CAPÍTULO 13.- "TRAGEDIA"

Las aves cantaban volando por el cielo azul; las nubes blancas como algodones flotaban en el aire y de vez en cuando nos regalaban una cómoda sombra; el viento soplaba ligero meciendo las hojas de los abundantes árboles que rodeaban el camino y al mismo tiempo jugaba con nuestros cabellos. Tuve tiempo de contemplar todas aquellas simples cosas porque el viaje con Daisuke y su abrumador silencio me estaban desquiciando.

Aunque verdaderamente no esperaba mantener una conversación, él era de pocas palabras y cuando hacía sus misiones era realmente serio en su trabajo. Era un buen ninja, de eso no tenía duda.

Lo imaginaba llegando al pueblo de Momoka y buscando alguna posada para pasar la noche, o deambulando entre los transeúntes y encontrándose por primera vez con ella. ¿Cómo se conocerían? Pero lo más importante ¿cómo Momoka conquistó lo que parecía ser un frío corazón? Aunque bien, ella era bastante agradable y dulce, una buena mujer capaz de hacer feliz a cualquiera con sus tiernas sonrisas. Debo confesar que por momentos envidié a Momoka, yo también quería ser tan bella y cálida como ella.

La única persona que hasta el momento me había considerado tierna y frágil era Khale, e incluso me confesó sus sentimientos.

El campo de flores estaba a unas cinco o seis horas de Konoha, pero considerando que debíamos detenernos a descansar, nos tomaría más tiempo llegar y regresar. Yo por nada del mundo podía perderme la boda de Ino, ¡no señor!

Así que apresuré el paso dejando a Daisuke atrás hasta que su boca por fin se abrió para decir algo y fue justamente lo que pensé.

—No tiene caso que vayas tan de prisa, sólo agotarás tus reservas de energía.

Bajé la velocidad, él tenía razón y odiaba admitirlo. Hubiera argumentado algo contra su comentario pero eso sería una niñería de mi parte y yo debía portarme como una ninja médico profesional. No le contesté y seguí caminando a su ritmo aunque estuviera volviéndome loca por correr.

Pasó media hora de trayecto, los pies ya me dolían. Había pensado que pasaríamos brincando ramas o algo por el estilo para avanzar lo más posible pero Daisuke iba con demasiada pachorra, hasta llegué a pensar que lo estaba haciendo a propósito.

—¿Te importa si subimos un poquito la velocidad? —Sugerí pero no contestó y siguió a su paso lento— Si seguimos a este ritmo llegaremos muy tarde al campo de las flores.

—No hay prisa.

—Sí la hay, hay personas enfermas esperando la medicina que Lady Tsunade preparará con los crisantemos —expliqué lo más serena posible.

—Apresuraremos el paso cuando vayamos de regreso a Konoha.

Y bien, no protesté más porque no tuve elección. A los cinco minutos nos detuvimos para descansar pero sólo fueron dos o tres minutos ya que Daisuke emprendió marcha nuevamente y fui detrás de él.

—¿Podemos al menos hablar de algo? —Dije casi en desesperación a mi aburrimiento.

—Si hablamos mientras caminamos, nos dará sed. Si bebemos el agua de reserva que llevamos, nos darán ganas de orinar. Por mí no hay problema pero tú eres una chica, y las chicas no pueden hacer ciertas cosas tan fácilmente —dijo sin balbucear.

—Pues... Por desgracia tienes razón.

Sí, transcurrieron los minutos, las horas... Tras varios breves descansos continuábamos caminando. Apenas vi un par de veces a Daisuke beber de su cantimplora y a mí ya no me quedaba nada de agua, y lo peor es que se había cumplido su palabra y me estaba aguantando las terribles ganas de hacer pipí.

—¿Hay algún pueblo cerca? Dime que hay un pueblo cerca —dije desesperada.

—Sí, está a un par de kilómetros.

—¿Un par de kilómetros? Eso es demasiado, apuremos el paso.

—¿Por qué la prisa? —Me miró de reojo— No me digas que tienes ganas de...

—¡Sí! —Acepté irremediablemente— ¡Necesito ir a un baño ya!

