Desclaimer: Los personajes de SS Lost Canvas no me pertenecen, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Tenshirogi.

Broken Blossom

Chapter13

Por la tarde del tercer día, el barco por fin atracó en las costas cercanas a Atenas, Agasha, firmemente custodiada por ambos santos dorados, bajó por la explanada y esperó a que ambos jóvenes se pusieran a cada lado de ella, cargando con su equipaje, por supuesto.

"¡Ah!¡Tierra al fin!" Exclamó Manigoldo, de verdad a punto de hincarse de rodillas y besar el suelo. Agasha rió por lo bajo, Albafika sonrió también ante la expresión de alivio de su compañero.

"Bien, tenemos un par de horas de viaje todavía para llegar al Santuario, tenemos caballos esperando, es más rápido que una carreta" Sentenció Albafika, tomando por un camino para llegar a las caballerizas que guardaban los dos caballos con los que habían llegado los santos hacía casi diez días atrás.

Agasha acariciaba la afelpada nariz de uno de los caballos, color alazán, era manso, al menos eso parecía. Era el caballo que el santo de Piscis y Agasha montarían. Manigoldo iría en uno bayo con cola y crin negras, mientras un tercero, de color castaño oscuro, llevaría todo el equipaje. Enseguida todo estuvo dispuesto y, primero montando a la chica, después él mismo, Albafika enfiló para el Santuario. Manigoldo lo seguía a la par, en su caballo estaba enganchada la rienda del de carga.

Agasha se sentía rara de estar montando un caballo, sólo recordaba haberlo hecho una vez junto con su padre cuando era muy pequeña, pero esta vez no era su padre, sino Albafika, el que estaba rodeando con un brazo su cintura, mientras que con el otro llevaba las riendas del animal. Agasha trataba de mantenerse erguida, ya tanta cercanía la ponía inquieta, al menos quería evitar que su espalda se recostase plenamente en contra del pecho del muchacho. Albafika observaba la tiesa espalda de la chica, suspirando por lo bajo; si que era testaruda y orgullosa, tanto así que prefería viajar incómoda a tocarlo demasiado. El santo de Piscis creía que aún estaría medio enfadada con él por haberla visto en ropa interior, por cierto que Agasha le había hecho saber que no estaba feliz al respecto, no dirigiéndole la palabra por casi todo el resto del viaje. Cosa que Albafika dejó pasar, sentía que se merecía un poco ese desplante, se había comportado descaradamente, y la chica tenía derecho a enfurruñarse. Recordaba que, cuando se lo había contado a Manigoldo, el otro rió levemente, palmeándole el hombro y negando con la cabeza, y le había dicho "¡Por fin te das cuenta de que eres un hombre normal!... ¡Y de que te gusta la ragazza!" Lo que por supuesto le valió un puñetazo en el antebrazo, cortesía del Albafika.

"Agasha, ya sé que no te gusta el contacto físico, pero vas a terminar con dolor de espalda si no la relajas un poco. Anda, ya no estés enfadada conmigo, sabes que no fue a propósito lo del día de la tormenta, yo no quise verte en..." Empezó diciendo el santo de Piscis, cuando Agasha giró rápidamente su cabeza para fulminarlo con la mirada, que brillaba con el recuerdo de la vergüenza que había pasado.

"¡Ni siquiera te atrevas a mencionarlo!" Espetó Agasha, poniéndose más rígida aún sobre la montura. Manigoldo, oyendo la discusión, arqueó una ceja, la chica era demasiado arisca para su bien, además no era una ofensa tan grave la de Albafika, encima que ya le había hecho pagar con creces la misma durante el viaje.

"Oi, chica oráculo, déjate ya de tonterías, hazle caso a Albafika ¿quieres? ¿O prefieres viajar conmigo? Eso sí, yo no voy a tolerar idioteces" Adujo Manigoldo, mirándola de reojo, Agasha lo quedó mirándolo con sorpresa, hasta ahora, el santo de Cáncer los había dejado arreglar sus problemas entre ellos, pero su cansancio debía ser tal, que ya no le importaba no meterse.

