Capitulo 12

Terry quería darle una sorpresa a Candy después de la noche maravillosa que habían pasado juntos. Había salido temprano de la oficina, y había pasado a comprarle unos bombones para regalarle.

Estaba llegando al hospital Saint Bartholomew cuando alguien lo jala del brazo.

- ¡Oh, por Dios! – Exclamó una pelirroja con uniforme escolar. Otra vez iba a suceder lo de siempre - ¡Eres Terry Grandchester!

- Si – Él intentó disimular una sonrisa. Esperaba que le pidiera un autógrafo y se marchase, pero la pelirroja tenía otros planes en mente.

Antes de que Terry pudiera pronunciar otra palabra, sus labios habían sido cubiertos por los de esa joven. Pero esa no fue la peor parte. Mientras forcejeaba para quitársela de encima, sintió como alguien lo jalaba fuertemente de la chaqueta, arrancándolo de los brazos de la pelirroja.

- Gracias a Dios – Murmuró una vez que sus labios estuvieran libres. Pero al voltear para ver quien había sido su salvador, recibió una fuerte cachetada.

- ¡No puedo creer que me hayas hecho esto! – Candy echaba fuego por los ojos.

- Déjame explicarte.

- ¡Oye tú! – La pelirroja volvió al ataque - ¿Quién te crees que eres para interrumpir mi beso? – Le gritó a la rubia.

- ¡Te ensenaré quien soy! – Candy se aventó contra la joven, gritando y jalándole los cabellos. Ambas cayeron al piso en una lucha de gladiadoras, provocando un espectáculo imperdible para todos aquellos que pasaban por allí. No todos los días se veían una colegiala y una doctora, luchando en medio de la calle por un actor de Hollywood.

Terry supo que solo era cuestión de tiempo para que el lugar se llenara de periodistas, por lo que decidió separarlas. Pero al meterse en medio de ellas dos, recibió un golpe en su ojo.

- ¡Maldición! – Exclamó. Intentó volver a separarlas, pero esta vez el golpe fue directo a su boca - ¡Mierda!

Al ver el inútil intento de Terry por acabar con la pelea, fue Annie quien decidió poner punto final a aquel circo. Tomó a Candy de un brazo, alojándola de la pelirroja.

- Ya basta... si no quieres terminar en prisión, mejor nos vamos de aquí - La pelirroja salió corriendo en cuanto le sacaron a Candy de encima, poniendo fin a la pelea y dispersando a la multitud que se había conglomerado alrededor de ellos. Volvamos al hospital, luces terrible – Candy tenía la bata blanca sucia, y el cabello alborotado. Se dirigieron al hospital. Entraron a la oficina de Candy, y Annie cerró la puerta sin darse cuenta que detrás de ellas iba Terry.

- ¡Carajo! – La puerta lo había golpeado en la nariz.

- Lo siento, Terry – Dijo Annie. Era mentira, ver su perfecto rostro todo golpeado era lo más gracioso que había visto en su vida.

- No hay problema – Pronunció con dificultad, mientras se sobaba la nariz - ¿Crees que puedas dejarme a solas con Candy?

- No.

- Si – Annie creyó que lo mejor sería que ellos solos solucionen sus problemas – Llámame cuando puedas – Se fue.

- ¿Crees que puedas curarme? – Le pidió.

- No hasta que me expliques que ha sido todo eso.

- Me duele.

- Aguanta.

- Está bien – Tomó asiento frente a ella – No conozco a esa muchacha ¿Es suficiente?

- No – Terry suspiró.

- Venia a traerte estos chocolates – Sacó la caja del interior de su chaqueta y la dejó sobre el escritorio – Pero cuando llegue a la esquina, esa chiquilla me tomó del brazo y luego me besó. Fue todo muy rápido, cuando me di cuenta, estabas golpeándome.

- Te lo merecías.

