XIII
La primera prueba, Parte 2

La aparición de una nueva persona no pasó desapercibida para ninguna de las presentes, a excepción de Sailor Mercury, quien miraba a Sailor Neptune, indiferente a todo lo demás. No le habría importado mucho de todos modos, porque lo que había ocurrido hace solamente minutos la tenía totalmente desconectada del resto del mundo. Ya no gritaba el nombre de Michiru, pero todavía hipaba y derramaba lágrimas, abrazando a quien fuese su novia por solamente unos cuantos días.

Como era usual en esa clase de momentos, Sailor Mercury recordó todo lo que había pasado desde que conoció a Michiru en aquella piscina hasta cuando ella misma se quitó la vida para cumplir con su misión. Le apenaba que Michiru hubiera puesto su misión antes que ella, pero al menos sabía que estaba luchando por salvar al mundo de una amenaza que, al parecer, le aterraba mucho.

Hubo unos cuantos destellos de luz, pero a Sailor Mercury no le podía importar menos lo que le estuviera ocurriendo a su alrededor. Todo su ser estaba concentrado en una persona que ya no existía. Era como una cruel ironía del destino que ella pudiera disfrutar de su compañía por tan poco tiempo. También era cruel darse cuenta que, tal como había pasado con Zoisite, Michiru le fue arrebatada de sus manos por el enemigo justo en el momento que había sido más feliz. ¿Estaría destinada a jamás encontrar el amor? Sailor Mercury negó levemente con la cabeza. Ella no creía en el destino ni en los hados ni en ninguna cosa esotérica. Creía en los hechos, y el único hecho que le importaba era que nunca más volvería a ver a Michiru. Lo mejor que podía hacer era aceptarlo y continuar con su camino, no indiferente a su tragedia, sino que aceptando las cosas malas que le ocurrían, con la frente en alto, tal como Michiru lo hubiera querido.

Nuevamente hubo un destello de luz, pero Sailor Mercury ya no pudo ignorar lo que estaba pasando, pues el cuerpo de Sailor Neptune comenzó a brillar y la tiara en su cabeza desapareció. Para sorpresa de Sailor Mercury, en la frente de Sailor Neptune apareció un símbolo que supo reconocer como el mismo que adornaba la cara posterior del espejo que había brotado de su cuerpo. Unos cuantos metros más allá, Sailor Uranus también estaba envuelta en un brillo similar.

La sorpresa atenazó a Sailor Mercury cuando tanto los cadáveres de Sailor Uranus y Sailor Neptune comenzaron a flotar en el aire y a girar sobre sí mismos hasta que estuvieron de pie. Ambas chicas despertaron al mismo tiempo y dieron con sus pies en el suelo, luciendo confundidas. Se miraron sus manos, como si no estuvieran seguras de si seguían muertas o si habían vuelto a la vida. Sailor Mercury miraba la escena con ojos dilatados y sentía que alguien le estaba apretando la garganta, pues no podía hablar.

—¿Qué pasó? —quiso saber Sailor Uranus, gastando una mirada de confusión en Sailor Neptune—. Recuerdo que fui atacada por esa pelirroja tonta antes y luego, nada.

Sailor Neptune no dijo nada. No quería que Sailor Uranus supiera que lo último que había visto era la cara llena de lágrimas de Sailor Mercury, pues creía que haría todo peor. A continuación, miraron la escena que se estaba gestando frente a ellas, y vieron algo que las desconcertó, bueno, aparte del hecho que las dos habían vuelto a la vida de un modo que ninguna de ellas entendía.

De algún modo, los tres talismanes se había juntado. La Copa Lunar flotaba en medio del aire y había una carrera loca entre esa tonta de Eudial y Sailor Moon por conseguirla. Había una muralla de fuego cerca, y Sailor Neptune supo que las demás Sailor Senshi estaban en problemas.

—¡Sailor Uranus! —exclamó Sailor Neptune, corriendo hacia las llamas—. ¡Necesitan nuestra ayuda!

