No puedo creer que no se decidan.
Si siguen así, habrá un quinto final, ¡Eh!
Pero esto sólo pasará si para el tercer capítulo con Lysandro, rebasan los 150 Reviews.
Es un reto para ustedes niñas e-e ¡Por ahora! Les traigo el final con Nath.
Disfruten.
Mi cuerpo pesaba. Mis párpados se sentían como si fueran pesas, simplemente no quería abrirlos, pero quería despertar. Quería hablar, pero mi boca no se movía. Tenía hambre, quería comer, pero ni mis manos podía mover.
-Muchacho, ya es de madrugada. Deberías irte a descansar, no has dormido en dos días. Ella aun no despertará. –La voz de… Papá. ¡Papá estaba aquí! ¿Pero dónde estaba yo? Sentía un dolor en mi brazo izquierdo, como un piquete punzante… Era suero, seguramente. ¿Estaría en un hospital?
-No me quiero ir hasta que despierte. No me iré, señor. –Esa voz… Mi corazón se aceleró cuando recordé lo que había pasado en la playa. Mi lombriz… ¡Nathaniel! -¿P-por qué se aceleró su ritmo cardiaco? –La voz del rubio sonaba preocupada, sentí su mano sujetar la mía. ¡Estoy bien, Nath, no te preocupes! No podía decirle. Intenté mover uno sólo de mis dedos, era tan difícil.
-Llamaré a la doctora. –Dijo papá, y escuché la puerta cerrarse. Todo se quedó en silencio de nuevo, sólo se escuchaban los aparatos monitoreando mi corazón ahora acelerado, mi dificultad para respirar y la respiración nerviosa de Nathaniel. Pero todo eso fue interrumpido, cuando se escucharon sollozos. ¡No!
-Twi… No quiero que te pase nada… Yo… -Su mano se posó sobre mi cabeza. Acarició mi mejilla con suavidad, con ternura, como si fuera a romperme. –Te amo… Te amo como no tienes idea… No me importa si este bebé no es mío… Yo lo cuidaré… Pero ponte bien, hermosa… Ponte bien… -Sus sollozos volvieron a escucharse. Lloraba por mí. Quería llorar también. Sentí entonces un peso en mis labios. ¡Estaba besándome!
Nathaniel, mi Nathaniel. Quería corresponder el beso, pero ni eso podía. Susurró contra mis labios. –Te amo… Siempre te amaré…-
Y después, mis oídos dejaron de escuchar algo.
De nuevo, pequeños sonidos invadían mi cabeza, poco a poco se iban haciendo más fuertes. Eran dos voces, discutían. Pronto se fue aclarando todo. Mis parpados seguían pesados, pero poco a poco pude abrirlos, apenas una parte.
-¡Regresa a casa! ¡Llevas días aquí! No comes, no duermes, ¡Sólo por esta zorra idiota! Si sabes que su hijo podría ser de cualquiera, ¿Qué te hace pensar que es tuyo? ¡JA! Sólo se aprovecha de eso, es una zorra de lo peor. –Un sonido fuerte retumbó en la habitación.
Le había dado una cachetada, que la había tirado al piso. Ella comenzó a chillar.
-N-Nathaniel… ¿Qué has…?-
-¡ME TIENES HARTO! –Gritó con furia. Vi apretar sus puños, sus ojos miel, tan hermosos y encantadores, perdieron su brillo. Se veía aterrador. Respiró agitadamente de lo furioso que estaba, pero volteó a verme, y cuando notó que parpadeaba, corrió hasta donde estaba, sujetando mi mano.
-¡Twily! Estás despierta, ¿Cómo te sientes? –Ámber se levantó del piso, estaba llorando y tenía su mejilla roja.
-No te repetiré dos veces… Es ella… O soy yo… -Miré a Nathaniel débilmente. Estaba sufriendo. Quería a Ámber, pero ya no lo soportaba. Se enderezó, sin soltar mi mano, y volvió a poner esa mirada aterradora.
-Siempre ha sido ella. No te necesito. No necesito a nadie más que a ella. Así que vete, no te aparezcas de nuevo por aquí, o te voy a matar. –Su voz era terrorífica. Ella salió, llorando y dando zancadas. Suspiré cuando se fue, y gemí con debilidad ante el dolor que sentí en mi vientre y en todo mi cuerpo.
