Ariana Mendoza beteo el capitulo, yo solo lo escribí. Los personajes son de Stephenie Meyer y ya ustedes conocen el protocolo.

Nueve Veces Rechazadas

...

Debes ir allá para volver.

Epov

Cuando mi clase de matemáticas acabó, casi corrí hacia el casillero de Isabella porque estaba al otro lado de la escuela. Quería verla, no había tenido la oportunidad de hacerlo esta mañana debido a que, sorpresivamente, Tanya la había traído a clases. Quería preguntarle sobre eso también, ya que era muy extraño, pero sobre todo, quería besarla.

Mierda, estaba obsesionado con eso ahora.

Sonreí cuando la vi organizando sus cosas en su casillero, y mi sonrisa se ensanchó cuando estudié el pasillo y me di cuenta de que no había mucha gente. Caminé hacia ella, la jalé del brazo y la metí en el primer cuarto de limpieza que encontré.

—Edward, ¿qué...?

No la dejé terminar, por supuesto, porque tomé su rostro entre mis manos, una vez hube cerrado la puerta detrás de mí, y me incliné para besarla en los labios.

Había empezado lentamente, succionando su labio inferior con sutileza, pero en el momento en que ella prosiguió a mover sus labios torpemente sobre los míos, yo solo perdí el control y traté de seguir un ritmo más rápido, más duro. Bella no respondía al beso, probablemente porque no sabía cómo. Ella solo agarró con fuerza mis brazos, como tratando de sostenerse. Sabía que la había tomado con la guardia baja, pero no podía detenerme, me sentía tan bien que se me hacía casi imposible parar.

Sí, no me importaba, en realidad esta cosa se me estaba yendo de las manos; era como si estuviese obsesionado. Como si lo necesitara para vivir.

Era como si besarla fuese algún tipo de droga para mí. Y esa mierda no se escuchaba bien.

Regla número uno: no podía enamorarme.

Rayos. Bueno, podía manejar eso. Definitivamente estaba seguro de que no sentía nada amoroso por Isabella. Solo, tal vez, un gran impulso por querer besarla todo el tiempo. Ya me había dado cuenta de que era muy bonita y agradable, así que quizás esto era solo algún deseo sexual por ella.

Repetí eso en mi cabeza unas cinco veces, tratando de convencerme. Solo era un deseo sexual. Mierda, ella era virgen, eso definitivamente me estaba volviendo loco, y su maldita novatez al besar me volvía loco también.

Sí, estaba convencido, solo era un extraño y enfermo deseo sexual. Era eso, solo eso.

Empujé a Isabella contra una de las paredes. Mierda, creo que había tirado una escoba o algo parecido. Llevé mis manos hacia su cabello, pero no, no era suficiente, así que traté de meter mi lengua en su boca. Eso estaba mejor. Ella abrió su boca, un poco nerviosa, para recibirla; podía sentir cómo su corazón quería salirse de su pecho cuando jalé su cuerpo más cerca del mío.

La necesitaba. Maldita sea, esto del celibato me estaba costando. Y me había cegado tanto la maravillosa sensación que sentía al tener sus cálidos y rosados labios sobre los míos, que no me di cuenta de que Bella de repente me había soltado y ya no me estaba tocando.

Estaba mal, mierda, la había asustado. Quise relajarme, pero cuando le di tregua, ella solo suspiró y se zafó rápidamente de mí para presionar su cabeza contra mi hombro, levemente sorprendida.

También yo estaba sorprendido. ¿Qué mierda acababa de pasarme?

Bella respiraba agitadamente sobre mi hombro mientras yo hacía lo mismo. Me sentí tentado a abrazarla, pero solo no me atreví a hacerlo.

Por favor, no me dejes por esto.

—Lo siento —dije—. Realmente lo siento mucho.

Ella no dijo nada, solo se quedó dónde estaba.

Carajo, me sentía como un jodido idiota, ¡Era un jodido idiota! Me pasé una mano por el pelo, tratando de mantener la calma y, después de unos segundos, obligué a Isabella a separarse de mi hombro. Ella no estaba fría ni temblaba, ella solo estaba jadeando. Levanté su rostro con mis dedos cuando supe que ella misma no lo haría y la miré a los ojos por un momento para asegurarme de que no estuviese asustada.

Una vez más me di cuenta de que los ojos de Bella eran muy hermosos.

—Lo siento —repetí, bastante apenado con ella, ahora. Empecé a acariciar su labio inferior, el cual había dejado notablemente hinchado—. Olvidé que aún no estás lista para eso.

Ella levantó la comisura izquierda de su labio después de un momento y se encogió de hombros.

—No, no lo estoy.

—Pero lo estarás —le prometí con una sonrisa, acercando mis labios a los suyos nuevamente para otro beso. Esta vez, uno muy casto—. Espero que puedas soportar por lo menos eso.

