¡Hola a todos! ¿Cómo han estado? Yo súperemocionado. Le he avanzado otro poco a esta historia, sobre todo después de leer a NedStark88. No sé porque aunque nuestros personajes son tan diferentes me inspiró. Bueno, comienzan las clases en Hogwarts. No creo que este capítulo tenga mucho chiste, aunque al final sucede algo sobre lo que después les pondré a pensar. Siempre me pareció exagerado que en la película de Harry Potter y la Cámara Secreta Hermione congelara a todos los duendecillos con un solo encantamiento.
13. Primer día de clases
A la mañana siguiente el cielo amaneció de un horrible color gris que amenazaba con lluvia. Mientras tanto, Albus, Rose, Peter y William ocupaban un lugar en la mesa de Gryffindor, el chico Thomson estaba rogando para que su primera clase no fuera en el exterior.
—No podemos repetir el horario, ¿o sí? —les preguntó a sus amigos mientras agarraba una tostada.
—¿A qué te refieres? —le preguntó Rose.
—Pues que el año pasado nos tocaba Herbología a primera hora del lunes… —dijo Peter.
—No estoy segura —confesó la chica Weasley—. Supongo que no hay nada que les impida hacerlo.
—Espero que no —rogó el chico Thomson.
—Pues yo creo que sería mejor que nos tocara ahorita a que nos tocara a la última hora —comentó William—, cuando seguramente va a estar lloviendo. ¿De verdad no me puedo dar de baja de ninguna asignatura?
—Por supuesto que no William, lo sabes perfectamente —dijo la chica—. Continuaremos con las siete asignaturas que tenemos ahora hasta el quinto curso, y en sexto curso podremos armar nuestro propio horario con las asignaturas que más nos convengan para la carrera que deseamos.
—Pero el próximo año comenzaremos con las optativas, ¿no? —inquirió Albus.
—¿Qué optativas? —preguntó Peter sorprendido.
—Asignaturas optativas —contestó Rose—. En las vacaciones de Pascua tendremos que elegir de una lista aquellas asignaturas que queremos cursar a partir del próximo curso.
—¿Cuántas? —inquirió Peter.
—Las que quieras, pero se recomiendan entre dos y tres —respondió de nuevo la chica.
En aquel momento, el profesor Longbottom llegó repartiendo los horarios.
—Crucen los dedos —dijo Peter.
—Muy bien chicos —dijo el profesor al llegar al lugar donde se encontraban los cuatro amigos—. Todos ustedes son de segundo curso, ¿cierto? Bien, estos son sus horarios.
Los chicos tomaron cada uno su horario, y lo miraron con detenimiento.
—¡Yupi! —exclamó Peter—. No tenemos Herbología hasta mañana. No es que no quiera verlo hoy profesor —agregó ante la mirada extrañada del profesor.
—¡Es nuestra última clase de hoy! —exclamó en tono desfallecido William.
—¡Sabías que tarde o temprano tenías que enfrentarte a eso William! —exclamó Rose en un tono compasivo.
—Supongo que hoy no será mi día —dijo resueltamente William.
—Ni el jueves ni el viernes —agregó Peter, y luego ante la mirada de los demás añadió—: ¿Qué? También esos dos días tenemos Defensa Contra las Artes Oscuras.
—Hola chicos —los saludó Alice mientras se sentaba a un lado de Rose.
—Hola —le respondió el saludo William en un tono fatalista.
—¿A qué debemos el honor de tu visita aquí, en la mesa de los leones? —inquirió Peter a la chica.
—Quiero alejarme un poco de Tommy —respondió resueltamente la Ravenclaw—. Desde que salió de la enfermería el día de ayer no ha dejado de darme lata sobre lo malas que son mis amistades. Yo he intentado recordarle que tengo amigos que el año pasado le habían caído muy bien, pero parece que ahora mi único amigo es Justin Jacot. ¡No se cómo se le ocurre tener celos de Justin!
—¿Justin Jacot? —inquirió una chica Gryffindor sentada unos cuantos asientos un poco más lejos—. Es un chico bastante bien parecido. No tanto como su hermano Jason, pero sí bastante.
Y dicho eso regresó a la plática que mantenía con su amiga.
