llamaba. —Darien… —dijo la voz femenina a sus espaldas y al reconocerla sintió que su corazón se detenía.


Ay mi dios… este par de cabezotas me están impacientando cada vez más… ¿Será posible que al fin puedan concretar? Ya no veo las horas de que se reconcilien! Y sé que muchas me odian por cuánto estoy estirando la tan ansiada definición… Pero no se preocupen, en cuatro o cinco caps más se sabrá… No, es broma! Ya falta poquito, lo prometo :) Ténganme confianza, y sobre todo mucha paciencia!

Bueno, aquí va mi respuesta para quienes no tienen cuenta (a las demás les respondo por privado):

- Guest: Tranquilx amigx que ya Darien no le dará más cabida a Ann, y finalmente parece estar dispuesto a volver a insistir para arreglar definitivamente las cosas con Serena. Gracias por leer y dejarme tu opinión!

- Kaguya: Muchas gracias por tan lindas palabras! Admito que lo de Ann lo saqué de la galera, y lo de Seiya en el cap de hoy también… Pero en el próximo cap entenderemos mejor qué onda hay entre estos dos… Es cierto, esas llamadas son tan lindas… Tanto amor y tanto miedo al mismo tiempo… Yo también muero de ansiedad porque al fin se reconcilien… Pero hay que tener un poquitito más de paciencia… Gracias una vez más por tu entusiasmo y tu interés!

- Romi: Bienvenida a mi locura, niña! Me alegra que te guste la historia, y repito, la reconciliación ya está cerca… Así que paciencia! Jeje! Gracias por comentar!

Bueno gente, espero que les haya gustado el cap de hoy y que me dejen sus reviews! Todo es sumamente bienvenido y valioso para mí, así que agradecida inmensamente estaré al leer sus opiniones!

Besitos per tutti y hasta la próxima!

Bell.-