.-°-Toca.mi. piel-°-.
Acotaciones:
- Diálogos
" " Pensamientos
&&&&& Cambio de escena
Lin sintió los labios cálidos de Kohaku contra los suyos y se paralizó con una descarga de adrenalina recorriendo todo su cuerpo mil veces. Por un instante pensó en qué hacer pero la lógica quedó de lado cuando él la abrazó, entonces no pudo más que corresponder de la misma forma en que él la besaba y se acercaba a ella cada vez más. Estuvieron así muy poco tiempo en realidad pues fueron interrumpidos por el sonido del teléfono, la secretaria intentaba comunicarse con ella y eso fue suficiente para separarla del joven de pecas.
- ¿Qué pasa? –preguntó estando ya del otro lado de su escritorio y con un botón presionado.
- El señor Sesshoumaru está aquí.
- ¿Está aquí? Él... es… bueno… dile que me espere un momento, voy para allá.
- ¿Qué pasa? –preguntó Kohaku de inmediato.
- Vinieron a buscarme, es mejor que te vayas.
- ¿No pueden esperarte?
- No, no pueden, es mejor que nos vemos otro día Kohaku. –y antes de que pudiera responderle fue directo hacia la puerta y la abrió dejando espacio libre para que su amigo saliera.
Sesshoumaru la vio abrir y unos instantes después vio al joven que salía, nunca antes lo había visto pero su sola presencia bastó para crisparle los nervios y saber que sus intenciones no eran buenas. Lin salió detrás de él y dijo adiós con toda la indiferencia que pudo volteándose un poco cuando el beso de despedida se dirigía a sus labios. Kohaku se marchó sin decir nada más y sin siquiera sospechar que ese imponente hombre de mirada dorada era la pareja de Lin.
Sesshoumaru esperaba poder estar con ella esa tarde, pasar tiempo juntos y hablar algunas cosas, aclarar qué era lo que estaba mal entre los dos y terminar con ello pero ella no se lo permitió. Entraron a la oficina cerrando la puerta por detrás pero la joven se apresuró al escritorio y se sentó a trabajar en unos papeles que tenía regados mientras él le hacía conversación.
- Estás demasiado ocupada.
- Algo… discúlpame, debería ponerte más atención… - sus palabras fueron sinceras, de verdad se sentía mal por todo lo que estaba pasando pero lo pero que podía hacer en su actual situación era quedarse ahí con él fingiendo mal que deseaba estar a su lado y actuar como siempre.
- Es mejor que me vaya. Después te llamo. –respondió él con su actitud de siempre sin que se le notara ningún tipo de sentimiento, sólo poniéndose de pie y caminando hacia la salida después de pasar por alto algún conato de beso o mirada entrecruzada.
Una vez estando afuera ambos se sintieron mal, culpables pero sobre todo solos, de alguna manera esa distancia invisible que los separaba también parecía aislarlos del mundo en un sitio lleno de tristeza y soledad, donde todo lo que hacían era incorrecto de alguna forma.
"Lin… ¿qué pasa?" –pensó él viendo fijo los números del elevados que descendían uno a uno.
- "Perdóname… no sé qué hacer…" –se disculpó ella con el viento mientras una vez más las lágrimas le mojaban el rostro y los labios con recuerdos fugaces de alguien más.
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Casi 24 horas más tarde Kagome se encontró en la entrada de un hospital, el mismo donde estaba Houyo para ir a comer juntos, sería algo rápido puesto que él tenía que atender una paciente que probablemente necesitaría cirugía de emergencia. Pronto su prometido bajó y fueron a la cafetería del hospital, se pasaron el rato tranquilo como era su costumbre, en ese tiempo Kagome no se dio cuenta pero él resultaba un buen amigo con el que le gustaba platicar y pasar el tiempo.
Se despidieron en la recepción del hospital donde avisaron a él que tenían el quirófano listo para su cirugía, ella suspiró y dio media vuelta sólo para quedarse helada al ver a Inuyasha entrando a paso rápido. De inmediato notó la expresión preocupara de su rostro y el ensimismamiento en el que iba perdido. Kagome no supo qué hacía él ahí, tal vez la estaba buscando o fuera mera casualidad, pero la segunda opción no parecía lógica, así que asumió que era ella la razón de esa extraña visita de Inuyasha, pensó mil cosas para hacer en ese momento pero en realidad nada fue necesario cuando él la pasó de largo sin siquiera notar su presencia. El joven fue directo al mostrador a preguntar algo en voz alta y preocupada que a ella le fue perfectamente audible.
- Vengo a ver a mi novia, ella está aquí… tuvo complicaciones con el bebé…
Eso fue todo lo que bastó para que Kagome más que dolida saliera de ahí corriendo sin miar atrás, no se dio tiempo para escuchar otra palabra, sólo necesitaba abandonar ese lugar y desaparecer para siempre, jamás volver a verlo o escucharlo, ni una vez en su vida pensar en Inuyasha otra vez.
