Sirius se dirigía al dormitorio que compartía su hija con Hermione, Ginny, Luna y las hermanas Greengrass. Esa noche iba a confesar a su esposa y a sus hijos que él, Sirius Black, era un animago.

Cuando llegó enfrente de la puerta llamó.

-Adelante -dijo la voz de Hermione Granger.

-Soy Sirius, Emily, ¿puedes ir a mi habitación? -preguntó Sirius.

-Claro, papá -respondió la chica, curiosa, saliendo de la habitación y yendo a la habitación de sus padres.

Cuando llegó, se sorprendió al ver que no solo su madre estaba ahí, sino que también estaba Will, sentado al estilo indio en la cama de sus padres. Sirius entró detrás de ella.

-¿Qué ocurre, Sirius? -le preguntó Sally, cuando Emily se sentó al lado de su hermano, aplastando su pierna izquierda bajó el cuerpo, y dejando que la otra se balancease a un lado de la cama.

-Yo, no sé como decirlo -comenzó a decir Sirius.

-¿Eres gay? -probó a "ayudar" Will.

-Eso mismo -confirmó Sirius, y los otros tres abrieron los ojos asombrados-. ¡No! ¡No era eso! Quiero decir... que

-Sirius, ¿qué quieres decir? Me estas preocupando -dijo Sally, mirando a su novio algo preocupada. Sirius respiró profundamente.

-Soy animago ilegal -soltó Black, dejando a los otros tres sorprendidos.

-¿Qué? -Emily fue la primera en romper el silencio. mirando a su padre, sorprendida. Sirius no dijo nada, simplemente se concentró y se convirtió en un perro negro.

Siempre le resultaba extraño convertirse en un perro, a pesar de llevar años haciéndolo. Cuando se transformaba, su cuerpo, tanto por dentro como por fuera, efectuaba una serie de cambios. Sus huesos se alargaban o se encogían, otros desaparecían, y sus órganos cambiaban de lugar o se hacían distintos. Era algo extraño, notar todos esos cambios en su cuerpo en menos de un segundo. Sirius sabía que en el fondo tantos cambios deberían de dolerle, sin embargo no lo hacía.

Y no solo eran los cambios en su cuerpo, sino que al transformarse, su mente se dividía en dos conciencias. La suya humana y la del animal. Sirius tenía que mantener un equilibrio entre ambas mentes, pero había ocasiones (como cuando peleaba contra Remus en su forma de licántropo), que Sirius tenía que dejar que la mente del perro tomara el control, al fin y al cabo era el perro el que sabía pelear y no él.

Cuando volvió a convertirse en humano, su novia y sus hijos irrumpieron en exclamaciones.

-¡¿Pero qué?!

-¡Sirius Black! ¿Cómo has...

-¿Me enseñas a ser animago?

-¡Will! -exclamaron las dos mujeres de la sala, mientras Sirius y Will estallaban a carcajadas.

-Tal vez en otro momento -le dijo el animago, mientras dos mujeres lo miraban mal.

-Will, Emily -dijo Sally con voz suave-, ¿os importaría volver a vuestra habitación? Tengo que hablar con vuestro padre.

Los gemelos se miraron.

-Esta muerto -declararon ambos, antes de despedirse de sus padres (más de su padre) e irse a sus habitaciones.

En cuanto sus hijos se fueron, Sirius miró con pánico a Sally. Siete años de convivencia en Hogwarts le habían enseñado a andarse con cuidado con Jones. Pero, para su sorpresa, Sally tiro de él para darle un apasionado beso.

-¿Y eso? -preguntó en cuanto se separaron.

-Por ser un valiente idiota -respondió ella. Sirius la miró con confusión-. Lo hiciste para ayudar a Remus en las noches de luna llena, ¿verdad?

-¿Cómo lo sabes? -preguntó Sirius.

-Lily y yo lo averiguamos en tercero, pero jamás dijimos nada. Al fin y al cabo, es cosa de Remus revelar que es un hombre lobo -respondió Sally. Sirius rió, antes de atrapar a Sally en otro caluroso beso. Sally se separo rápidamente de él. Sirius la miró con confusión, antes de que la mujer se tumbara en la cama, desabrochándose la bata que llevaba. Los ojos de Sirius se abrieron al ver que Sally no llevaba nada debajo.

-Y ahora, señor Black -dijo con voz sensual-. Es hora de nuestra "charla".

Sirius sonrió, antes de abalanzarse sobre ella.


