NADA DE ESTO ME PERTENECE, ES DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
Perdón, perdón, perdón, perdón... enserio, lo lamento.
Sé que ninguna explicación que les de les parecerá buena, pero aún así se los diré: me quedé sin computadora más de una semana y no saben el infierno que ha sido para mí :( apenas la tuve de vuelta retome el capítulo donde lo había dejado y lo alargué lo más que pude, pensando en que disfrutaran al máximo, pero aún así sé que les dejé mucho tiempo esperando y lo lamento.
Este capítulo se centra más en Nick y en su relación con Rei y con la tía Emma, sé que quieren más NickXJudy, pero el capítulo lo tenía planeado así y no esperaba tener este inmenso retraso, así que les prometo el próximo capítulo desquitar al máximo esta pareja, se lo merecen.
No responderé los comentarios, en primera porque son muchísimos (¡Mil gracias por todo el inmenso apoyo que me dan, es lo que me motiva a continuar con esto!) y en segundo porque a este punto sé que lo que quieren es leer el capítulo XD así que les dejaré el camino libro para que retomen su lectura.
Gracias por su paciencia :)
Capítulo 13
La boda de Rei
Bip, bip, bip…
—¿Bueno?—respondió Nick al teléfono, poniéndolo en altavoz.
—¿Nick? ¿Me escuchas?—era Judy.
—Sí—el zorro estaba doblando unas camisas y metiéndolas en una maleta mediana—¿Todo bien, zanahorias?
—No del todo. Nick ¿Dejé en tu apartamento mi blusa celeste?
—¿Cuál?
—La única celeste que tengo—casi pudo ver su expresión de fastidio.
—Espera un momento.
Nick guardó una camisa más y caminó al ropero, abriendo un cajón donde Judy dejaba ropa de vez en cuando. Rebuscó y una tela color celeste se asomó entre las diferentes prendas.
—Sí.—respondió al teléfono—Aquí la tengo.
—¿Podrías empacarla? La ocuparé allá.
—Claro, si empacas los pantalones de mezclilla oscura que dejé en su apartamento hace una semana.
—Ya los tengo en mi maleta.
—Coneja astuta.
—Torpe zorro—los dos rieron.
—Bien ¿Algo más?
—No, eso era todo. Te veo en dos horas.
—Bien.
Colgaron y Nick dobló la blusa celeste guardándola en la maleta.
Una vez que se aseguró de que no le faltaba nada más, cerró la maleta y fue al cuarto de baño para darse una buena ducha antes de empezar el viaje. Él y Judy irían a Foxville por la boda de su hermana, estaban lo mismo nerviosos y emocionados, con un poco de dificultad para definir qué debían sentir.
Por su parte, Nick extrañaba a su hermana y sentía mucha curiosidad por quién sería el zorro que la desposaría. Conocía a Rei lo suficiente como para saber que no escogería a cualquiera como pareja de vida y le tenía confianza, ella era una chica lista con buen juicio. Pero también sabía que debía interpretar con la mayor naturalidad posible el papel de hermano protector, principalmente por dos razones: le encantaba fastidiar a Rei y quería que su prometido tuviera muy presente que ella no estaba sola.
Conocía muy bien a los zorros machos, él era uno después de todos. Eran una especie endemoniadamente fiel cuando estaban enamorados, pero cuando no, podían ser ruines y mezquinos como pocos machos en la naturaleza. Afortunadamente era sencillo reconocer el enamoramiento en los machos, zorro o no, y parte de su misión era descubrir si el prometido en cuestión estaba o no enamorado de su hermana.
Independientemente de los problemas que hubieran tenido en su juventud, Nick amaba mucho a su hermana y le deseaba lo mejor. Aunque ahora eran más unidos, esa brecha que los había distanciado años atrás seguía sin poder desaparecer del todo. Quizá era porque los dos habían construido vidas muy distintas, o quizá porque eran muy diferentes uno del otro. Las muchas razones por las cuales no se llevaban del todo bien sin importar cuantas excusas dieran podían resumirse en una sola: orgullo. Para bien o para mal los dos eran extremadamente orgullosos y estaban renuentes, a pesar de los años, a aceptar sus equivocaciones.
El accidente de Nick les había dejado muy en claro que el tiempo no era infinito y que algún día deberían enfrentarse a esos fantasmas de los que empedernidamente llevaban años huyendo, pero la fuerza de la costumbre era tan grande que tomaría más de unas pocas semanas para reestablecer esos vínculos rotos.
Nick estaba orgulloso de su hermana y la quería lo suficiente para admitir que ella estaba mucho mejor sin él en varios sentidos, aunque esto no fuera del todo cierto, pero llevaba tantos años repitiéndoselo que no le quedaba otra más que afrontarlo. El ir a Foxville en estas condiciones le suponía un enorme reto emocional, donde debería enfrentarse a todos esos demonios.
Al menos no iba solo, Judy lo acompañaba, pero eso le suponía otro dilema. La conejita era un inmenso apoyo para él y la amaba más de lo que alguna vez pudo amar a una hembra, pero aún así se preguntaba ¿cómo verían la relación de ellos dos en un pueblo tan conservador como Foxville? En Bunny Burrows sólo le importó agradar a la familia de Judy, pero ahora que estarían expuestos en otro pueblo que les era ajeno en todos los sentidos le despertaba ese instinto de pareja, el que lo hacía querer protegerla de todo, incluso de las malas lenguas.
Una parte de él sabía que estaba exagerado, pero llevaba tantos años, casi toda su vida, estando a la defensiva contra el resto del mundo, y por más giros buenos que hubiera vivido en los últimos años, las costumbres tardan en morir. Él fue un desencantado de la sociedad, discriminado y rezagado, que debió aprovecharse de éstas cualidades y explotarlas al máximo no sólo para sobrevivir físicamente, sino también para ocultar sus emociones de todos. Y si bien ahora era policía, uno respetado, que tenía a la mejor novia del mundo y una vida maravillosa por delante… bueno, no podía dejar de ser desconfiado, por más que lo intentaba, el optimismo desesperante de Judy no le iba a su estilo.
Y por si fuera poco, existía otro problema: la tía Emma. Los recuerdos de su tía, la hermana de su madre, cuando era un pequeño cachorro eran buenos, siempre fue una zorra amable, inteligente y cariñosa con sus sobrinos. Pero tras la muerte de sus padres su ausencia fue el inicio de todos los tormentos que él y Rei debieron soportar y aunque le consolaba un poco saber que ella siempre los buscó, no podía dejar de sentir un poco de rencor hacia su persona, acrecentado cuando Rei se fue con ella, importándole poco que no estuvo con ellos cuando más la necesitaron.
Suspiró, se vistió con un atuendo cómodo y se miró al espejo, ya estaba listo para irse. Ese viaje supondría enfrentarse a muchas cosas. Algo bueno debía salir de eso, al menos lo esperaba. Cuando uno se enfrenta al pasado sólo pueden suceder dos cosas: o lo dejas que te consuma o lo superas. Con todo su ser aspiraba a que le sucediera la segunda opción.
-o-
Dos horas después, él y Judy estaban en la estación de trenes de Zootopia, sentados y esperando el tren que los llevaría a Foxville. Estaba al norte de la ciudad, y no les tomaría más de una hora y media para llegar. Judy estaba muy emocionada, pero viendo de reojo se percataba que Nick no compartía su entusiasmo. Iban a la boda de su hermana, pero el rictus de resignación en el semblante del zorro era semejante al de los animales que acuden a un velorio. Judy conocía lo suficiente a Rei como para saber que esa expresión por parte de Nick lo consideraría un insulto, así que intentó mejorar su ánimo. Deseaba que todo saliera bien ese fin de semana.
