Con la última hoja caída se despedía el otoño y el invierno saludaba con su gélida personalidad en compañía de sus amigos, el viento, el frío y la nieve. Semanas habían pasado desde lo ocurrido en el Baile de Otoño, sin embargo, el ritmo de la escuela siguió su curso y poco a poco el alumnado olvidó lo que había pasado, ignorando por completo el motivo de aquel robo. Sólo Harry, Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna eran los únicos que estaban al tanto de la situación y todavía no sabían hasta qué punto era peligroso que aquellos licántropos tuvieran en su poder ese pergamino. Después de la charla en el despacho de la directora, no supieron más del tema dado que ésta no volvió a aparecer por los alrededores de la escuela, ni siquiera la vieron en la mesa del profesorado del Gran Comedor y eso les inquietaba ciertamente. Fue Hagrid, el encargado de hablar en un almuerzo, alegando que la directora había tenido que marchar por asuntos de gran importancia pero que regresaría con la primera nevada de Diciembre.

Harry salió de la ducha, después de revisarse en el espejo por tercera vez en el día. Desde la lucha realizada en el Bosque Prohibido y el mordisco recibido, había cogido la costumbre de observarse el hombro cada vez que iba la baño, por precaución y para estar al tanto de la evolución de su cicatrización. Aquella capa pegajosa había surtido su efecto y en aquellas semanas, la marca de los colmillos se apreciaba menos y era algo que lo aliviaba. Sin embargo, las palabras de Luna y McGonagall en relación a la posibilidad de que su mordida pudiera ocasionarle problemas... se había tornado un poco susceptible. Mentiría si dijera que no estaba preocupado pero ¿quién podría asegurar si aquel licántropo era importante o no? sólo era una bestia. Nadie sabia de la existencia de esa mordida y era mejor así, lo que menos quería era preocupar a sus amigos y más con la situación en la que estaban involucrados. Las ideas escaseaban y con la ausencia de la directora, todo iba siendo cada vez más y más misterioso y desconfiado. Se puso la camisa justo cuando Ron entraba en el cuarto.

- Hola, tío, ¿qué pasa?

- Hola, Ron -lo saludó, un poco nervioso. Menos mal que me vestí, suspiró en sus pensamientos- ¿alguna novedad?

- No, y lo peor es que no encuentro a Hermione. Llevo varios días buscándola.

- ¿Ocurre algo? -preguntó, preocupado.

- No lo sé -se encogió de hombros.

- ¿Has probado con el Merodeador? -se abrochó los pantalones.

- Te recuerdo que lo tienes tú y sabes que prefiero no hurgar en tus cosas, por si acaso.

- Creo que no muerdo a nadie, Ron -rió suave.

- Eso no lo sabes -lo señaló- nunca te he visto morder, excepto con Christian claro.

- No me nombres a ese personaje -bufó, colocando la ropa sucia en una bolsa.

- Estoy de acuerdo -le enseñó el pulgar hacia arriba. Harry lo miró un momento, pensativo. Desde el incidente, habían vuelto a hablar como si nada hubiera pasado pero el recuerdo de su acalorada discusión en el baile volvió a su mente. Tenia que hablar con él.

- Ron... -se sentó en la cama mientras su amigo giraba la cabeza, prestando atención- mmm, sé que han pasado semanas desde el baile y no hemos hablado del tema pero...

- Ya sé por donde vas -lo cortó suavemente- yo también he querido hablar contigo desde hace tiempo, pero ya sabes como soy.

- Si...

- Por mi, las cosas están bien, Harry. No estaba en mi mejor momento, Hermione es...

- ... tu novia y no quiero que pienses que...

- He de admitir que se me pasó por la cabeza... otra vez -confesó sin cortarse un pelo- pero soy muy cabezota y siempre pienso en negativo.

- Ya... ¿has arreglado las cosas con Hermione?

- Aún estamos en proceso -admitió con una triste sonrisa- espero que las cosas vuelvan a la normalidad.

- Creo que deberías controlar tus celos... -le aconsejó a su amigo, sabiendo lo que implicaba eso. Anteponía su amistad con Ron en sacrificio a sus sentimientos, siempre lo había hecho inconscientemente, pero ahora más que nunca.

- Ya... -se pasó una mano por el pelo.

- Si de verdad la quisieras, la harías feliz

- Quiero hacerla feliz pero... no sé cómo.

- La mejor manera de hacer feliz a alguien es conocerla bien, por dentro y por fuera -susurró el joven con cierta ternura especial- de esa manera sabrás que le gusta a Hermione o que no le gusta.

- No soy muy romántico, peco en esa área -dijo avergonzado.

- Bueno... si ella te quiere, sabrá aceptar que tú eres de una manera y que hagas lo que hagas, ella debe saber que eres tú mismo y no una imitación.

- ¿De veras lo crees así?

- Yo sólo sé una cosa: Hermione odia la falsedad. Así que mientras no seas falso, ya tienes un punto a tu favor.

- Como se nota que conoces a Hermione.

- No digas eso. Eres su novio, la conoces mejor que yo -negó, retrocediendo los pasos que había avanzado en aquella conversación.

- ¿Y tú? ¿conoces a Ginny? ¿cómo te va con ella? normalmente no les veo juntos -se interesó mirando a su amigo. La incomodidad, la culpa, el dolor y la tristeza se reflejaron de golpe en sus facciones y en sus ojos verdes pero se removió en la cama, ocultando sus sentimientos.

- Bien -respondió con rapidez y una sonrisa forzada- hemos tenido algunos contratiempos pero... bien, preferimos tener nuestra intimidad.

- Eso es bueno -sonrió Ron, complacido- pobre de ti que te vea haciendo espectáculo con mi hermana.

- Descuida

- Gracias por esta charla, de verdad me ha hecho falta -le agradeció, palmeando su hombro izquierdo sin darse cuenta. Harry tensó los músculos de su brazo y se contuvo por el dolor experimentado.

- A ti

- ¿Me dejas el Merodeador?

- Si, si -se levantó, aprovechando la oportunidad y abrió la puerta de su armario. Buscó unos minutos y luego extrajo un papel de color canela- aquí tienes

- Gracias, a ver si esta vez la encuentro

- Suerte

- Hasta después -salió del cuarto en un par de zancadas. Cuando estuvo solo, dejó escapar todo el aire que había retenido en sus pulmones en una especie de quejido y suspiró al mismo tiempo. Siseó de repente cuando una punzada de escozor sacudió involuntariamente su hombro y su brazo empezó a picarle como si miles de hormigas estuvieran caminando por su piel. Deben de ser los nervios, se excusó, respirando lentamente para calmar sus tensiones.

