N/A: Y ESE TOOOOOOORO ENAMORAO DE LA LUUUUUUUUUUUNA!!! XDD ni caso... es que me apetecía hacer el chiste malo del día. Lo dicho, que hoy estais invitados a pasar por Tauro y leer lo que pasó por allí. No es gran cosa, pero tiene detallitos retorcidos que me hacía ilusión incluir *sonrisa perversa*. Lo que no me da demasiado buen yuyu es que sea el capítulo 12+1, pero en algún momento tenía que llegar (y menos mal que no fue en Géminis XP). Un detallito: el gato grande en realidad no es mío, sino que lo tomé prestado de la historia que Guardiana tiene hecha sobre sus propios personajes en el Santuario. A disfrutar!
DISCLAIMER: lo de costumbre hasta el momento, así que sólo me queda pedir respeto para los creadores y sus obras. Los escritores disfrutamos compartiendo nuestras historias, no hace falta robar nada!!!
..::--TAURO--::..
A medio camino Baby me pregunta si me han caído bien sus titos, porque me ve triste como si me hubiera aburrido mucho. Ay, alma de cántaro, si tú supieras. Le digo que estoy triste por no poder quedarme más rato con ellos y ella me replica con su cantarina voz que ellos me han dicho que puedo volver cuando quiera, y que piensa presentarme a sus mamis para ir a merendar algún día con ella. Me detengo intentando descifrar correctamente lo que la peque acaba de decirme, no vaya a ser que haya malinterpretado sus palabras. Le pido que me lo repita y ella me confirma que sus MADRES estarían encantadas de conocerme y que no les importaría en absoluto que la 'tita Nela' les visitara de vez en cuando. Ante mi cara de perplejidad me explica que tiene dos mamás, y que ambas fueron adoptadas por su abuela, quien más tarde adoptó a su primita Shui. Una familia peculiar, vaya que sí. Por otra parte empieza a explicarme sobre sus dos hermanos mayores, dos mellizos (chico y chica) completamente opuestos en carácter, y sus dos hermanitos pequeños, otros dos mellizos (también nena y nene) que enternecen a cualquiera. Tras contarme una batallita acaecida en una mina llego a la conclusión de que lo que no hayan armado estos cinco no lo ha hecho nadie, en serio.
Llegando al final del tramo de escalones sale a nuestro encuentro una mole ataviada con un blindaje dorado, más que armadura. Luce un intimidante casco con una banda central tachonada de clavos y dos amenazantes cuernos a los lados y, sin embargo, nos recibe con la sonrisa más amable que nos han mostrado hasta el momento. Más aún que la del caballero Aiolos, si cabe. Cargando a mi recién adquirida sobrina sobre su hombro me tiende el brazo y me invita a tomarlo para seguirle adentro. Nada más pasar mi mano bajo su antebrazo, me arrastra literalmente al interior.
Me ayuda a dejar las cosas y me dice que ya le han llegado noticias de cómo ha transcurrido mi día. Azorada, le reconozco que no ha sido uno de los días más normales de mi vida y él, riendo, me dice que para ellos esto ya es rutina. Desconcertada, le pregunto si tan normal es que una niña ande deambulando por el Santuario, que el Caballero de Acuario esté a un paso de congelar a alguien, que en Leo los inquilinos casi se maten… y eso sin contar que una periodista esté inmiscuyéndose en sus vidas. Él me responde que eso es porque no he venido en un día demasiado ajetreado. Enarcando una ceja de puro asombro le doy la razón (sin terminar de convencerme) y le pido que me indique hacia dónde enfocar la cámara, ya que he advertido que no todos los asientos que hay parecen lo suficientemente resistentes para aguantar su peso. Nos acomodamos todos en dos mullidos sofás y conecto los trastos.
Para mi sorpresa, el caballero Aldebarán me confirma que proviene de las selvas brasileñas, que mide 2'10 metros y pesa más de 120 kilogramos. No es capaz de precisar, dice arrebolado, porque ya hace tiempo que no mira a la cara a una báscula. Le quito importancia al asunto elogiando la tarea de los Caballeros en cuanto a mantener la seguridad, y él me dice que tanto para el primer Guardián como para él eso es un verdadero problema, porque ellos dos son los primeros en comerse todos los problemas de cara. A duras penas han conseguido alguna vez los enemigos atravesar Tauro con ganas de llegar hasta Géminis. Mirándole con disimulo no me extraña, porque con ese tamaño lo imagino capaz de desarrollar una fuerza y una potencia envidiables para cualquier deportista de elite. Si es que con decir que uno de sus bíceps abulta tanto como mi cabeza… Otra cosa que me llama la atención es que él no cambió su nombre al ser envestido, y él me reconoce que tan sólo los Caballeros de Cáncer, Escorpio, Capricornio, Acuario y Piscis lo hicieron, siempre por motivos personales. Me encojo de hombros y paso a la siguiente cuestión.
Tratando de no ofenderle, le pregunto cómo es que, de todas las historias que me han contado hasta ahora, él aparece en tan pocas. Me advierte que es muy poco amigo del protagonismo, y que prefiere ser el salvador en la sombra que el héroe del día que sale en los periódicos. Que con que los verdaderamente interesados sepan lo que él hace le sobra. Dicho con otras palabras, que con que la Diosa esté satisfecha de su trabajo es suficiente. Baby le pregunta con carita de buena si puede ir a jugar con el león de su sensei, y él le da permiso siempre y cuando tenga cuidado de que el animal no se escape y arme alguna. Con la mandíbula desencajada, le pregunto cómo es que tiene un león en su Templo y cómo tiene el valor de dejar a una nena a solas con la fiera. Sonriendo tranquilo me dice que, gracias a los conocimientos que un chamán de una tribu amazónica le transmitió, es algo así como el curandero no oficial del Santuario, y que últimamente también parece estar ejerciendo de veterinario porque tiene el patio trasero invadido por las mascotas enfermas que sus compañeros traen a su Casa. Aún sin tranquilizarme le recuerdo que una de esas mascotas es un LEÓN, y él alivia mi preocupación diciéndome que el animal está más que domado y que, por otra parte, la peque tiene métodos efectivos de defensa ante el peligro.