- No es cierto – Candy sonrió. En verdad no estaba enojada con él, pues sabía lo que podían llegar a hacer jovencitas como aquella.

- Entonces... – Tomó la caja de chocolates y la abrió - ¿Esto es para mí? – Se comió un bombón que tenía forma de corazón – Están deliciosos.

- Me alegro que te gusten – Dijo él – Ahora... ¿Crees que podrías darme un poco de hielo?

- Claro – Candy se dirigió al mini bar que tenía en su oficina, de donde sacó una botella de refresco – Toma – Se la ofreció – De todas formas estarás varios días con los ojos, labio y nariz morados.

- Gracias, eres una excelente doctora – Se burló él.

- Lo sé.

- Hay algo más que podrías darme para disminuir el dolor.

- Terry... no podemos hacerlo en mi oficina.

- Me refería a unos calmantes – Se levantó de la silla y se acercó a ella – Pero tu idea me parece mucho más atractiva – Intentó besarla pero... - ¡Auch!

- Mejor te daré esos calmantes – Terry comenzó a reír - ¿Qué es tan gracioso?

- Te has puesto celosa.

- ¡No es cierto! – Candy se sonrojó al recordar es escándalo con la pelirroja – Estaba enfadada, contigo.

- Pero no fue conmigo con quien practicaste lucha libre.

- ¿Ah no? – Se burló ella – Mira tu rostro.

- Ha sido accidental.

- ¿Qué dirían tus fans si te vieran así en este momento?

- Pensarían que he estado luchando con narcotraficantes para salvar a la hija de un diplomático inglés.

- Lamento informarte que la vida no es igual a esas películas que protagonizas.

- Pero sí lo es el final – La rodeó con su brazos.

- ¿Y cuál es el final?

- Siempre me quedo con la chica hermosa – La besó con cuidado, pues sus heridas aún dolían - ¿Quieres saber cómo termina esta historia?

- ¿Cómo? – Candy comenzó a divertirse.

- Tendrás que esperar – Se separo de ella – Ahora tengo que volver a la oficina.

- Eres un tramposo.

- No más que tú – Se rió y le dio un beso en los labios – Esta noche pasare por tu casa – Le dijo cuando estaba cruzando la puerta.

- ¿Tanto vas a extrañarme?

- La verdad es que ayer he notado que Chato tenía tos... quiero pasar a verlo si no te molesta.

- ¿Qué...

- Nos vemos esta noche – Le lanzó un beso – Te amo – Cerró la puerta tras de sí.

Candy se desplomó en su silla.

- Chato no tiene tos – Se dijo a sí misma.

ooo

Terry había vuelto a la empresa y se encerró en su oficina. Tenía que llamar a su Robert para advertirle se la noticia que seguramente saldría en los medios mañana, pero no tenía ganas de hacerlo.

Comenzó a revisar unos papeles que le había entregado su secretaria, cuando la puerta de la oficina se abrió, y Susana entró sin pedir permiso.

- Terry, hay unos documentos que no entiendo como... ¡Oh, por Dios! –Exclamó horrorizada - ¿Qué es lo que te ha pasado?

- Un accidente – Le contestó sin muchas ganas – La próxima vez golpea la puerta antes de estar – Se lo había repetido miles de veces, pero ella parecía no comprenderlo. Susana no le hiso caso y se acercó a él, sentándose sobre su regazo.

- ¿Te duele? – Le pasó un dedo por los labios.

- Si... ¿Crees que podrías bajarte? – Le pidió, cuando ella comenzó a removerse intencionadamente sobre su miembro.

- Conozco una forma para calmar el dolor – Acerco sus labios a los de él. Pero Terry se puso de pie, y Susana casi cae al piso - ¿Qué te pasa? – Le preguntó, molesta.

- Vuelve a tu trabajo, Susana.

- ¿Susana? ¿Desde cuándo soy Susana para ti?

- Desde que eres mi empleada – Le dijo fríamente.