—¡No voy a ayudar a unas guerreras incompetentes como ellas!

Sailor Neptune iba a protestar de vuelta cuando Sailor Mercury se acercó a ella, todavía con lágrimas en los ojos, pero tenía una expresión de total determinación endureciendo su cara.

—Cuenta conmigo.

Sailor Neptune le sonrió y ambas corrieron hacia la cortina de fuego, deteniéndose a una distancia prudente. Sailor Mercury y Sailor Neptune atacaron las llamas al mismo tiempo con sus respectivos ataques, pero esta vez, el fuego permanecía reacio a extinguirse. Lo intentaron un par de veces más, con el mismo resultado.

—¿Qué hacemos?

Sailor Mercury analizó el fuego con su visor y llegó a la conclusión que no eran llamas normales.

—Ese fuego arde a más de mil grados Celsius —dijo Sailor Mercury, desactivando su visor—, demasiado caliente para enfriarlo con cualquiera de nuestros ataques.

Sailor Neptune miró a Sailor Mercury con desesperación.

—¿Entonces no podemos hacer nada?

—No por separado.

—¿A qué te refieres?

—Necesitamos incrementar el área superficial de nuestros ataques y sostenerlos el mayor tiempo posible para disminuir la temperatura —dijo Sailor Mercury, haciendo unos cálculos con su confiable computadora de bolsillo—. Tu ataque marino posee una temperatura muy alta y mi ataque de hielo abarca muy poca área. Debemos combinar ambas técnicas.

—¿Cómo?

—Lo único que se me ocurre es que arrojes tu maremoto en ángulo y yo ejecute mi técnica en un ángulo similar pero opuesto. De ese modo, tendremos un ataque con la suficiente área y temperatura para apagar el fuego. El ángulo tiene que ser pequeño para que el ataque no pierda inercia, de otro modo, no servirá para nada.

Sailor Neptune se encogió de hombros y se preparó para atacar. Sailor Mercury hizo lo mismo.

—¿Lista?

—¡Cuando tú quieras!

—En tres, dos, uno, ¡YA!

Sailor Mercury realizó su ataque de agua y Sailor Neptune hizo lo mismo. Cuando ambas técnicas se encontraron, no hubo un resultado apreciable. Simplemente se podía ver una ola gigantesca caer sobre las llamas, de las que comenzó a brotar mucho vapor de agua. Fue tanta la niebla generada por el encuentro del agua con el fuego que nadie pudo ver a más de un metro de distancia. Sailor Mercury y Sailor Neptune no pudieron ver el resultado de su trabajo por un par de minutos, momento en que la niebla se disipó.

Las demás Sailor Senshi lucían incólumes, aunque tenían escarcha en sus uniformes, lo que las hizo temblar un poco. El fuego no se podía ver por ningún lado.

—¿Fueron ustedes? —preguntó Sailor Mars, notando algo raro en las caras de Sailor Mercury y Sailor Neptune.

—¿Qué es eso en sus frentes? —dijo Sailor Venus con el ceño fruncido.

Sailor Venus no estaba viendo cosas. Había un símbolo extraño que brillaba en las frentes de Sailor Mercury y Sailor Neptune (9), brillo que fue disminuyendo hasta que desapareció por completo, reemplazado por sus respectivas tiaras.

—¿De qué hablas? —quiso saber Sailor Neptune, frunciendo el ceño.

—No importa, ya desaparecieron —dijo Sailor Jupiter, justo en el momento en que un borrón escarlata pasó por encima de ella, rompiendo un ventanal unos metros más allá. Todas miraron en dirección contraria y vieron a Sailor Moon, pero lucía muy distinta. Su uniforme era casi todo blanco, a excepción del listón en su pecho y el borde inferior de su falda. Ostentaba una especie de escamas transparentes sobre sus hombros y el listón en su espalda era ridículamente largo.

—¿Qué le ocurrió a Sailor Moon? —preguntó Sailor Uranus con los ojos como platos.