Ella se sonrojó.

—Sí, creo que sí.

—En ese caso…

Y volví a besarla por un rato más.

—¡Edward! —me regañó ella, riendo sobre mis labios—. ¡Estamos en el cuarto de limpieza!

—¿Y? —No me detuve. Ahora estaba acariciándole la cintura con mis manos.

Ella volvió a reír.

—¡Tenemos clase!

Besé su mejilla.

—Saltémonosla —propuse.

—No podemos. —Ella me miró a través de sus largas pestañas.

No, claro que no podíamos. Me eche hacia atrás para alejar mis manos de ella y tratar de tener una conversación decente. Me recosté sobre la pared de enfrente y me pasé los dedos por mi cabello.

—¿Está bien si te vas en autobús esta tarde? Tengo práctica de fútbol después del almuerzo.

—De hecho —Bella apartó su mirada y mordió sus labios—, Tanya me pidió que me fuera con ella a la salida.

Fruncí el ceño.

—¿Tanya? —Estaba sorprendido—. ¿Puedo saber qué está pasando?

Bella se encogió de hombros.

—Ni siquiera yo lo sé. Creo que solo está tratando de ser amable conmigo.

—¿Sus padres saben lo de...?

Ella supo a lo que me refería. Negó.

—Yo no les he dicho nada.

Me acerqué a ella y le tomé la mano.

—Está bien, supongo que te veré a las seis, entonces.

—¿A las seis? —Entornó los ojos—. Siempre te cuelas por mi ventana como a las once.

—Es que quiero invitarte a cenar.

Bella abrió ampliamente los ojos durante un segundo, sorprendida, y sus lindas mejillas se colorearon de rosa.

—¿A cenar? ¿Cómo una… cita? —balbuceó—. ¿Esta noche?

Asentí solemnemente. Éramos oficialmente una pareja.

Bueno, oficialmente entre ella y yo.

—¿Está bien si me pongo unos jeans y una camiseta? —peguntó un poco nerviosa.

Entrelacé mis dedos con los de ella y ladeé la cabeza para sonreírle.

—Hmm, es una cita Bella, me gustaría que llevaras un vestido.

—¿Tú te pondrás un traje?

Me encogí de hombros.

—Probablemente.

—¿Puedo saber a dónde me llevarás? —inquirió.

La abracé para darle un beso en la frente.

—Es una sorpresa.

Bella guardó silencio por unos segundos antes de soltar mis manos y rodearme con sus brazos, correspondiéndome el abrazo. Habían pasado casi quince días desde mi ruptura oficial con Tanya… Algo que, en definitiva, era el chisme del momento en los pasillos de la escuela. A Tanya parecía gustarle la atención masculina que estaba recibiendo y no perdía oportunidad para pavonearse frente a mí con un chico diferente cada día, tratando de darme celos. Por supuesto, no estaba funcionando.

A mí, al contrario, empezaba a fastidiarme la atención femenina. Yo solo quería estar con Bella, para ser honesto, y ya había tomado la firme decisión de no engañarme a mí mismo: ella me gustaba mucho.

Era divertida, entretenida y muy hermosa.

Había descubierto que me gustaba hacerla reír. No reía a menudo, y me gustaba saber que yo era el único que podía lograr hacerla reír de verdad. Pero Bella se negaba rotundamente a tener algún tipo de amistad conmigo en la escuela, ella decía que no estaba bien porque era la prima de Tanya, mi recién exnovia, y eso podría poner las cosas tensas en casa. Más de lo que ya estaban.

Por supuesto, yo lo entendía. No quería ponerla incómoda con su propia familia. Lo que no podía entender, era por qué Mike Newton sí podía estar con ella todo el tiempo. Incluso una vez los había pillado agarrados de la mano.

Bella me aseguró que no era nada, que solo eran amigos.

Yo no lo creí.

—Paso por ti a las seis —le recordé, tratando de enfocarme en lo importante. En la sensación de ella entre mis brazos.

Bella levantó la cabeza para sonreírme, yo me agaché para besarla.

Me gustaba besarla.

La había esperado casi durante quince minutos en la misma esquina en donde la esperaba por las mañanas para llevarla a la escuela y en donde la dejaba después de clase. Ella decía que no quería que nadie nos viera. Empezaba a sentirme como su pequeño sucio secreto. Por mi parte no había problemas.

Llevaba un vestido de tirantes negro con flores amarillas, y lo combinó con unos Converse. Algo ligero, algo sutil, algo realmente muy al estilo de ella. Se veía hermosa.

Yo, sin embargo, no me puse traje y corbata, pero sí me puse un pantalón elegante y una camisa azul con botones que a menudo usaba cuando mamá me obligaba a acompañarla a la iglesia.

