Capítulo 13
Candy no había podido negarse cuando Terry había llegado hasta ella pidiéndole que cuidara de su hijo mientras él se ocupaba de su hermano. Sabía que aquello no se trataba de un simple capricho, y que Terry no le encargaría a su hijo si no fuera por una causa extrema.
Mientras atendía a una clienta, Candy dirigió su vista hacia una silla en el rincón donde Davy estaba sentado con la mirada fija en el piso. El niño parecía tan compungido que Candy sintió lastima por él. De acuerdo… Pete no era lo que podía llamarse un "tío modelo" pero era su familia, así que no podía culparlo por sentirse triste. Se preguntaba porque Terry había tenido que dejarlo con ella. Eleanor estaba con él, y Richard probablemente en el trabajo, pero… ¿Dónde estaba Susana? Ella era su madre, y era su deber cuidar de su hijo. Como sea, el pequeño ahora estaba a su cargo, y no podía soportar verlo en ese estado.
En cuanto terminó de atender a la clienta, Candy se acercó al niño y se agachó para quedar a su altura.
- ¿Quieres comer algo? – Le preguntó con dulzura.
- No tengo hambre.
- Entiendo… estas preocupado por tu tío ¿Verdad? – Davy solo asintió con la cabeza – No te preocupes, estoy segura que se pondrá bien.
- ¿Cómo lo sabes?
- Conozco a Pete desde pequeña… Él no se dejaría vencer tan fácilmente.
Davy dejó entrever una tímida sonrisa y aceptó ir con Candy hasta la cafetería de Beth para comer algo. Se sorprendió nuevamente al darse cuenta que no le molestaba pasar tiempo con el niño. Davy era adorable, y Candy se sentía bien a su lado. Nunca había pensado seriamente en tener hijos, de hecho nunca había tenido una relación lo suficientemente seria con un hombre para formar una familia, pero ahora, mientras caminaba por la calle con Davy tomado de la mano, sintió esa necesidad de ser madre.
Rápidamente desechó esa idea de su cabeza. Para tener un hijo, primero tendría que formar una relación con un hombre, y no estaba dispuesta a hacer eso, no al menos por el momento. Pero de pronto la invadió el temor. Recordó esa noche que había pasado con Terry no pudo evitar pensar en las posibles consecuencias. Había hecho las cuentas y no se encontraba en sus días fértiles, la semana entrante le llegaría el periodo y todos sus fantasmas se irían ¿Pero si eso no sucedía? ¿Qué pasaría si Terry había tenido éxito aquella noche? No era muy probable que aquello sucediera pero no podía dejar de pensar en ello. Tenía que sacárselo de la cabeza como fuera. No estaba embarazada, solo tenía que esperar algunos días y todo volvería a la normalidad.
Cuando llegaron al bar, Beth miró a Candy con sorpresa, pero no se animó a decir nada en frente del niño.
- ¿Podrías prepararnos dos sándwiches? – Le pidió Candy a Beth mientras se sentaban en una mesa – Y dos sodas.
- Claro – Contestó la mujer sin hacer ningún otro tipo de pregunta.
Davy aún estaba nervioso por su tío, y Candy trataba constantemente de animarlo para que deje de pensar en aquello. Quería llamar a Terry y preguntarle cómo estaban las cosas por allí, pero de pronto recordó que no tenía su número de celular, y también se recrimino por haber querido tenerlo.
- ¡Candy!
Candy levantó la vista para encontrarse con los ojos azules de Annie. ¡Genial! Si había alguien en el mundo a quien no quería ver en aquellos momentos (ni en ningún otro) era a ella.
Annie se sentó en la silla que quedaba libre en la mesa donde Candy y Davy estaban y miró a la rubia con desafío, algo que sorprendió a Candy.
- ¿Qué quieres, Annie? – Hubiera querido gritarle que se vaya, pero no podía armar un escándalo frente al niño.
- Estaba tan preocupada por ti – Le dijo con falsedad – La otra noche, cuando te retiraste de mi casa estabas tan furiosa que temí que algo malo pudiera pasarte.
Candy no podía creer cuan hipócrita podía llegar a ser la que alguna vez había sido su mejor amiga. No estaba dispuesta a dejarse pisotear por Annie.
- Davy ¿Por qué no vas con Beth y le pides un helado?
Davy era un niño inteligente y no le llevó tiempo comprender la indirecta, asintió con la cabeza y fue hacia donde Beth se encontraba.
- ¿Quién es él? – Le preguntó Annie con desprecio.
- No te importa – Candy la miró con seriedad – Dime que es lo que quieres, sabes que no tengo interés en hablar contigo.
