Capítulo XIII: Giros inesperados.
Le parecía anormal tenerla ahí, a sólo unas mesas de distancia, y no hablarle. Desde donde estaba sentado le llegaba su voz, un susurro suave y melodioso, como un llamado a que se volteara y la mirara, rogándole por otro beso de esos que lo volvían loco. Su perfume se elevaba en el ambiente y parecía introducirse como una torturante brisa por los orificios de su nariz, recordándole lo que se perdía a sólo unos pasos de camino. Y él se moría de ganas de abrazarla, besarla, murmurarle cosas ardientes a los oídos e invitarla a una, dos, miles de citas junto a un lago, un jardín, u cualquier otro lugar.
Pero no, él no haría eso. Su orgullo- ese heredado de su padre, quien lo habría heredado del viejo Abraxas, y así secuencialmente- le impedía revelar esos celos que sentía por la constante cercanía que había visto entre su eterno enemigo escolar y la mujer que lo traía con los pies en la luna. Porque Draco Malfoy no era tonto, y podía oler a kilómetros cuando un hombre asediaba a la mujer de su capricho… y en este caso sentía que Harry Potter estaba rodeando como un perro a Hermione… su Hermione.
Era entonces que él tenía dos caminos por tomar. El primero consistía en hablar con ella, hacerle ver la realidad, y pedirle que se alejara del niño huérfano y adorado que no hacía más que atosigarla con sus visitas a su mínima oficina y sus extensas charlas a la hora de almuerzo. O lo otro era hacerse un paso, olvidar a la mujer y enfrascarse en su vida de soltero mimado y de puesto importante, dejando finalmente en el rincón de los recuerdos a esa chica de mirada color miel y cabello desordenado.
Era ahí el problema: que por más que había intentado, no podía sacarse a Hermione Granger de la cabeza. Y eso lo traía irritado, mal humorado y algo taciturno.
- Pásame la sal- exigió Blaise, quien estaba frente al rubio.
Draco tomó el frasco pequeño que estaba a su lado y se lo acercó, sin decir otra palabra. Blaise lo miró y tomó el salero. Echó sal en su plato y lo volvió a dejar en la mesa, mientras una sonrisa pícara se dibujaba en su rostro.
- Te está mirando, ¿sabes?- le preguntó, haciendo un gesto de cabeza que asemejaba a un leve saludo.
Draco arrugó el ceño y miró a Blaise. Sí, podía sentir la calidez de la mirada de ella en su nuca, como una súplica. Pero él no se iba a voltear a mirarla, menos aún sabiendo que Potter estaba a su lado tomando de la insípida sopa con desgano.
- Que mire, no me importa-.
Una risa grave se escapó de la garganta de Blaise, mientras sus ojos se posaban en el enojado semblante de su amigo.
- Seguramente no te importa. Es decir, después de que te pasaste toda la reunión observando su perfil, de seguro no te importa en lo más mínimo-.
Los ojos grises de Draco se elevaron hacia el rostro de Zabini.
- ¿Alguien más se percató de ello?- preguntó con una falsa indiferencia, cuando en realidad se sentía absolutamente avergonzado de su debilidad. ¡Era verdad! No había podido dejar de mirarla mientras hablaba de leyes, códigos y otras cosas que eran mucho menos importantes que su rosada boca moviéndose en su rostro fino.
¡Maldita sea!, ¿dónde está la frialdad Malfoy cuando la necesito?
Blaise negó, y tomó un poco de jugo.
- Sólo yo me percato de esas cosas… tú sabes, cosas que hace un buen amigo-.
Draco asintió, maldiciéndose nuevamente por su debilidad. Claro, él como imbécil fijándose en Granger, cuando antes de la reunión ni siquiera se había acercado a saludarla con un simple "buenos días". Si no podía ser más idiota. Por suerte sólo Blaise se había percatado de ello, porque o sino…
Los ojos de Draco se abrieron y una risa curiosa que emitió descolocó a Blaise, quien ahora realmente creía que su amigo estaba mal de la cabeza.
- Mirabas a Brown que estaba sentada junto a mí, ¿o no?. Por eso te fijaste en lo que yo hacía- le reprochó, recordando a la amiga de Hermione que se movía más de lo usual junto a él. De seguro estaba incómoda con la mirada de Blaise sobre ella.
El rostro de Blaise se enserió de golpe y su típico buen humor se esfumó. Dejó el vaso sobre la mesa y se puso de pie, con un claro gesto de indignación.
- No hables estupideces, tú sabes que ella fue sólo algo de una noche… como todas lo son para mí-.