Me quité la chaqueta y la puse sobre sus hombros cuando ella se acercó a mí, bastante cohibida; hacía un poco de frio esta noche Bella me sonrió inocentemente. Luego, como todo un caballero, le abrí la puerta del copiloto y rápidamente rodeé el auto y salté sobre mi asiento, dispuesto a llevarla al mejor restaurante italiano de la ciudad. Emmett fue quien me dio el dato y me recomendó los mejores platillos. Dijo que la comida era un poco costosa, pero que todo era muy romántico y tranquilo. Él llevaba a Rosalie allí todo el tiempo.

Tomé su mano cuando llegamos y me acerqué con ella a la recepción, dando mi nombre y hora de reservación.

—Buenas noches, por aquí señorita… Señor Cullen. —El camarero se dio la vuelta para mostrarnos el camino a nuestra mesa.

Era una mesa solo para dos, un poco apartada del resto de las personas y con un florero muy pequeño en el centro de esta. Un hombre en un piano de cola era quien ambientaba el lugar, una mujer con un violín era su acompañante. Cuando hice la reservación había pedido por la mejor mesa, creo que valía cada centavo ahora.

Me costaría una fortuna, pero la tarjeta de papa era quien pagaba esta noche.

El camarero retiró un poco la silla para que Isabella se sentara, ella le sonrió dulcemente. Yo me senté frente a ella.

—Aquí tienen —dijo, entregándonos la carta—. En un momento regreso para tomarles la orden.

—Gracias —le conteste al hombre, esperando a que se fuera. Bella mordía su labio, nerviosa, no sabiendo qué hacer con sus manos. Yo le sonreí, tratando de no parecer algo tenso—. ¿Estás bien?

—Sí —mintió—. ¿Tú?

—No, para ser honesto, estoy un poco nervioso.

Era cierto, tenía miedo de echarlo todo a perder con ella. Esta era, oficialmente, nuestra primera cita, después de todo.

Mi primera cita con ella. Y su primera cita en toda su vida con un hombre.

Bella asintió, dejando caer su cabeza y enfocando su mirada en el menú.

—Yo igual.

—¿Quieres que ordene por ti? —sugerí, tratando de ser un caballero nuevamente.

—Por favor —Ella se rio nerviosa—: no entiendo italiano.

—Yo tampoco —confesé, mirando nerviosamente el menú—. La verdad es que no tengo mucha experiencia haciendo esto, Bella, así que, uh… hmm

—¿Ordenando comida? —habló ella, interrumpiendo mi balbuceo.

Traté de mirarla a los ojos.

—No. Quiero decir que, con Tanya todo era fiesta y juegos y dramas y… sexo. Es decir, uh, yo realmente nunca había hecho algo como esto. —Suspiré apenado—. Es diferente.

—Diferente… ¿bien?, o diferente… ¿raro?

Raro.

—No, bien. —Le tomé la mano por encima de la mesa—. Contigo todo se siente bien.

La vi ruborizarse.

—Okay.

—Eres tan hermosa cuando te sonrojas —dije, alargando mi brazo para acariciarle la mejilla. Ella se sonrojó aún más. No pude evitar reírme—. Quiero decir, siempre eres hermosa, pero creo que cuando te sonrojas lo eres aún más.

No estaba mintiendo sobre eso. De hecho, yo no mentía en nada referente a Isabella.

Creo que me… ¡No, no, no! Aparté rápidamente ese pensamiento de mi cabeza.

Agradecí al cielo cuando el mesero se acercó a nuestra mesa. Pedí para ambos fetuccini carbonara y dos Coca-Colas. Nada impresionante, solo algo muy a lo ella y yo.

—Háblame de ti, Bella. —pedí, después de que el hombre se marchara con nuestras órdenes—. No sé mucho sobre ti.

—Sabes lo mismo que todos saben sobre mí.

—Bueno, me gustaría saber más —insistí, y sentí cómo ella se ponía algo tensa—: Como, qué piensas hacer después de graduarte, por ejemplo. Escuché que te gusta dibujar. De hecho, escuché que eras muy buena.

En realidad, ya había visto muchos de sus dibujos en su blog la otra vez, incluso había visto a través de su camarita web cómo hacía muchos de ellos en la soledad de su habitación, en su cuaderno misterioso. Un cuaderno que vería cuando se me presentara la oportunidad.

—Me gustaría estudiar arquitectura o diseño gráfico… o solo arte. —Ella suspiró tan levemente que casi pasó inadvertido—. Pero no puedo pagarme una universidad, así que no lo sé.

—Bueno, podrías aplicar para una beca.

—Sí —respondió un poco ausente, triste.

—¿Qué te gusta dibujar? —proseguí, bastante curioso, aunque más o menos conocía la respuesta. Yo solo quería tenerla hablando todo el tiempo, hacerla reír un rato, conocerla lo suficiente.