—Cuéntame de tu tía Emma—preguntó la conejita—Estoy ansiosa por conocerla ¿Crees que yo le agrade?
—Pues veamos—respondió—La tía Emma es dramática y cariñosa… sí, le vas a agradar mucho.
—¿Acaso sugieres que soy dramática, Wilde?
—Peor zanahorias, tú eres sentimental.
—¡Por favor, yo….!
—Hey, tu preguntaste—la interrumpió en seco—¡Qué intensa! Y luego dices que no eres emocional…
—Rei me decía que la tía Emma era muy convencional.
—¿Y eso te preocupa?
—¿A ti no? Ella es tu tía, después de todo.
Nick escondió una mueca.
—En realidad no.
Viendo que el tema se estaba saliendo de contexto, Judy inmediatamente lo cambió.
—¡Ya quiero ver el vestido de novia de Rei!—comentó—Me lo describió con mucho detalle, pero no quiso tomarle una foto. No tengo la imaginación suficiente como para hacerme una idea de él hasta que lo vea.
—¿No dijo que era estilo clásico, con un corsé bien entallado y forrado de brillantes y una falda de raso blanco, con encaje en las pequeñas manguitas sobre los hombros? Y guantes y una redecilla con flores sobre su rostro.
Judy suspiró.
—¿Cómo puedes recordarlo?
—Crecí con ella—respondió como si fuera lo más obvio—Y ella adora la moda. Aprendí de ropa sólo para comprarle lo que más le gustaba.
—Sí, sabes más que yo inclusive ¡Y yo soy hembra!
—Eres policía, así que no cuenta.
—¿Disculpa?
—Eres policía ¿en qué te ofende eso? ¿no era acaso tu mayor orgullo?
Nick quizá conocía muy bien a su hermana y tenía encanto para cortejar a las damas, pero el trato diario con una novia era algo a lo que ya no estaba acostumbrado.
—Sí, pero ¿qué relación tiene eso conque sepa poco de moda? ¿no soy femenina acaso?
—Pues…—antes de que el zorro pudiera continuar con su respuesta honesta y directa, miró los ojos relampagueantes de Judy, acechándolo, y se percató de que debía escoger muy bien sus siguientes palabras si quería disfrutar el fin de semana—Eres femenina, claro, y muy… linda—¡Uf! Lo mal que lo hubiera pasado de decirle "tierna"—Pero tienes prioridades.
—Explícate—ella se cruzó de brazos, expectante.
"Deberías cerrar el hocico más seguido, Wilde"
—Vaya, tú tienes mucha más inteligencia que el resto de las féminas. Claro que eres femenina y hermosa, pero eres demasiado lista como para dejarte llevar por esos estereotipos de moda y belleza en los que todos caen. Por eso eres policía, siempre has querido más.
"¡La salve, la salve, la salve!" canturreó en su mente un himno personal de victoria.
Ella le sonrió, coqueta.
—Creo que tienes razón.
—Yo siempre tengo razón.
—Torpe zorro—le dijo con cariño, besándole la mejilla.
Nick pensó que no siempre tendría esa suerte, así que debía ser más cuidadoso en un futuro. Pero para mejorar su buena racha, el tren llegó en ese momento, y los dos cogieron las maletas para subir apresuradamente las escaleras, llegando a sus asientos.
El resto del viaje fue de lo más tranquilo, los dos platicando amenamente, contando chistes y anécdotas, viendo a través de la ventana todo tipo de paisajes espléndidos. No comentaron más sobre la familia ni la boda, Judy comprendió que Nick estaba haciendo un enorme esfuerzo por no demostrar cuán profundamente le estaba afectado ese viaje, así que decidió ayudarlo siendo su pilar.
En poco más de una hora el tren arribó a la estación de Foxville, que era una estrecha y larga plataforma muy parecida a la de Bunny Burrows. Desde sus asientos a través de la ventana pudieron ver a Rei, que los esperaba, al lado de una zorra algo mayor, con un pelaje rojo intenso y unas pocas canas asomándose en algunas zonas, tenía una expresión bastante afable y un poco de añoranza en sus ojos.
Bajaron del tren, Nick cargaba la mayoría de las maletas, pero Judy aún así llevaba unos bolsos, no le gustaba sentirse inútil. Rei inmediatamente se acercó a ellos, casi saltando, y abrazando a Judy con mucha alegría.
—¡Bienvenidos!—dijo—¡Me alegra tanto verlos! Vengan, déjame ayudarte con eso—le arrebató a Judy dos bolsos—Se quedarán en nuestra casa ¡Ya quiero que veas mi vestido, y conozcan a mi prometido! Judy linda, ¿me ayudarías con unos detalles que me faltan, por favor? ¡Nick! ¡Que gusto tenerte al fin aquí!—abrazó a su hermano con mucha fuerza, besándole la mejilla.
La zorra mayor carraspeó, haciendo notar su presencia. Rei se puso a su lado con una expresión apenada.
—¡Lo lamento, me gana la emoción!—se disculpó—Judy, ella es la tía Emma, es la hermana de mi difunta madre.
—Judy Hopps, mucho gusto—estiró la pata con emoción.
La zorra era algo alta, así que se inclinó un poco para responder el saludo. La primera impresión que le dio a Judy es que era estricta pero buena, y descubriría en los próximos días que no se equivocaba. La tía Emma le sonrió con cortesía y agrado, estrechándole la pata con suavidad y esbozando una sincera sonrisa de aprecio.
—Me alegra mucho conocerte al fin, mi sobrina me ha hablado bastante de ti—la saludó—¡La mejor policía de Zootopia! Que orgullo tenerte en mi humilde techo.
Judy se sonrojó, iba a decir algo más cuando la tía Emma miró a su sobrino, Nick la observaba forzando una sonrisa, se acercó a ella y dejó una maleta en el suelo para saludarla.
—Tía—le dijo.
—Nick—ella acarició el nombre, demostrando cuánto lo había extrañado—Bienvenido a casa—le abrazó, un abrazo lento y contento en donde demostró cuánto lo quería, aunque el zorro se veía algo cohibido.
—Vámonos—se apresuró Rei, intentando evitar un momento de tensión—Ya casi anochece y mañana es el gran día.
Judy miró a Nick con una enorme sonrisa, haciéndole entender que todo estaba bien. Los dos caminaron siguiendo a ambas zorras, preguntándose qué sorpresas le depararía el fin de semana.
-o-
Foxville era un pueblo más pequeño que Bunny Burrows, pero más pintoresco. Estaba habitado casi en su totalidad por zorros, de diferentes razas, así como lobos, perros y alguna que otra hiena. Judy no vio ningún otro animal que no estuviera emparentado de alguna forma con la raza canina, y no es que se sintiera insegura, pero sí un poco incómoda, porque sobresalía demasiado y algunos cuantos animales se le quedaron viendo con sorpresa.
Ya que la principal actividad económica ahí era el comercio, el primer cuadro del pueblo (alrededor de cinco calles a la redonda) estaba lleno de plazas, mercados y tiendas, desde las más informales hasta las más finas. La Calle Central era sólo de uso peatonal, llena de fuentes, bancas y mesas para que los animales disfrutaran de un paseo o una merienda en lo que hacían sus compras diarias. Aunque la tía Emma tenía un carro, se habían estacionado a una cuadra de distancia para que Judy y Nick pudieran ver el corazón de Foxville. Muchas tiendas estaban cerradas, pues ya casi era de noche, pero por la misma oscuridad que comenzaba a colarse en el horizonte se prendieron los faroles y unos cables con luces que cubrían toda la zona peatonal, mientras los restaurantes abrían sacando las mesas con manteles para que los comensales tomaran asiento y charlaran cómodamente esperando sus pedidos. Era una imagen encantadora, de un mundo diferente al que se vivía en Bunny Burrows o Zootopia.