- Fuimos mucho más que esto.

- Tú lo has dicho, "fuimos".

- Lo que fue puede volver a ser – Volvió a acercarse a Terry, pero él la detuvo con la mano.

- No en este caso.

- ¿Hay otra? – Preguntó, furiosa.

- Claro.

- ¿Y así me lo dices?

- Si – Terry volvió a sentarse en su silla, como si Susana no se encontrara allí. Pero ella no iba a darse por vencida.

- ¿Has olvidado lo felices que éramos juntos?

- No era para tanto.

- Para mí si lo fue... nunca te he podido olvidar.

- Lo lamento por ti.

- ¿Por qué no nos damos una segunda oportunidad? – Intentó suavizar el tono de su voz, sabía que con enfadarse no conseguiría nada.

- Porque no te quiero.

- ¡Pero yo sí!

- ¡Ya basta! – Terry perdió la paciencia – Estoy comenzando una relación con alguien, y no me agrada que te entrometas en mi vida privada. Aquí solo eres una empleada más. Y si insistes con esto, no me quedará más remedio que despedirte.

- Veo que no has cambiado – Dijo ella, recordando la forma en que la había tratado hace nueve años – Sigues siendo el mismo canalla de siempre.

- Podría tráete problemas insultar al jefe.

- No te creas superior a mí solo porque tu padre te dejó su puesto en la empresa.

- Si no te gusta... ya sabes dónde está la puerta.

- ¡No voy a renunciar!

- Entonces vete antes de que te despida.

Susana salió furiosa de la oficina. El plan inicial no estaba funcionando como ella lo había creído. Tendría que tomar medidas más drásticas para lograr su meta. Ya no le interesaba Terry, hasta comenzaba a odiarlo, pero necesitaba su dinero y no iba a echarse atrás solo porque a él no le interesaba.

ooo

- Sophie ¿Podrías pasarme más brownies?

- Claro.

- No comas demasiado, Lindsay – Le advirtió Anthony – O mañana te dolerá el estomago - Como era de esperarse, la niña no hiso caso a su padre, y continuó los deliciosos brownies que Sophie había llevado para después de la cena. Anthony ya había perdido la cuenta de cuantos había comido, pero le agradaba ver a su hija tan feliz - ¿Qué le pones a los brownies, Sophie?

- Es un secreto.

- ¿No nos lo dirás?

- Me ha costado muchos años perfeccionar esta receta... No creerás que voy a soltarla tan fácilmente – Ambos rieron – Mis hermanas no confiaban en mí, pero creo que al fin las he convencido.

- ¿Por qué no te tenían confianza?

- Porque siempre he sido la oveja negra de la familia. Stephanie y Stacey han estado a cargo de la panadería desde que mis padres murieron. Pero yo decidí irme a la universidad para estudiar arte dramático.

- ¿Eres actriz? – Preguntó, sorprendido.

- No. Nunca termine la carrera... supongo que no era mi vocación.

- Y decidiste volver con tus hermanas.

- No me recibieron con los brazos abiertos – Soltó una risita – Me recriminaron por haberlas dejado solas con el negocio. Por eso se me ocurrió la idea de crear los brownies. En realidad es una vieja receta de mi abuela, yo solo la perfeccioné.

Lindsay se estaba quedando dormida en el sofá, cuando fuera de la casa comenzaron a escuchar ruidos afuera de la casa, y alguien que pateaba la puerta.

- ¿Qué será eso? – Anthony caminó hacia la entrada.

- No creo que debas abrir – Dijo Sophie, acercándose a él con precaución. Pero Anthony oyó una voz conocida.

- No puede ser... – Abrió la puerta, y allí se encontraba Yasmín, completamente borracha - ¿Qué estás haciendo aquí?

- Vengo por mi hija – Le contestó, arrastrando las palabras.

- Cállate, está durmiendo.

- Perfecto – Entró a la casa tambaleándose – Despiértala, me la llevo ahora mismo.