—Se me da bien dibujar casi de todo —explicó—, pero, sobre todo, prefiero los rostros humanos.

—¿Me dibujarías algún día?

Se sonrojó de nuevo. Yo sabía por qué.

—Sí. Podría —contestó, sonriéndome—. Y, ¿qué hay de ti, Edward? ¿Qué piensas hacer después de la graduación?

No dije nada por un momento. Yo no tenía ningún plan, para ser honesto, solo había pensado en buscar algún trabajo en verano mientras estudiaba mis opciones. O solo quedarme por el resto de mi vida en ese trabajo de verano. Pero la realidad era que no tenía nada… solo, por el momento, esperaba ganarme una beca con el fútbol, de lo que fuera. Aunque sabía que nunca llegaría a nada con mi jodida actitud, pero es que yo solo no podía evitarlo.

Mis padres estaban tan emocionados con respecto a mi graduación, que incluso sentía algo de pena por ellos.

—Estudiaré Medicina —mentí—. Creo que me inscribiré en la Universidad de California; dicen que el calor es genial. Diecisiete años viviendo en el frío, me aburrí un poco. Quiero cambiar.

Bella hizo una mueca.

—Medicina, ¿eh? Como tu padre. Se oye genial

Fruncí el ceño.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo escuché de los señores Denali el otro día. Es grandioso que quieras ser como tus padres, se ve que son personas grandiosas.

Asentí con la cabeza.

Sí, creo que lo son.

La comida llegó casi veinte minutos después. Le conté algunas anécdotas personales mientras tanto. La hice sonrojar un par de veces más y disfruté de su compañía hasta que acabamos con la comida. Ella realmente era adorable.

La miré a los ojos después de haber estado riendo con ella por un rato. Ella también me miró con expresión seria por un momento.

—Me alegra realmente que decidieras venir.

Bella me sonrió.

—Estamos… saliendo, ¿no? Se supone que debemos hacerlo. Yo tampoco tengo mucha experiencia en esto.

Lo sé y me agrada.

—¿Y te gusta? —Quise saber, temiendo por su respuesta.

Podía ser bueno con las chicas; a mi corta edad, se me daba bien el sexo, pero con estas cursilerías, yo solo me portaba como un idiota diciendo cosas estúpidas. De verdad estaba intentándolo con ella.

Bella ladeó su cabeza y todo su cabello se fue a su lado derecho, haciéndola ver jodidamente más adorable ahora.

—Me gusta un montón —confesó con una sonrisa.

Tomé su muñeca y acaricié con mis dedos la pulsera de colores que le había regalado. Me gustaba que la llevara consigo todo el tiempo.

No te la quites nunca. Por favor.

—A mí también me gusta un montón.

El viernes lo sentí de maravilla. Me habían invitado a una fiesta en casa de los Mallory, pero había rechazado la oferta porque tenía planes de estar con Isabella en su cuarto toda la noche. Como todas las noches pasadas, en realidad. Había descubierto que me gustaba dormir con ella.

—¿Puedo saber por qué Isabella se sonroja cada vez que la miras? —interrumpió Rosalie mis pensamientos. Bella estaba hablando, otra vez, con Mike Newton. Era cierto, se había sonrojado adorablemente cuando pilló que la estaba mirando.

Yo le había sonreído.

Miré a mi compañera.

—Quizá le gusto. —Me encogí de hombros.

—Bueno, sí, es realmente obvio. —Rodó los ojos la rubia—. La pregunta importante aquí es: ¿Por qué tú sonríes como un idiota cuando la miras? O mejor aún, ¿por qué de repente tensaste toda tu expresión cuando Mike dijo que iría a hablar con Isabella?

Resoplé.

—No tendré esta conversación contigo de nuevo, Rosalie, creí que ya te lo había dicho: No te metas en mis asuntos.

—Edward, realmente no tiene nada de malo que me digas que ella te gusta. De hecho, si lo hicieras, yo podría prometerte no meterme más en esto.

—Estás mintiendo, Rosalie, y lo sabes —le dije entre dientes, notablemente aburrido de este tema de conversación. De nuevo.

—Rose —habló Emmett, mirándonos a los ojos y luciendo algo incómodo por la situación—, deberías dejarlo en paz. Ya sabes cómo se pone con este asunto, y apreciaría mucho tenerlo de buen humor esta semana para el partido escolar.

Su novia lo miró, estupefacta.

—¡No puedo creer que lo estés defendiendo! ¡Somos un equipo!

Miré a Rosalie y le sonreí como un canalla arrogante.

Sí, toma perra, mi amigo me prefiere por encima del sexo y de cualquier cosa.

