Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí, hoy les traigo el capítulo trece de este long fic. Espero que les guste :D
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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.
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Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi última actualización: Bebitapreciosa, Cielfairy, ANABELITA N, Roronoa Saki, Marfer Hatake y Ara OrtegaS92. Gracias chicas por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo.
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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.
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Lo que siempre nos unirá
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Capítulo 13.- Develando mis emociones.
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Faltaba pocos minutos para seis de la tarde cuando decidí llamar a Temari. No había sido necesario llamarla antes, ya que Dai se sintió muy a gusto con nosotros.
Se sintió en familia.
Disfrutó del enorme patio trasero, como también del gran jardín de mamá; jugó y se revolcó en el césped, como también en el piso de la sala de estar. Al final, Dai terminó sucio igual que un marrano.
Ahora entendía por qué Temari le había echado una muda de ropa en la mochila. Era impredecible saber si Dai se mantendría limpio o no, ya sólo era un niño.
Saqué mi celular del bolsillo y le marqué.
Salí con calma de la cocina y avancé hasta la sala de estar. A los pocos segundos, me contestó.
—Aló.
Escuchar su voz por medio del celular, me hizo sentir cierto deje de nostalgia. Tantas cosas que hablamos, y nos dijimos en el pasado a través de este medio, y hoy, este medio sólo cumplía con su función principal.
Comunicar.
—Hola Temari, soy Shikamaru —me identifiqué en el caso que no hubiese guardado mi número. Aunque conociéndola bien, sé que lo hizo apenas salí de su casa. Acostumbra a registrar inmediatamente los números importantes, y aunque suene presuntuoso, sé que guardó el mío, ya que yo soy el padre de su hijo.
—Hola, ¿cómo está Dai? —me saludó de forma escueta, preguntándome enseguida por el niño.
Sus palabras volvieron a reafirmar mi anterior pensamiento. Si estábamos hablando a través de este medio, era sólo porque había algo que comunicar
Algo relacionado con nuestro hijo.
—Dai, está bien —le respondí de forma cansina—; en este momento está junto a mi mamá en la cocina —hice una pausa y proseguí—. Sabes, te llamaba para avisarte que iré a dejar al niño dentro de una hora más.
—¿Pensé que Dai cenaría como ustedes? —inquirió extrañada.
—No, es preferible que hoy no cene con nosotros —espeté con convicción, guardando mi mano libre en el bolsillo—. Mi madre está encantada con él, y no querrá que me lo lleve después. La conozco muy bien, así que prefiero evitar ese conflicto. Sería algo muy problemático.
—Está bien, entonces los espero dentro una hora más —acotó con firmeza, dando por finalizada la conversación, o al menos eso fue lo que percibí.
Una sensación extraña me embargó.
—Okey, nos vemos —me despedí, y luego corté la llamada. Apoyé mi espalda contra la pared y suspiré.
—Ayyy mujer, tratar contigo siempre será problemático —susurré para sí, cerrando los ojos.
Me quedé pensativo.
—Tendrás que acostumbrarte a ello, Shikamaru, ya que esto es sólo el comienzo.
Su voz me sacó de mis cavilaciones, e inmediatamente abrí los ojos.
Giré el rostro hacia mi interlocutor.
—Papá, ¿me escuchaste? —inquirí mirándolo con interés.
Éste asintió, y se acercó hasta mí.
—Sí, pero más que escucharte, te observé —espetó en un tono serio.
Su mirada cansina se fijó en la mía.
—Me vi muy patético, ¿cierto? —le pregunté algo avergonzado.
Éste me sonrió con empatía.
—Shikamaru, te voy a dar un consejo —la serenidad de su voz, captó completamente mi atención —. Si tienes que hablar con Temari, preocúpate de no tener a nadie cerca. Mira que si en mi lugar hubiese estado Tayuya, seguramente ya no estarías tres metros bajo tierra.
Sus palabras de cierto modo confirmaron mis dichos. Tendría que aprender a disimular mis emociones.
—Gracias papá, lo tendré en consideración —acoté con sinceridad.
—Mejor regresemos a la cocina, Shikamaru —espetó, mi padre, con parsimonia, colocando su mano diestra sobre mi hombro —, mira que tu madre terminará enfermando al niño con tanto postre que le está dando.