Intentando relajarme para no darle un buen coscorrón por tener horchata en lugar de sangre, sigo con las preguntas. Cuando me empieza a contar sobre lo que aconteció en Asgard caigo en la cuenta de que, para haber participado tan activamente, los muchachos de Bronce me han contado muy poco sobre eso. Me relata los enfrentamientos contra gemelos que no se conocían, un guerrero capaz de encerrar a sus enemigos en amatistas gigantes, otro que posiblemente descendía de una legendaria raza de titanes nórdicos, otro que más que humano parecía lobo… Y cuando me cuenta que todo eso estuvo provocado indirectamente por los problemas que tuvieron contra Poseidón empiezo a pensar que los dos gemelos que se han ganado mi corazón (cada uno a su manera) tienen alma de estrategas militares. Si no, no se explicaría que, cada uno por su parte, decidieran usurpar el puesto que ocuparía un dios en la tierra para satisfacer sus delirios de grandeza. Bueno, al menos tendré la seguridad de que mis hijos serán guapos e inteligentes.
Para terminar, le pido un último gesto de amabilidad por su parte y él acepta encantado. Va hasta una estantería y me trae una figurilla de madera adornada con plumitas y cuentas de colores. Me explica que es una representación de una de las deidades naturales a las que veneran en la tribu con la que mantuvo contacto en la selva, y yo le doy mis más sentidos agradecimientos por una muestra tan sencilla y a la vez tan original de su cultura. Como ya echo en falta a Baby, le pido que me lleve hasta donde estén los animales para recogerla y poder continuar hasta el Templo de Aries.
Me guía por un largo pasillo hasta llegar a un enorme patio interior donde descansan, debidamente asegurados tras empalizadas o jaulas, una larga lista de animales. Perros, gatos, pájaros exóticos, un pavo real, un par de conejos, una cabra (cosa que me desconcierta) y, finalmente, un león en la jaula más grande. La nena está dentro con él, rascándole la barriga mientras el animal está panza arriba y casi ronroneando de gusto. A punto estoy de ponerme a gritar como vieja histérica por su insensatez pero, en cuanto veo a la supuesta fiera lamer tiernamente la manita de la peque para luego darle un lametazo que le deja la mejilla llena de babas, los nervios pasan y se me pone cara de estar viendo a Baby jugar con un adorable e indefenso gatito. Me repongo de mi pequeño lapso y le anuncio a mi sobrinita que ya es hora de irnos. Ella me replica que quiere quedarse jugando un ratito más y, como a estas alturas ya no puedo negarle nada a esa carita tan bonita, acabo aceptando a regañadientes mientras el caballero Aldebaran se ofrece a explicarme la historia de sus "inquilinos".
Así descubro que la mayoría de los animales pequeños pertenecen a la Princesa Athena y que están ahí porque, al poco tiempo de caer en sus manos, empezaron a mostrarse apáticos y a perder pelo. El Caballero me cuenta que no se explica que pueda ser, tal y como le propuso una atribulada Princesa, por un cambio en sus hábitos de vida porque, desde que él los vigila, se los ve felices y relajados. Susurrando me dice que empieza a sospechar que puede que los animalitos sufran de estrés, porque no es nada fácil ser mascota de la Princesa, que tan sólo hay que ver al Caballero de Pegaso. Río por lo bajo y continúo escuchando sus explicaciones, en esta ocasión acerca de un extraño pájaro de vivos colores que nos mira como si se creyera superior a nosotros. Me cuenta que se trata de un Ave del Paraíso que el Maestro Dohko trajo de su último viaje a tierras tropicales. Le gusta viajar y ver mundo, al pobre, después de pasar tantos años junto a la humedad de la cascada (algo terrible para el reuma, por cierto). Al llegar junto a la cabra me dice que es propiedad de los Guardias del Santuario, y que está ahí porque los muy graciosos tenían la costumbre de darle a comer cualquier cosa menos comida propiamente dicha, y que el pobre animalito acabó con gastroenteritis aguda. Suspiro entre asombrada y aliviada porque, por un momento, casi esperaba que me dijera que era la mascota del Caballero de Capricornio. Pensando en él parece que vuelvo a quedarme con cara de estar viviendo una experiencia mística y en technicolor porque, cuando vuelvo de mi nube, Baby se está riendo descaradamente mientras le dice al Caballero, quien se ríe con más disimulo, que hago eso siempre que veo un chico guapo. Él carraspea dándose por aludido (cosa que tampoco le voy a corregir) y me dice que muchas mujeres han tenido la misma reacción al conocerles en otras circunstancias. Recuperando la compostura, le digo que ya es hora de irse y me retiro con la poca dignidad que me queda para ir a guardar todos mis útiles.
El Caballero nos acompaña hasta el pie de las escaleras y nos avisa de que en Aries hay una pequeña visita que a Baby seguro le entusiasma encontrar. Ella, sin darme tiempo siquiera a poder terminar de despedirme, tira de mi mano y me obliga a bajar los escalones a la carrera mientras yo trato de no tropezar y caer rodando.