—Cariño, no…

Rosalie no lo dejó terminar, solo rodó los ojos y se dio media vuelta, yéndose como la diva que era. Emmett se le quedó mirando con la boca abierta, muy sorprendido. Yo me carcajeé.

—¿Qué le pasa a las mujeres? —comentó, confundido.

Me encogí de hombros.

—Se le va a pasar. —Me giré para guardar un par de cosas en mi casillero.

—Realmente debo amarte, mira que pelearme con mi novia por ti; en verdad esto debe sobrepasar la amistad.

—Eres un marica —bromeé.

Negué con la cabeza mientras me reía con él y volvía a organizar mis libros en mi casillero. Emmett había sido mi mejor amigo desde que tengo uso de razón. Sus padres y los míos eran amigos desde la infancia también. Me gustaba ser amigo de Emmett, él realmente era la única persona con la que podía contar en algo; como con lo de Isabella, por ejemplo.

Por el rabillo del ojo, vi cómo Tanya y su séquito de amigas se acercaban hacia nosotros. Escuché a Emmett murmurar algo como un «Oh, oh», al tiempo que me giraba para encarar la situación. Mierda, ella se veía realmente enojada.

¿Qué drama me armaría ahora?

—Toma —gritó Tanya en un acto desesperado por llamar la atención de la escuela. Claramente me tomó con la guardia baja, no esperaba que me gritara o algo así. Fruncí el ceño porque no entendía su maldito problema, ella, obviamente, sí lo entendía. Me enfoqué en lo que colgaba de su mano: era la cadena en forma de corazón que un año atrás le había regalado por San Valentín. Se suponía que yo tenía la llave, pero esa mierda era muy marica para mí—. ¡No lo quiero!

Volteé a ver a Emmett, quien miraba la escena bastante divertido, como siempre, y miré al resto de los espectadores por encima del hombro de Tanya, los cuales observaban la escena como si se tratara de la mejor parte de una película.

Tanya era la jodida reina del drama. Oficialmente podrían darle una corona y un cetro. Ella les estaba dando lo que a ellos tanto les gustaba: drama. Pero yo no quería ser parte de aquello.

Me enfoqué otra vez en el objeto que colgaba de los dedos de Tanya y me encogí de hombros, despreocupado.

—Lo siento, no hay devoluciones.

—¡Pero no lo quiero! ¡No lo necesito! ¡No quiero nada que me recuerde a ti! —lloriqueó.

Sí, bien, yo tampoco.

Ella me puso el objeto sobre el pecho y yo se lo devolví.

—Tanya, es tuyo, quédate con eso.

Traté de ser un jodido caballero, aunque estaba a punto de perder mí jodida paciencia con ella.

Ella puso una cara dramática y tragó con dificultad. Sí, toda una reina del drama.

—No, no quiero de las baratijas que le das a todas tus chicas.

¿Qué mierda?

Bien, esto empezaba a ponerse raro y no tenía ánimos para continuar con esta ridiculez.

Contuve las ganas de golpear algo o de gritarle, así que, sin medir mis actos y conteniendo la rabia, le arrebaté la cadena que me había costado casi doscientos jodidos dólares de mierda porque resultaba ser de jodido oro, y la tiré en el bote de basura que estaba a un lado de Emmett.

Me di cuenta de que a ella le sorprendió mi reacción tan tranquila, luego solo me retó con la mirada y, por unos insignificantes segundos, miró a través de su hombro, como asegurándose de que todos los presentes la estuviesen viendo. Entonces, comenzó a quitarse de su mano derecha una pulsera de colores que... ¿Qué? Fruncí el jodido ceño, confundido como la mierda. Yo estaba seguro de que jamás le había dado un accesorio como ese. Estaba seguro de que ella no tenía un accesorio como ese. Pero ella me dio esa mirada de suficiencia, y hasta podría jurar que me sonrió diabólicamente, al tiempo que aventaba la pulsera contra mi pecho. La sostuve para que no cayera al piso.

—Tampoco la quiero —murmuró venenosamente, luego pasó por mi lado y golpeó mi costado, dejándome levemente aturdido—. No cuando sé que se las das a cualquiera.

Levanté la mirada y me di cuenta.

¡Carajo!

Vi a Isabella recostada sobre uno de los casilleros de la esquina a pocos metros de mí, con su labio inferior atrapado entre sus dientes superiores, mirando fijamente hacia la pulsera de colores que le había regalado meses atrás.

Para que no digas que nunca te doy nada.

No tienes que darme nada —había dicho.

Le sonreí solo como yo podía hacerlo, tomando su mano y poniendo la pulsera en su muñeca derecha.

Así está mejor.

Yo miré el objeto entre mis manos.

No, Bella, por favor, no puedes creer esto.

