Disclaimer: Los personajes de CardCaptor Sakura no me pertenecen, son obra y gracia del fantástico grupo Clamp. Yo solo soy una vaga que hace esto por diversión :3.

Summary: Al llegar a la preparatoria, Sakura Kinomoto se planteó tres objetivos: olvidar el pasado, mantenerse fuerte y enamorarse del chico correcto. Lástima que Shaoran Li decidió volver a aparecer en su vida.


Te quiero

-Kira Read-


Capítulo doce: Sinceridad


En la casa de los Kinomoto se escuchaba claramente el sonido de una alarma que no daba tregua. Con una mirada aburrida, Touya sorbió de su café mientras su madre entraba en el comedor con unos panqueques recién hechos. Nadeshiko Kinomoto arrugó su frente en un gesto de preocupación.

—¿Cuánto tiempo lleva sonando ya? —preguntó después de dejar el plato frente a su hijo. El muchacho se encogió de hombros como si poco le importara.

—Creo que desde que yo bajé—respondió con simpleza y comenzó a comer entonces.

—¡Touya! Deberías haber avisado a tu hermana, ya van veinte minutos —lo señaló con un dedo acusador acercándose a las escaleras para llamar a Sakura.

—No, espera —pidió el muchacho. La mujer lo miró con las manos en la cintura y una ceja alzada hasta que de pronto se escuchó un fuerte golpe en la planta superior y unos cuantos gritos. Observó consternada las fuertes pisadas que se oían, los golpes que siguieron e incluso la manera en que Kero maulló. Seguro alguien le había pisado la cola. Touya solo sonrió con suficiencia—. ¿Ves? El monstruo puede solo.

—Creo que iré a ver si todo está en orden —el chico meneó la cabeza como si considerara que cometía un gran error, pero ella se aventuró unos cuantos escalones. Cuando llevaba la mitad, un remolino de cabello castaño y desordenado casi la arrolla. Se tuvo que pegar a la pared para no salir lastimada.

—¡Es tarde, es tarde, es tarde! —murmuraba la muchachita que corría de un lado a otro por la casa.

—Sa-Sakura-chan… —intentó llamarla, pero la chica ya estaba robándole unos cuantos panqueques a su hermano, a pesar de las protestas de este, y atragantándose con estos.

—Um engo iempo, baba.

—Pe-pero… —trató otra vez de llamar su atención la madre.

—Mastica, monstruo —le pidió el moreno interrumpiéndola. Sakura lo fulminó con la mirada, pero al mirar el reloj pasó como pudo lo que tenía en la boca y se pasó una mano por el cabello que tenía disparado en todas direcciones.

—Es tarde —volvió a repetir mientras se precipitaba a la salida—. Los veo luego —se escuchó desde la entrada y luego un portazo. Nadeshiko parpadeó mientras observaba el lugar por el que su hija había desaparecido.

—Ese monstruo atolondrado —murmuró su hijo arrugando la nariz.

—¿Hace cuánto que no se quedaba dormida? —preguntó más como para sí misma a la vez que bajaba las escaleras.

Touya se quedó viendo su café y volvió a arrugar el ceño, como si estuviera considerando algo muy importante. Al cabo de unos minutos volvió a mirar a su mamá.

—Creo que hoy pasaré por Sakura —la mujer de largos cabellos parpadeó mientras veía al muchacho pararse y tomar un maletín de la otra silla.

—¿Por qué? —se aventuró mirándolo extrañada por su reacción—, ¿es…está pasando algo malo con ella? —inquirió afligida por las posibilidades.

—No es nada, solo pasaré a visitarla —ella pareció quedar satisfecha con esa declaración y asintió con los ojos brillantes.

—¡Un tiempo entre hermanitos siempre es bueno! —exclamó levantándose para darle un beso en la mejilla. El chico se removió incómodo, pero se dejó hacer mientras ella le arreglaba la corbata—. ¿Es hoy el recorrido en el hospital? —Touya asintió y luego se apartó.

—Me voy antes de que se haga tarde. Nos vemos, mamá —Nadeshiko le hizo un gesto con la mano sin dejar de sonreírle. Cuando se encontró sola en casa miró las dos tazas de café abandonadas por sus hijos minutos antes.

—¿Qué estará pasando con estos muchachos? —murmuró sin si quiera darse cuenta. Kero apareció de pronto maullando por las escaleras. Ella se acercó a recibirlo al pie de estas y lo cargó en cuanto estuvo a su alcance—. ¿Tú lo sabes, Kero-chan? —el gatito solo la vio con sus grandes ojos dorados sin entender y ella meneó la cabeza.

Quizá hablar con un gato era ir demasiado lejos, incluso para ella.


Los pasillos de la preparatoria Seijô aún se veían vacíos a esa hora de la mañana. O sería que quizá ella, Tomoyo Daidouji, iba demasiado distraída para notar a cualquier persona.

No era usual que se sintiera así, pero con lo preocupada que se encontraba ni si quiera se molestaba en disimular. Y no solo su preocupación influía, sino también el enojo que se permitía sentir contra quien lastimaba de maneras insospechadas a la persona más querida por ella.

Tomoyo se decía que debía mantener la calma mientras caminaba con gesto ausente hacia su aula, pero pensar en las lágrimas de Sakura, en su rabia y en su renuencia a hablar de lo que pudiera haber pasado con Li solo lograba desequilibrar su usual buen humor.

Quizá debía tomar cartas en el asunto y hablar de nuevo con él, esa podía ser una buena idea…

Una buena idea que desechó al instante al recordar la última vez que se dejó llevar por impulsos poco comunes en ella y terminó armando todo un desastre. No quería volver a sentirse culpable y, lo más importante, hacer algo como eso sería desconfiar de la fortaleza de Sakura, de su entereza para enfrentar ese tipo de problemas. Y, si eso llegaba a lastimar a su amiga, nunca se lo perdonaría.

Con un suspiro se paró frente a la puerta del salón. Solo podía ser una espectadora, por mucho que doliera, y estar ahí para Sakura, esperando a un lado a que ella la necesitara. ¿Ocupar su mente en otras cosas serviría?

"Probablemente sí"

Cuando acercó su mano a la puerta para abrirla, otra tan blanca como la suya se adelantó y al mirar a quién pertenecía, aunque ya lo sospechaba, casi da un respingo. Casi.

—Buenos días, Daidouji-san —ahí, tan galante y perfecto como siempre, estaba Eriol Hiragizawa con una sonrisa e invitándola a pasar al salón. Se obligó sonreír de vuelta mientras intentaba recobrar el control de su cuerpo que, últimamente, reaccionaba de muy diversas maneras frente a ese…individuo.

—Buenos días, Hiragizawa-san —respondió quizá algo más tarde de lo que debería. Los pasos detrás de ella se escucharon y solo cesaron luego de verlo sentarse cerca de ella comportándose como siempre.

El salón se quedó en silencio entonces. Eriol mirando por la ventana y ella observando inútilmente un libro que no recordaba por qué había metido al maletín. Los minutos se fueron poco a poco aunque ellos parecían estar congelados en el tiempo, pendientes de hacer cualquier cosa excepto mirarse.

—Me alegro mucho de que hayas sido aceptada en el coro —escuchó entonces decir al muchacho. Como Daidouji que era, Tomoyo no se inmutó y le sonrió amablemente mientras asentía.

—Gracias —dijo como toda respuesta. Se lo quedó viendo de reojo, como si estuviera considerando hacer algo hasta que él rió suavemente y volteó su cuerpo totalmente hacia ella.

—Te sorprendiste ayer al verme, ¿no? —la pelinegra parpadeó, pero al segundo siguiente ya estaba sonriendo condescendientemente.

—No esperaba verte ahí, Hiragizawa-san. Pensé que habías dicho que…

—Me gusta jugar bromas, aunque esta fue muy pequeña. Espero que no te haya molestado, pero estaba deseando ver tu expresión de sorpresa. Siempre luces tan tranquila, Daidouji-san —ella lo miró unos segundos más y luego bajó el rostro hacia sus manos.

El día anterior había sido la audición del coro a la que ella había asistido llena de emoción, pues cantar era su pasión. Todo había estado bien hasta que la directora del coro había presentado al pianista que, casualmente, era Eriol Hiragizawa. Se había quedado sorprendida y, por qué no decirlo, hasta algo fastidiada. Aunque no iba admitir el poco gusto que le causaba verlo ahí, por lo cual solo sonrío y continuó con su audición de manera natural.

Al terminar, él se había acercado a felicitarla como si nada y habían llegado hasta el salón entre pequeñas charlas de lo que esperaban del coro, todo para ver con consternación a sus respectivos mejores amigos en una situación extraña, pero eso era otra historia.

La amatista suspiró y volvió a subir la mirada, estudiando con atención el rostro sonriente de Eriol.

—No soy la única que siempre luce de cierta manera, aunque nunca te atribuiría lucir tranquilo —él alzó levemente las cejas y se acomodó los lentes a la vez que volvió a voltearse.

—Ya que temo tu respuesta sobre cómo luzco, no te preguntaré; pero me encantará trabajar junto a ti en el coro, Daidouji-san —ni si quiera la miró al decir eso. Ella abrió la boca para replicar, pero la puerta se abrió y otros de sus compañeros aparecieron en escena.

Tomoyo fingió que no habían estado hablando y volvió a ver su libro. Quizá concentrarse en descubrir a qué estaba jugando Eriol la ayudaría a distraerse del asunto de Sakura.


