XIII

Kagome abrió los ojos tarde ese día, al mirar el reloj lo primero que vio fueron las manecillas indicando las cuatro de la tarde, pero no se sobresaltó a pesar de ser día de semana, estaba de vacaciones navideñas así que el levantarse o no tarde no le importaba en lo más mínimo. Se sentía más ligera y renovada, con fuerzas que había olvidado, ese sí había sido un sueño reparador. Sus manos fueron en busca de las bolsas bajo sus ojos pero estás o ya no existían o eran muy poco notorias pues no las sentía. Dio un suspiro. Se sentía tan bien.

-ya era hora de que despertaras, dormilona-habló esa voz tan conocida con cierto tono divertido.

-Taka-gruñó ella suavemente y se incorporó rápidamente en su mullida cama.

-¿quieres comer?-preguntó tranquilo-tu madre guardó tu porción de cena… ¿la quieres o me la como yo?-

-tengo hambre-musitó antes de que sus mejillas se tiñeran ligeramente de rosa.

-eso ya lo preveía…-rió-le diré a tu familia que has despertado-dijo antes de salir de la habitación.

Ella volvió a recostarse en la cama lanzando un suspiro, se había quedado después de todo, él estaba ahí y estaba segura de que había velado su sueño todo ese tiempo. Rió suavemente para sí, se sentía algo estúpida porque estaba demasiado risueña.

"Es el simple hecho de haber dormido, nada más"

Se repitió una y otra vez mientras se levantaba y caminaba directo al espejo. Su cabello estaba desalineado y su ropa arrugada, seguía usando la ropa de la noche anterior, miró con más detenimiento su antes demacrado rostro, allí observó con cierto grado de satisfacción el hecho de que sus ojeras habían casi desaparecido y que su semblante parecía tan brillante y vivaz como meses antes.

Le sonrió a su imagen y peinó su cabello con sus hábiles dedos. Estaba extrañamente feliz.

Buscó ropa abrigadora para ese día, a pesar de estar soleado aún hacía mucho frío en el ambiente. Tomó un par de toallas y sus zapatillas de levantar y se dirigió con una gran sonrisa, directo al baño.

-¿Cómo amaneció entonces?-preguntó la Sra. Higurashi mientras calentaba la porción de pavo y arroz que le pertenecía a su hija.

-ella está bien, se ve más repuesta-contestó Taka-al menos esa impresión tuve, tenía las mejillas rosadas… ayer las tenía pálidas-

-al parecer te fijas en cada detalle de mi hija… ¿no, Taka?-decía ella con una sonrisa.

-no le ocultaré mis intenciones para con su hija, Sra. Ella me gusta mucho-decía sin temor.

-me lo suponía-respondió ésta-Kagome era una chica muy especial, sencilla y modesta… aunque con un carácter de temer si se enojaba-decía con melancolía-ella era muy feliz, pero una serie de acontecimientos hicieron que cambiara… no sabes cuánto te agradezco que hayas aparecido en la vida de mi hija. Le estas devolviendo su brillo, Taka, y no sé cómo agradecértelo-

-yo tampoco sé cómo agradecerle que haya traído al mundo a alguien como ella-contestó él.

-¿están hablando de mí?-Kagome entró en la cocina con sonrisa radiante, vestida con unos pantalones y un sweater de cuello de tortuga color azul.

-te tardaste mucho en bajar- comentó Taka.

-el agua estaba deliciosa y me quedé un rato bajo ella-contestó con simpleza-¿Dónde están el abuelo y los niños?-preguntó.

-afuera, jugando con la nieve, el abuelo los cuida-respondió su madre-siéntate, cariño, te sirvo en un segundo-dijo, luego, mientras habría el horno y destapaba la olla que contenía el arroz.

-gracias, mamá-musitó mientras se sentaba-¿te quedaste anoche?-preguntó un segundo después, cuando el castaño se sentaba en la silla junto a ella.

-¿no es obvio?-

-pudiste irte y volver antes de que despertara… además, andas con una ropa distinta a la de ayer-señaló.

-te hice una promesa, no me he movido de tu casa-respondió ofendido-además, traía ropa en la mochila que llevaba ayer-agregó.

-¿Qué mochila? Yo no te vi ninguna mochila-

-porque la dejé en la sala antes de que tu madre fuera a buscarte-

-es cierto, cariño-su madre dejó un plato humeante de cena navideña frente a ella. Kagome no pudo evitar relamerse los labios al ver el desayuno, mejor dicho almuerzo. Buscó un tenedor, un cuchillo y comenzó a comer, degustando cada bocado con detenimiento.