—¡Vaya! —exclamó Rose molesta—. No sabía que había chicas Gryffindor en el club de fans de ese gran idiota.
—Jason no es ningún idiota —dijo William—. Es bastante astuto y siempre obtiene todo lo que quiere. Y supongo que si a varias chicas les resulta atractivo es porque algo debe tener.
—Bueno —dijo Alice mientras miraba hacia la mesa de Slytherin—, por lo menos está mejor que Towers. En mi opinión, ese chico es asediado solo por ser amigo de Jason Jacot.
—Conozco a alguien que no piensa como tú Alice —dijo Rose sonriendo.
—¿Quién? —preguntó Peter.
—Creo que lo mejor será que ya nos vayamos —interrumpió William—. Quiero llegar temprano a Historia de la Magia.
—¿Sigue siendo tu materia favorita? —cuestionó Peter.
—Hasta nuevo aviso sí —contestó William mientras se ponía de pie—. Es el profesor que mejor me cae y los temas me entran como agua. Tal vez cuando tenga mis optativas encuentre una nueva favorita, pero de momento…
La clase de Historia de la Magia se hubiera desarrollado tranquilamente si al profesor no le hubiera dado por aplicar un examen diagnóstico.
—Relájense chicos —les había dicho el profesor mientras repartía los exámenes—. Solo es para ver cuanto de lo que vimos el año pasado se les quedó grabado. Dependiendo de los resultados decidiré si hacen falta unas clases de repaso, un poco de tarea extra o simplemente podemos continuar con el temario.
Ni que decir que aquellas palabras habían tenido exactamente el efecto contrario al que había querido el profesor. La tensión prácticamente se palpaba en el aire. A nadie le hacía mucha gracia ver temas que ya habían visto y la mayoría de los chicos prefería no saber nada de tarea extra. Concientes de todo eso, sabían que si querían evitar esos dos destinos tenían que sacar una nota muy buena en el examen.
Albus leyó por décima vez la pregunta número tres: "¿Cuál fue la principal aportación de los pueblos del mar Egeo al estudio de las Pociones?". Por más que lo intentaba no podía recordar la respuesta. Es más, ni siquiera estaba seguro de quienes eran los pueblos del mar Egeo. ¿Se refería a la gente del agua que habitaba aquel mar, o a los magos que habitaban en las costas? ¿O en las islas? Si tan solo hubiera logrado estar seguro de cual era el mar Egeo.
El chico Potter volteó a ver a sus compañeros. Aquello le recordó demasiado a los exámenes sorpresa del curso pasado. Peter intentaba ver el examen de Rose y de William, pero la chica Weasley tapaba su examen y William movía la mano de uno a otro lado tan rápido que le imposibilitaba ver el examen. Zac Flaherty se rascaba la cabeza en el pupitre de al lado, y Arthur Finnigan jugaba con su pluma, al parecer ya resignado a no contestar más. Susan Mayer y Annie Sanderson se miraban nerviosamente la una a la otra, como esperando que la otra le dijera las respuestas a todo el examen.
Lo único que hacía diferente aquella atmósfera era la actitud presentada por Natalie Amber, quien parecía leer cada una de las preguntas del examen con gran concentración para después contestar con un poco de vacilación. Durante el curso pasado, la chica Amber había contestado rápidamente lo que podía y después le entregaba el examen a medias al profesor. Albus sospechaba que tal vez a la chica no le había funcionado muy bien su técnica el año pasado, y ahora quería esforzarse un poco más.
Al chico Potter le faltaban dos preguntas (una de las cuales era todavía la tres) cuando la campana sonó.
—Muy bien. El tiempo se acabó —anunció el profesor—. Accio exámenes.
De nada sirvió para algunos intentar garabatear un poco más en alguna pregunta. Lo único que consiguieron (como fue el caso de Peter) fue un gran rayón a mitad del examen.
—Ahora pueden marcharse chicos —dijo Edward—. Revisaré estos exámenes y el miércoles comenzaremos con las clases dependiendo de los resultados.
Los chicos recogieron sus cosas mientras se quejaban.
—No pude acordarme de la respuesta número doce —dijo Peter mientras los cuatro amigos salían del salón.
—Querrás decir que no la alcanzaste a ver —dijo sarcásticamente la chica Weasley.