Shaoran jadeaba cuando por fin llegó a la puerta de la preparatoria. Tomó un camino diferente del usual a su salón en esa ocasión permitiéndose caminar algo más lento entonces para descansar y llegar a regularizar su respiración antes de entrar al salón. Nadie quería ver a alguien que parecía estarse ahogando, seguro ya lucía lo suficientemente ridículo luego de su carrerita para arribar a tiempo.

Claramente, se había quedado dormido.

Él podía verlo desde dos ángulos: el bueno, había logrado dormir mejor después de noches de insomnio; el malo, si bien había dormido mejor eso no necesariamente significaba que lo suficiente. Otra vez lo pensamientos lo habían atrapado un par de horas luego de su conversación con Feimei.

No podría decir con exactitud qué tan agradecido se encontraba por las palabras de su hermana, a pesar de su evidente incomodidad por exponer sus problemas ante ella, pero habían sido de demasiada ayuda.

La determinación de lograr hacer las cosas bien de ahí en adelante estaba puesta clara en su mente, solo esperaba poder lidiar con su orgullo y con su terquedad, porque no era cosa fácil. Y también rogaba porque Kinomoto aceptara sus torpes explicaciones que, si bien no eran tan perfectas como pudiera quererse, intentaría fueran sinceras.

Unos pasos acelerados en la dirección contraria a la suya lo hicieron levantar la vista y al ver de quién se trataba no pudo más que esconderse detrás de un muro. Al instante se dijo que era un cobarde, que eso no estaba bien, pero se justificó pensando que seguro ella no querría verlo ni en pintura.

Sí, no podía haber sido otra que Sakura Kinomoto que lucía mucho peor que él y que había abierto de un tirón la puerta para pasar tan rápido que casi le costó verla. En cuanto ella estuvo fuera de vista, notó que no se podía quedar detrás de ese muro eternamente y que si no se apuraba el profesor no lo dejaría entrar a clase.

Caminó rápido y miró las dos puertas de salón. Él no tenía por qué entrar por la puerta de atrás, pero no sabía si el profesor ya estaría en el salón y si eso le molestaría. Y evitar incomodarse a sí mismo y a otras personas era importante, ¿no?

Además la puerta de atrás era muchísimo más práctica.

Shaoran rodó los ojos ante su propio pensamiento.

—Práctica…sí, claro.


Las clases estaban pasando más rápido de lo que cualquiera pudiera haber pensado. Quizá se trataba de un buen día de esos en que todo luce mejor de lo parecido o quizá se debía al gran evento que tendría lugar el día siguiente por la noche.

Sakura no pudo evitar notar lo animado que lucía el salón con la perspectiva de una noche de fiesta y lo brillante que se veía Chiharu mientras mandaba discretas miraditas a Yamazaki. Casi le dio por reír ante lo tiernos que se presentaban, pero nada de eso parecía salirle muy bien. Suspiró mientras se removía ligeramente inquieta en su sitio.

Ella se obligaba a eliminar cualquier tipo de malestar que apareciera en su estómago cada tanto, pero a veces no podía evitarlo. Y estar consciente de cierta presencia detrás de ella hacía las cosas más difíciles.

No lo había visto llegar en la mañana, pero sabía que estaba ahí. Internamente agradecía no haberlo mirado hasta entonces, porque no sabría reaccionar muy bien. Estaba entre la cólera, la pena y…más cólera matizada de más pena. ¿Era normal eso? Emitió un suspiro y se obligó a prestar atención a clases. No quería recordar lo mal que se había sentido el día anterior ni todo lo que su pobre e inocente gato había sufrido a causa de ello por la mañana.

A penas el timbre sonó, tuvo a Tomoyo parada a su costado y apresurándola para ir fuera del salón. A pesar de ser tan despistada, Sakura sabía que su mejor amiga estaba tratando de protegerla y lo agradecía, aunque no estaba muy segura de si fuera necesario, pero sentirse querida así siempre era agradable.

Naoko las estaba esperando con una sonrisa mientras saltaba de la emoción cerca de la cafetería. Ni bien las tuvo cerca comenzó a parlotear sobre vestidos, accesorios y peinados; todas cosas que a Sakura en ese momento tenían sin cuidado.

—¿Y tú qué te pondrás, Sakura? —aunque el hecho de que aquello la tuviera sin cuidado no significaba que sus amigas lo dejaran pasar. Les dedicó una sonrisita y tomó del brazo a Tomoyo.

—El vestido que me ha hecho Tomoyo —contestó con tono alegre. Rika frunció el ceño con preocupación mientras observaba a sus amigas.

—Seguro que no la estás obligando, ¿verdad? —la pelinegra tuvo que hacerse la ofendida entonces, pero terminó respondiendo que no. Sakura se rió por primera vez en la mañana y meneó la cabeza.

—Es precioso, Rika; creo que no iría al baile de no ser por ese vestido —todas se miraron entre sí y asintieron. El estómago de Sakura sonó y ella, muy avergonzada, se fue corriendo a comprar algo para saciar su hambre. Al estar solas, Rika se alejó un poco junto a Tomoyo dejando a Chiharu y Naoko continuar hablando como si no pasara nada.

—¿Debería preocuparme por lo mal que ha estado luciendo Sakura este par de días? —la amatista observó el lugar por el que había desaparecido su amiga.

—Sinceramente, no lo sé. Las cosas están mal, sin dudas, pero creo que distraerla es lo mejor que podemos intentar hasta que ella decida que es hora de contarnos —la chica de ojos castaños a su costado asintió y luego soltó un suspiro.

—Espero que no se causen más problemas el uno al otro —murmuró. Ninguna de las dos dijo otra palabra más y volvieron con las otras dos que seguían hablando tan animadamente para unirse a ellas.

Unos minutos después apareció otra vez la ojiverde con una sonrisa y un pan en la mano, pero antes de llegar a ellas tropezó debido a un desnivel en el piso y el pan se le cayó. Sus amigas no pudieron evitar pensar que eso era tan típico de ella que ya casi no causaba preocupación.

—Hoe, siempre pasan estas cosas —llegó junto a ellas Sakura renegando de su suerte. Las chicas sonrieron y se aventuraron hacia el patio, pero, antes de llegar, una figura cargada de folios apareció cerca de ellas.

Era el profesor Tsukishiro.

—Oh; buenos días, chicas —les dijo amablemente mientras hacia equilibrios para mantener las cosas en orden.

—Buenos días —respondieron al unísono. Él pasó entonces de frente disculpándose por no quedarse a conversar con ellas. Naoko soltó una risita luego de verlo partir.

—Tienen tanta suerte de que sea su tutor —mencionó haciendo sonrojar a Sakura y provocando risa en las otras.

—Es muy buen maestro —acotó Chiharu.

—Y con mucha paciencia —la apoyó Rika. La pelinegra asintió y Sakura guardó silencio.

Chiharu y Naoko alzaron una ceja al ver a la castaña bajar la mirada con un sonrojo cubriendo sus mejillas. Rika y Tomoyo se miraron con complicidad.

—¿Será que el profesor Tsukishiro estará en el baile de mañana por la noche? —preguntó Rika intentando esconder la sonrisita que quería escapar de sus labios. Fue imposible no notar cómo Sakura se tensaba ante ello.

—Así que, Sakura-chan, ¿mañana deberíamos ponerte muy linda? —sugirió Daidouji observándola con diversión.

—¿Eh? —parpadeó ella confundida.

—Es el primer baile de la preparatoria, deberías lucir espectacular —le guiñó un ojo otra. La pobre comenzó a negar con el sonrojo asomándose otra vez a sus mejillas.

—Yo…no, en realidad yo no…

—¿No quieren venir a ver el vestido de Sakura y ayudar a escoger accesorios? —todas asintieron emocionadas entonces sin escuchar los débiles reclamos de la esmeralda.

Con un puchero adornando su rostro la muchacha consideró comenzar a nombrarse a sí misma Sakura "conejillo de indias" Kinomoto.


—Entonces llevarás a Mihara —afirmó Eriol mientras, recostado en su asiento, miraba atentamente a Yamazaki. El otro asintió con su gesto usual y comenzó a beber de su cajita de jugo—. Bueno, tener una pareja para el baile ya es un paso —le sonrió.

—Supongo que sí —dijo como toda respuesta el chico de ojos dormilones. El pelinegro se giró un poco a ver a su amigo que lucía medio dormido en la carpeta de atrás y lo comenzó a picar con un lapicero.

—Eh, Xiao Lang, que estamos hablando de cosas interesantes aquí —Shaoran se levantó sobresaltado, pero tras comprender que solo se trataba de Eriol fastidiando se dedicó a mirarlo mal mientras soltaba un bostezo.

—Me pregunto por qué somos amigos —el aludido se encogió fingiendo dolor ante eso.

—Tus duras palabras me están lastimando, Xiao —Yamazaki soltó una carcajada y el castaño se sonrojo por la ira. Al notar que estaba a punto de golpearlo, como tantas otras veces, Eriol levantó las manos en señal de paz—. Solo queríamos preguntar si vendrás mañana por la noche.

—¿Eh? ¿Qué hay mañana? —no pudo evitar preguntar frunciendo el ceño por la confusión. Los otros dos se miraron entre sí y menearon la cabeza.

—Vaya que eres un caso, Li —le recriminó Yamazaki.

—De verdad no sé de qué me están hablando —se defendió el pobre muchacho apretando los labios. Hiragizawa decidió darle tregua así que se acomodó los lentes preparándose para explicarle.

—Mañana es el baile de bienvenida que siempre brindan los alumnos de tercero, Shaoran. Nos entregaron los pases hace unos días mientras tú analizabas profundamente los colores del arcoíris —el puñetazo en su brazo se lo vio venir, así que solo se rió levemente ante la vergüenza de su mejor amigo y disfruto del momento con Yamazaki, que parecía tan entretenido como él.