"N-no, estoy bien. Me quedaré en este caballo" Arguyó la chica, cruzándose de brazos y, por fin, recostándose contra el pecho de Albafika. Manigoldo levantó una mano con el pulgar para arriba, guiñándole un ojo a su compañero, que le sonrió en respuesta. Obviamente, Agasha no había visto estas señales, sino realmente hubiera seguido a pie el resto del camino.

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Casi a las seis de la tarde, entraron al pueblo de Rodorio, donde dejarían los caballos. Agasha, que había estado dormitando durante el resto del viaje, despertó para ver las primeras casas de su pueblo natal. El lugar estaba bastante cambiado de como lo recordaba.

Había estado en constante expansión por lo que la chica podía observar; había muchas más casas y negocios, y una multitud de personas todavía hacia complicado el transitar de los caballos. Pero no se sorprendió cuando vio a algunos soldados abriendo el paso para ellos, Manigoldo se rezagó para dar instrucciones de donde llevar el equipaje, mientras Albafika se dirigía a las caballerizas, obviamente siendo atentamente observado por una miríada de personas, algo que amedrentó un poco a la chica, que se arrebujó más en su capa, tratando de que su capucha le tapara más aún la cara. Cuando llegaron, Albafika se apeó primero, luego tomó a Agasha de la cintura y la bajó con rapidez. La chica, al no estar acostumbrada a montar, sintió que las piernas se le doblaban, pero Albafika fue lo suficientemente rápido para atraparla y estrecharla contra su cuerpo.

"¿Estás bien?¿Puedes pararte?" Preguntó el santo de Piscis, un poco preocupado. Agasha se desasió se sus brazos, sosteniéndose de una columna, por fin pudiendo enderezarse.

"Sí, no te preocupes. Sólo quiero llegar a una habitación y descansar" Dijo a manera de respuesta la muchacha. Albafika asintió y la tomó del brazo, poniéndole su otra mano en la cintura, y ambos caminaron despacio hasta el Santuario.

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Sage, habiendo sido comunicado del regreso de los santos de Cáncer y Piscis, caminaba inquieto de lado a otro, siendo observado por Sasha, la actual reencarnación de Atena, que permanecía sentada en el trono, esperando con más paciencia que el patriarca a que su preciado oráculo apareciera por la puerta.

Agasha se vio conducida por grandes pasillos y puertas bellamente adornadas, hasta llegar a una muy grande, la cual fue abierta para ella y sus dos santos escolta. Apenas entró, vio a un hombre bastante viejo y de largo cabello gris parado a lado de una muchacha muy bonita, que llevaba en su mano un báculo dorado y estaba sentada en un trono. Ambos santos se arrodillaron ante estas personas, dejando parada en el medio a Agasha, que aún escondía su rostro bajo la capucha de su capa.

"Vaya, bienvenida, señorita, no se alarme, mi nombre es Sage, soy el patriarca del Santuario, y ella es la princesa Sasha, reencarnación de Atena" Dijo Sage, acercándose a la encapuchada figura de la muchacha, ella retrocedió un paso, para encontrarse con que Albafika se había puesto de pie y le había puesto una mano en el hombro, tranquilizándola. Esto llamó la atención del patriarca, que sabía que el santo de Piscis trataba de no tocar a nadie.

"Patriarca, princesa, ella es Agasha, es el oráculo que estábamos buscando. Accedió a ayudarnos" Explicó Albafika, Agasha giró su cabeza para mirarlo, pero no se apartó de la mano que descansaba sobre su hombro, brindándole un silencioso apoyo. La chica se quitó la capucha e inclinó la cabeza a modo de saludo.

"Es un gusto conocerlos, y espero poder ayudar a evitar que demasiada sangre corra mientras el dios oscuro esté suelto" Dijo con voz acompasada Agasha, viendo a Sasha aproximarse a ella y tomar sus manos.

