Naruto y personajes propiedad de Masashi Kishimoto
Sólo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.
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Men's Club
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XIII
« Sorpresas y más sorpresas »
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– ¿¡Dónde está!? –el grito furioso de Naruto los tomó desprevenidos a todos.
– ¿Qué pasa Naruto, por qué esa cara? –cuestionó Sasori al lado de Sasuke.
– ¿Dobe? –se acercó a su amigo con curiosidad, nunca lo había visto tan molesto.
– ¡Ese enano incitador tuvo la desvergüenza de meterse en mi matrimonio!, ¿Dónde está? –volvió a preguntar, mirando hacia todos lados intentando hallarlo.
–Supongo que hablas de Tsukumo, ¿Qué es lo que hizo exactamente? –preguntó Sasuke dando un suspiro.
–Se atrevió a meterle ideas ridículas a mi mujer, sé que es tu amigo Sasuke, pero apenas lo vea voy a darle una paliza. Alguien tiene que enseñarle a no meterse en los asuntos de los demás.
–Le di el día libre. Ven, vamos a tomarnos algo, necesitas calmarte –se dirigió a su oficina seguro de que Naruto lo seguiría.
Apenas entrar el rubio, cerró la puerta y le sirvió un whisky, por la expresión sombría de su amigo, supuso que necesitaría de algo fuerte para calmarse.
–Bebe y explícame –Naruto se tomó de un trago el contenido.
–Tsukumo le instaló a Hinata la grandiosa idea de comenzar a estudiar nuevamente –comentó entre dientes–. El muy entrometido, hasta le ofreció la ayuda de su prima…
– ¿De Sakura? –mencionar su nombre le creó una extraña sensación en el pecho.
–Esa misma. Hinata quiere aprovechar el tiempo libre que tiene cuando las niñas están en el colegio, según ella, planea terminar la preparatoria y continuar después con una carrera universitaria, ¿puedes creerlo?
–Tal vez no sea tan mala idea –se apresuró a seguir ante la mirada de advertencia de Naruto–. Siempre estás diciendo que te apena verla tan apagada, además de que tenerla entretenida en algo ayudará para que no se deprima, ¿no crees?
–Yo me refería a que hiciera algo en casa, tejer, leer, no andar por ahí deshaciéndose de sus responsabilidades para hacer vida social con estudiantes universitarios. Además –apretó los puños–, me preocupo por ella teme, ¿y si las cosas no resultan como desea?, ¿Qué tal si fracasa?
–Deberías tenerle un poco de fe, Naruto, negarte a la petición de Hinata, sólo ayudará para que ella se aferre más, ¿no te parece?. Si estas así, es porque obviamente no lograste hacerla desistir de esta idea –señaló inteligente.
–No, me dijo que no me estaba pidiendo permiso. Piensa aplicar para el examen que le valdría el certificado de preparatoria, e inmediatamente después, comenzar sus clases en la facultad de Derecho, ¿te imaginas?, ¡Hinata de abogada! –dio un golpe al escritorio–, todo con ayuda de ese enano y su prima la zorr-…
–No se te ocurra insultar a Sakura –su propia amenaza lo dejó frío, ¿de dónde había salido aquel deseo de defenderla? –, al contrario, creo que Tsukumo actuó con buena intención. Es más, hasta estoy seguro que le ofreció a Hinata la ayuda de su prima para que tú no te opusieras, una amiga le haría bien a tu esposa Naruto, deja de ser tan protector y permítele respirar –apuntó retomando su tono indiferente.
–Pero…
–Basta ya, de ninguna manera permitiré que mi club se convierta en un ring de peleas, este asunto que tienes con Tsukumo debe terminar. Así mismo, tachuela está en mal estado, acaban de darle una golpiza por si no recuerdas, ¿acaso piensas aprovecharte de él en estos momentos?
–No –admitió irritado, de hecho el pequeño le caía muy bien–. ¿Entonces qué, debo quedarme de brazos cruzados y ya? –frunció el ceño con agitación.