-rico-dijo ella, como si se tratara de una niñita pequeña. Tomó con la otra mano el vaso de jugo que le había servido y bebió de él.

-sí que tenías apetito-comentó su madre mientras retiraba el plato con los servicios y el vaso.

-eso parece-sonrió-muchas gracias, voy a lavarme los dientes y vuelvo enseguida-anunció mientras se levantaba y caminaba a la salida. Se detuvo y volteó a ver al muchacho que la miraba con una sonrisa-ve afuera, te alcanzo al tiro-recomendó mientras daba un par de pasos y besaba su mejilla derecha, dejándolo algo aturdido.

-¿a qué vino eso?-atinó a decir con extrañeza.

La azabache no contestó, salió de la cocina a paso rápido y subió de nuevo al baño.

Cayó al suelo de bruces, riendo como nunca y sacudiendo su cabello para quitarse la nieve.

-¿estás bien?-preguntó Kagome mientras lanzaba otra bola de nieve y le daba directo a su hermano.

-estoy bien-contestó la pequeña Hinata mientras se levantaba con una masa de nieve entre sus manos.

-creo que te queda algo holgada mi ropa-comentó Kagome esquivaba otra bola.

-solo un poquito-dijo la niña mientras lanzaba.

-¡dejen de conversar, estamos en guerra!-gritó Taka mientras lanzaba un proyectil que le dio de lleno en el estómago a Kagome.

-¡no molestes, Taka!- exclamó ella.

-¡ay, no es justo!-Souta había caído al suelo.

-¡voy a sepultarlo bajo la nieve!-exclamó. Hinata corrió a echársele encima al niño, a llenarlo de cosquillas.

-levántense del suelo, van a terminar mojados-les dijo el abuelo que se acurrucaba en una banca.

-lo siento, abuelo-contestó Souta. Ambos niños se levantaron y corrieron hasta perderse de la vista.

-de nuevo, deberían quedarse cerca-bufó el anciano mientras se levantaba y los seguía a paso de tortuga.

-¡abuelo, tu manta!-exclamó Kagome, pero el anciano no la escuchó, parecía que cada día estaba más y más sordo. Suspiró-tendrá que ir con el otorrino-susurró.

-y otra vez estamos solos-comentó Taka, mientras la tomaba por la cintura-¿'preciosa', por qué estás tan cariñosa?-le preguntó mientras la volteaba delicadamente. Ella le miró entre dudosa y tranquila.

-así soy yo-musitó suavemente mientras sus mejillas se teñían levemente de rojo-¿no… no te gusta?-

-todo lo contrario… solo que estaba acostumbrado a que me trataras como basura-dijo tranquilo.

-ya veo…-

-de todas formas, me gusta que me muestres tu otra faceta-confesó mientras acercaba su rostro al de ella.

-si… bueno… yo… emmm…-balbuceaba, nerviosa por la cercanía de ambos. El sonrió con arrogancia, sus frentes se tocaron y ella sonrió.

-que inocente eres… al fin y al cabo-Taka la levantó del suelo y tomó con unos de sus brazos las piernas de ella.

-¡¿Qué haces?!-exclamó mientras su cara se ponía aún más roja.

-nada…-dijo él inocentemente mientras comenzaba a dar vueltas con ella en brazos.

-¡Taka, bájame!-exclamó ella-¡ay, bájame!-

-¡no quiero!-decía él con diversión.

-¡Taka!-exclamaba. Ahora sí, comenzó a reír a medida que daba más y más vueltas-¡me estoy mareando!-dijo mientras se aferraba más a él.

-¡yo también!-dijo él mientras perdía el equilibrio a propósito y caía al suelo de espaldas con ella enzima.

No pudieron evitarlo, reían como un par de condenados sobre la fría nieve, él abrazándola con posesión y ella apoyando su cabeza en su pecho.

-¡idiota!-decía entre risas-¡cómo se te ocurre!-continuaba mientras alzaba el rostro hacía él.

-soy un idiota feliz-contestaba él-¡eres tan liviana como una pluma, Kag, podría cargarte medio kilómetro y no me cansaría!-

-¡no soy anoréxica! –exclamó.

-nadie está diciendo eso-contestó-me gusta que seas liviana…-y la risa de él fue apagándose.

-no sé qué tan bueno sea eso-la risa de ella también había cesado.

-creo que es bueno-le dijo mientras acariciaba el cabello de ella-Kagome, me encantas-susurró. Kagome volvió a sonrojarse ante los comentarios del castaño. De acuerdo, ahora ella se autodenominaba, oficialmente, bipolar.