El primer lugar que Ron pensó para buscar a Hermione era la Biblioteca pero ya había ido otras veces allí y no la había encontrado y eso era extraño. Abrió el Merodeador, formuló el hechizo para que el mapa apareciera ante él y buscó minuciosamente mientras bajaba las escaleras. El nombre de su novia no tardó en aparecer en el mapa y caminaba por los pasillos del tercer piso, se apresuró a bajar más rápido para alcanzarla, no sabia hacia dónde se dirigía pero era obvio que tenia prisa. Pegó un salto y recorrió cinco escalones de golpe, llegando al quinto piso, giró bruscamente y siguió avanzando escaleras abajo. Ya estaba en el tercer piso cuando alguien lo llamó:

- Ron -sonrió Luna con voz suave- qué bien que te encuentro, estaba...

- Lo siento, Luna, tengo prisa -la interrumpió con disculpa.

- Será rápido, sólo te robaré unos minutos

- De verdad, luego hablamos, no puedo ahora -hizo ademán de marcharse.

- Ron, mira -extendió las manos frente a él, llamando su atención. El chico volteó la cabeza justo para contemplar lo que la joven traía y se quedo sin aliento. Era una figura de un aspecto extraño con la forma de un caballo, de color blanco, fabricada con hueso y marfil y unos finos hilos la adornaban de los colores de su casa y un pequeño escudo de Gryffindor se apreciaba en el lado derecho inferior.

- ¡Es una pieza de ajedrez! -exclamó Ron, estupefacto cuando pudo recuperar el habla.

- Si, ¿te gusta?

- ¿Lo has hecho tú? -inquirió, mirándola entre sorprendido y maravillado- ¿puedo?

- Cógela, es tuya -se la ofreció.

- ¿Para mi? vaya, es increíble. Es la mejor pieza de ajedrez que he visto. Está guapísima.

- Me alegra mucho que te guste. Sé cuanto te gusta el ajedrez -dijo con timidez, sintiendo la felicidad que él mismo le transmitía.

- Un momento -se detuvo, observando la figura y luego señaló el lado izquierdo. Había una especie de inscripción- ¿me equivoco o esto son letras?

- Son las iniciales de tu nombre -explicó Luna, sonriente y dibujó la inscripción con el dedo- R.W, Ronald Weasley.

- ¡Qué pasada! -sonrió radiante, olvidándose por completo del motivo de sus prisas hacia un momento. Era todo un detallazo.

- Si quieres, te puedo dar el resto de las piezas

- ¿El resto de las...? ¿me has hecho un juego entero de ajedrez? -la miró a los ojos, sin poder salir de su asombro y la joven sólo pudo sonreír otra vez y asentir.

- Pensé que te gustaría -se limitó a decir con sencillez.

- Muchas gracias, Luna, de verdad muchas gracias. Me encanta -murmuró, encantado y movido por esa felicidad, se acercó a ella y la abrazó fuertemente, con cariño. En ese entonces, el tiempo pareció detenerse, una intensa sensación de paz y serenidad lo inundó por completo y cuando ella correspondió suavemente a su abrazo, todas sus preocupaciones y sus miedos se difuminaron por un instante. Nunca había tenido a Luna entre sus brazos, Luna Lovegood, la "Lunática", la chica más rara de toda Hogwarts, la chica del collar hecho con corchos de cerveza de mantequilla, a esa misma chica la estaba abrazando en aquellos momentos y sorprendentemente se sentía tremendamente bien como si la presencia de Luna le transmitiera la mas absoluta calma. El abrazo duró apenas varios segundos pero para él fueron los diez segundos más agradables de toda su vida y para que engañarse, ni con Hermione se sentía así. Enseguida se dio cuenta del hilo de sus pensamientos y miró a Luna con un leve sonrojo en sus mejillas.

- Yo... lo siento... no quería...

- No te preocupes, Ron. Entiendo que hayas actuado así por la efusividad del momento -lo tranquilizó ella con esa voz dulce y pausada- ¿y qué haces aquí que tienes tanta prisa?

- ¡Ay, si! buscaba a Hermione -cogió el Merodeador precipitadamente.

- Déjame a mi -sujetó el mapa con delicadeza y dejó que él se quedase con la figura para que no se cayera por sus bruscos movimientos- a ver... acaba de salir de la Sala de los Trofeos y se dirige a la Biblioteca.

- Qué alivio, por lo menos sé dónde está.

- ¿Quieres que te acompañe? no tengo nada que hacer ahora

- De acuerdo, ¿dónde puedo guardar la pieza?

- Oh, si, se me olvidaba -bajó la cabeza hacia su bolso y sacó una bolsita de terciopelo- aquí tienes, está hecha a medida.

- Estás hecha una artista -la halagó con una sonrisa mientras introducía el caballo en la bolsita. Se sentía cómodo con ella, algo que sin duda aumentaba con creces su extrañeza.

- Gracias. ¿Vamos?

- Claro -asintió mientras reanudaba la marcha con ella. Interceptaron a una apresurada Hermione en la entrada de la Biblioteca.

- Ahora no, Ron, tengo prisa

- Hermione, ¿qué ocurre? hace días que no te veo.

- Lo siento, he estado ocupada -replicó como si fuera obvio. Su brazo izquierdo cargaba tres libros y su otro brazo, su bolso.

- Podríamos ayudarte

- Hola, Hermione -la saludó Luna con una afable sonrisa y mirada risueña.

- Gracias pero prefiero trabajar sola si no os importa.

- ¿Cuándo podremos quedar para hablar?

- Te avisaré -le prometió.

- ¡Oh! antes de que te vayas, mira lo que me ha hecho Luna -recordó de nuevo con esa emoción en sus ojos. Sacó de la bolsita la figura del caballo de ajedrez- ¿a qué es genial?

- Si, Ron, es fantástico, de verdad -contestó rápidamente la castaña, poco interesada debido a la urgencia de entrar en la Biblioteca ya.

- Es una obra de arte y lo ha hecho ella, ¿no es increíble? ¡tendré mi propio juego de ajedrez personalizado! -insistió como si fuera un niño pequeño ilusionado por el mejor regalo del mundo.

- Podría hacer algo para ti si quieres -se ofreció con naturalidad.

- Es un detalle, Luna pero no es el mejor momento. Amor, de verdad que lo siento, pero tengo prisa. Me alegro por ese juego de ajedrez -finalizó la conversación entrando en la sala con cierta torpeza por su carga. El muchacho suspiró, viéndola marchar y guardó la pieza de nuevo.

- No te preocupes, Ron. Ahora está ocupada, luego podrás verla con tranquilidad.

- Eso espero, desde el baile no he estado con ella

- Es normal que la eches de menos -susurró, mostrando comprensión. Yo te echo de menos todos los días, pensó para si misma- ¿quieres que te entregue el juego de ajedrez? puede que anime la tristeza de tu rostro.

- Creo que es una buena idea -admitió con una media sonrisa- eres muy amable, Luna.

- Para mi es un placer -encogió los hombros de forma natural mientras lo miraba con cariño.