Año 2024. Casa de los Black Greengrass

Un hombre de unos cuarenta y cuatro años estaba sentado delante de una mesa de caoba, consultando una serie de papeles, cuando llamaron a la puerta.

-Adelante -dijo el hombre.

Un joven de entre unos diecinueve y veinte años, rubio y de ojos grises, asomó la cabeza.

-Papá, creo que tendrías que ver esto -dijo el joven, lanzadole una esfera de cristal que Will Black recogió en el aire. Echó un vistazo y vio la imagen de unos hombres vestidos con túnicas negras y máscaras blancas y grises lanzando hechizos contra una especie de barrera. Casi todos ellos llevaban brazaletes rojos, menos tres de ellos que los llevaban morados, que eran los que tenían las máscaras grises. Will sabía que las bandas y las máscaras representaban el rango de los Neomortífagos. Los de banda roja y máscaras blancas representaban el nivel más bajo, y los de máscaras grises y moradas el nivel intermedio. Luego estaban también los de las bandas y máscaras negras, que eran la élite.

-¿Qué hacemos? -preguntó Sirius. Will fijó la vista en su hijo, y este tuvo un escalofrío. Sabía perfectamente que el ojo derecho de su padre era falso, el verdadero lo había perdido en la guerra contra Voldemort; pero igualmente el ojo le ponía nervioso.

-¿Cómo que qué hacemos? -repitió Will-. Tú, James y Fred os largáis a la Mansión Greengrass ahora mismo.

-¡No puedes hacer esto tú solo! -gritó Sirius-. ¿Tienes acaso idea de lo peligrosos que son?

Sirius se echó para atrás cuando recibió la mirada de su padre.

-Claro que se lo peligrosos que son -dijo Will en voz baja-. Sus antecesores, los mortífagos, mataron a mi hermana y a mi madre. Tú, junto a tu madre y tu hermana sois la única familia que me queda. Y no pienso permitir perderos a ninguno de vosotros.

-Pero...

-Es una orden, Sirius. Como responsable que soy de ti en la Academia de Aurores.

Sirius bajó la vista y se fue a la sala de estar, seguido de su padre. Cuando entraron, Sirius fue a hablar con James Potter, un chico de su misma edad con el pelo negro y ojos castaños ocultos tras unas gafas; y un chico pelirrojo de la misma edad, y ojos negros azulados.

Will se dirigió a la puerta de entrada y la abrió, contemplando como los Neomortífagos se esforzaban para derribar las barreras de protección. Escuchó unos ruidos provenientes de la sala, que le informó que la Red Flu acababa de ser utilizada.

Volvió a echar un vistazo afuera. Después de haberse criado en la ciudad que nunca duerme, Will había encontrado la tranquilidad del campo más que bienvenida. Y no iba a dejar que unos estúpidos puristas de sangre la arruinaran. Sintió como alguien se ponía a su lado.

-Creí haberte dicho que te fueras -gruñó a Sirius.

-Francamente, papá. Fuiste algo estúpido pensando que me quedaría en casa de los abuelos como un niño bueno -le replicó Sirius, mirando fijamente a Will. Este solo gruñó.

-No voy a salvarte el culo cuando estamos ahí fuera -le dijo.

-Me arriesgare -dijo el rubio, antes de que las barreras cayeran finalmente, al mismo tiempo que el sol se ponía. Padre e hijo se miraron y se abalanzaron al ataque.


Mansión Greengrass

James Sirius Potter se estrelló contra el frío suelo de la mansión de los abuelos de su amigo. Se puso de pie, y vio que estaba en una gran sala de estar con otras cuatro personas, una de ellas era Fred, y las otras tres eran Daphne Black, la madre de Sirius y los señores Greengrass.

-¿Qué ha pasado? -preguntó Daphne a James, mientras le ayudaba a levantarse. Entre Fred y él, explicaron la situación. En cuanto acabaron, Daphne estaba pálida.

-Tengo que ir a ayudarlos -murmuró, antes de ser detenida por la voz de su padre.

-Daphne, hija. Tú no eres una combatiente, y si vas a ir, solo los molestaras. Confía en Will y Sirius, ambos son muy buenos.

James quería creer en las palabras del señor Greengrass, pero, por muy buenos que fuesen, los Neomortífagos eran veinte, mientras que Will y Sirius eran solo dos. Como mucho podían dominar entre los dos a ocho, lo que les dejaba siendo blanco fácil a manos de los otros doce.