–Por lo pronto sí. Deja que Hinata haga lo que quiere, quien sabe, tal vez ella misma desista de sus planes si se las ve muy difíciles –se alzó de hombros.
–Bueno…la verdad ella nunca ha sido muy segura…
–Ves, si las cosas le salen bien, que bueno, si no, ahí estarás tú para regresarla al camino –se acercó hasta él y le palmeó la espalda.
– ¿No has pensado en ser consejero matrimonial?, para ser un soltero empedernido tienes mucha experiencia en esto de los problemas conyugales.
–No sé de matrimonios, pero sé de mujeres Naruto, déjala ser y la tendrás contenta –señaló despreocupado.
–Por cierto, ¿qué pasa con la prima de Tsukumo?, pensé que no querías volver a saber nada de ella. Por la manera en la que has reaccionado cuando te la nombré, parece que vas a la carga de nuevo –rió divertido ante la expresión de Sasuke, era más que obvio que intentaba hacerse el desentendido.
–Hn, he pensado que tal vez sea bueno darle otra oportunidad, eso es todo. Ya dejémonos de palabrería, hay que trabajar –se giró y se dirigió a la puerta, no se sentía listo para hablar de nuevo de Sakura, al menos no hasta tenerla de vuelta en sus manos.
–Aguafiestas –lo siguió Naruto ya más relajado.
Sasuke había logrado tranquilizarlo, en cierta forma, pensar en Hinata como una mujer independiente y sociable, le daba escalofríos. Ella era su esposa, su mujer, desde los dieciséis años, ambos eran el uno para el otro, no quería que nada irrumpiera en esa paz que tanto trabajo le costaba construir a diario. Sabía que ella se sentía cada día mas abandonada, pero era su deber trabajar y superarse para darles lo mejor. Otra idea afloró en su mente, tal vez si le daba más tiempo a su familia, Hinata se olvidaría de aquellas fantasías y volvería a sonreír. Sí, eso haría, aunque el peso de su ajetreada vida cada vez le pesaba más, podría con aquello, probablemente dormiría menos, pero haría feliz a Hinata nuevamente.
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"Callen ese maldito ruido del infierno", pensó enfadada entre sueños. Aquel tono estruendoso le taladraba la cabeza como si la estuvieran clavando a la pared, justo cuando Sasuke iba a besarla. Pronto se dio cuenta de lo que pasaba, salió de aquella bruma onírica y con pesar estiró la mano torpemente, intentando tomar el escandaloso celular que vibraba en su buró. No podía abrir los ojos, la noche anterior había dado vueltas en la cama durante horas, ¿Cómo dormir cuando acababa de terminar con su mejor amigo?, la punzada de decepción la hizo suspirar.
Por fin cogió el aparato y respondió apresurada, no eran ni las nueve de la mañana, aquél que la estuviera molestando, se llevaría un gran regaño.
– ¡Diga!, ¿Quién osa molestarme a estas horas de la madrugada? –refunfuñó todavía tendida en la cama.
– ¿Sakura? –la voz desconcertada le sonaba muy conocida, la había escuchado minutos atrás, en sus sueños.
"Sasuke", se levantó cual resorte. Sasuke no podía hablar con Sakura, no todavía, seguro con quien intentaba comunicarse era Tsukumo, ya que sonaba algo impresionado.
–No…claro que no, jhmj –aclaró su garganta y agravó su voz–, soy tachuela, digo Tsukumo –rezó para que le creyera.
–Por un momento tu voz sonó igual a la de tu prima.
–Es que, cuando despierto tengo voz de niña, es un defecto de nacimiento. En fin, qué pasa Sasuke –cambió de tema hábilmente.
–Ya veo, otra rareza digna de plasmar en la lista de peculiaridades de Tsukumo Ayuzawa –rió burlón.
–Si algo así, soy todo un caso para los expedientes secretos X. Pero, ¿Qué pasa?, no creo que llames para confirmar que soy un rarito –respiró más segura.