-N-Nah… Nath… ¿Mi…? ¿Bebé…? –Sentí ganas de llorar, ¿Por qué me dolía? ¿Estaba bien? Ámber lo había mencionado, así que…
-Tranquila, no pasa nada. –Sonrió con suavidad. Estaba más delgado, con ojeras, realmente no había dormido en días. –Él está bien. Y tu también. Sufriste hipertensión y tus niveles de azúcar estaban muy bajos, por eso estuviste en reposo por tres días, aproximadamente. Pero ya despertaste… -Sonrió, aliviado.
-Me… Me duele… -Mi voz estaba ronca, me acostumbraba a emitir sonidos, mi lengua se sentía dormida. ¡Wow! Como si me hubieran arrollado 3 autos al mismo tiempo.
-Sacaron ADN del bebé… Deben saber de quién es el padre… -Sus dedos jugaban con los míos. Recordé lo que había pasado, su plática con mi padre, el beso, pero estaba muy borroso. ¿Lo había soñado?
-¿Mamá…? ¿Mamá y papá saben de lombriz? –Subí un poco el nivel de voz. Me escuchaba mejor conforme hablaba. Asintió.
-La doctora se los dijo. Tu padre se enfureció, y peor porque no sabemos aún de quién es… Pero ya está más tranquilo, fue a ducharse y a desayunar con tu madre. Regresarán en un rato. –Levanté mi brazo con dificultad. Toqué su mejilla.
-No has comido… Ni dormido… - Suspiró hondo, como reprimiendo lágrimas.
-¿C-cómo…? ¿Cómo iba a poder dormir sabiendo que al despertar podría no verte? –Sollozó. Mordió su labio, con vergüenza por llorar. –Yo… No podría, no podría vivir si algo te pasara… -Comencé a sollozar también. Se preocupaba tanto por mí… Me miró o sonrió, secando mis lágrimas con suavidad. –No mi amor, no llores… -Abrió los ojos cuando se enteró de lo que había dicho, se sonrojó. –Perdona… Quise decir… -Lo interrumpí, besándolo con suavidad. Correspondió el beso, moviendo sus labios con ternura. Alguien aclaró su garganta y nos separamos inmediatamente. Miré a la puerta, era la doctora acompañada de mis padres. Sonreí un tanto avergonzada, y mamá corrió a mi lado llorando como magdalena.
-¡Cariño! ¿Estás bien? ¡Estábamos tan preocupados por ti! –Reí levemente. Poco a poco, los dolores desaparecían.
-Estoy bien, mamá. Gracias por preocuparse….-
-¿Por qué demonios no nos dijiste que estabas embarazada? ¡Fue por la estúpida fiesta en la playa! ¿Verdad? –Papá sonó furioso. Cerré los ojos, y mi tía entró, dispuesta a defenderme como siempre.
-A ver Felipe, bájale ya, ¿No ves que mi sobrina está aun débil para escuchar tus reclamos? Lo quieras o no ahora está esperando, y no puedes hacer nada más que aceptarlo. –La voz intimidante de mi tía hizo retroceder a mi padre. Ella también se colocó a mi lado, como mamá. Nath veía en silencio, pero no hablaba, como todo chico respetuoso.
-¿Y qué quieren que haga? –Él seguía molesto. -¡Deberé trabajar horas extra para mantener a ese niño y…!
-No será necesario, señor. –Nath interrumpió, y se levantó. –Yo me haré cargo del bebé. –
-Pero… ¿Cómo puedes estar seguro que es tuyo? –Mamá miró al rubio curiosa. Yo también lo hice.
-Eso no me importa. Sea de quien sea, en caso de que el verdadero padre no se quiera responsabilizar, lo haré yo. –Lo interrumpí.
-¡No! ¡Vas a arruinar tu vida por mí! No es justo. ¿Por qué quieres llegar a tanto? –Todos se quedaron en silencio. Él se agachó hasta estar a mi altura, y sonrió muy tranquilo.
-Porque te amo. Y te quiero sólo para mí. Si pasara lo contrario, mi vida se arruinaría. Déjame estar a tu lado…-
-Espero que tú seas Nathaniel. –La doctora habló por primera vez desde que había llegado. Todos callaron.
