En la mañana salieron rumbo a la mansión su día juntos había terminado, cuando llegaron a las caballerizas a dejar a un animado Caesar por haber pasado la noche al aire libre caminaron juntos tomados de las manos hasta que la abrazó por la cintura en medio del jardín de la entrada y ella lo rodeó por el cuello con una sonrisa

- Nos hubiésemos quedado en la cabaña mínimo una semana entera

- ¿Y moriríamos de hambre?

- Podía pescar y cocinaríamos en una fogata o en la chimenea

- Su risita fue de diversión – me encantaría - la beso con amor profundamente

Estaban ensimismados en su mundo perdidos el uno en el otro hasta que un carraspeo y una voz los interrumpió, al girarse Madame Elroy erguida y con disgusto acompañada por su doncella se dirigió a su sobrino

- Has perdido hasta el pudor y el decoro William, llegaste según tengo entendido hace dos noches y no te veo hasta ahora

- Lo siento mucho tía que tengas buen día - beso su mano – he pasado el día fuera con mi esposa

- Alzó las cejas pero no la miró – no estaré para el almuerzo pero esta noche debemos hablar con urgencia, voy de salida enviaré a alguien a avisarte cuando regrese – sin más les pasó por un lado y siguió su camino hasta abordar el carruaje

- Madame Elroy está furiosa por el almuerzo aquel, desde ese día no se sienta en la mesa conmigo

- Frunció el ceño - esa actitud tiene que cambiar, te debe respeto

- Será mejor que dejes que con el tiempo quizá cambie su actitud, no me gustaría que discutieran por mi

- No se trata de eso Candy tienen que respetarte como mi esposa a quien no le parezca será mejor que busque otro lugar para vivir, no permitiré que pases por soberbias ridículas como las de ese té y no creas que no me di cuenta que prefiere ignorarte

- Ya sé pero ellos son tu familia no sabes cuanto daría por tener a mi familia otra vez o estar cerca de los Dustin... sólo está molesta Albert, aprenderemos a llevarnos bien pero de ninguna manera quiero ser la causa de discusiones – iba a replicarle con alguna cosa pero ella lo interrumpió – por favor, no arruinemos esto, hazlo por mí – asintió acariciando su mejilla


Estaba sentado a media tarde en su escritorio y frente a él había un cofre de madera pequeño, suspiró y restregó su rostro con sus manos, la puerta del despacho sonó y al dar el paso observó a la doncella de su tía que entró para entregarle el recado, estaba seguro de lo que ella le diría la conocía muy bien y por su actitud de la mañana no le quedó duda, tendría una discusión con ella; Después de dos toques entró a su habitación y la encontró sentada en su sillón favorito muy seria

- Tía no sé que….

- William seré breve y directa, quiero que mañana mismo saques a esa mujer de esta casa

- Frunció el ceño tratando de buscar las palabras que no reflejarán su rabia - espero que no se refiera a mi esposa

- Tu concubina querrás decir – se levantó con un papel en la mano y se acercó a él – desde el día después que se apareció contrate a un investigador para saber primeramente de adonde había salido, y me encontré con que ni apellido tiene, hace años cuando la vi descalza con aquellos harapos supe que lo que quería era enredarte, hoy me llego el informe completo, estuvo de interna en el ala psiquiátrica de una base militar, no dice las razones pero no me da buena espina, trabajó de sirvienta en la casa de unos señores y en los libros de matrimonios celebrados ese año en que aseguras haberte casado no aparece ni en París ni en Bélgica el matrimonio entre ustedes, tú no estás casado con ninguna mujer

- Cerró los ojos dejando escapar el aire con frustración y rabia – lo sé y me parece denigrante que haya hecho todo esto, lo sé todo de ella tía

- ¿¡Como!? ¿Y aún seguiste con esta payasada que nos ha alejado de amistades importantes? ¿!Como te atreviste!?

- Es mi esposa aunque no estén los papeles, la amo, ni siquiera merece una explicación de lo que hay allí escrito eso solo me incumbe a mí, nos casamos ambos lo sabemos, sus papeles se perdieron y el pueblo fue arrasado por los franceses sospeché esto desde el principio pero no pensé que mi propia sangre llegara tan lejos

- No quiero a esa mujer aquí contigo – aseveró

- Esta es mi casa y ella mi esposa, puede irse si le molesta el hecho, lo de los papeles tiene solución, nos volveremos a casar cuanto antes

- Eso nunca William, tienes hasta la osadía de echarme de aquí por esa

- ¡Tía por favor! Téngale el debido respeto a la que será sin duda la madre de mis hijos

- Abrió los ojos de par en par - ¡No voy a permitirlo! ya que ella no es tu legítima esposa yo sigo siendo la matriarca de la familia y no permitiré tal escándalo, ya ha sido suficiente, diremos que la enviamos a otro país o lo que sea

- Han manejado mi vida como quisieron desde siempre pero no dejaré que en esto interfiera, si no quiere irse nos iremos nosotros de todos modos y nos casaremos, se arreglará lo de los papeles que tanto necesita para convencerse pero que quede claro, ella es mi esposa y lo será lo que me reste de vida

- Tú padre no permitiría algo así

- Mi padre ya no está y usted debe acatar mis órdenes y respetarlas – recalcó en tono severo

- ¿¡Pero que brujería te ha hecho esa mujer William para que decidas acabar con la respetabilidad de una familia como la nuestra!? ¡Además echarme de tu lado!

