Gamakishi era todavía un pequeño sapito cuando vio por primera vez la poderosa palma descendente de su padre. En esa ocasión se encontraba jugando junto con Gamatatsu en el bosque que se encontraba junto al límite sur del territorio sapo; no era precisamente un lugar prohibido para ellos (era una ventaja por ser los hijos del gran Jefe de las Familias de Sapos del Monte Myoboku el que no hubiese lugar, en todo el paraje, prohibido para los confiados infantes). Pero ellos ya sabían de los peligros que acechaban en esos lugares, apartados del centro más poblado: historias de terror contadas por su madre respecto de fieras aves de rapiña que caían desde el cielo y tenebrosos reptiles sin patas que se arrastraban sobre sus panzas, siempre dispuestos a engullirse de un sólo bocado a los pequeños sapos que se alejaban de la protección de sus mayores. Pero nunca les había pasado nada y esas historias eran, para el par de pequeños, sólo eso: historias.
Pero ese día quiso el infortunio que en medio de sus juegos se cruzaran con una enorme serpiente rayada, de varios metros de largo y una cabeza grande como el puño de su gigantesco padre. La reptante amenaza, llegada de más allá de los confines del laberinto que era la entrada terrestre al santuario sapo, se veía sucia y cansada, y no dudo en embestir contra los pequeños, que por su minúsculo tamaño apenas les servirían de entremés. Probablemente en otras circunstancias les habría ignorado, pero el cruce de aquel camino infernal siempre dejaba a los extraños que lo sorteaban padeciendo un hambre desesperante, producto de la enorme distancia hasta el monte y la falta de presas con que saciarse en el camino.
Al principio, los pequeños sapos pudieron huir de su atacante, a quien habían reconocido como enemigo por su instinto y su parecido con aquellos seres que aparecían en los grandes cuadros que adornaban su hogar. Pero sus saltos de rana eran insuficiente para alejarse de la amenaza bífida, a quien impulsaba la vista de los pequeños como a aquél perdido en la sequedad del desierto la vista de un oasis próximo.
Después de varías embestidas y esquivadas, finalmente la gran serpiente había golpeado con la cola al par de pequeños sapos, lanzándolos contra un árbol y dejando al menor de ellos desmayado por el impacto. Allí Gamakishi, en medio de un miedo incontenible, se supo irremediablemente condenado: trataba con todas sus fuerzas de empujar a su hermanito para alejarse juntos de aquel lugar, pero entre su cuerpo adolorido y el peso de su desvanecido hermano sus esperanzas de escape ya no existían. La serpiente lo notó claramente, ya que se dio el tiempo de bajar su velocidad, mientras se posicionaba frente a sus ya vencidas presas, elevando su cabeza y exhibiendo sus enormes y ponzoñosos colmillos, listo para el ataque final. Gamakishi, exhausto e incapaz de abandonar a su hermano, sólo se sentó a esperar la muerte, resignado, deseando que ésta fuese rápida y que ninguno de los dos sintiese mayor dolor.
La muerte llegó, pero para el cazador, que se volvió presa. Concentrada como estaba en su próxima comida, la serpiente fue incapaz de ver el feroz ataque del padre de los pequeños sapos, quien vestido con su usual camisa, cayó desde una gran altura, golpeando con la palma extendida sobre la cabeza del ofidio, impactando la misma contra el suelo con tal fuerza que ésta simplemente reventó en mil pedazos.
La vista era aterradora, y Gamakishi agradecía que su hermano no hubiese presenciado tal espectáculo. Pero la sonrisa de su progenitor, mientras se acercaba a ver el estado de los pequeños, le hizo comprender que un poder de tal magnitud era bueno si su propósito era ser usado para proteger a los tuyos. Allí fue donde se hizo la promesa de llegar a ser un día tan fuerte como su padre, un sapo entre los sapos.
Finalmente, entre ambos lograron despertar a Gamatatsu. Así, juntos los tres, caminaron de regreso a su hogar, mientras su padre cargaba al hombro lo que quedaba de la enorme serpiente y les decía a sus pequeños lo contenta que se pondría mamá por la piel que le llevaban, entre todos, como regalo…
Mientras la gran nube de polvo se asentaba lentamente sobre el lugar del impacto, Gamakishi no pudo evitar aquel recuerdo de su niñez, la imagen de la serpiente muerta, y pensar como habría quedado el cuerpo del rubio bajo esa terrible palma (si es que algo había quedado que fuese reconocible).
No podía evitar lamentarse por el trágico destino de su amigo humano. Ciertamente habían tenido sus diferencias previas, pero ahora que ambos estaban llegando al culmine de su poder y habilidad sentía que aquel pequeño rubio sería el compañero con cuya ayuda se labraría un nombre entre los sapos, dando lugar a una leyenda que incluso opacaría la fama de su propio padre, a quien ansiaba superar y, así, demostrar su propia valía y hacer sentir orgullosos de sus logros a su gran y numerosa familia.
Gamatatsu se acercó a ayudarlo a levantarse del suelo, mientras a una buena distancia la hermana de Kenshin hacía lo mismo con su hermano. No pudo evitar ver el rostro entristecido de su hermano menor, mientras aquél decía: "al menos ahora Naruto podrá reunirse con su esposa en el más allá". Eso molestó al primogénito de Gamabunta, quien se paró y, adoptando una postura firme, optó por ir a reclamarle a su padre por lo acontecido, decidido a recurrir a los puños de ser necesario (y sin importar las consecuencias de aquello).
Pero apenas pudo dar un par de pasos, seguido por su hermano, cuando escucharon el vozarrón de su padre: "¿Ya te controlaste, tonto subordinado?". Gamatatsu se detuvo; pudo ver que su padre, aún después de propinado el golpe, seguía haciendo fuerza contra el suelo (con el esfuerzo que eso le representaba reflejado en su rostro). Unos segundos después, el jefe sapo insistió: "eh, Naruto, ¿ya te calmaste?". Por toda respuesta, los sapos presentes vieron sorprendidos como el gigantesco sapo era levantado y lanzado a varios metros, mientras del agujero que había quedado producto de la palma descendente de sapo salía un muy molesto Naruto, ya medianamente visible entre los últimos restos del polvo que se asentaba en el lugar:
- ¡TÚ, ENORME SAPO IDIOTA, ¿ACASO QUERÍAS MATARME?! ¡ME ATACAS DE UNA MANERA TAN BRUTAL Y LO ÚNICO QUE PREGUNTAS ES SI ESTOY CALMADO! ¡PORQUÉ RAYOS NO PREGUNTAS SI ES QUE SIGO VIVO! ¡O PODRÍAS PREGUNTAR: "¿NARUTO, TE HA QUEDADO ALGÚN HUESO SIN QUEBRAR, EH?"! ¡O MEJOR AÚN, PORQUÉ NO TE CALLAS Y TE METES TUS PREGUNTAS IDIOTAS DONDE MEJOR TE QUEPAN, BAKABUNTA, SAPO GIGANTESCO Y GORDO RELLENO DE NADA MÁS QUE AIRE!
Por toda respuesta recibe un golpe en su cabeza de parte del bastón de Fukasaku (que quién sabe de dónde lo ha sacado), que ya ha llegado a su lado.
Más tranquilo, el rubio mira a sus alrededores, extrañado que nadie le diga nada a Gamabunta por lo que ha tratado de hacer y notando que, en vez de eso, se quedan mirándolo a él. Molesto, viendo que nadie hace nada, Naruto se sienta en en medio del campo de entrenamiento y cierra sus ojos, cansado, mientras logra percibir que Shima-obaachan se aproxima; pero al abrir los ojos para hablarle nota que aún no ha llegado a ese lugar. Levanta la vista, pero no hay señal de la anciana.