- Lindsay no se irá de aquí.

- ¿Y quién me lo va a impedir? – Se burló.

- Tony – Intervino Sophie – Creo que no se encuentra muy bien.

- ¿Y tú quien eres? – Preguntó Yasmín, entrecerrando los ojos para verla bien – Ya veo... me recriminas a mi por llevar hombres a MI casa, pero tú puedes traer a la tuya a cualquier mujerzuela que te encuentres en la calle.

- Sophie no es una mujerzuela – Le dijo él, apretando los puños. No quería levantar la voz para no asustar a su hija.

- Eres un descarado – Intentó acercarse a Lindsay, pero Anthony la tomó del brazo.

- No la sacaras de aquí.

- Es mi hija, y debe estar conmigo.

- He realizado una denuncia en tu contra, apoyado por médicos que han atendido a Lindsay y corroborado que sufrió golpes. Gracias a Dios no han detectado signos de abuso sexual, pero fue suficiente para que me dieran la custodia temporal de la niña. Pronto recibirás noticias del juzgado.

- Estas diciendo mentiras – En el estado en que estaba, era comprensible que Yasmín no entendiera ni la mitad de las cosas que Anthony le había dicho.

- Entonces llamemos a la policía – Eso sí pareció entenderlo.

- Me las pagaras Anthony – Le dijo mientras se dirigía a la puerta – No vas a quedarte con Lindsay.

Una vez que Yasmín se fue, Anthony fue a ver como se encontraba su hija. Al parecer seguía durmiendo, no había oído nada. No importaba lo que su ex mujer dijera, Lindsay no iba a volver con ella.

- ¿Estás bien? – Le preguntó Sophie.

- Si – Le contestó él – Lamento que hayas tenido que presenciar todo esto.

- No pasa nada... ¿Quieres que me vaya?

- No – Anthony se acercó a ella y la tomó de las manos – Quédate un rato más.

ooo

Candy corrió a abrir la puerta después de que el timbre sonara.

- ¿Me estabas esperando? – Le dijo Terry, tras darle un beso en los labios.

- Claro que no – Contestó, agitada.

- Que raro... no llevabas puesto maquillaje esta tarde – Candy se sonrojó. Había querido ponerse linda para cuando Terry llegara.

- ¿Es para mí? – Preguntó, señalando el paquete que él llevaba en las manos.

- No.

- ¿No? – Ya había estirado los brazos para recibirlo.

- Es para Chato – El perro se acercó a Terry moviendo su cola - ¿Cómo esta mi muchacho? – Lo tomó en brazos.

- Chato no tenía tos ayer.

- ¿Estabas fingiendo? – Le preguntó al perro.

- Ya deja de jugar... ¿Qué es eso que le has traído?

- Ábrelo – Le entregó el paquete a Candy, mientras le acariciaba la cabeza a Chato. Ella lo abrió, dentro había uno de esos ridículos conjuntos de ropita para perros, incluso tenía un sombrero.

- No voy a ponerle esto a mi perro.

- ¿Estás segura?

- Se vería ridículo.

- Yo creo que le daría mucho estilo. Quien sabe... tal vez podría comprarle la colección completa.

- Chato no se pondrá esto – Terry dejó al perro en el piso y se acercó a Candy.

- De acuerdo, podemos discutirlo luego – La abrazó – Ahora tengo otras cosas en mente.

- ¿Ya no te duelen los golpes?

- Un poco – La fue empujando hacia el sofá, hasta que ambos cayeron sobre él – Pero me sentiré mejor con tus caricias.

Candy no pudo negarse. Se olvidó de todo, del incidente de la mañana, de la ropa para Chato, y de las heridas de Terry. Solo importaban ellos dos.

Continuará...


Gracias por todos lo reviews y todas esas palabras lindas que dejan =)

Espero que disfruten este capítulo.

Besosssssssssssss