Ella alzó su mirada para toparse con la mía, y por un minuto solo vi confusión en sus ojos, haciéndome sentir como la peor persona del planeta. Luego apartó sus bonitos ojos cafés de los míos y los enfocó una vez más en su pulsera de colores, mi pulsera de colores, nuestra pulsera de colores, antes de sacársela de su muñeca y tirarla en otro cubo de basura que estaba bastante cerca de ella.

Y fue allí supe que, el round uno, lo había ganado Tanya.

Mierda, mierda, mierda. ¿Por qué todo tiene que salirme mal con ella? ¿Por qué todo se tiene que arruinar siempre?

Yo no quería lastimarla. Yo solo quería que estuviera bien siempre.

Ni siquiera tuve que pensármelo dos veces, yo solo corrí detrás de ella después de tomar la pulsera que ella había tirado a la basura; no podía permitir que ella se enojara conmigo por algo que no había sido mi puta culpa.

Bella, no por favor, tienes que escucharme.

—¡Bella! —grité. Ella no se detuvo—. ¡Bella!

¡Demonios!

Tuve que jalarla del brazo y estamparla contra un casillero para que lo hiciera.

—Bella…

—¡Edward, no! —pidió, tratando de zafarse—. De verdad no pasa nada.

—¡Claro que pasa, Bella! ¡Mierda! —maldije, no pudiendo manejar la tensión—. Yo no le di una pulsera idéntica a Tanya, ni a ella ni a ninguna otra chica, te lo juro. No sé cómo demonios supo que era especial. —Bella giró su rostro hacia otra dirección, tratando de apartar sus ojos de los míos. Con mis dedos tomé su mentón, obligándola a darme la cara—. ¡Porque es especial, Bella! Esa pulsera es algo tuyo y mío, y no quiero que te la quites nunca.

Tomé su muñeca y con mucha delicadeza coloqué la pulsera alrededor de ella, donde debía estar.

—Así está mejor. —Levanté mi cara para poder verla a los ojos y, sin siquiera importarme el resto de la gente a nuestro alrededor, yo solo me acerqué a sus labios y presioné los míos contra ellos.

¿Ya había mencionado cuánto me gustaba esto?

Mmm, sí, mi parte favorita del día.

Creo que estaba jodido.

—Edward… —murmuró, colocando sus manos en mi pecho y empujándome hacia atrás.

—¿Me crees, no es así? —le dije dulcemente, después de haber recuperado todo mi autocontrol y haberme separado de su boca. Bella estaba levemente desconcertada—. Nunca te daría algo que le haya dado a otra chica, Bella, eres especial, ya te lo dije.

Tienes que creerme.

Estoy tan cerca.

Quiero ganar.

Ella asintió con la cabeza, convenciéndose a sí misma de que lo que le estaba diciendo era cierto. Volví a besarla delante de todos los espectadores. Realmente ya no me importaba. ¡Toma, Mike Newton, mira esto! ¡Mírame ganar!

—Sí —dijo sin aliento.

—Bien —le sonreí y le tendí la mano para llevarla conmigo a la cafetería. Esta tarde me sentaría con ella. A la mierda Mike, Tanya o Rosalie. Quería que todos vieran que la bonita chica nueva era mía ahora.

A pesar de las miradas y de la mano sudorosa de Bella sobre la mía, la acompañé a tomar el almuerzo. La mirada de Emmett, James, Mike e incluso de Rosalie y Alice era épica. La de Tanya era un poema.

—¿Estás bien? —le pregunté a Bella, quien se encontraba absorta en sus pensamientos.

—Supongo que estas son las desventajas de ser la chica de Edward Cullen. Empiezas a no agradarle a nadie. —Suspiró cansada—. Pensé que teníamos un acuerdo.

—¡A la mierda, Bella! Lo sé, yo solo… no pude evitarlo. Estabas ahí, tan triste que, tuve miedo de que fueras a dejarme por eso. No tienes que andar por allí diciendo que estás saliendo conmigo ahora; puedes decir que estoy loco por ti, pero que tú no quieres nada conmigo, si así te apetece.

—No tienes que enojarte.

Pasé mis dedos por mi cabello, un poco ansioso.

—Lo siento.

Bella levantó sus hombros, restándole importancia.

—No hay problema.

A veces me preocupaba lo comprensiva que ella podía llegar a ser.

De todas formas lo deje pasar.

.

.

.

.

Las siguientes semanas pasaron sin contratiempos...

El miércoles por la mañana durante la hora del almuerzo ella no dijo mucho durante un momento. Sabía que estaba pensando algo, solo que no quería decírmelo, había llegado a conocer tanto a Isabella que incluso podía llegar a leerle la mente en ocasiones. En la mañana, cuando pasé por ella para traerla a la escuela, también estuvo muy callada, estuvo así por dos semanas supongo. Puse mi mano sobre su rodilla cuando empezó a moverla con cierto nerviosismo; sabía que yo ya sabía que quería decirme algo.