Fukasaku le pregunta al rubio, que todavía busca con sus ojos a la pequeña sapa, confundido: "¿Todavía no te has dado cuenta, verdad?". El joven responde: "¿De qué hablas, abuelo?". Al percatarse de lo que implica su respuesta, el anciano sapo pide un espejo, pero nadie porta uno. Kenshin, que ya ha llegado junto al par (al igual que el resto de los sapos peleadores) le acerca su katana a Naruto, a fin de que pueda verse en el reflejo de su hoja. Lo que nota el rubio le sorprende: en su rostro se ven las señales del modo sabio, aunque su pupila de sapo ha desaparecido, reemplazada por una redonda de color azul intenso (como el color de natural de sus iris, pero más oscuro), rodeado de un iris amarillo con una muy delgada línea negra delimitándolo; las marcas negras rodeando sus ojos han desaparecido, y el color rojo de su piel, que antes se veían como una sombra rodeando todo el frente de sus ojos, se han extendido como un antifaz que se va atenuando hasta sus orejas, dejando un espacio de unos cinco centímetros en medio de la franja de color. Aparentemente, ha adoptado el modo sabio sin saberlo.
Naruto mira al anciano, preguntándole cómo ha sido posible, a lo que el aludido responde: "es gracias a tu incansable entrenamiento. Mientras ibas ganando experiencia en recolectar energía natural y lograr la transformación sennin, cada vez más rápido, tu cuerpo iba aprendiendo a conectarse de manera más natural y automática al medio que lo rodea. Ahora, has llegado al punto en que tu cuerpo y tu espíritu son capaces de fusionarse con la naturaleza sin necesidad de forzarlos para ello (que es, en definitiva, lo que hacías cada vez que meditabas inmóvil para lograr lo que cualquier sapo puede hacer de manera instintiva). Ahora, después de mil años, eres el primero en lograr completar el entrenamiento sennin". El rubio, temeroso por la magnitud de lo que ha logrado sin siquiera darse cuenta, pregunta: "¿mil años?". El Gran Sapo Sabio, que se ha acercado al lugar en que se encuentran todos reunidos, a paso lento, seguido de cerca por sus dos pequeños acompañantes, le responde: "sí, desde que Hagoromo-san completó su entrenamiento, ningún otro lo había logrado. Para que lo comprendas mejor, ahora eres igual a cualquier animal salvaje en cuanto a tu habilidad para recolectar y usar la energía natural."
Mientras los sapos allí reunidos le felicitaban y Gamamaru-ojii sonríe al joven maestro sennin, Gamabunta llega a donde está el grupo, resoplando molesto:
- Subordinado estúpido, ¿cómo fue que me llamaste hace apenas unos momentos?
- (Naruto percibe el enojo del enorme anfibio) No lo recuerdo, gran jefe…
- (golpeando el suelo con su puño frente al rubio, en son de amenaza) Muy mala memoria, insignificante muchacho, tal vez un par de golpecitos refresquen esa memoria tuya.
- (ya derechamente nervioso) Jefe…
- Vamos, pequeño irrespetuoso, estoy seguro que puedes repetir esas palabras, ¿no estabas muy agrandado vociferando en mi contra hace sólo unos momentos?
- (reaccionando, Naruto replica) ¡Claro, si casi me mata, lo que sea que le haya dicho no es nada en comparación a lo que usted trató de hacerme!
- Tonto insensato, si así como estabas, fortalecido por el chakra natural, era imposible que te hubiese podido matar con un golpe tan ligero. Lo único que hice fue evitar que terminaras reventando a mi hijo, que así como ibas cargando en contra de él no había forma en que pudiera haber sobrevivido si tu golpe hubiese impactado.
Asustado por las palabras de Gamabunta, Naruto mira primero a Gamakishi (quien permanece con sus ojos muy abiertos ante la revelación de su padre) y luego a Fuka-ojii, quien sólo asiente a las palabras del jefe sapo con un movimiento de cabeza. Aceptando la verdad de lo que casi le hace al inocente sapo anaranjado, el rubio se disculpa profusamente con él, agradeciendo luego la intervención de su padre. Pero el enorme sapo lo mira con desprecio, mientras le exige una compensación por su grosería previa. Naruto acepta, resignado, el castigo de su superior, quien, sonriendo ante la idea de humillarlo, le exige:
- Bien, muchacho tonto, repite después de mi: "Yo, Uzumaki Naruto… "
- Yo, Uzumaki Naruto.
- "Soy un bueno para nada… "
- Soy un bueno para nada.
- "Indigno de servir a un líder tan grandioso… "
- Indigno de servir a un líder tan grandioso.
- "Y aún de limpiar la mugre de sus patas… "
- Y aún… de limpiar… la… mugre… de… sus patas.
- "Y mucho menos… "
- Y mucho menos.
- "De alzar la voz ante él… "
- De alzar la voz ante él.
- "Ni llamar baka a ningún otro ser… "
- Ni llamar baka a ningún otro ser.
- "Ya que yo mismo… "
- Ya que yo mismo.
- "Soy demasiado idiota como para… "
- Soy… demasiado… idiota como para…
- "Creer que tengo algún derecho a ofender a otros… "
- Creer que tengo… algún derecho a hacerlo…
- "Ya que absolutamente todos los demás seres vivientes son más inteligentes que yo."
- Ya que todos son más inteligentes que yo…
Reivindicado en su honor, el jefe sapo le dice al rubio, con burla: "un poco titubeante en las partes importantes, pero en general aceptable, aunque te equivocaste un par de veces. Pero supongo que con tu reconocido intelecto inferior era demasiado pedir que algo tan sencillo lo hicieras correctamente". Naruto sólo ve al sapo, avergonzado y molesto, aunque sabiendo que lo merece por como se ha comportado (y que, considerando la terrible fama del líder de los sapos convocados, la ha sacado realmente barata).
Ya con el mal trago pasado, le pregunta a Fukasaku-ojii el porqué tiene ese aspecto, cuando pensaba que si lograba llevar su modo sennin a su mayor nivel tendría que ganar rasgos de sapo y no perderlos, como ha sucedido con sus pupilas, pero el anciano le corrige indicando que es normal que ha medida que interioriza su propio modo sabio deje atrás esa forma "prestada" que corresponde al enseñado por los sapos (que se refleja en los rasgos de sapo que tanto afeaban a Jiraiya).
Pidiendo que el resto de los sapos hagan algo de espacio, Fukasaku le pide a Naruto que termine su transformación agotando su energía, por lo que el rubio realiza un rasen shuriken a máxima potencia, con lo que logra agotar hasta su última gota de chakra natural. Terminado el modo sabio, el anciano le pide que se transforme lo más rápido que pueda; Naruto tan sólo cierra los ojos, para volver a abrirlos de inmediato, exhibiendo ya la figura la figura del modo sabio. Unos cuantos golpes reforzados de chakra natural entre el rubio y el sapo bastan para terminar su transformación.
Satisfecho con aquel primer logro, Fukasaku toma distancia, mientras le pide al joven shinobi que corra hacia él mientras trata de transformarse, sin detenerse. Naruto recuerda como se sintió cuando trataba de atacar a Gamakishi; allí se dio cuenta de la facilidad con que podía colectar la energía natural aún moviéndose, pudiendo en tan sólo un momento transformarse y asestar un potente golpe de puño, cargado de chakra natural, que resonó en las palmas de Fukasaku, que lo contuvo debiendo recurrir a su máximo poder. Satisfecho con la demostración del rubio, el anciano sapo le advierte que tenga cuidado con activar su modo sabio de esa manera, ya que la energía que ahora necesita para la transformación es realmente poca, comparada con la que requería al iniciar su entrenamiento (cuando entrenaron por horas), así que siempre que sepa que va a entablar combate con un enemigo superior que recurra a colectar la mayor cantidad posible de energía natural antes de iniciar sus peleas o, en su defecto, que recurra a los clones y que, en caso de hacer la transformación al modo sennin de manera instantánea o en movimiento procure no dejar de colectar energía natural de manera constante, aún cuando ya se haya conseguido transformar.
