Disclaimer: Digimon no me pertenece, sólo los nuevos personajes y nuevos digimons que han sido inventados por mí, este fic es con el fin de entretener a los lectores, que lo disfruten n_n


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Los Falsos Amigos

Parte 03

Eidan estaba tan triste que no decía palabra, arrastraba los pies, Dratmon estaba sobre su cabeza y le miraba curioso, le daba pequeños golpecitos en la frente y él no reaccionaba, Ashley también trataba de animarlo, pero parecía ser imposible.

—¿Por qué Mimi es así conmigo? —preguntó de repente Eidan en tono gris.

—Porque eres muy ofrecido a ayudarla en todo y ella se aprovecha de eso. Sabes, estoy decepcionaba por la actitud de Mimi, creo que me cegué de las cosas que ella puede hacer y no veía la realidad, tal vez Chris tiene razón de cómo es Mimi en realidad —contestó Ashley.

—No, porque Mimi siempre ha sido así desde que la conocimos, aunque hoy me dejó desconcertado.

—Lo que debes de hacer es buscar a una chica que si te haga caso, tal vez de ésa manera Mimi ya no abuse de ti —sugirió Ashley.

El chico se quedó meditando al respecto, era buena idea y más si con ella conseguía darle celos a Mimi y así hacerla ver de lo que se estaba perdiendo, ya se imaginaba a él con dos chicas súper guapas acariciándole la cara y Mimi mirándolo a lo lejos con ojos llorosos y haciendo un drama por no ser ella quien estuviera en lugar de aquellas chicas a las cuales él le sonreía con coquetería.

—Ashley, allá, mira —señaló Squadmon.

El digimon señalaba unas piedras que trasmitían un ligero color verdoso. Ashley corrió hacia allá, al notar que Eidan se quedó hasta atrás, regresó por él y lo jaló.

—¿Qué tal si es uno de los amigos de Mimi? —dijo Ashley.

Eidan se encogió de hombros, iba pateando una piedrita la cual fue a dar directo a las piedras brillantes. Se escuchó un estruendo proveniente de las piedras y luego estas se abrieron, dejando salir a unos digimons muy parecidos a los murciélagos que revolotearon sobre los chicos y sus digimons camaradas.

—¡Quítenmelos! —gritaba Ashley desesperada, sacudía sus brazos.

Los digimons murciélagos eran pequeños pero aún así rasguñaban con sus grandes garras, a Ashley ya le habían arañado los brazos.

—¡Dratmon usa tu ataque! —ordenó Eidan.

El digimon de Eidan no tardó en hacer su ataque especial que hizo retirar a los digimons que atacaban a Ashley, Squadmon también hizo su ataque logrando que los digimons murciélagos se marcharan.

—Mira, es una entrada —señaló Dratmon.

Los chicos y sus digimons entraron con cautela al lugar. Por dentro era inmenso, una cueva muy fría en donde goteaba un líquido espeso color morado que hizo gritar a Ashley cuando le cayó en la frente, el lugar estaba invadido por aquella sustancia, además de que era pegajosa, eso lo descubrieron los digimons que no les fue fácil liberarse.

—Esto apesta —se quejó Squadmon.

En la cueva había unas plantas rosadas y se sentía un helado viento, Eidan parecía estar un poco más animado.

Chris y Jesse estaban temblando, los dos tenían una ligera tonalidad azul y sus narices estaban completamente rojas, sus dientes castañeaban y estuvieron a punto de abrazarse para aminorar el frío, pero recordaron la conversación que tuvo Mimi con el papá de Chris y prefirieron soportar el frío.

—N-no p-puedo m-moverme —tartamudeó Jesse.

—S-siento que se me va a r-r-romper a-algo —añadió Chris.

Ellos estaban ahí casi congelados mientras que los digimons jugaban con la nieve y se lanzaban bolas, unas fueron a dar en la cara de Chris que lo tumbaron al momento.

Jesse observó que no muy lejos de ahí salía humo, sus ojos se abrieron y le dijo a Chris, lo ayudó a levantarse y como olvidando que tenían frío, se echaron a correr. Hubo una parte en donde la nieve les llegaba por la cintura, sentían las piernas entumecidas, sus digimons los ayudaron avanzar.