–No. Tienes una hora para arreglarte, ¿conoces el centro comercial El Sol? –preguntó de buen humor.
–Quién no, es el más exclusivo, para gente rica. ¿Qué con el?
–Te veo ahí, exactamente en la entrada principal, a eso de las diez quince, ah, y vístete con ropa cómoda.
–Ah claro, ¿y cómo para qué o qué? –se mordió el labio inferior, ¿Qué planeaba ese jefe suyo?
–Es una sorpresa –apuntó misterioso.
– ¿Qué somos, noviecitos? –se rió socarronamente.
–Hmp, no juegues con eso tachuela –renegó serio.
–Ya, ya, don macho men, yo sé que eres tooodo un hombre. Está bien, ahí nos vemos, sólo espero que valga la pena privarme de mis horas de sueño –a decir verdad le bastaba con escucharlo para sentirse contenta, Sasuke la tenía loca por él.
–Verás que sí, no llegues tarde, me molesta esperar –advirtió sin eliminar su diversión, tachuela lograba sacar su lado juguetón.
–Nunca lo hubiera imaginado –señaló sarcástica–. Entonces tengo que colgar ya, o no llegaré jamás, adiós jefe, te veo pronto –la tentación de mandarle un beso la hizo contener la risa.
–Hmp, hasta luego –colgó sin decir más.
–Oh si, qué mejor manera de empezar el día que con Sasuke Uchiha –bailó feliz–, ¿una sorpresa…que será? –se planteó soñadora.
Su celular sonó de nuevo, esta vez se aseguró de registrar la pantalla antes de contestar.
–Ino, ¿Qué pasa, cómo estás? –saludó alegremente.
–No tan bien como tú, ¿Por qué tan contentita?
–Ah, cosas de la vida, veré a Sasuke en algunos minutos, estamos construyendo una verdadera amistad, eso es muy bueno para nuestros propósitos –aclaró apresurada, no quería que Ino se enterara del interés que tenía por él cómo mujer.
–Eso es excelente –reconoció la rubia animada–. La verdad me encantaría saber qué tal va todo, no nos hemos visto en mucho tiempo frentona, además de ponernos al corriente, me gustaría platicar contigo y pasar el tiempo como antes –comentó genuinamente afectada–. ¿Crees que después de que lo veas, podemos encontrarnos?, apreciaría que comiéramos juntas…
–No veo por qué no. Quedé con él en el centro comercial El Sol, aunque no sé qué hagamos allí, que te parece si te mando un mensaje cuando esté a punto de terminar lo que sea que hagamos –sugirió caminando hacia su closet y buscando la ropa.
–Perfecto, incluso podemos comer ahí, hay un restaurante italiano que siempre me ha encantado, solía ir ahí con…en fin, creo que es hora de enfrentar mis demonios…
Sakura no pasó por alto la tristeza que se reflejó en las palabras de Ino, quien evidentemente, estaba tratando de suprimir los dolorosos recuerdos de Itachi.
– ¿Segura Ino?, podemos buscar otro lugar…
–No, el servicio es increíble, y la comida mejor, por visitar un restaurante no me desmoronaré, si eso fuera, ya me habría hecho pedazos, mi departamento está plagado de momentos que pasé con Itachi…sobre todo la recamara –resopló audiblemente–. En fin, la vida sigue, y cuando yo sepa por qué me abandonó, seguiré también.
–Eso es lo que más deseo amiga –se mordió la lengua para no decirle que ya tenía una clara idea de los motivos de itachi para haberla dejado.
–Bueno, gracias a ti, no falta mucho para eso. Entonces espero tu mensaje, hasta más tarde frentona.
–Hasta más tarde Ino.
Ahondar en su investigación era indispensable, no podía quedarse sólo con lo que sabía, porque intuía que Itachi y Konan escondían mucho más de lo que mostraban en la superficie. Pero mientras eso sucedía, disfrutaría de sus ratos al lado del hombre del que estaba enamorada. Recobró su sonrisa y descolgó una pantalonera y una sudadera a juego de color azul marino, menos mal que tenía diferentes prendas de hombre, Temari había insistido que se comprara todo lo necesario y más.