Mientras Fukasaku termina sus instrucciones al rubio, Gamabunta se acerca a la pareja, diciéndole al anciano:
- ¿Debe estar contento de que todo haya resultado bien, verdad ojiji?
- (mirando al gigantesco sapo) Claro, Bunta-chan, aunque debo reconocer que no dejabas de tener razón, mira que tuvimos que presionarlo a plenitud para conseguir este resultado. Si, realmente todos tus jóvenes sapos me impresionaron, debes estar muy orgulloso de ellos.
- Si, aunque la chica es más mérito de mi mujercita, je je…
Mientras los sapos mayores hablan entre si, Naruto le pregunta a Gamakishi: "¿acaso tu madre es tan fuerte?". El sapo le responde: "Fuerte es decir poco, realmente nunca he sabido cual de mis padres es el más fuerte. Mamá era guardaespaldas de papá cuando era un adolecente, así fue como se conocieron". El rubio pregunta: "y entonces, ¿porqué motivo no está su nombre en el pergamino de invocaciones"; el sapo anaranjado le replica: "otou-san es muy sobreprotector con ella".
.
.
.
Naruto, complicado por como ha ocurrido toda la pelea, interrumpe a Fukasaku y le pregunta:
- Oiga, ojii, si la idea era simplemente hacerme llegar a mis límites, ¿porqué rayos los sapos usaron esos ataques tan potentes? La hermana de Kenshin casi me vuelve coladera más de una vez, y no es que haya estado conteniendo sus golpes.
- Por favor, Naruto, me extraña que pienses que te sometería a un riesgo tal.
- Anciano, lo dice como si las prácticas con ese aceite que casi me vuelve un sapo de piedra o la meditación en la plataforma sobre esas rocas hubiesen sido muy seguras, casi me mato más de una vez allí.
- (incómodo, el sapo responde) Ejem, eso era necesario recordarlo… Pero no te distraigas. Estuvimos ayer preparando todo por unas horas en el hogar de Bunta-chan. Aunque reconozco que la idea original era que enfrentaras sólo a Gamakishi y a Gamatatsu, los otros jóvenes pidieron unirse después. Preparamos todo con sumo cuidado, tanto la estrategia de combate para impedirte adoptar el modo sabio como ataques que te maltrataran pero no te hirieran de gravedad…
- (interrumpiendo) Ojii, siento contradecirle, pero le repito: yari – lanzazos – brocheta. Y eso, sin considerar a Kenshin y sus cortes infernales.
- (Kenshin interviene) Uzumaki-san, ¿recuerda cuando lo golpee con mi katana, directamente?
- Si.
- ¿Hubo algún corte?
- A decir verdad no, lo sentí más bien como si me dieran con un palo bien grande. ¿Acaso tu hermana…?
El sapo espadachín llama a su hermana, indicándole que le muestre al rubio. La chica refuerza la su yari que porta con chakra natural, golpeando el suelo con la punta acerada de la misma: la lanza penetra el duro suelo como si fuese agua, entrando y saliendo limpiamente; luego ella le dice al rubio: "¿creíste que estaba haciendo algo como eso, verdad?". Naruto asiente con su cabeza. La joven repite el golpe, pero su lanza, en vez de penetrar como la primera vez, rompe el suelo en donde impacta, creando un agujero y lanzando escombros hacia afuera. El joven shinobi ve todo el proceso, mientras dice: "como si golpeara el suelo con un martillo…" Allí se dio cuenta de que necesitaba todavía mucha práctica con su wakizashi para igualar el nivel de maestría de ambos hermanos.
Mientras Naruto comentaba con los jóvenes sapos sobre lo ocurrido en la pelea, elogiando principalmente la hermosa técnica de la hermana de Kenshin y la velocidad demostrada por Gamatatsu, llegó finalmente Shima-gama del lugar a donde se había desviado antes, trayendo en sus manos un paquete envuelto en papel. Saludando a todos, se acercó al joven rubio, ofreciéndole lo que traía, mientras le decía: "siento la demora, pero el ácido de Gamakishi la oscureció mucho y el artesano que tenía que pulirla había estado enfermo estos últimos días". Naruto, sin comprender, abrió el paquete: su protector ninja, brillando como nunca antes, con las amarras usuales de género (probablemente carcomidas por los jugos gástricos de Gamakishi) reemplazadas por tela blanca. Sonriendo, agradeció el gesto de la anciana, amarrando firmemente la banda en su frente; guardó su kunai blanco en el interior de su capa de viaje y se colgó su espada en su espalda, a la altura de sus riñones, de manera tal que podía sacarla cómodamente con sólo su mano derecha. Pidiendo su opinión a Shima-obaachan, ella le dijo que se veía muy bien, a lo que Naruto sólo se tomo su cabello con su mano izquierda, luciendo avergonzado, mientras agradecía el elogio.
En ese momento, Fukasaku se le acercó, cargando consigo el gigantesco pergamino de invocaciones:
- Naruto, prestame atención un momento…
- Dígame, abuelo.
- La jovencita aquí presente (dice, indicando a la hermana de Kenshin) quiere sumarse al listado de sapos que puedes invocar. Parece que tiene ganas de conocer el mundo exterior, y piensa que prestándote su ayuda podría conseguir aquello.
- (mirando a la joven sapa, el rubio shinobi le pregunta) ¿Estás segura? Probablemente de ahora en adelante todo se vuelva muy peligroso y no puedo garantizar tu seguridad.
- (la hermana de Kenshin responde) Si, Uzumaki-san, confío bastante en mi fuerza. Además mi hermanito no me dejará ir sola.
- ¿En serio? (mira a Kenshin, quien sólo asiente con la cabeza, mientras enfunda su katana).
- Así que, aunque no es lo ideal para mi, cada vez que me invoques a mi o a mi hermano, apareceremos ambos.
- Si ninguno tiene problemas, yo tampoco los tengo. Claro que acepto su ayuda.
Visto que las partes están de acuerdo, Fukasaku abre el pergamino y anota los nombres de los hermanos en él, Gamaren (hermana) y Gamakoji (hermano). Mientras firman los sapos, Naruto no puede evitar hacer alusiones a los nombres de ambos guerreros: "¿flor de loto, verdad, Gamaren-chan?" (la joven sapa sonríe a su invocador); "así que eres Koji; entiendo que te moleste que te llamen "pequeño", pero igual es un lindo nombre. Seguro tus padres te llamaron así porque te aprecian mucho, Kenshin". El aludido mira a Naruto molesto, mientras termina de firmar. Su hermana se acerca al rubio, mientras le dice al oído: "por favor, Uzumaki-san, no toque ese tema, que mi hermano es muy sensible. Y no, su nombre no se lo dieron con ese sentido, en realidad tiene más que ver con los gustos culinarios de nuestros padres". Sin entender el sentido de la explicación, pero comprendiendo la advertencia de la joven, Naruto elige cortar esa conversación, mientras pasa a dejar su marca, dando fe de su aceptación de sus nuevas invocaciones.
Finalizados los arreglos, el grupo parte en lenta procesión (velocidad a la que estaban limitados por el andar de Gamamaru-ojii) a los pozos encantados de sapo.
.
.
.
Faltaba poco para las diez de la mañana cuando finalmente el grupo de despedida de Naruto llega a los pozos. El rubio le indica a Fukasaku-gama que se encuentra listo para partir, mientras se toma un instante para despedirse y agradecer a todos. Pero el anciano le corrige, señalándole que Gamakishi será el encargado de llevarlo. Preocupado, el ojiazul recuerda como lo "transportó" el hijo de Gamabunta la última vez, así que se dirige a él para suplicarle que deje que sea el anciano quien lo lleve. El joven sapo, divertido por la escena, le replica:
- Eh, Naruto, que ni creas que yo quiero repetir esa desagradable experiencia…
- Entonces, ¿cómo…?
- ¿Recuerdas la práctica que tuvimos el otro día, esa donde te gané con mi bala de agua?