- ¿Por qué estás tan enfadada?
- ¿Podrías quitarte la máscara una vez en la vida? – Candy estaba a punto de perder la paciencia – Sé que no eres la "amiga" que pretendías ser cuando éramos chicas, aunque aún no logro comprender que fue lo que te ha hecho comportar de esta manera.
Annie adoptó repentinamente una expresión de seriedad, y Candy podía leer en su mirada el rencor que sentía por dentro.
- Siempre te has creído mejor que yo – Le dijo casi en un murmullo.
- ¡Eso no es cierto! Yo…
- En la escuela todos te querían más a ti. Eras más inteligente, más bella y más simpática que yo.
Candy intentó decirle que no era verdad, en realidad nunca lo había creído, pero en ese instante sintió el deseo de dejar que Annie pensara que era cierto. Era evidente que sufría por ello, y Candy quiso así fuera.
- No es mi culpa.
- ¡Me importa una mierda si es tu culpa o no! – Exclamó Annie para luego formar con sus labios una sonrisa lasciva – Ahora ya no va a ser de ese modo nunca más.
- ¿A qué te refieres?
- Ahora ya no eres tú el centro de atención – Le dijo – Voy a casarme con tu hermano y estoy esperando un hijo de él. Nuestra boda acapara la atención de todo el pueblo, incluso tus padres estarán más pendientes de mí que de ti, y cuando el bebé nazca.
- ¿Es por eso que has estado haciendo esto? – Le preguntó Candy con indignación – Solo estás utilizando a mi hermano para vengarte por algo que no te he hecho.
- Llámalo como quieras.
- Eres despreciable.
- Pero por primera vez lograré algo que tú no. Formaré una familia, la que alguna vez te perteneció a ti.
Candy no comprendía la maldad de Annie, pero no iba a quedarse sentada mientras se burlaba de ella.
- Haz lo que quieras – Le dijo mientras se ponía de pie – Puedes casarte con mi hermano, pero nunca lograras la aceptación de mi familia.
Candy se fue antes de que Annie pudiera replicar algo. Tomó a Davy de la mano, quien aún estaba tomando el helado de chocolate que había pedido y le dijo a Beth que le pagaría el día siguiente.
Lo que le había dicho a Annie era cierto. Podría casarse con Zach y tener un hijo suyo si quería, pero nunca formaría parte de la familia. A Rebecca nunca le había caído bien y por más que aceptase al niño como su nieto, no podría dejar pasar que la madre del pequeño no era judía como ellos, por lo tanto el niño tampoco lo era. Después de todo Annie no iba a lograr lo que tanto quería.
ooo
Terry y Eleanor estaban más tranquilos después de haber hablado con el medico que estaba a cargo de Pete. El joven, si bien había sufrido heridas de gravedad, estaba fuera de peligro y solo tendría que pasar un par de meses en el hospital. Solo había un tema por el cual debían preocuparse.
- ¿En verdad crees que esa mujer que encontraron junto a Pete sea Susana? – Le preguntó Eleanor a su hijo.
- Lamento decirlo, mamá… pero ya casi no quedan dudas al respecto - El bolso de Susana había sido encontrado a unos cuantos metros de la escena del accidente. Definitivamente no era una casualidad que se encontrara allí – Tendré que informarle a los padres para que se realicen el examen de ADN lo más rápido posible.
- ¿Cómo crees que lo tomen?
- No muy bien, imagino. Pero lo que más me preocupa es la reacción de Davy. Susana no ha sido una madre modelo, pero es su madre, y no sé cómo haré para contárselo.
- Davy es un niño muy fuerte.
- Pero solo tiene 6 años – Terry no quería bajo ninguna circunstancia que si hijo sufriera, pero supuso que esta vez no podría hacer nada para evitarlo.
- Los primeros días serán difíciles sin ninguna duda, pero con el tiempo todo volverá a la normalidad… tal vez debas pensar en volver a casarte, formar una familia y darle a Davy una madre.
- No creo que sea el momento de pensar en eso – Aunque él sí lo había pensado antes del accidente. Quería casarse con Candy y formar esa familia de la que su madre le estaba hablando. Sin duda ahora las cosas se complicaban un poco, pues no podía decirle a Davy que había perdido a su madre pero ya había encontrado un remplazo para ella. Candy nunca sería un remplazo de Susana, ella siempre sería la madre de Davy y nada iba a cambiarlo, pero si esperaba que algún día pudieran llegar a tener una relación parecida a la de madre e hijo.
- De todas formas – Continuó Eleanor – Tienes que comunicarte con los padres de Susana lo antes posible. De nada sirve que pospongas lo inevitable.