Sus palabras me hicieron sonreír.
Al parecer mi viejo todavía no asumía que había quedado relegado a un tercer lugar.
—Está bien, papá, vamos a detener a esa problemática.
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Faltaban veinte minutos para las siete de la tarde, y todos ya nos encontrábamos en el estacionamiento.
Era la hora de ir a dejar a Dai.
—Adiós, mi niño bello —espetó, mi madre, acongojada—, espero tenerte pronto de vuelta.
Lo volvió abrazar fuertemente, era la quinta vez que lo hacía.
—Ya mujer, no exageres —acotó, mi padre, en su tono cansino, captando de inmediato la atención de mi madre—, el niño sólo se va a su casa, la cual está a menos de veinte minutos de acá.
Ella arrugó el entrecejo.
—¡No seas insensible, Shikaku! —lo reprendió sin dejar de abrazar a mi hijo—, tú no sabes lo que una madre siente cuando le quitan a su retoño.
Cortó lentamente el abrazo, y le acarició dulcemente rostro.
Lo miró con cariño.
Mi pequeño le sonrió.
—Te recuerdo mujer, que Dai es tu nieto, no tu hijo —espetó con seriedad, mi padre, tratando de hacerla entender.
Suspiré.
Lo que intentaba mi viejo era imposible.
Guardé mis manos en los bolsillos.
—Para el caso da lo mismo, Shikaku —le rebatió, mi madre, abrazando de nuevo a Dai—, ya lo siento como mío.
Mi padre negó con el rostro.
Al ver que esa discusión no iba a terminar pronto, decidí intervenir.
Aclaré mi garganta.
—Mamá, tranquilízate —le dije con serenidad. Ella de inmediato giró el rostro hacia mí —, hablaré con Temari para ver si puedo traer a Dai el sábado.
Mi madre me sonrió complacida.
—¡No pedo, el sábado! —exclamó de pronto, Dai, haciendo que mi madre cortara repentinamente el abrazo.
Lo miró fijamente a los ojos.
—¿Por qué no puedes, mi niño? —inquirió, ella, con curiosidad.
Sus ojos lo miraban expectante.
—Es el cumpeaño de Nojin —le respondió, Dai, con naturalidad.
Mi madre abrió los ojos como plato, cabe decir que yo también me sorprendí. No podían existir dos Inojin de cumpleaños el mismo día.
Sería demasiada coincidencia.
—Mi niño, ¿tú conoces a Inojin Yamanaka? —preguntó, mi madre, con interés.
Dai sonrió, y enseguida asintió.
Yo no lo podía creer.
—¿De dónde lo conoces, mi amor? —inquirió, mamá, con suavidad. Sabía que si quería respuestas, no debía asustar a Dai.
—Del jardín.
Mi madre sonrió sorprendida.
—¿Y él te invitó a su cumpleaños? —inquirió nuevamente.
Yo resoplé.
—Mamá, por favor, no lo atosigues con preguntas —intervine con el fin de que terminara el interrogatorio.
Ella me miró molesta y de inmediato se puso de pie
Tragué saliva, supuse que me regañaría, sin embargo, en vez de escuchar su reclamo, escuché la vocecita de Dai.
—No fe Nojin, fe la tía… la tía...
—Ino —completé la frase.
Él sonrió ampliamente.
—Sí, la tía Ino dijo que fera. A mamá pasó una… una invitación.
Estaba más que confirmado que estábamos hablando del mismo Inojin.
—Al parecer, Ino se enteró de la existencia de Dai antes que todos nosotros —intervino, mi padre, al ver que mi madre y yo nos quedamos callados.
Volteé mi rostro hacia él.
—Todo indica que fue así —concluí confirmado sus palabras.
Me quedé pensativo.
—¡Esa Ino me tendrá que escuchar! —exclamó, mi madre, en un tono molesto—, no debió habernos omitido esa información.
Resoplé, giré mi rostro hacia ella.
—Mamá, Ino debió haberse enterado sólo unos días antes que yo, debió haber sido entre lunes y martes —acoté en su defensa. La conocía muy bien, era imposible que se hubiese mantenido callada por tanto tiempo, menos ocultando un secreto tan significativo—. Ella el lunes fue a mi oficina a dejarme la invitación.