- Si, creo (molestia en su voz).
- Bien, cuando regresé a casa llegué tan apaleado que otou-san no pudo evitar preguntarme de donde venía con mis hermanitos. Allí le conté de lo ocurrido.
- ¿Y qué tiene que ver todo eso con que seas tú quien me lleve?
- Que a papá le impresionó que pudiese sostener una pelea contigo y Fuka-ojiji, así que estuvo probando mi fuerza por un rato. Cuando quedó satisfecho, me dijo que estaba preparado para aprender los secretos finales de los sapos convocados y me enseñó como viajar por los pozos y al invocación inversa.
- ¿Entonces sabes hacer eso?
- Claro. Pero papá pega más duro que tú y tuve que hacer cama por todo el día siguiente, así que no pude contarte.
- Por eso mandaste a Kenshin a darme una mano, ¿cierto?.
- Si, aunque su hermana tuvo mucho que ver en mi elección.
- No entiendo, Gamakishi.
- (se le acerca al oído al rubio y le dice en voz baja) ¿No has visto lo buena que está? Trato de mantener a Gamakoji cerca mío, es la forma más segura de poder toparme con su bella hermanita.
Naruto vió a la pareja de hermanos a los que se refería Gamakishi: El hermano, casi del mismo tamaño de su interlocutor, de color café y con algunas arrugas en su ancho cuerpo de sapo; la hermana, un poco más pequeña, de un fuerte color verde oscuro con trazas verde musgo en su panza (o al menos lo que alcanzaba a verse en la abertura superior de su armadura de combate), de piel lisa y tan esbelta que debía pesar poco más de la mitad del peso de su hermano. Al notar las notorias diferencias entre ambos, Naruto le pregunta a Gamakishi: "tengo una duda, ¿porqué los hermanos entre ustedes los sapos son tan diferentes unos de otros?". El primogénito del jefe sapo le responde: "obvio, los sapos del monte Myoboku descienden de muchas especies de sapos y ranas diversas, que un día llegaron a vivir en este santuario y se casaron unos con otros, sin distinción. Con el tiempo, preservamos los rasgos más prominentes, lo que demostraban fuerza y vigor en los machos y suavidad y belleza en las hembras. Selección natural trabajando, Naruto". Luego de la explicación, el sapo le solicita a Naruto se aleje un poco, mientras concentra su chakra de sapo y realiza un único sello con sus patas delanteras, mientras dice: "¡Kai!".
Naruto ve como Gamakishi desaparece en una nube de humo blanco, como vapor. Cuando ella se dispersa, nota un pequeño sapo (un poco más pequeño que Shima-gama) con la ropa y colores idénticos a Gamakishi, que lo saluda, para luego dirigirse al pozo encantado más cercano. Bien, eso explica cómo rayos le iba a hacer el anaranjado sapo para entrar en los pequeños pozos.
Mientras el ahora pequeño sapo se marcha, Naruto le pregunta a Gamabunta: "¿Jefe, todos los sapos gigantes saben hacer eso?". El sapo mayor le responde: "no, muchacho, sólo aquellos que han demostrado verdadera fuerza. El mundo es muy peligroso para permitirle a cualquiera que lo recorra libremente".
Naruto, viendo que Gamakishi ya ha entrado al pozo, le dirige sus últimas palabras a Gamatatsu:
- Siento haber destruido tu bo, Tatsu.
- No hay problema, era un viejo bastón que le pertenecía a Gamaken, de sus años de cuando tenía mi estatura, pero no creo que lo extrañe.
- Discúlpame con él entonces. Sabes, me impresionaste con esa velocidad que mostrarte en nuestra pelea. Sé que siempre te has considerado incapaz de pelear al nivel de tu hermano, pero hoy me dejaste claro que puedes llegar a ser muy fuerte si te lo propones.
- (emocionado por el elogio, el sapo responde) ¿En serio lo crees, Naruto?
- Seguro. Si fuese por mi, me encantaría que pudieses convertirte en un peleador. Así completaría mi equipo de sapos y no tendría que recurrir a la ayuda de sapos gruñones que se creen con derecho a mandarlo a uno tan sólo por que hay unas palabras de fidelidad y unos tragos de por medio (Gamabunta mira serio al rubio, pero no puede evitar sonreír ante la idea de que sea él quien finalmente convenza a su ocioso hijo de seguir sus pasos).
- Lo pensaré, Naruto, y gracias por tus palabras.
- ¡Espero volver a verte como un gran guerrero, dattebayo!
Shima, emocionada por la despedida, se acuerda de algo, y a saltos se acerca a Naruto para entregarle su monedero con forma de sapo, que ella guardaba en su casa. Naruto lo recibe feliz, habiendo olvidado que lo había perdido: "¡eh, gama-chan, tanto tiempo!". Lo siente algo más pesado de lo que recordaba, así que lo agita mientras le dice: "te han estado alimentando, sapo gordo, si hasta te pareces al jefe sapo con esa pansa que llevas". Abre su monedero, notando varias monedas de plata dentro de él; sorprendido, mira a la anciana, quien le explica: "para que no tengas problemas si necesitas comunicarte con nosotros o con cualquier otro. Y no te preocupes, que esas monedas no tienen mayor utilidad para nosotros". Emocionado por el gesto, Naruto toma a la anciana, levantándola del suelo y besando su mejilla, mientras le agradece todo lo que ha hecho por él en esos días. Luego la deja con cuidado en el piso, sonrojada.
Naruto hace una reverencia a todos los presentes, prometiendo regresar. Se levanta, dedicándoles una sonrisa a todos, momento en que desaparece en una nube de humo, rumbo a donde le espera Gamakishi.
.
.
.
Mientras el grupo se separa, volviendo a sus ocupaciones, Fukasaku le consulta al Gran Sapo Sabio:
- Anciano, ¿cree que fue correcto dejarlo partir sin decirle acerca de la otra profecía?
- No era necesario preocuparlo por ello, Fuka-chan.
- Pero podría llegar a morir, tal vez saberlo lo hubiese preparado mejor para esa pelea.
- Lo dudo, amigo mio, está decidido a encontrarse con su amigo perdido y enfrentará lo que eso le signifique, sea lo que sea.
- ¿Es que acaso la lucha entre los herederos de Rikudo Sennin no puede resolverse de otra manera?
- No, es necesario que Asura e Indra se enfrenten una última vez, y que el menor logre convencer al mayor de seguir sus pasos y así, juntos, realicen la visión de su padre, como fue su propósito original.
- Pero después de siglos de conflicto y múltiples reencarnaciones Indra nunca se ha querido someter al dominio de su hermano menor, ¿qué le hace creer que ahora lo hará y Naruto no morirá en sus manos?
- Que el tiempo final ya ha llegado, y la postrer profecía no puede cumplirse sin que aquella también se cumpla.
- No sería la primera vez que malinterpreta una profecía, ojiji-sama.
- Tienes razón, pero sé que ahora si se cumplirá, como debe ser, y con él como protagonista.
- ¿Acaso piensa que la profecía es tan fuerte?
- No te confundas, mi viejo amigo. La profecía, por si misma, no tiene fuerza alguna.
- ¿Y entonces?
- Simple: tan sólo es ver a nuestro joven discípulo para saber que en él radica la fuerza y la voluntad para que esos hechos tan esperados finalmente se produzcan.
- Veo que está seguro de aquello, Gran Sabio.
- Como lo estuve de Hagoromo cuando lo conocí.
- Kami quiera que no nos hayamos equivocado con todo ésto.
- Vamos, te invito a tomar té a mi casa. Trae a tu bella esposa, yo mandaré a conseguir unos pasteles.
Sonriendo, más calmado al ver la tranquilidad del Gamamaru-sama, el anciano sapo se despide con una reverencia, aceptando la invitación y corriendo para alcanzar a su esposa, que ha partido antes que él, de regreso a su cabaña.
- Bienvenido, Naruto.