-¿Es verdad? -preguntó una voz de chica desde la puerta. Todos miraron hacía ahí, y el corazón de James dio un vuelco.

En la puerta, vestida con una pantalones azules cortos y una camiseta roja, se hallaba Emily Black, la hermana pequeña de Sirius, una chica de pelo castaño oscuro y ojos azules eléctricos, que iba a empezar su séptimo año. Parecía tan preocupada, que James sintió el impulso de recorrer la distancia que los separaba y abrazarla.

Pero cuando dio un par de pasos, la mirada que le lanzó Emily lo hizo retroceder. A pesar de que Sirius era su mejor amigo, Emily lo odiaba. ¿El motivo? Cuando estaba en tercero y Emily en primero, la chica, por San Valentín, le había mandado la carta de amor más cursi que James había visto en su vida. Se había reído a carcajadas, y había comentado que era la cosa más cursi y patética que jamás había leído, y por desgracia, Emily lo había oído. En su defensa, verdaderamente era cursi la carta, y además no sabía que había sido de ella, se había enterado más tarde. Pero el mal ya estaba echó. Desde ese incidente, en el cuál James admitía que era culpa suya, Emily Black no quería saber nada de él.

Daphne miró a su hija, antes de asentir. Entonces, antes de que alguien la parara, la chica cruzó la sala a toda velocidad, cogió algunos polvos flu y se metió en la chimena, gritando: "Casa Black".

James fue el primero en reaccionar, cogió polvos flu y los arrojo a la chimenea. Pero cuando iba a meterse dentro, fue derribado por una fuerza misteriosa.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Fred.

-Ha bloqueado la chimenea -respondió James con temor.


Año 1994. Sala de la lectura

Daphne se hallaba sentada en un sofá. Su pelo rubio estaba recogido en una coleta y simplemente llevaba un camisón verde oscuro. Tenia las piernas subidas, y su semblante estaba reflexivo. Se preguntaba que hacían ella y Astoria leyendo sobre Potter. No es que le cayera mal, pero mentiría si decía que le caía bien. Estaba tan asumida en sus pensamientos, que no sintió como si alguien se sentaba a su lado.

-¿Ocurre algo, princesa? -le susurró la voz de Will en su oído. Daphne tuvo un escalofrío, y Will rió entre dientes.

-Deja de llamarme así -le pidió.

-¿Por?

-Odio que me llamen princesa -respondió ella.

-Pero lo pareces -replicó Will. Daphne levantó una ceja-. Cuando Emily y yo eramos pequeños, mi madre solía contarnos historias. Y la mayoría de las princesas que salían eran rubias y de ojos azules.

-No sabía que te gustaban las historias de princesas, Black -dijo Daphne.

-Se las pedía mi hermana -dijo Will, cruzándose de brazos. Entonces sonrió-. ¡Ya sé! Podríamos decir nuestro color favorito, el plato que más nos gusta, nuestras aficiones y nuestro lugar favorito.

-¿Es una broma? -cuestiono Daphne, incrédula.

-Nop -contestó Will, haciendo estallar la "p"-. Empiezo yo. Mi color favorito es el azul; mi plato favorito son los gofres que hace mi madre; me encanta el quidditch, la música (rock) y las películas de terror; y mi lugar favorito es la playa de Los Ángeles por la noche, donde tenemos una pequeña casa de verano. Tú turno.

-¿No me puedo librar? -preguntó Daphne. Will negó con la cabeza-. Vale... Mi color favorito es el morado; mi plato favorita es dorada al horno; me encanta la literatura y la música clásica; y mi lugar favorito es la torre de Astronomía.

Ambos permanecieron en silencio una minutos, hasta que finalmente Will se levantó.

-Quiero enseñarte algo -le dijo, antes de cerrar los ojos y concentrarse. Una puerta se materializó, y Will fue a abrirla, sonriendo.

-Ven -le dijo, sujetando la mano de Daphne. En cuanto cruzaron, la rubia se quedo con la boca abierta. Estaban ante una enorme playa de arena blanca. La luna y las estrellas brillaban y el mar estaba en silencio.

-Me encanta este sitio -le confesó Will, sentándose en la arena. Daphne se sentó a su lado-. ¿Sabes por qué?

-No -respondió la rubia.