—La Copa Lunar —dijo Sailor Mercury—, no está por ninguna parte. Seguramente Sailor Moon la usó y sufrió una nueva transformación.

—Así es —dijo una voz que provenía detrás de las demás Sailor Senshi—. Sailor Moon usó la Copa Lunar para obtener una nueva transformación. Ahora es Super Sailor Moon.

—¿El… enviado del bien… es Sailor Moon? —balbuceó Sailor Uranus.

—No estoy segura —dijo Sailor Pluto, llevándose una mano al mentón—, pero si Sailor Moon puede usar la Copa Lunar, es muy probable que lo sea.

Justo cuando Sailor Pluto dejó de hablar, las piernas de Sailor Moon temblaron y, así como se había transformado en Super Sailor Moon, volvió a la normalidad, dando con las rodillas en el suelo, respirando agitadamente.

—Todavía no está lista para usar ese poder —dijo Sailor Pluto, interrumpiendo a Sailor Uranus, quien iba a protestar—. Debemos darle tiempo para que madure y gane fuerzas a través de sus batallas. Solamente así se convertirá en el enviado del bien que nos salvará del silencio.

Ninguna se atrevió a decir siquiera una palabra. Sailor Mercury se acercó lentamente a Sailor Neptune, como queriendo comprobar que ella había realmente vuelto a la vida, pero ella la detuvo con un gesto de sus manos. Sailor Mercury leyó correctamente su mirada. La inevitable discusión entre ambas debía esperar hasta más tarde.


Amy ascendía por las escaleras que llevaban hacia el departamento de Michiru, pensando en todo lo que había ocurrido el día de ayer. Claro, había participado de la discusión sobre la nueva transformación de Sailor Moon y de lo que los enemigos estaban dispuestos a hacer para recuperar la Copa Lunar, pero, por extraño que pareciese, a Amy eso no le importaba demasiado. Bueno, tal vez sí, pero había perdido y recuperado a Michiru en menos de cinco minutos y, contrario a las apariencias, no era algo fácil de superar. Por ese motivo encaminaba sus pasos hacia donde vivía Michiru, pues necesitaba creer que ella realmente había regresado de la muerte y, por encima de todo, saber por qué había puesto su misión antes que ella.

La puerta se abrió y vio a Michiru, quien solamente estaba vestida con una toalla. Su cabello brillaba más de la cuenta.

—Hola, Amy.

—Sabes por qué estoy aquí, ¿verdad?

Michiru mostró una sonrisa triste.

—Lo sé. Pasa.

Amy entró en el departamento y tomó asiento en el sillón. Michiru se encaminó a su dormitorio para vestirse.

—Puedes encender la televisión si quieres —dijo Michiru desde su habitación.

Amy tomó el control remoto y presionó el botón de encendido. Lo primero que vio fue el canal de noticias. Se podían ver imágenes de lo que parecía ser un incendio en un edificio de oficinas, pues la zona adyacente al inmueble estaba acordonada, pero no podía ver fuego o humo brotando de las ventanas.

—… por ahora no están claras las causas del accidente, pero efectivos de bomberos aislaron la totalidad del tercer piso de las oficinas de Kojima Technologies. Hay reportes de apagones en un radio de cinco cuadras urbanas, pero no hay certeza alguna sobre lo que pudo haberlo causado. De acuerdo con el anuncio del director ejecutivo de la compañía, Hanzo Tanaka, Kojima Technologies se encontraba trabajando en la primera inteligencia artificial del mundo y, de acuerdo con los documentos oficiales del la compañía, la división del jefe de investigación y desarrollo, Kaizo Nakamura, se encontraba en el tercer piso, lo que ha generado especulaciones sobre si el trabajo que estaba realizando la empresa pudo haber tenido relación con el accidente. No obstante, se necesitan más hechos para comprobar o refutar estas hipótesis. La división de investigación de la policía se encuentra en camino para…

—Perdón por la tardanza —dijo Michiru, dirigiéndose a la cocina a hacer un poco de té—. ¿Quieres un bocadillo nocturno?