- Tienes razón.
Terry se apartó a un rincón y sacó su celular del bolsillo. No sabía de qué forma hablarles a los Marlowe, Susana era su única hija y estaba seguro que no se tomarían con calma lo que tenía que decirle ¿Qué padre lo haría?
Fue la señora Marlowe quien contestó el teléfono, y como Terry lo había pensado, su reacción ante la noticia fue desesperante. Él intentó decírselo de la manera más delicada posible, pero de todas formas se trataba de un tema demasiado grave como para tomarlo con calma.
Algunos minutos después cortó la comunicación y fue nuevamente hacia donde se encontraba su madre.
- ¿Cómo lo han tomado? – Le preguntó.
- ¿Cómo crees? – Terry se dejó caer en una silla y enterró su rostro las manos – Si… Si resulta ser cierto… ¿Cómo voy a decirle a Davy que su madre murió?
- Sera difícil, sin duda, pero él va a salir adelante.
- Eso espero, mamá.
Las siguientes horas fueron las peores. Primero Terry tuvo que enfrentar a los padres de Susana, quienes, incluso antes de conocerse los resultados del examen de ADN que acababan de hacerse, culpaban a Terry por el supuesto fallecimiento de su hija. Él solo se limitó a quedarse callado mientras recibía los insultos de los señores Marlowe, culpándolo desde el divorcio, hasta de hacer a su hija infeliz. Terry comprendía que estaban dolidos por todo lo que estaba pasando, y solo por eso no se defendió ante sus ataques. Quería que todo terminara lo más rápido posible, pero aún quedaban cosas por hacer.
Cuando por fin estuvieron listos los análisis de ADN que confirmaban que la mujer fallecida era Susana, Terry fue quien se encargó del papeleo necesario para preparar el funeral de su ex esposa, y al finalizar el día se sentía tan agotado que le costaba caminar.
Eran casi las once de la noche cuando por fin se liberó de obligaciones y recordó que tenía que pasar a buscar a su hijo. La joyería estaba cerrada a esa hora, así que supuso que Candy habría llevado a Davy a su casa. Se sintió culpable al darse cuenta que tendría que haber tratado de comunicarse con ella para que supiera que se tardaría más de lo normal, pero no lo había hecho, y temía que Candy se enfadase por ello.
Llegó hasta la casa de ella y bajó de su auto. Dudo un poco antes de tocar el timbre, nunca había sido bien recibido en esa casa y nunca lo sería, pero no le quedó más remedio que hacerlo.
Unos pocos segundos después se escucharon unos pasos desde dentro de la casa y la puerta se abrió y apareció un hombre rubio que lo miraba fríamente con sus ojos azules. Recordó seis años atrás cuando Abraham lo había recibido con esa misma mirada y una escopeta en la mano. Esta vez no portaba ninguna clase de arma, pero Terry sabía que no podía confiarse.
- Yo… - No sabía cómo hablarle, pero Abraham se lo hizo fácil.
- Está en su habitación – Le dijo mientras se hacía a un lado para dejarlo pasar – Creo que ya conoces el camino.
- Si…
Terry entró en la casa con recelo y se dirigió a la habitación de Candy. Le resultó extraña la actuación de Abraham, pero optó por no hablar más de lo necesario. Llegó hasta la habitación de Candy y golpeo la puerta.
- ¡Pasa! – Se escuchó la voz de ella desde dentro.
Terry abrió la puerta lentamente y se encontró a Candy sentada frente al escritorio organizando algunos papeles, mientras que Davy estaba sentado en el piso jugando con un gato blanco. La habitación había cambiado bastante desde la última vez que él había estado allí. El color de las paredes había cambiado de un rosa pastel a un color beige más discreto, solo quedaban unos cuantos peluches de la gran colección que Candy tenía cuando era más joven y la alfombra esponjosa donde ellos habían hecho el amor varias veces ya no estaba allí.
- ¡Papi! – En cuanto vio a su padre, Davy dejó lo que estaba haciendo fue corriendo a sus brazos.
Terry tomó a Davy en sus brazos y enterró su rostro en el cabello de su hijo. Lo que tenía que decirle no era fácil, y no tenía idea de cómo iba a hacerlo.
Levantó la vista para encontrarse con Candy. No parecía furiosa por haberlo tenido que esperar tanto tiempo sin tener noticias suyas, más bien parecía preocupada.
- Gracias por cuidar de Davy – Le dijo.
- No ha sido nada… - Era evidente que Candy quería preguntar acerca de la salud de Pete, pero no se animaba a hacerlo delante del niño – Davy… ¿Qué te parece si llevas a Oskar a jugar afuera mientras hablo un segundo con tu papá?
