Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
MI NIÑA DE PROSPER
CAPITULO 13
Estaba demasiado ansioso. Bella no volvería hasta el 10 de enero y yo la echaba muchísimo de menos. Hablábamos cada día pero los acontecimientos de los últimos días me agobiaban y la necesitaba a mi lado con desesperación.
No había estado dispuesto a seguir representando el estúpido papel de prometido de Jane frente a toda mi familia y por ello había conseguido que me dieran guardias tanto para la Noche Vieja como para el día de Año Nuevo.
Al día siguiente de año nuevo estaba agotado. Tumbado en el sofá de mi salón veía el partido de los Buffalo Bills contra los New York Jets, con una cerveza y un cuenco de palomitas, cuando llamaron al timbre.
Arrastrando los pies me dirigí a la puerta para encontrarme con una súper dinámica Alice.
- Feliz año nuevo, hermanito – saludó risueña y sin otra invitación se dirigió al salón, dejándose caer en el sofá.
- Igual para ti, Alice. Ponte cómoda – ironicé – Una cerveza?
- Mmm, ok
- Y a qué debo tan agradable visita? Jasper ya se ha hartado de ti por este año?
- Vete al diablo. Quería verte. Estás muy esquivo con tu hermanita últimamente.
- Lo siento, Alice. He tenido demasiado trabajo en el hospital.
- Sí, claro – se burló – Papá es el director del hospital, sabes que podría hacer que tengas menos trabajo y menos guardias.
- Lo sé, pero no me gusta abusar de ser el hijo del director.
- Ja, pues Emmett abusa de eso todo el tiempo. Venga ya, he oído por ahí que has luchado mucho por conseguir todas las guardias de estos días pasados. Cualquiera diría que no querías celebrar la noche vieja con tu familia.
- No es así
Se giró hacia mí con gesto preocupado.
- Vamos, Edward, sabes que puedes confiar en mí. Dime qué te sucede?
- No es nada, tonta. Por qué crees que me sucede algo?
- Porque te conozco de toda la vida, Edward. Porque siempre creí que tú y yo teníamos una relación importante, que había confianza entre nosotros…
- Desde luego que hay confianza entre nosotros, cariño – acaricié su delicado rostro buscando calmarla
- Si es así por qué siento que confías más en Emmett y en Jasper que en mí?
- No es así – discutí
- Cuéntame entonces lo que sucedió la noche de Navidad.
- No es nada, Alice, de verdad. Nada que deba preocuparte.
- Pues me preocupa – dijo acercándose a mí y recostándose en mi pecho – Sé que no estás bien, Eddie, y de verdad que me gustaría saber por qué y qué puedo hacer para ayudarte.
- No hay nada que puedas hacer.
- Al menos confía en mí. Cuéntamelo.
Mis ojos se humedecieron cuando Alice me miró con genuina preocupación. No pude reprimir las lágrimas cuando me abrazó.
- Oh, Alice, estoy pasando una mala racha.
- Qué sucede, cariño?
- Es Jane. No quiero estar con ella y no puedo dejarla. Me tiene atrapado.
Hablar con Alice me hizo sentir que me liberaba de una carga. Necesitaba descargar todas mis angustias, todo mi dolor y todos mis miedos. A pesar de su amistad con Jane, Alice me comprendió y me apoyó, estaba demasiado enfadada con ella por lo que me estaba haciendo y le apenaba sobremanera saber que al fin me había enamorado realmente y no podía estar con el objeto de mi amor.
- Crees que yo podría llegar a conocer a Bella? – preguntó con timidez
- No sé, Alice, - dudé – no creo que sea conveniente. No sé cómo terminará todo esto, así que no creo que lo mejor sea involucrar más a la familia.
- Estarás con ella, lo sé, lo presiento. – afirmó – Sé que es un cliché pero el amor siempre triunfa – no pude más que reír.
- Ojalá, Alice, ojalá
Bella llegó a última hora del domingo al aeropuerto de Newark y yo estaba allí esperándola cuando apareció con su pequeña maleta.
No le aseguré que fuese a recogerla así que saltó emocionada a mis brazos cuando me vio. Era indiscutible que esta niña era un soplo de aire fresco.
- Edward! – gritó apretándose contra mí y no pude más que estrecharla con fuerza contra mi pecho.
- Pequeña! No sabes cuánto te he echado de menos – susurré embriagándome con el perfume a fresias de su cabello.
- Y yo a ti, cariño – me dijo separándose de mí para besarme
Me ahogué en el profundo beso que había estado esperando por semanas.
- Mi papá tiene muchas ganas de conocerte – confesó sonrojándose cuando subimos al volvo
- Le has hablado de mí a tu papá? – pregunté temeroso
- Desde luego que sí – sonrió – Eres mi novio y el amor de mi vida. Cómo no iba a hablarle de ti? También Jacob quiere conocerte.