—Yo-yo sí sabía eso, ¿bien? —intentó justificarse el castaño, aunque tenía bien en claro que aquel par no le creería nada.

—Bueno, eso no es lo importante. ¿Vendrás, Li? —interrumpió Takashi para calmar a su amigo, que parecía querer lanzarse sobre el cuello de Eriol. Shaoran hizo una mueca dejando entrever su opinión del asunto.

—Eh, Shaoran, que no saber bailar no es una buena excusa. Siempre puedes hacerme compañía —lo codeó el pelinegro ganándose otra mirada enojada, pero que aquella vez no terminó en golpes.

—No es que no sepa bailar, Hiragizawa; es que no veo el punto —aclaró.

—¿Y no has pensado en invitar a alguien? Somos de primero, pero por los comentarios en los pasillos seguro que muchas chicas estarían felices —Li se encogió ligeramente en su asiento al recibir esa información. Si él podía ser sincero, ir con una extraña no era la idea más atractiva del mundo.

Shaoran arrugó la nariz y, después de decir que no estaba seguro de nada, volteó la vista hacia la ventana. Detrás de él, Eriol y Yamazaki seguían hablando del susodicho baile con ánimo y, si bien no podía dejar de extrañarse por el alto interés que presentaba su mejor amigo por ello, tenía muchas cosas en la cabeza para ponerse a estudiar eso con detenimiento.

Por ejemplo, estaba el hecho de que se había encargado de que Kinomoto no lo viera, aunque ella también había puesto mucho de su parte durante la mañana, y no tenía la más mínima idea de cómo abordar el tema de su disculpa con ella.

Quizá lo estaba pensando demasiado y pensando demasiado nunca se llegaba a nada o al menos eso siempre decía su hermana mayor, Faren. Fijó su mirada en las personas que caminaban por los jardines de la preparatoria en ese momento. Entre todas, cierta figurilla menuda y particular llamó su atención. Iba sonriendo junto a otras cuatro, aunque era ella la única que parecía sobresalir.

Él apartó la vista rápidamente comenzando a sentir, otra vez, el encuentro de emociones dentro de sí. Un temor se instaló por sobre todo ello mientras pasaba una mano por su cabello.

Mejor se apresuraba a pedir disculpas a Kinomoto y rogaba porque algunas de las cosas que sentía al mirarla desaparecieran o ya podía declararse asunto perdido.

Demasiado perdido.


Feimei movió la cucharilla dentro de su café con distracción a la vez que tenía la vista fija en el reloj. Totalmente embobada con imágenes mentales de su hermano menor pidiéndole perdón o declarándose a aquella chica que tantos problemas emocionales parecía causarle, soltó una risita tonta.

¿Para qué negarlo? Ella era una romántica empedernida y soñar no costaba nada, así que podía permitirse ese tipo de cosas. A pesar del ligero momento que vivía, el movimiento de las manecillas del reloj la alertó. Se suponía que recibiría a uno de sus pacientes en pocos minutos, así que mejor apresurarse.

Feimei Li era la más reservada y paciente de las hermanas Li. Si bien había pasado sus buenos años adolescentes de locura, el tiempo la había cambiado lo suficiente para convertirla en la madura mujer que adoraba trabajar con niños. Muchos en su familia, tan tradicional esta, se estarían preguntando por qué no estaría casada, pero no sabía si el matrimonio sería lo suyo. Era demasiado idealista para encontrar a alguien que le gustara lo suficiente. Además, era mejor observar al resto con sus relaciones e intentar ayudarlos con eso. A pesar de gustarle tanto, el romance no parecía ser lo suyo. O se lo podían preguntar a la lista de pretendientes que había dejado en Hong Kong.

Con la taza de café en la mano, salió de la sala de descanso de los doctores y se aventuró por los pasillos del hospital. Un sonidito particular proveniente de su bolsillo la sobresaltó. Era un mensaje de Fuutie.

"¡Hey! Deberías ver al bombón del departamento de publicidad que acabo de conocer. Te lo voy a presentar, te encantará y serán felices para siempre o al menos por unos meses. ¿Qué dices?"

La castaña rodó los ojos y se puso a la tarea de responderle a su hermana menor, que siempre trataba de hacerla de casamentera con todos, que podía mandar a su querido bombón a pasear.

"Venga, solo tengo veinticinco años, no es como si fuera una solterona para que estén siempre tratando de conseguirme a alguien…"

Con ese pensamiento, apretó el botón para enviarle el mensaje a Fuutie, pero antes de cualquier cosa unos pasos rápidos viniendo de otro pasillo llamaron su atención.

—¡Cuidado! —el grito le llegó lo suficiente a tiempo como para evitar chocar con la persona que venía delante, pero no evitó que su café saliera volando y llegara hasta la camisa del joven que la miraba sumamente molesto.

Feimei boqueó unas cuantas veces y se apresuró a sacar un pañuelo.

—Dios, yo lo siento tanto. He…yo he sido muy torpe y…emh, de verdad lo siento mucho —se excusaba una y otra vez sin dejar de intentar contrarrestar el efecto que el líquido estaba teniendo sobre la prenda. Un bufido y una mano sosteniendo la suya la hicieron detenerse y subir la mirada.

—Déjalo. Deberías dejar de ir caminando así de descuidada, los pasillos no son para estar pensando en nubes de algodón mientras se transita en ellos —sus ojos se abrieron un poco más de lo normal ante lo grosero que había sonado ese tipo. Con su culpabilidad por el incidente yéndose de vacaciones, alzó el mentón.

—Le he pedido disculpas —aclaró separándose y soltándose del agarre. El hombre entrecerró los ojos y parecía querer decir otra cosa, pero al ver su reloj de mano solo lanzó un gruñido para luego darse media vuelta.

—Nadie ha pedido que te disculpes —aclaró mientras se marchaba. Feimei, indignada por ello, solo se lo quedó viendo mientras se marchaba con el ceño muy fruncido.

"Vaya tipos más desagradables que una puede llegar a encontrarse"


El timbre habría sonado hace unos diez minutos ya, pero el salón aún se encontraba con mucha gente dentro y no era para menos. El profesor Tsukishiro, con su amable sonrisa en el rostro, les había comunicado que el día siguiente tendrían medio día libre debido al baile que se organizaría. En realidad no entendían por qué tanta indulgencia para con ellos, pero tampoco iban a cuestionar las decisiones que tomaba el director.

Desde el otro extremo del salón, Chiharu y Rika miraron a Sakura con los ojos entrecerrados. La castaña estaba removiéndose en su incómoda asiento, claramente intentando inventar un plan para librarse de la tarde de "torturas" que tenían planeada para ella. Durante todo el almuerzo la habían aterrado con los diferentes tratamientos y demás cosas que querían practicar en ella vaya una a saber por qué.

Se levantó ya cansada de evitar lo inevitable y se acercó hasta sus amigas con Tomoyo siguiéndola muy de cerca. Ellas se quedaron paradas cerca de la puerta del salón mientras otros de sus compañeros comenzaban a retirarse por fin.

—Bueno, ¿qué les parece si nos juntamos a las seis? —la ojiverde miró a sus amigas extrañada.

—¿No que nos iríamos directamente a tu casa? —preguntó mirando a la pelinegra a su costado. Tomoyo negó con cierta vergüenza en su rostro.

—Cuando regresábamos del baño la directora del coro se me acercó y me pidió que fuera a verla a la salida —la boca de Sakura formó una perfecta "o" y luego asintió.

—¡Pero eso no significa que te salvarás, eh! —le advirtió Chiharu mirándola fijamente—, si no vas a casa de Tomoyo te prometo que voy a sacarte a la fuerza —con cierto temor, sabiendo que su amiga no dudaría en cumplir su palabra, a la muchacha solo le quedó asentir y prometer solemnemente que estaría a las seis en punto en el lugar acordado.

Caminaron a la salida entre risas y Naoko se les unió en el camino. Tomoyo tuvo que despedirse antes de llegar a la puerta y las demás continuaron juntas hasta el patio frontal.

—Bueno —dijo entonces Rika—, nos vemos más tarde, Sakura —y le hizo un gesto con la mano. La castaña correspondió con una sonrisa y el mismo gesto para todas, aunque Chiharu, esta vez apoyada por Naoko, no dudó en amenazarla una vez más.

Una vez sola, Sakura se volteó para emprender camino a casa sin dejar de lado aún la posibilidad de conseguir una excusa lo suficientemente convincente.

"Si al menos lograra pescar una enfermedad altamente contagiosa…"

Unas risas a unos metros de ella llamaron su atención. Al mirar de refilón, pudo ver a Yamazaki y Hiragizawa riéndose de algo, aunque Li no parecía estar conforme con ello. El último pareció notar que tenían una espectadora, porque su mirada de repente voló hacia ella. Sin saber por qué, y a pesar de su malestar, Sakura no apartó la mirada, pero se arrepintió de ello al verlo detenerse sin dejar de verla.

El pánico comenzó a apoderarse de ella en ese instante.

"Tonta Sakura"

Shaoran Li la miró con duda y con un pie intentando adelantarse hacia ella.

Más pánico.

—Eh, monstruo —escuchó de pronto cerca. Parpadeó confundida y, al mirar al frente, se encontró con la figura de su malhumorado hermano.

—¡Touya! —exclamó sorprendida. El moreno rodó los ojos y se paró a su costado.

—No, el rey de Roma. Qué monstruo más tonto —a pesar de los insultos a su inteligencia, la castaña no podía sentirse más contenta en ese momento. Miró tan disimuladamente una vez más a Li, quien entonces había dejado de verla y se hallaba ya con sus amigos. El alivio la hizo respirar normal otra vez y le sonrió al hombre a su lado.