"Muchas gracias, Agasha, sé que realmente serás de mucha ayuda, esa doncella de allí te mostrará tu habitación para que puedas descansar de tan arduo viaje" Dijo con amabilidad y una sonrisa Atena, Agasha asintió, dejándose guiar por la vestal hacia donde por fin podría reposar.

En tanto, Albafika y Manigoldo siguieron al Patriarca para darle los detalles y los manuscritos que tenían en su poder.

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Agasha fue dejada tranquila una vez llegó a su habitación, la doncella le preguntó si deseaba un baño caliente, a lo que Agasha accedió, la idea era reconfortante. Enseguida tomó nota de lo iluminada que era su estancia, había una enorme cama de dos plazas con dosel, todo inmaculadamente blanco, menos el cubrecama, que era de un suave amarillo pastel. La cama estaba situada en el medio de la alcoba, a su derecha había una cajonera acondicionada como mesa de tocador con un espejo oval, todo intrincadamente tallado a su alrededor con formar de flores y hojas. Agasha lo adoró. A su izquierda se encontraba un ventanal enorme que daba luz al lugar, sus puertas ventana conducían a un balcón, y hacia allí se dirigió la muchacha, viendo que tenía una visión increíble de casi todo el Santuario. Las doce casas se veían hasta la quinta, Leo, después ya parecían ir colina abajo, y ya no se veían el resto de ellas. Otra cosa que podía ver de lejos era el enorme coliseo a la derecha, y la estatua de la diosa Atena con parte del templo principal a la izquierda. Bien podría acostumbrarse a sus inesperadas vacaciones.

Las cavilaciones de la chica fueron interrumpidas por un ejército de vestales trayendo agua caliente y fría en varios baldes, los que volcaron en la tina que estaba un poco más atrás de donde Agasha estaba parada, justo aprovechando la luz de la ventana.

"Muchas, gracias. Err... ¿sería demasiado pedir algo de comer? Estoy muerta de hambre" Dijo amablemente Agasha, la doncella que la había atendido primero asintió.

"Por supuesto, gran oráculo, mi señora, todo lo que usted deseé sólo pídalo. Otra cosa, vendrá una modista a tomar sus medidas en un par de horas, para proveerla de vestidos" Informó la doncella. Agasha parpadeó, perpleja ¿vestidos? ¿Para qué? Tenía los suyos, pero no iba a discutir ahora, estaba demasiado cansada y el baño se veía tentador.

"Bien, gracias... Umm, por cierto ¿cómo te llamas? Mi nombre es Agasha, y no me llames señora o gran oráculo, sólo Agasha" Terció cordialmente Agasha, la doncella le sonrió con calidez. Era una jovencita de no más de trece o catorce años, de cabello castaño y lacio, recogido en una modesta trenza, sus ojos color chocolate brillaban vivazmente. Era bonita, sin ser alguien que sobresalía en exceso.

"Mi nombre es Berenike, mi señora, err, Agasha; pero sólo me llaman Nike" Respondió radiante Berenike, feliz de que el oráculo no fuera alguien hostil y malcriada. Agasha le devolvió la sonrisa, viéndola partir en busca de su comida.

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Entre tanto, después de dar su informe al patriarca, ambos santos, Cáncer y Piscis, se dirigieron a sus respectivos templos. Albafika, no bien entró su hogar, se desplomó en una silla. Necesitaba algo para el leve dolor de cabeza que parecía no iba a dejarlo así de fácil como había venido. Quizás le pidiera a Shion algo para calmarlo... pero también podría pedírselo a Agasha, ella tenía una hierba para todos los males. Lentamente se quitó su armadura, que en ese momento parecía pesarle una tonelada, y calentó agua para un baño, que tanto necesitaba para su cansado cuerpo.

En cuanto estuvo metido hasta el cuello en el agua caliente, Albafika se permitió relajarse por primera vez en casi diez días. ¿Qué estaría haciendo su pequeña flor? ¿Dando problemas? No lo creía, pero nunca se sabe. No se quedó mucho tiempo en el agua, la idea de que Agasha no estuviera cómoda o algo lo dejó, otra vez, inquieto. Por lo que se secó y se puso su ropa de entrenamiento. El dolor de cabeza se había agudizado hasta el punto que le costaba mirar de frente. En su camino, se cruzó con una chica que curiosamente llevaba la ropa que Agasha había estado vistiendo en sus brazos, seguro para lavarla.