Tres semanas, tres largas semanas que habían transcurrido en un abrir y cerrar de ojos y tres semanas que no había parado ni un instante desde aquel atentado en la escuela. La ausencia de McGonagall no era casualidad y ella lo sabia, a su audacia y su inteligencia no se le escapaba nada y por esa misma razón, la directora solicitó su presencia en su despacho una semana después. Recordaba a la perfección el método de la directora para reunirse con ella y su correspondiente charla:

Entraba en la Biblioteca la tarde de un jueves para buscar un libro cuando la bibliotecaria Inma Prince la llamó desde la mesa de recepción.

- Señorita Granger

- ¿Si?

- Venga un momento, por favor. Tengo algo para usted

- ¿De qué se trata?

- Le mentiría si le dijera de quien es. Sólo puedo decir que es importante -le entregó un papel doblado con mucho cuidado. Hermione se extrañó pero aceptó la entrega.

- Gracias, señora Prince.

- De nada -respondió y volvió a su trabajo. La joven se retiró y buscó un lugar de estudio lo suficientemente apartado para que nadie la viera ni la molestara. Cogió el primer libro de la estantería que pilló y con disimulo, analizó el papel, llevaba escrito "Para Hermione Granger" con letra elegante, no dudó en desdoblarlo:

"Reúnete conmigo en mi despacho a las nueve de la noche. Necesito hablar contigo. Es de gran importancia y confidencialidad. Sé discreta. M.M"

¿M.M?, ¿qué significaban esas iniciales? pero tan pronto como empezó a cavilar, se golpeó mentalmente por su repentina lentitud, M.M: Minerva McGonagall. ¿La directora quería verla? ¿por qué motivo? obviamente debía ser algo importante, si no no requeriría su presencia y menos por la noche. Volvió a doblar el papel y lo guardó en el bolso, sólo había una cosa que podría hacerla pasar desapercibida entre la gente: la capa de invisibilidad. No podía pedírsela a Harry porque éste empezaría a hacerle preguntas que ella no podría contestar, la única opción que le quedaba era tomarla prestada por esa noche. Miró su reloj, las seis y medía, tenia dos horas y media para prepararse y colarse en el cuarto de los chicos, coger la capa, salir y reunirse con la directora a la hora indicada. No parecía difícil, y aunque no le gustaba romper las normas, era necesario. Colocó el volumen donde estaba, dedicó diez minutos a buscar el libro deseado, lo pidió prestado en recepción y se despidió de la sala. Logró llegar al séptimo piso entre jadeos después de subir tantas escaleras, se acercó al retrato de la Dama Gorda, dijo la contraseña y entró en la sala común. Se desvió a las escaleras del cuarto de las chicas y se encontró con Ginny y Katie.

- Hola, Hermione -la saludó Katie de buen humor.

- Hola, chicas -alzó la mano hacia las dos y acercándose a su cama, dejó sus cosas sobre ella.

- ¿Ya sacaste el libro? -preguntó Ginny

- Si

- ¿Vas a estudiar aqui?

- Posiblemente, ¿hay alguien en el baño?

- Lo dudo, pero toca por si acaso

- Vale, ¿y qué vais a hacer?

- Pensábamos ir a las colinas con los hipogrifos, ¿te apuntas?

- Katie, acaba de decir que va a estudiar

- Bueno, quizás le apetecía. Para distraerse

- Muy amable pero no, gracias -tocó a la puerta del baño y esperó unos segundos- no hay nadie.

- Es una lástima, nos lo habríamos pasado bien

- Anda, ponte el abrigo que si no te congelas -bromeó Ginny lanzándole a la cara la ropa.

- Eso no es justo -hizo pucheros mientras la joven Weasley la empujaba suavemente fuera del cuarto. Hermione sonrió. Cuando estuvo sola, cogió ropa nueva y abrigada y entró en el baño para ducharse. Salió fresca, limpia y calentita al mismo tiempo, agradeciendo interiormente aquella ducha, se tendió en la cama con una fina manta cubriendo su cuerpo y abrió el libro dispuesta a estudiar hasta las ocho.

Se levantó como un resorte cuando el reloj dio la hora indicada, colocó el libro bajo la cama y metió su varita entre los pliegues interiores de su abrigo. Bajó las escaleras despacio, debía asegurarse de que no había nadie en la sala común para poder pasar sin ser vista al cuarto de los chicos. Efectivamente, oyó voces en la sala, se pegó a la pared y un ojo castaño se asomó ligeramente, allí se encontraban Percy, George, Cormac y Neville , dos sentados y dos de pie hablando animadamente y compartiendo algunas risas. ¿Reunion de chicos?, genial, pensó, sarcásticamente. Al observar a Cormac, las náuseas empezaron a formarse en su estomago, qué chico mas desagradable de verdad, se creía guapo, atractivo, irresistible... contuvo una mueca de asco y se removió inquieta en el sitio. Su mente ya estaba formulando el hechizo deseado y su cuerpo se volvió menos corpóreo a paso lento. Invisible, salió de su escondite con ligereza, ignorando completamente a los chicos y subió las escaleras hacia su objetivo. No se anduvo con rodeos el hechizo era temporal y podría perder su efecto en cualquier momento, esquivó zapatos, maletas, calcetines y algún pantalón con una mueca de desagrado y se dirigió directamente hacia la parte de Harry, su cama y su armario y abrió éste despacio. Su olor corporal y su perfume inundaron sus fosas nasales en ese momento y su cuerpo sufrió un escalofrío que llegó a las terminaciones nerviosas de su cerebro, mareándola de placer. Vamos, Hermione, no te distraigas, se reprendió. Unos pasos provocó que diera un brinco en el sitio. Contuvo el aliento. No tenia mucho tiempo. Buscó sin cuidado entre la ropa de Harry hasta que sus manos tantearon una tela suave y resbaladiza. La extrajo del armario justo cuando el hechizo de invisibilidad se deshizo, volviéndola corpórea, y Cormac apareció en la entrada de la habitación. Rápidamente y con el corazón acelerado, se cubrió con la capa por completo.

A las nueve menos cinco, ya estaba frente a la puerta de hilos de oro que había sido arreglada por unos duendes, amigos de McGonagall. Se quitó la capa de invisibilidad y esperó pacientemente, unos pasos al otro lado de la puerta fue la señal, la pasarela se deslizó desde el borde hasta alcanzar la otra punta donde estaba ella y la directora apareció ante ella.

- Tan puntual como siempre -la saludó con una suave sonrisa- pasa, por favor.

- Buenas noches, directora McGonagall -asintió la castaña educadamente mientras se apresuraba a obedecerla y entrar con ella en el despacho.

- Confío en que no hayas tenido problemas para llegar

- Me pidió que fuera discreta y eso he hecho

- No esperaba menos de ti, Hermione -afirmó McGonagall, rodeando su escritorio para tomar asiento. La joven la observó detenidamente, cuando la llamaba por su nombre normalmente había un motivo detrás, y muy importante además. Muy pocos sabían la confianza que ambas compartían y claramente eso era una gran ventaja para aquel tipo de situaciones.