Kagome sonrió con ternura antes de alzarse para alcanzar su rostro y besarlo.

-feliz navidad-susurró ella al separarse.

Kagome bajó a saltos la escalera siendo seguida por la pequeña Hinata que, por prohibición expresa de la joven, no la imitaba en bajar a saltos la escalera.

-¡buenos días!-exclamaron al unísono cuando entraron a la cocina para desayunar.

-¿durmieron bien?-preguntó la madre de Kagome.

-si-contestó la niña mientras se sentaba a la mesa.

-porque te llevaste la mitad de las sábanas para tú lado-comentó la joven.

-lo siento-

-no importa-

-de todas formas, arreglamos la habitación de huéspedes para que puedas utilizarla, Hinata-anunció el anciano patriarca.

-siento que me estoy aprovechando-musitó algo cohibida.

-para nada, Hinata-chan-contestó Souta-es bueno tenerte aquí-

-ayer estuvimos conversando, papá, Kagome y yo, y llegamos al acuerdo de hacer trámites para tu adopción… si no tienes problemas-Hinata se puso pálida, sus ojos se ensancharon por la sorpresa y se volvieron vidriosos.

-¿adoptarme?-preguntó suavemente-¿formar parte de una familia?-los adultos asintieron ante las preguntas.

-pero será tú decisión, no te obligaremos-acotó Kagome mientras pasaba su mano por el cabello de la niña.

-¿y qué opinas?-preguntó Souta.

-s-si… si quiero-susurró.

-fantástico… entonces hoy comienzo los trámites de tu adopción-

Kagome llevaba puestas botas, pantis, un confortable abrigo y una bufanda sobre su uniforme, obviamente toda estos accesorios pertenecían a la institución. Iba a paso rápido, caminando por la acera resbaladiza aunque limpia de la nieve que se amontonaba a los costados. Otra vez iba atrasada, ya aquella rutina la tenía más que asumida y, aunque hacía todos los esfuerzos por evitarlo, siempre terminaba saliendo a la misma hora de la mañana.

Y cuando entró al patio de la preparatoria sonó la campana de inicio de clases. Al menos había llegado, pensaba, y, tomando aire, comenzó a caminar rápido hacía el edificio principal.

-te vez mejor-le comentó Yuriko mientras la observaba detenidamente-¿Cómo te recuperaste así de rápido?-

-digamos que tuve una buena semana de vacaciones-dijo con tono de picardía. Yuriko amplió su sonrisa.

-¿Qué sucedió?-preguntó en igual tono que la azabache.

-no seas metiche, pelirroja-luego sacó la lengua con diversión.

-Kagome… Kagome… di…me…-decía como si de eso dependiera su vida.

-no, no-negó riendo. Luego buscó con una mano la pequeña cadena que tenía colgando-solo te diré que tiene que ver con esto-le mostró con cuidado.

-es preciosa…-dijo fascinada.

-si…-se sonrojó levemente.

La puerta corrediza se abrió, el profesor de biología entró con el libro de clases. Yuriko y Kagome se colocaron en sus asientos y se pusieron correctamente para saludar al profesor.

Había comenzado una nueva jornada… de estudios, lamentablemente.

La campana volvió a sonar noventa minutos después, lo que significaba el final de la primera clase. Kagome bostezó levemente por el aburrimiento antes de levantarse para, finalmente, despedir al profesor.

-¡Higurashi, te busca Mine!-exclamó un muchacho de cabello castaño y ojos oscuros a un lado de la puerta. Kagome sonrió levemente y agradeció con un gesto afirmativo al muchacho que salió luego del salón junto a muchos otros.

-disculpa… Yuriko-se excusó la azabache. Yuriko se encogió de hombros con una sonrisa mientras ella atravesaba el salón para ir junto a él.

-hola, 'preciosa'-saludó el castaño con sonrisa arrogante. Estaba entrando, haciéndose paso entre los rezagados.

-hola, Taka-saludó cohibida.

-con su permiso, los espero en el patio con los demás-anunció Yuriko, escabulléndose por un lado.

-veo que lo llevas puesto-le comentó tomando el collar.

-es que me encanta-contestó ella mientras entrelazaba sus manos tras su espalda.

-¿y yo?-preguntó mimoso.

-quizá…-

-¿quizá?-

-creo que sí…-musitó suavemente. El muchacho puso sus manos a cada lado de su pequeña cintura.

-y si te encanto… ¿qué soy para ti?-preguntó como si fuera un inocente corderito.

-¿Qué crees que eres para mí?-le siguió el juego.

