Capitulo 13

Naruto Uzumaki caminaba de arriba abajo en su habitación.

Se sentó en una esquina de su cama y se llevó el dedo índice y pulgar al puente de la nariz, en un intento por aclarar sus ideas. Pero no lo lograba. Se dejó caer recostándose en el colchón, tomó una almohada y la colocó sobre su rostro, oprimiendo con fuerza hasta que sintió que le faltaba el aire, aunque no tanto como la cordura. Buscaba una salida fácil para esa situación pero simplemente no encontraba ninguna, dejarla no era opción, olvidarla le sería imposible, entonces ¿qué haría? ¿Por qué besar a otra le resultaba tan repugnante ahora? Tenía que estar Hinata constantemente en sus pensamientos, tenía que ser ella la única mujer con la que ansiaba estar, tenía que ser justamente ella, quien lo sacaba de sus casillas, quien lo orillaba a hacer locuras, tenía que ser justamente ella.

Decisiones.

Se levanto y caminó hacia la puerta, pero antes de llegar se detuvo, y regresó hasta su cama para arrojarse a ella de nuevo. ¿Qué haría? ¡Mierda! Se levantó una vez más y esta vez no se detuvo, abrió la puerta y caminó por el pasillo hasta la habitación de Hinata, sin saber exactamente qué iba a decir o qué iba a hacer. Solamente quería ver sus ojos color perla destellar una vez más, con eso le era suficiente… ¿en verdad lo era? No se imaginaba resignándose a no poder besar esos labios nunca más. Pero el amor tenía que ser tan difícil ¿por qué?

Llegó hasta la puerta de la habitación de la Hyuga y olvidó por completo la razón por la que había ido. Sin embargo tocó la puerta.

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Hinata caminó muy lentamente hasta el espejo de su tocador y se sentó frente a él, repasando con detenimiento su reflejo. Solamente había una palabra para describirla ahora: Miserable; sus ojos carecían de brillo y vida, y bajo ellos habían unas grandes ojeras, sus labios se encontraban resecos y pálidos, su piel demacrada, su cabello liso, apagado, y por más que lo intentaba no podía esbozar una sonrisa decente para disimular su estado anímico, que se encontraba terriblemente por los suelos. No había podido dormir en toda la noche y había estado llorando, más de lo que era capaz de admitir, pero su confusión aún no se disipaba. Se sentía tonta, absurda por lo que le había dicho a Naruto Uzumaki, y por la forma en la que se lo había dicho. Había montado toda una escena melodramática bajo la lluvia, eso no era de ella. Hinata Hyuga no era así. Iría a disculparse, a hablar como la muchacha decente que era, y terminaría las cosas en buenos términos, sí eso haría, pero ¿y si él intentaba besarla de nuevo? ¿Podría oponer resistencia? No, era mejor no verlo…

Ese día no salió de su habitación, no comió y pasó toda la mañana leyendo un libro, intentando no pensar en él, pero ¡diablos, no podía! ¡Cómo podría olvidar a aquel hombre, si todo le recordaba a él, lo que veía, lo que leía, ahí siempre estaba él! ¡Siempre estaba Naruto Uzumaki!

Salió del baño envuelta en una toalla y se paseó por toda la habitación buscando respuestas, respuestas que sabía no llegarían con un simple caminar. No sabía que hora era, no sabía ni siquiera qué día era y tampoco le importaba. Pero tampoco estaba tan mal como para no percatarse que alguien tocaba la puerta. Y en realidad alguien tocaba, quizás era Tsunade anunciando alguna visita o tan siquiera una llamada. Eso sería lo suficientemente bueno para desahogarse u olvidarse un momento de lo que ocurría. Se despojó de la toalla, se vistió con un pequeño y ajustado pijama blanco y se cubrió con una bata de seda color azul turquesa.

Si Tsunade tocaba la puerta era muy insistente.

-Pase –dijo al fin sujetando su cabello en una coleta dejando que el flequillo cayera sin cuidado sobre su frente.

Y la única persona que ocupaba su mente y también su corazón, se encontraba ocupando el espacio de la puerta entreabierta. Naruto Uzumaki.

-Hola –murmuró débilmente después de asegurarse que no estaba soñando de nuevo.

-Hola, Hinata –saludó él con voz profunda, haciéndola estremecerse –solamente vine a decirte adiós –anunció cortante y con miedo de atreverse a entrar. Pero el miedo era por ella, porque su corazón latía fuerte, exigiéndole llegar a su lado, estrecharla contra su pecho, besarla con locura. Porque tenía miedo de que ella lo dejara partir.