—¿Te invitó? —inquirió, mi pequeño, entre risas. Dirigí mi mirada hacia él —, pero si no eres niño.
Sonreí al escuchar aquella aseveración, lentamente me acerqué hasta él.
Me agaché y lo miré con dulzura.
—Dai, Ino para el cumpleaños de su hijo, siempre invita a todos sus amigos —le expliqué con suavidad, mientras él me seguía sonriendo—, y yo soy su mejor amigo, somos como hermanos, por eso ella me invitó. Incluso invitó a tus abuelos, porque ella los siente como parte de su familia.
—Entonces el problema está solucionado —acotó, mi madre, feliz.
Yo simplemente negué con el rostro. Sus cambios de humor eran demasiado rápidos.
—Nos vemos en el cumpleaños de Inojin, mi amor —espetó mi madre dirigiéndose a mi hijo.
Shikadai alzó la mirada y asintió.
—Dai, mejor subamos al auto —espeté cansinamente, colocándome de pie —, se nos está haciendo tarde, y tu madre se puede molestar.
Mi hijo sonrió, pero en vez de ir hacia el auto, avanzó hasta donde estaba mi padre.
—Al fin me puedo despedir de ti —acotó, mi viejo, con una semi sonrisa. Lentamente se agachó y lo abrazó—, a tu abuela siempre le gusta quedarse con la mejor parte, por eso me deja al final.
Para mala suerte de mi padre, ésta lo escuchó.
—¡Ya deja de quejarte, Shikaku! —exclamó, mi madre, a modo de defensa—. No es mi culpa que seas tan lento.
Yo simplemente suspiré, volvían a discutir otra vez.
—No me estoy quejando, mujer —espetó, mi viejo, bajando el perfil al asunto. Con calma, se puso de pie —, lo que dije sólo fue un mero pensamiento
—¿Un pensamiento? —inquirió, mi madre, con ironía —, sí, claro… y yo soy la reina de Inglaterra.
Al ver que esta batalla verbal recién comenzaba, decidí escapar. Disimuladamente tomé la mano de Dai, y lo llevé hasta el auto.
—Ayyy, mujer, tú nunca dejarás de ser problemática —escuché a mi padre quejarse, mientras yo ya terminaba de colocarle el cinturón a Dai.
Cerré la puerta trasera.
—Bueno, yo me retiro —espeté a modo de despedida—, no tengo tiempo de seguir escuchado sus absurdas discusiones —abrí la puerta y subí —. Gracias por todo, viejos, nos estamos viendo.
Cerré la puerta con prontitud, encendí el motor y retrocedí.
Mientras retrocedía, pude observar a mi madre que me miraba furiosa y que algo me decía.
No entendí, sonreí aliviado.
Definitivamente para algunas cosas, seguía siendo un cobarde.
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A pocas cuadras de la mansión Uchiha, marqué el número de Temari.
Seguí conduciendo.
Tenía mi celular en modo manos libres, así que no había problema. Esperé a que me respondiera.
—Shikamaru.
Escucharla pronunciar mi nombre, alteró los latidos de mi corazón.
Mendokusai.
Fue algo que no pude controlar.
—Hola, estoy a tres minutos de llegar —le dije con prontitud. No quise decir nada más.
—Okey, abriré el portón —acotó de forma escueta, y enseguida me cortó.
Me detuve en el semáforo.
Suspiré.
—Ayyy, mujer, qué complejo es interactuar contigo —espeté para sí, mientras esperaba que cambiase la luz del semáforo.
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Una vez que aparqué en el estacionamiento, volteé mi rostro hacia el asiento trasero. No me sorprendí.
Mi hijo estaba profundamente dormido.
Por inercia, sonreí. Seguro habían sido muchas emociones para un día, sin olvidar, que no había dormido su siesta.
Me bajé con prontitud del auto, y abrí la puerta trasera.
Pude sentir su mirada aguamarina sobre mí.
Respiré hondo.
Alcé el rostro, y de inmediato, me topé con sus bellos ojos.
—Dai se quedó dormido —espeté de sopetón.