Mientras el humo de la invocación inversa se dispersaba, Naruto pudo ver que había aparecido en una pradera, casi llana, bordeada a la distancia por una colinas arenosas, mientras hacia lo que suponía era el norte se veía un bosque, menos frondoso de los que rodeaban Konoha:
- Me alegro que te resultara la técnica, Gamakishi, ¿pero dónde se supone que estamos? Tengo entendido que el País del Hierro está cubierto de nieve, y yo no veo nieve por ninguna parte.
- Claro que no, estamos cerca de la frontera norte del País del Viento, junto al País de las Sombras. Si sigues de aquí hacia el oeste deberías llegar sin problemas al País del Hierro.
- ¿Qué tanto, mini-gama?
- Creo que unos cincuenta kilómetros, tal vez un poco más.
- ¡Y porqué rayos me has dejado tan lejos de mi destino.
- Lo siento pero después de este punto el clima se vuelve demasiado frío para un sapo, y yo no estoy abrigado como Fuka-ojiji.
- (molesto, mientras apreta su puño derecho, amenazando al sapo miniatura) ¿Y para eso te ofreciste a traerme?
- No te enojes, que se supone que ibas a buscar a tu amigo en el camino al País del Hierro, ¿verdad? Pues este es tan buen lugar como cualquier otro para iniciar tu búsqueda.
Naruto, ya claramente enojado, se acerca raudo al pequeño sapo para golpearlo por su torpeza. Al notarlo, Gamakishi sólo huye del lugar, sin despedirse, desvaneciéndose en un estallido de humo, de vuelta al Monte Myoboku.
Resignado, Naruto recurre a su senjutsu para poder revisar los alrededores. Logra identificar, a un par de kilómetros al norte, un poblado con suficiente gente como para suponer que pueda encontrar algunas tiendas y, si tiene suerte, algún puesto donde le vendan un plato (o tal vez tres) de ramen caliente.
Pero recuerda su discusión mañanera con Hinata y decide encargarse de aquello, antes que nada.
Busca algún paraje donde acomodarse a la sombra de un árbol. Luego de encontrarlo, recuerda que ya no se encuentra en la tierra de los sapos, por lo que decide crear un par de clones: uno para que vigile la periferia, el otro para que se mantenga en guardia junto a su cuerpo, el que quedará indefenso mientras dure su visita a sus huéspedes internos.
Con sus preparaciones lista, y mentalizándose en la manera en que se deberá disculpar con la muchacha y su odioso acompañante, abandona ese plano para adentrarse en su mente.
Al llegar al lugar, nota que el zorro se encuentra sólo, recostado en el suelo, dormitando (por lo visto, es lo único que sabe hacer ese saco de pulgas -figurativamente hablando-). Llama a la peliazul a viva voz, pero no hay señas de ella por ningún lado. Resignado, se aproxima al Kyubi, esperando que él pueda darle razón de la desaparecida chica:
- Kurama, dime donde está Hinata, necesito hablar con ella.
- Veo que tus palabras suenan más humildes que la última vez, mono.
- ¡Tú deja de llamarme mono, que soy un hombre, no un animal!
- Todos ustedes, seres insignificantes, se ven iguales para mi…
- ¿Acaso Hinata también?
- Tonto ignorante, cualquiera que la viera sabría que ella es muy diferente de cualquiera de ustedes, seres patéticos.
Naruto comienza a sentir que sus celos emergen nuevamente, burbujeando con cada palabra de elogio que la bestia le dedica a la peliazul. Recuerda lo mal que la terminó pasando la última vez, y hace un esfuerzo supremo por calmarse:
- Veo que te ganó con suma facilidad, Kurama. Supongo que tienes debilidad por las mujeres hermosas…
- Y a mi me impresiona la facilidad con que salen las idioteces de tu boca, carcelero. Realmente no comprendo el empeño de Hinata-hime en convencerme de que mejore mi trato contigo, si realmente no vales el esfuerzo.
- (sorprendido por las palabras del zorro, Naruto continúa) ¿Realmente ha hecho eso por mi?
- Si, pero tú te encargas de destruir cada pequeño avance que ella consigue. Felicidades.
- Pues tú no me lo pones nada fácil, Kyubi.
- ¿Porqué tendría yo que facilitarte las cosas? Soy yo quien está prisionero aquí, no tú.
(Punto para Kurama)
- Pero no es porque yo lo haya elegido, ¿verdad?
- No, esos fueron tus padres. Tú sólo te has encargado de volver mi encierro algo miserable todos estos años, insecto.
(Segundo punto para Kurama).
- Pero no fue porque así lo quisiera.
- No, tan sólo te dedicaste a creer las mentiras que todo el mundo ha dicho sobre mi y mis hermanos, albergando así un odio y un resentimiento hacia mi persona que se reflejó en ese inmundo lugar en el que me tenías, un lugar de donde no habría salido nunca si ella no hubiese aparecido y te hubiese abierto el seso, ya que evidentemente tú eras muy tonto como para darte cuenta de todo eso por ti mismo.
(Tercer punto para Kurama, esto ya es goleada… )
Resignado, viendo que no tiene argumentos para rebatir a la bestia, Naruto elige hacer lo que vino a hacer:
- Bien, bien, lamento haberme enojado por todo lo que le has estado contando a Hinata. Comprendo que tal vez mis vergüenzas y humillaciones pasadas no tienen la misma gravedad para ti que para mi, y soy consciente que en realidad cualquier cosa que le digas no tiene como afectarme en el mundo real; es solo que…
- ¿Sólo qué cosa, insecto?
- Que… que me importa mucho lo que Hinata piense de mi, y no quiero que la imagen que ella tiene se arruine por las cosas que le cuentas…
- Creo que puedo entender eso, carcelero. Pero no pienso renunciar a la única pequeña satisfacción que tengo aquí, encerrado. Además, a Hinata-hime le entretienen demasiado tus historias, y no pienso someterla al aburrimiento de privarlas de ellas.
- ¿Realmente no tengo manera de convencerte, verdad, Kurama?
- Ninguna, no tengo aprecio por ti ni siento que te deba alguna cosa; carezco de motivos para considerar siquiera el satisfacer el más insignificante de tus deseos, carcelero.
.
.
.
- Bien, creo que puedo resignarme a eso. Ahora, Kurama, respondeme con sinceridad: ¿Qué sientes por Hinata?
- No entiendo tu pregunta.
- Vamos, no te hagas, me refiero a si te agrada Hinata, ya sabes, como mujer, si es que acaso la pretendes como pareja…
- (molesto, la bestia responde mientras gruñe) ¡Mono insolente, sólo un ser patético y primitivo como tú podría pensar que mis atenciones para con ella tienen un propósito tan bajo!
- ¡Oye, el amor no tiene nada de bajo ni primitivo, para que lo sepas!
- No, pero yo conozco lo que es el amor, lo aprendí de mi padre, y aquello de lo que tú hablas no es sino deseo. No creas que no me daría cuenta, bastante tiempo he habitado dentro de insignificantes humanos como para no haberlo aprendido y saber reconocerlo.
Naruto ha conseguido una respuesta directa de la peor forma posible -humillación de por medio-, pero no puede dejar de sentirse aliviado de que sus temores sean infundados (al menos de parte del Kyubi).
- Bien, ahora, ¡podrías decirme donde está Hinata de una buena vez!
- ¿Porqué tendría que saberlo?
- Vamos, Kurama, sé perfectamente que está aquí. Vine siguiendo su huella de chakra, así que estoy seguro que se encuentra acá, en algún sitio.
- (girando levemente la cabeza, la bestia habla en dirección a su espalda, en tono respetuoso) Lo siento, hime, no puedo hacer más nada para alejarlo.
Mientras observa, Naruto no puede dar fe a lo que ven sus ojos: en la espalda de la bestia, justo donde comienza el cuello de la misma, oculta entre el abundante pelaje de esa zona, surge la peliazul. Por lo visto, la muchacha había estado allí escondida todo el tiempo mientras el rubio y la bestia discutían, escuchando todo. Hinata se nota avergonzada, ligeramente sonrojada; su rostro muestra señales como si hubiese estado llorando hasta hace no mucho.
