Declaimer: Como bien sabes tú, que estás leyendo esto, estos personajes no me pertenecen.

1 año y unos meses después.

Me agache en busca de mi zapatilla perdida, estaba preparando la mudanza para irme a vivir a Harvard, tanto yo, como las chicas y como Ben habíamos conseguido la beca y estábamos empaquetando las últimas cosas antes de mudarnos. El piso ya estaba amueblado, cortesía de mamá Withlock en agradecimiento de que su hija fuera a vivir allí completamente gratis. Divisé mi zapatilla debajo del escritorio y estiré mi brazo para cogerla.

-¡Bella!- Un grito me sobresaltó, haciendo que me levantara de forma brusca llevándome un buen golpe en la cabeza.

-¿Qué mierda Emmet? No tienes porque entrar dando gritos a todos los sitios.- Pese a mi comentario malhumorado en esta año la relación había mejorado mucho.

-Mañana te vas a Harvard, volveremos a vivir en la misma ciudad, y tu apartamento no está muy lejos del mío y el de Edward.- Hice una mueca.-Sé que no os lleváis bien, por eso no os voy a pedir que salgáis de fiesta juntos.

Puede que hubiera pasado un año, pero lo que me hizo Edward todavía me dolía, y pese a ese dolor, cuando lo había visto desde lejos se me aceleraba el corazón cómo cuando salíamos juntos, una parte de mí seguía queriéndole a pesar de todo, no sabía si era sadomasoquista o simplemente idiota. Mi hermano me besó la frente y se fue a su dormitorio.

El año que pasó lo de Edward me fui de vacaciones a San Francisco con los chicos, lo que me permitió despejarme un poco, cuando volví Edward ya se había ido y en mi casa solo estaba mi padre, mi hermano y mi madre se habían ido a Harvard para que mi madre pudiera supervisar como iba la amueblación del piso. Después este año lo pasé soltera, lo que no era un problema para mí, el único problema es que una parte de mí seguía queriendo a Edward. Y ahora aquí estaba recogiendo mis cosas para irme directa a la misma universidad.

Esa noche apenas dormí estaba tan nerviosa que me costaba mantenerme quieta tumbada en la cama, daba vueltas y vueltas, por lo que a la mañana siguiente cuando me levanté tenía ojeras. Me maquillé y me vestí y me preparé para bajar todas las cosas abajo, mi padre me llevaría hasta la universidad, pese a que tuviera que coger un avión. Cuando salí fuera ahí ya estaban Rose, Tanya, Angela y Ben con sus respectivos padres, habíamos hecho que todos nos fuéramos juntos. Alice, Jasper y Garret estaban allí para despedirnos, Jazz y Garret no tenían que ir hasta unos días después. Alice nada más verme salir de mi casa se abalanzó sobre mí llorando.

Alice y yo en este año nos habíamos hecho buenas amigas, aunque ella tenía más relación con Angela. Alice lloraba y lloraba mientras nos veía meter las cosas en los respectivos coches, alegando que ahora que viviríamos al otro lado del país no vendríamos a verla y la dejaríamos sola, pero ella sabía que no era cierto, Jasper y Garret habían venido siempre que tenían la oportunidad.

Ya en el avión apoyé mi cabeza sobre el hombro de Rosalie, que estaba sentada a mi lado, después de un tiempo había superado la relación de Royce y había tenido citas aunque ninguna parecía serle suficiente. Apoyó su cabeza sobre la mía y suspiró con satisfacción, éramos pocos los que íbamos a ir a la universidad, y aún menos los que conseguíamos una beca para ir a una de prestigio.

-Nos vamos.-Murmuró. Y dentro de unos años tendré mi título y me iré a Seattle, ya lo puedo saborear. Seguro que hay un montón de tíos guapos en la universidad, que también serán inteligentes y no esa panda de borregos del pueblo.

Yo reí divertida, Rosalie después de salir con varios chicos del pueblo se había dado cuenta de la poca cultura general del pueblo y en la primera cita solía rechazarles porque no soportaba sus idioteces. Yo desde que salí con Cullen no había vuelto a tener una cita, porque no me fiaba de nadie y una parte de mí seguía deseando que apareciera Edward Cullen diciéndome que lo sentía y que me amaba. Como dice la abuela Marie, soñar es gratis.

-WOW-dije nada más entrar al que sería nuestro apartamento.

El salón no era muy grande, con las paredes azules oscura con muebles de madera oscura, estanterías blancas y dos grandes sofás de cuero blanco. Una barra conectaba la cocina de corte moderno con el salón. El salón tenía cuatro puertas, una era la del baño y el resto era dormitorios, los cuales ya estaban elegidos, el de Rose era de color salmón, el de Tanya Rosa y el mío azul cielo. Mi dormitorio era el único que tenía un pequeño baño propio, y al igual que el resto tenía un pequeño vestidor.