Y sin más cruzó el salón hacia la salida.
Draco no se molestó en voltearse para verlo salir, porque sabía que aún había una cálida mirada que lo estaba asechando, y no quería arriesgarse a encontrarse a la dueña de dicha mirada, porque debía intentar dejarla ir... aunque costara.
OoOoOoO
- ¿Cómo estás?-.
Aquel saludo hizo que de inmediato una sonrisa se dibujara en su rostro pálido. Dio una vuelta sobre sus pies y se acomodó el cabello mientras caminaba hacia las rosas.
- Viva- respondió con tono nostálgico-. Abri está con aquella mujer que le enseña… algo, y yo tengo que esperar un par de horas a que se desocupe-.
Carl asintió tras la explicación y con una tijera cortó un botón de rosa roja. Miró a Pansy y se la entregó, rozando sus dedos al dejarla en su mano.
- Es hermosa, gracias-.
Él sonrió y volteó el rosal. Su torso estaba descubierto con el sol golpeando su espalda, y sus piernas iban enfundadas en un pantalón de jeans sucio por tierra y césped.
- Lamento que tengas que estar encerrada aquí, me encantaría poder ayudarte- le confesó.
Pansy detuvo su mirada en esos ojos castaños que iluminaban su rostro masculino y juvenil. Pensó que de haber ido a Hogwarts, Carl habría sido uno de aquellos muchachos por los que las chicas babeaban en los pasillos… aunque de seguro no habría sido Sly, pues en su semblante se reflejaba parte de esa lealtad y paciencia propia de los Hufflepuff.
-… de todas maneras dime si te puedo ayudar en algo, haré lo que sea para verte feliz-.
Sí, definitivamente era todo un Hufflepuff.
- No hay mucho por hacer, Carl- le respondió, caminando junto a él hacia el canasto donde estaban sus herramientas de jardinería-. Nadie me ha dado ninguna otra instrucción, y por lo visto estamos absolutamente aislados del mundo… ¡ni siquiera he visto alguna lechuza en el cielo!-.
Carl elevó su vista hacia el cielo despejado y admiró una golondrina que lo adornaba. De pronto una idea se iluminó en su mente y miró a Pansy, con una sonrisa grandiosa.
- ¿Y qué tal una golondrina, una paloma u otra ave?- le preguntó.
- ¿Cómo?-.
- Eso- le señaló con una risa-. Dame unos días… quizás sí te pueda ayudar después de todo. Tú… ten paciencia-.
Se acercó a ella y depósito un beso en su mejilla, como una fugaz muestra de cariño que Pansy hace tiempo había dejado de sentir. Tomó el canasto y se alejó, silbando una pegajosa melodía muggle que Pansy desconocía.
Claro que ella no pensaba en la canción ni en la extraña conversación que había tenido. Difícil era pensar en eso cuando la marca de uno labios ajenos aún ardían en su mejilla… como fuego.
OoOoOoO
Por fin un agitado día de trabajo terminaba. Había tenido que transcribir a mano demandas ilegibles y preparar audiencias que se llevaría a cabo la próxima semana. Definitivamente lo único que quería era servirse una copa de vino blanco y charlar con Ron y Harry frente a la chimenea antes de dormir. Estaba agotada.
Caminó hacia el ascensor y apretó el botón para que se detuviera. En su piso no había mayor movimiento, y es que a esa hora muy pocas personas seguían trabajando… ¡y menos aún un viernes!.
El ascensor se detuvo y sus puertas se abrieron. Avanzó un paso hacia adentro cuando la figura de un hombre atractivo y bien vestido llamó su atención. Su corazón se agitó como el de una adolescente en su pecho, y desvió rápidamente su vista.
Fantástico, justo me la encuentro acá…
Pensaba Draco con sus ojos grises clavados en la melena castaña de la mujer de pie frente a él. Desde donde estaba sentía el aroma de su cuerpo, el agitado respirar que expiraba de su nariz, y sus propios latidos se le confundían con los que provenían de ella.
Le sorprendió ver que ella estaba sola, no con el imbécil de Potter siguiéndola como perro faldero. Y eso le agradó, debía reconocerlo.
- ¿Y tu sombra, Granger, se te perdió?- le preguntó con un tono irónico. Quería demostrarle que él podía ser tan hiriente como ella. Que él también la podía hacer sufrir.
- No sé de qué hablas… Malfoy- le reprochó demorándose en decir su nombre. Ya se había acostumbrado a pensar en él como Draco, y escuchar de su boca su apellido en vez de su nombre era tan hiriente como una estaca en su corazón.