Con el tiempo encima se dirigió a la ducha, no quería hacer esperar a Sasuke, la sola idea de decepcionarlo llegando tarde, la empujó a movilizarse todo lo rápido que pudo.
A la hora acordada, se encontraba con Sasuke en la entrada del enorme y fastuoso centro comercial. Respiraba agitada, había tenido que correr para llegar a las diez quince en punto, le dolía el pecho y el cuerpo por el esfuerzo, pero no le importaba.
–Tachuela –lo saludó caminando hacia él.
–Jefe –ocultó la radiante sonrisa que quería dedicarle. Lucía tan atractivo con aquella ropa de deporte, la camiseta sin mangas dejaba ver los definidos músculos de sus brazos–. Y bien, ¿Cuál es la sorpresa? –se cruzó de brazos con expectación.
– ¿No te estas muriendo de calor? –arqueó las cejas, Tsukumo vestía una sudadera enorme, además la capucha le cubría el desordenado cabello castaño.
–Na, es parte del look. Entonces, ¿Qué me tienes? –estiró los brazos esperando un regalo.
Sasuke sonrió de lado y se dio la vuelta, entrando al centro comercial seguido de Tsukumo. El pequeñín lo alcanzó acomodándose a su lado, por la manera en la que registraba todo a su alrededor, se dio cuenta que jamás había estado ahí.
– ¿Qué te parece?
–A mí me atraen más las cosas simples, demasiado lujo para mi gusto, –apuntó a una enorme fuente que sobresalía en la planta alta.
–Hn, aquí se encuentran los negocios más exclusivos –continuó caminando directo a las escaleras eléctricas.
–Si ya lo veo –muchas mujeres con montones de compras se les quedaban viendo, claramente interesadas en ellos–. Lo que no entiendo, ¿es qué hacemos aquí? –se detuvo de golpe cuando él lo hizo–. "La llama de la juventud, especializados en el arte de la fuerza" –frunció el ceño al leer el letrero.
–Es mi gimnasio, y de ahora en adelante también será el tuyo, te pagué la membresía por un año –informó orgulloso–. ¿Qué te parece, te gusta?
–Déjame ver si entendí, ¿la sorpresa es que tengo que hacer ejercicio en este sitio, durante tooooodo un año? –preguntó alarmada, Sasuke asintió sonriente–. Sabes Sasuke, creo que tú y yo tenemos conceptos completamente distintos de lo que el término sorpresa significa, por lo regular yo pensaría que las sorpresas conllevan a cosas buenas –gimoteó preocupada.
¿Cómo rayos se le ocurría a Sasuke llevarla a un gimnasio?, y ella que de pronto estaba imaginando un almuerzo romántico. "¡Despierta, eres un hombre, eres tachuela!, su amigo, no su amante…"
– ¿Entonces no te gusta? –cuestionó serio.
–Bueno…es que…verás…nunca he sido del tipo deportista, más bien, soy del estilo relajado.
–No te haría mal aumentar un poco tu masa muscular tachuela. Tienes fuerza, pero no sabes usarla, aquí enseñan distintos tipos de disciplinas, podrías aprender taekwondo, aikido, boxeo, artes marciales mixtas, entre muchas otras. Además, este lugar es sólo para hombres, lo que facilita las cosas.
–Un gimnasio para hombres, vaya, eso suena taaan varonil –sonrió burlona.
–Entremos, cuando veas el interior, no querrás salir de aquí.
Sasuke no se equivocaba, no quería salir de ahí. A cualquier parte donde mirara, encontraba hombres musculosos haciendo ejercicio, había para todos los gustos, rubios, morenos, pelirrojos, se relamió los labios al ver a un pelinegro hacer flexiones, no llevaba camisa, cada línea de su abdomen se tensaba deliciosamente.