—¿Debería preguntar por qué has venido? —él, que no parecía haberle estado prestando mucha atención en esos momentos, volvió a mirada hacia ella mientras la rodeaba por los hombros.

—No vine por ti si es lo que te imaginas —le aclaró. Ella alzó una ceja ante eso.

—¿Por qué más vendrías?

—Ya deja de preguntar, monstruo, mejor vamos a casa —la chica se conformó con ello, aunque no dejó de mirar raro a su hermano que parecía estar taladrando algo con la mirada. Una mancha en la camisa de Touya la distrajo entonces.

—¿Y eso? —lo señaló. Cuando él lo vio, soltó un gruñido y fijó su mirada al frente.

—Una tonta que me echó café encima en el hospital —Sakura se rió de su expresión y meneó la cabeza.

—Espero que no sea una compañera de tu nuevo trabajo de la que hablas —él gruñó unas cosas más de las que ella no pudo evitar reírse. Internamente estaba que saltaba de la felicidad por lo oportuno que podía ser Touya de vez en cuando.

Al salir de la preparatoria ninguno notó, ni si quiera el mayor de ellos con toda la suspicacia que lo caracterizaba, que alguien los observaba desde dentro de la preparatoria.

Desde una de las ventanas del segundo piso específicamente.

Yukito Tsukishiro los miró hasta que desaparecieron con un gesto que variaba entre la sorpresa, la alegría y la pena. Se acercó hasta el escritorio en cuanto pudo moverse y se recostó contra este.

—Coincidencias, ¿eh? —dijo bajito mientras esbozaba una pequeña sonrisa.


El sol iba ocultándose dejando su agradable calorcito atrás cuando Sakura le sonrió a sus amigas por última vez cerca de uno de los tantos parques de Tomoeda. Se abrochó el suéter rosa que llevaba y tomó camino hacia su casa.

Como había prometido muchas horas atrás, acudió a casa de Tomoyo para que sus amigas pudieran hacer lo que quisieran con ella. Si bien se rehusó muchísimo al principio por el temor a los experimentos que pudieran realizar en ella, al final se dio con la sorpresa de que lo había pasado mucho mejor de lo que pensaba.

Claro, no era como si el sufrimiento no hubiera estado presente, pero tanta diversión hubo que no se podía quejar. Bueno, quizá un poquito.

Sus ánimos estaban lo suficientemente arriba como para caminar distraídamente por las calles sin preocuparse de nada. Una florería en la calle de en frente que ya iba cerrando captó su atención. Le costó saber de dónde le resultaba tan familiar, pero al recordarlo un suspiro se escapó de sus labios.

Tantas cosas habían pasado desde que estuvo ahí días atrás que le parecía demasiado lejano ya. Arrugó el ceño cuando el recuerdo de Li curioseando sobre sus gustos en flores acudió a su mente.

"Y pensar que entonces parecía normal…"

Bufó y decidió alejar eso de su cabeza. ¿De qué valía pensar ya en ello? Entre ellos toda relación había desaparecido.

Una sonrisa triste se formó en sus labios sin querer. Parecía que aún tenía fuerzas para seguirse sintiendo mal por ciertas cosas que dijo o hizo que no fueron las correctas, pero de algo estaba convencida: Shaoran Li no se disculparía y, si él no lo hacía, ella no era tan tonta como para acercarse otra vez.

El chico estaba lleno de señales que indicaban "peligro" y, por primera vez luego de muchos años, Sakura decidió que haría caso y huiría al menor indicio de acercamiento.


Faltando cinco minutos para la salida ese sábado, todos los salones de la preparatoria eran un caos. Los profesores tenían reunión de último minuto y ellos estaban a cargo de sus delegados los cuales estaban tan alborotados como el resto.

Las conversaciones, risas y gritos se dejaban escuchar por todo el lugar y no faltaba uno que otro avioncito de papel viajando de extremo a extremo en los salones.

Tomoyo sonrió de manera condescendiente a todos y se volteó a ver a Sakura que garabateaba alguna cosa en su cuaderno. Se emocionó al verla tan tierna.

"Mal día para olvidar la cámara. Mal día"

Suspiró con pensar, pero la idea de todas las fotos que tomaría esa noche la consoló. Al sonar por fin el timbre que indicaba el fin del día escolar, cogió su maletín con tranquilidad y regresó la mirada a su mejor amiga. Se llevó una sorpresa al notar que no era la única que estaba mirando a Sakura en esos momentos, pero quizá lo más sorprendente era la manera en que la castaña correspondía esa mirada.

Fueron solo un par de segundos, pero ella pudo ver cómo la mirada de Li había titubeado, cómo sus labios parecían querer expresar algo aunque nada salía de ellos. Y también vio a Sakura desviar la vista al menor indicio de un inicio de conversación, levantarse velozmente y, sin mirarla si quiera, pedirle que se apurara mientras ella salía volando del salón.

Tomoyo frunció el ceño. Regresó una vez más su mirada al ambarino que lucía un gesto de extraña aflicción y rabia. Escuchó un carraspeo cerca y, cuando enfocó de quién se trataba, evitó rodar los ojos. Eriol Hiragizawa la miraba con la ceja alzada y algo más serio de lo común en él.

Ella meneó la cabeza y se levantó para ir a buscar a la menor de los Kinomoto. Al encontrarla esperándola en el pasillo con los ojos observando fijamente sus zapatos, le puso una mano en el hombro.

—Sakura, ¿está todo bien? —preguntó preocupada por el gesto que presentaba el rostro de la chica. Los grandes ojos verdes de Sakura le dijeron que no, pero igual la vio menear la cabeza y sonreírle como si nada.

—Estoy muy bien, Tomoyo. ¿Por qué no nos vamos rápido? Recuerda que prometiste ayudarme a arreglarme hoy —la pelinegra la miró un poco más, pero terminó soltándola y asintiendo por mucho que en su interior muriera por saber qué sucedía ahí.


El camino a casa estaba resultando una experiencia de lo más callada y tranquila para Eriol y Shaoran. El primero se encontraba recorriendo al lado de su amigo con su típica alegría moderada mientras que el segundo parecía un poco más sumido en sus pensamientos de lo normal.

Si el pelinegro se ponía a analizar las actitudes de Shaoran, la única conclusión a la que podría llegar era que llevaba un par de días extraño. Con su usual perspicacia, no podía más que asociarlo a alguna nueva pelea con la linda Sakura Kinomoto que seguro habría dejado con el cerebro más molido a su mejor amigo, si es que no había terminado por anular sus neuronas al tratar de identificar qué exactamente le pasaba con la chica.

Reprimió una risita al pensar en lo inocente que podía llegar a ser Li. Seguro todo tipo de inteligencia emocional se lo habrían llevado sus hermanas. Sí, esa parecía ser una explicación bastante plausible…

—Tú… ¿tú irás al baile esta noche? —la pregunta de Shaoran le llegó totalmente por sorpresa, pero no por eso dejó notar que no se lo esperaba. Mientras intentaba descifrar el por qué del gesto tan dudoso del castaño al preguntarle eso, asintió.

—Pues claro. Me encontraré allí con Yamazaki y ya que Daidouji-san y Kinomoto-san me han prometido unos cuántos bailes, no estaré solo; creí que ya te lo había mencionado —finalizó ladeando el rostro. El ambarino asintió algo quedamente y volvió a mirar al piso.

Eriol no pudo evitar alzar una ceja ante la actitud tan rara que estaba tomando el muchacho. Bien, que Shaoran podía ser todo lo distraído y cerrado que se le antojase de vez en cuando, pero no era para tanto. Tomando conciencia de que algo importante sucedía con él y que, lamentablemente, no estaba al tanto de ello, decidió que lo mejor sería esperar.

Las cosas a veces se le aclaraban solas. Y cuando vio al otro chico levantar el rostro con expresión decidida y mirarlo a los ojos firmemente, se dijo que no tardaría en averiguar qué tanto estaba pasando últimamente que él no se enteraba.

—Iré al baile —pareció más un gruñido que una frase, pero era suficiente para él. Se acomodó los lentes ocultando su sonrisa y asintió.

—Bien —dicho eso, se detuvo a un lado de la acera—. Nos veremos más tarde, ya verás que te divertirás mucho —sus caminos, como siempre, se separaban en ese punto y, sin más, Eriol dio vuelta a la esquina.

Lo último que oyó de su mejor amigo fue un "¿diversión?". Una sonrisa se plantó en el rostro de pelinegro.

Quizá muchas cosas que buscaba hacer suceder estaban pasando sin que él se metiera.


Un bufido causado por la más pura exasperación se dejó escuchar en la habitación. Tomoyo Daidouji miraba a su mejor amiga de una manera tan amenazante que nadie sospecharía el estrecho vínculo que las unía.

—To-Tomo-chan, n-no me mires así —susurró de lo más intimidada la pobre castaña aferrándose a la silla.

Como la pelinegra había dicho, estaba dedicando tiempo para ayudar a Sakura a quedar tan divina como debería para ese primer baile de preparatoria. La emoción en su rostro, su risa brillante y sus ganas de dar órdenes al mundo entero eran claros indicadores de que la perspectiva de hacer ese "trabajo" le resultaba de lo más encantadora, pero parecía que en los últimos 20 minutos su querida modelo no había colaborado mucho…o, mejor dicho, nada.

—¿Cómo quieres que te mire, Sakura Kinomoto? —la aludida bajó la mirada muy avergonzada y se puso a jugar con sus dedos.