- ¿Puedo saber el motivo de esta reunión?

- No te habría pedido que vinieras sino hubiera sido de gran importancia.

- De ahí la razón de mi pregunta, estoy dispuesta a escucharla.

- Las cosas no son tan sencillas como querría. Creía que si, pero dadas las circunstancias actuales, me he visto en la obligación de hacerlo.

- ¿Tiene que ver con el pergamino, McGonagall? -preguntó con cuidado. La directora asintió suavemente- ¿de qué se trata exactamente?

- Antes que nada, debo anunciarte que me ausentaré dentro de unos días

- ¿A dónde?

- A Hogsmeade, es lo único que puedo decirte. Tengo que hablar una serie de cosas confidenciales.

- Entiendo. Pero... ¿qué papel hago yo en todo esto?

- Todo, Hermione. Eres la bruja más inteligente que ha pisado Hogwarts. Necesito que me ayudes -la miró a los ojos fijamente.

- ¿Habla en serio? -le devolvió la mirada con cierta sorpresa en el rostro- ¿y en qué puedo ayudarla? no sé qué podría hacer.

- Bueno, eres una experta investigadora y es importante poner en marcha ese don tuyo tan especial y que nos ha salvado la vida más de una vez.

- Dígame que tengo que hacer y le prometo que haré lo que esté en mi mano para hacerlo

- Esperaba oír eso -sonrió satisfecha. Abrió un cajón de su escritorio, pasó las manos superficialmente por los papeles y escogió un trozo de periódico roto que contenía una fotografía antigua, muy antigua. La mostró ante los ojos de la joven en la mesa.

- ¿Quién es? -preguntó curiosa, observando detenidamente la foto. En la fotografía aparecía un hombre de estatura mediana con un traje al más puro estilo ingles y miraba de frente a la cámara con semblante serio, su pelo había sido peinado hacia atrás y parecía aplastado, sus facciones eran delicadas y finas como las de un niño lo que le otorgaba un aspecto mucho mas joven de lo que realmente era y en su mano derecha descansaba un anillo de oro. De espaldas a él, el escenario constaba de un antiguo salón, sólo se apreciaba una mesa, un mueble de vajillas de porcelana, una silla y un sofá individual en una esquina de la foto, él se ubicaba de pie y la mano del anillo acariciaba a un gato persa, cómodamente tumbado en la mesa. En la esquina inferior derecha se apreciaba una inscripción "D.A".

- ¿D.A? -levantó la vista de la foto después de analizarla detenidamente para mirar a la directora.

- Si te sirve de consuelo, no lo sé tampoco.

- ¿Estoy pensando lo que creo que estoy pensando?

- Me gustaría que en mi ausencia... investigaras al hombre de la fotografía. Esas iniciales son una pista importante, seguro que serás capaz de comprobar y averiguar quién es ese hombre.

- ¿Puedo saber el por qué?

- Sólo puedo decirte que es importante.

- Una pregunta: ¿está vivo o muerto?

- Muerto -respondió suavemente.

- Bueno... tengo muchas preguntas en mente pero supongo que seria mucho pedir.

- Te aseguro que cuando descubras quién es él -señaló el rostro del hombre de la fotografía- muchas dudas se resolverán.

- Haré lo que pueda, se lo prometo.

- Sabia que podía contar contigo -esbozó una sonrisa maternal y sus ojos la miraron con gran cariño. Para ella, Hermione era como la hija que nunca tuvo, la niña de sus ojos, sólo que ya no era una niña, era toda una mujer, una mujer madura y especial.

- ¿Puedo llevarme la foto?

- Es toda tuya. Haz lo que quieras con ella, siempre y cuando me la cuides

- Eso está hecho -se incorporaron al mismo tiempo- ¿hay algo más que quiera hablar?

- Sólo una cosa mas: nadie debe saber nada de esta conversación. Te pido nuevamente discreción y mucha cautela, intenta no llamar la atención y si te preguntan, no digas nada. Ni a tus amigos, Hermione, ¿me has entendido?

- ¿Ni siquiera a ellos? -inquirió extrañándose por la petición de McGonagall.

- Lo que te estoy pidiendo no es ninguna tontería. Es mas, me lo estoy planteando todavía -admitió con el corazón en un puño- me prometí una vez que jamás os pondría en peligro a ninguno de vosotros, habéis estado cerca de la muerte tantas veces que me resulta horrible tener que hacer esto. Pero la seguridad de la escuela depende de ello. Por eso te pido que esto quede entre tú y yo y nadie mas, ¿podrás hacer esto aún cuando no lo entiendas?

- Si... -asintió la castaña, recapacitando con lentitud y comprensión sus palabras- si, directora, le prometo que de mi boca no saldrá nada de esto. Le deseo un buen viaje y que todo salga bien, cuando vuelva espero haber descubierto algo.

- Estoy segura de que si -tomó su rostro con delicadeza, sorprendiendo a la joven y depositó un tierno beso en su frente- hasta luego, mi niña, nos veremos en unas semanas.

Ahora se encontraba de nuevo en la Biblioteca. Si ya decía ella que ese sitio era su segunda casa porque siempre acababa dependiendo de sus libros y otros materiales. Recién había salido de la Sala de Trofeos pero el tiempo se le puso en su contra y no pudo averiguar lo que quiso, ya iría en otra ocasión. McGonagall había dispuesto para que ella tuviera facilidades en toda la escuela para investigar, por lo que podía entrar con libertad en la Sección Prohibida de la Biblioteca y siempre con el disimulo necesario para que los alumnos no la vieran. La investigación no iba tan bien encaminada como a ella le gustaría, lo primero que había hecho era averiguar qué significaban las iniciales de la fotografía que le había entregado la directora, buscó en todos los libros de la Biblioteca relacionado con los hombres más importantes en la historia de la magia y aunque algunos poseyeran las mismas iniciales, las fotos no concordaban con su aspecto físico. Su primera reacción fue de desconcierto total, si era un hombre importante ¿por qué no aparecía en los libros más reconocidos?. Unos días más tarde, analizando de nuevo la imagen encontró otro dato interesante: la foto había sido hecha en el año 1830. Y nuevamente, la Biblioteca era su recurso más fiable y se pegó horas y días recopilando libros de ese año y todos los sucesos ocurridos... pero nada, ni una pista. ¿Qué le quedaba? la Sección Prohibida, el último recurso que esperaba no tener que usar pero dada la escasa información sobre el individuo, se veía obligada a recurrir a él. Y allí estaba, encaminándose hacia esa zona de la Biblioteca que estaba restringida para todo el alumnado, excepto para algunas personas, como ella. Se aseguró de que nadie la observaba, abrió el cerrojo, cogió el candado, entró y volvió a cerrar la verja, dejó los libros que cargaba a un lado para estar más ligera y se subió a la escalera especializada para alcanzar ciertas alturas de las estanterías.