-¿Eh…? ¿Por qué pregunta? –La miramos.
-Porque de lo contrario, tú no serías el padre. –Parpadeé. ¿Cómo? –Traigo los resultados de la prueba de ADN; y coincidió con la de un tal Nathaniel. ¿Eres tú? –Abrí la boca sorprendida. Miré a Nath, sus ojos estaban tan abiertos que casi se salían de su rostro. Pero después, sonrió, y no pudo evitar sollozar de nuevo. Esta vez, de felicidad.
-Si… Si, soy yo… -Me abrazó con fuerza. Yo lo abracé igual, acariciando su cabello.
-Te amo… -Le dije yo esta vez. La doctora se acercó con mis padres, y me mostró las hojas con los resultados. Efectivamente, el nombre del ojimiel estaba escrito en ellos. No podía ser más feliz.
Cuando todos se enteraron que Nath era el padre, el instituto se volvió un revoltijo. Castiel le había deseado suerte a Nath, diciéndole: "Con lo tonta que es, no la soportarás ni 10 días".
Creído.
Pero habían pasado 4 meses, y el rubio era el chico más protector y encantador del mundo. No había dejado de ir a la escuela a pesar de mi embarazo, pues quería terminar ese grado de estudios al menos. No me había topado con Ámber en todo ese tiempo, como si no fuera a la escuela o evitara a su hermano, pues siempre estaba conmigo. Ese día, me la encontraría de una manera u otra, pues conocería a los padres de mi prometido.
Pero eso sería al salir, pues aun estábamos en el instituto. Suspiré con pesadez, bostezando. Estaba en la sala de delegados, las clases habían terminado, pero Nath debía terminar algunos documentos, y me tenía prohibido regresar sola a casa. Me recargué contra la mesa y cerré mis ojos. Escuché su risita, y lo miré. Él no despegaba la vista de esos papeles.
-Pareces una gatita cuando ronroneas por el cansancio. –Sonreí. Mirarlo trabajar era entretenido, pero últimamente tenía mucho sueño.
-¿Te falta mucho?... –Sonaba como si acabara de levantarme.
-No mi amor, ya casi termino. ¿Estás aburrida? –Me estiré, bostezando una vez más. El instituto estaba casi solo.
-¿Siempre te quedas a estas horas después de clases? –Asintió. -¿Tú sólo? –Volvió a reír.
-Si, no es nuevo para mí quedarme hasta tarde. –
-¿Y no es más fácil llevarte el trabajo a casa? –Lo miré curiosa.
-El punto de ser delegado, es alejarme de mi casa. Quiero hablarte de eso. Mi familia es… Como mi hermana. –Hice una mueca. –Amor, no quiero que te sientas ofendida si llegan a decirte algo. Aun no aceptan que me casaré tan joven, pero ya no hay marcha atrás. Quería avisarte. Siempre voy a defenderte, pero aun así no quiero que te sientas mal. No los perdonaré si te ofenden. –Bajé la mirada, pero luego sonreí.
-No importa, mi papá también te ha ofendido muchas veces. Y tú actúas como si nada. –Reí.
-Preciosa, actuaré igual si nuestra hija sale embarazada así. –Acarició a lombricita mientras sonreía. –Te quieren, y eso es aceptable. Los míos, actúan como idiotas porque sí. –Suspiré hondo. Pobrecito. Me levanté y deposité un suave beso en sus labios, que él correspondió.
-Mmh… -Interrumpió nuestro beso. –Déjame terminar esto para irnos ya. ¿Sí? –Asentí. Caminé a la puerta. -¿A dónde señorita?
-Quiero ir al baño. No me lo puedes negar. –Reí. Me miró riendo, pero después regresó de nuevo a los papeles.
-Con cuidado, cualquier cosa grítame. –
-Si, sí – Salí de la sala y caminé un par de metros hasta el baño. Al salir, casi pego un grito al ver a Ámber enfrente de la puerta, con una mirada asesina. -¡Eres una idiota! Casi me matas de un susto. ¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres?