Cruzó las puertas a punto de tropezar con alguien que iba en sentido contrario pero no lo notó, sólo supo que el viento y el sol le golpeaban la cara cegándola por instantes. Su camino era algo incierto puesto que el auto estaba en la otra dirección pero ella parecía no notarlo, sólo seguía avanzando como si eso la alejara de lo que acaba de escuchar.
Ella lo amaba, de eso no tenía dudas, y en cierto momento llegó a creer que era correspondida, entendió que si ella no tenía el valor para terminar con Houyo tal vez a Inuyasha le pasaba lo mismo, pero en el fondo la amaba... eso fue lo que creyó.
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El teléfono repicó no más de tres o cuatro veces cuando Lin lo atendió despreocupada y aún riendo por un comentario que hizo Kohaku, sin embargo la expresión alegre de su rostro se borró de inmediato al escuchar la voz de su interlocutor.
- Sessh… ¿qué pasa?
- Llamaba para saber a qué horas quieres que pase por ti. –se aventuró a decir Sesshoumaru con su misma voz indiferente de siempre, aunque haciendo un gran esfuerzo por sonar así.
- Hoy… no… es… tengo trabajo que hacer, estaba algo atrasada y Kagome siempre acaba haciéndolo todo.
- Entonces supongo estarás en casa trabajando toda la noche.
- Sí…
- Está bien, después hablamos.
Lo siguiente que Lin escuchó fue el sonido de la línea, suspiró entre aliviada y culpable y volvió la mirada al muchacho de pecas que la esperaba en el sillón. Kohaku le preguntó quién era en el teléfono pero ella sólo dijo que algo de un proyecto que evitaba hacer. Así volvieron a su ambiente tranquilo, rodeado por música suave y envuelto en el vino de sus copas, sólo conversaban desde hacía rato cuando terminaron la cena pero sus miradas los delataron cruzándose seguido y precediendo a un roce manos. Esa misma tarde se habían besado por tiempo corto e iniciativa de él pero todo el tiempo que llevaban juntos desde entonces tenía una sola autora que para esos momentos tenía la confusión más enredada que nunca antes.
Él ya conocía ese sitio de muchas veces antes y tuvo la suerte de toparse con la puerta abierta, así Sesshoumaru subió hasta llamar directamente a la entrada del departamento de Lin, desde afuera se notaba la música pero cuando ella abrió, se hizo mucho más notoria.
- Sesshoumaru… qué… hola…
- Pensé que te gustaría algo de compañía en lugar de trabajar sola.
- Gracias… pero es que… es que no… -sus pensamientos pasaban de mil casa segundo sin que lograra captar ninguno más allá de "que tonta eres" mientras un dolor horrible y conocido se apoderaba de su pecho. Sesshoumaru permanecido en silencio esperando por la respuesta cuando ésta llegó de la figura masculina que se paseó silenciosa y desprevenida detrás de Lin.
- Quiero darte esto –se apresuró a interrumpir el momento con su frialdad de siempre y le pasó la caja de terciopelo negro – Es un presente por el fin de unas buenas noches. –acto seguido dio media vuelta y comenzó a alejarse con su mayor esfuerzo para no demostrar ninguna de las emociones que lo carcomían por dentro, por ella sentía lo que nunca antes en su vida conoció pero nada contaba porque él a Lin le era insignificante, indiferente. Fue así como empezó a pagar el error de la primera noche y de su juego de seducción que lo hundió hasta el cuello en necesidad de ella, en amor por ella.
- Sesshoumaru… espera ¿qué pasa? –pero su voz no fue escuchada en lo absoluto – Sesshoumaru…. –murmuró ahora por lo bajo cuando abrió la caja y en su interior encontró el anillo más hermoso que jamás hubiera visto, era como hecho justo para ella aunque no entendía su significado bajo esas circunstancias.
- Lin ¿quién era? -la interrumpió Kohaku desde atrás.
- No importa… -su respuesta fue vacía y sin emoción al tiempo en que ocultó con éxito el presente.
El resto de la noche se la pasaron conversando y en silencio, Kohaku hizo más de un intento por acercarse pero el frío abismo que separaba a la joven de la realidad lo detuvo siempre.
Sesshoumaru salió del edificio y fue conduciendo por la ciudad con la mente en blanco, lo que acababa de hacer no lo tenía planeado, no así y no encontraba la razón de haberlo hecho. Actuó de forma impulsiva como nunca en su vida y ahora había dejado sin luchar a quien más amaba en el mundo. Dentro de su pecho las emociones lo traicionaban y de un momento de dolor pasaba a uno de ira y sentía deseos de regresar y decirle lo mucho que la amaba, su mente le jugó más de una broma haciéndole creer que si lo hacía ella besaría sus labios y se quedarían juntos por siempre, pero no era así. Ya no da tenía sentido y eso fue lo que más le pesó.