Sonrió con sutileza.
—No te preocupes, es normal —acotó en su tono habitual.
Yo asentí, y terminé de abrir complementamente la puerta.
Me incliné sobre su silla, desabroché el cinturón y lentamente lo tomé.
Lo apegué a mí.
Salí sin prisa del auto, y cerré la puerta. Caminé hasta donde estaba ella.
Mientras avanzaba pude observarlo dormir, parecía un verdadero angelito.
Sonreí feliz.
Volví alzar mi rostro y me detuve enfrente de ella.
—¿Cómo se portó? —inquirió mirándome fijamente.
Al instante, sonreí.
—Muy bien, mis padres quedaron fascinados con él, sobre todo mamá —le respondí cansinamente, bajando la mirada hacia el niño.
—Me alegro mucho por ellos —espetó con sinceridad—, al igual que por Dai.
Alcé la mirada y la fijé en su rostro.
Se veía muy bella bajó la luz artificial que alumbraba el estacionamiento.
—Sabes, ahora que pude estar más tiempo con él, me pude fijar que es un cincuenta por ciento Nara, y un cincuenta por ciento, Sabaku —acoté con orgullo, ya que para mí era mezcla perfecta—. Es sorprendente ver que tiene cosas tanto mías como tuyas, al igual que de tus hermanos.
Ella sonrió ante mis dichos.
—Es tímido y vergonzoso en un comienzo, pero luego se suelta, y termina siendo demasiado jovial. Eso último, seguro lo heredó de Kankuro.
Hizo una mueca graciosa con la boca.
Sonreí.
—Creo que eso fue lo mi madre más amo —espeté con convicción.
Nos quedamos en silencio por unos segundos, hasta que recordé uno de los últimos episodios que se produjo en la casa de mis viejos.
Me humedecí los labios.
—Me enteré que Dai va ir al cumpleaños de Inojin —acoté en mi tono habitual, notando como su semblante cambiaba a uno de sorpresa.
—Ahhh…sí, le dije a Ino que lo llevaría —me respondió rápidamente como queriendo salir del paso.
—Debo reconocer que me sorprendió saber que se conocían —continué calmadamente, sin dejar de analizarla—, aunque después Dai me explicó que lo conocía del jardín.
Ella suspiró.
—Yo me encontré con Ino este lunes en el jardín —acotó resignada, mientras yo la miraba con detención—. Fue algo sorpresivo e incómodo, pero gracias a eso, tuve el valor para contactarte. No pude hacerlo personalmente, la verdad es que no me atreví. Por eso terminé por confiarle mi secreto a Naruto, y él después te contactó. Bueno, el resto de la historia tú ya la conoces.
Sonreí con sutileza.
—Confiaste en dos personas que hace años atrás jamás hubiese confiado, debido a la fama que tenían de «boca floja».
Ella me sonrió de vuelta y achicó los ojos.
—Tienes razón, Shikamaru —espetó con sinceridad—, pero algo en mi corazón me indicó que podía confiar en ellos. Ino y Naruto, te quieren mucho, por eso no iban a permitir que malinterpretarás las cosas. Ellos iban a preferir que yo primero hablase contigo, debido a la envergadura de la noticia.
—Bueno, si se enteraron primero que yo de la existía de Dai, eso ahora es sólo un detalle —acoté con la misma franqueza que ella—. Gracias por decirme la verdad, Temari.
La miré con cariño.
—Era algo que te debía hace años, Shikamaru.
Me miró como pidiéndome perdón por sus errores.
—Olvida eso, mujer —espeté con empatía —, lo importante es que Dai ya está conmigo.
Por inercia bajé la mirada, y le acaricié su pequeño rostro.
Besé su mejilla.
—Tómalo y llévalo a dormir —acoté suavemente, acercando el niño a Temari. Ella de inmediato lo tomó y lo acomodó entre sus brazos.
—Tengo que devolverte la silla y la mochila —recordé en voz alta, y enseguida fui a sacar dichas cosas del vehículo.
A los pocos segundos, volví a acercarme a ella.
—¿Guardo la silla en tu auto? —le pregunté, sin embargo, ella no me alcanzó a responder.
—Hola Shikamaru, ¿cómo estás?