- Llévame a la sección de libros sobre los hombres más reconocidos e importantes de la escuela Hogwarts -murmuró la joven vocalizando claramente y la escalera, comprendiendo a la perfección, se deslizó en un brusco movimiento por la sala. Las manos de Hermione estaban bien afirmadas en ella, acostumbrada a esos movimientos inoportunos y a la posibilidad de marearte en el trayecto hasta que se frenaba. Se detuvo en seco en el sitio deseado, bajó unos escalones y con el dedo observó los títulos mientras fruncía el ceño, movió la escalera y subió escalones a su gusto y antojo por todos los costados de la estantería y el mismo procedimiento lo aplicó con la del frente. Se decidió por dos libros, Los magos más reconocidos en la historia de la magia y Los estudiantes más brillantes de la escuela de Hogwarts.

- Sección de libros sobre los acontecimientos ocurridos en el año 1830 -apretó los libros contra su pecho y con la otra mano se sujetó lo que pudo cuando la escalera obedeció a su petición. Escogió otros dos libros de esa sección y bajó de las escaleras por fin, con la varita llamó a los libros que había dejado en la entrada y buscó una mesa cómoda y amplia para empezar a leer. Dispersó un poco el polvo que contenía las portadas de los libros escogidos antes de siquiera abrirlos, ¿por dónde empezaba?, quizás debía comenzar por el año 1830, era un dato más especifico y directo que las siglas D.A de ese hombre. Colocó ante sus ojos un libro titulado Acontecimientos del siglo XIX y lo abrió, dispuesta a leer con todos sus sentidos centrados para la tarea. El tiempo empezó a correr en el mismo instante en que sus ojos se perdieron entre las palabras. Muchas páginas las pasó de largo, el libro era pequeño y fino, al parecer en aquellos años no habían pasado muchas cosas anormales o interesantes, entendiendo así la poca información del libro. Sus dedos volaban por las letras buscando el año 1830 en concreto pero lo único curioso que encontró fue la fabricación de la "Suerte Liquida" y el descubrimiento de una extraña y peligrosa criatura de nombre desconocido. Cerró el libro al mismo tiempo que cogía el otro libro del siglo XIX que había elegido y volvió a sumergirse en la lectura. Éste era un poco mas gordo, esperaba encontrar mas información.

El veneno de basilisco es nombrado el veneno más peligroso y potente del mundo, Mark Roach de la casa Slytherin y profesor de Defensa contra las Artes Oscuras es encarcelado en Azkaban por envenenamiento al director de Hogwarts, La riqueza de Frederik Greed aumenta exponencialmente debido al Maluit Mulieres eran algunos de los títulos que se destacaban en aquel libro con su correspondiente argumento de la noticia, pero ya tendría tiempo de hojear en otro momento. Siguió pasando las páginas, atenta a cualquier titulo o fotografía que pudiera llamarle la atención: página 58, página 59, página 60, página 61, página 62, página 65, página 68... se detuvo en la página 70 de repente y su dedo se deslizó por las lineas del titulo: Nombrada la casa Ravenclaw como la mejor casa del año por primera vez en su historia. Hermione alzó una ceja, tremendamente interesada y bajó la vista para seguir leyendo debajo del titulo. Al parecer en ese año, Ravenclaw se había superado en niveles académicos y realización de practicas en Encantamientos y Defensa contra las Artes Oscuras, algo que sin duda era de gran importancia para su historia, resaltaban la presencia de la fundadora en medio de todo el éxito, el apoyo y la inteligencia de sus estudiantes y sus logros conseguidos pero conforme iba leyendo, una frase en particular provocó que su corazón latiera de emoción:

"... sin duda alguna, Ravenclaw ha conseguido que éste sea su año, el mejor año que ha podido experimentar. Pero sobre todo hay que resaltar a un alumno de la casa que superó con creces las expectativas de toda la escuela, destacando con su innovación, inteligencia, su rápido aprendizaje y su especial interés en toda clase de hechizos mágicos..."

Más referencias en el volumen Los estudiantes más brillantes de la escuela de Hogwarts, pág. 100

Prácticamente se lanzó hacia el libro con ese mismo titulo y se apresuró a buscar la referencia por la página indicada. En ella, apareció una foto muy antigua del grupo de estudiantes de la casa Ravenclaw en su totalidad. Debe estar aquí, estoy segura, pensó, ansiosa por encontrarlo. No era algo fácil buscar el rostro de alguien de hace ciento setenta años, además de la poquísima calidad de las fotografías en aquella época. Se inclinó un poco más para apreciar mejor las caras de los estudiantes, frunció el ceño, mosqueándose por momentos pero entonces, en medio de las dos últimas filas de estudiantes, ahí estaba él, con su níveo y delicado rostro. Parpadeó, confundida y de un tirón, alcanzó su bolso, sacó la fotografía que guardaba siempre y la colocó al lado de la foto grupal. Sin duda alguna, la diferencia de edad entre ambas fotos era palpable, en la imagen de la izquierda aparentaba unos treinta años mientras que en la imagen estudiantil no podía tener mas de diecisiete años. Realizando cálculos, la foto grupal se había sacado en 1813 cuando estaba en su etapa estudiantil de Hogwarts y por lo que veía, fue un alumno muy importante y aventajado. De repente, su estómago empezó a rugir y soltó una risita sin poder evitarlo.

- Me pregunto qué hora será, no es normal que tenga hambre -le echó un vistazo a su reloj- ¿ya son las ocho y cuarto?, vaya, Hermione, cada día te superas mas en el arte de perder la noción del tiempo-.

Faltaban cuarenta y cinco minutos para la cena pero se sentía satisfecha, ya sabia un dato importante de aquel misterioso hombre y ahora sólo hacia falta unir cabos poco a poco, quedaba mucho por hacer. Cerró los libros, se levantó de la mesa, los colocó en su sitio en unos minutos gracias a la escalera deslizante y salió de la Sección Prohibida.

Harry bajó las escaleras después de abrigarse bien para quedar con sus amigos e ir a cenar. Tenia un hambre voraz y no era algo propio de su persona, y mejor no hablar de los escozores y el malestar en sus heridas, posiblemente las bajas temperaturas tenían la culpa de eso. Inspiró hondo cuando pisó el sexto piso y sus pies, en contra de su voluntad, se plantaron en el suelo y su cuerpo se paralizó. Un fresco y delicado perfume penetró en sus fosas nasales con tanta intensidad que tuvo que sujetarse un momento a la barandilla de la escalera, no era un olor fuerte, al contrario pero lo sentía como si la persona que poseyera ese aroma estuviera a su lado. Volvió a inspirar y las membranas de su nariz se agitaron en su interior captando tan preciado oxigeno perfumado, ¿quién podría oler de esa manera?, estaba dispuesto a averiguarlo. Obligó a sus miembros a responder a sus órdenes y reanudó la bajada de las escaleras con una extraña renovación de sus energías, su olfato lo guió tres pisos más abajo y se detuvo nuevamente, bajar ya no era necesario y giró la cabeza hacia donde estaba el olor. Caminó por el pasillo, inquieto por encontrar a esa persona, el perfume se intensificó más y más y estaba tan distraído buscando que chocó inconscientemente con alguien. Entonces unos mechones de pelo castaño rozaron su rostro y por si fuera poco, su olfato se volvió loco y aspiró con avidez al mismo tiempo que suspiraba de placer.