—Mañana pueden venir de día si quieren—les dijo Rei—¿Quieren cenar aquí o mejor nos vamos a casa?
Judy miró a Nick, esperando que él tomara la decisión.
—¿Tú que me sugieres, querida hermana?—le cuestionó—Llevas años pidiéndome que venga, seguro hay un restaurante al cual te gustaría llevarme.
—En efecto.—sonrió ella con picardía, sujetando la pata de Nick y jalándolo suavemente—Ven, vamos.
Era un restaurante no muy grande, con unas cinco mesas al aire libre y otras doce en el establecimiento. Las paredes estaban pintadas de color crema con decorados celestes y los manteles blancos sobre mesas caoba creaban un hermoso efecto hogareño. No era un restaurante lujoso, pero tampoco sencillo, combinaba la cantidad de elementos suficientes para que uno se sintiera cómodo en él.
Tomaron asiento en una mesa al aire libre, el camarero era un lobo de profundos ojos azules que les sonrió educadamente al tenderles los menús. Miró a Judy con sorpresa, pero no con desagrado, y le susurró con gentileza.
—Buenas noches, señorita. Temo que no tenemos mucha variedad en vegetales, así que si gusta un platillo que no esté en nuestro menú, con toda libertad pídalo. Estamos para servirle.
Algo ruborizada por las atenciones, Judy asintió, y el camarero se alejó para darles tiempo en lo que sopesaban qué comerían.
Judy vio el menú y entendió el punto del camarero. Casi todos los platillos estaban pensados para depredadores, tenían una enorme gama de guisos y estilos para insectos y comidas con suplementos, y una o dos ensaladas como aperitivos al final de la enorme lista de platillos. Nick se percató de eso, y Rei también, pero dejó que su hermano solucionara las cosas.
—¿Quieres que vayamos a otro lugar?—le preguntó, no quería que ella se sintiera incómoda.
—No, para nada—ella ya se lo esperaba y como estaban siendo muy amables no se sintió ofendida—Pediré ésta ensalada y una orden de zanahorias. Tú pide lo que quieras, quizá mordisquee un poco de lo tuyo.
Nick le sonrió con gratitud, sabiendo que ella estaba mostrándose tan amable para que él estuviera cómodo. Rei le sugirió un platillo, el cual ordenó además de una sopa de caracol y unos panecillos de ajo que tanto le encantaban a Judy. Rei y Emma pidieron otros guisos y otras sopas, todos pidieron té verde para tomar. Diez minutos después el camarero llegó con los humeantes tazones y todo se veía delicioso. Hasta Judy, que no comía ese tipo de alimentos, se sintió antojada por probarlos.
—¿Si sabes qué es un caracol, verdad?—preguntó Nick, viendo a su novia decidida por darle un sorbo al caldo.
—Creo que sí, pero no pensaré en eso—respondió, bebiendo una cucharada del caldo—¡Sabe delicioso!
Emma sonrió, agregando.
—Y la mía es mucho mejor, aunque no me gusta presumir ¿Quieres que te prepare una este fin de semana?
—Me sentiría halagada.
Emma y Judy sonrieron, Rei pudo ver las contradicciones en el rostro de Nick. Por un lado estaba feliz de que Judy se llevara bien con su familia y, por otro lado, se sentía un poco traicionado de que ella pudiera charlar mucho mejor con Emma de lo que él mismo lo hacía.
—¿Te gusta?—le preguntó Rei a su hermano, viendo cómo Judy y Emma continuaron platicando.
—Sí, sabe muy bien.
—Recuerdo que la sopa de caracoles era tu favorita—le dijo Rei—Y esta es la más rica que he encontrado en todo Foxville.
—Gracias—respondió, un poco sonrojado.—Y… ¿emocionada?
—Más bien nerviosa—respondió ella, mientras comía de su plato—Pero también estoy muy feliz.
—¿Y cuándo conoceré al feliz novio?
—Mañana por la mañana—dijo ella, aún más nerviosa—Está muy emocionado por conocerte.
—Yo también, quiero saber con quién pasará mi hermana el resto de sus días.
—Sé que te agradará. Es muy buena persona—bajó los ojos, sujetando con fuerza el tenedor—La verdad estoy un poco preocupada.
—¿Por qué?
—Ustedes son demasiado importantes para mí… la sola idea de que no se lleven bien, me aterra—respiró hondo—¿Puedes prometerme qué, sin importar lo que pase, seguiremos siendo hermanos?
Había pasado ya demasiado tiempo desde que su hermana se preocupaba sobre la relación entre ellos, viéndola así, frente a él, Nick vio a la pequeña niña de ocho años que lo veía como su héroe. En cierta forma él siempre la vería así.
—Claro que sí—lo prometió enserio, viéndola a los ojos.
El resto de la cena continuaron entre pláticas triviales. Judy charló mucho con Emma, la zorra estaba muy entretenida contándole sobre sus viajes alrededor del país y todas las cosas que vivió en sus diferentes retiros, además le preguntaba con mucha curiosidad sobre su vida como policía en una ciudad tan grande y problemática como Zootopia. A todo Judy respondía emocionada, feliz de encontrar alguien además de Nick que disfrutara su charla.
De postre les sirvieron bizcochos de sabor chocolate con una enorme bola de nieve de vainilla, y encima diferentes bayas, desde moras hasta fresas. Cada quien comió de su pastelito con deleite, pues era delicioso, Judy le pidió al camarero un tazón de moras extra para Nick, un gesto que el zorro aceptó agradecido. Al final pagaron la cuenta y regresaron al carro de Emma, su casa no estaba lejos, sólo a cuatro cuadras de distancia, pero como Rei les explicó quisieron llevar el auto para que no cargaran las maletas durante todo el trayecto.
Era una casa de dos pisos, no muy grande, pero tampoco pequeña. La puerta de madera estaba en el centro y la rodeaban dos ventanas muy anchas, una hermosa enredadera verde cubría los muros desde el suelo hasta las ventanas, salpiqueada por una que otra flor blanca. El resto de la casa estaba hecha por gruesos ladrillos pintados de rosado claro, que junto al color café de la madera y el verde de la enredadera le daban un hermoso aire campirano. Estacionaron el carro en la banqueta de enfrente, la cual tenía desfilando alrededor de diez macetas con rosales, jazmines y geranios.
—¡Qué hermosos!—dijo Judy, acercándose a ver un capullo de rosa roja a poco de abrirse—Esta rosa estará reluciente para mañana a mediodía ¡Qué preciosas!
—Me encanta la jardinería—comentó Emma—Como no tengo jardín me desquito con estas macetas.
—Algún día la llevaré a mi casa, le encantará—sonrió la conejita satisfecha—Mis padres cultivan todo tipo de verduras y bayas, además tenemos un espléndido jardín frente a la casa. Podrá llevarse todos los capullos que quieras.
—¿Tendrás madreselvas de casualidad?
—¡Claro que sí! Con esas delimitamos el jardín.
Judy y Emma entraron en la casa hablando de plantas, mientras Rei se quedaba con Nick ayudándolo a meter unas maletas.
—Bueno, parece que a la tía Emma le agradó muchísimo Judy.