La verdad, no era su culpa. Trataba de ser tan paciente como podía en esa ocasión y permitir a Tomoyo hacer cuanto quisiera, porque sabía que de esa manera sería muy feliz, y si la señorita Daidouji estaba feliz entonces todos podrían ser felices también. Sin embargo, aunque al principio pensó que no sería tan malo como imaginaba, pudo notar que se había equivocado. Mucho.

—Es-es que yo no estoy hecha para estas cosas —se defendió como pudo la esmeralda. La ceja alzada que le mostró la otra chica como única respuesta le hizo entender al instante que no estaba haciendo un buen trabajo tratando de evitar lo inevitable.

—No pensarás lo mismo en cuanto termine contigo —un escalofrío recorrió la espalda de Sakura, pero no pudo hacer nada. Compadeciéndose al verla tan afectada, Tomoyo decidió ser más comprensiva y menos…bueno, menos ella—. Sakura, te prometo que no haré nada con lo que te sientas incómoda… —escuchó atenta la declaración de la pelinegra y mordió su labio inferior.

La mirada cansada de la morena la hizo suspirar y rendirse. De cualquier manera, ¿cuándo había ganado ella una discusión con su mejor amiga?

—Vaalee… —soltó sin muchas ganas. Tomoyo saltó de la emoción emitiendo también un pequeño chillido y agarró el cabello de Sakura en sus manos.

—Vamos por algo sencillo, ¿bien? Seguiremos el plan del recogido —explicó mientras la acomodaba frente al espejo y la miraba desde ahí. La castaña asintió algo cohibida.

Unos toquecitos en la puerta hicieron que ambas se voltearan y, al instante siguiente, una sonriente Nadeshiko estaba frente a ellas mirándolas con emoción.

—¿Les molestará si ayudo? —Tomoyo asintió invitándola a pararse a su lado. Cuando Sakura sintió que su madre tomaba la otra parte de su cabello entre sus manos palideció comprendiendo la magnitud del asunto.

Que Dios la ayudara.


Shaoran miró la portón principal de su casa como si se tratara de un ser maligno. Parado en medio del jardín, con el sencillo traje que había escogido para asistir al baile y su cabello más alborotado que nunca, frunció el ceño.

Tenía que hacerlo. Todas sus fuerzas, todas sus ganas, todo su valor estaban puestos en ese día.

Conociéndose, no podría acercarse a ella en otra ocasión. Sus buenas intenciones probablemente durarían mucho, pero mientras en la preparatoria ella pudiera seguir escudándose tras las personas que la rodeaban constantemente y estaban tan atentas a todo no había forma de que él se acercarse. Sin embargo, nadie decía que en baile sería diferente y él tendría el camino libre para decir lo que llevaba practicando toda la tarde…

Un resoplido de enojo se le escapó y volvió la mirada a su casa. Al parecer todos se encontraban fuera. Él único que había estado ahí para ayudarlo aunque fuera un poco fue Wei, quien si estaba sorprendido por verlo salir a un baile escolar nunca lo demostró.

Emitió un gruñido mientras se cruzaba de brazos. La opinión de Feimei sería muy útil en esos momentos. ¿Dónde se meten las locas hermanas obsesivas cuando uno las necesita?

El ruido de la puerta abriéndose lo sacó de sus quejas mentales.

—¿Xiao Lang? —de un momento a otro, Shaoran se encontró con la cara de su hermana mayor y lamentó haber deseado su llegada en algún momento.

—Ho-hola Feimei —si ella lo había escuchado, no dio indicio de ello. Los ojos negros de su hermana lo escrutaban sin cesar y él no podía sentirse más nervioso—. Emh, Feimei…

—¿A dónde vas? —al llegar la pregunta tan directa, lo único que pudo hacer el ambarino fue tartamudear—. ¿Vas a hacer algo importante?

—No, digo sí. Es decir, yo estoy bien y... ¡argh! ¿Qué te importa? —al notarlo tan a la defensiva, la castaña no pudo más que alzar una ceja.

—Es una pregunta, Xiao Lang. No todos los días te encuentras con tu hermano menor mirando la puerta de tu casa como si tuviera la respuesta a todos sus problemas —el chico desvió la vista y frunció los labios.

—No es nada, solo una tontería de la preparatoria.

Si bien la respuesta que Feimei tenía pensada decir era "oh, entonces ve" antes de que pudiera pronunciarla algo en su cerebro se activo. La asociación de palabras y todo a lo que refería sumado a la extraña actitud de su hermano le dieron la respuesta. Bien, que no estaba completamente segura, pero ¿no se había comportando de manera similar el día anterior? Sintiendo la emoción nacer en su interior, todo rastro de enojo que pudiera sentir por la manera tan cortante que tenía de hablar Xiao Lang se fue y se acercó rápidamente a él para ajustar su corbata y arreglarle el saco.

Totalmente atónito, Shaoran solo se pudo quedar viendo a su hermana.

—¿Q-qué haces? —preguntó por fin cuando ella trataba de arreglar su cabello.

—Bueno, si vas a ir a un baile deberías lucir mejor —murmuró de manera ausente. Al cabo de unos minutos, lo soltó y lo miró entrelazando las manos con gesto de orgullo—. ¡Dios! Nunca entenderé cómo puedes ser tan guapo, Xiao Lang —avergonzado, el ambarino miró hacia todas partes menos hacia ella intentando ocultar su sonrojo.

—¡Deja de decir tonterías!

Feimei solo sonrió y, acto seguido, lo empujó hacia la puerta prácticamente botándolo a la calle. Confundido por la actitud de su hermana mayor, el chico la interrogó con la mirada y ella señaló el reloj como toda respuesta.

—¿No se te hace tarde?

—Pues s-sí, pero de hecho estaba pensando en…

—¡Te tienes que ir ya! Seguro que hay gente que te estará esperando con ansias —Shaoran arqueó las cejas sin llegar a entender del todo lo que ella quería decir.

—No lo creo, la verdad casi nadie sabe que iré y…

—Pues entonces cuando te vean se alegrarán la vista. Sobre todo las chicas —ese último comentario lo hizo poner rojo como un tomate.

"¿Por qué las mujeres siempre tienen que ser tan impertinentes?"

Con el ceño fruncido a más no poder, se acercó a la puerta de la casa, pero todo lo que recibió fue otro empujón de su hermana.

—No, no, de ninguna manera. No vas a entrar a esta casa a menos que vayas a ese baile, Xiao Lang y si tengo que quedarme aquí haciendo guardia entonces así será. ¿Te vas solo o quieres que te lleve? —el muchacho se quedó viendo a la castaña frente a él con gesto de total incredulidad. Le mantuvo la mirada lo suficiente como para hacer una lucha, pero algo en los ojos negros de Feimei le dio a entender que él no ganaría esa vez.

Shaoran inspiró fuertemente y se dio media vuelta enojado. ¡Botarlo de su propia casa! Por supuesto que solo podía ocurrírsele a su hermana.

"Pero algún día yo seré el jefe de esta familia y ya verá, ya verá"

Por su parte, Feimei dio un pequeño saltito de felicidad y lo observó marchar con una enorme sonrisa en el rostro. Antes de que él girara por la esquina, lo llamó.

—¡Hey, estoy segura que lo harás muy bien Xiao Lang! ¡Solo no frunzas el ceño y ella no podrá resistirse! —exclamó agitándole la mano. Después de eso, cerró la puerta dejando a un Shaoran sonrojado y sorprendido.

Naturalmente, en cuanto le encontró el sentido a la frase, apenas un segundo después, el chico intentó decir algo pero solo consiguió boquear un par de veces. Con un suspiro, lo único que pudo hacer fue meter las manos en sus bolsillos y sonreír de lado meneando su cabeza. Quizá su hermana haría buen negocio como adivina o quizá era él un libro abierto; fuera lo que fuera, se alegraba de haberla tenido ahí.


A pesar de las luces y el montón de gente que había dentro del gimnasio, a Shaoran no le costó ubicar a su grupo de amigos. En realidad, decir que era un grupo era exagerar. Solo se trataba de Eriol, Yamazaki e Ikeda, otro compañero del salón, que se encontraban en un rincón conversando animadamente con unos vasos en sus manos.

Cuando llegó a ellos, los dos últimos parecieron sorprendidos de verlo ahí.

—Llegas tarde, Shaoran. ¿Te estabas desanimando? —preguntó Eriol. El aludido rodó los ojos y meneó la cabeza ignorando la pregunta. A veces asustaba cuánto sabía Eriol de todo, mucho más si tenía que ver con él.

—El gimnasio luce bastante bien, ¿no lo crees? —se animó a hablar Ikeda fijando sus ojos negros en él. El castaño miró a su alrededor con curiosidad y asintió. Francamente, los de tercero parecían haber puesto un esfuerzo extra en lograr ese ambiente y los adornos blancos y plateados hacían todo lucir muy diferente.

Los minutos entre ellos fueron pasando más rápido de lo pensado. Entre chiste y chiste, y broncas cuando se trataba de pedirle a Eriol que dejara de fastidiarlo, se olvidó momentáneamente de su objetivo al ir a ese baile. ¿Quién diría que podía pasarla bien en un rincón? Pero alguien allí arriba debía tener muchas ganas de verlo hacer el ridículo, porque la siguiente intervención de Ikeda lo transportó a pensar en cosas menos agradables que pasar un rato con tus amigos.

—Hey, Yamazaki, ¿no habías venido con Mihara? —todos miraron inmediatamente al pelinegro quien se limitó a asentir con tranquilidad.