—Da lo mismo —contestó el chico Thomson—. Bueno, sea cual sea el resultado ya está hecho. Además, no creo que unas clases de repaso sean tan malas.
Rose abrió desmesuradamente la boca al oír aquel comentario.
—¿Qué sucede? —preguntó con el ceño fruncido el chico—. Prefiero clases de repaso que deberes extra. Después de todo sirven para lo mismo, pero con las clases no tengo que sacrificar mi tiempo libre.
—Oye Rose —interrumpió William—. La pregunta tres me confundió.
Albus puso especial atención a la respuesta de su prima. Aquella pregunta había causado el mismo efecto sobre él.
—Si no me equivoco se refería a los griegos —respondió la chica—. Algunas de sus ciudades estaban rodeando ese mar. Aunque tal vez tuviera otro significado.
—Pero no recuerdo a otro pueblo que haya hecho aportaciones significativas a la elaboración de Pociones —declaró William.
—Te equivocas —contestó la chica—. El uso del alga marina fue descubierto por…
Albus no siguió prestando atención a la discusión. Sea cual fuera la respuesta ya no le importaba. Afortunadamente había decidido no poner nada. De lo contrario, ¿cómo explicaría que creía que el mar Egeo se encontraba cerca de la península ibérica?
—¿Qué nos toca ahorita? —inquirió Peter.
—Encantamientos —respondió William—. Con los Ravenclaw. Sospecho que Alice se va a sentar cerca de nosotros.
Y así fue. Cuando llegaron al aula de Encantamientos los Ravenclaw todavía no habían llegado, pero en cuanto entraron los primeros miembros de la casa del águila Alice localizó a sus amigos y sentó detrás de Rose y al lado de Peter. A pesar de que Tommy Foster no compartía clases con ella (ya que él iba en tercer año), eso no le impidió empezar con un monólogo sobre los celos y los amigos. Y fue un monólogo porque aunque los cuatro Gryffindor intentaron comentar algo al principio, rápidamente se dieron por vencidos al ver que la chica ni siquiera les prestaba atención y continuaba hablando. Incluso el profesor Fromm tuvo que pedirle que callara en varias ocasiones, aunque fue inútil, ya que la chica retomaba su monólogo a los pocos minutos.
Hubiera sido un alivio el término de la clase si Alice no hubiera subido el volumen de su soliloquio mientras se dirigían al Gran Comedor para la comida.
—¿No tienes que quedarte aquí Alice? —la interrumpió Peter mientras dejaban atrás la mesa de los Ravenclaw.
—No —respondió la chica rotundamente mientras los otros se desanimaban—. Hoy me sentaré junto a Sandy y Harry. No quiero tener a Tommy cerca por algún tiempo. Incluso es probable que al rato me vaya a la biblioteca y solo me dirija a la sala común de Ravenclaw de paso para ir al dormitorio.
Aquello finalmente tranquilizó a los chicos. Alice se despidió de los chicos al encontrarse con Harry y Sandy, mientras que los cuatro Gryffindor se iban hasta el final de la mesa de los leones con el fin de estar lo más alejados posibles de la Ravenclaw.
—Normalmente me cae muy bien, pero hoy está insoportable —dijo Rose, expresando así el parecer de todos.
—No entiendo porque le afecta tanto —dijo William—. Un amigo que se lleve mal con su novio no debería ser tanto problema. Es imposible que todo el mundo esté de acuerdo.
—En realidad son dos amigos. A Harry no le cae muy bien Tommy —le recordó Peter—. Y algo me dice que Harry sí va a lograr interrumpirla para decirle lo que piensa de Foster.
Y Peter tenía razón, pues cuando los chicos iban a mitad de la comida escucharon claramente a Alice decir:
—¿Qué quieres decir con "te lo dije"?
—¿Qué clase viene? —preguntó Peter.
—Transformaciones —respondió Albus despreocupadamente, aunque sin poder evitar darse cuenta de que muchas personas en el Gran Comedor estaban con la vista fija en la mesa de Hufflepuff.
—Y después Defensa Contra las Artes Oscuras —comentó William sombríamente.
La expresión de William daba miedo. No porque pareciera peligroso, sino porque lucía extremadamente deprimido. Realmente no quería tener que enfrentarse con su padre en clase.