– ¿Te gusta?
– ¿A quién no? –casi se atragantó con su saliva.
–Sí, el equipo es de primera, y cada sala está separada de otra, así los que entrenan una cosa, no se mezclan con otros que entrenan otra, también hay piscinas –explicó viendo como tachuela se concentraba en un hombre–. Es uno de los instructores.
–Yo lo pido –levantó la mano pícaramente–, ah, es que, se ve que sabe lo que hace –argumentó deshaciendo la mirada de deseo que seguro tenía.
–Lástima, te inscribí con Gai, es el dueño, además necesitas a alguien como él. Es extremadamente bueno, aunque algo extraño y demandante, pero sabrá entrenarte –le dio una palmada en la espalda.
–Gracias papá, parece que tienes mi futuro completamente preparado –ironizó malhumorada, ella quería al musculoso pelinegro que tenía enfrente.
–Hn, vamos, está esperándonos.
– ¡ES HORA DE ENCENDER LA LLAMA QUE CADA UNO TIENE EN SU INTERIOR, EL CANSANCIO NO ES PRETEXTO CUANDO LAS GANAS DE SUPERARNOS SON NUESTRA PRINCIPAL MOTIVACIÓN, ADELANTE, CONTINÚEN CON LAS LAGARTIJAS, ÚNICAMENTE FALTAN 3222!
Los gritos de un hombre que pasaba de sus treintas y que vestía un ridículo traje verde, escandalizaron a Sakura. Ese no podía ser su instructor, ¿o sí?, golpearía a Sasuke, por Kamisama que lo haría, ¿en qué pensaba ese maldito jefe suyo para meterla en ese lío?. El extravagante entrenador con corte de hongo y cejas pobladas volteó encontrándose con su mirada.
–Sasuke, que sorpresa. Ah, así que este es el chico que quieres que entrene, hjmn. Espera y verás pequeño, en tan solo cinco meses de mi súper entrenamiento intensivo, serás otro. Nadie volverá a molestarte ni a abusar de ti en el colegio, llamándote con sobrenombres ofensivos ni haciéndote llorar en las duchas, aquellos días agobiantes y los traumas de los cuales has sido objeto, quedaran atrás. Ven, llora en mi hombro y renace como un nuevo hombre –abrió los brazos de par en par.
–Sasuke, tengo miedo… –se encogió detrás del pelinegro.
–Hmp, Gai, tachuela no es un colegial. Es un empleado de mi bar, además de mi amigo, él no necesita que lo reconfortes, sólo una rutina de ejercicios para mantenerse en forma y algunas clases de defensa personal.
–Oh…bien –sonrió renovado–, nada mejor que un hombre que quiere comenzar a cultivarse por dentro y por fuera. El cuerpo es el templo de todo ser, pequeña tachuela, ¿ese es tu nombre?, no importa –abanicó en el aire restándole importancia–, hay que tratarlo con respeto y nutrirlo con el arte del ejercicio, además debes alimentar también tu espíritu. ¿Sasuke te habló de nuestras platicas motivacionales?, son impartidas por un moje tibetano, no hay nada como el equilibrio mente cuerpo –apuntaba perdido en sus ideales.
–Sasuke –se apretó el brazo de su jefe–, pensé que eras mi amigo –susurró formando un puchero.
–Te dije que era extraño.
– ¿Extraño?, este hombre no es extraño, ¡está demente!
–Bien, basta de la inducción. Ven tachuela, llegaste justo a tiempo, te daré un recorrido para que pruebes cada espacio y después elaboraremos un plan que satisfaga tus necesidades –tomó una toalla limpia y se secó el sudor.
–Claro… –fulminó a Sasuke con la mirada.
–Esta es el área de pesas, como puedes ver, hay de todo tipo, pesos y tamaños –señaló profesional a la vez que sonreía animado.
– ¿Con cuál te gustaría empezar tachuela? –preguntó Sasuke a su lado.
–Mn…qué tal con ese.