—De acuerdo.

Michiru no tardó mucho en preparar el té y los panecillos dulces. Puso todo en una bandeja y volvió a la sala de estar, dejando la bandeja sobre la mesa ratona.

—Bueno —dijo Michiru, tomando un panecillo y dándoselo a Amy—, te escucho.

—¿Por qué te sacrificaste? —preguntó Amy de repente, tratando de no gritar, aunque no lo consiguió del todo—. ¿Por qué tu misión es más importante que yo? Entiendo que el enemigo es peligroso, pero pudiste habérmelo dicho antes, no sé, para estar más preparada. ¡Pensé que te había perdido para siempre!

Michiru suspiró.

—Yo también pensé que te había perdido para siempre —dijo, desistiendo de comer, pues había perdido el apetito—. Por favor, Amy, trata de verlo desde mi punto de vista. Conocerte hizo mucho más difícil tomar esa decisión. Fue una decisión que rompió tu corazón, pero el mío también sufrió en ese momento.

Amy se quedó en silencio, tratando de hacer lo que Michiru le estaba pidiendo. Dar la vida por la humanidad era siempre una decisión difícil, algo que Amy ya sabía por experiencia propia.

—Lamento no habértelo advertido antes —dijo Michiru, tomando las manos de Amy y mirándola a los ojos—, pero jamás esperé sentir cosas por ti. Cambiaste mi mundo y mis prioridades. Con Haruka era todo más fácil, pues estábamos juntas en eso, pero tú… tú no tenías nada que ver con nuestra misión. Pero, antes que te lamentes por lo que acabo de decirte, quiero añadir que jamás estuve tan contenta por eso. Por un momento pude alejarme de mis responsabilidades y ocuparme de vivir.

Se hizo el silencio entre las dos, silencio interrumpido a ratos por el noticiero de la noche. Para cualquiera en la situación de Amy habría sido muy complicado perdonar a Michiru por hacerle añicos el corazón, pero ya he dicho que Amy siempre veía lo mejor de las personas y supo que Michiru jamás tuvo la intención de hacerla sufrir en balde.

—Te entiendo —dijo Amy después de un buen rato—, pero quiero que sepas que sufrí mucho cuando perdiste la vida. Es un dolor mucho peor que el de un hueso romperse, porque no duele en el cuerpo, sino en el alma y en el corazón. Nunca había derramado tantas lágrimas por alguien, y no quiero que me hagas esto de nuevo, por favor.

Michiru no dijo nada. Se acercó a Amy y la estrechó en sus brazos acariciándole el cabello, abrazándola con fuerza, como diciéndole que nunca la iba a abandonar otra vez. Amy también se aferró, tanto a Michiru como a la posibilidad de que jamás volviera a pasar por el mismo sufrimiento.

—No puedo prometerte nada —dijo Michiru separándose de Amy y mirándola fijamente a los ojos—, pero haré mi mejor esfuerzo para que seas feliz, ahora y mañana… y pasado mañana.

—Yo también trataré de hacerte feliz, Michiru.

—No tienes que intentarlo.

—Oh, Michiru.

Y se besaron, con más ímpetu que en otras oportunidades, como tratando de que ese momento quedara para siempre marcado a fuego en sus corazones. No hubo intervención de sus lenguas, solamente sus labios jugaban en esa ocasión, los cuales se separaban por un breve instante para volver a encontrarse. Así estuvieron un minuto completo antes que a ambas les faltara el aliento.

—Te quiero, Michiru.

—Yo también, Amy.

—¿Sabes? Me dio hambre.

—Pues comamos —dijo Michiru con una sonrisa—. Esos panecillos no están aquí para decorar.

Ambas tomaron un panecillo y comieron con relativa educación, al tanto de lo hambrientas que estaban. Mientras engullían sus bocadillos nocturnos, Amy y Michiru miraron las noticias, pero podía verse el mismo edificio en las imágenes. Algo parecía estar ocurriendo en el interior del inmueble y el reportero hablaba sobre el ingreso de un equipo de investigación de la policía hace unos minutos atrás, pero hacía hincapié en que ninguno de los hombres que penetraron en el edificio había regresado.