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El sol brillaba en el cielo dándole luz a toda la ciudad, las personas iban y venían como en cualquier otro día normal mientras Lin se encontraba sentada en su escritorio con un montón de papeles que no importaban y Kagome abría la puerta. Entró y se sentó apenas susurrando un tenue –Hola- que su amiga respondió de la misma manera.
- Inuyasha va a tener un hijo… -soltó la recién llegada eso con tanto peso que la asfixiaba desde el instante en que lo supo. – Ayer me enteré por casualidad… él ya lo sabía y no pensaba decírmelo, me engañó… pero todo fue mi culpa por dejarme llevar…
- Kagome… lo siento… pero no es tu culpa –la corrigió su amiga mientras se acercaba hasta quedar frente a ella – Él lo hizo, él mintió y tú no tienes la culpa de nada.
- Pensaba decirle a Houyo que no me quiero casar, hoy… hoy mismo pensaba hacerlo, pero ahora ya no sé… -al final sus palabras se vieron cerradas por un nudo en la garganta y Lin lo único que pudo hacer fue abrazarla para reconfortar sus heridas en algo y ver si de paso así hallaba algo de consuelo para su propio dolor.
Un buen rato se pasaron con los pormenores del problema, dándole vueltas a lo mismo hasta que Kagome notó la tristeza que su amiga medio ocultaba.
- Ayer por la noche… estaba con Kohaku en mi departamento y Sesshoumaru llegó… abría la puerta y creo que dije un montón de tonterías. En realidad no lo engañé… o tal vez lo hice… Kohaku me besó ayer… fue él, no yo… pero ni importa, de cualquier forma siento que engañé a Sesshoumaru. Además le mentí, le dije que estaba sola trabajando cuando él me llamó antes, dijo que quería invitarme a salir… pero cuando llegó me dio un anillo, terminó conmigo y se fue…
- Te enamoraste de él – la sentenció Kagome sin dudar – Pero la llegada de Kohaku te recordó el pasado y estás confundida. Pero… bueno… te lo digo como amiga, las cosas con Kohaku no pueden funcionar, no después de tantos años, todo lo que ha pasado y lo mucho que quieres a alguien más ahora.
Un silencio helado se produjo entre las dos, ninguna se miraba a los ojos aunque sabían exactamente qué pensaba la otra. Lin supo que esas palabras eran sinceras, tanto como ella nunca lo pudo ser consigo misma, en el fondo sabía que sentía algo demasiado fuerte por Sesshoumaru pero muchas cosas la ataban a Kohaku, o por lo menos así lo sentía, quería creer que todo lo que hacía años imaginó estaba pasando y esa historia que tantas veces se formó en la cabeza estaba pasando con el hombre de su vida a su lado. Sólo que ya no estaba segura de quién era ese hombre.
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Sesshoumaru escuchó la voz de su hermano a unos metros de donde él estaba y de inmediato reaccionó poniéndose de pie violento y cruzando una puerta para alcanzarlo, tenía todo el día metido ahí sin la menor gana de hacerlo e Inuyasha ni siquiera había llamado.
- Ahí dejé las cosas que vas a terminar –le dijo mientras salía para retirarse.
- No te puedes ir, sólo vine a recoger algo.
- No me importa, no voy a estar aquí y alguien tiene que quedarse.
- Maldición no sé si fui claro o no, pero no me voy a quedar –explotó al fin conteniendo lo más posible sus gritos para que otras personas no los miraran – Tengo algo que resolver.
- Tu vida personal me tiene sin cuidado.
- Y yo no tengo tiempo para solaparte tus aventuras, la mujer que sea te va a esperar.
- Y Kikyo no tendrá problema en estar pegada a ti como tantos años.
- ¡Cállate! Te prohíbo que hables de ella. –respondió al fin Inuyasha haciéndose notar por todo el piso con la voz altisonante y la actitud retadora hacia su medio hermano.
- Que estúpido eres –respondió el otro con su habitual calma recuperada aunque sin pensar en lo que decía – años a su lado y todavía no te das cuenta de que te engaña con la primera billetera que se le cruza por enfrente.
Lo siguiente fue el sonido de un puño estrellándose contra el rostro de Sesshoumaru y el hábil golpe en el estómago que éste devolvió como reflejo y que le sacó el aire a Inuyasha. Se quedaron mirándose por unos segundos más, se retaron con la mirada a cada instante pero sin moverse, ambos sabían que ese no era el lugar ni el momento para descargar todo el rencor de años y su eterna rivalidad, además de sus propios problemas. Así el mayor decidió acabar con aquello y se marchó en silencio, inexpresivo, dejando a su paso una estela e calma imperturbable.