–Ese es el cubo de basura…
–Pero apuesto a que es de acero reforzado –contestó risueña.
–El humor es el combustible de la felicidad –aplaudió Gai positivo–. Empecemos con algo leve, ¿Qué te parecen, cincuenta kilos?
– ¡Eso es casi mi peso!
–Bien, sabía que no tendrías problema. Ven, prepararé la máquina.
–Bueno tachuela, me voy a mi entrenamiento de Taijutsu, te veo en las duchas –se despidió quitado de la pena.
–Pero-pero-pero…
–Entonces, que comience el calentamiento. Después de esto viene el verdadero ejercicio.
– ¿No podría canalizarme a clases de Yoga o algo así? –lloriqueó angustiada.
– ¡Sin dolor no hay ganancia! –alabó determinado.
–No teniendo opción –murmuró por lo bajo.
Tal vez pudiera deshacerse de la grasa que le sobraba en el cuerpo, además, ¿no podía ser tan malo, o si?
…
–Tachuela…tachuela –escuchaba a lo lejos.
"¿Estoy muerta?", se preguntó con la mente embotada, "camina hacia la luz", se ordenó en aquella oscuridad, "claro, si es que la encuentras", razonó en la penumbra.
– ¡Tsukumo!
– ¡Aaaayyyyyy! –no había músculo o hueso en todo su cuerpo que no gritara de dolor.
–Ves, te dije que despertaría –explicó Gai sonriente.
–Aléjalo de mi Sasuke, juro que en cuanto mis brazos y piernas me respondan de nuevo, voy a matarlo –articuló agonizante.
–Vamos tachuela, no seas exagerado. Ven, vayamos a darnos un baño, te sentirás mejor –ofreció su mano Sasuke.
Tsukumo estaba desparramado en el suelo, según Gai llevaba algunos minutos desmayado, probablemente por el esfuerzo de obedecer cada indicación.
–A menos que sea a rastras o en una carretilla, no sé cómo voy a lograr moverme de aquí.
– ¿Tan mal estas? –examinó preocupado alzando las cejas, se sentó a su lado y acomodó la cabeza de su amigo en sus piernas, para darle un poco de comodidad–. Pero si solo han pasado veinte minutos.
–Le traeré un analgésico, no te preocupes tachuela, es normal ya que no estás acostumbrado, pero te acostumbrarás…
– ¿Es mi imaginación, o eso sonó a amenaza? –apuntó cuando Gai se alejó de ellos.
–Hn, no pensé que tuvieras tan mala condición.
–Bueno, qué querías, una vida sedentaria, malos hábitos alimenticios y huesos frágiles no podían augurarme más que desgracias.
–Hmp, a veces luces tan delicado, inspiras a que te protejan –señaló distraído en sus enormes ojos cafés.
Los moretones habían tomado un color más opaco, pero aun resaltaban, haciéndolo sentir inmensamente culpable. Si no fuera por él y por su actitud beligerante, aquellos hombres no habrían lastimado a Tsukumo.
– ¿No irás a dudar de nuevo de mi orientación sexual o si? –le atemorizó que Sasuke volviera a pensar que Tsukumo era gay, no quería que se alejara de ella por aquellos prejuicios, aunque él había asegurado no importarle.
–No –negó convencido–, disculpa si te ofendí en esa ocasión. Es que eres tan…
– ¿Rarito? –rió nerviosa.
–Hn, peculiar…
–Soy único –bromeó concentrándose en su mirada perdida con la suya, se moría de ganas por besarlo.
–Algo así –reconoció incómodo, ¿Por qué esos labiecitos se veían tan suculentos? – ¿¡Pero qué diablos!? –se puso de pie rápidamente, haciendo que la cabeza de Tsukumo golpeara en la alfombra.
– ¡Ouch! –se quejó el castaño muy desconcertado–, ¿y eso por qué fue?
–Es que se me acalambró la pierna –inventó dándose la vuelta.