-Voy a matarte, pero no del susto. ¿Crees que puedes enredar a mi hermano con un bebé? ¿Crees que te lo puedes quedar? ¡Él es mío! Siempre ha sido mío. –Comenzó a llorar, sin quitar esa mirada. Caminé hacía atrás, un tanto asustada. ¡Estaba loca! –Yo… Yo lo amo… ¡Siempre lo he amado! No como un hermano, sino como el hombre con el que quiero pasar el resto de mi vida… -
-Bromeas, ¿Cierto? ¿Cómo puedes decir eso? ¡Estás enferma! –Le grité. -¡Nathaniel es tú hermano! Y siempre será solo eso. Así que deja de perseguirlo, nunca se fijará en ti. Y no es por el bebé, simplemente, me ama, y a ti te odia. ¡Nunca será tuyo! Has perdido contra mí. –Sonreí, victoriosa y con arrogancia. –Así que "jaque mate", cuñada. –Ella gritó con furia. Sacó entonces un cuchillo, y quiso encajarlo en lombriz con rapidez.
Pensé que todo había terminado ya, realmente me va a matar.
Cerré los ojos y esperé esa punzada de dolor de muerte, pero nunca llegó.
Abrí los ojos, y Nathaniel sujetaba el cuchillo.
¿¡Cómo demonios se lo había quitado!?
-¿Intentabas hacerle daño a Twilight? –Su voz sonaba como poseída. Respiré agitado. Nath… Ámber lloró.
-¡Te amo Nathaniel! ¡Te amo! –
-No voy a matarte. Enfrente de ella. No mancharé mis manos de sangre por ti, no vales la pena. –le aventó el cuchillo, hiriéndola en la pierna. –Me das asco. ¡Me repugnas! ¡Y realmente quiero matarte! Pero por la mujer que amo, no lo haré. Ya no soy tu hermano. No eres nada. Vuelve a intentar tocarla, y esta vez no me importará, y te mataré. Es la única advertencia. –Me sujetó con fuerza de los brazos, jalándome lejos de ahí. Intenté zafarme, pero sólo hizo su agarre más fuerte.
-¡N-Nath! Me lastimas… -Me quejé. Me soltó rápidamente, jadeando. Sus puños estaban apretados, y sus dientes rechinaron. Estaba muy furioso. –Amor… Estoy bien…-
-¿¡Te imaginas si no hubiera llegado a tiempo!? ¡No lo soporto! ¡No quiero perderte nunca! ¡ESA HIJA DE PUTA! –Me gritó.
-¡Nathaniel! –Le regresé el grito, haciendo que me mirara. –Entendió. –
-¡No es verdad, nunca parará hasta que…! –Jalé su rostro, acercándolo al mío para tranquilizarlo. Ese era su lado compulsivo. [N/A: Yandere.]
-Nath. Entendió. –Le dije una vez más. Volteamos a ver a Ámber a lo lejos. Aun lloraba, pero el cuchillo que traía antes, ahora estaba en el piso, alejado de ella. Estaba arrepentida. –Enserio te quería. Te pedirá disculpas, y poco a poco podrá sobrellevar esto. No hay que abandonarla. –Suspiró hondo y me abrazó. Correspondí el abrazo, y sin decir una sola palabra, fuimos a ayudar a la rubia.
Ésa fue la última vez de Ámber la malvada.
-¡Mira qué lindo se ve! Sonríe, sonríe. –El pequeño Nathan reía en los brazos de su padre. Estaba vestido de un tierno Pikachu, realmente encantador… Como su hermana, Natalia. –Son los gemelos más guapos del mundo. –El rubio estaba encantado con ellos. Tenían ya 2 años de edad, ambos eran risueños y un poco berrinchudos. Natalia tenía el cabello anaranjado y los ojos de su padre, y Nathan era rubio con ojos rosas.
Simplemente, hermosos.
-Dile a mami que es bonita, dile. –El pequeño hizo un sonido intentando imitar las palabras de su papá. Apenas y lo logró, pero igual aplaudí. Nos habíamos quedado congelados cuando supimos que eran dos lombrices y no una, pero estábamos muy felices.
Todos habían ido a nuestra boda. Castiel ahora tenía novia, una chica de pelo oscuro y ojos violeta, muy linda e igual de tsundere que él. No se soportaban, pero se amaban.
Lysandro también tenía novia. Alice, una chica de pelo claro como el de Lys, y con un estilo tan extraño como el suyo. Tímida y muy encantadora.
Y yo tenía a mi lindo rubio, para siempre.