-Porqué cuando contemplo todo esto, me doy cuenta de que yo no soy más que una insignificante, una minúscula cosa de algo que es mucho más grande. Pero cuando veo el océano, y veo que aún continua, aunque yo no sepa que hay más atrás, sé que hay algo, y ese algo, junto a esto, forma algo que es grandioso. Algo, que a pesar de vivir doscientos años como Dumbledore-Dpahne soltó una risita-, nunca podrías llegar a descubrir todos los significados que oculta.

Daphne se quedó en silencio. Asimilando las palabras de Will. Tenía razón. Hasta ahora ella se había sentido importante. Era una Greengrass, una de las familias más ricas del mundo mágico. Pero ahora, delante del océano, toda aquella fortuna le parecía algo insignificante. Entendía porqué a Will le gustaba ese sitio. El chico se levantó y le ofreció una mano.

-Será mejor que volvamos, aquí aún quedan varias horas de noche, pero en Inglaterra amanecerá pronto -le dijo. Daphne aceptó la mano y dejo que Will la levantara. Sus rostros quedaron cerca, y Will se inclinó hacía delante, con la clara intención de besar a Daphne, pero esta se echó para atrás.

-Will, lo siento -dijo ella-, pero no me gustas de esa forma.

Daphne se habría esperado que Will hubiera protestado, pero se encogió de hombros.

-Ya me lo imaginaba. Pero no me preocupa, son siete libros. Seguro que consigo enamorarte -Y dicho eso, se dio la vuelta y volvió a Inglaterra. Daphne se quedó allí, pensando en lo que acababa de oír. Luego miró la playa y sonrió, antes de volver por la puerta. Si William Black planeaba enamorarla, había empezado con matrícula de honor.


Año 2024. Casa de los Black Greengrass

Cuando Sirius salió por la puerta, tuvo que echarse a un lado, para esquivar una bola de luz verde que se abalanzaba sobre él. Sé escondió detrás de la fuente que había en el jardín principal, y su padre se colocó al otro lado.

Su hogar no era exactamente una casa, pero tampoco se podía considerar una mansión, era demasiado grande para ser una casa y demasiado pequeño para ser una mansión. Más bien era un caserón con aspecto antiguo, ya que había pertenecido a una familia noble del siglo XVII. Sirius adoraba su casa, y no iba a permitir que unos idiotas la destruyesen.

Sé asomo y vio que los Neomortífagos estaban detrás de la verja de entrada, demasiado lejos para ser alcanzados, y por desgracia también demasiado cerca para el gusto de Sirius. Lanzó una serie de aturdidores a los encapuchados, que ellos esquivaron con facilidad.

-Venga ya -murmuró, mientras su padre disparaba unas cuantas maldiciones que el chico no conocía, y que tenían pinta de ser muy chungas. Lo confirmo en cuanto una de ellas, alcanzó a un Neomortifago. El hombre se echó para atrás, se le resbaló la máscara blanca que llevaba, revelando que tendría unos cincuenta años y cayó al suelo, con sangre cayéndole por los oídos y la nariz. Otro Neomortifago le lanzó una maldición a su padre, y le alcanzó el antebrazo derecho. Sirius vio como la sangre manchaba la camisa de su padre, pero este no parecía preocupado.

-¿Qué era eso? -preguntó Sirius, sorprendido.

-Solo le he eliminado el aire a su alrededor. Solo esta desmayado -respondió Will, mientras rebuscaba algo en su bolsillo. Sacó una botella con un líquido blanco en ella que parecía humo.

-¿Eso es...

-Correcto -confirmó Will, antes de lanzar la poción de humo al grupo de Neomortífagos. Una cortina de humo blanco surgió, y oculto a los Neomortífagos, dejándolos cegados temporalmente. Sirius podía oír los maleficios (del tipo insulto, no del tipo mágico) que decían.

Vaya vocabulario pensó el rubio. Will se curó la herida del brazo.

-Ataque cascada -dijo. Sirius asintió.

-¿Empiezas tú o lo hago yo? -preguntó él.

-Hazlo tú -respondió Will. El chico volvió a asentir, mientras preparaba su varita.

Cuando el humo se despejo, antes de que los Neomortífagos reaccionaran, Sirius levantó su varita al cielo y bramó:

-Levibus sagittis -Un haz de luz luminosa, que parecía una flecha, se elevó hacía el cielo. Will apuntó hacía la flecha luminosa de su hijo.

-Cataracta -dijo Will, y la flecha se dividió en varias, que cayeron sobre los Neomortífagos.

Algunos, entre los que se hallaban los morados, alzaron escudos de un color verde venenosos, que hicieron que las flechas se estrellasen contra ellos, produciendo el ruido de un gong. Otros fueron alcanzados, y cayeron inconscientes al suelo.