¡Él no era gay!, ¿entonces por qué ese maldito pensamiento lo asaltó de repente?, "el parecido con Sakura es mucho", reconoció retomando el aire. No quería besar a Tsukumo, ¡por supuesto que no!, quería besar a Sakura, quería verla, tenerla de nuevo. La necesitaba, de seguir así, podría continuar deseándola a través de Tsukumo, y esa era una pésima idea. "Si, es ella la que me tiene fuera de sí", se calmó completamente.
–Tsukumo, ¿Cuándo podré ver entonces a Sakura? –preguntó de repente.
– ¿Eh, ah...?, pues…en estos momentos no se encuentra en la ciudad, tuvo que hacer un viaje para ver a mi tía, pero, no te desanimes, estará aquí dentro de una semana a lo mucho.
Ese sería tiempo suficiente para que aquellas marcas desaparecieran de su rostro, y si no, por lo menos podría esconderlas con maquillaje.
–Hmn, lo bueno es que no estará cerca del tal Shikamaru.
Podría resistir, siete días no eran nada, lo único que tenía que dejar claro en su mente, es que Tsukumo no era Sakura, para así alejarse de esos ojos grandes y esos labios tentadores que tanto se la recordaban.
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Ino contemplaba los aparadores de las tiendas simulando interés. Desde que estaba soltera, aquellas prácticas superficiales no lograban distraerla ni un poco. Tristemente reconoció que no le interesaba verse hermosa para nadie, al menos no para alguien que no fuera Itachi.
Se encontraba en el centro comercial donde se vería con Sakura, todavía no recibía su mensaje, pero creyó mejor idea pasearse por ahí en lo que su amiga terminaba sus pendientes con Sasuke. Era preferible estar fuera y respirar aires nuevos, a quedarse en su departamento mirando las paredes.
Últimamente no tenía ninguna ocupación, había acabado con los contratos que su agencia de decoración de interiores tenía. Tonta, ingenuamente pretendía estar libre para preparar su boda y su luna de miel cuando se casara con Itachi. Aunque su socia la esperaba pacientemente, ella no se sentía lista para regresar al trabajo, la inspiración no le llegaba, no quería volver a la compañía sólo para convertirse en una carga y contagiar a su equipo de trabajo con su depresión.
Miró por tercera vez el vestido rojo en la vitrina, era muy hermoso y elegante, justo del gusto de su ex prometido. Se visualizó con aquella prenda, a él le habría encantado vérselo puesto y después quitárselo, suspiró afligida.
–Por qué no te lo pruebas, estoy seguro que te quedará a la perfección.
Sus ojos azules chocaron con el reflejo del vidrio, se quedó sin aire. Aquel hombre no podía estar ahí, no detrás de ella, no en el momento en el que lo imaginaba en su mente.
–Hola Ino –sonrió acercándose hasta quedar a centímetros de su cuerpo.
–Hola…Itachi –susurró despacio, virando hacia él y enfrentándose a su mirada.
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Hello.
OK, un capítulo más light. ¿Qué tal con la sorpresa de Sasuke?, yo estaría igual que Sakura de decepcionada, haha. Itachi e Ino, ¿Qué creen que suceda?, ¿habrá gritos, llanto y desilusión, o reconciliación?, en fin.
Insisto en mis deseos de no perderme tanto por aquí, despacito pero vamos avanzando, igual ustedes empújenme cada vez que puedan, aunque no lo crean, cuando me meten prisas si me animó y me inspiro más.
Muchas gracias por leer, por comentar, por las alertas, estas palabras suenan repetitivas, pero no por eso dejan de ser ciertas, saben que son mi apoyo, la piedra en la que me sostengo. Las/los aprecio mucho, y agradezco enormemente a la vida por haber encontrado este sitio y conocer a personas como ustedes.
No quiero ponerme sentimental, por lo que me apresuro a despedirme. Como siempre, cuídense mucho, les mando un fuerte abrazo y mis mejores deseos, que estén excelente.
¡Nos leemos pronto, bye, bye!