Estoy segura que lo vi sonreír burlonamente pero giró su cabeza antes de confirmarlo. Seguimos avanzando un poco más rápido (gracias al cielo) hasta que pude ver la entrada a un pueblo. Sin importarme nada dejé a Daisuke atrás y corrí buscando algún baño público que me aliviara de ese sufrimiento.

...

—Te he estado buscando por todas partes —dije a Daisuke una vez que lo encontré parado cerca de una tienda.

—Corriste de repente. Aproveché para preguntar a un aldeano sobre el campo de flores.

—¿Y qué te ha dicho? Creí que ya sabías la dirección.

—Hay dos caminos para llegar, el que solía conocer está cerrado por un derrumbe así que nos queda rodear para entrar por el otro extremo.

—¿Eso nos tomará mucho tiempo? —Pregunté mortificada, necesitaba terminar rápido esa misión.

—Nos tomará un par de horas más de las previstas.

—Entonces no perdamos tiempo y vayamos de una vez.

—Necesitamos descansar y comer o estaremos débiles—argumentó y me recordé a mí misma diciéndole eso cuando estábamos en la bodega.

—Bien.

La tarde caía, después de alimentarnos continuamos el viaje. No sabía si era cansancio o estrés pero sentía un terrible bochorno y malestar en mi cuerpo.

Ya no estaba tan acostumbrada a caminar grandes distancias pero estaba poniendo un esfuerzo sobrehumano para completar esa misión lo antes posible. Seguía maldiciendo a Kakashi sensei por haberme encomendado esa tarea.

Hicimos una parada en otro pueblo ya que Daisuke necesitaba preguntar de nuevo por el camino correcto; fue en ese momento que sentí algo raro, una punzada... dos punzadas y después esa desgarradora sensación fluyendo.

—Ahora regreso —le dije, él estaba revisando el mapa que estaba pegado en una pared.

—¿Qué pasa esta vez? —Preguntó sin apartar su vista del cartel.

—Necesito ir al baño.

—Vaya...

No entendí lo que quiso decir con su "vaya" pero tampoco me detuve a meditarlo simplemente me apresuré a encontrar un baño público.

—Gracias, gracias, gracias —dije y entré a un cubículo, una vez que cumplí mi objetivo y miré hacia abajo, apareció la pesadilla— ¡NOOOOO!

Salí del baño mirando a todos lados y con mi espalda casi rozando la pared. Busqué a Daisuke con la mirada hasta que lo encontré, así que eché un último vistazo para asegurarme que no hubiera gente cerca y corrí hacia él pero luego me detuve y bajé la velocidad al sentir un desprendimiento horrible.

Llegué con él y de inmediato notó que algo me sucedía porque su rostro así lo expresaba. Pero no preguntó, y yo quería que lo hiciera.

—Ya casi llegamos, el campo está a quince minutos de aquí.

—Po-po-¿podemos descansar?

—¿Descansar? Pero si lo que queremos es terminar pronto esta misión.

—Sí pero... A veces suceden cosas que le impiden a una continuar —dije avergonzada sin verlo a la cara.

—No digas tonterías, camina.

Se dio la media vuelta y quise detenerlo pero al dar un paso sucedió de nuevo ese horripilante momento y sentí que moriría.

—Daisuke espera —dije casi en súplica—, necesito que hagas algo por mí. Algo muy importante.

—¿Qué? —Me miró con fastidio.

No creí que alguna vez haría algo como eso, jamás pasó por mi cabeza ni estando ebria; sin embargo, no tenía otra salida y aunque la vergüenza me estaba comiendo ya no había nada que pudiera hacer. En ese momento añoré que Tenten fuera mi compañera.

—Dime... Dime si estoy manchada.

Daisuke levantó una ceja mostrándome su confusión. Me giré despacio para darle la espalda, encogí los hombros y apreté los puños ante mi pena.

—¿Manchada de qué? ¿En dónde?

—Man-manchada de —era difícil decirlo—, de... Rojo.

—Tu blusa es roja.

—No de la blusa —mascullé—, de... De mi pantalón —y para colmo era blanco.