Cuando los pequeños finalmente se durmieron, Nath y yo fuimos a nuestra habitación. Él se sentó en la orilla de la cama con una sonrisa, y esperó durante un rato hasta que yo saliera del armario. Y cuando salí, emitió un silbido coqueto mientras se sonrojaba.
Estaba vestida con una lencería de encaje color negro, medias, botas de tacón (Al estilo de Rosalya) y por supuesto, una colita blanca y unas orejas de gato haciendo juego. ¡Me encantaba excitarlo así!
-Nyaaa, ¡Juguemos, Nath-kun! –Hice una pose de gato mientras él sonreía. Me acerqué a él gateando, comenzaba a hacer reacción en su entrepierna. Cuando llegué hasta él, me enderecé y besé sus labios con pasión. Él comenzó a tocar mi cuerpo, comenzando con mi espalda y bajando hasta mi trasero, apretándolo y haciendo que me sentara sobre él, sin dejar de besarme. Se recostó en la cama, y yo subí un poco hasta quedar mi entrepierna en su boca, por lo que empezó a chuparme, humedeciendo las bragas al instante. Suspiré cerrando los ojos, dejando que su lengua hiciera presión en mí y me tocara, jugueteando y haciendo que comenzara a mover mis caderas, buscando más contacto. Él me levantó y retiró la ropa interior, pasando sus dedos por mi intimidad y rozando su nariz con mi clítoris, por lo que gemí.
-¡Nyaaa! ¡N-Nath! –Sentí una pequeña mordida, y después volvió a succionarme, causando que la humedad en mi intimidad creciera mientras gemía incontrolablemente. -¡A-Aaahh…! –Me incliné un poco relamiendo mis labios, su erección ya estaba muy firme. Bajé sus short y comencé a lamer su miembro. Se tensó y suspiró contra mi entrepierna, ocasionando que gimiera. Comenzó a meter sus dedos con lentitud al instante que lo introduje a mi boca, él no dejó de chuparme en ningún momento, pero ambos gemidos eran callados por el otro.
Pronto me vendría, al igual que él. Se tensó y comenzó a chuparme con más fuerza, sacando y metiendo sus dedos frenéticamente. Acaricié su miembro con mi mano mientras lo apretaba con mis labios, estimulándolo con la lengua. Ahogamos los gemidos al corrernos mutuamente, y nos acomodamos de nuevo, jadeantes.
-Aun no termino contigo. –Sonrió, acomodándome encima de él, de espaldas. Ambos estábamos pegajosos, y su miembro resbalaba contra mi entrada. Gemí, aun sentía pequeños espasmos.
-N-Nath… ¡Nath! –Me quejé, aun no me recuperaba. Quitó mi sujetador y masajeó mis pechos con suavidad.
-Así de sensible que sigues, te gustará más. Confía en mí. –Entró con facilidad, y yo gemí.
-¡A-Aahhh! –Mordí mi labio con fuerza mientras empezaba a mover sus caderas, penetrándome rápido y firme. Separé mis piernas mientras gemía, tenía razón, ambos estábamos aun recuperándonos del orgasmo pasado, por lo que al acercarse este, el placer incrementaba. Y no iba a callarme. Mi cuerpo tembló, mientras él aumentaba sus estocadas.
-¡Nathaniel! ¡Nathaniel! ¡Nyaaaa! ¡NATH, NATH VOY A CORRERME! –Él gruñó con fuerza. -¡NATH! –Mi cuerpo se arqueó cuando llegó al clímax por segunda vez. Él se liberó, corriéndose en mi interior.
Jadeamos de nuevo. Se salió de mí y me abrazó con suavidad, mientras nos recuperábamos.
-Te amo. Siempre te amaré sólo a ti. –Me dijo con una sonrisa.
-Y yo a ti. Con todo mi corazón. –Le regresé la sonrisa.
-Con tu pervertido corazón. –Dijo con una risa. Y si, era pervertido.
Pero era sólo suyo.
Está rete bontio ;3; -Se seca las lágrimas de cocodrilo-
Mi chico favorito es Castiel, pero bueno, como ven, si pudiera me quedaría con todos :yaoming:
Por ahora va ganando Armin para el cuarto final. Pero ya dije, sean buenas nenas y habrá un quinto.
¡Mañana toca Lysandroooo!
By: Nanami~
