CAPÍTULO 13

Todo alrededor empezó a dar vueltas. La droga que había consumido anoche debía ser la puta madre de todas las drogas, que la estaban empujando a tener la peor de las alucinaciones.

--¡Un espejo! -exclamó--, ¡tráiganme un maldito espejo!.

--Candice cálmate.

--¿Qué Candice? ¿cual Candice? ¿De qué putos rayos me hablas?, ¡que me traigas un espejo estúpida!

--¿Qué le pasa? --pregunto una enfermera entrando.

--No... no lo sé, nunca la había visto así.

--¡Esto es una pesadilla! --exclamó--. ¡¡Es una maldita pesadilla!! ¡¡Quiero despertar!! ¡quiero despertar! ¡¡¡AYUDA!!!

Candy despertó dando un salto. Había tenido La pesadilla de siempre. Candy la otra Candy volvía. Pero esta vez había sido mucho más imaginativa oniricamente hablando, pues Candy había vuelto en su antiguo cuerpo como Candice.

Miró a Terry a su lado quién dormía plácidamente. La había convencido, no sabía cómo, O tal vez sí sabía, de quedarse en su casa y juntos habían subido a su habitación y habían hecho el amor. El acuerdo había sido que inmediatamente después él se iría a su casa. Pero helo aquí holgazaneando entre sus sábanas.

Sonrió y se inclino para besar su pecho, él simplemente se acomodó para seguir durmiendo.

Busco una bata para cubrirse y caminó hacia el cuarto de baño para mirarse en el espejo. Se sentía nerviosa, con un mal presentimiento, como si su sueño, o pesadilla se fuera a ser realidad, o como si la que fuera a despertar en su antiguo cuerpo no fuera a ser Candy sino ella misma

Sería lo justo y lo correcto, ¿no? Aunque le producía terror si volvía a su antiguo cuerpo por más que amar a Terry Grandchester ya no podría estar con él, pues cómo podría una anciana de ochenta años amar a un joven de veintiséis.

Pero tal como no había hecho nada para que se realizará este cambio en su vida. Tampoco podría hacer nada para evitar cualquier otro que viniese. Sólo le quedaba esperar, y ser otra vez un juguete al viento una espectadora de su propia vida. Cerró sus ojos sintiéndose tremendamente impotente.

Debió prever que al vivir la vida se quedaría acostumbrada. amañada. Debió prever que una vez probando el amor se haría adicta a él, y ya no quería volver. ¿No iba a ser peor amar y luego ser abandonada? ¿No habría sido mejor no haber sido amada, no saber nada? Pronto lo iba a descubrir. Pronto sabría lo que se sentía el haber vivido, y también el estar muerta en vida.

Hazlo ya --dijo, no estaba segura a quien--. Lo que tengas que hacer, hazlo ya.

Una lágrima rodó por su mejilla y sentía el pecho oprimido.

Trató de meter aire en sus pulmones, pero la presión era fuerte y a duras penas pudo suspirar.

Cuando regresó a su habitación, encontró su teléfono celular vibrando sobre la madera de su mesa de noche.

Lo tomó reconociendo el número del hospital, y un miedo enorme parecido a un bloque de hielo, se instaló de inmediato en su pecho.

--¿Si? --pregunto con un hilo de voz.

--¿Señorita Candy Andry? Perdone la hora de la llamada, pero usted nos pidió que le avisemos sin tener en cuenta el horario sobre cualquier eventualidad acerca de la Señorita Candice White.

--Sí... si. No hay problema. ¿Hay... alguna novedad?

--Sí, señorita Andry. La paciente ha despertado.

El teléfono estuvo a punto de resbalársele de las manos pero lo atrapó a tiempo.

--¿Qué...qué?

--Hemos tenido que sedarla pero sus signos vitales y sus reflejos han vuelto.

--¿La sedaron? ¿Por qué?

--Oh, bueno algunos pacientes despiertan con un alto índice de ansiedad. La señorita Candice White seguramente se hallaba confundida. Intentó golpear a una de las enfermeras y gritaba cosas confusas. Pero se encuentra bien, se lo aseguramos. ¿Señorita Candy Andry? --preguntó la enfermera cuándo pasaron unos segundos y no obtuvo respuesta al otro lado de la línea.

Candy tenía sus ojos fuertemente cerrados. Una lágrima había brotado de uno de ellos.

--Mañana a primera hora estaré allí.

--Muy bien, aquí la esperamos, y perdone la hora de la llamada. Qué tenga buena noche.

--Gra... gracias.

Soltó el teléfono y se giro para mirar de nuevo a Terry, quien no había despertado a pesar del ruido de su voz. Se miro las manos tan jóvenes y hermosas enredó entre sus dedos las hebras de su cabello. Rubio rojizo que caían hasta su cintura. La respiración se agitó y pronto ya no entraba aire en sus pulmones. Corrió a prisa hasta el baño, una vez allí, vómito en el lavabo.

Se había acabado, se había acabado. Aquel era el fin.

--¿ Candy? --escuchó preguntar a Terry--. Nena. ¿Estás bien?

Pero ella no pudo contestarle sólo soltó un sollozo, lo que le hizo preocuparse más.

--Candy, nena--. La alzól en sus brazos y la llevó hasta la cama. Ella se aferró a él como a una tabla de flotante en medio de un naufragio

--Tengo algo --sollozótengo--, tengo algo que confesarte.

--¿Candy? --se extraño él.

-- No, no. No soy Candy. Nunca he sido Candy--. Él la miró atentamente, pero Candy sólo volvió a llorar--. Ha vuelto --dijo--. Candy ha vuelto.

Aún en medio de su confusión Terry entendió perfectamente lo que su novia intentaba decirle. Cuando la encontró llorando y vomitando en el baño, creyó que simplemente tendría que ir con ella a urgencias a un hospital, o ir a la cocina y prepararle una infusión. Pero aquello era lo que también él había temido. Su peor miedo. La abrazó fuertemente y le besó los cabellos. Nadie le iba a arrebatar a su mujer. Si tenía que luchar contra la misma muerte, lo haría. Pero ella se quedaría justo aquí, donde estaba, en este momento en este lugar.

Continuará...

Hola a todos. Agradeciendo a sus comentarios les regaló extra, este capítulo pequeño. Saludos...

JillValentine.