- Lo único que debe entender es que existan o no esos papeles ella es la señora de esta casa tiene todo mi apoyo y en cuanto hable con ella fijaremos la fecha para recuperar definitivamente el lazo legal

- Pero William….

- Esta discusión terminó – salió sin más palabras con mucha rabia y en el fondo un poco de miedo

Cuando lo vio salir de la habitación de mándame Elroy Eliza salió detrás de una columna en la que se había ocultado luego de escuchar tras la puerta la discusión y con una sonrisa maliciosa se dirigió a la habitación de su madre.

Por lo pronto y cuánto antes debía hablar con Harry, después encontraría la forma de decirle todo, por un momento añoró estar con ella en la cabaña solos y sin que les importara nada ni nadie más, si no hubiese descubuerto nada lo primero que haría era llevarsela lejos y hacer una vida solos apartados de todo. Su Tía era el menor de los problemas.

Había anochecido y antes de cenar El Conde entró a la enorme habitación que utilizaba como despacho con una sonrisa, enseguida se puso de pie y lo invitó a sentarse

- Harrington gracias por venir, quiero pedirte una disculpa por haberte retenido pero…

- Yo entiendo William prácticamente estas recién casado, espero que la situación sea algo que podamos resolver

- Mi padre y tu eran muy amigos, siempre fuiste como un tío para mí, los negocios con la familia perduraron con el tiempo

- Si, tu padre era un hombre difícil pero astuto, igual que tu hijo, aunque de carácter siempre me has recordado a tu madre – sonrío al recordar y luego lo miro con seriedad – ¿que es lo que pasa? Te ves tenso y no quisiera pensar que luego de verte tan feliz ayer con tu esposa haya pasado algo malo, recuerda que no puedes exaltarte demás, tus ojos están enrojecidos

- No estoy tenso Harry estoy preocupado y lo que voy a decirte no es nada fácil, se trata precisamente de Candy

- Lo miró de hito en hito, su corazón dio un vuelco y se acomodó en el asiento - ¿que es?

- La conocí cuando era una niña en Dorset, pasábamos primavera en el antiguo castillo dando fiestas, la adoptó una familia Hindú criándola con cariño, su padre temía por el destino de ambos estando atrapados en la guerra y me entregó un cofre – lo giro abriendo la tapa, de el saco una carta ya amarilla por el tiempo – hay más cartas dentro, yo.. Las leí todas pero esta, es muy importante y para mi sorpresa.. esta dirigida a ti – le entregó el sobre

Abrió el sobre sacando la carta con cidado y al abrirla se encogió en el asiento mientras la leía, lo observó ir desde el asombro a la tristeza y finalmente a una rabia contenida. Al terminar de leer la carta la doblo y la acaricio sin levantar la vista totalmente inexpresivo, Albert pensó en darle un tiempo para asimilar lo que estaba allí escrito que para él debía ser doloroso y difícil

- Ese… - reprimió algunas maldiciones pero dejó escapar otras - Merece la muerte y así sea lo último que haga yo se la concederé

- La carta no es una prueba suficiente para la justicia y han pasado muchos años

- ¿Justicia? – lo miro con la rabia reflejada en su mirada que de pronto se había cristalizado – lo retare a un duelo, es un bueno para nada

- Y un Duque, no es tan fácil – se levantó de su asiento y camino por la habitación pasando las manos por su cabello tratando de ordenar las ideas, luego giro acercándose a él

- Dame el resto William – ordenó y le extendió el cofre

Las cinco cartas restantes estaban dirigidas a Candy, se paseaba por la habitación mientras las leía, lo observo limpiar la comisura de sus ojos un par de veces, reír en medio de la nostalgia y cerrar los ojos con evidente dolor ese fue sin duda un duro momento, no quería ni imaginar lo que significaría para ella saber todo aquello, devolvió todas menos la primera, cerró el cofre dejándolo sobre el escritorio y se sentó en el sillón, le tomo un par de minutos quitar la vista del punto fijo en que la había clavado, Albert sabía que debía ser muy difícil asimilar todo aquello, quería poder decirle que lo sentía mucho pero no habían palabras para consolar años de incertidumbre y pena con la veracidad de tamaña aberración, cuando él las leyó le parecía increíble, injusto, cruel y una casualidad extraordinaria, o quizá el destino ya estaba escrito después de tantos años y tanto sufrimiento, un camino llevó a otro quizá así retorcidos y dolorosos debían ser

- Lo sabía – murmuro - respóndeme sinceramente …. ¿Ha sufrido mucho?