Ella me sonrió incomoda cuando levanto su vista de su almuerzo. La espere con los ojos.

Escúpelo, Bella.

Fruncí el ceño, ¿Qué le preocupaba?

—Bella…

—Edward —Dijo al mismo tiempo, sonrojándose un poco y tragando con dificultad. Ella jugo con sus manos todo el tiempo—, ¿podrías llevarme a este lugar?

Casi temblando, de su bolsillo, Bella sacó un papelito donde estaba anotada una dirección, la puso sobre la mesa y con su dedo me señalo lo que ahi estaba escrito. Conocía más o menos dónde era.

La miré sorprendido.

—Bella, esto queda en Seattle.

Ella suspiró.

—Está bien si no puedes… Podría tomar un autobús y…

Negué rápidamente.

—No, no, no, sabes que no se trata de eso. Pero, Bella, nos tomará horas llegar allá.

Quizá dos o tres horas si manejaba rápido.

—Lo sé, pero realmente necesito ver que hay allí. ¿Puedes hacerme ese favor?

La mire a los ojos, que brillaban de excitacion, ella parecia sincera y un poco desesperada. Me lo pensé por un momento, ¿Por qué tendría ella que ir a ese lugar? Debo admitir que la curiosidad me estaba matando. Parecía importante para ella, lo vi en sus ojos. Su labio inferior también temblaba notablemente y crispaba sus manos un tanto nerviosa.

Está bien, la llevaría.

—Ok, recoge tus cosas, nos saltaremos Historia. Te veo en el auto.

—¡Gracias! —Ella me sonrió de oreja a oreja y se acercó para besarme en los labios antes de irse corriendo por el pasillo hacia su casillero, dejándome ciertamente desconcertado.

La esperé durante cinco minutos en el aparcamiento de la escuela. Cuando ella por fin apareció y entró al auto, yo arranqué inmediatamente. De camino se me ocurrió pasar por el drive-thru de McDonald's para comer algo durante el viaje. ¡Serían tres horas! Como era jueves por la tarde, la interestatal para llegar a Seattle estaba visiblemente vacía y podía manejar a 80 millas por hora; me encantaba esta clase de velocidad.

—¿Alguien sabe que vamos a Seattle? —Quise saber.

—No —dijo, jugando con sus manos sobre su regazo.

—¿Y puedo saber, en ese caso, la razón de este inesperado viaje?

Bella suspiró pesadamente.

—No.

¿Qué?

La miré por el rabillo del ojo, ella ahora había dejado caer su cabeza y su cabello me impedía verle la cara.

—Bella, soy el chófer aquí, tengo derecho a saber al menos alguna razón. Miénteme si quieres.

Sentí cómo negaba con su cabeza, pero no insistí; sabía que de todas maneras no me lo diría.

Me estacioné en la acera de enfrente, unas tres casas antes de la indicada en la dirección. Bella dijo que no quería que nadie notara nuestra presencia, y yo le hice caso. La casa tenía una fachada amarilla y techo azul grisáceo, con casi once gnomos regados por todo el jardín y centenares de flores de muchos colores, muy bien mantenidas. Quien fuese que viviese en esa casa, amaba la jardinería. Habían tres coches estacionados en la cochera de la casa, la cual era relativamente grande y de dos pisos.

Esperamos en el auto como por quince minutos. Quise preguntarle a Bella qué pensaba hacer o a quién esperaba, pero simplemente me quedé callado. Ella estaba muy nerviosa, casi asustada.

Bella contuvo la respiración cuando vimos abrirse la puerta blanca de la casa. Primero salió un perro, luego dos niños de, quizá, unos siete años (que a mí parecer eran gemelos) y al último una chica rubia que parecía tener quince o dieciséis años. Ella les gritó algo a los niños que corrían a lo largo de todo el jardín correteando al perro.

No entendía qué importancia podría tener aquel cuadro para Isabella.

La adolescente sacó un teléfono y un par de audífonos del bolsillo de sus jeans y se sentó en la orilla de la calle para vigilar a sus hermanos.

¿Qué tendría que ver ella con Isabella? ¿Por qué quería ella venir a este lugar?

Bella dejó de respirar cuando una mujer, al parecer la dueña de la casa, también apareció por la puerta. Su cabello era largo y un poco ondulado, casi como el de Bella, pero rubio. La mujer se acercó a la adolescente y se sentó a su lado, ambas rieron, hablaron e incluso se abrazaron.

Creo que estuvimos observandolas por unos cuantos minutos.

—Edward… —empezó a decir Isabella, moviendo su mano y golpeando el asiento a mi lado, su respiración era rápida y errática, estaba hiperventilando—. ¡Edward sácame de aquí! ¡Por favor, sácame de aquí! —me pidió desesperada, muy asustada.

