Esta historia no me pertenece... es una obra original de Miko Fleur quien muy amablemente me permitió y autorizo compartirlas con ustedes usando los personajes de CANDY CANDY...

Hola chicas espero disculpen la tardansa per les recuerdo que subo los capitulos conforme Miko los sube... tambien espero que el 2010 le haya dejado mucho aprendizaje y este 2011 les traiga muchas bendiciones como lo hizo con mi familia veran el 29 mi prima pecosa de (Monapecosa)tuvo un accidente automovilistico bastante feo pero esta viva y esa es la mayo bendicion del mundo si siguen su fic tranquis porque mi primo Armand dijo que el lo seguia imagino que si tardaran un poquillo hasta ahora todos estabos bajando el estres jejejeje pero en fin paciensia y como hemos aprendido en mi familia no esperen a decirle a una persona cuanto la quieren o se abtengan de un gesto de cariño (abrazo, beso, palabras) mañana no saben si ustedes o ellos estaran presentes...

Feliz nuevo año

hildywhite: es un dulce y un buen amigo... a su modo

Galaxylam84: jajajaja si ese ojo por ojo estuvo buenisisisismo pero hay que esperar...

Sakura93 : mmmmmmm... creo que si empieza la recta final

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Labios del pecado

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

II parte Capitulo IX

Había pasado tres semanas desde que su amor había salido a la luz y aun así, Albert no había vuelto a buscarla. Solo se comunicaba con algunos mensajes de texto o breves llamadas de menos de un minuto donde le decía que aún no había podido hablar con Candy. En tanto, faltaba solo una semana para la boda y aumentando a su dolor, se sumaba el hecho en que Candy deseaba su consejo para algunos detalles de la boda ya que creía que poseía un elegante gusto.

Aquel era el día decisivo. Su corazón no soportaba más aquella situación por lo que había tomado una drástica decisión. Miro una última vez su rostro en el espejo, cuidando que el maquillaje tapase perfectamente las espantosas ojeras que era resultado de tanta angustia y dolor. Llamaron a la puerta.

- Tan puntual como siempre- pensó con una media sonrisa.

En el umbral, esperaba en una actitud despreocupada Terry quien al verla sonrió revelando una agradable sonrisa. Karen lo recibió con un fuerte abrazo y le pidió amablemente que entrara.

- ¿Se puede saber porque esta decisión?- pregunto sin rodeos, mientras tomaba la única pero gran valija que descansaba en medio del hall.

- Simplemente, extraño Paris- respondió encogiéndose de hombros en un gesto despreocupado, tratando de enmascarar bien su mentira.

Terry negó en un gesto de cabeza, demostrándole que no le creía una sola de sus excusas. Sabía que ese era el protocolo básico de escape de Karen. No la culpaba, esa era la única manera que siempre encontró de que no la lastimaran más. Sin embargo, sabía que nadie podía escapar por siempre de sus problemas y que ella debía empezar a enfrentar los obstáculos si quería ser feliz. Sin decir nada más, ambos emprendieron camino.

Una vez en el aeropuerto, se dirigieron a la puerta por donde debía abordar. Abrazándolo nuevamente, le agradeció el haberla llevado hasta allí.

- Espero que estés bien- le deseo sobre sus cabellos- Eres una excelente mujer, mereces lo mejor.

- ¿Tu lo crees?- interrogo escéptica- También deseo que estés bien, Terry. Sé que pasa algo en tu vida, ya que te noto bastante triste. Debe ser algo realmente doloroso para que no puedas esconderlo con tus muros protectores.

El castaño simplemente acarició su mejilla tiernamente y deposito un tierno beso en la frente. El llamado para los pasajeros comenzó, por lo que la joven se fue con una pequeña sonrisa.

Escucho como un automóvil estacionaba frente a su casa. Se acercó a la ventana para comprobar que se trataba de Terry, quien le había pedido a Arthur para llevarlo con su tío Charlie a pasar el día con él. Candy acepto agradecida ya que con los últimos detalles de la boda ese mismo día no podía dedicarle el tiempo y atenciones que necesitaba su pequeño.