Comenzamos a colocar las cosas, desde los cuadros, jarrones, fotos nuestras y de nuestras familias, los ordenadores, los corchos para la planificación, la ropa los utensilios del baño, acabamos agotadas pero esta casa era mía, y mientras las chicas vivieran aquí sería de ellas también.

Había llegado el primer día de clase, con mi horario en la mano salí de casa, nerviosa como no lo había estado nunca. Cuando llegué al aparcamiento de la facultad, me quedé dentro del coche tomando respiraciones profundas, era el primer día de mi nueva vida, lejos de mis padres, de mi casa y del lugar que me vio crecer. Salí con falsa seguridad del coche e intenté andar con rostro indiferente hasta llegar al interior de la facultad, pero de camino unos enormes brazos me apresaron

-¡Bella!-Cómo no, Emmet.- ¿Preparada? Todavía recuerdo mi primer día en la facultad de arquitectura, estaba tan nervioso.-Farfulló más para sí mismo que para mí. Me removí inquieta esperando que me dejara de nuevo en el suelo.- Ah sí.-Me soltó.- Ya eres una estudiante oficial de derecho.

Iba a contestarle, pero una voz detrás de mi hermano me lo impidió, apareció una mujer pelirroja, de más de metro setenta y cinco y muy delgada. Posó sus ojos grises sobre mí.

-En realidad hasta que no pase sus primeros exámenes no la consideraremos de los nuestros.- Me miró con una sonrisa fría.-Victoria Fisher, estudiante de penúltimo año de derecho, espero que estés preparada para perder tu vida social.

-¡No la asustes así, Vic!-Rió Emmet.- Es mi hermanita y no quiero que huya despavorida.

-¿Tu eres la famosa Bella?-Su rostro se suavizó- Pensé que eras una de las conquistas de Emmet. Bueno me tengo que ir que tengo que hablar sobre si me ha ayudado con las prácticas. Nos vemos, y Bienvenida Bella.

Observé cómo se iba, era muy alta, y bastante delgada, su melena pelirroja ondulada y sus ojos grises gatunos le daban un aspecto salvaje, y era extraordinariamente atractiva, justo el tipo de mi hermano. Emmet ya no miraba a Victoria, saludaba a unos hombres que pasaban a su lado. Comencé a caminar y decidió acompañarme.

-Esa mujer, Victoria, parece un poco… no sé cómo explicarlo.

-Te comprendo, me pasó la primera vez que la vi. Da un poco de miedo pero es una chica genial, os haréis amigas en seguida.

-Es mayor.

-Sí, pero apenas es dos años mayor que yo y tres que tú.

-Es preciosa.-Comenté a ver si así me decía si era su novia.

-Sí.

-Emmet Swan-Bufé harta de que no me lo contara.- ¿Victoria Fisher es tu novia?

-¿Qué?-Me miró incrédulo, justo antes de echarse a reír.- ¡Claro que no es mi novia!- Siguió riendo.- Ella es solo una amiga porque es…

-¡Swan!- Un hombre de unos cincuenta años vestido con ropa de deporte gritó mi apellido.

-Es el entrenador.-Dijo mi hermano.- Tengo que ir, nos vemos luego.

Estaba sorprendida, mi hermano era amigo de una mujer preciosa y parecía no tener intenciones de cambiarlo. La universidad le había sentado mal, o bien según se mire. Sacudí la cabeza y me encaminé hacia mi primera clase. Historia del Derecho. Suspiré justo antes de abrir la puerta y entré. La sala era como la de las películas, me senté en uno de los puestos centrales y saqué mi cuaderno y mi bolígrafo, dispuesta a dar en la clase todo mi interés.

Al final del día estaba agotada, nadie me había dicho que la universidad podía ser tan tediosa como en realidad era, pero aún así me gustaba. Puede que algunas clases fueran aburridas pero también había otras muy interesantes. Paseaba por el campus, necesitaba ir a hablar secretaría sobre una de mis clases cuando lo vi, Edward Cullen.

Durante ese último año sólo lo había visto de lejos, y ahora mismo estaba a apenas dos metros de mí, salía del aula de medicina, llevaba barba de tres días y el pelo algo más largo y más despeinado. Estaba mucho más guapo de lo que había estado el año anterior, hablaba con un chico que parecía de su edad de tez morena, pelo oscuro y ojos verdes aguamarina, y al hablar reconocí el acento italiano. Entonces Edward posó su mirada sobre mí.

-Bella…-Dijo sorprendido mirándome fijamente.- Es un placer verte.