-¿Te vas? –cuestiono Hinata, claramente sorprendida.

-Sí, y no volverás a verme, tal y como querías. Lamentablemente me verás al entrar al colegio, pero no me acercare a ti, será como si nunca nos hubiéramos conocido, Hyuga –anunció tajantemente Naruto, arrastrando con desprecio las palabras, apretando los puños, infundiéndose el valor necesario para terminar con aquello. Ya había dicho adiós muchas veces, a muchas de sus amantes.

Hinata sintió como si un balde de agua fría le cayera encima, la noticia le caló la piel y la horrorizó. A pesar de que se había jurado a sí misma que no iba a ser como todas aquellas muchachitas que caían fácilmente a los pies del rubio, sentía que esa noticia le partía el alma, se sentía como otra más siendo abandonada.

-Oh, Naruto… yo…

-Creí que eso era lo que quería, señorita Hyuga –se justificó Naruto apretando la mandíbula, que empezaba a tiritar.

-Si…bueno yo… Lo siento, Naruto -Hinata no sabía exactamente qué decir, o si tenía que decir algo en realidad –entonces ¿por qué estas aquí?

-¿No lo he dicho ya? Vine a decirle adiós, señorita –explicó con propiedad, confundiéndola.

-Creí que todo había quedado suficientemente claro la última vez que hablamos, Uzumaki –retó Hinata ahora, tomando fuerzas de donde no sabía que las tenía.

-Lo he pensado, Hyuga y tenía que decírtelo a la cara, tú sabes, somos dos adultos que pueden mantener una charla civilizada –explicó Naruto tan calmadamente como pudo –y es que no te he podido sacar de mi cabeza en todo el día, y eso me ha hecho pensar, tienes razón; somos de dos mundos diferentes, las personas como nosotros no pueden estar juntas, así somos, así soy yo y no cambiaré por nadie, no cambiaré por ti.

Ahí estaba lo último que necesitaba para que su mundo terminara de caerse en pedazos. Él no estaba dispuesto a cambiar, ni por ella ni por nadie. Pero tenía que ser fuerte, no iba a darle el lujo de verla desmoronarse frente a él.

-¿Eso era lo que quería decirme, Uzumaki? Pues si ha terminado es mejor que se retire de mi habitación. Y ¿sabes algo? Nunca quise llegar a esta situación. Si pudiera borrar todo esto lo haría –concluyó intentando mantener la compostura.

-¿Qué?

-Lo que has oído. Si pudiera borrar cada beso, cada vez que nos encontramos, lo haría. Olvidaría que alguna vez fuiste más que Naruto Uzumaki para mí –reiteró.

Naruto se mantuvo en silencio, dio un paso dentro la habitación y cerró la puerta tras él.

-Pues yo no –declaró luego de un rato –no lo borraría. No borraría ninguna de las cosas que hice contigo o por ti, pero ya no soporto más tus juegos, Hyuga.

-¿Juegos? ¿Qué juegos, Uzumaki?

-¡Oh vamos! ¿Qué juegos? Te acercas a mí, me haces reír, me besas, te alejas y me rechazas. Eres tú, rechazándome a mí, llamándome egoísta, ególatra, promiscuo, pero respondiendo a mis besos y mis caricias. Me confundes, Hinata, eres cálida un momento y un témpano de hielo al otro. Nunca seré lo suficientemente bueno para ti y eso me mata –terminó Naruto, confundido por su propia confesión.

Hinata tembló sintiendo un calor recorrerle la columna vertebral. Él no borraría nada…

-Pues entonces será mejor que te marches y que nunca más nos volvamos a ver –afirmó intentando sonar segura. Quizás Naruto no notaba que ella estaba temblando, quizás no se daba cuenta de que lo único que quería era echarse a llorar.

-Pues me largo, Hyuga –corroboró el rubio dándose la vuelta para marcharse.

-No quiero que acabemos en malos términos –murmuró Hinata casi imperceptiblemente antes de que el saliera.

-No tienes ningún derecho a imponer condiciones, Hyuga. Eres una hipócrita, y yo no me junto con hipócritas.

-¿Hipócrita? ¿De qué diablos hablas ahora, Uzumaki? –preguntó Hinata confusa, ¿qué tenía eso que ver ahora?