—Sí—Nick respingó, sosteniendo dos maletas pesadas—Ya sabía que se llevarían bien.
—¿Con qué te ayudo?
—Sólo con los bolsos, yo llevaré lo pesado.
No del todo contenta, pero resignada, Rei llevó los bolsos y cerró el auto, la sala de la casa era grande, con bellos sillones blancos y una mesa de centro llena de jarrones con flores. Judy y Emma estaban hablando sobre esas mismas flores, cuando recordaron que debían ayudar a Nick con el equipaje.
—Perdona—dijo Judy, quitándole las bolsas a Rei—Tu tía sabe mucho de plantas.
—Está bien.
—¿Dónde nos quedaremos?—inquirió Nick, dejando las maletas en el suelo por unos momentos.
—En la habitación de huéspedes, está al fondo a la derecha, aquí en la planta baja—mientras hablaba, Emma prendió las luces del resto de la casa, pasaron el comedor y la cocina, llegando a una puerta al fondo de la casa—Es esta, tiene su baño incluido.
Al abrirse la puerta se reveló una habitación pequeña pero muy bien decorada, estaba limpia y lista para usarse. La cama matrimonial ocupaba casi toda la superficie de la habitación, dejando algo de espacio para un ropero pequeño, un buró y un tocador. También estaba ahí la puerta que daba acceso al baño completo, que era mucho más amplio y cómodo, tenía ya todo el neceser que pudieran necesitar y toallas por si acaso.
Nick dejó las maletas sobre la cama, listas para ser desempacadas, y Judy colocó los bolsos sobre el tocador. Rei y Emma los miraban desde la puerta.
—Bueno, los dejaremos descansar. Mañana desayunaremos a las diez, los esperamos en la mesa—dijo la tía Emma—Buenas noches.
Diciendo esto se despidió, alejándose para subir las escaleras hasta donde estaba su habitación. Rei se quedó un poco más.
—¿Necesitan algo?
—No, gracias-respondió Judy, quien ya estaba desempacando su maleta y metiendo la ropa en el ropero.
—Yo sí, vamos a la sala.
Rei acompañó a Nick a la sala, sin que Judy protestara en ningún momento. Los dos hermanos tomaron asiento en un mullido y cómodo sillón, pero con evidente postura de no querer permanecer ahí mucho tiempo.
—¿Le contaste a la tía Emma sobre Judy y yo?
—¿Por qué preguntas eso?—dijo un poco a la defensiva.
—Porque de no ser así no nos hubiera dejado dormir juntos—frunció el ceño—Es mi tía, también la conozco, aunque no viva con ella.
Rei suspiró.
—Sí, lo hice. No quise esperar a que te dignaras a hacerlo, así que le comenté para que no se llevara sorpresas.
—¿Y porqué no me preguntaste? Es mi relación, después de todo.
—Nick, tu siempre le rehúyes a la tía Emma y como van a estar aquí el fin de semana no quise dar margen a que surgiera una discusión—agregó—Es mi boda, por favor, intenta no tomar las cosas personal al menos dos días ¿quieres?
Cualquier otra ocasión Nick no le hubiera hecho caso, pero reconocía que su hermana merecía un fin de semana relajado, sabía que una novia pasaba por mucho estrés y Rei se desvivió por estar con él durante su mes en el hospital, sumido en el coma. Lo menos que ella se merecía es que fuera comprensivo y no darle mayores preocupaciones.
—Tienes razón—admitió—No te preocupes, mañana intentaré pasar la mañana con la tía ¿te parece?
—Así me dejarías a Judy—le sonrió—¡Y quiero que me ayude con mi vestido y otros preparativos! Gracias Nick, enserio.
—Gracias a ti.
Los dos hermanos se dieron un abrazo corto y se fueron a dormir, les esperaba un día largo.
-o-
Nick y Judy durmieron muy a gusto, tal y como lo hacían de vez en cuando Zootopia, se dieron un beso, un abrazo y consiguieron descansar. Por la mañana se turnaron para bañarse y vestirse, aunque Judy se preguntaba porqué la tía Emma consintió en darles una habitación para ellos solos no quiso incomodarla, ya después podría hablarlo con ella a solas. No es que no le gustara, sólo que dormir con Nick… aún le era un poco contradictorio.
Para las diez de la mañana, tal y como habían dicho, el desayuno ya estaba servido y comieron con una atmósfera de nerviosismo y emoción. Rei acaparó completamente a Judy, llevándola a su habitación en la planta alta tan pronto terminó su último bocado. Ante de desaparecer, dejó dos misiones:
—Tía Emma ¿Puede por favor pasar a la boutique y recoger mi sombrero blanco? Nick, si quieres puedes ayudarla—y luego—Por cierto Nick, te agende una cita con mi prometido en el bar McLarens, tía Emma sabe dónde está, es a las dos de la tarde, sé puntual.
Dicho esto desapareció escaleras arriba jalando bruscamente a una conejita consigo, sin darle oportunidad ni a Nick ni a Emma de respingar.
—Si no fuera el día de su boda, lo que le diría…
Emma recogió lo trastes, Nick la ayudó en silencio. Ella los lavó, él los secó, todo aún en silencio. Salieron de la casa y subieron al coche para recoger el sombrero blanco, la boutique quedaba al otro lado del pueblo y no quisieron perder tiempo. Llegaron, les entregaron el sombrero en una linda caja forrada de papel lustroso, y regresaron a la casa en menos de treinta minutos. Todo en silencio.
Para cuando llegaron la tensión podía cortarse con un cuchillo, pero seguían sin decir nada ni querer hacerlo. La tía Emma subió las escaleras, tocando la puerta con los nudillos y esperando a que su sobrina le respondiera. En su lugar, Judy abrió la puerta, dejando un hueco minúsculo en donde sólo se asomaba medio rostro suyo.
—El sombrero…
—¡Gracias!
Judy agarró la cajita y la metió, cerrando la puerta, todo en un movimiento tan rápido que Emma apenas pudo parpadear. La tía suspiró, recordando a su reticente sobrino en la planta baja del cual debía hacerse cargo. No es como que tuvieran mucho que hacer por ahora y sabía que Rei no la dejaría estar con ella, sólo para que pudiera hablar con Nick a solas.
Bajó los escalones con lentitud, repasando en su mente los temas de los cuales podría iniciar una conversación con Nick. Su sobrino estaba en la sala, sentado en el sillón y viendo la televisión. Ella tomó asiento a su lado, viendo el mismo programa, que era el noticiero local. No pasaba nada interesante en Foxville, así que pronto se aburrieron.
Contra todo pronóstico, Nick fue quien rompió el silencio.
—¿No hay ni un robo por aquí, o algo que valga la pena pasar? Es la segunda vez que transmiten esa nota de la galleta más grande de Foxville.
—La verdad no—respondió Emma—Es un pueblo bastante tranquilo, como la mayoría somos zorros y lobos solemos ocuparnos de nuestros asuntos, dejando a los demás en paz.
—Ahora entiendo porqué te gusta vivir aquí.
—Sí—sonrió—Zootopia es demasiado dramática para mí. Además, hay un magnífica spa a lado de un manantial a media hora de aquí. Me gusta ir ahí al menos una vez al mes.
—Suena como un buen lugar para vivir—suspiró pesadamente—Entiendo porqué Rei se vino a vivir aquí.
Emma lo vio de reojo y vio el rictus de dolor que intentaba esconder de sus ojos, pero ella lo conocía desde cachorro, simplemente era capaz de leerlo a pesar del tiempo. Con un movimiento lento, colocó su pata sobre la de él, sin sentirse ofendida cuando él se tensó ante su tacto.