—¿Qué pasó allí?

—Creo que hubo un accidente —dijo Amy, quien estaba más informada sobre la noticia que Michiru—, en el edificio de la empresa pionera en inteligencia artificial. Hay quienes creen que la investigación tiene que ver con el accidente, pero… no sé…

—No creo que necesiten a las Sailor Senshi para eso —acotó Michiru, comiendo otro panecillo y bebiendo un poco de té para ayudar a digerirlo mejor—. Además, tenemos nuestras propias amenazas con las que lidiar.

—Por cierto, ¿habrá problemas con Haruka?

—Ella dice que la misión es más importante que nuestros sentimientos, así que no será un problema, al menos por ahora.

—Qué bueno —dijo Amy, suspirando de alivio—. Haruka puede ser muy fuerte y capaz como Sailor Senshi, pero puede ser muy desagradable.

—Lo sé —dijo Michiru, suspirando—. Yo estuve con ella cuando a ustedes las llamamos incompetentes todo ese tiempo… sin saber que una de esas "incompetentes" eras tú.

—No tenías forma de saberlo. No hay nada que perdonar.

Michiru se quedó en silencio por un rato, dándose cuenta que Amy tenía razón. Aunque todavía le doliera haber insultado a Amy en esas ocasiones, también tenía en cuenta todo lo que había ocurrido desde que la conoció. Pero le causaba rabia que Haruka no se tomara el tiempo de conocer de forma honesta a Amy, cuando había coqueteado con prácticamente todo su grupo. Fue cuando volvió a su cabeza la idea que a Haruka no le simpatizaba Amy porque era la única que podía oponer resistencia a sus encantos. Michiru sonrió. Amy no era una chica difícil de conquistar; simplemente había que llegar a su corazón con sutileza, yendo por las ramas, no de forma directa.

—¿Sabes, Amy? Me estaba acordando de cómo Haruka coqueteaba con tus amigas y de cómo jamás pudo tener un efecto en ti.

—Michiru, tú me enseñaste que la seducción no siempre es mala, pero tú llegaste a mi corazón de forma inadvertida. Para cuando pude darme cuenta, ya estaba perdida. Las intenciones de Haruka puedo verlas a una milla de distancia y, honestamente, no me impresiona. Cree que puede actuar como un chico apuesto y robarse el corazón de las chicas.

—Bueno, le resulta.

—No todo el tiempo —dijo Amy, mirando significativamente a Michiru—. Tú, por otro lado, fuiste tú misma y atacaste en el momento oportuno… o al menos esa impresión me dio después de pensar en lo que pasó en el museo.

—Amy…

—Jugaste bien tus cartas. Ahora disfruta de los beneficios.

Michiru compuso una amplia sonrisa.

—¿Te parece si salimos?

Amy palideció al instante.

—¿Ahora? Mi mamá me va a matar si llego tarde otra vez.

—No tienes por qué llegar a tu casa —dijo Michiru, sonriendo más pronunciadamente—. Dile a tu mamá que vas a estar conmigo y que yo te voy a hospedar para que no se preocupe. No es por nada, pero tu mamá me adora. Lo entenderá.

Amy soltó una pequeña carcajada.

—Puedo ver por qué. De acuerdo, lo haremos a tu modo.

—¡Fantástico! Iré a perfumarme. Si quieres, puedes acompañarme.

Amy sonrió, acompañando a Michiru al baño. Le agradaba darse cuenta que ambas habían superado la primera prueba que enfrentaba su relación, lo que hablaba de un futuro auspicioso, aunque sabía que habría más pruebas… y tenía la impresión que la más difícil estaba por delante.


(9) El mismo símbolo que está en la imagen de portada del fic. Básicamente es la fusión entre los símbolos astrológicos de Neptuno y Mercurio. Por algo lo puse en la portada. xD