-Me has estado diciendo que quieres encontrar el amor, que quieres encontrar a alguien que verdaderamente te ame, y ahora que lo tienes delante de ti le vas a dar la espalda. Yo seguiré adelante, conoceré más mujeres porque ese es mi estilo de vida, pero tú, tú estas rompiendo tus propias reglas… y eso te convierte en hipócrita. ¿Qué sentirás cuando beses a otro? Seguramente lo compararas con mis besos, Hinata. Así que yo ahora me marcho, ten una vida agradable.

Hinata reflexionó. Cada una de las palabras de Naruto se había clavado fuerte en su pecho. Tenía razón, por Dios que tenía razón. Había abandonado todo por él, se había redescubierto a sí misma con él, había sentido cosas nuevas junto a él, ¿y ahora lo dejaba partir tan fácilmente? Debía admitir que lo detestaba, detestaba su porte arrogante, su egoísmo, su forma de menospreciar a los demás… pero esos detalles eran lo que lo hacía ser quien era; el único chico del que se había enamorado. Recordó su sonrisa honesta, sus cumplidos, sus "momentos de sinceridad", sus besos suaves y luego apasionantes, la rosa azul… ¿acaso podría encontrar otro chico como él? Su corazón latió con más fuerza, sintiendo miedo, no podía dejarlo ir, no podía dejar que su amor saliera por esa puerta para ya no verlo nunca más.

-Naruto, espera –lo detuvo con nerviosismo, sujetándolo por el brazo, jalándolo hacia ella. Llevó una mano a la cabeza y soltó su cabello.

Naruto estaba enojado, desesperado, frustrado, había cargado cada palabra con odio, había estado tratándose de convencer de que Hinata solo era una chica más en su larga lista, tendría que superarla, pero no podía… y ella lo había llamado por su nombre de nuevo. Su corazón se aceleró, ¿por qué no se iba de una vez para conservar algo de orgullo? Simplemente no podía. Miró sus ojos perlas, brillaban hermosos a la luz de los últimos rayos anaranjados de la tarde. Intentó herirla, insultarla, rebajarla, odiarla, pero no pudo. No podía hacerle daño. No mientras sus ojos se aferraran a los suyos como si se aferraran a la vida.

Permanecieron observándose en silencio durante rato. Escuchando el sonido mudo de sus pensamientos. Sus respiraciones comenzaron a tranquilizarse.

Hinata posó su mano suavemente en el formado pecho de Naruto, ella temblaba y no podía controlarlo, y él permaneció estático, inmóvil, aún sin comprender del todo la situación en la que se encontraba. Tenía una fuerte disputa entre la mente y el corazón. No quería irse, no quería dejarla. El roce de los dedos de Hinata lo hacía estremecerse, su respiración volvió a agitarse.

Hinata miraba fijamente los ojos azules de Naruto, y fue acercando su rostro lentamente al de él, acariciando su pecho con suavidad, y lo besó, muy suavemente, con timidez. Él no respondió inmediatamente, pero al cabo de un instante sus labios se movían acompasadamente sobre los de ella. ¡Maldición! Era tan tierna, tan dulce, tan delicada, completamente diferente a cualquier otra chica con la que hubiera estado antes.

Poco a poco sus lenguas comenzaron a rozarse, a explorarse entre ellas, dejándose saborear, se dejaron llevar por la pasión, profundizando el beso y sus emociones. Diciéndose todo lo que por orgullo habían callado.

Hinata pegó su cuerpo al de Naruto, sintiendo sus fuertes latidos, y dirigió el rumbo de los besos hacia el cuello, llegando hasta su oído, haciendo que reprimiera un ligero gemido.

-Naruto, quédate conmigo esta noche –susurró, tratando de sonar completamente segura de su decisión. Pero la paz por fin llegaba hasta ella, porque estar con él era lo único que en verdad quería, sin importar las consecuencias, sin importar si aquello terminaría después de eso. Sin importar nada.

Naruto comprendió el mensaje y su cuerpo entero tiritó. No contesto nada, no había necesidad de palabras. La besó con más fuerza, sin perder la delicadeza, y la envolvió con sus brazos, pegándola más a él. Hinata pasó una mano por entre sus brazos y cerro la puerta con llave, sin detenerse en besar a su amante.

Comenzaron a acariciarse, a tocar sus cuerpos con necesidad, con ansias, sus manos recorren cada pedazo de piel al descubierto, hambrientos de más. Buscan y encuentran, Naruto llevó las manos hacia la pequeña cintura de Hinata, bajó hasta las caderas y se detuvo allí para oprimirla contra él. Para hacerla sentir su deseo.