- Mmm, también a Jacob le hablaste de mí – sonrió – Eso es bueno, – dije cogiendo su mano y llevándola a mis labios – así no olvidará que esta chica ya está tomada.
- Eres tonto. Jacob es sólo mi amigo.
- Eso para ti. – refuté – Yo sospecho que él tiene otras intenciones contigo.
- Tonto
Subimos a su departamento y sin mediar palabras nos metimos en su habitación.
La besé con desesperación sin dejar de acariciarla, hubiese querido ser más cuidadoso o tomarme más tiempo, pero la necesitaba con urgencia, necesitaba sus besos, sus caricias, necesitaba saborearla por entero, pero sobre todo necesitaba enterrarme en ella, en su estrechez, en su ternura, en su calor.
- Bells, cielo, te necesito demasiado – confesé en un suspiro
- Y yo a ti, mi vida.
- Lo siento, pequeña, pero no creo que pueda soportar mucho tiempo sin penetrarte.
- No quiero que lo hagas – confesó – Te necesito, Edward. Dentro mío.
Entre jadeos le arranqué la ropa e hice lo mismo con la mía. La levanté por los muslos y la atraje hacia mí haciendo que enredara sus piernas en mi cintura. La llevé a la cama y la tumbé sobre el edredón, llevé mi mano a su sexo comprobando su deliciosa humedad y sin más preámbulos la penetré arrancándole un jadeo.
- Oh, cielos, pequeña, te necesité tanto… - confesé sin dejar de arremeterla
- Y yo a ti – jadeó en respuesta
Seguí enterrándome en ella por unos momentos hasta que supe que no había forma de evitar correrme, me detuve sólo un instante para llevar mi mano a su botoncito y acariciarlo con desespero.
Bella jadeaba y se removía con necesidad contra mí, seguí frotándole y reinicié mis embestidas.
- Ah, Edward, voy a… - jadeaba
- Vamos, cielo, hazlo, vente para mí – rogué – te necesito, Bella.
Empujó con fuerzas sus caderas contra mí clavando los talones en la cama a la vez que gritaba por el placer de su clímax y simplemente me dejé ir, con un orgasmo profundo y placenteramente largo.
Derramé mi semilla dentro suyo sintiéndome finalmente completo. Al fin me había reencontrado con mi vida, mi sol, mi oxígeno.
- No vuelvas a marcharte – supliqué contra su oído cuando me desplomé a su lado atrayéndola hacia mí.
- Si todas las bienvenidas son como ésta, me lo pensaré – se burló
- Ni lo pienses. No puedo dejar que te alejes de mí
Dormimos enredados toda la noche. Cuando finalmente mi teléfono sonó indicándome la hora de ir al hospital me desperté refunfuñando.
- Qué hora es? – susurró Bella somnolienta
- Es temprano, cariño, duerme – besé su frente aprestándome a levantarme
- No puedes tomarte el día libre – me pidió tímida
- Tú te tomarás el día?
- Sí. No empezaré ni las clases ni el trabajo hasta mañana.
- Y eso por qué? – arqueé una ceja
Simplemente levantó los hombros sonrojándose. Cogí mi teléfono y marqué el número de mi secretaria.
- Hola, Charlotte – saludé – tengo una indigestión y no podré presentarme en el hospital hoy – me disculpé y colgué luego de escuchar la lista de medicinas caseras que mi secretaria me recomendó
- Ya está? – sonreí – tienes el día libre?
- Ajá, completamente. Creo que podremos dormir hasta más tarde.
- Ahora me he despabilado – sonrió seductora – Deberás hacer algo para agotarme nuevamente
Me lancé sobre sus labios y volvimos a hacer el amor con desespero. Ya habría tiempo para más preliminares.
Dormitábamos en el sofá cuando sonó mi teléfono cerca de las cinco de la tarde. Bella se removió tumbada sobre mí cuando contesté sin siquiera mirar el identificador.
- Edward? Se puede saber dónde diablos estás? – otra vez Jane
- Qué quieres? – Bella me observó un instante antes de volver a acurrucarse contra mí
- Tengo que verte, estuve en el hospital y me dijeron que no fuiste hoy, he venido a tu departamento y tampoco estás. Estás con esa niñata? – preguntó furiosa
- Hoy no tengo tiempo – contesté con acidez – Ya nos veremos. Tal vez mañana – dije dando por terminado el tema.
- Edward, no te atrevas a colgar
- Lo siento, ya nos veremos – colgué y apagué el teléfono.
No permitiría que esa arpía destruyera mi hermoso momento con Bella.
- Quién era, amor? – preguntó Bella con los ojos aún cerrados
- Nadie, pequeña – dije besando su coronilla – duerme
- Parecía molesta
- Shh, nada que deba preocuparte. Yo me encargaré.
"Yo me encargaré" pensé "aunque aún no tengo idea de cómo lo haré"
Aquí vuelvo con un nuevo capítulo que espero disfruten!
Besitos y nos seguimos leyendo!