—¡William! —exclamó molesta la chica Weasley—. ¡Hazme el favor de dejar eso! ¡Me estás volviendo loca!
—Lo siento —se disculpó el chico.
El ambiente en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras era de cautela en la mayoría de los casos. Ninguno de los alumnos estaba muy seguro de cómo habrían de comportarse frente al profesor Jacot. Un caso aparte era William, quien parecía extremadamente nervioso y no dejaba de tamborilear con los dedos en su pupitre mientras golpeaba rítmicamente el suelo con sus pies.
—Pero lo sigues haciendo —dijo Rose.
—No puedo evitarlo —contestó William con la voz extrañamente ahogada—. Pienso en lo que se aproxima y…
En aquel momento se escucharon pasos por el pasillo. La actitud de William cambió totalmente. Se quedó completamente rígido, sin hacer ninguna clase de movimiento. No obstante, aquello resultaba peor, ya que daba la impresión de que se desmayaría en cualquier momento.
La figura de David Jacot hizo acto de presencia en aquel momento en el marco de la puerta. El parecido con Jason era asombroso. El profesor también poseía unos rasgos muy atractivos, espalda ancha, evidentemente musculoso, ojos oscuros y cabello negro.
—Buenos días a todos —dijo el profesor con una suave voz mientras se dirigía hacia su escritorio.
La clase entera le contestó, o al menos lo intentó. De la boca de William no salió más que un chillido.
—Como ya sabrán, soy el sustituto del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras —anunció el profesor con aquel tono de voz suave y al mismo tiempo autoritario—. El profesor Potter ha debido ausentarse temporalmente de la docencia, y la profesora McGonagall me ha pedido que me haga cargo de esta asignatura hasta el regreso del profesor. Ustedes son alumnos de segundo curso, por lo que ya tienen experiencia en la lucha contra la magia oscura. El día de hoy les tengo preparada una pequeña prueba. Comparesco.
Y con una sacudida de su varita mágica, una jaula cubierta con una tela apareció sobre el pupitre del profesor. Muchos alumnos la miraron de forma curiosa.
—No es gran cosa a lo que se tienen que enfrentar —dijo el profesor—. Cualquier mago debe ser capaz de enfrentarse a criaturas como éstas. Los de séptimo la tuvieron más difícil con el examen de maldiciones que les puse antes de la comida. Mucho más difícil, diría yo.
En aquel momento el profesor retiró la tela que cubría la jaula. Y quedaron al descubierto un montón de criaturitas de color azul eléctrico con el cuerpo alargado y con pequeñas alas. Parecían una especie de monos feos.
—Duendecillos —exclamó casi en tono risorio Susan Mayer.
—Me alegra que demuestre ese nivel de confianza señorita —dijo el profesor—. Veamos qué pueden hacer para defenderse.
Y levantó su varita apuntando la jaula.
Decir que se armó un desorden es decir poco. Aquel movimiento del profesor tomó a la mayoría de los alumnos por sorpresa. Lo más que se podía hacer era ocultarse debajo del pupitre antes de que los duendecillos lo agarraran a uno por las orejas. Algunos, como Rose, intentaron algún encantamiento, pero eran tantos duendecillos que de nada servía dejar fuera de combate a uno cuando su lugar era ocupado de inmediato por otros tres.
Albus miró desde debajo de su pupitre al profesor. Parecía muy molesto. No obstante, aquello no era lo más notable. Los duendecillos ni siquiera se le acercaban. La zona del salón donde él se encontraba parecía impoluta, mientras que el resto de la estancia se estaba convirtiendo en un campo de batalla. Albus se preguntaba que significaba aquello, cuando se percató de un círculo luminoso en el suelo que rodeaba al profesor. Seguramente se trataba de una clase de encantamiento escudo.
—AUCH —gritó Peter molestó.
—¿Qué sucede? —le preguntó Albus.
—Uno de esos duendecillos me acaba de picar con una pluma en el trasero —contestó el chico muy molesto—. ¿No piensas hacer nada Rose?
—¿Y por qué no haces algo tú? —inquirió la chica molesta.
—Yo no soy el mejor de la clase —replicó Peter mientras se peleaba con un duendecillo por su libro de Defensa—. ¿Acaso no te sabes un encantamiento genial para acabar con toda esta peste?