Con sumo cuidado, la Hyuga desciende del lomo de la enorme bestia, sujetándose con cuidado del pelaje de la misma para llegar al suelo de la habitación. En cada lugar por donde ella pasa, el poderoso chakra que cubre como una capa superficial al animal se aparta, evitando dañarla.
Cuando finalmente llega al suelo, se acerca rápidamente a donde espera Naruto de pie, con pasos rápidos y manteniendo la vista baja, como si fuese una niña pequeña a quien han retado. Una vez junto al rubio, ella se disculpa mientras realiza una notoria reverencia, señalando que nunca fue su propósito espiar mientras decía todo aquello.
Naruto, reaccionando apenas, toma la mano de Hinata, mientras le pide a Kurama privacidad para hablar a solas con ella. El Kyubi, sin convencerse del todo, se aleja hasta el extremo más distante de la enorme habitación.
Una vez solos, la habitación muta, siendo reemplazado el dorado pálido por el blanco perla, desapareciendo la bestia de la vista del joven shinobi.
.
.
.
- Eto, Hinata-chan, yo venia… yo venia… a disculparme por… tu sabes… lo de hace un rato…
Los nervios de Naruto afloran todos ahora que se encuentra en privado con el objeto de sus afectos.
Hinata levanta la vista, con esfuerzo, mientras le responde nerviosa:
- No son necesarias las disculpas, Naruto-kun… comprendo el motivo por el cual te enojaste conmigo… yo… siento haber abusado de tu hospitalidad y de la buena voluntad de Kurama-sama…
- Si, supongo que sabes que reconozco que me excedí con mi enojo. Claro que lo sabes, estabas allí, escuchando.
Hinata enrojece furiosamente, mientras repite tan sólo: "lo siento, lo siento". Naruto continúa:
- Tal vez te extrañe mi actitud con Kurama, sobre todo por lo último que dijimos.
- Lo… de que tú… me… deseas, Naruto-kun…
- Por favor, no lo digas así, que me haces parecer un pervertido.
- (decepcionada, ya repuesta de su vergüenza, la peliazul lo mira al rostro y pregunta) ¿es que acaso no es así? ¿no me deseas, Naruto-kun?
Mientras Naruto oye la pregunta, no puede evitar sentirse acorralado por la ojiperla: ¿cómo es posible que haga una pregunta así sonando como una niña pequeña?
- No es eso, Hinata. Pero no creo poder decírtelo en estas circunstancias.
- ¿Porqué no, si yo ya te confesé mis sentimientos por tí?
- Justamente por eso, sería injusto hablarte de esas cosas si aún no te he dado mi respuesta.
- No es necesario, Naruto-kun, ya la conozco.
- (asustado, sintiendose descubierto, el rubio pregunta) ¿En serio, cómo, cuándo?
Hinata se aleja unos pasos del joven, luciendo triste. Aunque no le gustaría, debe reconocer que ella misma ha empujado al objeto de su amor a este punto, y no puede evitar responderle:
- Mi intención original siempre fue, en caso de que muriera prematuramente, el llevarme mis sentimientos a la tumba. Me avergonzaba que supieras que fui una cobarde tratándose de mi amor por ti, y no quería que te quedaras con esa imagen mía. Por eso la carta que te escribí. Pero una parte mía siempre quiso que lo supieras, aún cuanto no guardara esperanzas de ser correspondida. Creo que no podía dejar de imaginar que tú, al oír mi declaración, mágicamente te olvidaras de tus sentimientos por Sakura-san y te fijaras en mi.
- Hinata…
- Esa parte fue la que se reveló el día de la pelea contra Pain, la que me hizo confesártelo todo por temor a que tu o yo pudiéramos morir ese día.
- Entiendo...
- Luego pasó lo que pasó, quede encerrada dentro tuyo y pude ver todos tus sentimientos por mi muerte, desbordados. Vi tu dolor, y tu culpa; vi tu sentimiento de pérdida y tu resentimiento contra aquellos que creías responsables por mi muerte (partiendo contigo mismo). Pero no vi amor, no como el que yo sentía por tí: pude ver que me apreciabas, que aquello que ibas oyendo de mi por parte de todos hacía mella en tu imagen de mi persona; pude sentir tu gratitud e, incluso, que una parte de ti me encontraba atractiva físicamente (como sabía que le resultaba atractiva a muchos chicos por mi físico, lo cual siempre me incomodó y me hizo elegir vestir como lo hacía). Pero en realidad no había amor, no como hubiese deseado que me amaras, Naruto-kun…
- Pero, Hinata, yo…
- (interrumpiendo) Déjame terminar, Naruto. Cuando vi tu beso con Sakura, pude notar el placer que sentiste a su sólo contacto, lo mucho que te agradaron sus palabras. Y no me repliques, sé perfectamente que te diste cuenta que no la amabas como creías (ya que si así hubiese sido no la habrías dejado sola), pero pude comparar ese beso con el compartiste con mi cuerpo, y comprendí que si yo hubiese estado viva probablemente ni eso hubiese conseguido de ti. De la misma manera en que alejaste a Sakura porque no la amabas tanto, a mi me hubieses simplemente ignorado; comprendí que ese único beso no fue más que un deber que cumplías, y esa certeza me dolió como no imaginas. Luego, cuando tuviste esa noche de borrachera con los sapos…
- La que supuestamente no recordabas lo ocurrido, ¿cierto?
- Perdón por esa pequeña mentira. Como decía, en aquella noche, entre constantes justificativos de que no era realmente tu esposa, que nunca hubo ni podía haber habido algo entre nosotros y que habías aceptado un compromiso falso por consideración al deseo póstumo de una amiga, mencionaste lo mucho que te incomodaba el haber rechazado la propuesta de Sakura-san y la enorme culpa que sentías por mi muerte, mientras elogiabas mi figura y mis buenos sentimientos, señalando lo mucho que extrañabas a Hinata, tu amiga perdida.
- Pero no…
- En ese momento mi deseo fue simplemente desaparecer, perdida dentro de tu mente. Si no me hubieses encontrado ese día, en tu búsqueda de Kurama, nunca más habría vuelto a presentarme ante ti. Habría dejado que pensaras que nuestro primer encuentro no fue nada más que un sueño. No necesitas preocuparte por mi relación con el kyubi, Kurama-sama lo único que ha hecho es cuidarme. Ahora, por favor, déjame sola…
Naruto ve a la joven, que le da la espalda y se sienta, ocultando su rostro entre sus piernas, mientras suspira, agotada. Él se niega a dejar las cosas así:
- No pienso irme, Hinata, y exijo que me escuches de la misma manera en que yo te he escuchado.
- (sin mudar su posición, la peliazul responde) Entonces habla…
- Tienes razón en todo lo que dijiste, no puedo negarlo. Pero las cosas no son sólo como lo que has visto. Pero necesito saber que me estas escuchando, creo que me lo merezco después de permitir tus quejas.
Hinata levanta su cabeza y, todavía sentada, se gira para mirar al rubio mientras él hace su alegato. Naruto no puede evitar verla al rostro, entre serio y molesto:
- Bien, resulta claro que nuestras relaciones eran mínimas antes de todo lo acontecido. Reconozco la parte de culpa que tengo en todo eso. También reconozco que mi obsesión con Sakura-chan me impidió verte, a ti o a cualquier otra chica, como posible pareja. Pero si algo tienes que concederme es que siempre tuve un buen concepto tuyo y que tus virtudes siempre me fueron evidentes.
- De la misma forma en que las tuyas lo fueron para mi, Naruto.
- No pretendo obtener la ventaja en todo esto, sólo equiparar un poco la cancha. Como decía, siempre te consideré alguien especial.
- Gracias.