Desvié la mirada hacia quien me saludó.
—Hola Itachi, estoy bien —espeté en mi tono habitual.
Él lentamente se acercó hasta nosotros. Miró lo que yo tenía en las manos.
—Yo guardo la silla, no te preocupes —acotó amablemente.
No pude rechazar su oferta, así que inmediatamente se la pasé. Vi como avanzó hacia el auto de Temari.
Volteé mi rostro nuevamente hacia ella.
—Creo que ya es hora de irme —acoté en mi tono habitual, pasándole la mochila —. ¿Te puedo llamar mañana para saber cómo está Dai?
Ella asintió.
—No hay problema, pero si se te hace más cómodo, puedes mandarme un mensaje.
—Está bien —le respondí, para luego cambiar de tema. —Sabes, yo también voy a ir al cumpleaños de Inojin, así que espero poder verlos allá.
Ella me sonrió con sutileza.
—No te preocupes allá estaremos.
Inhalé aire y exhalé.
—Nos vemos, Temari, y gracias por todo.
—Nos vemos, Shikamaru.
Giré en dirección al auto.
—Adiós Itachi —espeté mirando de reojo hacia donde estaba.
—Adiós, Nara.
Subí rápidamente al vehículo y encendí el motor. Tuve la sensación de que estaba sobrando en este estacionamiento.
Resoplé.
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POV general (narrador omnisciente).
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El día del cumpleaños de Inojin había llegado, y como todos los años, Ino no había escatimado en gastos.
Había contrato a la mejor productora de eventos de la ciudad, todo con el fin de brindarle a su hijo el mejor de los cumpleaños.
Su hijo lo merecía, y ella estaba feliz por poder obsequiárselo.
—Sai, ¿dónde está Inojin? —inquirió, la platinada, inspeccionado las mesas que estaban puestas en el jardín.
—Está pintando unos dibujos en la sala —le respondió, su marido, relajadamente.
—¡Queeeé! ¡No puede ser! ¡Se ensuciará toda la ropa! —chilló, Ino, llevándose las manos a la cabeza.
Sai sonrió.
—Cálmate bonita —espetó, su pálido marido, tratando de tranquilizarla—. Todavía Inojin no se ha cambiado de ropa. Lo ayudaré a cambiarse apenas llegué el primer invitado, por lo menos el primero debe verlo limpio.
Ino suspiró.
Sai tenía razón. Mantener limpio a Inojin era todo un desafío.
—Señora Yamanaka, señora Yamanaka —la llamó una de la sirvienta, y ésta la miró emocionada —, la buscan en la sala.
—¿Es un invitado? —inquirió, Ino, con curiosidad, mirando su reloj.
La mujer enseguida asintió.
Ino sonrió.
—Vaya, es la primera vez que un invitado llega con media hora de anticipación—acotó alegre, la platinada—. Hazlo pasar.
—Creo que llegó la hora de ir a cambiar a Inojin —espetó, Sai, sin ningún apuro. Comenzó a avanzar lentamente hacia la casa—. Apenas esté listo, bajaremos.
La platinada sólo asintió, y se quedó sonriente en medio del jardín esperando a su primer invitado, sin embargo, apenas lo vio entrar, abrió los ojos como plato.
—¡Shikamaru!, ¿qué hace aquí tan temprano? —inquirió, Ino, asombrada.
Lo miraba literalmente con la boca abierta.
—Vengo al cumpleaños de Inojin —espetó cansinamente, el pelinegro, mientras iba acercándose a la anfitriona —, ¿hay algún problema ?
—No, pero… ¿seguro que te sientes bien? —inquirió, la platinada, tocando la frente de su amigo.
Shikamaru resopló.
—Por supuesto que sí, Ino, sino no hubiese venido —le respondió, el moreno, con un deje de fastidio, para luego normalizar su voz—. Bueno… la verdad es que me vine antes porque quería conversar contigo.
Ino sonrió ampliamente.
—Ya lo sabes, ¿cierto? —inquirió, la platinada, emocionada.
Sus ojos azules lo miraban expectantes.
Shikamaru al ver la emoción de su amiga, sonrió.