Tan pronto como Inuyasha se recuperó, entró a su privado y tomó todo lo del escritorio tirándolo al suelo. Caminó en círculos maldiciendo a los cuatro vientos tantas cosas como se le venían a la mente, estaba desesperado y no encontraba forma de sacarlo. Ahora su vida era mucho peor que antes, hacía días que llevaba a cuestas la presión de kikyo y su embarazo, esa mujer que por tantos años estuvo a su lado, ella a quien pensó amar iba a tener un hijo suyo ahora que lo que menos deseaba era estar a su lado, justo en ese momento que tenía a la mujer que verdaderamente amaba y le importaba a unos cuantos pasos, para poder llamarla, salir con ella, besarla y hacerla su compañera. Pero nada de eso era verdad.
Por más que trató durante casi una hora esa imagen de Kikyo llorando no lo dejaba en paz, era su fantasma que callado lo perseguía y lo atormentaba, además las palabras de Sesshoumaru, a las cuales también pretendió ignorar, se clavaron en su mente de más. Odiaba a su medio hermano desde siempre y jamás sería capaz de confiar en él pero también lo conocía y no tenía la costumbre de mentirle, ni siquiera si con eso le hacía pasar un mal rato. Tal vez todo era cierto y tenía ahí la llave para no estar con ella pero aún así eso no era suficiente, no le podía quitar de adentro el profundo y oculto dolor de que ya no sería papá.
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Sesshoumaru pasó las siguientes horas hasta el anochecer sólo dando vueltas por la ciudad sin sentido, fue hasta que el sol se ocultó por el horizonte cuando se dirigió a un despacho de abogados donde al subir las escaleras encontró tras un escritorio a la mujer que buscaba. Una provocativa joven de apenas pasados 25 años, ella de inmediato lo miró con sus ojos en tono rojizo y una sonrisa.
- Vaya… hace mucho que no te veía. Espérame abajo, no tardo – lo saludó Kagura mientras terminaba de guardar algunas cosas y tomaba expedientes para su jefe –
Sabes que no te puedes encontrar con Naraku. Espera abajo. – pero Sesshoumaru no se movió, así que resignada entró al privado para salir tras unos minutos, - ¿A qué debo tu visita¿Igual que siempre te sientes solo y defraudado de todas las otras con las que te acuestas?
- Sólo vine para saber si sigues siendo multifuncional –respondió él al comentario cordialmente agresivo que recibió y que no le extrañaba de ella.
- ¿A qué te refieres?
- Si sigues siendo todo en uno, secretaria, recepcionista, mensajera, amante, enfermera de borrachera, solapadota y hasta punching bag si no mal recuerdo- ella lo miró como con infinito desprecio y volteó la cada para que no se notaran sus ojos llenos de lágrimas, debía aprender a medir sus comentarios con él si no quería someterse a las posibles consecuencias.
- Estás más amargado de lo normal… -dijo al fin - ¿A dónde vamos?
- Tú dime – Sesshoumaru no tenía ningún interés especial para esa noche, sólo quería olvidarse de su vida y de todos sus recuerdos.
Un par de horas más tarde terminaban de cenar en un lugar tranquilo y apacible que coordinaba perfecto con la atmósfera entre ellos. Ambos lucían fríos y distantes, ella casi tan inexpresiva con él y poco más solitaria pero conversaban a ratos interrumpiendo sus silencios y con mucho cuidado de que nada inapropiado fuera dicho, nada que pudiera doler.
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A la mañana siguiente tres personas despertaron casi juntas con el primer rayo de sol y después de no dormir mucho en horas anteriores. Lin sola en su cama con un anillo en la palma de la mano y marcas de lágrimas en el rostro, mientras Kagome abría los ojos con el sonido de alguien llamando a la puerta y la sucesiva sorpresa de un desaliñado Inuyasha esperándola ahí. Y por último un hombre apuesto de ojos ambarinos despertaba sintiendo su cuerpo desnudo y a la mujer que se levantaba del otro lado de la cama para marcharse a su trabajo luego de una noche de sexo cordial como fue su costumbre tantas veces antes.
CoNTiNuaRá...
Hello!! Ah pues ésto me ha costado algo de trabajo y un par de siglos, creo que a mi ya conocido bloqueo se suma la escuela... pero en fin, espero de corazón que les guste, que esté bien la historia y lleve un buen camino. Mi mayor meta es que esto quede bien y les guste a todas.
En fin... ya me voy, se cuidan mucho todas y si tienen un segundo les pido un comentario, ya ssaben lo que sea es bueno. Byes.