Era un estanque termal, salía un vapor muy caliente que en ese lugar les caía de mil maravillas, sin pensarlo mucho se metieron al agua, estaba caliente, sus mejillas se sonrojaron por lo bien que les caía.

—Esto es grandioso —dijo con pereza Jesse.

—Vaya que lo es —corroboró Chris.

Los chicos estaban a punto de quedarse dormidos pero al momento de cerrar los ojos sintieron que eran llevados por el agua, como si fuera una gran tina a la que le habían quitado el tapón y ellos tan pequeños que también se iban por el drenaje. Cayeron en un lugar en donde el hielo reinaba, el piso, el techo, las paredes, todo era completamente de hielo y ellos ahí, muriéndose de frío nuevamente, sus digimons a un lado, lograron alcanzarlos antes de ser succionados. Cuando trataron de caminar, se cayeron, el suelo era muy resbaloso, era un intento innecesario tratar de andar sobre el hielo, pero ellos lo intentaron, caminaban torpemente, pero sus digimons eran más torpes, Guepmon terminó con las patas tendidas y sus garras no le ayudaba aferrarse, pues el hielo era muy duro, el digimon de Chris pasó patinando y se llevó a Chris a Jesse y a Radramon, haciéndolos caer e irse patinando ellos también, no podían detenerse, había una rampa echa de hielo y ahí fueron a dar, los chicos les importó poco parecer muy asustados que terminaron abrazados y los digimons sobre ellos también asustados, los cuatro gritaron al ver el final de la rampa, salieron volando.

—¡AHHHH! —gritaron los chicos y los digimons al sentir que ese era su final.

Cayeron sobre algo pachoncito que hasta rebotaron ligeramente, era tan suave que pensaron que a lo mejor ya había llegado su final y ahora se encontraban sobre una esponjosa y suave nube.

—Estoy vivo —habló Jesse perplejo que se tocaba los brazos.

—Yo también, aunque un poco adolorido… —reconoció Chris, sobre él estaba Guepmon, Radramon y Jesse.

Guepmon por el susto había sacado sus garras de metal y por el temor a las alturas, se aferró a Chris, rasgándole la pierna derecha de la cual ya fluía sangre.

—Estás herido —señaló Jesse.

Chris se vio la pierna lastimada, pero no sentía dolor ni la sangre que ya había manchado su pantalón.

—Debe ser por el frío, que no sientes dolor, de todas maneras… —Jesse sacó un pañuelo de su bolsillo y se lo ofreció a Chris para que se lo amarrara.

Era una casa de hielo, ya habían oído hablar de los hoteles de hielo, incluso Jesse ya se había estado en uno cuando celebraron el cumpleaños de su mamá que era una señora muy extravagante en sus gustos hacia los hoteles, pero esta era una casita muy curiosa, todo tallado en firme hielo.

—Parece de verdad —observó Jesse que se acercó a una figura de un joven.

—Jesse, aléjate —dijo Chris aterrado.

La figura del joven, en realidad era un chico de carne y hueso.

—Debe ser uno de los amigos de Tai —puntualizó Jesse.

Tanto Chris como Jesse y los digimons empezaron a descongelar al chico. Se dieron el susto de su vida que el joven aún en el hielo, haya abierto los ojos los cuales centellaron como rubíes.

Mimi y Tai se encontraban frente a un gran castillo medieval, no en muy buen estado, de paredes grises y tristes que deprimían el más alegre corazón, se sentían seres pequeños ante la gran puerta que tenían enfrente, imposible de abrir. Tai miró su digivice que marcaba débilmente un punto blanco.

—Esto no me da buena espina, mejor regresemos —dijo Mimi que dio un gran bostezo descaradamente.

Pero Tai no dijo nada, sólo dio unos pasos y recogió un pedazo de trapo enterrado, reconociendo la prenda.

—Es Sora, Sora se encuentra por aquí —exclamó Tai a quien los ojos se le iluminaron de esperanza.

Mimi observó la sucia prenda de color lila.

—Tai, esto se parece al cuento de Pedrito y los frijoles mágicos, mira el tamaño de ésa puerta, es como si viviera un gigante ahí y ninguno de los dos trae a sus digimons para que nos defienda y aunque no estemos precisamente sobre una nube, si estamos en un lugar muy alto que no alcanzamos a ver qué tan alto está —señaló la castaña, tomó una roca y la arrojó, no escucharon cuando chocaba contra el suelo—. Lo ves, es una muerte segura.