Miro su reloj de pulsera. Llegaba media hora tarde, algo atípico en el empresario quien era muy puntal dado los importantes compromisos que tenía.

La rubia abrió la puerta y lo saludo con un gesto de mano, aun cuando estuvo frente suyo él se inclinó para depositar un beso a escasos milímetros de la comisura de sus labios. Siempre hacia eso, pero Candy no se podía quejar ya que el castaño se hacia el desentendido.

- Perdón por la tardanza- le dijo serio, algo raro en él cuando se trataba de ella. Con su sutil movimiento, toco el puente de su nariz- Tuve que hacer unas cosas antes.

- ¿Está todo bien?- consulto preocupada- Si te resulta complicado cuidar de Arthur, dímelo.

- No es eso- le aseguro apreciando la preocupación de sus ojos aguamarina- Jamás estaría lo suficientemente ocupado como para perderme un día con el pequeño. Simplemente me ha dejado triste la partida de Karen.

- ¿Karen se fue?- su incredulidad se manifestó en su rostro- ¿A dónde se ha ido?

¿Cómo era posible que Karen se fuera cuando su mejor amigo estaba por casarse en solo unos días? ¿Por qué Albert no le había dicho nada al respecto? Había notado a la joven modelo distanciada y bastante deprimida las últimas veces que ha había visto pero nunca se imaginó que partiera sin avisarle que no podría ayudarla con los últimos detalles.

Observo a Terry quien permanecía callado mirando un punto perdido en la pared. Él había dicho que se encontraba triste porque Karen había partido y al parecer, definitivamente. ¿Estaba triste porque no podrían terminar su historia?

- A Francia- respondió simplemente.

- Comprendo- suspiro tratando de controlar la molestia que recorría sus venas, en un torrente desbocado y sin razón aparente- Pero no debes sentirte triste. Tiene la suficiente libertad económica como para ir con ella a vivir allí.

- ¿Por qué querría yo irme a Francia?- su rostro mostraba su confusión- Aquí están las cosas que realmente quiero, aunque una de ellas estea punto de casarse con otro hombre.

Aquella afirmación la dejo verdaderamente sorprendida. Si lo que decía era verdad, no sentía nada por Karen. Terry no daba demasiadas vueltas para obtener lo que deseaba y eso lo sabía de muy buena fuente.

- Entonces ¿Por qué estas triste?- no pudo contener la pregunta.

- Porque la quiero como la amiga que es, y me he percatado que se ha ido huyendo de algo- su seriedad le contagio de la preocupación del castaño- Estaba sufriendo y sus ojos mostraban que sus esperanzas están más que muertas.

El silencio lleno el ambiente. Candy medito lo último y comprendió que estaba de acuerdo con Terry. Karen estaba mal desde hacía semanas y quizás, se había ido en un intento de desintoxicarse de lo que le estaba haciendo mal. No la culpaba por su partida tan abrupta, pero sembraba sus incógnitas. Albert debería haberle mencionado algo.

- Aguarda unos segundos, voy por Arthur- dijo finalmente con un suspiro- Estoy retrasada a la prueba del vestido.

Resignado, Terry asintió mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su pantalón.

Frente a su notebook, se encontraba en una mesa del jardín de Lakewood terminando algunos balances administrativos del lugar. Iban realmente bien y si continuaban a ese ritmo, conseguiría en tres meses más cancelar el préstamo en el banco.

Una de las nuevas meseras se acercó hacia el para entregarle el teléfono diciendo que era uno de sus inversores. Dejando de lado lo que hacía, asintió.

- Buenos días, señor Daniels- lo saludo Albert con mucha educación.

- No me sorprende la manera elegante con la que saludas- respondió la voz ronca del otro lado de la línea- Siempre te destacaste en el tema de la cortesía, eso es bueno para los negocios.