-mmm… tu novio-contestó mientras la acercaba más a él.

-creo que eso no… ni siquiera me los has pedido-sonrió pícaramente.

-bueno… ahora te lo pido-dijo ronco y bajo, apoyando su frente contra la de ella-¿Kagome Higurashi, quieres ser mi novia?-le preguntó formalmente. Ella sonrió y se sonrojó como nunca antes, sabiendo que estaba dando un nuevo y buen paso.

-si quiero-contestó ella. Había dado el paso y eso la ponía nerviosa. Sabía que no podría negar el hecho de que jamás dejaría de amar a Inuyasha, por fin lo había asumido, pero también sabía que no podía vivir el pasado, no podía torturarse… debía seguir adelante con su vida y Taka le estaba dando esa oportunidad y no la iba a desaprovechar, era como volver a nacer aunque sin dejar de lado sus más importantes obligaciones. No, porque no iba a vivir en paz sabiendo que había una persona que estaba tras la joya que dormitaba en su interior. Mantenerse firme debía ser una de sus prioridades y luchar para mantener la estabilidad sobre la tierra también pertenecía a éstas-sabes lo que conlleva ser mi novio ¿verdad?-preguntó ahora con algo de temor.

-entiendo a la perfección lo que significa ser tu novio-contestó-y te digo algo más… y es que jamás voy a dejarte sola, siempre estaré ahí y lucharé a tu lado. Mi sacerdotisa-agregó al final con afecto.

Kagome dejó de respirar un instante y es que el tono tan determinado del castaño la había dejado helada, hasta el punto de que se sentía, por así decirlo, conmovida.

Sus ojos se empañaron por la emoción y dejó escapar un par de lágrimas traviesas.

-¿Kag, por qué lloras?-preguntó alarmado por la acción de la chica. Ella negó levemente con la cabeza y sonrió.

-lo siento, no lo pude evitar-dijo con voz entrecortada mientras intentaba parar el río de lágrimas que caía de sus ojos.

Taka sonrió con dulzura mientras alejaba las manos de ella para que las suyas hicieran el delicado trabajo de limpiar su sonrojado rostro.

-tranquila…-le susurró con voz pausada.

-Taka… no es que llore de tristeza, sabes…-decía ella suavemente, dejándose hacer-… es que estoy feliz porque tú, idiota, me has dado la oportunidad de continuar mi vida-

-tontita-contestó él antes de abrazarla-te amo-continuó. Ella ocultó su rostro con una sonrisa, que no pudo evitar, en el pecho de él. Por Kami, todavía no se lo podía creer.

Pero la atmósfera mágica y placentera que se cernía entre ellos fue interrumpida por la campana que anunciaba el término del receso y el comienzo de la siguiente clase.

-parece que se nos acabó el tiempo-comentó Taka algo frustrado.

-lamentablemente…-dijo mientras bajaba el rostro levemente para sonreír.

-antes de que alguien nos interrumpa-dijo rápido al sentir pasos de personas-¿salimos al parque después de clases?-

-si… claro-contestó. Y, tras la afirmación, le besó fugazmente para luego marcharse.

Si tenían algo que decir era que todos encontraban extraño el ambiente algo meloso entre Taka y Kagome. Mientras Yuriko y Shinju reían levemente, Zen suspiraba de vez en cuando por frustración. Y sí, por su mente pasaba: ¿Por qué yo no tengo una novia?

Tras la intervención de Shinju, ambos se sonrieron y confirmaron lo que se sospechaba. Un grito fuerte por parte de Yuriko y corrió a abrazar a su amiga, seguida por la castaña. Ambas felicitando a la azabache por esta nueva relación. Mientras, por otro lado, Zen le daba palmadas en el hombro, felicitándolo de igual forma.

Terminada la jornada, Kagome guardó sus cosas rápidamente en su maletín y se excusó con la pelirroja, quien le decía que disfrutara de su cita. Kagome se sonrojó y salió del salón casi corriendo hacia la salida para encontrarse con su novio.

Al verla, él avanzó a su encuentro y le tomó de la mano para irse juntos.

Su cabello plateado ondeaba suavemente por la brisa, aunque parecía que en realidad él lo mantenía suspendido a voluntad. Su rostro se contrajo por tristeza, sentía que ya no tenía un propósito claro al verla tomada de la mano con aquel sujeto junto a ella.

Parecían realmente felices, pensó. Cerró los ojos mientras una lágrima rodaba por su mejilla y, luego, desaparecía en un halo de luz.

Continuará...

Arreglado, creo XD, Gracias Melcerena por lo de los capis.