-¡Papá! ¡Sirius! -gritó una voz desde la entrada. El corazón de Sirius dio un vuelco al ver a su hermana pequeña en la puerta de entrada. ¿Qué hacía ahí? Se suponía que estaba en la Mansión Greengrass.

Una maldición asesina salió disparada hacía ella, y Emily tuvo que echarse a un lado para esquivarla.

-¡Emily! -gritó Will. Entonces se giró hacía los Neomortifagos.

-Skoúro mastígio -Una bola de luz negra surgió de su varita, y se alargó hasta convertirse en un látigo. Lo blandió hacía él que había disparado la maldición, y rodeo su cuello con él. Sirius, con una mezcla de fascinación y sorpresa, escuchó como su padre le partía el cuello a aquel individuo. El resto de los Neomortifagos se retiró, llevándose con ellos a los heridos, y dejando atrás al muerto. Sirius fue hacía donde estaba su hermana.

-¿Cómo estas? -preguntó, ayudando a levantarla cuando estuvo a su lado.

-Bien -respondió Emily, levantándose, algo aturdida-. Solo...

-¡Emily! -Los dos hermanos se encogieron ante el grito de Will-. ¿Qué haces aquí? -preguntó, o más bien exigió, en cuanto estuvo con ellos.

-Papá, yo solo quería ayudar -susurró Emily.

-¿Ayudar? ¡¿Ayudar?! -repitió el hombre, incrédulo-. ¡CASI TE MATAN! ¡¿ES QUÉ NO PIENSAS?!

-Papá... -trató de decir ella. Sirius vio que estaba al borde de las lágrimas, y la entendió. Su padre jamás la había gritado de esa manera.

-¡Ni papá ni nada! -Will respiró para tranquilizarse-. Vuelve a la Mansión Greengrass. Hablaremos allí. Sirius, por una vez haz caso, y manda un mensaje a tus primos. Diles que han atacado nuestra ubicación.

Ambos hermanos asintieron y entraron en la casa. Mientras Sirius se dirigía a su habitación, para avisar a Scorpius y a Lyra, no podía dejar de pensar en la sensación que había tenido cuando su padre había gritado el nombre de Emily, justo cuando había esquivado la maldición asesina. Tenía la sensación de que no se había referido a su hermana pequeña.


Año 1994. Dormitorio de Harry, Ron, Neville y Will

Harry despertó de golpe. No sabía que era lo que le había despertado, hasta que vio una figura pelirroja y delgada al lado suyo. Harry entornó los ojos, aunque sin las gafas le costaba ver. La figura se las alargó, y se sorprendió al ver de quien se trataba.

-¿Ginny? -preguntó Harry, incrédulo. ¿Qué hacía ella ahí? Ginny se mordió el labio inferior, claramente incómoda.

-Harry, ¿recuerdas que ayer me dijiste que me protegerías de todo, incluido mis sueños? -preguntó ella, y Harry asintió-. Bien, pues... he tenido una pesadilla, y me preguntaba, esto, si... ¿Puedo dormir contigo?

Harry creyó haber escuchado mal.

-¿Qué?

-¿Qué si puedo...

-No, no. Si eso lo he oído -dijo Harry-. Pero, Ginny, no sé...

-Harry, por favor -suplicó ella con cara de cordero degollado. Harry suspiró.

-Muy bien. Pero si nos pillan, yo no sé nada.

Ginny sonrió, antes de tumbarse junto a Harry.


Hola gente,

decimotercer capítulo, dividido en escenas.

Cómo veis finalmente Sirius les ha confesado a Sally, Will y Emily que es un animago; y Sally sabe que Remus es un hombre lobo.

Ya hemos visto a los primeros personajes que aparecen en el futuro, y que están leyendo en el pasado, Will y Daphne. ¿Me odiáis por haber matado a Sally y Emily? Seguramente. Merlín, me siento como un asesino. ¡Voy a Azkaban!

¡Nueva pareja! ¡James S. y Emily A. (Em)! ¿Creís que Em le dará otra oportunidad a J.S?

Sé que el momento Hanny ha sido un poco corto, pero en el siguiente capítulo dará un momento bastante divertido, que incluíra a Ron, Will, una cámara de fotos y una camiseta color vomito de gato, XD.

*Lo sé, no soy de este planeta, XD.

¡ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO!

Se despide,

Grytherin18