—Ella sólo quería un nuevo comienzo—agregó—Tu le diste mucho más de lo que cualquiera hubiera podido, incluyéndome.
—Por favor—se mofó, poniéndose de pie—No hice bien las cosas, lo sé. Ha pasado mucho tiempo, puedo reconocer mis errores. Sé que ella se avergüenza de lo que era, y tiene derecho, yo también me avergüenzo.
—Yo no—y también se paró, enfrentándolo—Fuiste inteligente y astuto, más que cualquier otro zorro, para sobrevivir. Criaste a tu hermana y supiste enseñarle qué era lo importante.
—¿A qué costo?
—¿Eso importa? Nick, mírate. Haz logrado muchas cosas. Tienes un buen trabajo, eres respetado, una novia muy noble y sobre todo, eres un excelente zorro. Más bueno de lo que tu padre o tu madre fueron.
—Cómo no…
—Hablo enserio. Amaba muchísimo a mi hermana y a mi cuñado, pero eran demasiado blandos, les faltaba algo de astucia, por eso despidieron a tu padre y tu madre tuvo ese espantoso accidente…Pero mírate, llevas desde los doce años dependiendo sólo de ti ¿No debería ser ese suficiente motivo de orgullo?
—No lo creo, al menos no por cómo he vivido.
—¿Así que de repente eres moralista? Qué pena—y se veía algo molesta—Por como yo lo veo, sólo usaste los defectos de la sociedad a tu beneficio, y después mejoraste tu vida para bien. Mira Nick, nadie en este mundo tiene el alma tan limpia como para juzgar, aunque ése sea el deporte favorito de todos. No los escuches, si ellos hubieran estado en tu lugar, con seguridad ya habrían muerto de hambre.
Nick miró a su tía de hito en hito, pero ella no lo dejó hablar aún.
—Sé que debí cuidarlos—agregó—Sé que les fallé, cuando eran niños. Y te pido una inmensa disculpa. No debiste hacer nada de lo que hiciste, si yo no hubiera sido tan egoísta, alejándome de todos… lo lamento, Nick.
El zorro miró a su tía. Recordaba a la tía Emma que lo visitaba cuando tenía siete años. Entonces era una zorra muy joven, bien vestida, que le llevaba muchos regalos en navidad y cumpleaños, consintiéndolo a él y a Rei. Todo cambió cuando el marido de Emma, el tío Fred, falleció. Nick no lo recordaba mucho, porque él apenas los visitaba. Fred y Emma tenían una relación más de dependencia que de cariño, y su muerte destruyó toda la zona de confort en donde Emma vivía.
Usando la fortuna que su esposo le heredó, viajó de un lado al otro, internándose en retiros espirituales que le dieran un poco de paz interior. Para cuando se enteró de que sus sobrinos eran huérfanos éstos ya habían escapado del orfanato, la culpa de saberlos perdidos en las calles todo porque ella quiso desconectarse del mundo le remordía la conciencia. Se mudó a Foxville y contrató detectives que buscaran a los niños. Entendió que la dependencia a su difunto esposo era dañina y en su intento por encontrar a sus sobrinos consiguió superar esa enfermiza dependencia.
La tía Emma que estaba frente a Nick era mayor, y tenía en sus ojos una expresión de tranquilidad que la hacía verse casi solemne. Ella había conseguido perdonarse a sí misma ¿Nick podría hacer lo mismo, después de haberse despreciado por su vida de oportunista?
—No hay nada que lamentar—dijo él, y sin que ella hiciera algo, la abrazó.
Quizá perdonando a los demás podría perdonarse a sí mismo.
El resto de la mañana platicaron amenamente, fue como un nuevo inicio. A la una y media de la tarde subieron al coche de Emma y ella condujo hasta el bar McLarens, que se encontraba siete cuadras hasta el sur y dos cuadras a la izquierda. En la noche tenía música en vivo, pero en la tarde era un simple restaurante bar al cual se podía acudir para platicar con amigos.
Nick había llegado diez minutos más temprano de la cita, pero se encontró al zorro en cuestión ya con una cerveza a medio beber, evidentemente nervioso. Se llamaba Carlos Betancourt, era un zorro de pelaje castaño, con brillo un poco rojizo y además apuesto. Nick tomó asiento frente a él, saludando en el proceso.
—Nick Wilde, mucho gusto—le tendió la pata.
Carlos le devolvió el saludo y llamó al mesero, viendo que el zorro tomaba una cerveza, Nick pidió otra, el mesero los dejó solos y los sobrevino un curioso silencio.
—Es un gusto conocerte—dijo Carlos—Rei me habla todo el tiempo de ti. Me dice que eres de los mejores policías en Zootopia.
—Es cierto.—respondió, complacido en su vanidad—Sólo hay una policía en toda Zootopia que me puede hacer frente.
—¿Y quién es?
—Mi novia.
Carlos rio.
—Supongo que es una chica difícil.
—No tienes idea—el mesero le trajo la cerveza y se retiró—Pero bueno, cuéntame de ti. Rei no me ha dicho mucho.
—Pues tengo treinta años—respondió—Y trabajo como publicista para dos empresas regionales. No soy rico, pero tampoco gano poco dinero. Vaya, Rei no tendrá que trabajar si no quiere.
—Pero ella va a querer.
—Es lo más seguro—tragó duro—No quiero que suene a que la quiero en casa, sólo... le explico mi situación financiera.
—Eso no me preocupa mucho—admitió, después de años luchando por el dinero le quedaba en claro una cosa: era lo menos importante en el mundo—Sólo quiero estar seguro de una cosa, ¿quieres a mi hermana?
Nick prestó mucha atención al lenguaje corporal de Carlos: su pata sosteniendo fuertemente el jarrón de cerveza, el evidente nudo en la garganta, la gota de sudor en la cien, los ojos abiertos y sinceros, la expresión amenazada….
—Sí—respondió, con voz fluida—Más que a mi ser.
—Bien—le sonrió, sosteniendo en alto su tarra de cerveza—Brindemos ¡Por ustedes dos!
Carlos brindó con él y bebieron, el resto de la charla fueron cosas triviales: qué música les gustaba, dónde habían estudiado, cómo conocieron a sus respectivas novias, qué planes tenían a futuro…
Nick tenía en claro dos cosas sobre Carlos, y con eso era suficiente para tenerlo tranquilo. La primera era que no era un zorro mañoso, al contrario, era transparente, sencillo y honesto. Tenía un carácter fuerte y firme, pero mucha nobleza en su corazón, así que era un joven en el cual se podía confiar. La segunda era que realmente quería a Rei, lo supo por la forma en sus ojos brillaban y las expresiones se suavizaban con sólo nombrarla. El saberlo buen sujeto y enamorado de su hermana le calmaban su conciencia, ahora podía acudir a esa boda en paz.
-o-
—Bueno—dijo Rei, cerrando la puerta detrás de ella—Nos queda toda la tarde para arreglarnos para la boda.
Judy iba a replicar, pero antes de que pudiera decir algo Rei abrió la puerta de su ropero, en donde colgaba una bolsa de plástico que resguardaba el invaluable vestido de novia de los elementos como polvo, agua y cualquier otra cosa que pudiera estropearlo.
—Supongo que Nick te comentó que nuestra madre era costurera ¿no?—le preguntó, abriendo el zipper de la bolsa para revelar la tela blanca.
—Sí.