- Ten cuidado por dónde vas -oyó decir a una voz femenina que le resultó muy familiar, tanto que su corazón reaccionó violentamente.

- ¿Hermione? -sacudió la cabeza, en un intento por despertar. Se acuclilló para ayudarla a coger sus cosas que se habían caído por el choque.

- ¿Harry? vaya, no sabia que eras tú. Iba un poco...

- ... si, ambos íbamos distraídos -finalizo por ella y la ayudó a incorporarse.

- ¿Y qué haces aquí?

- Verás yo... -murmuró un poco desconcertado. ¿Cómo decirle que había estado persiguiendo el olor de su perfume, sin saberlo, desde un sexto piso?, era algo muy extraño a parte de sorprendente- mmm, ¿usas perfume nuevo?

- ¿Perfume nuevo? -alzó una ceja- ¿por qué lo preguntas?

- Es que lo he detectado desde cierta distancia y... lo he seguido -se llevó una mano a su nuca, avergonzado.

- ¿Me estás diciendo que has estado siguiendo mi perfume? -lo miró con cierta diversión y una sonrisa- Harry, no digas tonterías.

- Es cierto. Había quedado con los demás para ir a cenar juntos cuando...

- ... cuando me oliste. No tiene ningún sentido, lo sabes, ¿no?

- ¿Puedes decirme qué perfume usas, por favor? me está volviendo loco -confesó sin saber realmente lo que había dicho.

- ¿No te gusta? -preguntó con cautela. Sus piernas parecían temblar de lo nerviosa que estaba delante de él. Últimamente no podía controlar sus emociones cuando él estaba cerca, era algo que la frustraba psicológicamente.

- Ojalá fuera eso, pero no es el caso

- Se llama Agua de Luna. Lo estrené hoy mismo -se colocó mejor el bolso en su hombro.

- Huele muy bien, hueles muy bien -rectificó, esbozando una media sonrisa.

- Gracias -dijo con timidez.

- ¿Y qué haces aquí?

- Estudiar en la Biblioteca

- Muy propio de ti. Por cierto, Ron estuvo buscándote, no sé si al final...

- Si, me tropecé con él antes de entrar, hace unas horas pero no pude atenderle, tenia prisa.

- ¿Prisa?, ¿por qué?

- Nada importante

- ¿Entonces?

- ¡Harry! ¿desde cuándo me haces tantas preguntas? -lo riñó con cariño.

- Supongo que echo de menos hablar contigo -admitió mirándola a los ojos- últimamente no apareces en el mapa.

- ¿Ni siquiera en el Merodeador?

- Sólo aparece tu nombre -le dio a entender

- Lo siento.

- No te preocupes. Tampoco es mi intención agobiarte con mi presencia

- Nunca me agobias, Harry, me gusta estar contigo -alzó una mano y hundió los dedos en su pelo negro en una tierna caricia. Los ojos del joven se cerraron para sentir mejor el tacto y suspiró largamente mientras su cuerpo reaccionaba por si solo a su sola presencia. Tragó saliva lentamente, tomó su mano delicadamente y besó su palma.

- Vamos... tenemos que ir a cenar -susurró abriendo de nuevo los ojos con un intenso brillo en sus pupilas.

- Si... -murmuró ella, perdiendo por un instante en aquellos orbes esmeraldas que la perseguían en sus mejores sueños.

Diciembre no tardó en presentarse en Hogwarts y con él, la primera nevada del año. En una semana, Hogwarts estaba cubierta de nieve, los adornos propios de la estación de invierno destacaron en el interior del castillo, en especial el Gran Comedor y los empleados, entre ellos Filch el conserje, se dedicaron a retirar la nieve que sobraba para crear senderos accesibles para que se pudiera caminar con mas facilidad. Se suspendieron los entrenamientos de quidditch debido a la intensa nevada y al frío y el lago negro se convirtió en una estupenda pista de patinaje sobre hielo. Era raro no ver a todos los alumnos con abrigos, impermeables, ropa térmica, gorros, bufandas, calcetines, guantes y botas.

Los chicos se reunieron en un almuerzo, como siempre, querían planear actividades para aquel invierno.

- ¡Qué frío hace! -se quejó Katie hundiéndose en el cuello peludo de su abrigo.

- Es culpa de tu delgadez -se burló Ron

- ¡Oye!, pues tú estás gordo

- Por lo menos no tengo frío -le enseñó la lengua, bromista.

- Qué mal mientes, Ron. Tienes la nariz mas roja de toda la escuela

- ¡Pero no está fría! a ver como está la tuya -atrapó el tabique de su hermana con dos dedos.

- ¡Ay, Ron!, suelta ya, bruto -protestó Ginny con la voz chillona y deforme por tener la nariz trincada. El resto se echó a reír. Manoteó a su hermano hasta que la soltó- no tiene gracia.

- En realidad si -la contradijo Neville, llevándose de regalo una fulminante mirada de la pequeña Weasley- vale, ¿qué hacemos hoy?

- El lago negro se ha estrenado, podríamos ir allí -opinó Ron- lo estoy deseando.

- ¿Para qué? ¿para darte un leñazo? -se burló Harry

- No, para ganarte y presumir de ello -golpeó su hombro de forma amistosa.

- Más te vale no llamar mucho la atención -intervino Hermione.

- Cariño, sabes que sólo tengo ojos para ti -le guiñó un ojo. La castaña esbozó una media sonrisa forzada, recordando lo ocurrido hace dos años. Algo nada agradable.

- Pues decidido, patinaje sobre hielo en el lago negro.

- Será muy divertido -sonrió Katie, emocionada con la idea y todos estuvieron de acuerdo- habrá que avisar a Luna también.

Las cinco de la tarde fue la hora elegida para quedar y se vieron en el vestíbulo. Hermione se juntó con Harry cuando emprendieron la marcha, una marcha un poco tortuosa a pesar del sendero creado. El ojiverde la miró un poco extrañado.

- ¿Por qué no estás con Ron?

- Él ya está entretenido, no te preocupes

- ¿Aún no habéis hablado?

- Si y ya estamos mejor, pero él va a su ritmo y yo al mío -se encogió de hombros- ya sabes como es Ron.

- Ron es un poco susceptible a veces

- Demasiado quizás.