¿Qué le pasaba ahora?

La observé por un momento, ella continuaba con la vista fija en la escena de la mujer y sus hijos —y el perro— frente a nosotros mientras respiraba rápidamente, casi jadeando. Volvió a pedirme que la sacara de ahí.

No puedo mentir y no decir que no me asuste como la puta madre.

¿Que mierdas?

Rápidamente encendí el auto y conduje hacia la carretera. Estaba asustado como la mierda. Ella estaba tan blanca como el papel y lloraba en silencio a mi lado, tan silenciosamente que no me di cuenta de que lo hacía hasta que por el rabillo del ojo observé cómo una lágrima corría por su mejilla.

—¿Bella? —comencé, cauteloso—. ¡¿Qué mierda fue eso?! ¿Quiénes son esas personas? ¿Por qué estás llorando?

Yo no entendía nada, yo solo quería saber...

Ella negó frenéticamente con la cabeza. Incapaz de hablar, incapaz de hacer algo, ¡de decirme algo!

Yo detuve al auto para obligarla a hacerlo. ¡Maldita sea! Necesitaba respuestas, ahora. Estaba preocupado de verdad.

Ella seguia temblando, y cuando acerque mi mano para tocarla la encontre tan fria como el hielo.

—Bella, por favor…

Volvió a negar con la cabeza, abriendo torpe y desesperadamente la puerta del auto.

Ella sacó su cabeza y vomitó.


oh, oh... ¿Quién será? comenten :) *dum, dum, duuuuuum*

*Quiero agradecer especialmente a Ariana Mendoza que se tomo el tiempo de corregir este capitulo. Sin ella esto no estuviera aquí hoy :)

Quiero agradecer también a mis 268 fologüeritos quienes leyeron, se subscribieron y que de vez en cuando me dejan un review, especialmente quienes lo hicieron en el capitulo pasado:

Janalez, yoliki, esmeralda Guillard, Elizabeth, Ninna71, Lupita Calvo, yumer22, BkPattz, Guest, Pili, Samantha, Candy, Lamb'stown, marxjam, Silvers Asturia Malfoy, EiDy, HimeVampireChan, Sandy, masen, i(Guest), Zattano, choiamberc, Andrea 16 de Cullen, SofiGM, getyourCRAYON, BlissBelleTwilighter, marthavasquez9828, marymaryjane, NinaCordova, liloc, Marcia, Skylar, Emmett McCartys angel, Bellastreasure, Maria Baltazar, aDrIaNaLoKiZ, Anne Marie 06, lvy swan, Colmayen, L18, MaryuritaCullenSwan, Mon de Cullen, Sony Bells, Chivita, fernandatorres258, Andre Swan de Cullen, AndreaPerucho, BELIEVE13, Chikage-SP, Keit Alice Cullen Masen, Liiz Stewart'Salvatore, Linferma, Nannda, Whovic, Cris Pattinson, Lilydy, SteFi-Art, Deniziithaw, isa-21, kendalswan, veritolove96, MaleCullen, malina-maniac, AnaVickyB, pirinola-26, yeray, Miila Cullen, Naklie Cullen, Malicecooper, MariellaWaldorf, Shibubi, Pattz Love, AIDEE SANCHEZ SALGADO, Marie Cullen Black, Bealnum, Labios Rojos, Luavigut, AmeliaPotterCullen, Lalyrobsten, catalinaalarconcelis, Daniela Lascano, bells7451, raquelrodca, Desire Of Being Yours, analang, sarita21, cullen calcetines, Jordana Sanchez, jossicullen, Mily without surname, PiuBella, fireworkath, kkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk, Ariana Kendra Black, Liz Belikova, Lucerito11, muse3841, RosiCullenSwan, stefacullen, janesita swan, Elena SwBS, Mrs. Cullen-Grey, Emmett McCartys angel, nats 1205, Anita4261, katestyle, GirlLina, elisauribec, calvialexa, Lazz cullen, Mely Chi, Indie SG, maybeblack86, yessifer cullen hale,CHRCullen, roceta111, CCstewart, DarkwardoObsession, eva sanz diaz, Estefania T.A (Perdónenme si me olvido de alguien)

También quiero avisar que dentro de los próximos días estaré publicando un fic nuevo: "The hooker: todas las personas tienen un precio, ¿Cuál es el tuyo?", para que estén pendientes quienes deseen leerlo.

Ahora si, pueden comentar sobre que les pareció este capitulo y toda la cosa. Estare respondiendo rrs con adelanto :) si quieren conocer a Bella pueden chequear su blog. Si es sobre mi y la historia pueden chequear mi twitter, Facebook y ask (INFORMACION Y LINKS EN MI PERFIL DE FFN)

06/10/2014