—Bueno, cuando ella falleció dejó unos bocetos en su diario sobre vestidos que pensaba hacer después. Me llevé algunas de sus cosas cuando escapamos. Encontré un boceto de un vestido de coctel, que adecue para ser de novia. Me gusta pensar que, de seguir viva, mi mamá me habría hecho el vestido.
Judy contempló el vestido y le pareció hermoso. Recordó cómo Nick se lo describió y sí, era así, o incluso más hermoso. Ella no sabía mucho de telas, cortes o estilos, pero sabía que se vería hermosísimo en Rei cuando se lo pusiera.
—Mi mamá usó raso blanco cuando se casó—dijo Rei, acariciando la falda del vestido—Por eso decidí usarlo.
—Es precioso, y te verás divina—dijo Judy, acariciando ella también la suave tela.
Rei le sonrió y cerró el ropero, prendió una bocina inalámbrica y reprodujo música de su celular. Abrió el primer cajón del tocador, en donde había todo tipo de maquillaje y accesorios que una hembra pudiera necesitar y, en el segundo cajón, cepillos, planchas, tenazas y secadoras de pelo.
—Es hora de ponernos guapas ¿No crees?—dijo feliz.
—Sí, pero mi vestido lo dejé abajo—Judy iba abrir la puerta cuando Rei la detuvo.
—Espera.
La zorra se asomó por la ventana, hasta que no vio cómo Emma y Nick subían al coche, alejándose por la calle, permitió que Judy saliera de la alcoba.
—¿Por qué insistes en hacerlos convivir?—preguntó Judy, regresando a la alcoba con una pequeña maleta en sus patas—Deberías darles tiempo y espacio.
—Es lo que estoy haciendo. Judy, ellos son tercos, si no les quitamos todas las distracciones posibles jamás se acercaran.
—Puede que sí, pero creo que le estás pidiendo mucho a Nick—la conejita comenzó a sacar de su maleta el vestido y accesorios que pensaba usar para la boda—¿No ves que el sólo hecho de quedarse en esta casa le supone un esfuerzo? Él no es nada emocional y…
—Judy, entiendo que te preocupes—admitió la zorra, conectando el secador para pelo—Pero tenle más confianza. Sé que Nick hará su mejor esfuerzo y ya, no pienso pedirle más.
No del todo convencida, Judy le ayudó sacando los accesorios para boda en lo que Rei tomaba un baño largo y refrescante. Poco después tocaron a la puerta, y supo que sería la tía Emma con el sombrero. Sabía que Rei quería dejarles toda la mañana solos a Emma y Nick, y como era su boda, decidió no llevarle la contraria y hacerle caso a su plan. Abrió la puerta sólo lo suficiente para que pasara la cajita azul y no le dio tiempo a la tía ni de replicar, o siquiera sugerir ayudar, cuando cerró la puerta, manteniendo la habitación de Rei como un santuario donde sólo ellas dos eran bien recibidas.
Judy dejó la caja sobre la cama, contemplándola un poco. Era circular, no muy grande, forrada de un lustroso papel verde y con delgadas franjas negras, a simple vista debería ser un sombrero algo costoso. Llena de curiosidad abrió la caja, encontrándose el bello sombrero cubierto de papel de gasa para que nada lo manchara. Era blanco, de alas anchas y con un gracioso broche dorado en forme de mariposa, pequeño pero perceptible, el sombrero era una muestra de elegancia y belleza.
Lo guardó con cuidado y esperó a que Rei saliera del baño. La zorra salió son una bata cubriendo su desnudez, no tardó en ver la cajita sobre la cama y sonrió muy feliz.
—¿Ya lo viste?—preguntó, ahora ella abriendo la caja para ver el sombrero.—¿A poco no es la cosa más hermosa del mundo?
—¡Es bellísimo!
-Gracias.
—Por cierto—comentó Judy con tono pícaro—Casi nunca hablas de tu prometido… ¿cómo se llamaba?
—Carlos.
—Sí, él ¿Cómo es?
Rei se sonrojó y dejó el sombrero en la caja, buscando las palabras adecuadas.
—Él… es especial ¿sabes? Él y yo… bueno los dos… no sé cómo explicarlo.
—Sólo dilo.
Los ojos de Rei brillaban con emoción mientras contaba cómo se conocieron por medio de otros amigos, y cómo en sus citas uno terminaba la oración del otro. Era como estar sincronizados, como si su corazón no se sintiera completo a no ser que él estuviera con ella.
—Es mágico—decía, sin poder encontrar otra palabra que lo describiera.
Mágico… sí, el amor era mágico, y Judy lo sabía muy bien ¡Qué bellas eran las bodas!
—Bueno, continuemos.
Judy se sentía preocupada por Nick, no le gustaba la idea de dejarlo solo en ese estresante día. Pero pronto se olvidó de eso, concentrada en ayudar a Rei con su arreglo personal. Constantemente le llamaban sus amigas para confirmarle que el salón, las flores, la limusina y todos los preparativos estaban saliendo acorde a lo planeado, y también le llamó su prometido diciéndole que había tenido una espléndida charla con Nick, lo cual las terminó de relajar y les permitió explotar al máximo su creatividad para vestirse con lujo y encanto.
El vestido de Rei se veía hermoso, y el broche de mariposa del sombrero blanco sostenía una redecilla blanca que le cubría coquetamente medio rostro. El maquillaje delicado, la larga cola del vestido, los pequeños guantes con encaje que le llegaban hasta las muñecas, los pendientes de cristal con dorado… Rei se veía preciosísima y elegante, como luciendo un vestido de la belle époque.
Por su parte, Judy también se bañó y perfumó todo su pelaje con fragancia de orquídeas. Su vestido era de color morado, resaltando enormemente sus bellos ojos violetas. Tenía un escote en forma de v que le acentuaba el cuello y el busto, además, un precioso collar de brillantes plateados que la lucía aún más el cuello. El vestido era de tirantes, y lo complementó con unos guantes hasta los codos de color negro que Rei le prestó; la falda del vestido era amplia y con delgadas tiras negras haciéndola ver más alta, caía como bella cascada hasta el suelo, realzando su bella silueta.
La boda sería a las siete, pero debían estar en el salón de la recepción media hora antes como mínimo. Para las seis de la tarde ya estaba la limosina afuera de la casa, esperando a la novia. Con mucho cuidado, Rei salió de la alcoba sujetando la amplia falda de raso blanco para no tropezarse y bajó concienzudamente los escalones. Nick y Emma estaban abajo en la sala, esperándolas, él con un traje negro hecho a su medida y ella con un elegante vestido verde pistache con detalles dorados y lindas manguitas casi transparentes. Ambos vieron a Rei embelesados y con ojos brillosos a punto del llanto.
—Te ves preciosa—le susurró Nick, ayudándola a bajar los escalones, Rei le sonrió con entusiasmo contenido.
—Y tu te ves guapo—lo alagó—No se te olvide que me entregarás al altar, así que no te desaparezcas por ahí—le guiñó el ojo.
—¿Y por qué habría de desaparecer?
Rei sonrió pícara y se fue con su tía, quien le abrió la puerta para salir hasta la limosina. Nick entonces esperó a Judy, quien apenas salía del cuarto y bajaba las escaleras un poco apurada, intentando no tropezar con la larga falda. Al verla, tan delicadamente vestida, con un lazo sosteniendo sus orejas y una diadema en forma de tiara sobre su frente, entendió lo que Rei le quiso decir. Estaba condenadamente hermosa.
—Madame.—le sonrió con un gesto exagerado, teniéndole la pata—Temo que no podré separarme de usted hoy.
—No seas exagerado—comentó Judy, luchando contra su vestido—Rei se lleva todas las atenciones, sin duda.