- Bueno, lo importante es que lo quieres a pesar de vuestros problemas, eso es importante -esbozó una media sonrisa sincera. Que la amara con todo su ser no significaba que le pareciera mal su relación con Ron, ante todo eran sus mejores amigos y les deseaba lo mejor. Su sufrimiento no era en vano. Sin embargo, Hermione no parecía pensar de la misma manera, llevaba reflexionando desde hacia tiempo si lo que sentía por Ron era firme y seguro, cuando estaba con Harry su racionalidad se anulaba por completo y sólo mandaba su corazón. Con Ron, en cambio, era un tira y afloja constante que le hacia pensar si eran pareja o hermanos que estaban continuamente discutiendo o corrigiendo al otro.

- Si, eso parece

- De todas formas, me alegra tenerte a mi lado. Siempre es un placer disfrutar de tu presencia -la miró a los ojos con cariño en sus ojos verdes, ocultos tras sus gafas. El vaho se escapaba por su boca mientras hablaba al igual que Hermione, producto del frío que experimentaban. La joven no pudo mas que sonreír y proseguir el camino junto a él de buen humor. Hablaron mucho entre ellos e incluso Luna se unió y pasaron unos minutos agradables en el trayecto al lago negro. Todo se vio interrumpido cuando el oído de Harry captó algo extraño.

- ¿No oís eso? -le preguntó a las chicas.

- ¿Oir? ¿oir qué, Harry? -interrogó Hermione.

- No sé... parece una voz, una voz de una chica -se detuvo un momento.

- Claro, Harry, estamos aquí contigo hablando. A no ser que estés oyendo a Ginny y Katie delante de nosotros

- No, no... no sois ninguna de vosotras cuatro, es otra voz -se relamió los labios mientras aquel sonido perturbaba su audición. Alzó la vista hacia el frente, desde ahí podía ver el lago negro, ¿provenía de ahí?.

- Harry, ¿qué pasa? -cogió su mano preocupada- no es nada, seguro que es tu imaginación.

- No, Hermione -apretó su mano pero no la miró- estoy seguro de que oigo algo

- Hermione, mira -intervino Luna, señalando un punto en la cabeza de Harry.

- ¿Pero qué...? -quiso decir, sorprendida. Ambas chicas contemplaron cómo las orejas de Harry se movían, aleteaban a una velocidad de vértigo, buscando las ondas de ese sonido que no paraba de escuchar. El chico cerró los ojos, concentrándose: una agitada respiración, un chapoteo, expulsión de oxigeno, agua por todos lados... y el murmullo de un socorro ahogado. Abrió los ojos de golpe y soltando a Hermione, salió disparado.

- ¡Harry!

- ¡Apartaos! -gritó el muchacho, dispersando al grupo de sus amigos con brusquedad.

- ¿Se puede saber qué...? -empezó Ron, desconcertado.

- ¡Ron, síguelo! -le ordenó Hermione, reaccionando más lento y corriendo también.

- ¿Pero qué pasa?

- ¡Hazlo, maldita sea!

- Vale, vale. Vamos, Neville -le pidió el pelirrojo pero Ginny fue más rápida y en tres zancadas, avanzó cuesta abajo detrás de Harry. Éste avanzó a toda prisa, guiado por su oído, había alguien ahogándose, estaba seguro, no sabia por qué pero era así. Patinó sobre la nieve en una empinada y con un pequeño salto, retomó la carrera, ignorando los gritos de sus amigos.

- ¡Que alguien nos ayude, por favor! -gritó una chica desde el lago negro. Harry aminoró la velocidad cuando llegó por fin al lago.

- ¿Qué ocurre?

- Allí, se ha caído, se ha caído, el hielo se ha roto, hemos intentado cogerla pero... -sollozó.

- ¿Pero quién es?

- Angelina -respondió entrecortadamente.

- Está bien, no te preocupes, voy a hacer algo

- Por favor... -suplicó. Harry se quitó el abrigo grueso que traía y se acercó a la orilla de la superficie. Con mucho cuidado, colocó un pie encima, probando la rigidez y la firmeza y luego colocó el otro con el cuerpo medio acuclillado para equilibrar el peso. Tanteando el terreno, avanzó lentamente sin prisas y calculando bien cada paso que daba y pudo ver el agujero que se había creado debido a la caída de Angelina.

- ¡Harry! -exclamó Ginny desde la orilla cuando por fin llego- ¿pero qué haces?

- Quédate quieta, ni se te ocurra venir

- Vuelve aquí inmediatamente, ¿estás loco?

- Sé lo que hago, tranquilízate -le devolvió el grito sin dejar de avanzar y sin voltearse para mirarla. Sin pensarlo, Ginny se deshizo de su propio abrigo y subió a la inmensa baldosa de hielo.

- ¡Como se te ocurra avanzar un paso más, Ginevra Molly Weasley, te mato! -vociferó su hermano entre dientes, aproximándose junto con el resto.

- Demasiado tarde -masculló la joven, dando otro paso con inseguridad.

- Ginny, vuelve de nuevo a la orilla -exclamó Harry acortando la distancia entre el agujero y él. Parecía mas una orden que una petición.

- ¿Crees que es fácil volver?

- Estás loca, no deberías haber venido, el hielo se resquebrajará

- Correré el riesgo pero no quiero que te pase nada

- Quédate quieta, ya he llegado -la miró con seriedad y ella le devolvió la mirada. Tragó saliva.

- Está bien...

- No te muevas -se acuclilló por completo y con mucho cuidado, se sentó en el hielo para quitarse las botas y deslizarse hasta el filo de la rotura. Volvió a mirar a Ginny- saldré enseguida y volveré a por ti, ¿de acuerdo? ¿me has entendido?

- Si...

- Bien -asintió y sin pensar si el agua estaba demasiado helada para su cuerpo, se hundió en el agujero.

- ¡Harry! -exclamó Hermione, asustada

- ¡Ginny, vuelve aquí!

- Harry me ha dicho que me quede quieta, no pasará nada. Sería peligroso si volviera -le respondió entre gritos a su hermano.

- Como no vengas ahora mismo, voy yo a por ti

- Inténtalo -le amenazó la castaña con la mirada.

Debido al agua de un intenso color verde, el interior del agujero era oscuro y le costaba visualizar las cosas pero lo peor era la bajísima temperatura de la misma. Tenia que moverse si no quería morir ahogado o congelado, colocó su cuerpo en vertical hacia abajo y nadó a brazadas al tiempo que buscaba con la mirada el cuerpo de Angelina, se escurrió de las algas con complejo de cadenas asfixiantes y se abrió paso por el lago. Un chapoteo llamó su atención y movió la cabeza en su dirección, unió las manos y agitó su cuerpo como si fuera un tritón y se dejó guiar por sus sentidos. Entonces la encontró: estaba siendo atrapada por una de esas temibles algas, nadó con rapidez hacia ella mientras sacaba su varita y lanzaba un hechizo.