- De nada. Ahora, tienes que entender que tu confesión me pilló en un muy mal momento, y no puedes pretender que con todo lo que ocurrió después hubiese podido procesarla como lo habría hecho en circunstancias normales. De allí que considero injusto que asumas que yo simplemente hubiese ignorado tus palabras, no me considero tan frío para algo así, menos si esas palabras vinieron de alguien que era más que una simple amistad.
- Pero…
- Pero nada, que es mi turno de hablar, Hinata-chan. Luego de tu muerte, pude conocerte de una forma en que nunca te había conocido, y no puedes pretender pensar que todo eso no ha hecho mella alguna en mi concepto de ti, no cuando creo que mis celos han sido más que evidentes en relación a tu trato con el Kyubi.
- (sonrojada, Hinata replica) Lo se, pero no podía pensar que esos celos eran debido a que sintieses algo diferente por mi a lo que ya sentías.
- Ese es tu error. Eres una pejuiciosa, Hinata-chan (el rubio simula una voz seria, como si la retara). Creo que he sido suficientemente claro en nuestros encuentros de lo que me produce tu cercanía, y no creo que no hayas notado mis pensamientos sobre ti luego de que te encontré aquí dentro y me pude percatar que no eras un mero producto de mi imaginación.
- En realidad, Naruto-kun, no he podido ver tus emociones de la misma manera que antes, no desde que me llevaste a la parte más profunda del sello, junto al Kyubi.
- (mirándola fijamente, con ceño de duda) ¿Lo dices en serio, Hinata? ¿No me estás mintiendo como cuando negaste haber visto lo que dije con los sapos?
- ¡Claro que no, Naruto-kun! ¡Te lo juro por lo más sagrado!
El joven no puede evitar respirar, aliviado. Por lo visto, sus dudas y temores no han quedado expuestos ante la bella peliazul:
- Si es así, creo que me merezco una oportunidad de cambiar la percepción que tienes de mi, así como que tú cambies la que tengo de ti, ¿o no crees que sea necesario?
- Si lo crees así, pero no se me ocurre como.
- Como que no, si es obvio: te me declaraste, nos besamos, lo que sigue es una cita.
- ¿Una… cita… ?
- Si, pienso que me la he ganado.
La entereza de la chica finalmente cede, sonrojándose furiosamente ante la idea. Naruto, satisfecho con el efecto que sus palabras han causado en ella, sólo espera.
Finalmente, después de unos instantes, aún sonrojada, ella responde:
- Supongo… que si quieres… Pero no sé como podemos hacerlo, si estamos dentro de tu cabeza.
- Si, estuve pensando en eso. Por lo visto no puedo arreglar este espacio a mi antojo, pero podemos, no se, sentarnos y conversar sobre lo que sea, hacer el payaso, bailar… entrenar un poco. Tan sólo dime.
- Podríamos entrenar un poco, juntos. Es algo que siempre quise hacer contigo.
- Claro, nos serviría para comenzar. Pero exijo que sea en privado; no aceptaré que en nuestra primera cita esté presente esa bestia peluda haciendo de mal tercio. Y tú estás harto grandecita para necesitar chaperón.
- (riendo, la chica responde) Supongo que tienes razón, pero sabes que Kurama igual se enterará de lo que sea que hagamos, verdad.
- Lo sé, pero mientras tu odioso nuevo tío no se meta en lo que hagamos juntos, poco me importa que lo sepa.
Mientras asiente con su cabeza, en silencio, la Hyuga se pone en la postura de pelea tradicional de su clan, activando su byakugan. Naruto, emocionado y agradecido de la oportunidad que le ha brindado Hinata, se pone en posición, dispuesto a dejarle claro a la chica que él es un hueso duro de roer.
Más lejos, mientras descansa en su espacio personal, el Kyubi se queja murmurando sobre los tontos humanos y sus tontos problemas.
Cuando finalmente vuelve al mundo real, una hora después de iniciada su cita, el rubio se sorprende al notar que el árbol en que se encontraba apoyado se encuentra ahora derribado, mientras a varios metros alrededor marcas profundas, como zanjas en el suelo, que antes no existían ahora son evidentes. A unos veinte metros, uno de sus clones le observa, para acercarse ahora que lo ve reaccionar. No hay señas del otro.
Su clon le explica que se encontraba patrullando, como le fue encomendado, cuando sintió ruidos como de pelea en el lugar donde el original se encontraba. Al regresar, vio como el primer clon, el que había quedado de guardia junto al cuerpo de Naruto, era despedazado por una ráfaga de chakra que emanó del cuerpo en reposo. Otras múltiples ráfagas, que aparecían de tanto en tanto, marcaron el suelo y golpearon al árbol de tal manera que terminaron derribándolo. Por su parte, el clon se tuvo que mantener a una distancia segura para evitar el mismo final del otro y así cumplir con su misión asignada.
Mientras deshacía el clon restante, el rubio pudo ver en sus recuerdos la feroz forma en que su chakra azotó los alrededores. Supuso que había sido durante su cita de entrenamiento con Hinata. Por lo visto, a eso se refería el Gran Sapo Sabio al advertirle que tuviera cuidado con lo que hacía dentro de su cabeza. Procuraría en el futuro alternativas más relajadas para sus juntas con la ojiperla.
Aprovechando el buen clima, y calculando que faltaba ya poco para mediodía, guardó su capa de viaje y sus armas en su mochila, y siendo cuidadoso con ante posibles espías y curiosos se disfrazó con un henge, adoptando su forma femenina (que suponía desconocida por esos lares).
Así, más animado que nunca, se dirigió en busca de unas cuantas mudas de ropa interior y poleras y una buena ración de ramen (o cualquier otra cosa que saciara su apetito).
Mitarashi Anko se encontraba caminando, acompañada de un equipo de otros cuatro jounin de Konoha, quienes aprovechaban de buscar un hospedaje que le sirviese para descansar esa noche, ya que partirían durante la mañana siguiente con rumbo al País de la Hierba, tras las huellas de Kabuto.
La información sobre el último discípulo de Orochimaru eran muy extrañas. Aparentemente había estado recorriendo cada una de las naciones elementales, recolectando tesoros, saqueando tumbas y destruyendo una por una las guaridas secretas de su difunto maestro. Su última parada había sido el desierto de Suna, en un bosque donde, según la información que manejaba, había tenido lugar la batalla en que ninjas de Konoha habían luchado contra Akatsuki y rescatado a Kazekage-sama. Desde allí lo habían rastreado hasta la propia aldea de Sunagakure, para luego seguirlo en dirección norte nor-oeste. Creyeron poder atraparlo antes de entrar al País de las Sombras, pero le habían perdido el rastro definitivamente hace varios kilómetros. Finalmente, luego de peinar los alrededores, se encontraron con un par de aldeanos que aparentemente le habían visto hablar con un sombrío viajero, a quien le habría indicado que se dirigiría a la Hierba.
Afortunadamente la alianza existente entre Suna y Konoha le permitía esos paseos a su equipo por todo el país, por lo que no habían necesitado de disfraces para escabullirse ni mantenerse alejados de centros urbanos, obligados a vivir en la intemperie. Y ahora, luego de tres días de agotadora e incesante marcha, se tomarían varias horas para reponerse y planificar la siguiente etapa de su cacería, junto a su equipo.
Por lo mismo, y encontrándose tan lejos de Konoha, se sorprendió cuando creyó haber visto a Uzumaki Naruto, disfrazado como su versión femenina, disfrutando un plato de ramen de un puesto callejero. Cuando pasó al lado del puesto no le dio importancia a la visión; luego, un par de segundos después, reaccionó ante lo que podía significar lo visto, pero al retroceder para verificar su descubrimiento no pudo encontrar nada: ni Naruto, ni plato de ramen; tan sólo unas monedas abandonadas en el puesto, sobre el mesón donde se servía la comida. Frustrada, regresó con su grupo, mientras se excusaba con sus compañeros de equipo, que le esperaban, señalando que el cansancio le hacía ver cosas. Rápidamente, coincidiendo todos acerca de lo agotados que se encontraban, se arrimaron a la primera posada que encontraron.