Ella condujo sus manos a desabrochar el pantalón de su amado, quitó el cinturón, desabotonó y bajó el cierre, rozando apropósito la hombría del Uzumaki, y haciéndolo estremecer, y él gimió contra sus labios, y mordió suavemente uno de ellos. Lo acercó más a ella, no sabia lo que hacía, pero sí lo que sentía, y se dejó conducir por la pasión que ahora la ha cegado. Caminó hacia atrás lentamente, sin detener los besos, y sintió una de las manos de Naruto rozar tímidamente uno de sus pechos. No pudo reprimir un gemido.

Hinata se dejó caer sobre la cama, ahora Naruto abría con lentitud la bata de la Hyuga, dejándola caer suavemente por sus brazos. Se detuvo para admirarla y se da cuenta de lo hermosa que es; llevaba una blusa blanca transparente y un bóxer, la vio celestial, era un ángel, con su cabello azulado cayendo delicadamente sobre sus hombros y espalda, sus ojos perla brillantes de emoción, sus labios rosados, un pequeño rubor en sus mejillas, tan inocente. ¡Maldición! ¡Era perfecta! Posó la mirada en sus pechos, regocijándose ante su belleza.

Naruto miró a Hinata fijamente a los ojos, sentada en la cama, esperándolo, sin saber que hacer y se enterneció por aquello, tal y como lo había hecho la primera vez que la vio sonreír. Cuando ni siquiera imaginaba lo mucho que llegaría a amarla.

Pero pensó en la apuesta de Sakura, en cómo había pensado que Hinata resultaría una buena presa, que sería difícil pero caería rendida a sus pies como cualquier otra, pero no, ella era diferente. Su corazón se volvía a acelerar, se maldijo por se débil pero no podía evitarlo, había estado con cientos de mujeres y ahora temblaba como un principiante. Pero esas mujeres no eran Hinata, no se comparaban en lo más mínimo con ella. Tenía miedo de tocarla, de corromperla, de arruinar su perfecta inocencia. El nunca podría ofrecerle nada bueno, ¿un futuro? Ni siquiera un presente.

-Naruto, ¿Qué sucede? –pregunto Hinata desde la cama. Él seguía observándola y eso solo la ponía más nerviosa.

-Hinata… -pareció vacilar pero se acerco a ella nuevamente, llevo los labios hasta su cuello y lo repasó con la punta de la nariz, dejándose inundar por su aroma, tan dulce. ¡No podía hacerle eso! Ella se había reservado para su verdadero amor, para compartir con él el resto de su vida. Pero por más que Naruto lo quisiera, por más que lo deseara, no podía permitírselo. Ella se merecía alguien mejor.

Se separó de ella nuevamente y la miro con fijeza a los ojos. ¡Mierda! ¡Sus ojos!

-Yo… mejor me voy… -anunció ajustando sus ropas sin poder mirarla a los ojos. ¿Qué le pasaba? Era la primera vez que rechazaba a alguien de ese modo. Porque era la primera vez que tenía la oportunidad de hacer el amor y no tener solo sexo, y eso le aterraba.

Salió de la habitación dando traspiés y lo último que pudo ver fue a Hinata envolviendo su cuerpo con sus brazos y bajando la mirada al suelo. ¿Qué había pensado ella? ¡Mierda! ¡Que imbécil! Llegó a su habitación cerró la puerta de golpe y se recargó en ella. Dejó que su cuerpo resbalara lentamente hasta quedar sentado en el suelo y sujetó con fuerza el puente de su nariz.

-Que patético –se dijo a sí mismo con reproche – ¡patético, cobarde!

Y valla que lo era.


RESPONDO REVIEWS HASTA EL SIGUIENTE CAP!

Sobre el capitulo de hoy: No quize hacerlos esperar asi que actualice prontisimo! Por lo mismo no respondere reviews hasta el siguiente x'qe por ahora me han llegado muy pocos. Espero hayan disfrutado el cap! ;9

florciita; AgHnA; Namikaze Rock; sango surime; Rocio Hyuga; selene uchiha; sumebe; hinata-sama198; placebo; Rociio uzumaki; Kenniana; diana carolina; suih; himeotaku-chan; MissLitlleTOD; Namikaze-Tomoyo; Tenshou Getsuga; Naru-fan AVD; NIMAGAMA;

neverdie, Fernando-Urashima, hinataxd, andreita XX, Anii-chan

A todos los demas & los demas, & los demas, & los demas, & los demas, & los demas, & los demas, & los demas &... & asi :3

LOS AMO!

Itt - Out!