"Um, disculpa ¿me dirías donde está Agasha?" Preguntó el joven, la chica, que era Berenike, lo miró y le sonrió, era raro que el santo de Piscis le hablara a alguna persona, era muy callado y reservado por lo común, debía estar sinceramente preocupado por el oráculo.

"Sí, señor Albafika, ella está en la tercera habitación a la derecha. Por cierto, yo voy a ser su doncella, mi nombre es Berenike" Respondió solícita la chica, Albafika le sonrió como pudo, siendo que ella había sido tan amable, y con una inclinación de cabeza, se despidió de la doncella. Berenike iba a agregar que Agasha estaba tomando un baño, cuando ya el santo había desaparecido. La chica se dio un golpecito en la cabeza con un puño, sonriendo y sacando la lengua.

"Ups" Murmuró Berenike, sonriendo como el gato Cheshire, y siguió su camino tarareando para sí misma.

Albafika llegó a la habitación indicada por Berenike, y, tocando suavemente, esperó a ver si le respondían.

Agasha estaba en la tina aún, aunque el agua ya se había entibiado, empezó a salir cuando escuchó el suave toque en su puerta; pensando de seguro que era Nike.

"Adelante" Invitó Agasha, parándose en la bañera, más grande fue su sorpresa al ver parado en el vano de la puerta a cierto santo dorado al que no esperaba ver. Albafika se quedó helado en su sitio, viendo el bello cuerpo que estaba tan tentadoramente desnudo a su entera disposición, Agasha no atinaba a moverse, Albafika subía sus ojos con lentitud por esas piernas que ya había tenido el placer de apreciar anteriormente, luego por las caderas, suavemente redondeadas, la mano de Agasha sólo había atinado a tapar su feminidad con rapidez, y el grito no se hizo esperar, justo cuando Albafika fijaba su azul mirada en esos senos que tan bien ocultos aparecían siempre con sus vestidos... que desperdicio.

"¡KYYYYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!" Gritó a todo pulmón la agraviada muchacha, manoteando la toalla y tapando su cuerpo. Todo esto había pasado en apenas unos segundos, pero Albafika iba a tener esa imagen grabada en su mente por el resto de su vida. El grito pareció sacarlo de su estupor, y enseguida se dio media vuelta y cerró rápidamente la puerta, contra la cual algo duro y contundente se estrelló, seguramente apuntado en principio a su cabeza.

El grito de Agasha había hecho temblar los mismos cimientos del templo principal, se llegó a escuchar hasta el templo de Aries, haciendo que Shion diera un respingo y fallara su martillazo en una armadura que estaba reparando. También había tirado de su usual almohadón a Asmita de Virgo, que no entendía que lo había sacado de su sies-err, meditación. Hasgard de Tauro abrió su ojo desmesuradamente ante semejante y poderoso alarido, pensando que algún Espectro había llegado al santuario. Manigoldo, durmiendo como estaba, despertó y medio se sonrió, un grito así sólo podía venir de la testaruda ragazza oráculo, esperaba que Albafika hubiera hecho algo con lo que poder molestarlo más tarde. Regulus de Leo había pegado un salto tan grande que quedó agarrado de una de las columnas de su templo, mirando sorprendido para todos lados. Dohko de Libra escupió su té, que fue a parar encima de Tenma, que volcó el suyo. Degel y Kardia, ambos en el templo de Acuario, soltaron la pila de libros que llevaban hacia el templo principal, mirándose uno al otro de manera desconcertada. Y ya sabemos dónde está el santo de Piscis... corriendo por su vida.

¡Mwahahaha! Que divertido se va a poner esto XDDD Ya vemos que Albafika no es tan recatado cuando a Agasha se refiere, ¿no? n_n