—De eso mismo venía a habla contigo —espetó, éste, con un ligero entusiasmo.
Ino al oír aquella respuesta, prácticamente se abalanzó sobre él.
El pelinegro la recibió con cariño, estrechándola fuertemente.
—¡Shikamaru, tienes un hijo!, ¡un hijo!, ¡y es idéntico a ti! —exclamó, la platinada, con la voz enrarecida, y sin dejar de abrazarlo.
—Sí, Ino, tengo un hijo, y estoy muy feliz por ello —le respondió, el pelinegro, con alegría, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Ella cortó lentamente el abrazo, para luego tomarle las manos.
—Siento mucho haberte ocultado la existencia del niño, Shikamaru —acotó con sinceridad, la platinada—, aunque sólo haya sido unos días, pero… pero yo no podía contarte, no podía, no me correspondía hacerlo. Tú me entiendes, ¿verdad?
—No te preocupes, Ino —espetó, el pelinegro, de forma comprensiva—, entiendo tu postura al igual que la de Naruto.
—¿Naruto también se enteró antes que tú? —inquirió, la ojiazul.
—Pues sí, él fue quien me hizo el contacto con Temari —le respondió, el moreno, con parsimonia.
Ino se llevó las manos a la cara.
—¡Te das cuentas que ni uno de los dos fue un «boca floja»! —exclamó, la ojiazul, divertida.
—La verdad es que agradezco enormemente el silencio que guardaron —acotó, Shikamaru, con franqueza—, era muy importante enterarme de todo por la boca de Temari, para así no malinterpretar las cosas.
Ino lo miró con cariño.
—¿Cómo te sientes, Shikamaru? —inquirió, la platinada, tomando una de sus manos.
—Ya te lo dije hace un rato atrás —aseveró, el moreno, con convicción—, me siento muy feliz de saber que tengo un hijo.
—No, Shikamaru, no me refiero a cómo te sientes con la noticia —le explicó, la ojiazul—, sino a cómo te sientes después de volver a verla.
El pelinegro suspiró.
—A ti no te puedo mentir, Ino, verla nuevamente puso mi mundo cuesta arriba.
Ino lo miró comprensiva.
—¿Y qué piensas hacer, Shikamaru? —inquirió, ésta, con interés.
—No sé, la verdad es que todavía no tengo nada claro. Creo que primero debo ver como se dan las cosas entre nosotros antes de tomar cualquier decisión.
Ino lo miró emocionada.
—Esa respuesta me da a entender que va a luchas por ella —acotó, la platinada, con una gran sonrisa.
—Si tengo alguna chance de recuperarla, creerme que lo haré —espetó, el moreno, desde el fondo de su corazón, dejando salir por primera vez todo lo que sentía—, aunque prácticamente se venga el mundo encima.
—Se nota a leguas que nunca la has dejado de amar —acotó, la ojiazul, orgullosa de su amigo—, aunque me gustaría saber qué es lo que siente ella.
Shikamaru frunció la boca.
—Por eso digo que primero debo ver como se dan las cosas —espetó, el pelinegro, con seriedad—, no quiero ilusionarme con algo que quizás nunca se concretará.
—Señora Yamanaka, están comenzando a llegar los invitados —espetó de repente, una de las sirvientas de la casa.
Ino desvió la mirada hacia la mujer.
—Hazlos pasar, Mamori, yo aquí lo recibo —acotó, la platinada, con simpatía.
Volteó nuevamente la mirada hacia su amigo.
—Te entiendo Shikamaru, pero ahora no quiero que pienses en eso, cambia la cara —le dijo, Ino, con empatía—, pronto llegará tu hijo con Temari y quiero que los recibas con una gran sonrisa. Voy a estar observarlos de cerca, y al final de cumpleaños, te daré mi opinión al respecto.
—Gracias, Ino, eres una gran amiga.
—No me lo agradezcas, Shikamaru, lo hago con gusto.
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CONTINUARÁ…
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Gracias por leer, espero que les haya gustado.
Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor, yo los amo :D
Más rato responderé todos los reviews pendientes, disculpen la demora, he tenido algunos contratiempos.
Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré :D
Nos leemos en mi próxima actualización.
Saludos, les mando a todos un gran abrazo :D