Draco rió, con aquella risa amarga e infeliz de sus días de colegial. Caminó un paso hacia ella y se detuvo en su espalda, sintiendo el calor aromático y sensual de su cuerpo. El fuego abrasó su alma por un instante, pero se impidió caer.
- Sólo quiero que sepas, Granger, que a tiempo me di cuenta de mi error- su voz rasposa se coló en los oídos de Hermione como hierro hirviente-… que a tiempo recordé que no podía involucrarme con una… sangre sucia-.
Las puertas del ascensor se abrieron en ese instante, y Draco avanzó, pasando a rozar con su brazo el brazo de Hermione. Pero ella no hizo el menor gesto mientras el rubio caminaba apresurado alejándose hacia la puerta de salida.
El veneno de la palabra recién usada se colaba por su cuerpo y llegaba a sus ojos que parecían llorar…
Draco Malfoy la había llamado… sangre sucia, y nunca antes le había dolido tanto ese insulto.
Nunca antes había sentido como su corazón se desangraba, ¿o si?.
OoOoOoO
La puerta de Grinmauld Place número 12 se abrió, provocando un estremecimiento de sus pilares al ser cerrada con un gran portazo. Hermione entró en la sala y siguió camino hacia la cocina, donde la luz prendida alertaba que había alguien.
- Hola…- saludó sin ánimo.
Harry la miró y balanceó el vaso de whisky que sostenía entre sus manos. Lo elevó como una imitación nostálgica de un brindis, y tomó un gran sorbo que quemó su garganta hacia su esófago.
- Veo que para ti también es un mal día- le dijo, sentándose junto a él y mirando la portada de Corazón de Bruja que estaba sobre la mesa.
El deporte celebra el amor:
La cazadora de las Arpías y el Guardián del Puddlemere avistados juntos en un juego… ¿qué se esconde tras esta apasionada cita?.
Harry asintió, poniéndose de pie y sacando otro vaso de los muebles. Sin decir nada sirvió whisky en el, y se lo pasó a Hermione, quien veía que su amigo comenzaba a entrar a un estado deplorable.
- Harry, no creo que sea buena…-.
Él la detuvo, tomando su mano sobre la mesa.
- Herms, no me digas que es mala idea. Sé que no es sano que me quede aquí, tomando como un borracho- sus ojos verdes estaban vidriosos por el alcohol-. Pero sólo por esta noche… sí, sólo por hoy quiero beber y quedar botado en el piso como cualquier adolescente con una borrachera, ¿puede ser?-.
Los ojos miel de Hermione se detuvieron en Harry, su querido amigo Harry. Recién a los 17 años había comenzado a vivir una vida normal… y tenía razón, él tenía derecho a una borrachera con piso y todo.
Por su mente pasó el episodio recién vivido en el ascensor. La mirada fría, las palabras hirientes, el gesto de desdén de Draco al decirle ese horrible apelativo que le recordaba malos momentos vividos en el colegio. Su pequeña mano se aferró al vaso que contenía ese líquido dorado, y lo llevó a su boca, tomando de un golpe un gran sorbo que arrasó con su lengua y su garganta.
- ¿Ron?- preguntó entonces, dejando de fruncir el ceño por el ardor.
- Tenía una cita… dijo que no lo esperáramos en pie- Harry sonrió-, si es que tenía suerte, claro-.
Ambos amigos se miraron en silencio por un segundo y estallaron en una carcajada. Recién comenzaba la noche, y aún tenían muchas horas para lamentarse mientras bebían.
OoOoOoO
Millicent en casa de Draco. Narcissa los "obliga" a salir juntos
Escuchó la risa de su madre cuando caminaba ya preparado para ir a la ópera hacia la sala de estar. Había jurado que aquel día nadie los acompañaría a la función, y por eso le parecía tan extraño escuchar risas sinceras de la boca de su madre.
Tocó con educación y esperó, entrando sólo después que un suave pase le permitiera la entrada.
- Hijo, ya estás listo- dijo Narcissa Malfoy a Draco, dirigiendo una mirada de orgullo a su joven hijo que se hacía cada día más hombre.
- Buenas noches, madre- dijo inclinándose sobre el sillón para besar su mejilla-. Buenas noches, Millicent- saludó a la muchacha con una inclinación de cabeza-. ¿Nos acompañarás a la ópera?-.
La aludida miró a Draco y esbozó una sonrisa en sus labios rojos carmín. Con una mano despejó de su rostro un mechón de cabello violáceo y parpadeó con sutil coquetería.