- Con tristeza respondió – los últimos años si – lo observó tocarse el pecho acariciándolo con un dolor que era más del alma que del cuerpo y lo miró con seriedad

- Sabes que todo cambiará, no pretenderás que siga siendo igual, ni para mi ni para ella, comprenderás que con esto la situación también cambia con relación a su matrimonio

- Lo sé Harrington quiero hacer lo correcto además es lo justo, pero... hay algo más – suspiró audiblemente - los papeles de nuestro matrimonio jamás llegaron a registro y la copia se perdió en la guerra, mi tía logró averiguarlo… Dame tiempo por favor

- Frunció los labios y el ceño en una mueca de disgusto – sé que no tienes la culpa pero tienes dos días William o lo haré yo, no estoy seguro de si esto mejora o empeora la situación, me quedaré con esta – agito la carta frente a él – debes entregárselas – miró el cofre y suspiró - lo siento pero necesito pensar y despejar mi mente, discúlpame si no ceno con ustedes y… Gracias muchacho - salió del despacho lentamente con un peso triste sobre sus hombros

Se dejó caer en el sillón con cansancio preguntándose por qué cuando todo parecía que mejoraba siempre había algo, sucedían cosas, meditó cómo abordar el tema con ella por una hora y durante el almuerzo no quiso ni mencionar palabra alguna, eran demasiadas verdades y bastante abrumadoras, después de todo lo que tuvo que pasar no quería causarle más incertidumbres, dudas, problemas, disculpó al Conde y la miró sonreír mientras conversaba con Stear, su tía tampoco había ido a cenar con ellos y los Hermanos Legan parecían indiferentes, volvió a su despacho enterrándose en papeles por revisar de las semanas anteriores para despejar un poco los pensamientos, su cabeza comenzaba a punzar en ese aviso doloroso, su temor era perderla, sin el lazo de matrimonio y con la certeza de una familia tal vez ella lo dejaría, él ya no era lo único que tenía en este mundo, no dudaba de su amor pero Harry sin duda se la llevaría lejos y él no tendría derecho a retenerla, la cabeza le daba vueltas, se obligó a distraerse entre libros y números hasta que por fin decidió ir a la cama, por la mañana sería otro día y podría pensar con más claridad, ella trenzaba su cabello en camisón frente al espejo del tocador, se giró al verlo con una sonrisa pero la perdió inmediatamente

- ¿Que sucede Albert?

- Se acercó abrazándola con ternura – no pasa nada pequeña

- No trates de engañarme, tus ojos me dicen otra cosa, ¿sucedió algo? ¿discutiste con tu tía?

- Si pero…lo solucionaré lo prometo

- No quiero que te enemistes con los tuyos por mi ¿de acuerdo?

- Beso fugazmente su boca – quisiera que todo fuera más sencillo, cuando te casaste conmigo prácticamente te obligue en una situación desesperada

- Estaba molesta contigo por creer que solo querías protegerme, eres difícil de descifrar – sonrió - Pero lo que yo sentía por ti en ese momento era tan grande que quise creer que podía conquistarte – acarició su mejilla con cariño - ¿que tienes príncipe?

- Es que.. bueno, prácticamente te ordené que te casaras conmigo, jamás te lo pedí….. pero si te lo pido ahora, ¿lo harías? - la miro parpadeando para mitigar el dolor

- Por supuesto que sí Albert aunque ya estamos casados

- Y si no lo estuviésemos… es decir, ¿si nunca nos hubiésemos casado habrías venido a buscarme?

- Probablemente no amor para empezar hasta ayer supe que me amabas y yo jamás me hubiese atrevido a decirle a mi mejor amigo que soñaba con el día en que me besara – acaricio su rostro con una sonrisa pero él no le devolvía la mirada, se veía afligido y casi no podía mantener sus ojos enrojecidos abiertos - ¿A qué viene todo esto?

- Tú eres mi esposa y mi adoración ¿está bien? - cerró los ojos con una mueca de dolor

- Otra vez ese dolor de cabeza, cualquier cosa que te preocupe se resolverá mañana, es tarde y te ves agotado – lo abrazó

- Necesito que hablemos Candy… es que…

- Ahora no, no me gusta verte así lo que sea puede esperar, traeré algo para hacerte ese masaje del que te hable o no podrás dormir

Tenía que dejar de preocuparse de ese modo, el dolor lo iba a matar si seguía así y sabía muy bien lo que pasaba cuando el dolor era insoportable, al día siguiente todo se resolvería a primera hora le diría todo, se obligaba a convencerse pero su cabeza no dejaba de dar vueltas; se quitó la ropa, se recostó en la cama y de pronto cuando por fin abrió un poco los ojos ella frotaba algo que olía a menta entre sus manos, recostó su cabeza en su regazo y dejó que sus preocupaciones cedieran ante su contacto, le susurraba que todo estaría bien, que dejará de pensar, le repetía que lo amaba y que tenía que descansar, que ella estaría allí para cuidarlo, poco a poco el palpitante dolor fue solo una onda y la presión dejó de molestarle, se sumió en un profundo sueño.

...


Feliz inicio de semana, el temor nos perturba la mente y nos retiene la lengua, habrá que esperar la reacción de ella a todo el asunto.. por que es probable que deba elegir. Saludos a todas