Capitulo 13 Héctor al rescate.
Héctor miro el cuerpo de Lian-chu sin entender porque a pesar de haberlo casi apaleado el cazador seguía ahí sin mover ni un solo musculo. Era demasiado extraño porque no había mantenido ninguna pelea, solo dormía. La tarde ya estaba cayendo y era indispensable encontrar un lugar para refugiarse o al menos encender una fogata. Además, aparte del escuálido desayuno, no habían tomado alimento y Héctor no estaba dispuesto a morir de hambre.
Tenía la opción de regresar con Gwizdo, de esa forma al menos tendría quien le ayudara a mover a Lian-chu, pero… el viaje de ida sería muy largo y no estaba seguro de dejar solo al espadachín. El dragón azul arrugo la nariz y se dejo caer junto al cuerpo del cazador. Estaba en un serio dilema.
—Tor hambre… —dijo confirmando lo que el sonido de su estomago gruñendo declaraba.
Miro en derredor, no ganaría nada quedándose ahí. Con decisión se dispuso a buscar cualquier cosa que le ayudara a transportar el cuerpo de Lian-chu hasta la choza. Ya en otras ocasiones había visto a Gwizdo armar una improvisada camilla y no parecía tan difícil, ahora que; estaba hablando de Gwizdo. El pequeño hombrecito parecía tener una habilidad única para sacar lo mejor de cada situación gracias a su intelecto. Porque por ejemplo, solo él sabía pilotar como se debía el Saint George, quien le daba mantenimiento: desde el cambio de velas hasta el engrasado de cada tuerca. Lian-chu podía ser increíblemente útil cuando se requería moverlo o levantarlo para que Gwizdo le hiciera modificaciones pero nada más.
En los contados casos cuando alguno llego a terminar herido: Lian-chu se limitaba a cargar el frágil cuerpo del estafador mientras que Gwizdo tenía que hacerse de toda su habilidad e ingenio para lograr mover ese cuerpo el quíntuple de su peso. Era como una hormiga intentando cargar una pera enorme.
De entre los dos se sentía más afín al espadachín, más amable y humilde, pero en ocasiones lo odiaba más que al abusivo de Gwizdo porque nunca lo defendía o si lo hacía no ponía mucho empeño, al menos no cuando los reclamos salían del contratista. Agradecía todos los beneficios de tener una cama caliente y un lugar cálido en el cual dormir, el cariño de Zaza y los días de ocio cuando Jennyline pone a trabajar a Gwizdo dejandolos al cazador y a él libres para vagar sin rumbo.
Claro, eso no duraba más que unos cuantos minutos, los que al cazador le hacían falta para sentir la ausencia del embaucador, para volver sin dudarlo un segundo a donde su amigo de la infancia.
Y de ahí se explica su cercanía con el estafador.
Había comprendido a base de convivencia que para Lian-chu, Gwizdo era indispensable. Por lo tanto si Héctor deseaba regresar en parte toda esa felicidad que le era proporcionada entonces, debía proteger a Gwizdo. Sí el pequeño hombre estaba a salvo, Lian-chu peleaba mejor. Si Gwizdo lo apoyaba era capaz de derrotar incluso hasta al dragón más poderoso. Todo dependía, sin que él se diera cuenta, de Gwizdo; de sus palabras y gestos, hasta, si se quiere ver más íntimo, de sus alegrías y tristezas.
No estaba seguro de cómo se manejaban las relaciones de pareja entre los humanos, eso sí, tenía una buena noción de quien es hembra y quien macho. Jennyline, por algún tiempo lo dudo pero al final su veredicto fue, hembra. Zaza, aunque aun una cría, hembra. Zoria, hembra. Lian-chu sin posibilidad a duda, macho y Gwizdo… de Gwizdo aun no lo sabía con certeza pues se trataba de un peculiar humano que netamente hablando en términos de físicos es macho, pero… he ahí la discordancia, Gwizdo olía a dragón hembra y en los casos que a él le toco presenciar, se comportaba como cualquier madre lo aria con su bebe.
El ejemplo más claro era Agheegoo. Gwizdo se encariño tanto con él que lo trataba como a su propio hijo, le daba de comer acompañado de cariñitos bajo la atenta mirada de Lian-chu, que en este caso sería ¿el padre? Lo paseaba en brazos mimándolo en exceso, lo alababa e, incluso lo dejo dormir en su cama acurrucándolo junto a él. Y cuando lo perdió. ¡Dios! Estaba tan desesperado por recuperarlo que era obvio para él, que su angustia nada tenía que ver con el dinero que pudiera conseguir; era puro y llano amor.
Aparte de ese bebe tuvo la suerte de atender muchos más, así que concluyendo…. Gwizdo en un humano macho con instintos de mamá dragón.
Héctor dio un gruñido molesto, casi cae al suelo ensimismado en su raro razonamiento, lo bueno era que al menos había dado con una rama grande y podía servirle para arrastrar el cuerpo del cazador hasta algún lugar seguro.
Con gran dificultad logro acomodar a Lian-chu en la rustica camilla para comenzar su lento y tortuoso viaje de regreso. Tenía la esperanza de que Gwizdo supiera que hacer, pues no era la primera vez que debía curar al cazador.
El espadachín ya se había salvado de terminar como Dracontagioso, de morir congelado, de ser el sirviente del controlador cerebral, de morir a manos de su tío por mencionar algunas. Y debía admitir que para un cobarde como Gwizdo el conseguir esos logros debía haberle retribuido un poco de confianza. No mucha, pero algo era algo.