Había pensado miles de veces lo que haría si me lo volviera a cruzar cara a cara, la opción principal es que le daba un bofetón y le gritaba hasta encontrarme a gusto, para después besarle apasionadamente. Pero los primeros quince segundos después que hablara me quedé paralizada por la sensación que producía su voz en mí, aturdida sacudí la cabeza y me aclaré la garganta

-Edward. -Dije con la voz más tranquila de lo que esperaba.- Es una pena que no pueda decir lo mismo. –Dije provocando la risa del hombre con el que hablaba Edward.

Y sin más me fui, más enfadada conmigo misma que con él. Después de todo lo que me había hecho, cuando me hablaba y me miraba seguía sintiendo mariposas en el estómago, aunque más que mariposas eran elefantes bailando flamenco. Debía ser una de las ocas idiotas en el mundo que puede seguir colada por el chico que la humilló, se rió de ella y después la dejó de una forma cruel y rastrera. De todos modos me enamoré, y me enamoré como todas las chicas inteligentes lo hacemos: como una idiota.

Entré a secretaría con la mejor sonrisa fingida que me salió, me acerqué a hablar con la amable mujer, Charlotte, una mujer de unos treinta y pocos de pelo caoba y ojos dorados que me dedicó una mirada con una preciosa sonrisa. Le expuse mis dudas y muy amablemente me las respondió. Me disponía a salir cuando de una de las puertas salió Victorio, al verme se acercó para saludarme.

-Hola Bella.-Me sonrió.-He acabado con las clases ¿Y tú?- Asentí.-Genial, ¿Vienes a tomarte un café conmigo?-Le sonreí y acepté.

Después de años en el mismo grupo de amigos, no me era sencillo hacer amigos nuevos y Victoria parecía ser una buena chica. Y como la mayoría de mis amigos era increíblemente guapa, se que lo remarco mucho, pero era más hermosa que Rosalie. Me llevó a una cafetería hogareña, no muy lejos de la universidad, nos sentamos en una mesa y pedimos dos cafés, cuando ya estaban servidos tuve el valor de preguntar.

-Victoria…-Hice una pausa.- ¿Por qué mi hermano se ha reído cuando le he preguntado si era tu novio?

-¿Te parecemos novios?

-No, pero eres muy guapa, y eres el estilo de mi hermano.

-Se ha reído porque tu hermano no se atrevería a salir conmigo.- La miré confundida.-Soy bisexual, cariño. Tu hermano y yo pensamos en salir, pero él decía que no le parecía bien la idea de que existiera la probabilidad de que lo dejara por una chica. Así que nos hicimos amigos.

Sonreí, era el típico comportamiento de mi hermano. No podría haber salido con ella por si le dejaba por otra chica, lo que también le pasaba es que mi hermano huía de lo anormal, suerte que al menos se habían hecho amigos. Esa chica me gustaba, podríamos ser en un futuro grandes amigas. Mi teléfono sonó.

-Lo siento.-Le dije a Victoria mientras cogía el móvil.- ¿Diga?

-Hola Bella, soy Jasper.

-Hola Jazz.- Victoria me miraba mientras bebía su café.

-Rosalie quiere estrenar con una fiesta pequeña tu casa, ha invitado a tu hermano, que como está majo ahora le cae bien ¿Qué te parece? No seremos más de 15.

-Genial, viernes en mi casa.

-Invita a alguien, yo he invitado a mi amigo Félix, es Italiano, es también amigo de Edward, pero te juro que es un tío majísimo.

-Lo haré.

-Adiós un beso.

-Hasta el viernes, un beso.

Guardé el móvil, en el bolso. Fiestecita la primera semana, idea de Rose. Miré a Victoria, la invitaría a ella, era simpática y seguro que se llevaría genial con las chicas. Le sonreí mientras bebía de mi café.

-¿Tu novio?

-¿Quién, Jazz?- Reí.- Ni hablar, es como mi hermano, aparte su novia me mataría. Por cierto este viernes habrá una reunión de amigos en mi casa. Viene Emmet, no solo me conocerás a mí. ¿Quieres venirte?

-Claro.-Me sonrió.

Salimos juntas del local, ella me acompañó la mitad del camino y ahí nuestros caminos se separaron. Cada una se fue por su lado. Fui a mi casa, donde Rosalie hablaba emocionada sobre la fiesta. Cuando les conté que había invitado a alguien se ilusionaron, aunque se decepcionaron un poco de que fuera una mujer.

La semana transcurrió sin problemas, después de clase todos los días me iba a comer o a tomar un café con Victoria, éramos mucho más parecidas de lo que era con cualquiera de mis amigas, aunque a ellas las quería más.

¡Hola Chicas!

Espero que os haya gustado el capítulo, dejadme más de esos reviews maravillosos que me dejáis.

Besos.