A unos metros de distancia, oculto a la vuelta de la calle, tras un poste, Naruto observaba a la siniestra jounin alejarse con sus compañeros ninjas, mientras respiraba aliviado. Recordaba la advertencia hecha por Kakashi-sensei, por lo que no se arriesgaría a toparse con ninjas que fuesen de su propia aldea. Terminando de un sorbo su ramen, la quinta ración que se servía, esperó a que los shinobi traspasasen las puertas de aquella posada para volver y, sigilosamente, devolver el cuenco de sopa vacío a su tendero, para luego alejarse lo más rápido posible del poblado.
Luego de cuarenta minutos de correr, lejos de cualquier posible perseguidor, Naruto se acomodó en el suelo de la pradera, junto a un riachuelo.
Decidido a comenzar su autoimpuesta misión, rebuscó en su mochila hasta que encontró la bolsa donde había guardado el protector ninja de Sasuke, en donde también había metido el pergamino de invocación del perro rastreador, que le había hecho llegar Kiba por medio de su sensei.
Tomando el pergamino, lo abrió para poder utilzarlo, cuando notó que del interior del rollo caía una nota manuscrita, que en una de sus caras decía: "Para Naruto". Al otro lado, escrita en letra muy menuda, decía:
"CÓMO USAR EL PERRO RASTREADOR INUZUKA (INSTRUCCIONES PARA TONTOS):
1°) Abra el pergamino en su totalidad y extiéndalo sobre el suelo.
2°) Concentre su chakra en su mano dominante (la que más habitualmente ocupe).
3°) Con el chakra en su mano, abra la palma de la misma y sitúela sobre el centro del sello escrito en el pergamino. Si el sello no es visible, voltee el pergamino, dejando el lado con el sello dibujado mirando al cielo.
4°) Con la mano cargada de chakra sobre el sello, pronuncie la palabra "Kai", concentrándose en hacer funcionar el sello.
Si lo ha hecho correctamente, líneas de tinta se proyectaran desde el sello hasta medio metro al frente de su posición actual, en donde aparecerá al instante, en una nube de humo, el perro asignado.
Si dicho perro no aparece, verificar que la mano ha quedado correctamente colocada en el centro del sello de invocación, y que se ha utilizado chakra suficiente en el proceso.
5°) Si la misión ya ha sido completada o desea relevar al perro, tan solo borre el nombre del mismo del pergamino pasando su dedo sobre él (como si fuese una goma de borrar). El perro se des-invocará instantáneamente.
ALCANCES SOBRE LOS RASTREADORES INVOCADOS:
a) Una vez invocados, aparecerá el nombre del perro asignado sobre el pergamino, escrito al lado derecho del sello. Si bien no es necesario usar su nombre, el can agradecerá ser tratado con esa mínima cortesía. NO SEA GROSERO (COMO LO ES HABITUALMENTE).
b) Sólo se le pueden encargar misiones de rastreo (encontrar algo o alguien), seguimiento (mantenerse a una distancia dada de un blanco ya ubicado) y recuperación (buscar objetos de tamaño tal que pueda tomar con su hocico y llevarlos de regreso a su invocador). NO USAR EN COMBATE NI PARA FINES LÚDICOS.
c) El perro ha sido entrenado para entender instrucciones claras y directas. También puede, si cuenta con la habilidad necesaria para ello, conectar su chakra con el del animal y transmitirle una imagen mental de lo que desea que haga. SI ES INCAPAZ DE HACERLO NO LO INTENTE Y LIMÍTESE A DARLE INSTRUCCIONES VERBALES (O SEA, CON PALABRAS AUDIBLES -NO ESCRITAS-).
d) El perro conseguirá su propia comida y agua mientras se encuentre en misión. NO LE ESTORBE CUANDO SE ENCUENTRE EN ESAS TAREAS Y NO LE QUITE LO QUE HAYA CAZADO PARA SI MISMO. TAMPOCO LE DE COMIDAS EXTRAÑAS O NO PROBADAS EN CANES (COMO RAMEN INSTANTÁNEO Y BASURA SIMILAR).
d) Si la misión ha terminado y desea conservar al animal como compañía: NO LO HAGA. NO SEA EGOÍSTA Y PERMITA QUE EL PERRO VUELVA A SU CANIL, EN DONDE SERÁ ASISTIDO POR PERSONAL COMPETENTE Y CONTARÁ CON VERDADERA Y MUCHO MÁS AGRADABLE COMPAÑÍA."
Si bien le resultaba molesta la broma del Inuzuka, se sentía agradecido porque él, al menos, podía conservar el sentido del humor en medio de todo lo ocurrido.
Guardó con cuidado las instrucciones para luego invocar al can. Apareció un Beagle, blanco de lomo negro y café, claramente adulto y mucho menos juguetón de lo que se esperaría de un perro de esa raza.
El can, que según el pergamino se llamaba "Snoopy" (lo que evidenciaba claramente su condición de perro normal -no ninken-), esperaba las instrucciones de su invocador. Naruto le ofreció para olfatear la banda de su perdido amigo, pero el perro permaneció inmóvil.
Después de un par de minutos en que el rubio jounin esperó a que el perro se moviera de su posición, se percató de que todavía no le había dado instrucción alguna. Sintiéndose un tonto, lo llamó por su nombre, indicándole olfatear la prenda, lo que el perro hizo de inmediato. Luego, dudando si el perro entendería una orden tan compleja, le mandó a buscar al dueño de dicha prenda, manteniéndose a no más de diez ni menos de cinco kilómetros de su posición. Extrañamente, el perro solo ladró una vez y salió corriendo a altísima velocidad (como Akamaru cuando patrullaba con Kiba).
Suponiendo que el perro había entendido las instrucciones, Naruto creó diez clones, ordenándoles que se repartieran en los alrededores y, de paso, verificando la manera en que el perro cumplía lo solicitado. Los clones de sombras adoptaron el modo sennin y siguieron la firma de chakra del can, que ya se perdía de vista.
.
.
.
Naruto pasó el resto del día corriendo en dirección a donde se suponía se encontraba el País del Hierro, buscando con ayuda de su modo sennin el chakra de Sasuke, deteniéndose para ello cada par de kilómetros.
Cuando ya caía la noche se detuvo a montar su campamento en una pequeña arboleda. Muy a la distancia, se veían unas colinas nevadas, que suponía serían parte de su destino, lo que verificó con un catalejo que había comprado en el pueblo que visitó al mediodía. Decidido a pasar la noche en ese lugar, creó veinte clones más, a fin de que partieran en todas direcciones, hasta el amanecer, para que con la información que recolectaran sobre el paraje y sus alrededores pudiera hacerse una idea más exacta de la geografía del lugar y de los caminos y senderos existentes.
Luego de capturar un conejo en unos matorrales cercanos, prendió un fuego para poder cocinar su carne, a fin de tener algo de cenar.
Mientras el animal se cocía a las llamas de la fogata, pudo notar algo que no pensó encontrar allí: una pequeña mariposa blanca, que volaba dificultosamente. No pudo evitar la tentación de tomarla entre sus manos, a fin de permitirle descansar. Sin embargo, al alcanzarla, pudo notar, extrañado, que la pequeña no era un ser vivo, sino una figura de papel.
No tuvo tiempo de pensar en el significado de aquel descubrimiento, porque en el momento que la mariposa tocó su piel, se deshizo en pequeñas partículas blancas que se elevaron en el cielo, en donde, a unos cinco metros de su posición, surgió un torbellino de papeles que se detuvieron al momento, fusionándose para formar una silueta ya conocida por el joven.
Konan, la superviviente de los tres huérfanos del País de la lluvia, la compañera de Pain, se había materializado ante él, y le miraba desde el cielo, con sus alas extendidas.