—¡Yo no me iré sin Sora! —recalcó Tai muy decidido y empezó a empujar la gran puerta, la cual no la movía ni un milímetro, insistente el muchacho, tomó impulso y fue a chocar su hombro contra la puerta, terminó rebotando.

Mimi estaba a punto de decir algo cuando la presencia de alguien la dejó sin palabras. Se trataba de Sora quien caminaba hacia ellos a paso lento.

—¡Sora! —Tai se arrojó a los brazos de la pelirroja, pero ésta no respondía.

Sora levantó su mirada directo a Mimi quien sintió un golpe en el pecho que la dejó sin aire, luego una ventisca violenta la arrastró hasta la orilla del acantilado, dónde perdió el equilibrio, sino fuera por su reflejo que se aferró instantáneamente a la orilla.

Mimi sentía la desesperación de ser escuchada por Tai, pero el chico se encontraba tan emocionado de volver a ver a Sora que no le hacía caso, además de que la voz de Mimi no se escuchaba muy bien porque le hacía falta aire.

Tomó una bocanada de aire pero aquello hizo que una de sus manos se soltara, con todas sus fuerzas pidió auxilio a Tai, quien reaccionó y volteó para ver, pero Sora le tomó de la cara y lo hizo que la viera a los ojos.

—Maldita sea… —Mimi cerró los ojos y al abrirlos, su mirada expresaba determinación y una gran seguridad que causaba intimidación.

La castaña tomó impulso hamaqueándose un poco y de ahí saltó como si de una gimnasta olímpica se tratara, quedando de nueva cuenta en tierra firme.

—Si después de esto, Tai niega que no está enamorado de Sora, le voy a rapar las cejas —se dijo Mimi quien corrió hacia su amigo y lo desprendió de los brazos de Sora al golpear a la pelirroja sin piedad.

Se lamentó haberlo hecho, pues sintió como si hubiera golpeado una pared de hierro, sus nudillos le sangraron al impacto y lo increíble fue a ver a Sora a quien se le había desviado un poco la cabeza, girarla y acomodársela sin problema alguno.

—Bien, esto ya me está causando miedo —admitió la castaña.

Chris y Jesse salieron corriendo junto a sus digimons, pues al chico que liberaron sacaba una bombas de las manos y explotaban al contacto con el suelo, que ahí era hielo, pero aún así no dejaban de explotar y con fuerza. Chris y Jesse tuvieron que saltar para salvar su vida de que el explosivo les fuera a dar.

—Vaya amigos tan raros que tiene esa chica, tenía que ser, ella es todo un fenómeno —comentó Chris.

—Por la izquierda —señaló Radramon.

Era como estar en un laberinto de hielo, podría haber sido divertido a menos que tras de ellos no estuviera un chico lanzándoles explosivos.

Sentían que ese era su fin de verdad al llegar a una parte donde no encontraron salida, sus digimons salieron para enfrentar a ésa cosa que les lanzaba explosivos.

—¡Golpe Giratorio! —Exclamó Radramon, lanzándose como una flecha que daba vueltas y de lo rápido que iba parecía un taladro.

—¡Zarpa de Plata! —gritó Guepmon que cruzó sus garras de metal y se vio desprenderse el metal de las garras que se convirtieron en largas agujas que fueron a dar contra el chico.

Lograron vencer al enemigo, los chicos y los digimons quedaron con los ojos bien abiertos, pues habían derrotado a un robot.

—Increíble, esto es igualito a una película que vi —observó Jesse que pateó al desactivado robot—. Se ve tan real…

—Tiene algo ahí —señaló Chris.

—Tiene muchas cosas, entre ellas explosivos… ah, es verdad —Jesse sacó del bolsillo un aparatito igual al de Tai e Izzy, el digivice.

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Uff, muchas gracias por seguir con el fic, bueno, pues ya está es la penúltima parte del capitulo, espero que les guste y que continuen con la historia.

Disculpen la falta de creatividad en cuanto a los nombres de los ataques de los digimons y en el nombre de los mismos... se me complica algo y también algunas faltas de ortografía por ahí

Un gran saludo para ustedes, cuidense mucho.