—Sí, pero se encontró con Yanagisawa y Sasaki así que la perdí. Creo que tenían algún problema urgente con algo que había sucedido con el vestido de Kinomoto, no sé de qué se trataba pero…

Y la mención del bendito nombre tenía que ser. Shaoran nunca se había considerado una persona insegura, pero últimamente estaba comenzando a creer que Sakura Kinomoto tenía algún tipo especial de poder sobre él para hacerlo sentir con tantos nervios por algo que debería darse de manera natural. Pedir disculpas por un error era lo más lógico del mundo, en su caso errores, y aunque él fuera orgulloso, cuando reconocía sus errores sabía pedir perdón sin titubear. Más esa noche, escuchando a sus amigos conversar y pensando en lo que buscaría hacer en cuanto tuviera la oportunidad, se puso a pensar que no sería fácil.

Sospecha que se confirmó cuando la vio aparecer entre la multitud de alumnos del brazo de sus amigas enfundada en un sencillo vestido de un rosa muy claro, luciendo como la misma Kinomoto de siempre pero al mismo tiempo sin serlo. ¿Era la manera en la que se había arreglado el cabello o el maquillaje tan ligero que llevaba pero que conseguía hacerla lucir tan…tan…distinta?

Ciertamente, él no tenía idea; pero que su corazón se hubiera disparado cuando sus ojos se fijaron en ella no podía ser de buen auguro. De ninguna manera.


—¿Seguras que luce bien? —vio a sus amigas rodar los ojos una vez más y no pudo evitar hacer un puchero. Ella estaba segura que se notaba algo.

—Sakura, es en serio. Yo sé dónde está la rasgadura y no puedo ni notar la diferencia justo ahora. Tranquila —le dijo Naoko mirándola directamente a los ojos. La ojiverde asintió y bajó la mirada.

La verdad que alguien debía felicitarla por ser tan torpe. Habían llegado al baile varios minutos antes y todo iba bien hasta que entraron en el recinto. Sakura iba muy feliz por el resultado de su apariencia. Nunca había sido vanidosa, pero debía aceptar que esa noche se sentía diferente. Tomoyo definitivamente podía hacer maravillas. Probablemente en eso se encontraba pensando cuando al pasar muy cerca de los adornos en forma de punta cerca de la puerta enganchó su vestido sin querer y le hizo la tan mentada rasgadura.

Quiso darse un golpecito en la frente. ¡Esas cosas solo podían sucederle a ella!

Felizmente Tomoyo y Rika siempre iban preparadas para todo y se encargaron de arreglar ese pequeño asunto al instante, pero eso no implicaba que ella se sintiera menos mal respecto a ello.

—Bueno, que yo llamé a Yamazaki no a toda la tropa —escuchó murmurar de repente a Chiharu. Al subir la mirada algo confundida por no saber de qué iba todo, se encontró con un grupo de muchachos caminando hacia ellas.

Alcanzó a ver a Hiragizawa y Yamazaki antes de que llegaran hasta ellas. Les sonrió a los dos primeros para luego fijar su vista en Chiharu quien, a pesar de parecer molesta al principio, se mostró mucho más feliz al tener a su pareja a su costado.

"Se ven muy lindos juntos"

Ensanchó su sonrisa un poco más y luego bajó la mirada. ¿Por qué no podía encontrar ella algo así? Un carraspeo a su costado la sacó de sus pensamientos.

—Buenas noches, Kinomoto-san. Luces hermosa —dijo Hiragizawa mostrándole una amable sonrisa que, en combinación con sus palabras, la hicieron enrojecer.

—Ho-hola Hi-Hiragi-zawa-kun. Yo eh…tú también —murmuró con timidez arrancando una carcajada del chico a su costado.

—Qué galante, Hiragizawa-san —intervino Tomoyo y ella se sintió más aliviada. Eriol le sonrió a su amiga y asintió. Luego se volteó como pareciendo recordar algo.

—¿No saludan a las señoritas? —un par de palabras se escucharon detrás de él, aunque ella no pudo oír mucho debido a la música, y al segundo siguiente tenía a otros dos chicos al frente.

Al primero que vio fue a Yûki Ikeda quien la saludó tan natural como siempre. Conocía a Ikeda desde la secundaria y siempre había sido un chico muy simpático, así que se alegró nada más verlo. Sin embargo, la sonrisa en la cara no le duró mucho. Cuando unos grandes ojos ambarinos se fijaron en los suyos por un momento y escuchó el pequeño e indiferente "hola" que les dedicó, Sakura quiso torcer el gesto.

Shaoran Li estaba parado a unos metros de ella mirando al piso como si fuera lo más interesante del mundo. Ella se pegó a Tomoyo un poco más luego de corresponder el gesto del chico a medias.

Internamente estaba rogando porque los muchachos se marcharan a otra parte, pero cuando todos tomaron asiento en la misma mesa comprendió que sería una larga, larga noche en la que ambos probablemente tendrían que fingir que el otro no existía. Solo esperaba que el chico colaborara.


Habían transcurrido ya un par de horas desde que el baile comenzara. Con una sonrisa en los labios, Sakura y Tomoyo regresaron a la mesa juntas. ¿Qué mejor que bailar con tus amigas si no tienes una pareja con quién hacerlo? De inmediato ambas cogieron sus vasos de agua y tomaron varios sorbos.

Si en un principio alguna de las dos pensó que la noche podría llegar a ser difícil, el tiempo en la pista de baile había eliminado por completo ese sentimiento. Sakura dejó el vaso a un costado y miró hacia el frente. Una mueca se formó en sus labios.

"¿Por qué anda tan serio?"

Inmediatamente, se dio una cachetada mental por su curiosidad. Si bien le resultaba extraño ver a Li recluido en un rincón tan aburrido mientras los demás bailaban y saltaban por doquier, no era adecuado que a ella le preocupara. ¿Cuándo entendería su mente que Li prefería si ella hacía como si él no existía? Las cosas se llevaban millones de veces más en paz de esa manera.

Afortunadamente aparecieron riéndose entonces Ikeda, Rika y Hiragizawa para cortar el flujo de sus pensamientos y ayudarla a no complicarse, al menos no esa noche.

—¿Dónde está Naoko? —preguntó Tomoyo observándolos con curiosidad.

—Oh, se encontró con algunos amigos de su salón y se quedó un rato con ellos —respondió Rika sentándose a su costado.

—Me ha dejado abandonado en la pista de baile —acotó Hiragizawa con un gesto dramático que hizo a Sakura sonreír y a la vez sentirse mal.

—Hoe, pero seguro que regresa para la siguiente canción…

—No, está bien —la tranquilizó él—. Además, Daidouji-san me prometió algunos bailes y creo que ha llegado el momento de cobrárselos.

—Oh, pero no soy tan buena bailarina… —Eriol se encogió de hombros y cogió también un vaso de agua.

—Yo te guiaré, no hay de qué preocuparse —a pesar de que parecían las respuestas más simples del mundo, luego de que Tomoyo asintiera con una sonrisa a esa última oración de su agradable compañero de clases Sakura no pudo evitar sentir que se perdía de algo.

Se encogió de hombros y meneó la cabeza pensando que solo serían ideas suyas. Ella nunca había notado nada raro entre ellos y esa noche no tenía por qué ser diferente, ¿no?

Pronto pasaron a la siguiente canción. Fue entonces cuando Hiragizawa, con toda su elegancia y aquella sonrisa que podía poner a cualquiera de los nervios, se paró y le extendió la mano a su mejor amiga mientras Rika e Ikeda partían también hacia la pista de baile.

—¿Me acompañas, Daidouji-san? —la morena se lo quedó viendo unos segundos como si intentara descifrar algo más allá de su sonrisa y sus ojos misteriosos, pero terminó aceptando la mano del chico.

—Vamos —susurró la chica, pero Eriol se mantuvo en su lugar observando a las únicas dos personas que permanecían sentadas en la mesa.

Sakura tuvo un mal presentimiento en cuanto vio aparecer la sonrisa traviesa de su compañero de clases.

—Eh, Shaoran, ¿por qué no bailas con Kinomoto-san? —el aludido pareció despertar de su estupor con esa frase porque miró a su amigo con sorpresa para luego dirigir la mirada a ella.

—Yo… —intentó decir el chico, más el pelinegro, aún de la mano con Tomoyo, lo mandó a callar con un gesto.

—No has bailado nada y estoy seguro que Kinomoto-san no querrá quedarse en una mesa aburrida mientras lo demás bailamos. Vamos —la ojiverde observaba todo pasar estupefacta sin ser capaz de intervenir en ningún momento.

Se desconectó del mundo unos instantes, viendo la pequeña lucha que parecía tener Hiragizawa para convencer a Li y a Tomoyo con el ceño fruncido, pero al final los pelinegros desaparecieron tras unas frases más que ella no comprendió y solo fueron ellos en la mesa.

Kinomoto y Li…solos.

La potente mirada de Li recayó sobre ella y la bajó al instante. La castaña, sin saber realmente qué hacer, comenzó a jugar con una servilleta que había en la mesa. Escuchó luego unos ruidos cerca de ella, como si alguien tosiera.

Sus ojos verdes chocaron con los de Shaoran Li que lucían oscuros bajo las luces del gimnasio. Tragó pesado en cuanto lo vio estirarle la mano con algo de renuencia.

—Eh… ¿quieres bailar? —fue a penas un murmullo, pero aún entre tanta música ella pudo oírlo. Sin saber qué decir, solo se lo quedó mirando—…por favor —después de eso último, ni ella misma supo qué pasó.

Sus pies parecieron cobrar vida propia y se paró con la ayuda de la mano de Li, que igual la soltó a penas ella comenzó a caminar hacia la pista de baile. Sakura comenzó a moverse por inercia al ritmo de la música y vio a su acompañante hacer lo mismo.