—Sí, pero ella es la novia y tú te ves soltera, preciosa—la escoltó hasta la puerta, en donde Emma los esperaba para cerrar la casa—Y ya que te gustan los zorros, no te dejaré sola con ninguno de ellos.
Judy rio de buen humor.
—Sólo me gusta un zorro tonto, no tienes de qué preocuparte.
—Aun así, preciosa, aun así…
Rei se fue en la limosina, donde la esperaban dos de sus mejores amigas en Foxville. Emma, Nick y Judy se fueron en el auto de la tía. El salón de fiestas estaba cerca, pero no querían dar oportunidad a que se estropearan sus trajes formales. Cuando llegaron, había uno que otro invitado, pero no les prestaron mucha atención. Ayudaron a Rei a llegar hasta un cuarto en donde podría descansar hasta que empezara la ceremonia y no se despegaron de ella hasta que llegó la hora del evento.
El salón era muy amplio, al fondo en el centro estaba colocado el altar rodeado de hermosas flores blancas en donde se realizaría la ceremonia. Alrededor del altar estaban todas las mesas con los invitados sentados, esperando a que comenzara la fiesta. El novio estaba bien vestido y acompañado de su padrino, al lado del cura, esperando a la novia. Ya todo estaba predispuesto: el pasillo mostrado por una alfombra blanca, flores, pétalos de flores sobre la alfombra, tres músicos en la esquina esperando su señal, los invitados platicando entusiasmados y comiendo el paté de queso con crema, todo se veía perfecto.
A la señal de la tía Emma, los músicos comenzaron a tocar la marcha nupcial. Las dos damas de honor de Rei desfilaron luciendo sus idénticos vestidos rosados y llevando ramos de flores amarillas en sus patas, les siguió la tía Emma con Judy, quienes caminaban una al lado de la otra con sonrisas algo tímidas. Las damas de honor se acomodaron en el altar, Emma y Judy se sentaron en primera fila. Atrás, en la entrada, Nick le tendía el brazo a Rei, listo para entrar.
—Apenas lo puedo creer—dijo ella, en su último minuto antes de comenzar la caminata de su vida.
—Yo tampoco—admitió él, espirando hondo—Te quiero—susurró, besando con ternura su frente.
—Y yo a ti—le dijo ella, casi llorando de tantas emociones.
—No pongamos nervioso a Carlos—le guiñó el ojo—Anda, es momento de entrar.
—¿te agrado, verdad?
—Puede decirse que sí.
Pero Rei supo con ese gesto que Nick estaba de acuerdo con su decisión, y eso la alivió más. Aunque no lo dijera en voz alta, deseaba saber que Nick lo aprobara.
Así pues, Rei y Nick entraron al salón y caminaron despacio hasta el altar. Se le hizo un nudo en la garganta a Nick mientras veía a su hermosa hermana sonreír hasta las lágrimas cuando vislumbró a su prometido, quien también estaba sumamente entusiasmado, esperando a por ella al otro lado del pasillo. Paso por paso, se acercaba más al destino que ella misma había elegido, y se sentía satisfecha y feliz.
Llegaron, Nick con cuidado sostuvo la pata de su hermana y la colocó en la pata de Carlos, agregando en voz baja.
—Sean felices.
Luego se sentó al lado de Judy, en primera fila.
Cuando eran niños, Rei solía ponerse una sábana sobre su cabeza y jugaba a que se estaba casando con su muñeco preferido, poniendo una almohada como altar y caminando por toda la habitación, recitando sus votos en voz alta con fingida solemnidad. Verla ahora casándose de verdad le encogía el corazón, estaba muy feliz por ella pero al mismo tiempo se sentía nostálgico. Su hermana estaba comenzando una nueva familia, independientemente de él, haciendo su vida, y aunque estaba orgulloso, también estaba triste.
Judy debió notarlo, porque colocó su pata sobre la de él para confortarlo. Casi no la había visto ese día, pero pudo sentirla a su lado dándole todo el apoyo moral que necesitaba. El sólo estar a su lado ya lo calmaba mucho. Era un evento de fiesta, después de todo, y debía comportarse como tal. Se encontraba algo aturdido por todas las emociones que acababa de experimentar a lo largo del día, pero estaba dispuesto a dejarlo pasar y convivir en el evento con alegría, tal y como Rei lo quería.
Carlos y Rei se veían uno al otro con adoración, dijeron sus votos acariciando cada palabra y deslizaron las alianzas maritales en sus dedos con cariño. Al quedar oficialmente casados, se abrieron botellas de champagne y se dejaron caer pétalos de rosa desde el techo, dando inicio a la fiesta. Los felices novios recibieron las felicitaciones de cada uno de los invitados, que les deseaban buena suerte y bendiciones, los saludos duraron alrededor de media hora antes de que la música cesara y se señalara la hora del banquete.
Sentados en la enorme mesa de los novios, Rei y Carlos partieron el pastel y brindaron agradeciendo la presencia de todos. Los meseros comenzaron a servir la entrada, los platos fuertes y los postres, todo antes de que comenzara el baile. La fiesta duró hasta pasada la medianoche y los novios se veían deslumbrantes de alegría, lo cual hizo a Nick y Judy más felices.
Poco después de que el baile empezó, Nick y Rei bailaron juntos varias piezas, charlando y riendo como cuando eran dos niños pequeños. Judy casi lloró de verlos así, y pudo escuchar detrás de ella cómo Emma también era feliz.
—Espero que ya nada pueda separarlos después de esto—comentó la tía.
—Yo también lo espero.
Poco después Judy bailó con Nick durante horas, los dos platicando y pasando un grandioso momento. Ya cuando era muy tarde y tras varias copas de champagne, poco antes de que regresaran a la casa, Judy vio cómo Rei se recargaba en el pecho de su esposo, meciéndose suavemente al compás de la música. Pensó en que ella algún día quisiera casarse y tener un evento tan mágico como aquel… quizá pronto, pensó… quizá con Nick ¿Por qué no?
Pero la ley…
¡Esa dichosa ley!
Sin querer pensar de más, Judy tomó asiento en la mesa y platicó con la tía Emma antes de que el sueño la hiciera casi quedarse dormida, señal evidente para Nick de que debían volver a casa ya pronto, y así lo hicieron.
-o-
La mañana siguiente Nick y Judy acompañaron a Rei y Carlos a la estación de trenes, de donde partirían para celebrar su luna de miel en una playa cercana. Se dieron abrazos, compartieron anécdotas y se desearon lo mejor. Cuando Carlos entró al tren para meter las maletas, dejando a Rei a solas con la pareja, fue cuando ella pudo comentarlos algo que llevaba mucho tiempo pensando sin encontrar el momento para preguntarlo.
—¿Y cómo va su relación?
—Bien—sonrió Judy.—Estamos tomando las cosas con calma, pero en realidad muy bien.
Ella y Nick intercambiaron una rápida mirada cómplice, que dejó feliz a Rei, pero al mismo tiempo su semblante se tornó un poco oscuro.
—¿Y el asunto de la reforma, cómo lo están tomando?
Nick se tensó un poco.
—No es como si estuviéramos planeando casarnos ¿sabes? Así que no nos interesa mucho en ese aspecto…
—Yo sé que no, pero cuando estabas… incapacitado—no quiso decir la palabra "coma"—el jefe Bogo me explicó si situación en la comisaría.
Rei notó cómo los semblantes amenos y relajados de la pareja cambiaron mostrándose hasta cierto punto sombríos.
—¿Por qué te dijo eso?—inquirió Nick, en un tono que no supo interpretar si molesto o curioso.