Mientras tanto, Ginny no podía estar más tensa, Harry aún no había salido y eso la preocupaba enormemente, no podía estar en esa posición mucho tiempo. Creo que si me doy la vuelta, no pasará nada, sólo tengo que moverme despacio, pensó mientras se disponía a hacerlo. Primero un pie, luego un movimiento de cintura, después movió despacio el otro pie, pero de repente un leve crujido se oyó bajo las plantas de sus pies y se detuvo, temblando.

- ¿Qué haces, Ginny? -inquirió Neville.

- Darme la vuelta -musitó con el labio inferior temblando a horrores.

- Pues yo que tú no me quedaría quieto

- Cierra el pico, Neville -le espetó Ron.

- Vamos... vamos... no pasa nada -se repitió a si misma en voz baja y arriesgándose, giró su cuerpo y apoyó el pie derecho en el hielo. Un resquebrajamiento la acompañó en el proceso y rodeó el perímetro donde estaba.

- ¡Ginny! -exclamaron Ron y Hermione al mismo tiempo, con horror y miedo. El peso de la joven pelirroja fue el remate final para que el hielo terminase de romperse y se hundió. Salió a los pocos segundos con energía e intentó agarrarse a algo pero los trozos de hielo empezaron a caer, agrandando el agujero e imposibilitando que pudiera subir a la superficie y por si fuera poco, la ropa que llevaba encima empezó a ganar densidad y peso y sólo contribuía a que se hundiera más. Agotada de luchar en vano, su cuerpo se deslizó lago adentro.

- ¡Ginny, no! se acabó, voy a buscarla -dijo su hermano, desesperado y puso un pie encima del hielo.

- No, de eso ni hablar, tú también no -tiró de su ropa

- Ginny se ahogará, Hermione, debo hacer algo

- ¿Para qué te hundas tú también? piensa

- Me da igual, no pienso dejar que... -insistió forcejeando con ella pero entonces una veloz sombra cruzó por su lado. Era Kylan. En una zancada, ya estaba en la superficie helada y con un increíble y perfecto salto, se introdujo en el agujero de Ginny en una limpia zambullida. En ese mismo instante, un géiser de agua helada se propulsó hacia arriba, proveniente del agujero más lejano y Harry apareció con Angelina entre sus brazos. Sus amigos gritaron eufóricos y aliviados de que estuvieran bien. Un empleado de la escuela se presentó de la nada en el lago con un trineo y Luna estaba detrás de él, al parecer la joven Lovegood había ido corriendo a pedir ayuda. El hombre, con botas de pinchos especiales para el hielo, se acercó a los jóvenes y ayudó a Harry a subir el cuerpo de la joven al trineo, su piel ya adquiría un tono azul preocupante. El muchacho estaba empapado de pies a cabeza pero no temblaba y buscó con la mirada a Ginny pero no la encontró y se temió lo peor.

- ¿Y Ginny? -preguntó inquieto y con miedo de que le hubiera pasado algo.

- ¡Mirad! -exclamó Neville apuntando hacia la apertura y otro géiser de agua helada hizo acto de presencia, con Kylan abrazando fuertemente a Ginny. Se le formó un nudo en la garganta a Harry cuando vio a su amiga y torpemente, se acercó a ellos. Kylan la puso boca arriba para que ella pudiera toser y expulsar toda el agua que había tragado en contra de su voluntad.

- Te pondrás bien -murmuró el joven, preocupado.

- Ginny -la llamó Harry, arrodillándose en el hielo frente a ellos- dime algo, por favor.

- Harry... -musitó entrecortadamente.

- Está bien, sólo está helada y ha tragado agua -le informó, retirando su pelo rojizo de la cara. Harry lo miró.

- Gracias, no sé cómo lo has hecho pero gracias.

- No ha sido nada -medio sonrió y seguidamente, tomó en brazos el cuerpo de la joven con firmeza y se incorporó.

- ¿Necesitas ayuda?

- En absoluto, no te preocupes -caminó hasta la orilla. Ron esperaba impaciente. Su rostro estaba desfigurado en una mueca de auténtica preocupación. Ese Slytherin le había salvado la vida a su hermana, era algo que no le entraba en la cabeza todavía. Harry lo siguió de cerca y suspiró de alivio al pisar la nieve blanda y segura.

- Está bien pero necesita ir a la enfermería -comentó Kylan cuando llegó a la altura de Ron. Sus facciones eran inexpresivas pero su mirada denotaba preocupación- ¿me permites llevarla o prefieres hacerlo tú?

- Lo haré yo, gracias -pudo responder el joven Weasley en un murmullo con cierta dureza. Abrió los brazos para que Kylan pudiera traspasarle el cuerpo de su hermana, la acunó contra su pecho y la abrazó fuerte unos instantes antes de dar media vuelta.

Algo cálido y grueso cubrió el cuerpo de Harry, despertándolo de la imagen de Ginny siendo transportada por Ron y unos brazos lo rodearon fuertemente.

- Harry... -murmuró Hermione con un nudo en la garganta, sin importar que estuviera húmedo y frío. Automáticamente, correspondió al abrazo y presionó los labios en su cabeza, cerró los ojos con fuerza y aspiró su perfume, olvidándose por un segundo de lo ocurrido. Le dolía la cabeza, respirar le dificultaba y las heridas estaban ardiendo, ¿las heridas?, no, ¡su cuerpo!, parecía arder como si tuviera fiebre.

- Hermione...

- Qué susto me has dado, no vuelvas a hacerme esto -le rogó pegándose más a él y fue entonces que notó su alta temperatura. Se separó a regañadientes para mirar a su mejor amigo y palpó su rostro- Harry, estás ardiendo.

- Pues estoy mojado de pies a cabeza

- Es en serio, parece que tienes fiebre, debes estar congelado

- No... -negó rotundamente- no tengo frío

- No te hagas el fuerte conmigo, vamos, una taza de cerveza de mantequilla te sentará de maravilla -terminó de abrocharle el abrigo y tiró de su mano. Cuánto antes se quitara la ropa mejor, necesitaba que el calor perdido en el lago volviera de nuevo a su lugar.

- Ven aquí -susurró atrayéndola a su cuerpo. Suspiró cuando sintió su cabeza apoyarse en su pecho. Ahora si, ahora si estaba en casa. Estar abrazado a Hermione era la sensación mas cálida y reconfortante que había sentido y que podría sentir en toda su vida. Sin embargo, siempre había algo que poblaba su mente y no le dejaba tranquilo. Algo le estaba pasando, no sabia el qué, pero el hecho de que sus sentidos del olfato y el oído se hubieran desarrollado no parecía ser algo normal en personas normales. No era una forma usual de comenzar aquel invierno, y mucho menos con Angelina con riesgo de hipotermia severa y el casi ahogamiento de Ginny...