Era en momentos como aquellos cuando Gwizdo demostraba que debajo de aquel ambicioso exterior aun latía un buen corazón. ¡Bien! la mayor parte de las veces tenía conciencia solo por Lian-chu, pero vamos, si fuera de verdad tan avaro no se frenaría solo por la honradez de su compañero, quizá hasta hace tiempo se hubieran separado.
No lleva ni medio camino recorrido y el sol ya estaban desapareciendo rápidamente en el horizonte, decisión apretó el paso, no permitiría que la noche los sorprendiera ahí, en medio de la nada.
Dio un suspiro profundo. —Tor valiente. —Se dijo y antes de perder el poco aplomo que gano jalo con todas sus fuerzas al espadachín rumbo a una caverna. El lugar no era muy grande pero al menos estaba seco y al parecer no lo habitaba ningún animal porque, por el suave heno en el piso le indicaba que incluso podría tratarse de un establo. Escondió lo mejor que pudo el cuerpo de espadachín. Ya no estaba tan lejos de la ciudad.
—Chu tranquilo. Tor ayuda… Gwizdo…
Y no perdió más tiempo, salió a todo correr.
[…]
Gwizdo miro el vacio que se extendía debajo el balcón. Dio un suspiro profundo y se preparo para lanzarse.
Lo había estado meditando desde el mismo instante que Lonar lo encerró nuevamente. ¿Que era más horripilante? ¿Morir destrozado si su invento fallaba? O ¿terminar por averiguar en qué concluirían los asquerosos deseos de Lonar?
Mil veces muerto a dejar que ese tipejo lo tocara. Simplemente era inaudito pensar en ello. No. No y no.
Había pensando que le producían nauseas, pero… siendo sincero tan solo consigo mismo, y solo para él, en lo más profundo de su corazón egoísta debía admitir que si sentía deseos. Que su escuálido cuerpo si tenía ese atávico apetito reproductivo y la vida se había encargado de mostrarle a la única persona capaz de saciar ese deseo. Lastimosamente estaba fuera de su alcance.
Meneo la cabeza deseando despejar aquellos pensamientos pesimistas, tenía años que no le daba importancia a eso. Es más, su meta había mutado de: un gran palacio y ser asquerosamente rico a…
"Voy a darte esa casita en la campiña que tanto deseas"
No era una casita… para nosotros. No. He ahí la contradicción. Pensaba dársela a él y después se despediría. Se iría sin decir nada, solo así, como una sombra. La sombra que eclipsaba le vida de Lian-chu.
El cazador no tendría problema en encontrar novia, ya lo había comprobado. A Lian-chu las mujeres lo miraban y desfallecían por él. Adjetivos como: galán, semental, buen mozo y en algunas ocasiones hasta: ¡Dios! Ese es un hombre.
Él siempre estaba presente, pero nadie lo tomaba en cuenta, las miradas de todos recaían inmediatamente sobre el portentoso y poderoso Lian-chu.
Nunca lo dijo pero… la herida más profunda que llevaba en el alma era esa pregunta hecha por Madre Hubbard. Esa que pronuncio con asombro el día en que volvieron al orfanato.
—"¿Aún siguen juntos?"
Gwizdo noto de inmediato el reproche en su mirada, y la pregunta debidamente interpretada era: ¿aun te cuida?
No era nadie, junto a Lian-chu jamás seria nadie. Pero… ¿qué podía hacer? No había sido dotado de músculos y el único que le serbia: el cerebro, siendo huérfano no fue debidamente instruido. Lo poco que sabia lo habia aprendido por sus propios medios y esfuerzo.
A veces se ponía a soñar, si hubiera nacido en una casa rica quizá sería un gran comerciante o un versado en leyes… quien sabe, pero en definitiva no sería un cazador de dragones. Es más, si lo ponía en términos llanos, no era ni eso. Él solo acompañaba a Lian-chu y se beneficiaba de su trabajo.
Genial ahora se sentía peor, era una sanguijuela.
Pero bueno, al menos impedía que timaran al grandote y de paso ahorraba para conseguirle su sueño dorado.
Tanto discernimiento solo por un salto, un brinco que podía costarle la vida. Un impulso que podría matarlo si su improvisado invento no daba resultado deseado.
Miro las sabanas. Ya no había vuelta atrás, debía ir a buscar a Lian-chu.
Desde el centro de la habitación tomo impulso, sus escuálidas piernas avanzaban lo más rápido que podían y sin más se lanzo al abismo. Sus manos abrieron el conjunto de mantas, el improvisado paracaídas se desplego y Gwizdo sonrió al ver que tenia al menos una oportunidad.
—¿A dónde crees que vas?
Gwizdo sintió el tirón en la manta y un segundo después su cuerpo impacto bruscamente contra el muro. Lonar lo miraba desde arriba con medio cuerpo colgando mientras su mano sujetaba firmemente las sabanas.
—Esto te costara muy caro Gwizdo.
—Suéltame. Suéltame. Lian-chu. Lian-chu
El estafador dio pataletas mientras gritaba al ser arrastrado de nuevo asía arriba. Sin darse cuenta que dos pares de ojos observaban la escena, unos con asombro y los otros con rencor.
Continuara…
Un capitulo mas… felices fiestas, de verdad que la luz de la felicidad y la prosperidad les sonrían y nos leemos hasta enero.
Atte: Ciel Phantomhive.