- ¿Qué quieres Grandchester?- consulto sin poder ocultar mucho el desencanto de oír a su ex amigo- No tengo demasiado tiempo para tus interrupciones.

Terry dejo escapar un sonido que delataba que contenía una risa de superioridad. Su comentario no le molesto en absoluto, ya que sería realmente breve.

- Llamaba para felicitarte- le comentó de manera casual.

- ¿Por la boda?- consultó relajado- Gracias, pero no era…

- No, amigo. Por romper nuevamente el corazón de Karen - su voz denoto la rabia y el resentimiento que contenía en su interior.

El cuerpo de Albert se tensó al oír aquellas palabras. ¿A qué se refería Terry con eso? ¿Cómo sabía que las cosas con Karen habían resurgido?

- ¿A qué te refieres?- su molestia salió sin poder ser contenida, mientras se ponía de pie bruscamente. Nervioso.

- ¿Qué? ¿No comprendes?- ironizo- ¡Oh! Déjame que te lo pase en limpio. Esta mañana, Karen abandono el país. Y por lo que entendí, para no volver.

- ¿Cómo que se fue?- bramo mientras una terrible agonía lo recorría por el cuerpo.

- Como lo oyes- su voz se tranquilizó un poco- Al parecer ser, no pudo soportar que nuevamente no tuvieras el coraje para arriesgarte por ella.

-Las palabras no salían de su garganta. Karen se había ido y él era el culpable. Su miedo a lastimar a Candy lo acobardo día a día, por lo que la boda siguió adelante. Por otro lado, el trabajo había absorbido la otra parte de su tiempo, más el temer enfrentar a Karen y explicarle que no sabía cómo terminar su relación con la rubia… todo eso había causado que la mujer que más amaba nuevamente abandonara su vida.

- ¿Cómo sabes todo esto? ¿Ella te lo dijo?

- No hacía falta que me lo dijese- le aseguro- Solo la he visto así de mal una vez, y era por tu culpa. Supongo que la frustración y la culpabilidad son cosas a las que Karen no supo aguantar.

- ¿A dónde se fue?- interrogo ansioso.

- ¿Qué harás?- consulto serio- ¿Aclararas primero a Candy que amas a otra persona y suspenderás la boda? Porque de lo contrario no diré una palabra. Y no lo hago por mí, podría seguir intentando recuperar a Candy de otra forma, sino por Karen.

Sonriente, Candy cerró el libro de las reservas y observo como Dorothy esperaba sentada en una de las mesas a que George terminara con el libro de cuentas y la caja registradora, leyendo una revista de prensa rosa. Sin apuros, ya que Arthur se encontraba con su padre, se acercó hacía ella.

- ¿Has encontrado algo interesante, Dorothy?- consulto sonriente.

Varias veces Albert la había llevado a cenar a casa se George, por lo que ambas mujeres se conocían y entablaron amistad.

- Para nada- sonrió devolviendo la atención a la revista- La compre solamente por el especial de bodas que traía. Lo demás realmente no importa.

Candy rió ante la afirmación de Dorothy sobre el motivo de la compra de esa revista. Sabía que eso era producto de Annie, quien detestaba la prensa rosa. Sin embargo, sabía que la causa de esta repulsión se debía al constante acoso de los fotógrafos a Archie y sus múltiples novias. Annie padecía al igual que la rubia de un amor hacia mujeriegos innatos.

- No te preocupes- le dijo regalándole una sonrisa- Solamente escóndela ya porque ya es hora de la partida de Nicholas.

- Tienes razón- asintió Dorothyocultándola- Además, no querrá ver la primera plana.

La rubia observo la portada para encontrar a Archie caminando con una rubia actriz de la mano, en una costosa boutique. Reafirmo la opción de esconder la revista con un movimiento de su rostro. La joven ejecutiva guardo en su cartera el suplemento y continuaron hablando de manera trivial.

- ¿Cuándo será el día que George decida formalizar?- suspiro Candy.