- Bueno… - No era costumbre de Davy contradecir a sus mayores, así que en cuanto Terry lo dejó en el piso, tomó al gato en sus brazos y salió de la habitación.
- ¿Cómo… cómo está Pete? – Le preguntó Candy con nerviosismo. El rostro de Terry era terrible, y sabía que algo malo estaba pasando.
- Estará bien…
- ¿Pero…? – Lo animó a continuar.
Terry se sentó en la cama antes de contarle el resto de la historia.
- Pete tuvo ese accidente en la carretera que lo dejó con heridas de gravedad. Se pondrá bien, pero eso no es todo… él… él no iba solo en el auto.
- ¿Quién más iba con él?
Terry levantó la vista y miró a Candy fijamente a los ojos.
- Susana estaba con Pete en el momento del accidente.
- Oh… - Candy bajó la vista apenada. Comprendía perfectamente lo que Terry estaba diciendo. Susana estaba teniendo una aventura con Pete.
- Ella no sobrevivió al accidente.
- ¡Dios mío! – Exclamó Candy. Nunca había cruzado por su cabeza que Susana Marlowe moriría siendo tan joven. La chica que ella había conocido en la secundaría jamás permitiría que algo así le sucediera a ella.
- Yo… no sé cómo decírselo a Davy.
A Candy le sorprendió encontrarse a Terry en una situación como aquella. Su rostro le recordaba al que había puesto ese día en que se vieron por última vez, pero no quería pensar en eso ahora. Se sentó a su lado y colocó una mano en el hombro de él.
- Todo estará bien – Le dijo.
- Lo sé – Terry le sonrió cansinamente – Solo es cuestión de tiempo…
Sus miradas se cruzaron y Candy se perdió en los profundos ojos azules de Terry. No entendía que era lo que estaba pasando, pero en ese momento sintió la necesidad de estar con él, como en los viejos tiempos. Sus rostros fueron acerándose cada vez más hasta que sin darse cuenta sus labios se unieron en un beso. Candy había deseado hacer eso desde el día en que se habían reencontrado, pero nunca lo quiso admitir, ahora sentía que nada más importaba, solo ellos dos.
Poco a poco sus rostros se separaron. No hacían falta las palabras, los dos sabían bien lo que sentían el uno por el otro, solo era cuestión de tiempo para que las cosas tomaran forma.
- Iré a buscar a Davy – Le dijo Terry mientras se ponía de pie.
- Claro…
Ninguno de los dos comentó nada al respecto de ese beso, solo se limitaron a saludarse cortésmente al despedirse. A Terry le hubiera gustado hacerlo de otra manera, pero no era correcto hacerlo delante de su hijo.
Davy estaba demasiado callado durante el trayecto a casa, y Terry sabía que tenía que hacerlo… cuanto antes mejor.
- Hijo…hay algo que debes saber.
- Mamá murió – Le dijo con la mirada clavada en la guantera – Ya lo sé - Terry se sorprendió al escuchar las palabras de su hijo ¿Cómo se había enterado? – Los escuche a ti y a Candy detrás de la puerta… lo siento…
Davy sabía que no era correcto escuchar detrás de las puertas, pero Terry comprendía que estaba preocupado por su tío, pero no parecía demasiado compungido por la muerte de su madre. Ellos nunca habían sido demasiado unidos, y tal vez a ello se debía la actitud de Davy, pero Susana no dejaba de ser su madre.
- Yo… no sabía cómo decírtelo. Sé que es una noticia que cambiará nuestras vidas por completo, pero estoy seguro que con el tiempo los dos saldremos adelante.
- ¿Vas a casarte con Candy? – Le preguntó con su voz infantil.
- ¿Qué?
- Los vi besándose – Le contestó para la sorpresa de Terry - ¿Vas a casarte con ella?
- La gente no se casa así porque sí.
- Pero la besaste – Repitió Davy – Las personas se besan cuando se aman - Terry no se animó a desmentir lo que su hijo acababa de decir. No todos los besos entre un hombre y una mujer querían decir que se amaran, pero entre él y Candy las cosas sí eran así – Yo quisiera que te casaras con Candy… me gusta ella.
Terry no dijo nada más. Davy acababa de aprobar su supuesta relación con Candy, y eso era todo lo que necesitaba saber para seguir adelante, solo que ahora tendría que demorar sus planes por los recientes y desafortunados episodios.
Continuará…
Mil gracias a todas por los comentarios! =)
Espero que les guste este nuevo capítulo!
Besosssssssssssssssssss