A pesar de lo cerca que estaban, en ningún momento se miraron directamente. La música seguía sonando a su alrededor, con decenas de sus compañeros bailando sin cesar entre risas y conversaciones por encima del ruido, pero en ese instante todo parecía muy lejano. Ni si quiera podía pensar claramente y, seguro, esa debía ser la razón por la cual había aceptado bailar con un chico con el que apenas días atrás se había peleado.

Cuando terminó la canción y escuchó los aplausos y risas, pareció regresar a la realidad. Sakura subió los ojos a la velocidad de la luz y se encontró con los de él clavados en ella. Ambos se mantuvieron así, respirando ligeramente agitados sin decir nada.

Shaoran se revolvió el cabello y dejó su mano detrás de su cabeza sin sacarle la vista de encima.

—Kinomoto…

—Yo…yo…volveré en un momento —soltó ella torpemente y se dio medio vuelta para correr fuera de ese lugar.

Necesitaba aire urgentemente. Mucho aire para poder comenzar a ser racional otra vez y volverse un poquito orgullosa quizá, porque no se suponía que debía actuar como si nada hubiera pasado. No. Había pasado todo con Li y, muy a su pesar, no podía actuar indiferente a eso.


—Yo…yo…volveré en un momento —apenas y pudo escuchar lo que ella le había dicho cuando la castaña desapareció de su vista.

Shaoran se quedó mirando el espacio vacío dejado por la jovencita sin poder dejar de sentirse confundido por el remolino de pensamientos que atacaba su cabeza.

Todo había sucedido tan rápido que no podía creer que segundos atrás la había tenido cerca, muy cerca, pero ya nada importaba. Ella no estaba y todas las esperanzas de aclarar las cosas para poder llevar la fiesta en paz se fueron por un caño.

Él levantó la cabeza con el pensamiento de que si ella había huido no existía más que él pudiera hacer, no es como si pudiera obligarla a escucharlo…

Un resquicio de la última mirada que la chica le dirigió antes de salir corriendo del gimnasio apareció. ¿Se veía herida o quizá solo triste? Probablemente las dos cosas.

Con la presión sobre sí, emitió un gruñido mientras la firme decisión de acabar con todo ese lío se plantaba en su ser. Se movió antes de si quiera llegar a considerarlo bien y salió del gimnasio: esa noche todo se aclararía de una manera u otra.


Sakura inspiró fuertemente y el alivio la recorrió luego de eso. Tantas cosas acabarían con ella finalmente un día, pensó; definitivamente no estaba hecha para el drama.

Parada junto a las ventanas de los pasillos, con la noche estrellada fuera y el lejano ruido de la música en el gimnasio distrayéndola cada tanto, no pudo evitar notar que en los últimos días siempre terminaba huyendo de Shaoran Li. ¿Le tendría miedo? Quiso creer que no, pero de hecho había algo en él que la intimidaba, aunque no era algo que ella estuviera muy dispuesta a admitir.

Una punzada en el pecho la hizo encogerse un poco ante la perspectiva de que en algún momento tendría que volver al gimnasio y, muy probablemente, enfrentarse a él otra vez.

—Por un momento creí que no te encontraría —o quizá el llegaría a su encuentro de la nada, porque esa voz no podría ser de otra persona. Sakura giró levemente la cabeza con temor y se encontró con el chico avanzando lentamente hacia ella.

Abrió la boca levemente por la sorpresa, seguro esperando poder preguntar la razón por la cual la había seguido, pero nada salió. Él la miró con seriedad por unos momentos.

—Quiero hablar contigo, Kinomoto —la sola declaración llenó de miedo a Sakura. ¿Y qué había si ella no quería hablar con él? Rememorando sus antiguas "conversaciones" nada bueno había salido de ellas.

Sakura apretó los labios y bajó la vista.

—Realmente preferiría que no. Creo que nos hemos dicho bastante por estos días, Li, y sería bueno dejarlo así —él no respondió a sus palabras, así que ella comenzó a retroceder lentamente. No tenía idea de qué le fuera a decir él, pero era normal tener miedo ¿no? Si cada vez que "conversaban" ella terminaba decaída….

—Kinomoto, escúchame…por favor —y otra vez ese tonito y esa mirada que la desconcertaban tanto. La muchacha dudó un poco, pero al final se quedó plantada en donde estaba, impulsada por quién sabe qué fuerza sobrenatural.

Al verla para frente a él, Shaoran quedó mudo. Ella lo miraba con atención esperando algo venir de él, aunque no supiera qué era, pero nada se escuchó. Suspiró cansada, pensando en cuánto tiempo le tomaría volver al gimnasio y recoger sus cosas para irse.

—Yo…eh…no sé cómo comenzar —lucía algo amedrentado, cosa que ella nunca había visto en él.

"¿Estará asustado o nervioso?"

Lo vio tartamudear como si aquello fuera una confirmación a sus sospechas, aunque probablemente fuera un poco más de lo último que de lo primero.

—Hemos…nosotros hemos tenido muchos problemas últimamente…

"¿Te parece?"

Evitó rodar los ojos y asintió quedamente como un incentivo a que él dijera lo que tenía que decir.

—Y si bien ninguno de los dos se ha comportado como un santo yo…creo que ha sido mucho más mi culpa que la tuya, Kinomoto —finalizó su frase cerrando los ojos. Sakura no pudo evitar sorprenderse ante esa declaración y, aunque quería decir algo, se quedó callada y bajó la mirada.

—Cuando te escuché hablando a mis espaldas en el pasillo me enojé muchísimo. Y cuando me enojo puedo ser un verdadero ogro, pero nunca me he comportado de la manera en que lo he hecho contigo. Supongo que…el que viniera de ti me ha afectado…

—¿Qué viniera de mí…? —repitió por inercia con un sonrojo comenzando a subir a sus mejillas. Shaoran, que parecía tan ausente cuando dijo eso último, pareció despertar y se puso aún más rojo de lo que nunca lo había visto.

—Yo…es decir…eh, ¡no quiero que me malinterpretes! Es que como siempre te he considerado tan amable y…no sé, tan tú yo no pensé que…es que…no pensé que tú…que tú alguna vez pudieras decir algo así de alguien…y…digamos que eso me…uhm, me molestó un poco —ella asintió poco a poco a cada una de las palabras de su compañero aún sin entender el punto, pero se dijo que no podía pararlo. De hecho, quería escucharlo.

—Ah… —Li inspiró profundamente y dirigió su mirada hacia algún punto en la pared que tenían al otro extremo del pasillo.

—Luego de eso, cada vez que pensaba que las cosas paraban o podían volver a la normalidad, algo nuevo surgía. Una broma, unas palabras, lo que fuera, que me incitaba a seguir molestándote siempre. Y no digo que no me haya divertido haciéndolo —sonrió con cierta culpa—, pero sabía que me estaba pasando contigo…

—¿Y si lo sabías por qué no te detenías? —ni ella fue consciente del momento en que aquellas palabras abandonaron su boca. Él volteó su rostro hacia ella con gesto sorprendido, boqueando algunas veces, pero terminó bajando la vista al suelo y soltando un suspiro.

—Yo…ni yo mismo tengo idea. Creo que…creo que eran las ganas de no dejarme vencer por nadie y es que me parece que eres una gran competidora, Kinomoto, aunque a ti no te gusten este tipo de cosas…

Sakura desvió la mirada avergonzada por las palabras del chico y todo quedó en silencio entre ellos. Una idea saltaba a la otra dentro de sí, pero al final quedó una más importante entre todas que le hizo fruncir el ceño y abandonar su mutismo. Observó a Li que parecía contrariado, como si esperara algo que lo ayudara a decir lo que quería.

—Li —lo llamó con voz seria—, ¿qué es lo que pretendes diciéndome todo esto? —probablemente sonó mucho más brusca de lo que esperaba, pero no quería enmendarse por ello. Si bien estaba descubriendo nuevas cosas sobre su compañero, nada iba a borrar las muchas otras que ya habían sucedido entre ellos.

Él pareció notar algo en su mirada, algo no muy bonito, porque frunció los labios y se llevó una mano al cabello para revolvérselo.

"¿Cuál es la manía con tocarse el cabello?"

—Creo que me he explayado más de lo que pretendía —dijo por fin la voz serena del muchacho. La ojiverde le dio a entender que lo escuchaba con una cabezada, más no agregó nada. De pronto él parecía mucho más nervioso que antes—. Lo que yo pretendo es…es… ¡argh! Tú me dijiste algo el jueves. Dijiste que el problema lo había empezado yo hace mucho tiempo…y, a pesar de que he tratado de negarme muchas veces esto, he llegado a la conclusión de que tienes razón. Me pediste, además, que si quería que algún día tú me disculparas entonces tenía que ser sincero. Y tienes que creerme cuando te digo que soy sincero al pedirte que me disculpes por todo, Kinomoto, porque ni ahora ni antes te has merecido la manera en que te he tratado.

Todo dentro de Sakura se detuvo por un instante y, al reanudar su marcha, parecía mucho más acelerado que antes. Shaoran la miró de reojo, pero cerró los ojos al instante como asustado por lo que ella pudiera decirle con sus gestos.

—Las bromas, los gritos y…y la manera en que te respondí hace años a tú…bueno, a lo que me confesaste… —¿era su imaginación o él se había sonrojado?—, lamento haber sido tan brusco. Yo…emh, no soy muy bueno con las palabras y…al parecer tampoco con los sentimientos —soltó algo parecido a una risa—, así que…por favor tú…de verdad perdóname —al decir eso último, sus ojos ámbares reaparecieron bajo sus párpados para fusilarla con toda su potencia.

La castaña sintió que las palabras se trababan en su garganta, incapaz de decir alguna cosa ante las confesiones de su compañero. De verdad que no entendía cómo se sentía, pero si algo cálido se extendía dentro de ella no podía ser tan malo… ¿verdad?