- No hay caso- señalo encogiéndose de hombros- Aunque cumpliremos siete años de noviazgo, sigue disgustado con la idea del matrimonio. No puedo culparlo, la separación de sus padres fue muy tortuosa para él.

- Comprendo.

Con un fuerte sonido, Annie salió de la cocina a paso veloz mientras Archie abría nuevamente la puerta sobándose la cara a causa del golpe de la puerta recibido por gracia de la pelinegra. Sin perder tiempo, continuó con la persecución mientras continuaba pidiéndole que salieran a tomar algún trago, aunque fuese en son de amigos. Furiosa, la pelinegra se negaba mientras salía del local. Candy agradeció que a esa hora, ya no hubiese clientes. Pocos minutos después de que ambos jóvenes se fueran a continuar su pelea afuera, Albert entro al restaurante. Su rostro perfecto se notaba cansado y acongojado.

Disculpándose, Candy se aproximó rápidamente y lo saludo con un tierno beso. Albert respondió con una sonrisa tierna y le pidió que fueran a un lugar apartado ya que quería hablar con ella. Candy asintió, busco sus pertenencias, se despidió de Dorothy y se fue en silenció junto al rubio.

Una vez dentro del automóvil de él, Candy se percató de lo tenso que se encontraban los hombros de Albert. Su mirada no se despegaba del frente aunque el automóvil estuviese estacionado y sus manos apretaban en puño el volante.

- ¿Ocurre algo, Albert?- pregunto suavemente.

- Candy, no sé cómo decirte esto…- empezó a decir aun sin mirarla- lo único que espero, es que no me odies pero no puedo casarme contigo.

Aquello la sorprendió completamente. Si alguna vez imagino que el compromiso terminara, siempre pensó que sería por cuestión de su debilidad y no por parte de Albert quien desde un principio había apostado abiertamente a la relación. Permaneció en silencio, tratando de asimilar todo.

- Sé que falta realmente muy poco, pero no puedo hacerlo- continuo, volteando esta vez a enfrentarla- No puedo dejar que sigamos mintiéndonos más las cosas. Tú amas a Terry y jamás lograras quererme de esa manera.

Súbitamente Candy perdió el aire. No podía creer lo que le estaba diciendo Albert. Aun cuando sabía que no lo amaba y aunque lo había traicionado, no dudo en elegirlo en lugar de Terry.

- Y yo no podré amarte, porque me he dado cuenta que sigo amando a otra persona- finalizo en tanto estudiaba la reacción de sus ojos aguamarinas.

Aquello boqueo súbitamente el bombardeo de culpabilidad desde su corazón hasta su mente. Lentamente su cerebro retomo la marcha hasta llegarlo a un lugar. Karen.

- ¿Karen?- consulto sutilmente.

Aquello pareció paralizar ahora a Albert. El rubio no comprendía como Candy había logrado deducir tan velozmente de quien se trataba.

- ¿Cómo…?

- Hoy me enteré que partió rumbo a Francia. Me pareció extraño, aunque hacía semanas la notaba mal- le explico más tranquila - No estoy molesta contigo, Albert. Tienes razón, no debemos mentirnos y aunque te quiero muchísimo y agradezco el tiempo que pasamos juntos, jamás hubiésemos podido darnos el uno al otro lo que necesitábamos.

- Me alegra saber qué piensas así- suspiro profundamente- Karen se fue por culpa de mi miedo. Miedo a decirte la verdad, a lastimarte, etc. Te aprecio demasiado como para hacerte sufrir. Pero sin darme cuenta, la hice sufrir a ella.

Sonriendo, Candy se aproximó para abrazar a Albert. Cerca de su oído le aseguro que ella estaría bien pero que debía recuperar a la joven modelo y luchar por ella.

- Tienes todo mi apoyo- le aseguro.

- Por favor, cuídate mucho- le pidió Albert cuando se separaron- Y espero no recibir quejas de George cuando regrese a Chicago.

- Por supuesto que no, jefe- se burló mientras sacaba la lengua.

Continuara…

Esta historia no me pertenece... es una obra original de Miko Fleur