- En realidad esa no era mi intención, Draco- le dijo llevando su mirada hacia Narcissa.
-… pero yo le dije que mejor fuera ella contigo- se apresuró en decir Narcissa, poniéndose de pie-. La verdad es que con la llegada pronta del invierno las noches se han tornado más heladas, y temo agarrar un resfriado, ya sabes lo delicada que ha estado de salud este último año-.
Draco miró los ojos azules fríos de su madre y asintió. Sabía que todo ello no era más que un plan de su astuta madre para conseguirle una cita... y bueno, era mejor salir con Millicent, una chica inteligente, atractiva y buena amiga, que con cualquier otra sangre pura mimada y con media neurona nómade en su cerebro.
- En tal caso, ya es hora que nos vayamos, Millicent. Veremos "El baile de máscaras", y te aseguro que no te quieres perder ni un segundo de la función. Es genial-.
Millicent sonrió con fascinación y se puso de pie. Caminó hacia Narcissa y la abrazó, dándole un beso en su mejilla para despedirse.
- Pásenlo bien- dijo Narcissa mientras veía a la pareja agarrada del brazo caminar hacia la salida.
Más que bien… pensó Millicen, esbozando una nueva sonrisa mientras su mano se sujetaba al brazo de Draco Malfoy.
Todo salía según lo planeado.
OoOoOoO
Una botella vacía y otra hasta la mitad era lo que decoraba el centro de la sala de estar. Dos cuerpos abrazados miraban el fuego de la chimenea sobre el sillón, mientras murmuraban tonadas de una vieja canción de los Beetles.
Yellow submarine, yellow submarine…
La mano de Harry cayó indolente hasta la cintura de Hermione. La miró a los ojos y esbozó una sonrisa al ver tres en vez de una nariz, como sería lo lógico.
- Heeerms- la llamó elevando un poco el tono de su voz-. Me dasss másss-.
La castaña rió por la voz graciosa de su amigo, y estiró su mano hacia adelante para tomar la botella que estaba en el suelo. Se estiró un poco y no la alcanzó. Arrugó el ceño y se dobló hacia adelante, hasta que perdió el equilibrio y se resbaló para al frente… evitando la caída gracias a dos fuertes brazos que la sujetaron y la lanzaron hacia atrás. Incluso borracho Harry mantenía sus buenos reflejos.
Su cuerpo cayó recostado sobre el sillón. Su cabello se esparció por la almohada como un mar con ondas furiosas, y sus piernas terminaron sobre el regazo de su amigo.
- Casi caaaes- le dijo, acariciando las piernas de Hermione con una torpeza entre graciosa y seductora.
La castaña sonrió y le hizo una mueca burlona. Estiró sus brazos hacia él y los enredó alrededor de su cuello, atrayendo el rostro de Harry hacia el suyo.
- Casi… pero me salvaaaste, mi héeeroe- le dijo en modo de mofa, deteniendo sus ojos en los de Harry, que estaba a sólo un centímetro de ella.
Los alientos cálidos se fusionaron en esa posición, con Hermione recostada sobre el sillón, y Harry estirado sobre ella. Sus corazones latían agitados por el calor del alcohol, y sus mentes turbadas no hacían mucho caso a la molestosa conciencia que hace su llamada en momentos como ese.
Los labios de Hermione se abrieron para replicar, pero las palabras no salieron de ellos. Harry los miró y pensó en ellos como una dulce, embriagadora e innegable invitación; y cuando el calor invadió como una ola mortífera su cuerpo, sin dejar espacio irrigado por su sangre sin quemar, se inclinó hacia esos labios prohibidos que se le hacían un regalo en ese instante… y los besó con toda la pasión que encerraba en su alma.
Un beso que se perdió entre los botones abiertos de una blusa de algodón, y las manos curiosas que estrechaban una cintura. Respiraciones agitadas que se olvidaron en la noche sin luna y que se intensificaron mientras dos pares de pasos torpes subían las escaleras hacia una habitación.
Algo extraño sucedía sobre unas sábanas blancas que olían a aftershave y a adolescente, a hombre y a sudor. Y no había una conciencia verdadera que se dispusiera a detenerlos… no había nadie que le pusiera fin a tal absurda situación.
¿Qué sucedería a continuación?
&
Quedaron impresionados, ¿no?.
Desde ya le quiero agradecer a Nebel Engel que me ayudó a encontrarle giro a la historia. Lean sus fics, son buenísimos.
Un beso y espero sus comentarios.
Ember.