—Ah... Sí, ¿qué te pasó?

—¡¿ESTÁS BROMEANDO?! ¡¿ESTOY MANCHADA?!

Quise morir, de verdad lo quise. Quería que la tierra se abriera y me tragara. ¡Estaba a mitad de una calle con mi pantalón blanco manchado de menstruación! Por andar a las prisas y pensando en otras cosas ni siquiera recordaba mi periodo.

—Sí, tienes una mancha en... un lugar estratégico —lo dijo de forma rara y ya que lo pensaba ¡le había pedido que me viera el trasero!

—¡NO! —Me exalté y traté de pensar en una solución rápida— ¡Tienes que ayudarme!

—Sigamos con nuestro camino.

—No lo entiendes, no puedo moverme de aquí.

—Déjate de rodeos y habla claro ¿qué rayos pasa contigo? Hace rato querías llegar a toda costa y ahora no quieres moverte.

Bueno sólo me quedaba explicarle mi desgracia y esperaba que la comprendiera. Pasé saliva y comencé a hablar.

—Verás... Me ha llegado el periodo menstrual y no estoy preparada. Estoy sucia, necesito cambiarme, por fortuna traje un cambio de ropa pero resulta que no tengo toallas sanitarias.

Daisuke me miró unos segundos sin expresar ninguna palabra y hasta que después lo hizo.

—¿Y?

—No puedo ir a comprarlas yo, estoy sucia ¿entiendes? —enfaticé— ¡Si la gente me ve el trasero lleno de sangre se burlará de mí! Así que tú debes ir a comprarme unas toallas sanitarias y después llevarlas a ese baño de allá —señalé—, allí te estaré esperando.

—No.

—Daisuke por favor —junté mis manos—, no puedes hacerme esto, ya de por sí me fue difícil explicarte.

—Eres médico, ¿cómo no vas a acordarte de algo así? Eres demasiado distraída.

—Sí lo sé, lo sé y tienes toda la razón del mundo. No volveré a molestarte nunca más pero por favor ¡ve a comprarme unas malditas toallas! Con cada paso que doy siento como si se me salieran los intestinos.

—No tienes que ser tan específica —puso cara de asco.

—A Momoka también le sucede esto —dije— ¡A todas las mujeres nos pasa esto! Bueno, excepto a las mujeres mayores pero no estoy para darte clases de biología. No lo soporto más, correré al baño y allí te estaré esperando —abrí mi monedero—, toma, compra las que completes.

No dije nada más, corrí hacia el baño con mis manos cubriéndome el trasero y antes de entrar volteé para ver a un Daisuke perplejo con su mano tal cual se la dejé con el dinero.

Lo esperé, lo esperé. Pasaron cinco minutos, siete minutos, diez minutos. Me estaba dando ansiedad de sólo pensar que no lo había hecho hasta que escuché su voz por la puerta del baño.

—Hey Sakura —dijo— ¿estás allí?

—Sí, sí aquí estoy.

—No te veo.

—Estoy en un cubículo ¿las compraste?

De momento un paquete de toallas entró resbalando por debajo de la puerta del cubículo. No pude evitarlo así que una sonrisa se dibujó en mi rostro, definitivamente le debía una a Daisuke.

Me cambié de pantalón y salí de allí. Estaba esperándome recargado en un árbol con las orejas rojas, seguro que pasó un mal momento por mi culpa.

—Oye lo siento, te prometo que te recompensaré por esto.

—Da igual —dijo—, sólo vámonos de aquí.

—Sí... ¡Ah espera!

—¿Ahora qué?

—¿Me puedes decir si se me nota la toalla?

Bueno, quizás sí me pasé con esa última pregunta. Daisuke caminó y caminó y tuve que correr para alcanzarlo.


¡Hola! Espero que les haya gustado este capítulo, sí es un poquito corto pero con mucho amor. El próximo lo publicaré en un rato más.

Quiero agradecer a Kayako16, Adrit126, Galletita, Seishes, KassfromVenus, Yi Jie-san, Aura117 por sus comentarios del capítulo anterior. De todo corazón, gracias. Me motiva mucho leer sus opiniones.

Besos.