—¡Son demasiados! —exclamó molesta la chica mientras repelía a dos duendecillos que intentaban jalarle el cabello.
Albus golpeó a un duendecillo con la ayuda de un libro, y de repente enfocó su atención en William. El chico parecía indeciso, como si quisiera hacer algo pero no se animara.
—¡Patético! —exclamó el profesor irritado—. ¿Me están diciendo que ninguno de ustedes sabe manejar a los duendecillos? Si no pueden enfrentarse a esto jamás lograrán enfrentarse a criaturas más peligrosas, y no hablemos a otros magos. Los duendecillos son bastante benéficos a comparación de algunos magos, pero si no pueden con un montón de duendecillos ¿qué se supone que pueden esperar cuando…?
—Immobilus.
William se había puesto de pie de un salto y había recitado esa sola palabra mientras levantaba su varita. En un momento, todos los duendecillos se habían quedado congelados en el aire, algunos con unas expresiones bastante cómicas.
El mismo profesor Jacot pareció sorprenderse.
Poco a poco, los alumnos fueron saliendo de debajo de sus pupitres. Parecía que la batalla había terminado. Así, congelados, los duendecillos no eran ninguna amenaza.
—Bastante heterodoxo —dijo el profesor en tono ambiguo.
William miró a su padre de forma nerviosa. ¿Qué significaba aquella frase? ¿Desaprobaba lo que había hecho? ¿David hubiera preferido que fuera más "ortodoxo"?
—Bien William, acabas de ganar veinte puntos para Gryffindor —dijo el profesor.
La expresión de David Jacot cambió por completo. Miró a su hijo con una sonrisa y una mirada llena de orgullo.
—Eso es lo que se necesita para vencer a las Artes Oscuras —dijo el profesor—, inventiva y determinación. No sirve aprenderse los encantamientos para luchar y esperar a que la situación se presente. Es preferible saber utilizar un solo encantamiento de varias maneras. Un encantamiento de desarme bien usado puede servir para algo más que desarmar al oponente. Evanesco. Reparo.
En aquel momento la jaula y todos los duendecillos desaparecieron del aula, y toda el aula se recompuso.
—Sin embargo, el Ministerio me pide que les enseñe las formas "ortodoxas" —continuó el profesor—. Así que si no les molesta, me gustaría que sacaran pergamino y tinta y veamos cuales son las formas convencionales para deshacerse de los duendecillos.
El resto de la clase se la pasaron copiando notas sobre las maneras de derrotar a los duendecillos. No obstante, el profesor no paraba de recordarles que era mucho mejor la inventiva, y no estuvo conforme hasta que todos los alumnos le dijeron por lo menos una forma diferente de librarse de los duendecillos.
—Muy bien —dijo el profesor al concluir la clase—. Les otorgaré un punto a la casa de Gryffindor por cada una de las opciones que me han dado para vencer a los duendecillos. Serán otros quince puntos, si no me equivoco.
Los alumnos empezaron a recoger sus cosas. El profesor se acercó a William
—Te felicito —le dijo en voz baja mientras le ponía una mano sobre el hombro—. No hubiera podido esperar algo mejor.
—Gracias —respondió William en voz baja.
Al salir del aula, el chico Jacot no cabía en sí de gozo.
—Creo que no le fue tan mal como pensaba —comentó Peter mientras seguían a William hacia el Gran Comedor para la cena.
—Creo que a todos nos fue bastante bien —opinó Rose—. Tú lograste decir tres formas de vencer a los duendecillos que a mí nunca se me hubieran ocurrido.
—Pura teoría —dijo el chico Thomson tratando de parecer modesto—. No estoy seguro de poder lograr algo como eso si me viera en una situación real. Además, la idea del Wingardium leviosa no era completamente original.
—¡Claro que era original! —contradijo la chica sorprendida.
—Peter, tú fuiste quien hizo aquella maniobra en contra de la mantícora el año pasado —le recordó Albus.
—Pero aquella vez hice levitar los aguijones, no a la mantícora completa —refutó el chico.
Okey, okey. Mi comentario del principio parece no tener ningún sentido. Pero en realidad es una idea sobre algo que pienso hacer con los hermanos Jacot. Espero que les guste.