Luego de unos minutos en los cuales ninguno dijo palabra alguna, Sakura se sintió por fin con la capacidad de articular palabras, pero al verla abrir la boca Li saltó luciendo muy avergonzado y retrocedió unos pasos.

—Tú…tú no tienes que decir nada —aclaró tropezándose con las palabras—, de verdad que solo tenía que decirte esto y…basta con que me hayas escuchado. Yo solo quería que las cosas quedaran claras, porque siempre me has agradado, Kinomoto…aunque me ponías muy nervioso antes y… ¡no! Es decir, no es que me pusieras nervioso, pero es algo más como que…como que…yo esperaba que pudiéramos comenzar de nuevo, pero si tú no quieres está bien y…y… —el rostro sonrojado del muchacho seguía cambiando de gesto cada tanto mientras sus labios no dejaban de abrirse y cerrarse. Él la vio una última vez antes de voltearse con prisas ante su asombrada mirada y retirarse tirando de su corbata—. ¡Nos vemos el lunes en clase!

Sin más, Shaoran Li desapareció en menos de lo que podías decir "hoeee". Sakura no se movió de su sitio aún intentando asimilar las palabras que habían llegado a ella.

Dejó que su cuerpo se recostara contra el vidrio que tenía detrás y un largo suspiro se escapó de sus labios. Nada de lo que se esperaba había sucedido y nadie podía juzgarla por estar confundida.

No se movió del lugar por un espacio de varios minutos más, repasando y repasando las palabras de su compañero de clase sin parar.

Solo tuvo seguridad de una cosa en ese momento: nada entre ella y Shaoran Li volvería a ser como antes.


El instituto lucía casi vacío cuando Shaoran cruzó las puertas de este aquel lunes por la mañana. Su rostro serio y hasta decaído iba adornado por la mueca de pocos amigos que cargaba desde el sábado por la noche.

Subió las escaleras con desgano, casi sin fijarse por donde iba y perdido en los recuerdos que martillaban su mente una y otra vez.

Tenía ganas de darse la cabeza contra la pared. Su forma de arreglar las cosas, era un desastre. Los consejos de su hermana, eran un desastre. Y, definitivamente, él era un desastre y había quedado más que demostrado.

Al pararse frente a la puerta de su salón, bufó y la abrió con la seguridad de que, al menos, tendría aquellos primeros minutos de la mañana para él. Sin embargo, una figura con la vista pegada en la ventana lo sorprendió.

Cuando ella se volteó, Shaoran sintió que su rostro comenzaba a enrojecer y unas ganas terribles de volver por donde había llegado.

¿Por qué tenía que ser precisamente ella…?

"¡Pero si siempre llega tarde!"

Paralizado, notó cómo la chica lo miraba con curiosidad a la vez que una pequeña sonrisa se extendía en su rostro. Tenía que lucir tonto, muy tonto, parado ahí en la puerta para que un ser como Sakura Kinomoto se burlara de él.

La parte racional de su cerebro lo obligó a mover la cabeza en modo de saludo y luego caminar hasta su asiento con movimientos robóticos, intentando controlar sus emociones aunque ya bien consciente estaba que no sería posible. La chica seguía parada a un costado cuando él pasó por su lado para poder sentarse en su pupitre y dejar su mirada fija hacia abajo.

"¿Y qué tal si doy un paseo por la preparatoria antes de…?"

—Hey —la suave voz de su compañera lo sobresaltó y, con cierto temor, sus ojos ámbares enfocaron su rostro.

—¿Me hablas? —se atrevió a preguntar al ver que ella solo asentía sin dejar su sonrisa de lado.

—Hola, soy Sakura Kinomoto —le dijo ella extendiéndole la mano.

Shaoran miró a la muchacha como si estuviera loca. ¿Qué rayos estaba pensando?

—¿De qué hablas…? —él no lograba entender nada. Ella rodó los ojos y le extendió otra vez su mano.

—Tómala —le ordenó ejerciendo presión con su mirada.

—¿De qué vas, Kinomoto? Si es por algo que dije… —inquirió sintiéndose ya más irritado al ver que era excluido del jueguito de la chica o lo que fuera que pretendiera. Sakura lo miró unos segundos y luego suspiró.

—Creí que querías comenzar de nuevo —él frunció el ceño extrañado, intentando encontrar en su memoria algo que le diera indicios de lo que ella hablaba.

—No te estoy entendiendo, Kinomoto.

—Tú —comenzó esta vez tomando asiento— hablaste conmigo el sábado y me dijiste que te gustaría tener un nuevo comienzo, ¿no? —Shaoran recordó esa parte de repente y sus mejillas adquirieron color, dándole a entender a ella que él recordaba. La ojiverde decidió proseguir con una sonrisa—. Bien, a mí también me gustaría comenzar de nuevo y olvidar todo lo que ha pasado. Esta es mi manera de disculparme también, Li. Acepta mi mano, por favor… —por encima del pupitre, Sakura extendió otra vez su mano aunque ya no luciendo tan segura como la primera vez. Él parecía meditarlo demasiado, observando sin cesar la mano que ella le ofrecía.

El ambarino bajó el rostro sin dejar su gesto de extrañeza. Al ver eso, la castaña se sintió algo tonta. Quizá él no había hablando tan en serio como parecía. Dándose una cachetada mental, comenzó a retirar su mano.

—Aunque si no quieres… —susurró quedamente, pero antes de que pudiera retirarse más, una mano de dimensiones muy diferentes a la suya la tomaba torpemente. Sus ojos verdes se abrieron mucho cuando vio a Li mirarla con vergüenza, pero también con decisión a la vez que la agarraba sin dudar.

—Yo soy Shaoran Li —a pesar de que le costó un poco reaccionar, una deslumbrante sonrisa se fue extendiendo por su rostro a la vez que estrechaba la mano del chico en un amistoso gesto.

—Es un gusto conocerte —le aseguró soltando una pequeña risita.

—Lo mismo digo —respondió él con una sonrisa tímida.

Shaoran miró sus manos unidas sintiéndose algo tonto, pero sin obviar que su corazón se aceleraba un poco más.

"Probablemente será porque por fin ya las cosas se han arreglado…"

O probablemente no, pero no quería pensar en eso. No cuando Sakura Kinomoto le estaba sonriendo de esa manera que él, estaba seguro, no olvidaría jamás.


"Las palabras van al corazón, cuando han salido del corazón" - Rabindranath Tagore.


Respuestas a los reviews anónimos.

-Aniha hiuga: ¡Bueno! Muchas gracias por los buenos deseos y ese lindo comentario que siempre te molestas en dejarme. Awh, lamento muchísimo haberte dejado con más intriga, pero ya en este capítulo está todo o al menos la historia por fin avanza xD! Espero que te guste mucho, porque supongo que es, al menos, un cachito de lo que todas estábamos esperando. Mis mejores deseos para ti también, aunque lleguen algo atrasados... ¡un abrazote!

-Luisa: ¡Muchas gracias por tu review! Ahahahaha, sí, lo sé, mientras Shaoran va pasando de cabezota Yukito sigue ganando terreno en el corazón de Sakura, solo habrá que esperar que no sea demasiado tarde ahora y haya posibilidad de que las cosas sean menos complicadas entre este par =P! ¡Todas queremos romance! Creo que a partir de este capítulo puede haber más de este *-*, nada más esperar que a ninguno de los dos se les ocurra arruinar las cosas otra vez xD! Nuevamente, muchos gracias a ti por leerme. Te mando un abrazo y muchísimos saludos!


Notas de la demorona de Emi-chan.-

Aloha gente bonita! Creo que lo prometido es deuda y, como le mencioné a muchas de ustedes en los reviews que vengo devolviendo desde la semana pasada, esta semana hay actualización. Wiii (:inserte su carita feliz aquí:).

Bueno, si se preguntan por qué rayos he vuelto a tardar tanto pues...nada en especial, solo quería que el capítulo quedara muy lindo y ojalá no haya fallado en el cometido. He eliminado escenas, he cambiado otras tantas y me he tenido que inventar muchísimas más, además de que me ha quedado larguísimo, pero, finalmente, aquí tenemos "Sinceridad", que es como decidí llamar a este capi. Muy simple, pero bah, que todo se reduce a eso.

Quiero agradecerles muchísimo por sus reviews. 203 reviews... ¡Oh my pinkie God! De verdad que no sé cómo agradecer tanto apoyo de parte de ustedes, pero ver el contador tan alto para una historia tan simple, escrita por una aún más simple persona xD, es...es...no sé cómo llamarlo, pero me llena de alegría. Muchas gracias a quienes dejan sus comentarios, a quienes me ponen en alertas, favoritos y a quienes leen desde las sombras.

Y bien, no comentaré mucho sobre el capi, pero que sepan que ha costado una barbaridad. Y más las escenas cruciales, que espero lleguen a satisfacer lo que ustedes esperaban. Ojalá noten los otros pequeños detallitos de los que está lleno el capítulo, porque marca muchos inicios y encuentros además del de Shaoran y Sakura. Pero no digo nada, no digo nada, que ya sé que tengo fama de arruinar sorpresas.

Antes de que estas notas queden más largas que el mismo capítulo, que es el más largo escrito hasta ahora por mí, me marcho. Estoy tan enferma que a penas puedo conmigo misma, así que no pongo fecha fija a nueva actualización, pero trataré de escribir aún postrada en mi camita ._. (enfermarse en verano es un asco, por cierto). Una brazo de oso gigantoso para todas y nos leeremos en la siguiente actualización, ¡saludos, saludos!