—Quería que los ayudara, pero no supe cómo—admitió en voz baja—Decidí mantenerme al margen, y estar aquí por si ustedes me ocupaban. No es como si yo pudiera hacer mucho ¿saben?
Se le veía lo nerviosa por cómo giraba su argolla de matrimonio una y otra vez, Judy fue la que respondió, rápidamente para evitar que Nick dijera algo imprudente.
—Está bien, lo llevamos con calma. Enfrentaremos lo que sea necesario.
Dicho esto, Judy sujetó la pata de Nick con fuerza y él le sonrió, en un gesto poco sincero.
—No quise recordarles algo malo—dijo Rei—Sólo quería estar segura de que lo estaban sobrellevando bien.
—Dentro de lo que cabe, sí.
—Bueno… supongo que no me queda nada más por decir ¿verdad?
—Ten un buen viaje y llámame cuando regreses—comentó Nick—Diviértete mucho.
Era su amable forma de decirle que ya había mencionado lo suficiente y que debía marcharse. Rei no lo tomó personal, con la postura tensa de su hermano había comprendido que no debió hacerles esa pregunta. Los abrazó otra vez y entró al tren, despidiéndose con una amplia sonrisa. Seguramente Carlos ya se estaba preocupando por ella.
El tren se marchó unos diez minutos después, en todos ese tiempo Nick y Judy permanecieron en silencio, estrechando sus patas ante las expectantes miradas de los transeúntes, que sin embargo fueron lo suficientemente educados como para evitar malas expresiones o comentarios en voz baja. Emma tenía razón, ahí todos se ocupaban de sus propio asuntos dejando a los demás en paz.
Era una característica propia de los caninos y de todas las especies que conformaban esa familia. Desde la especie más diminuta del perro hasta el poderoso lobo, todos y cada uno de ellos era independiente y a veces solitario. Se preocupaban únicamente por los suyos y por ellos mismos. Los conejos en cambio, eran criaturas más emocionales e impulsivas, características que los hacían propensos a vigilar a quienes les rodeaban para evitar sorpresas indebidas. El chisme y el drama eran frecuentes y proporcionales a las enormes familias de los conejos, siempre creciendo año con año.
Eran diferencias presentes en la relación de Nick y Judy, pero ambos habían aprendido a convivir explotando estas cualidades. Cuando Nick se pasaba de ermitaño, Judy lo empujaba al mundo para que le diera aire fresco y no se olvidara de convivir. Cuando el drama hacía mella en Judy volviéndola nerviosa y ansiosa, Nick le obligaba a descansar recordándole que importaba más su propia salud que lo que los demás pudieran pensar sobre ella. Habían tardado mucho tiempo en encontrar ese delicado equilibrio, y aunque a veces la balanza se salía de control, siempre regresaban al punto medio, era una fantástica cualidad que se tiene cuando se ama de verdad al otro.
En ésta ocasión ambos se habían puesto de acuerdo para no pensar en lo que les dijo el jefe Bogo, al menos no durante ese fin de semana, en donde disfrutarían y se divertirían con Rei, pero al marcharse la zorra dejando esa pregunta al aire los hizo recordar todas esas noches en vela donde sopesaban ambas posibilidades, incapaces de encontrar una decisión que los dejara satisfechos.
Si la reforma se aprobaba, tendrían el reconocimiento de la ley como pareja y podrían explotarlo al máximo, pero deberían dejar de trabajar juntos como la pareja de policía más respetada en toda Zootopia. Si la reforma no se aprobaba, podrían seguir trabajando juntos, pero su relación quedaría estancada en ese mismo limbo en donde las otras parejas inter-especie se encontraban, en donde había estado Mary y su difunto novio.
Querían ser egoístas, pero aún siéndolo resultaba que salían perdiendo. Por donde lo vieran, era como si la vida les estuviera jugando sucio. En algún lugar habían escuchado que, cuando quien debe ganar sale perdiendo, entonces quien sale ganando es la vida y no la persona, pero ¿qué ganaba la vida con ponerlos en semejante encrucijada?
El tren que los regresaría a Zootopia salía hasta las siete de la noche, así que tenían toda la tarde para recorrer el centro de Foxville. Fiel a la promesa que se hicieron, no comentaron absolutamente nada entorno a la reforma y sus dilemas, aunque el tema siguió dando vueltas en su mente. Comieron en bellas cafeterías, compraron alguna que otra cosa en boutiques y, cuando ya casi era hora de partir, le llevaron una caja de chocolates a la tía Emma despidiéndose y agradeciéndole el hospedaje.
—Les deseo de todo corazón que sean felices—dijo la tía, dándoles su bendición.
Y ellos también esperaban encontrar un poco de felicidad entre los altos y bajos que llevaban viviendo las últimas semanas.
Escena Extra
Apenas Rei subió las escaleras, lista para irse a dormir, Nick recordó el regalo que le tenía preparado y la detuvo llamándole por su nombre. Rei se quedó quieta, con una pata sobre la barandilla de la escalera, viendo a su hermano buscar en unos bolsos de su equipaje casi con desesperación, insistiéndole en que no se moviera.
"Nick, tengo sueño" le dijo "¿No puede esperar a mañana?"
"No" contestó con voz firme, sacando una caja larga del bolso "Ven"
Con algo de desdén, Rei bajó los escalones suficientes para mirar a Nick de frente. La caja que tenía en sus patas era de color azul intenso con un bello moño dorado decorándola. A simple vista era un regalo muy lindo. Rei lo miró curiosa, agarrando la caja que pesaba más de lo esperado.
"¿Y esto?"
"Es un regalo por parte de Judy y mío" respondió "Pero quiero dártelo antes de la boda, es muy personal"
Sorprendida, Rei retiró con cuidado la tapa de la caja, encontrando un álbum en su interior. Era grande, forrado de terciopelo rojo con las puntas doradas, una cubierta muy clásica, no tenía ninguna inscripción ni título. Rei dejó la caja sobre la barandilla de la escalera, pasando sus dedos sobre la cubierta de terciopelo, admirando la textura, antes de abrir el álbum.
Ahí, en la primera hoja, estaba una fotografía de ella sentada en una pequeña mecedora de madera, sosteniendo su peluche favorito de la infancia, con una cintas rosadas frente a sus orejas y una enorme sonrisa de felicidad. No podía tener más de cinco años y reconoció perfectamente el suelo de madera que había en la casa de sus padres, esa cada que llevaba años sin pisar. Las lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos conforme avanzaba de hoja, encontrando en cada una más fotos sobre su infancia, la de Nick y su familia. Las fotos de sus padres la hicieron llorar de verdad.
"¿Cómo...?"
"Judy encontró las fotos en nuestra antigua casa, hizo un verdadero trabajo de detective" admitió "Estuvimos de acuerdo en regalarte al álbum, yo me quedé con copias de las fotos, creo que tú lo necesitas más"
"¿Por qué dices eso?"
"Estás a punto de empezar una familia. Ocupas recuerdos bonitos que mostrarle a tus hijos ¿no?"
Llorando, Rei cerró el álbum y abrazó a Nick con mucha fuerza, intentando contener los sollozos.
"¡Es el mejor regalo que me han dado!" gimió "¡Eres estupendo!"
"Judy hizo la mayor parte, casi todo"
"Ustedes son estupendos" corrigió, sollozando un poco.
"Se lo diré" Nick le guiño el ojo, feliz de verla tan emocionada con el regalo.
Bueno, eso es todo por ahora :)
Adelanto: el próximo capítulo se llamará "Veredicto" ;)
